quinta-feira, 28 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Manuel Mora Serrano (República Dominicana, 1933)

  

DOS ENCUENTROS

 


1 | VIAJES DE LA HISTORIA Y LAS VANGUARDIAS

 

FM | La publicación de este libro tuyo, Postumismo y Vedrinismo primeras vanguardias dominicanas (2011), es valiosa en muchos aspectos y me parece que uno de ellos es precisamente la estructura que encontraste para defender tus ideas sobre el tema. Esa mezcla responsable de ensayo, estudio académico, apuntes históricos, recuerdos, en mucho llévanos a la lectura de una escritura placentera como la entendía Roland Barthes. Es como un libro de viaje por la historia de la tradición literaria de tu país. Cuéntanos un poco de esa definición estructural.

 

MMS | Ocurre que más que un estudio académico o un ensayo, se trata de un libro didáctico. Pretendí una exposición que fuera comprensible para cualquier lector, sin importar su nivel cultural. Aunque hoy existen facilidades que durante la primera mitad del siglo pasado ni se podían soñar, como las herramientas de búsquedas en internet, no todos los usuarios (que no son la totalidad del universo de lectores posibles, mucho menos en países pobres y tercermundistas como República Dominicana, a pesar de que muestre, en cuanto a comunicaciones, progresos tangibles que superan a muchos del área), pueden tener acceso a cosas tan simples como el muestrario sucinto de las principales vanguardias universales y americanas con anterioridad a 1930, en especial a 1921 que es la fecha de la proclama del Postumismo; de modo que es una forma de llegar directamente a los temas a tratar sin desvíos y sin requerimientos de búsquedas en el web. Esas cosas son obvias para iniciados en literatura, pero mi preocupación mayor, como lo expreso al final en la dedicatoria especial, fue a favor de los estudiantes y los interesados en nuestra literatura que no son doctos en la materia, porque yo también había sido, como ellos, un ignorante de estos procesos en mi juventud.

De ahí que, como lector y como estudiante, recordara que regularmente no se vuelve atrás para ver lo que se dijo, y es necesario repetirlo, a riesgo de fatigar al lector, sobre todo cuando se refiera al meollo del asunto y la base de la investigación. Es una manera de ir refrescando su memoria manteniendo el hilo conductor del desarrollo temático.

Eso puede resultar poco académico, pero creo que muy efectivo al final.

 

FM | Steven White ha escrito un libro que se llama La poesía de Nicaragua y sus diálogos con Francia y Estados Unidos (1992). Allí están los datos esenciales para comprender cómo fue posible a la lírica nicaragüense trascender su aventura adánica mezclándose a la experiencia de la lírica de lenguas inglesa y francesa. El sentido de mestizaje de nuestras culturas, en América, es lo que tenemos de más fuerte, ya lo sabemos. En tu libro, una vez más, se hace ese rasgo precioso, así como, por supuesto, la zambullida en el pasado, en el siglo XIX, el diálogo con los llamados “dioses mayores” de la literatura dominicana. El problema no son las entrañas francesas, inglesas, españolas o portuguesas de nuestras raíces, sino la manera cómo, a partir de ellas, fundamos nuestras singularidades. Creo que tu libro cumple esa función de destacar el principio de las cosas y sus arreglos en nombre de la identidad de una cultura.

 

MMS | En cuanto al afrancesamiento y el antihispanismo, es cierto. Tanto Gastón Fernando Deligne como José Joaquín Pérez tradujeron poemas del alemán y el inglés el primero, y del inglés y del francés el segundo. Salvo Salomé Ureña de Henríquez (aunque leía con fluidez inglés y francés), que fue seguidora de la tradición española, los intelectuales dominicanos hablaban y leían bien el francés desde la ocupación haitiana de 22 años (1822 a 1844) y repudiaban a España por la Anexión ocurrida en 1861 que provocó una cruenta guerra de liberación, amén de que la literatura española del romanticismo, si exceptuamos a Gustavo Adolfo Bécquer, tampoco mostraba mucho esplendor si se compara con la gala a partir de Charles Baudelaire.

