quarta-feira, 27 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Ludwig Zeller (Chile, 1927-2019)

 

EL SURREALISMO EN LA MESA

(Participación especial de Susana Wald)

 


FM | He observado en algunas oportunidades cierto prejuicio en la lectura del libro Surrealismo en América Latina de Stefan Baciu. En la Antología de poesía surrealista latinoamericana se puede verificar cierta contradicción en cómo se entiende si los poetas poseían o no vínculos directos con el Surrealismo. Ejemplo de esto es la inclusión de Antonio Porchia al mismo tiempo que se deja fuera a Juan Sánchez Peláez o a Ludwig Zeller. Es igualmente indefinible la inclusión, en el caso chileno, de Huidobro como precursor, al mismo tiempo que se desconoce la presencia dentro del Surrealismo de la obra de Rosamel del Valle, situándolo simplemente como francotirador (“nunca formó parte del grupo, o de una corriente o una generación”). ¿De qué manera acompañaron ustedes el proceso de preparación de la antología?

 

LZ | Ante todo fuimos nosotros quienes publicamos por primera vez en castellano, en la revista Casa de la Luna de Santiago, en 1970, un artículo de Baciu sobre Surrealismo en América latina, traducido por Susana Wald.

El problema de Baciu es que era temperamental y le molestaba mucho que uno no contestaba las cartas mientras él podía hacer una o dos al día. Creo que es la única razón por la que no me incluye en la primera antología, porque él conocía perfectamente las cosas que estábamos haciendo en Casa de la Luna y conocía la relación que teníamos con los integrantes de Mandrágora, y sabía que nosotros hicimos la gran exposición de “Surrealismo en Chile” en 1970. Yo mismo le he dado datos en varias cintas magnetofónicas que le he enviado a Hawaii, ya que él no había estado nunca en Chile.

Creo además que la misma gente de Mandrágora (ver el Nº7 hecho por Enrique Gómez-Correa) decían que el único que merecía estar incluido en el Surrealismo dentro Chile era Rosamel del Valle, de quien reproduce un corto fragmento poético.

Yo creo en cambio que Rosamel del Valle ha hecho una gran obra creativa muy cercana a los planteamientos del Surrealismo. Por lo demás, Rosamel del Valle y Braulio Arenas se recordaban de cuando habían revisado periódicamente material de la Librería Francesa tratando de ubicar textos de los surrealistas.

Cuando uno ve en conjunto la obra poética de Rosamel, que es enorme, a pesar de los reveses de la vida que le han tocado, no puede sino tener una visión más amplia. Su obra tiene la importancia comparable a la de Huidobro, u otros poetas importantes, y está libre de todo bagaje de propaganda política o fanatismo.

Sólo hace dos años se pudieron finalmente publicar en dos volúmenes sus poemas completos. Falta hacer aún una edición de sus novelas, sus artículos y sus ensayos.

 

SW | Yo vengo a entrar en el Surrealismo por la puerta que Ludwig Zeller me abre al movimiento y a las ideas de éste. No conocía el Surrealismo sino muy superficialmente en mi experiencia anterior. Había visto imágenes, había visto en Buenos Aires exposiciones que se relacionaban con el Surrealismo, pero no tenía conocimiento de los postulados del movimiento. Es decir, no conocía la fuente, sino sólo sus efectos. Entre los años 1965 y 1970, entre los libros de la magnífica biblioteca de Ludwig Zeller que se trasladó a mi propia casa, pude leer y gozar mucha información y mucha literatura, la casi totalidad de ella de impulso surrealista. En mi propia obra yo diría que soy una surrealista “natural”, porque me nace, no de la ideología misma, sino de un flujo libre y personal. La libertad, el amor y la poesía me ha tocado vivirlas. Cuando traduje el texto de Baciu para nuestra revista, sus postulados me parecían correctos y obvios. Considero también que Baciu tenía un interés más bien académico en el Surrealismo; nunca me pareció que fuera surrealista él mismo, nunca me pareció que él se comprometiera por ese tipo de causa. Eso sí, Baciu fue anticomunista, sin ser reaccionario y para él el surrealimo puede haber sido una alternativa valiosa para contrapesar la piedra de molino que representaba en el mundo intelectual el compromiso con el Partido.

