quarta-feira, 27 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Gabriel Chávez Casazola (Bolívia, 1972)

  

LAS VANGUARDIAS EN BOLIVIA

 


FM | ¿Cuál es el punto inicial de la vanguardia en Bolivia? ¿Cómo era el ambiente cultural entonces?

 

GCC | Es muy difícil precisarlo, porque en Bolivia la influencia de las Vanguardias fue marginal y tardía. A diferencia del Modernismo, cuya llegada a Bolivia está claramente datada (1898-99), tanto a través de obras publicadas como de artículos de prensa, y cuya estela fue larga en la poesía de mi país (Alberto Julián Pérez habla de un largo período de “retención” de la estética modernista), las Vanguardias no desembarcan en la mediterránea Bolivia. Apenas infiltran algunos ecos que jamás llegan a tomar cuerpo, pues –a diferencia de países vecinos– aquí no se gestaron corrientes locales correspondientes con los grandes movimientos hispanoamericanos de vanguardia (mal puede hablarse, por ejemplo, de un ultraísmo, creacionismo, estridentismo o surrealismo, bolivianos) ni tampoco se generaron movimientos propios con rasgos que podrían considerarse nítidamente vanguardistas.

Es sugestivo notar los esfuerzos de varios estudiosos y antólogos de la literatura boliviana para encontrar –forzando un poco las tintas– numerosos poetas y hasta movimientos vanguardistas en Bolivia. Un repaso sistemático y crítico de estos esfuerzos puede encontrarse en el libro de Hübert Poppel y Miguel Gomes Bibliografía y Antología Crítica de las Vanguardias literarias. Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Allí puede verse de manera resumida y secuencial la forma en que un determinado antólogo y/o estudioso de la literatura boliviana elige su elenco de poetas vanguardistas y cómo esta selección es diferente –y a menudo contradictoria– con la realizada por otro estudioso, que propone otros nombres, a su vez ignorados por un antólogo posterior y así ad nauseam.

De hecho, uno no puede sino quedar perplejo cuando se clasifica como vanguardistas a poetas como Franz Tamayo (modernista singular, entre la Hélade y los Andes) u Oscar Cerruto, quien incluso –sin serlo, salvo quizá en sus poemas más tempranos– fue llamado “primer vanguardista boliviano”; y aun quedan muchas dudas en casos como los de Guillermo Viscarra Fabre, Raúl Otero Reiche, Yolanda Bedregal, Lucio Diez de Medina y Antonio Ávila Jiménez, considerados vanguardistas por varios críticos, y que al igual que otros poetas posteriores –los propios Edmundo Camargo y Jaime Sáenz– acusan cierto recibo de la herencia vanguardista, pero asimilada en una amalgama de influjos varios y con una poética muy personal.

Se ha tratado también de catalogar como vanguardista a un movimiento local, Gesta Bárbara, en su segunda etapa, conocida como la Segunda Gesta Bárbara, iniciada en 1944. Sin embargo, carece de la mayor parte de aquellos atributos rupturistas que pueden definir a una vanguardia como tal. Resulta, más bien, un intento muy heterogéneo de hacer una literatura renovadora con elementos e influencias de varia inventio, entre las cuales algunos de sus miembros suman a las Vanguardias, pero de manera particular, ocasional y a menudo arbitraria.

Entre los poetas de la Segunda Gesta Bárbara, acaso el más próximo al Surrealismo (aunque un “surrealismo muy propio” y “adherido al paisaje”, según Julio de la Vega) sea Gustavo Medinaceli, quien se empapó de este movimiento en Francia y una de cuyas lecturas públicas, en 1946, es considerada por De la Vega como el comienzo del Surrealismo en Bolivia. Empero, la obra de G. Medinaceli se deslíe y desdibuja luego en el tiempo, tras su temprana muerte en 1957 (había nacido en 1923), sin divulgación ni capacidad de seguir influyendo o movilizando el entorno, al punto que podríamos considerar que aquella lectura fue casi un comienzo y casi un fin.

Otros autores con mayor influencia vanguardista, pero apenas conocidos, leídos, publicados y estudiados en Bolivia son Luis Felipe Vilela y Luis Luksic, de quien se conserva, entre otros poemas de diferente alineación estética, apenas un texto que fue parte de un proyecto de libro llamado Novela automática, al parecer extraviado.

Hay otros dos nombres –que en realidad son dos seudónimos– en los que deseo detenerme un momento. El primero es el de un poeta peruano claramente vanguardista, Gamaliel Churata (nacido Arturo Peralta), que vivió en Bolivia, formó parte activa de la primera Gesta Bárbara (fundada en 1918 en Potosí) y fue un movilizador literario e intelectual en la sociedad de su época, cuya peculiar obra El pez de oro es ahora casi un libro de culto en medios académicos andinos. Churata fue un vanguardista en Bolivia, no de Bolivia, pero su labor de divulgación y modernización en un ambiente tan conservador y provinciano como el boliviano resultó determinante para oxigenar en alguna medida la literatura de su tiempo. De ahí que sea posible hablar de un cierto rastro vanguardista de Churata en autores bolivianos contemporáneos suyos y aun posteriores.

El otro seudónimo es el de Hilda Mundy (Luisa Villanueva), una escritora nacida en Oruro (por entonces un importante centro minero, ferroviario y comercial, más vinculado al exterior que otras ciudades de Bolivia). La Mundy publica en 1936 un libro de difícil clasificación (¿Prosa poética? ¿Poesía?), llamado Pirotecnia, con el subtítulo Ensayo miedoso de literatura ultraísta. Luego, su obra y ella misma (casada con el poeta Antonio Ávila Jiménez) se eclipsan, hasta ser recuperadas en el año 2004 por el grupo de escritores responsables de la revista y sello editorial “La mariposa mundial”.