 A mí me desconcertaba que se presentaran las cosas como si ocurrieran mágicamente. Que de pronto alguien inventara nuevos procedimientos lingüísticos o diferentes formas de expresarse. Eso no es así. De modo que fui presentando los antecedentes de las vanguardias y de los cambios, a veces casi imperceptibles, que fueron sucediendo en los poetas dominicanos, a pesar de que algunos de ellos viajaban con frecuencia al extranjero, en especial a París, meca del arte durante casi todo el siglo. No sólo informar eso, sino mostrar lo qué se consideraban propiamente vanguardias en Hispanoamérica y el grito tempranero de una de las figuras principales de la poesía dominicana, considerada por la crítica barroca romántica uno de esos Dioses Mayores de la Poesía, José Joaquín Pérez, que en 1896 había pedido en un poema, que era todo un programa pre-vanguardista, dedicado a un “modernista exótico” (referencia a un criollo que seguía los lineamientos de Rubén Darío y su cohorte parnasiana), que no le cantara a cosas extrañas “que bien se están en su nativo clima” sino a las americanas y a las mujeres nuestras, sobre todo a la “india de cutis de canela”, que en el eufemismo tradicional dominicano se refería a la mulata o mestiza, dando origen a toda una nueva tradición que produjo el movimiento criollista. Pero también mostré lo que se publicaba en el país de las vanguardias, especialmente del futurismo. Las visitas y conferencias de personalidades como José Santos Chocano y Manuel Ugarte; los artículos y debates en la prensa sobre la necesidad de los cambios, sobre todo de un arte social más profundo, donde hubiera una mayor preocupación por el concepto.

De ese modo creo demostrar que cualquiera pudo torcerle el cuello al cisne modernista, pero que la gloria le correspondió a Domingo Moreno Jimenes y fue la misión callada del movimiento postumista.

 

FM | El argentino Jorge Luis Borges decía que los historiadores en nuestra época perdieron la capacidad de prever el pasado. Es una broma que es una verdad y el símbolo de nuestro rechazo a la historia como una fuente perenne de descubiertas. Lo más curioso es que la casi totalidad de las revelaciones de errores en lectura del pasado todavía no fueron actualizadas en los libros para estudiantes. En tu libro, en especial, hay un recuento maravilloso en el sentido de precisar los orígenes del Vedrinismo y la actuación concreta de un tipo como Vigil Díaz.

 

MMS | Precisamente, en el preámbulo digo que el motivo principal para escribir el texto fueron algunas exposiciones de críticos y comentaristas literarios ya establecidas como lugares comunes.

Todos los libros que tratan sobre nuestra literatura a partir de 1943 cuando apareció la Antología de Poesía Dominicana de Pedro René Contín Aybar, proclaman que en 1912 con la publicación de Góndolas, su primer libro, de poemas en prosa, Vigil Díaz había proclamado el vedrinismo, hecho que magnificaría luego Manuel Rueda, importante poeta y recio intelectual, en 1972 en la Antología Panorámica de la Poesía Dominicana, diciendo que se trataba de la primera vanguardia americana.

Eso era algo muy serio. No se trataba de improvisados sino de personalidades fundamentales de la literatura contemporánea nacional y se dio por un hecho sin mayores averiguaciones, como se daban por establecidas la mayoría de las cosas que han adquirido la categoría de clisés o lugares comunes en cualquier literatura.

El hecho de que un escritor como yo, que no soy académico (de las academias líbranos señor, como le pidió Darío al Quijote, aunque haya sido egresado de una universidad con un título de doctorado en derecho, pero no en letras), que nunca me había destacado como historiador, osara enmendarle la plana a estos señores, se convertía en una acción vituperable. Demostrar que no tenían razones valederas, que habían inventado la especie, que jamás presentaron la más mínima prueba, sino todo lo contrario, que el ismo existe, pero a partir de 1926 y no creación de Vigil sino de un joven llamado Zacarías Espinal, se convertía, así, de golpe y porrazo, en algo inaceptable.