Al igual que Ludwig, pienso que Baciu ha omitido su poesía de la primera versión de su antología por irritación, y porque no le llegaban las cartas o las respuestas que esperaba. Baciu vivía en cómodas condiciones en Hawaii; nosotros en Chile, no. En cambio donde nosotros vivíamos la correspondencia se postponía muchas veces porque había otras urgencias que satisfacer, como tener para comer o tener techo, o la misma ineludible urgencia de crear.

 

FM | El término “para-Surrealismo” que emplea Baciu, además de estar equivocado en su raíz, me parece que ha hecho que muchos simpatizantes se sintiesen parte de algo que no tenían el coraje de abrazar en su totalidad. A partir de eso proliferan para-surrealistas en varios puntos de Hispanoamérica. ¿Qué piensan al respecto?

 

LZ | El término “para-Surrealismo” me parece absurdo, ya que se participa en el Surrealismo o no. El Surrealismo está vivo en Latinoamérica tanto en la plástica como en la literatura, tan vivo como hace cincuenta años.

 

SW | Eso del “para-Surrealismo” es parte de un afán cartesiano de clasificación para poder examinar las cosas, que es propio de los académicos. Hay que encontrar las casillas apropiadas para ubicar las cosas, si no, no se las puede entender. Ello es también muy propio de un pensamiento decimonónico que está cayendo poco a poco en desuso, por fortuna. Con las teorías del caos creo que se va a poder entender mejor el Surrealismo.

Y es también probable y perfectamente legítimo que Baciu haya querido ampliar el espectro de lo que se puede llamar Surrealismo y que quisiera salirse de los parámetros dogmáticos, al mismo tiempo que encontró una palabra desafortunada para ello.

 

FM | En lo que respecta al Surrealismo, las relaciones entre Chile y Venezuela, poseen algunas particularidades curiosas. Juan Sánchez Peláez, en un tiempo participa en innumerables reuniones en torno del Grupo Mandrágora, durante el tiempo en que residió en Santiago. A su retorno a Caracas se involucró, junto con Vicente Gerbasi en acciones que se podría considerar vinculadas al Surrealismo (edición de revistas, traducciones etc.), y a pesar de ello, posteriormente se creó una barrera en torno a la discusión de esto. Lo mismo sucedió con Juan Liscano, que niega la posibilidad de que Cármenes, uno de sus mejores libros, tenga influencia directa del Surrealismo. Además vale recordar aquí que un primer vínculo de Gonzalo Rojas con Mandrágora es también de poca importancia, según él mismo. Y no nos olvidemos de las relaciones entre Gerbasi y Díaz-Casanueva en el grupo Viernes. ¿Será que todo esto señala un rechazo natural a los “ismos”, o tendría una particularidad distinta?

 

LZ | Lo que yo sé es que Juan Sánchez Peláez figura en una de las fotos de inauguraciones de surrealistas cuando estudiaba en Santiago, y naturalmente tenía una apertura hacia estas posibilidades.

En cuanto a Gonzalo Rojas, estuvo vinculado al grupo Mandrágora en el primer tiempo, pero él mismo ha expresado que se desvinculó del movimiento y ha tenido una actividad en contra de ellos, siguiendo una posición política.

Chile es un país pequeño. Cuando estuvo Gerbasi participó con toda la gente y era naturalmente muy cercano a Díaz Casanueva y a Rosamel del Valle.

 

SW | Hay algunos asuntos aquí que tienen que ver con la política literaria, mezclada con la política misma como tal. Creo que en este sentido Gonzalo Rojas es político, y Díaz Casanueva o Gerbasi –teniendo sus puntos de vistas en la política–, en lo literario se han mantenido más cerca de una motivación interior y no la de la búsqueda del poder, cosa natural y finalidad principal de la política.

 

FM | Ya me dijiste, Susana, que “durante mucho tiempo el Partido Comunista fue tan poderoso y tan intransigente que era heroico hacer lo que hacíamos”. En Boa # 2 (junio de 1958) Julio Llinás ya observaba que “mudar la vida es una fórmula, probablemente, la más válida que haya anotado concretamente la poesía en su trayecto hasta el presente, pero también es el peligroso juego de abitrariedad humana, en su defensa inagotable de ese triste mendrugo que es su propia miseria”. ¿Cómo se mostraba ese “juego de arbitrariedad humana” cuando la salida de ustedes de Chile? ¿Y cuáles son los prejuicios que proceden de ello?

