quarta-feira, 27 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Hildebrando Pérez Grande (Perú, 1941)

  

LAS VANGUARDIAS EN EL PERÚ

 


FM | ¿Cuál es el punto inicial de la vanguardia en tu país? ¿Cómo era el ambiente cultural entonces?

 

HPG | Cuando se hace un relato puntual de las formas discursivas y los discursos de la Vanguardia en el Perú, por lo general se señala a Manuel González Prada (Lima, 1844-1918), quien, en verdad, fue el primer poeta de nuestra modernidad literaria, que supo detectar la crisis de la tradición lírica española, su agotamiento, y que, sobre todo, nos llevó a otros horizontes poéticos: la francesa, la inglesa, la alemana, la italiana, imprimiéndole, así, a su lenguaje poético un aire de renovación en la textura del lenguaje y el uso de formas poéticas propias de otras literaturas como el lied, el triolet, el rondinel, la balada, etc. Por otro lado, González Prada es quien abre las puertas al pensamiento contemporáneo, a la renovación de los sistemas ideológicos que aún se mantenían vigentes con aires virreinales y colonizantes. Se puede decir que González Prada trae, pues, la escritura de una nueva sensibilidad artística que reforzará y abrirá camino a la poética modernista.

La prédica de González Prada alcanza una resonancia especial a comienzos del siglo XX, siendo, sin duda alguna, José María Eguren (Lima, 1874-1942), el poeta que, ya en el crepúsculo del lenguaje rubendariano, siguiendo la estela gonzalezpradiana, alcanza una nueva forma de poetizar, una poética que obviamente nace del simbolismo francés, que asume a la poesía como sugerencia, alejándose de la historia o anécdota predominante en el modernismo y hasta podría decirse que Eguren sigue a Mallarmé y su lección que suena a desafío: la poesía se escribe con palabras, no con ideas. En 1911, Eguren publica Simbólicas, un libro hasta cierto punto anticanónico un texto realmente fundador de la nueva poesía en el Perú. Los críticos y los lectores en nuestro medio seguían seducidos por el ritmo sensual de Darío, los tatachines chocanescos, las resonancias lugonescas y por eso Simbólicas pasó desapercibido. Lo recibió la indiferencia, el silencio, salvo el aprecio de los jóvenes poetas y escritores como Abraham Valdelomar, Alberto Hidalgo, Percy Gibson y el mismo César Vallejo. Los escritores del Grupo Colónida que lideraba Valdelomar apreciaran tanto a Eguren como a su propuesta lírica. Mientras la oreja tradicional del novecientos decía que Eguren era oscuro, difícil, impenetrable, ellos expresaban su admiración a la poética egureniana, tanto que Oquendo de Amat, uno de los grandes poetas de la vanguardia, le dedicó un poema con estas palabras que suenan a elogio: “Para José María Eguren, claro y sencillo”. Sin duda, la escritura onírica, mágica, lúdica, des-realizadora, fue muy apreciada como una respuesta, como una nueva alternativa en el quehacer poético peruano. Por otro lado, se ve claramente el perfil de dos corrientes dentro de la poesía peruana: el expresionismo, por un lado, que alcanzará su expresión más alta en Vallejo, y el lenguaje onírico que luego dará paso al lenguaje surrealista de los años ‘30, ‘40, es decir, Carlos Oquendo de Amat, César Moro, Emilio Adolfo Westphalen, y en cierta medida Xavier Abril, Manuel Moreno Jimeno.

Entonces bien, frente al modernismo que ha agotado todos sus tesoros y ha caído en un retoricismo fácil y rimbombante, llega Eguren imponiendo una poética que se sostiene en la sugerencia, en abrir a las palabras a la polisemia, y en la actitud lúdica y mágica que se aparta del discurso sociológico, privilegiando un lenguaje onírico. El ambiente tradicionalista, apegado aún a las marchas triunfales (Darío) y a los caballos de los conquistadores (Chocano), obviamente no ven con ojos gratos la aventura egureniana. Mejor dicho, no lo ven. Los poetas de los locos años 20, sí.