Sin embargo, las pruebas están ahí, son los textos originales y epocales que aparecen en mi libro. Y de ahí que las repeticiones necesarias, los énfasis en la mentira y el invento, terminaron por irritar a los defensores que no tienen el menor argumento que exponer, que no sea la invectiva y el denuesto.

No fue en la República Dominicana donde apareció la primera vanguardia americana. No existió en la segunda década del siglo XX ni siquiera la palabra vedrinismo. El término tan solo. Eso es lo que no soportan.

 

FM | Pero cuéntame una cosa: el mismo manifiesto del Vedrinismo es un tipo curioso de alabanza a la cultura occidental, europea. Y sus piruetas verbales no constituyen una ruptura, sino una sustentación del circo, más parnaso, todavía más parnaso, en una cultura que ya necesitaba avanzar en lo que el brasileño Raul Bopp llamaba de “frescor primitivo”. Además de una reliquia que es casi un ornamento del pasado, ¿qué importancia real aporta a la cultura dominicana el Vedrinismo?

 

MMS | Vamos por partes. Si admitiéramos que Vigil Díaz proclamó el vedrinismo en 1912 con Góndolas, tendríamos que llegar al acuerdo de que en ese libro todo lo que hay es parnasianismo y por lo tanto modernismo dariano de ley, ya en franca decadencia para la época y con ejemplos por doquier de postmodernistas aunque sin nombres con ismos. No. Lo que yo demuestro es que Vigil Díaz no inventó el término. Que nunca proclamó el vedrinismo y que lo que llamamos tal, aparece en mi libro en un apartado de la décima octava sección titulada Los versos vhedrinhistas de Zacarías Espinal, sin que este proclamara nunca que se trataba de una escuela o de un movimiento. Era un joven poeta, nacido en el 1901, que por razones médicas le administraron morfina y se convirtió desde sus diez y nueve o veinte años en morfinómano; que publicaba cosas rarísimas, y que el 9 de octubre de 1926 dio a la luz tres poemas extraños, diferentes a todo lo que se hacía en el país hasta entonces, que tituló con esas haches intercaladas, dando nacimiento al ismo. Incluso en las conclusiones de esa sección señalo que la única definición que hasta ahora tenemos de lo que era el vedrinismo para Espinal fue una expresión suya comentando un prólogo de un libro de un médico criollo recién llegado de Francia, y es la siguiente: que era la viva expresión del sub-consciente. Algo que Breton hubiera firmado como surrealista, sin duda alguna. Ya el surrealismo existía. ¿Pudo haber alguna conexión entre Zacarías y los surrealistas franceses? Eso cae en el terreno de la especulación, pero yo digo que tendríamos que verlo como una forma de surrealismo antillano. De modo, que por breve que sea la definición, por extraño que fuera el nombre de los versos de Zacarías, que yo copio in extenso en la obra, por lo menos tenemos una praxis rara, y un conato de manifiesto, una manifestación escueta, pero una manifestación al fin. Luego Vigil publicó dos poemas diciendo que eran vedrinistas, el primero con una ene (vendrinista), dos o tres años después de Zacarías, en 1929 o posiblemente a fines del 1928 porque se trató de un segundo número y el primero data de octubre de ese año de la revista El Día Estético, órgano de los postumistas; con tanta suerte, que no sólo le regalaron el ismo sino que lo antedataron 17 años atrás.

Creer lo dicho por Rueda y Contín como cierto, crea esa confusión. Si hubo un ismo llamado vedrinismo, es lo que de él escribiera y dijera su creador: Zacarías Espinal, que murió en plena juventud en 1933, víctima de su adicción. A su muerte se habló bastante de sus rarezas como poeta y Manuel Rueda considera que sus raros versos con palabras que parecían inventadas por él, eran unas especies de jitajánforas, anteriores a las de Mariano Brull. Hubo algunos imitadores de ciertas cosas de Espinal después de su tránsito, pero eso rebasaba el presupuesto de mi texto.