 

LZ | Yo no he pertenecido nunca al Partido Comunista y sin embargo en la Casa de la Luna, el café que teníamos, los archivos fueron violados por la policía de Chile, por la gente de la Embajada de Estados Unidos y por gente del propio Partido Comunista, al punto que no querían cruzarse con uno en la calle.

El espectro político ha cambiado, aparentemente. Si bien ahora los antes comunistas dicen tener una nueva visión, siguen igualmente atornillados en los medios de comunicación en Chile, y favorecen sólo a aquellos que les son incondicionales. Esto lo hemos podido comprobar personalmente en nuestra reciente visita al país.

Para muestra, un botón: el Premio Nacional de Literatura de este año se le ha dado a Volodia Teitelboim.

FM e Susana Wald. México, 2004
 

SW | Ludwig muchas veces cuenta que, en su juventud, en Chile se podía pertenecer al Partido Comunista, y entonces participar en los encuentros de Juventudes y de Paz en distintos puntos del planeta –envueltos en la influencia de Moscú o de Pekín–, o se podía ser beato y entonces estar respaldado por la Iglesia Católica y ser enviado a la España de Franco o a Roma. Si no pertenecías a un movimiento u otro y querías tener una posición independiente y además de izquierda, recibías palos de los comunistas y también de los católicos. Podemos, si tú quieres, llamar a esos palos “juegos de arbitrariedad humana”. Y quizás se pueda apodar igual gestos como aquél en que, a dos años de nuestra estadía en Canadá, me mandaron –anónimamente, desde la Sociedad de Escritores– un telegrama con un pésame por la muerte de Ludwig. Creo que yo llamaría ese tipo de gesto una canallada.

No cabe duda de que la actitud de los comunistas hacia nosotros ha afirmado en mí un fuerte prejuicio. No querían vernos vivos. Además de desprestigiarnos nos quitaron todos los medios de subsistencia que teníamos. Creo que de haber podido matarnos más allá de lo metafórico, lo habrían hecho. Y, antes que ellos, nos habrían asesinado los militares quienes mataron a colaboradores nuestros en los primeros días del golpe.

 

FM | La abierta disputa entre Neruda, De Rokha y Huidobro, ¿de qué manera influyó en el comportamiento de las generaciones posteriores? Uno de los nombres centrales del modernismo brasileño, Mário de Andrade, observó que “los modernos del Brasil, en su infinita mayoría, hicimos lo imposible para tener un espíritu de grupo o ideal común”. Cabería elaborar aquí hasta qué punto existiría esa comprensión de un ideal común en Mandrágora y Angurrientos.

 

LZ | Mandrágora está hecha con una concepción más universal, más educada. Angurrientos tiene un ánimo más folclórico en Chile, como lo dice su propio nombre.

Otra cosa: Estaban tan disgustados Neruda, De Rokha y Huidobro, que si uno se acercaba a uno de ellos, no tenía chance de ver a otra gente, sin ser fuertemente criticado.

Esta disputa ha divido mucho la gente. Huidobro es de quien se hace primero una Fundación en Chile. Neruda está muy protegido por el Partido Comunista, es candidato de ese partido para la presidencia de la república. Ha tenido cinco casas en Chile que ahora son museos, y está también la Fundación Neruda: es tanta la influencia que ha quedado de él. De De Rokha incluso no hay una buena edición anotada de su obra, aunque él se suicida en el año 68.

 

SW | En mi experiencia son pocos los que en Chile, o Venezuela, o México forman grupos. Son más la excepción que la regla. Que Mandrágora haya podido funcionar ha sido un logro extraordinario. Lo mismo se puede decir de El techo de la ballena o de los surrealistas argentinos, entre los que conozco a algunos. Pero entre las mismas personas que forman grupos se producen disputas. Hace poco visité a Julio Llinás, en Buenos Aires, y él insistía en que no se consideraba surrealista. Braulio Arenas decía lo mismo.

En la Casa de la Luna, el café y la revista, se juntaba gente alrededor de nosotros, y ahora también hay jóvenes que se interesan en trabajar con Ludwig y conmigo, principalmente porque comparten nuestros ideales y el hecho que nunca los hemos traicionado.