 

FM | Los movimientos locales, ¿estaban de acuerdo con las ideas de las vanguardias europeas correspondientes o acaso agregaban algo distinto?

 

HPG | Se entiende que cuando un canon, un modelo, una forma poética presume que es así cómo se debe escribir poesía, en este caso el modernismo literario, que, históricamente fue el movimiento literario bajo el cual se formaron, la denominada generación del novecientos, que, por otro lado, en cierta forma formaban parte del poder político y social del Perú al empezar el siglo XX, vieron, digamos, con cierto espanto y preocupación por dónde iba el derrotero de la poesía peruana. Y cerran filas. Ya lo dije anteriormente: no se percataron ni fueron sensibles al lenguaje poético de Eguren, a sus nuevas propuestas líricas le respondieron con el silencio, el hielo abusivo, la calumnia. Un ejemplo: un buen narrador modernista, Clemente Palma, hijo de Don Ricardo Palma, comentó a la mala los poemas de Vallejo. Digamos no por qué fuera una persona perversa, o un enemigo gratuito de los nuevos poetas, no. Clemente fue inclemente con ellos porque se sentía abrumado ante un nuevo lenguaje que ponía en duda su canon, su modelo de escritura.

Nuestra vanguardia, pues, se impuso batallando contra la corriente, es lo que llamamos con Octavio Paz: tradición/ruptura. Lo mismo ocurría con las ideologías, las lecturas del hombre y del mundo contemporáneo, o para decirlo como Mariátegui: la escena mundial. Los poetas vanguardistas, en el horizonte de nuestra modernidad poética abierto por Eguren siguen con atención las exploraciones, las búsquedas, los hallazgos y las bondades de las vanguardias europeas. Pero debemos decir que también buscan aportar, ir más allá de lo que reciben como propuestas. Ejemplo: Vallejo y su Trilce, publicado en 1922, el mismo año que se publica Tierra baldía, de Eliot, y el Ulises, de Joyce.

Además, debemos precisar: hay una vanguardia urbana, cosmopolita, ecuménica, en Lima, la capital del Perú, la que en cierta forma se agrupa al lado de Mariátegui y su revista Amauta. Y hay otra en el altiplano, la del Grupo Orkopata, el movimiento de Alejandro Peralta, Gamaliel Churata y otros poetas y artistas que tienen como fuente los textos y revistas que vienen desde Buenos Aires, pasando por La Paz. Y aquí se puede señalar algo peculiar; las vanguardias ingresan al Perú, por el Pacífico y por el Atlántico.

En la poesía vanguardista de Vallejo, de Oquendo, de Peralta y otros, hay un tono especial, lo que llamamos el tono andino. Ellos expresan en su lenguaje, en su ritmo, en su dicción, en su fraseo, las formas sociales del peruano, la psicología, la cosmovisión, del mestizo, del “cholo”.

 

FM | ¿Qué relaciones mantenían estos mismos movimientos con las corrientes estéticas de los demás países hispanoamericanos?

 

HPG | Se podría decir que continuando con la globalización, de la que tanto se habla ahora, los poetas latinoamericanos estaban al tanto de lo que ocurría con el canon de occidente. Era su fuente, la que despertaba inquietudes, aventuras líricas en los más jóvenes y en los que se habían desprendido, en el Perú, de la sombra luminosa de Darío, y en particular de Chocano.

Para los primeros lustros del siglo XX, se conocían en Lima las exploraciones de Vicente Huidobro, su “Nom serviam” y los pasos iniciales de su Creacionismo, aquello de que un adjetivo sino da vida mata o de que hay que hacer florecer la rosa en el poema etc. Y luego su esplendor verbal después de Horizon carré, es decir: Altazor (1931). Así mismo, se lee y comenta Veinte poemas para ser leídos en el tranvía y Calcamonías, de Oliverio Girondo; se conoce y comenta la obra del primer Borges, lo concerniente al Ultraísmo. Incluso Borges publica en Amauta.