 

FM | Cuando llegamos al Postumismo, leemos en su manifiesto la necesidad de un arte autóctono, para abrir la talanquera que nos ha separado del infinito. Una vez más la ilusión de que el arte puede despreciar el pasado y nacer de un borbotón mágico. La magia de la cultura está en su habilidad de cambio. El arte es fruto de la relación íntima entre todos los tiempos. El Postumismo está relleno de mármol, aunque lo rechace. El mármol de que habla su manifiesto es un prejuicio. No puedo decir que no quiero más Homero o Mallarmé, no hay acento personal lejos de una visión múltiple de las cosas, no hay ritmo personal sin la comprensión de toda la música – es el mismo error de todas las vanguardias en Brasil –, la verdad es la esencia, la verdad está en la apertura de los canales. Las vanguardias cerradas, ya lo sabemos, fueron las más torpes.

 

MMS | Lo primero es que ese Manifiesto del Postumismo es obra personal de Andrés Avelino. Avelino era un muchacho campesino recién llegado a la ciudad. Venía del norte lejano, de Montecristi, lleno de arrestos juveniles. Ni Moreno Jimenes el principal creador, ni Rafael Augusto Zorrilla el mecenas y especie de armador del trío, lo firmaron; aparece al final de su libro Fantaseos como obra suya. Hay unas entrevistas a Moreno de esa misma fecha y hay otro artículo de Avelino y otro de Zorrilla donde expresan lo que para ellos era el Postumismo. Yo he tenido la audacia de hacer con esas expresiones de ellos varios Manifiestos Virtuales, porque bien sabemos que las expresiones de los fundadores forman parte de la ideología del movimiento, sobre todo cuando son expresadas en los años de fundación. La boutade de Andrés Avelino se explica por ser una reacción vanguardista típica, es decir iconoclástica. Pero con mucha razón, porque luego, también reproduzco las concepciones que hoy se tienen de lo que debieron ser las vanguardias americanas en los años veinte, sobre todo en Hispanoamérica: que era la reacción contra el modernismo de Darío. No hay dioses paganos ni nada que se le parezca en los postumistas. Darío ha muerto de verdad. Ese fue su logro y hoy se considera que debió ser así, una reacción contra Europa. Ahora bien, yo demuestro que lo que hizo Moreno (los otros dos dicen que de su obra nació el movimiento), fue desterrar las princesas azules y comenzar a cantar, no sólo lo que le rodeaba sino lo que sentía, pero con palabras y tonos completamente distintos de los modernistas. De ahí la ruptura con la métrica y la rima, aunque no fueron tan cerrados para no admitir a los que eligieran formas anteriores. Ellos, los postumistas, fueron los que cambiaron. Ahora bien, como sucede en todos los movimientos, cada uno pensaba a su manera. El hecho de que hasta hoy se tenga como único manifiesto el de Avelino, ha creado esas confusiones. Yo trato de aclararlo en mi libro. Sin embargo, también te puedo decir, que todavía no se sabe qué era realmente el postumismo.

 

FM | Ya he leído unas controversias a tu trabajo. Es rico que estás poniendo en campo de pelea la realidad cultural de tu país, con sus vicios y debilidades. Es un riesgo tuyo y no hay otro modo de uno avanzar en la recuperación del patrimonio cultural de nuestros pueblos. Por supuesto, tus fuentes, el apoyo de tus investigaciones, no pueden ser los libros oficiales. En este sentido, la prensa, sobre todo las revistas culturales, desempeñan un papel fundamental. Hay colecciones de revistas, por ejemplo, en nuestros países, que constituyen la verdadera historia de su cultura. Pienso, por ejemplo, en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, que es un esfuerzo valioso de recuperación de los caminos naturales de una cultura. Háblame un poco de tus fuentes y dime si la vanguardia en República Dominicana puede ser buscada –pienso en un investigador apasionado por la cultura de tu país– a través de la prensa.