 

FM | Gonzalo Rojas recuerda en una conferencia las disensiones entre Pablo de Rokha y Pablo Neruda, y no deja de destacar que de Rokha “desaforado y todo, e informe, fue entre nosotros el primer demoledor del posmodernismo y el progenitor de esa ruralidad y esa elementalidad trascendida, con cierto enfoque primordial y cosmogónico, desde sus versos iconoclastas de 1915”. ¿Cómo ante la grandeza renovadora de la obra de De Rokha, los méritos internacionales acaban recayendo todos sobre Neruda?

 

LZ | De Rokha ha hecho una gran obra, muy vinculada al espíritu de los chilenos, al mismo tiempo que tenía un modo muy poco diplomático y solía pelearse con la mayor parte de la gente.

 

SW | La frase de Rojas me hace pensar en que hay quien pone la carreta delante de los caballos y no como corresponde. El posmodernismo no puede haber preocupado a Pablo de Rokha, en su tiempo no había surgido el concepto. Y creo que De Rokha sí fue desaforado, pero no informe; fue desaforado como son todos los que se manejan dentro del romanticismo y sus consecuencias, entre los que se encuentra el mismo Surrealismo.

Existe una triste tendencia en los seres de buscar lo seguro. Cuando alguien ha recibido un premio, con seguridad recibirá otros, porque los que darán los premios, segundo, tercero etc., apostarán a lo seguro, al hecho que existe ya un precedente premiado. Son pocas las excepciones a esto. Y a ello se agrega que el Partido Comunista y todo su mecanismo publicitario inmenso favorecían a Neruda a exclusión de toda otra persona. Y Neruda no se opuso a esto.

 

FM | Recordando las palabras de Gómez-Correa: “las descripciones que incorpora el realismo mágico son totalmente surrealistas, porque aquí en América es cuestión de mirar no más el paisaje. Está lleno de cosas locas, abunda el Surrealismo por todos lados. Volcanes, ventisqueros, selva, desierto… ¿Cómo te imaginas tú que tengamos la cordillera a cien kilómetros del mar?! ¡Chile es Surrealismo por todos lados!” Jamás concordé con tal afirmación, considerándola más bien una broma, tal vez, algo perteneciente al folclore o al ámbito turístico. Francia no es surrealista. Breton sí. O sea, es una condición que el individuo lleva en sí, que no puede ser sino señal expresa de valor individual. ¿Concuerdan conmigo?

 

LZ | Yo creo que la obra de arte está hecha por seres humanos y no por ventisqueros o volcanes, aunque éstos nos pueden mover a nosotros. Es sin embargo Gómez-Correa quien se ha mantenido siempre fiel a la idea del Surrealismo.

 

SW | El mismo Breton, cuando viene a México, encuentra que este ambiente es, por naturaleza, surreal. Creo que esto tiene que ver con “lo desaforado” que comentamos arriba, y creo que a ello se refiere también Gómez-Correa.

 

FM | Hans Arp –que escribió un libro con Huidobro– me parece haber sido la primera voz insurrecta contra ese preconcepto del Surrealismo en relación al abstraccionismo. La búsqueda exacerbada de un contenido equivale a la precupación aislada de la forma. Cabría volver a ver la obra de artistas como Jackson Pollock, Antonio Bandeira o Francis Bacon. Evaluar mejor las relaciones entre el abstraccionismo y el figurativismo, por ejemplo. Creo que Río Loa, estación de los sueños (1994), es una bella síntesis de esto. No hay ahí un “acto de evasión en provecho de valores imaginarios”, como temía Magritte con respecto al abstraccionismo en la pintura.

 

LZ | Son los seres humanos los que hacen el arte. Uno ha nacido en ese desierto, pero el resto de la gente que ha vivido lo mismo es posible que hagan una cosa enteramente contraria.

 

SW | Nosotros hemos participado durante años en el movimiento Phases cuyo postulado es que el Surrealismo no necesariamente es figurativo, y que hay abstraccionismo surreal. En ello el líder de Phases, Edouard Jaguer, difiere de Breton, y yo estoy con él. En todo caso, cualquier dogmatismo, venga de Breton o de quien sea, me parece aberrante.