Es más, las revistas como Proa, Prisma, Martín Fierro y las obras de Macedonio Fernández, circulan y fomentan el diálogo, y se llevan al debate, a la polémica. Sin embargo, debemos anotar que todo esto se debe a inquietudes personales, son las búsquedas de los jóvenes poetas que no gozan del apoyo ni el auspicio de las clases dominantes y del canon postmodernista establecido.

Un punto interesante es la diáspora de los jóvenes poetas peruanos vanguardistas: Moro se va a Madrid el ‘22, Vallejo se va a París el ‘23, Hidalgo a Buenos Aires el ‘19, Parra del Riego luego de pasar por Argentina terminará en Montevideo el ‘17. De igual manera, los poetas del Grupo Orkopata emprenden su travesía por La Paz y Buenos Aires. Incluso, los políticos de aquella época, Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui, salen rumbo a Europa. Aquí se quedan, en Lima, Oquendo de Amat y Martín Adán, que el ‘29 publicará su gran novela urbana: La casa de cartón. Recién el ‘36, Oquendo viajará a europa.

Algunos libros paradigmáticos de la vanguardia se publican en Buenos Aires y Montevideo: Química del espíritu, de Alberto Hidalgo, en 1923, Parra del Riego publica Himnos del cielo y de los ferrocarriles, en Montevideo, en 1925 y en 1931 aparece la segunda edición de Trilce, de Vallejo, en Madrid. Había pues más de un puente del quehacer de la vanguardia en Lima o Puno con algunos países latinoamericanos.

 

FM | ¿Qué aportes significativos de las vanguardias fueron incorporados a la tradición lírica y cuáles son sus efectos en los días de hoy?

 

HPG | Nuestras vanguardias, y hablo de manera especial, la del Perú, asimiló los hallazgos del futurismo italiano, el canto a la máquina, allí está, por ejemplo, Parra del Riego, distribuyendo sus versos y cantando a la motocicleta, a Gradín, un jugador de fútbol, mencionando la ciudad y sus conquistas modernas, sus vibrantes polirritmos, la eliminación de los signos de puntuación para dar la imagen del vértigo de la velocidad en el poema. También los caligramas y juegos sobre la página en blanco de Apollinaire, el ludismo refrescante en una poética, como la peruana, que tiende a la elegía, al tono grave, es un aporte significativo. El lenguaje onírico que Eguren ya manifiesta al comenzar la década del ‘10, y luego la escritura automática, y por cierto aquello del cadáver exquisito, que despiertan mucha simpatía en los jóvenes poetas.

Sin embargo, pienso que hay que anotar lo siguiente: estos arrebatos en la escritura, que es cierto que enriquece el espectro de la poesía vanguardista en nuestro país, no es tomado sino como un juego, como una fiesta de la imaginación, ya que algunos de ellos expresan sus dudas sobre los movimientos vanguardistas, cierta desconfianza en la prédica vanguardista. Bien entendido ellos no se alinean ni presumen si son creacionistas o surrealistas. Hay que recordar luego, por ejemplo que es Vallejo quien escribe “Autopsia del suprarrealismo”, en donde critica duramente y acaso injustamente al lenguaje surrealista.

Pero más allá de la prédica de Mariátegui que propicia la aventura vanguardista y la crítica de Vallejo, las poéticas de cambio enraizaron en la poesía peruana. Ya para los años ‘30 aparecen con voces rotundas César Moro, Emilio Adolfo Westphalen. Vicente Azar, y otros poetas, que resistirán el acoso de una poética que se va gestando a la sombra, primero de Neruda y luego de Vallejo y que en los años ‘50 tuvo un nombre: poesía social, esto es poesía política. Todos los vanguardistas pasaron a ser, digamos, poetas de culto, de tribus cerradas, la voz cantante la tenían los poemas de proclamas políticas, de propuestas de luchas sociales. Como tópicos se tenía el canto a la España de los milicianos y La República y el exilio etc. Y luego la protesta contra las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki. Y para rematar el ‘48 se inicia una antipopular dictadura militar en el Perú, la del general Odría. Y se da a lugar una suerte de guerra silenciosa entre los poetas puros y los poetas sociales. Una dicotomía estéril, inútil, que, ahora, lo vemos como una reverenda anécdota, pero que sin duda desplazó a un segundo plano los espléndidos cuadernos de poesía del primer Sologuren, Eielson, incluso Salazar Bondy y Romualdo, para citar algunos nombres