 

MMS | Recordé que a principios del siglo XX (que fue un periodo turbulento políticamente hablando, motivado en parte a la deuda externa que fue uno de los pretextos de Estados Unidos para invadir el país en 1916; ocupación que duró ocho largos años) no se editaron muchos libros, pero las revistas, dos de ellas fundadas y dirigidas por venezolanos exiliados (Letras y Renacimiento dirigidas por Horacio Blanco Fombona y Manuel Flores Cabrera) y otra (La Opinión que llegó a ser dirigida por un español rebelde Juan José Llovet), y los periódicos, suplían la necesidad de información y formaban el gusto. Un país con alto nivel de analfabetismo, sin comunicaciones internas durante los primeros veinte años, cuyas figuras cimeras vivían viajando, ya formándose y desarrollándose en medios más amplios, como los hermanos Henríquez Ureña en Cuba, México y Argentina, ya como diplomáticos, ya como exiliados, atesoraba estas publicaciones que formaban parte de las bibliotecas familiares y era las bases culturales de la gran mayoría de los escritores pobres (los editores las preparaban para ser encuadernadas por tomos numerados).

Curiosamente, los manuales de historia literaria no se detenían morosamente en el pasado ni estudiaban lo que aparecía en estas revistas y en los periódicos.

En el país no hemos rescatado como los puertorriqueños ese valioso documental. Recién ahora el Archivo Nacional está haciendo esa labor tímidamente.

Recuerdo que cuando intenté ponerme al día (después de haber publicado en 1976 un Manual de Historia de la literatura dominicana y americana) revisando en las hemerotecas nacionales de Santiago y de Santo Domingo, especialmente en el Archivo General de la Nación, que entonces era un caos, me sorprendió lo poco que sabíamos los literatos y los estudiosos de lo que realmente había sucedido en ese interregno en nuestro país.

Como los pichones esperan que los padres traigan de sus altos vuelos la comida nutricia, nos habíamos quedado con las migajas que los grandes señores de la crítica y de la historia nos habían entregado.

Ir a las fuentes y tratar de rebatir a personalidades como Pedro René Contín Aybar y Manuel Rueda, por citar los principales que se rebaten, parecía un despropósito, porque Contín conoció y trató a la mayoría de los autores.

Estas y otras autoridades, entre las que están Max Henríquez Ureña, Américo Lugo etc., supuestamente ya habían saqueado las arcas culturales y los demás sólo teníamos que partir de ellos. Nada de nuevas carabelas a explorar territorios colonizados. Pero los piratas encuentran siempre tierras desconocidas o inexploradas y arcas sin abrir.

De ahí que comenzara primero a extrañarme de mis descubrimientos, porque se trataba de cosas que estaban a la vista de todo el mundo, como la carta famosa de Poe, de modo que fui tomando notas aquí y allá, de pequeños, a veces ínfimos detalles.

Hubo varias discusiones que parecían zanjadas entre los críticos nuestros. Una de ellas era sobre la aparición del poema en prosa.

Que el primer poema fuera de la autoría de una personalidad de nuestra literatura como Federico Henríquez y Carvajal, apodado El Maestro, que vivió más de cien años, y que lo publicara en 1892 en su revista de Artes y Ciencias, no dejaba de ser un hecho significativo, cuando a lo más que llegaban los demás críticos era a 1903, ignorándose que Francisco Henríquez Ureña, Fran, el hermano mayor de Pedro, Max y Camila, que venía de París donde su padre terminaba la carrera de medicina, había incursionado en el periodismo literario fundando una revista en 1899 para difundir el poema en prosa, y que varias mujeres también habían entrado en la moda.

Hechos como ese, o que Tulio M. Cestero había sido el introductor del virus modernista parnasiano en el país con unos ensayos en 1898 y con un libro pequeño de poemas en prosa en el 1901, todo eso figuraba en las bibliografías, pero nadie había dicho que con ello infectaba el virus modernista a la literatura nacional.