 

FM | La residencia en Oaxaca, después de tantos años en Toronto, ¿qué nuevas posibilidades aporta? ¿Y cómo ha sido el trabajo editorial junto a la revista Vaso Comunicante?

 

LZ | Yo siento que hay en Oaxaca una presencia enorme de lo precolombino, muy importante, ya que la gente con los que me toca tratar son mixtecos y zapotecos que hace cuatro mil años levantaron las primeras ciudades mesoamericanas. En ese aspecto, culturalmente, Oaxaca es riquísima en comparación a Toronto, aunque también es cierto que en Toronto es donde te ayudan a realizar una serie de obras, ediciones etc.; en cambio en Oaxaca existe una atmósfeta intelectual muy provinciana. Vaso Comunicante influye en modificar esta atmósfera.

 

SW | Creo que el Surrealismo es una condición interior (en eso estoy de acuerdo contigo), y adónde vayas lo llevas como todo el resto de tu psique. El trabajo de Ludwig y el mío propio han sido del modo que fueron no porque estuviéramos en una ciudad como Toronto, sino a pesar de ello. Y lo mismo sucede con respecto a Oaxaca. En Toronto gozamos de apoyo material y aquí gozamos del apoyo social y humano y del hecho de que lo que hacemos parece aquí más “natural”, menos agresivo. La novedad aquí en Oaxaca es precisamente que la resistencia a lo que hacemos es menor. También vale la pena mencionar que Oaxaca es un entorno muy permeado de lo oral y de lo visual. La gente lee poco, pero ve mucho las imágenes. Para quien hace collage, como Ludwig, o pinta, como yo, esto abre una rendija por la que, con alguna suerte, podrá colarse nuestra obra artística. 

 

Saul Ibargoyen, Ludwig Zeller e FM. México, 2004

LA FRAGMENTACIÓN DE LA MATERIA Y SU COLLAGE IMAGINARIO

  

1 | Releyendo al azar páginas del libro Los engranajes del encantamiento (1996), de Ludwig Zeller, he encontrado unos pocos poemas que son antecedidos por una muy singular forma de génesis de la escritura. En otra ocasión el mismo Zeller recuerda que esa fue una experiencia de retomada, con esa intensidad que corresponde al mundo onírico, las imágenes tratando de desarrollar algunos problemas hasta sus últimas consecuencias. Debo agregar que son ejercicios de creación simultánea tratando de mezclar la narrativa de un sueño y su correspondiente poema al mismo tiempo en que desentraña su versión plástica en forma de collage.

En esta zona de creación hay que observar que la poética de Zeller, en su íntima relación con el Surrealismo, aduéñase de técnicas como el automatismo, las aproximaciones insólitas, el registro de sueños y cierta dosis de humor negro. Pero me parece que alcanza una nota un poco más allá de aquella verificada en la poesía surrealista en su canon europeo. Por supuesto no se trata de juicio arbitrario, sino de evidencia de que son cambiantes los fundamentos del Surrealismo, y que Ludwig Zeller es uno de eses creadores que supieron sumergirse en su propia esencia para desde lo más hondo de su naufragio existencial rescatar la importancia de la gracia poética en nuestra vida.

No hay que buscar consecuencia para la vida en otra parte. Una persona no puede ser de modo aislado un recorte de su caos verbal o una fragmentación melancólica de su deseo. Las sensaciones de carencia hacen tanto parte de nuestra vida cuanto los desastres del espíritu y la moneda exaltada de los cambios. Los experimentos de la creación deben ser en el sentido de que el lenguaje revela un potencial inagotable de usos y que la evidencia más importante de su voltaje es la frecuencia humana que logra captar.

La poética de Ludwig Zeller emplea, siempre con riesgo, un concepto de entrega, de conmovedora donación del ser, que hace sudar el espíritu y rompe con los límites entre la vigilia y el sueño. No se trata simplemente de vivir los sueños, sino de hundirlos en los prototipos de la realidad, de tal modo que el deseo no se aparte de sí como éxito o consecuencia o nuevo espejismo.

El más alto vuelo de la locura es cuando uno ya no sabe que es simulación de la realidad. Nadie corresponde a las evidencias. Nada es resultante de un conflicto aparente. El hombre no cree en sí antes de todo porque no sabe qué significa creer. Menciono aquí el verbo creer por un enlace visceral con algo que ha declarado Ludwig Zeller, que sigue creyendo que Éluard y Breton tenían miedo de la locura misma y no se atrevían a establecer algunas cosas. Ya en 1948 Breton ha dicho que los mecanismos de la creación están de todo, liberados en el ambiente de la locura. Pero ¿quién determina la autenticidad de la creación y la locura?