Creo que es momento de citar y alabar los Cinco metros de poemas, de Carlos Oquendo de Amat, y La tortuga ecuestre, de César Moro. No hay en la poesía hispanoamericana un libro tan hermoso en su concepción como objeto, como libro vanguardista que supo utilizar no sólo las técnicas poéticas sino también el avance de la técnica tipográfica, el diseño nuevo, cinco metros donde se explaya la imaginación, la fantasía, a la par que la crítica lúcida contra el capitalismo, la cosificación, la deshumanización, la enajenación, la violencia tanática. El texto de Oquendo es un canto a la vida, el eros verbalizado si se puede decir así. Y finalmente, resaltar el libro de Moro, que fuera publicado póstumamente: un lenguaje febril, ardiente, incandescente, el delirio verbalizado. Hoy en día, pues, hemos rescatado la aventura vanguardista, ya sabemos que nuestra vanguardia no fue una tierra baldía, todo lo contrario: es una fuente en donde nuestra escritura, nuestras formas discursivas continúan el curso de sus valiosos aportes poéticos.

 

FM | Los documentos esenciales de las vanguardias, ¿se han recuperado?, ¿es posible tener acceso a ellos?

 

HPG | Recién en 1980, PetroPerú reeditó facsimilarmente los Cinco metros de poemas, de Carlos Oquendo de Amat (luego ha tenido más ediciones), y los lectores pudieron acceder más fácilmente a este libro excepcional en todos los sentidos. Ni qué decir Trilce, de Vallejo, vale decir, los dos libros más singulares de la vanguardia peruana. Ya en el 2001, Mirko Lauer hizo un valioso aporte bibliográfico al publicar La polémica del vanguardismo. 1916-1928. Es un volumen en donde podemos encontrar artículos, propuestas, respuestas, inquietudes críticas de Clemente Palma, Magda Portal, Jorge Basadre, Alberto Hidalgo, Guillermo Mercado, José Carlos Mariátegui, César Vallejo, Esteban Pavletich, Gamaniel Churata, entre otros. Y sobre todo el libro 9 libros vanguardistas, aquí podemos leer Química del espíritu, Himnos del cielo y de los ferrocarriles, Ande, Antipoemas, Cantos del arado y de las hélices y otros textos de los años ‘20.

La poeta y profesora de San Marcos, Esther Castañeda, en 1989 publicó El vanguardismo literario en el Perú. Es un volumen dedicado a la vanguardia de los años ‘20, de manera especial a la revista Flechas. A propósito de revistas, desde hace algunos años contamos con ediciones facsimilares de la revista Amauta y también de la revista Orkopata. Consultar estas ediciones nos aproxima a la aventura de la vanguardia en el Perú de las primeras décadas del siglo XX.

Gracias a Ricardo Silva Santisteban tenemos excelentes ediciones y muy bien cuidadas de José María Eguren, César Moro, Emilio A. Wesphalen. Tenemos tesis universitarias que se han ocupado de la vanguardia y de aquellos poetas que heredaron su poética como las de Sandro Chiri (sobre Xavier Abril), Alex Morillo (sobre Jorge Eduardo Eielson). Particularmente pienso que recién nuestra vanguardia ha logrado vencer a esa suerte de marginalidad en la que estaba postrada, andaba medio satelizada, pero, ahora, es un tópico que desafía a los estudiosos contemporáneos.

Jorge Pieiro, José María Memet, Amparo Osorio, José Ángel Leyva, Hildebrando Pérez Grande, Manuel Mora Serrano e FM. Fortaleza, 2008

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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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