En fin, en esos veinte años que van desde 1901 a 1920, a pesar de las montoneras, de la ocupación americana, de los golpes de Estado, de los levantamientos, se hizo literatura, y, podría decir que buena literatura. Haberlo demostrado, sacando a la luz la existencia del yoísmo de Ricardo Pérez Alfonseca o el socialismo militante en literatura de Federico Bermúdez, es lo que ha desconcertado un poco. Todo eso se conocía, se sabía, como del criollismo del que sigue siendo el mayor exponente las Criollasde Arturo Pellerano Castro, aunque no en la forma que lo presento y muestro.

Creo que en el fondo, lo que más desconcierta no es lo que demuestro de Moreno Jimenes y los postumistas o de Zacarías Espinal como creador del ismo vedrinista, sino que, quieran o no, tendrán que reescribir nuestra historia literaria a partir de mi libro,. Lo digo sin jactancia alguna. Me hubiera gustado que no fuera así. Pero las pruebas abrumadoras en apoyo de las tesis que sostengo, lo demandarán.

Creo que en otros países deben también rastrearse los antecedentes y presentar las cosas con claridad palmaria, con pruebas, con textos, no con suposiciones o imaginaciones.

Concluyo el libro pediéndole a los jóvenes que siempre duden y esa duda los motive a buscar la verdad.

 

FM | Pero hablemos con la fuerza de realidad: ¿tiene el rechazo a tu libro que ver con cuestiones pragmáticas, un plan editorial de recuperación de manuales históricos, la presencia casi siempre una ausencia de la educación en los proyectos de gobierno, o, es nomás que una reacción del pavorealismo nacional?

 

MMS | Hasta ahora lo que han llegado hasta mí son rumores. Ningún crítico se ha pronunciado públicamente. La mayoría son profesores universitarios que están molestos porque sencillamente no fueron ellos los que encontraron etas cosas que denuncio, pienso yo. En sentido general los comentarios que me hacen me satisfacen en parte, porque me dicen que leen el libro como una novela a pesar de sus 787 páginas. Dudo que a pesar de todas las pruebas que aporto, el clisé oficial del vedrinismo como fundado por Vigil Díaz en 1912, primera vanguardia americana, bla, bla, bla, seguirá repitiéndose, precisamente por el pavorealismo nacional, y lo dejarán así, como han dejado una mentira histórica de Manuel Rueda, que Moreno Jimenes nació en Santiago, cuando he mostrado su acta de nacimiento en Santo Domingo. Pero el mito supera la realidad, desgraciadamente. En cuanto a un plan, no creo. Solo se trata, en mi caso, como en otros, de individualidades hartas ya de las mentiras de ciertas autoridades áulicas de nuestra cultura, a veces por simples ojerizas o malquerencias. Aunque a veces, ciertamente, una golondrina puede fabricar el verano. Ojalá mi libro sea esa dichosa ave solitaria.

 

FM | Dime ¿qué camino crees tenga tu libro, a ver, qué puede cambiar en la comunicación entre el mundo institucional y los arreglos que aportas con el peso de una verdadera revolución?

 

MMS | Creo en la verdad de la famosa frase aquella de que: Es necesario que todo cambie para que todo siga igual. En efecto, a lo que me refiero es apenas a treinta años de la vida literaria nacional, una etapa llena de sombras en todo sentido, que he tratado de iluminar al estudiar nuestras vanguardias. Hay muchas otras cosas que deben ser tratadas todavía, como la prosa narrativa y el ensayo, si pensamos que Pedro Henríquez Ureña, y sus hermanos Camila y Max, y otras personalidades, estaban en auge entonces. Algo cambiará, sin duda, porque vivir es evolucionar, pero no habrá revolución; por lo menos, eso espero.

 

FM | ¿Olvidamos algo?