La estrecha relación que encontramos en la poesía de Zeller entre los matices estéticos evocados por él y la evidencia atormentada de la inmersión del personaje de cada uno de sus poemas en la vida misma, es una prueba de lo más simple, de que la realidad absoluta requiere una devoción desbordada. Por eso los elementos que pueden ser puntos de discordia u alabanza, los milagros de la imagen, las enfermedades mentales, los tormentos del deseo, la memoria del imposible etc. Aquí lo mejor es recordar una palabra de Zeller: Posiblemente toda la realidad sea ilusión. Mirages. Sombras que no se adhieren al muro del tiempo y el espacio. Estoy seguro de que nosotros somos soñados por otros seres.

El mundo visible es el mundo desentrañado del inconsciente. Somos lo que siquiera imaginamos ser. Tal vez por eso nos acercamos de tantos dioses, demasiados dioses; muchos de ellos nos hacen olvidar lo que somos, otros creen que no sabemos quiénes somos. La dimensión humana del mundo es un milagro de signos, una feria, una picardía de rupturas y creaciones. Eso tal vez explique la relación entre el desierto (Atacama, Chile) en que nació y ha sido creado Ludwig Zeller y el lenguaje insaciable de su creación. Pero uno puede ser abducido por una entidad extraterritorial sin volverse poeta en su regreso. La creación está un poco más allá de las llamas y el desaliento de los fantasmas y cadáveres que son la mala costumbre epigráfica de nuestro tiempo.

Un libro de Ludwig Zeller se llama Piel de los delirios (2008). Aunque sus títulos todos sean una evidencia carnal de su poética, busco en esta piel la definición del humanismo poético que otro inmenso poeta, el argentino Enrique Molina, había señalado respecto al Surrealismo. Hugo Goldsack ha dicho de Zeller que se trata de un humanista perfecto. Muy rápidamente enlazamos los puentes recordando a Molina, Zeller, el peruano César Moro, el martiniqués Aimé Césaire; ahí tenemos un paso a otra realidad surrealista, en América, que sigue exigiendo nuestra comprensión de los hechos estéticos y cronológicos. Seguro hay tiempo para todo, ante la infinidad del mismo tiempo.

 


2 | La piel busca los mejores espejos y sus inalcanzables esencias. La fiebre de la creación es una geografía de cuerpos derramados por todas partes. He aprendido eso de muchas fuentes, pero una de las más acentuadas se llama Ludwig Zeller. No importa el nombre del asombro, sino la cadena de espejismos con que invade nuestra vida y se pone a crear motivos para deseos y recuerdos. El abismo está hecho de todo. La poesía es un conocimiento obsesivo del abismo, un modo de sorprenderse con las respuestas que pueden llevar a nuevas incógnitas. He leído a Ludwig Zeller como quien sale a pescar quimeras o salamandras. Su mirada está presente en su obra, es un hombre apasionado por el desorden vital de los sentidos. Un día estuve en su casa. Ya nos conocíamos en persona, igual que en cambios infinitos de correos impresos y virtuales. Pero este día fue cuando más supe explorar nuestra afinidad.  Cenábamos en la mesa de su casa en Oaxaca y el poeta me dijo que el mundo no muere con nosotros, sino de nosotros. Su intransigencia vital me ha dado una fuerza tremenda para seguir en la vida sin piedad. Una frase en la mesa y el mundo de uno puede tornarse irremediable. Una voz aislada puede señalar la pasión más ardiente en la tierra. La poética de Ludwig Zeller presenta un tipo loco, un fabulador de las entrañas del mito, un maestro de inconfundible imaginario. Curioso, porque su piedra de la creación no tiene mucho que ver con los ancestros de la lírica. Aunque uno piense en las distracciones de la lógica, en los trucos de la mirada, en los efectos de los sonidos, el imaginario en la poesía de Ludwig Zeller conduce a otro escenario. Es posible que la definición más cerca de su visión venga del colombiano amigo Alvaro Mutis cuando habla de una paciente exploración del abismo. El mismo Mutis hace parte de un mundo sin referencias en la lírica hispanoamericana.