Mundy es, acaso, lo más cercano a la Vanguardia que se puede encontrar en Bolivia, junto a otros tres autores en prosa: María Virginia Estenssoro con su difícilmente clasificable texto El occiso; el narrador potosino Roberto Leytón, con su ruptora novela Aguafuertes de 1926 (también olvidada y recientemente recobrada, reeditada y revalorizada) y Arturo Borda, cuya inextricable y vasta obra El loco –otro libro de culto entre los críticos andinos– acaba de publicarse, en versión resumida, como parte de las 15 novelas fundacionales de Bolivia, no siendo propiamente una novela la obra original.

En resumen, podríamos decir –como apuntábamos al principio– que las Vanguardias no dejaron una marca nítida en Bolivia, salvo de una manera aislada, por ejemplo en Hilda Mundy o en algunos autores de la primera y segunda Gesta Bárbara, e incluso en ellos solo en determinadas épocas y textos. Pero además, que su llegada fue tardía (el Surrealismo ya cerca de los años ‘50).

¿A qué atribuir este fenómeno? Creo que a dos rasgos de la poesía y las letras bolivianas: su asincronía (concepto mencionado por Alberto Julián Pérez y desarrollado por Gary Daher); esto es, su desfase –hacia adelante o hacia atrás, y generalmente hacia adentro– respecto a los movimientos, tendencias, ideas y estéticas predominantes en otras naciones; y su ensimismamiento, al que suelo llamar “mediterraneidad espiritual”, provocada por una suerte de complejo nacional que nos deja suponer que la falta de acceso al mar nos ha privado de la posibilidad de relacionarnos con el mundo exterior y nos hace mirarnos presos de altísimas montañas al occidente y ríos feraces al oriente.

Ello, además de –y conjuncionado con– circunstancias históricas, sociales y culturales muy concretas de la primera mitad del siglo XX: falta de integración física y cultural entre las distintas regiones del país (y menos aún con el exterior) por ausencia de carreteras, trenes y costa; grandes masas analfabetas y sumidas en la pobreza, frente a una oligarquía ilustrada desdeñosa de la construcción de un proyecto inclusivo y moderno de nación, y en medio una burguesía pacata y provinciana; sentimiento de desconfianza hacia lo externo por las derrotas en sucesivas guerras con países vecinos; la Guerra del Chaco, en los tempranos años ‘30, que despertó la conciencia de que existía diversidad de regiones y de razas en un mismo país, y generó un pensamiento, una literatura y una intelectualidad propias, de fuerte acento nacionalista, ajenas en gran medida a los flujos y reflujos del mundo exterior, en fin… Todo un caldo de cultivo para el ensimismamiento y la asincronía de nuestras letras, y la consiguiente aparición de poéticas y narrativas muy singulares y difíciles de clasificar en las categorías habituales.

 

FM | Los movimientos locales, ¿estaban de acuerdo con las ideas de las vanguardias europeas correspondientes o acaso agregaban algo distinto?

 

GCC | Dicho todo lo anterior, está claro que si vamos a considerar a las dos Gestas Bárbaras (de 1918 y de 1944) como movimientos vecinos a las Vanguardias, éstas tuvieron un fuerte anclaje en motivos nacionales, en especial telúricos y rurales (primera Gesta), que se combinaron con los elementos tomados de diversos veneros, entre ellos el Surrealismo.

 

FM | ¿Qué relaciones mantenían estos mismos movimientos con las corrientes estéticas de los demás países hispanoamericanos?

 

GCC | Creo no equivocarme al postular que no existían relaciones establecidas. Es más, en Bolivia ni siquiera podían circular con facilidad las ideas y textos de los otros países por las propias limitaciones ya señaladas: muy pocos lectores, pocas imprentas, dificultad de trasladar los libros, periódicos de cortos tirajes…

Lo que sí hubo fue una suerte de embajadores (esto mismo ocurrió con el Modernismo, solo que en este caso con mucho y extenso impacto) que tendieron puentes hacia y desde Bolivia, como el mencionado Gamaliel Churata o Gustavo Medinaceli. Pero fueron muy pocos y a diferencia, otra vez, del Modernismo, los vientos vanguardistas no llegaron a constituir escuela ni a arraigarse nacionalmente.

Al respecto, no deja de ser significativo que la influencia vanguardista traída por Churata en su primera venida en 1917, llega a Potosí, zona minera otrora rica pero entonces sumida en el aislamiento y la mediocridad provinciana, como lo ponen en evidencia, con desgarro, los escritos de los propios integrantes de la primera Gesta Bárbara. En este sentido, Churata es un pingüino en el Sahara, una perla perdida en los Andes.

 

FM | ¿Qué aportes significativos de las vanguardias fueron incorporados a la tradición lírica y cuáles son sus efectos en los días de hoy?

 

GCC | Creo que ninguno que merezca anotarse.

 

FM | Los documentos esenciales de las vanguardias, ¿se han recuperado?, ¿es posible tener acceso a ellos?

 

GCC | Los documentos de la primera y segunda Gesta Bárbara, otra vez consideradas movimientos cercanos a las Vanguardias, al igual que aquellos de los poetas o narradores que hemos considerado igualmente próximos a ellas, se han conservado en cierta medida. Algunos, los publicados en obra impresa, no son fáciles de encontrar salvo aquellos reeditados en años recientes. Y los aparecidos en periódicos y los inéditos figuran, unos pocos, en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia y en algunos archivos particulares, no de muy fácil acceso. 

FM & Gabriel Chávez Casazola. Quito, 2011

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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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