 

MMS | Creo que no, aunque cuando se comenta un libro de más de setecientas páginas siempre quedarán muchas cosas por decir y preguntar, pero creo que lo esencial ha sido cuestionado. Ahora, esperemos las críticas y los comentarios y la reacción de las autoridades universitarias y escolares. Como sabes, hay un segundo tomo que tendrá el índice onomástico, una antología de los dos ismos, iconografías, la transcripción de los documentos importantes de los que sólo hayamos extraído unas frases, y unas entrevistas inéditas que le hizo un estudiante para una tesis de licenciatura en filosofía a Domingo Moreno Jimenes y a Andrés Avelino. Nos espera un buen jaleo literario todavía. Entonces a la luz de los textos, al cotejar los de Vigil Díaz y los de Zacarías Espinal, como en el cuento aquel de Hans Christian Andersen, sobre el traje del emperador, muchos verán quién estaba desnudo y quién vestido. Y se sabría quiénes fueron los sastres embaucadores.

 

FM e Manuel Mora Serrando. Santo Domingo, 2009

 

2 | LAS VANGUARDIAS EN LA REPÚBLICA DOMINICANA

 

FM | ¿Cuál es el punto inicial de la vanguardia en tu país? ¿Cómo era el ambiente cultural entonces?

 

MMS | Juan Bosch se quejaba de la arritmia histórica en Santo Domingo; en efecto, la militancia auténticamente modernista, con el mismo entusiasmo que la juventud de la mayoría de nuestros países y hasta de la misma España con Salvador Rueda y otros que luego formarían parte de la Generación del 98 incluyendo a Juan Ramón Jiménez, estaban a favor de ciertos aspectos, entre nosotros no ocurrió igualmente, a pesar de que José Joaquín Pérez en 1884 en la Revista Científica, literaria y de conocimientos útiles escribió entusiasmado, adelantándose a casi todo el mundo en el resto de Latinoamérica, del joven Rubén Darío de diez y siete años entonces. (Ver Rubén Darío y sus amigos dominicanos, de Emilio Rodríguez Demorizi, Colombia: Ediciones Espiral, 1948), lo siguiente:

 

No conocíamos el nombre de ese nuevo poeta nicaragüense, pero si antes de ahora lo hubiésemos conocido, de seguro que lo habríamos proclamado uno de los primeros de nuestra hermosa tierra americana. El folleto de diez y seis páginas que contiene esta producción es digno de leerse. Escrito en redondillas con una sencillez maravillosa, el poeta da al arte cuanto el arte merece, por ser Sello que imprime el Señor en el que juzga mejor ministro de lo sublime. Escaso sería todo el elogio que prodigásemos a obra tan acabada como esta; y para que nuestros lectores por sí mismos la juzguen, empezamos a reproducirla en el próximo número de la Revista seguros de que nos lo han de agradecer. Es una hermosísima y rica producción, una joya de delicadísima filigrana.

 

Lamentablemente nuestro gran poeta no dio el título de ese opúsculo, que se ha confundido con Primeras notas, epístolas y poemas, de 1885 editado en 1888 de acuerdo con la edición de Aguilar de sus Poesías Completas (1961), aunque cronológicamente se ha dicho que Abrojos de 1887, editado en Chile, fue su primer libro publicado, de modo que este opúsculo así documentado fue el primero realmente. Destacamos este hecho porque precisamente fue José Joaquín Pérez el gran admirador del joven Rubén el que le torció el cuello al cisne quince años por lo menos antes que Enrique González Martínez y con ello dio pie para que surgieran los primeros vagidos vanguardistas nuestros.

Federico Henríquez y Carvajal, tío de Pedro Henríquez Ureña, conocido como El Maestro, citó a Azul como una obra maravillosa y en 1992 publicó un poema en prosa en el cual aparecen dos heraldos rubenianos: un cisne y un lirio.