Cuando pienso en Ludwig Zeller, no pienso en el mundo real, en que fue un activista intenso al lado de su mujer Susana Wald, sino en la actividad transgresora de sus imágenes, el juego provocativo del escenario propuesto por sus escritos. La lírica chilena es una de las más ricas en nuestro continente, ya lo sabemos. Pero la realidad de la poética de Ludwig Zeller, sin dejar de incorporar sus antecedentes, indaga: ¿qué es lo prohibido?, ¿qué es lo permitido? mientras desborda estilos y personajes hasta que nadie comprenda más qué hace allí, en su mundo. Cuando pensamos en la relación de Ludwig Zeller con el Surrealismo lo que más irrumpe es el nombre de René Magritte. Pero muy lejos uno del otro. Casi antípodas, uno busca las formas públicas de su intransigencia, el otro el mercado libre de las formas que pueden afectar nuestra vida. La realidad inasible, la representación trascendente, el culto a las apariencias, las formas sumergidas en la creación artística desatan una realidad sostenida por la creencia. ¿El mundo es lo que representamos o creemos? La respuesta por supuesto no existe. Pero su consideración permite que ahora sepamos la conducta poética de Ludwig Zeller, su territorio incuestionable, su razón de ser. No hay motivo para trascendencia u otra fuente de delirios. Nadie puede calificar a un poeta cuando este existe solamente para ser poeta.

 

3 | Ludwig Zeller nace en 1927 en un pueblo llamado Río Loa, en el Desierto de Atacama, Chile. Desde muy temprano se definen sus características como un ser multifacético, dedicado a actividades como editor, librero, traductor, productor cultural, investigador, además del trabajo creativo como poeta y artista plástico. En todo el mismo carácter experimental, innovador. El romanticismo alemán tuvo importancia decisiva en su formación poética. Ya en sus 20 años de edad ha estudiado y traducido algunos de sus voces principales, y a través de la Editorial Universitaria, en Santiago, publica Las grandes elegías de Friedrich Hölderlin. Fue por casi dos décadas director de la Galería del Ministerio de Educación de Chile, oportunidad en que ha organizado incontables exposiciones de artes plásticas. Entre los años 1950 y 1970 ha realizado una serie de ediciones experimentales, incluso dos murales hechos en collage, en 1955 y 1957, que lastimosamente fueran destruidos. Su vida sigue con una profusión de número y calidad de innovación, ediciones sumando poemas y grabados en color, poemas y collages, poemas y xilografías, incluso un poema impreso en papel doblado en forma de una paloma, intitulado Paloma que se sueña (1960). Además del perfil experimental otro punto ganaba relevancia en la naturaleza de Ludwig Zeller, la búsqueda de compartir experiencias, de meterse en el diálogo creativo incondicional con el otro.

En los años 1960 trabaja en el Centro de Antropología Médica de la Escuela de Medicina en la Universidad de Chile, seducido por el tema de la desorganización verbal en los esquizofrénicos. En esta ocasión gana fuerza su singular afección por los sueños, al desarrollar una experimentación en sueño vigil dirigido con la doctora Helena Hoffmann. Esta es una década decisiva, pues también ahí se da su viaje a Buenos Aires, donde conoce los poetas del movimiento surrealista de ese país. Y, en Santiago, al lado de su mujer, la artista Susana Wald, fundan la revista Casa de la Luna, que luego amplía su actividad como galería, café y centro de conferencias. La década fue todavía marcada por la primera edición en múltiples idiomas de la poesía de Zeller, cuando sale el volumen Las reglas del juego (1968), en español, inglés, alemán y francés, acompañado por las ilustraciones de Wald. Y para finalizar la maravilla de los 1960, en su último año Ludwig Zeller organiza una exposición clave, la de Surrealismo en Chile, con el registro de objetos, performances, vestuarios, publicaciones, obras plásticas etc.

Al pasar la página de este decenio nuestro poeta crea doce sellos conmemorativos del primer manifiesto surrealista y viaja, primero a Estados Unidos, luego a Venezuela, Francia – donde establece buenas relaciones con el movimiento surrealista Phases –, hasta que la pareja Zeller/Wald decide por su cambio de país y se traslada a Toronto, Canadá. Allí tratan de crear otro sello editorial: Oasis Publications y poco a poco descubren nuevos cómplices, dando secuencia al inestimable trabajo de arte compartida. Una vez más, década fertilísima de producción y experimentaciones. Los libros se multiplican en diversos idiomas, igual que las exposiciones, los viajes y el reconocimiento internacional. Dos aspectos aquí imponen su referencia: las ediciones de The alchemical body (1986) y Ludwig Zeller: a celebration (1987). El primero es un videopoema con collages suyas y pinturas de Susana Wald proyectados sobre el cuerpo desnudo de una mujer, video que es parte de la presencia de Zeller en la XLII Bienal de Venecia. Fundamental aquí llamar la atención para el hecho de que esta obra necesita cuidados técnicos de recuperación, además de una amplia difusión internacional. Ya el segundo es la traducción a nada menos que a 43 idiomas en 52 versiones del poema El faisán blanco, en lujosa edición con igual número de ilustraciones realizadas por diversos artistas y poetas.

Los años 1980 se van y con ellos la pareja cambia una vez más de país, pasando a vivir en México. El paso de un país a otro se encuentra marcado por la exposición Zeller sueño libre, realizada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México. Producciones, libros, traducciones, hay una secuencia imparable de las actividades creativas de Ludwig Zeller, por varios países. La recepción de su nombre en su afinidad con el surrealismo es un hecho insuperable. En México la pareja elije Oaxaca como el nuevo punto cardinal de su morada cósmica. Desde allí siguen actuando en todas partes y luego tratan de editar una revista muy destacada, Vasos comunicantes. Susana Wald tiene una feliz oportunidad de dedicarse más a su pintura, igual que Ludwig a los collages. El acento de la otredad, el modo tan efectivo y afectivo con que Ludwig ha compartido su existencia en la tierra, siempre trabajando en colaboración con mucha gente, él mismo no sabe cómo explicar, pero cierta vez ha recordado una pequeña luz: Cuando era niño improvisábamos juegos en el desierto que está cubierto de piedras. Las apartábamos y hacíamos caminos, ahora diríamos laberintos, que pensábamos que eran caminos muy precisos. ¡Qué magnífico enlace! Así es la vida. Y nuestro poeta ha comprendido como pocos la importancia de compartirla en sus distintas corrientes, de afirmación y metamorfosis.

 

4 | He conocido a Ludwig Zeller de dos modos posibles, pero siempre he pensado en la representación de lo imposible en el escenario de nuestra amistad de casi 40 años. No recuerdo quien nos presentó, pero es cierto que el correo ha llegado a mi casa, con un par de libros y su manuscrito en una carta. Había allí algo más de la información que yo entonces buscaba con mi investigación de la lírica hispanoamericana, había un afecto que daba a la carta la sensación de años de correspondencia. Éramos amigos en la primera línea. Ha pasado más de una década hasta que finalmente nos encontramos en la Ciudad de México. Igual tiempo hasta que nos reencontráramos en su casa en Oaxaca. Pero entre un cambio real de miradas y otro, nosotros supimos como entablar una magia insuperable. Recuerdo que una vez alguien me ha llamado por teléfono, una voz femenina, diciendo que Rolando Toro quería hablar conmigo. Por supuesto yo identificaba el nombre, bastante conocido en Brasil por el tema de la Biodanza. Pero, ¿qué podría querer conmigo el señor Toro? Luego el misterio se aclara. Rolando estaba llegando de México y tenía consigo un par de libros de Ludwig Zeller para mí. Salimos para una cena en que nos reímos mucho, en señal de amistad automática, lo que se repitió por años, hasta la muerte de Rolando Toro. He llegado a traducir poemas suyos y a escribir sobre su poesía. Pero jamás me olvido que nuestra amistad fue un regalo de Ludwig Zeller. Los verdaderos amigos no los perdemos jamás por la simple razón de que estamos siempre a punto de reencontrarnos, no importa la naturaleza de la ceremonia. Hace poco –el tiempo no cuenta para nada– estuve en la casa de Ludwig, hablamos un poco de las cosas más amenas de la vida, entre vinos, agua y buena comida, su mirada siempre como el descubrimiento de un sueño prohibido. Allí estaba presente la inmensidad del espíritu de este poeta. 



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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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