El dos de noviembre de 1894 apareció el número uno de la revista El Hogar dirigida por Fabio Fiallo, en la cual colaboró el entonces joven Tulio Manuel Cestero de apenas 17 años, convirtiéndose en la primera publicación del país que hizo propaganda directa al modernismo. Ahí se difundieron poemas en prosa de Rubén desde el inicio, apareciendo Fugitiva, aquel que comienza: Pálida como un lirio, como una rosa enferma. Tiene el cabello oscuro, los ojos con azuladas ojeras. El once de ese mes aparece el primer poema modernista en prosa de un autor dominicano, de la autoría de Tulio, prematuramente enviciado de exotismos, con el título de Pálida, comete la audacia de iniciar diciendo: Triste se marchita allí, en el saloncito rojo, como se marchitan las oropéndolas, los lirios y las azucenas, en los japoneses jarrones. Hastiada, le mortifica el perfume de las flores, colocadas en los etruscos vasos griegos y en las manos de las diminutas marmóreas estatuas.

Muchos de los poemas de Azul se dieron a conocer allí y Tulio publicó otras prosas atrevidamente inmaduras.

En los primeros meses del año siguiente circuló la falsa noticia de la muerte de Rubén. Un literato y periodista boricua, José Contreras Ramos publicó un artículo en El Hogar denostando a Rubén por exótico, diciendo de él, entre otras cosas: “Nacido en América, en estas tierras criollas tan dignas de ser amadas, fue traidor a la patria intelectualmente hablando”… “El poeta, francés, europeo, encuentra muy malo, dañina, la independencia y sus resultados, y no la maldice pero coloca el indio salvaje por sobre el criollo civilizado”… concluyendo: “En cuanto a mí, mientras más sufra mi gran patria americana, más la he de amar. Criollo de nacimiento, francés de corazón, duerme en paz.” Después que se desmintiera su muerte, se supo que el señor Contreras no estaba solo. Mientras Pedro y Max Henríquez Ureña confirman que el primer modernista convicto y confeso fue Tulio Manuel Cestero como propagandista y ya vimos que como actor, por el poema citado y por otros más que divulgó más adelante, además de traducciones de Charles Baudelaire, y que al final del siglo XIX J. M. Vargas Vila lo incluyó en su libro de 1899 Bustos y Medallas entre los valores modernistas del continente al lado de Manuel Díaz Rodríguez y Rufino Blanco Fombona, amén de haberle dedicado en New York un ejemplar de su novela Flor de Fango, dice de él: Tulio M. Cestero, el bohemio dominicano, amante de lo exótico, el arista decadente de “Notas y Escorzos; luego iniciando el Siglo XX gana un concurso con su pequeño poema en prosa Del Amor editado en 1901 (ellos citaban a Fabio Fiallo como el primer poeta influenciado), la reacción del gran admirador del adolescente Darío, quizás recordando lo de Contreras Ramos, se adelantó al mexicano González Martínez, como veremos en la comparación del poema del dominicano de 1896 y el famoso tuércele el cuello al cisne del mexicano de 1911 (de quien Octavio Paz diría que aquel torcedor fue el único poeta auténticamente modernista de México):

 

DE AMÉRICA, de José Joaquín Pérez

 

 A un modernista exótico

 

Pues háblame del mundo que conozco,

de mis flores silvestres, de mis selvas,

y deja para el viejo mundo, lotos,

clemátidas, orquídeas, crisantemos.

 

Ponme en contacto con la pompa virgen

de esta monumental naturaleza,

de formas y colores y matices

que el arte no profana ni supera.

 

Píntame a golpes de la luz del trópico

a la criolla del cutis de canela

que el beso perennal y voluptuoso

del sol en el cenit colora y quema.

 

Descríbeme torrentes y montañas,

cuanto con vida vigorosa alienta

en la fértil región americana:

¡en nuestra hermosa, exuberante zona!

 

No estudies en los libros, sino en ese

gran libro que el Creador aquí escribiera,

que los granos magníficos contiene

del más sublime, original poema.

 

 

TUÉRCELE EL CUELLO AL CISNE, de Enrique González Martínez

 

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje

que da su nota blanca al azul de la fuente;

él pasea su gracia no más, pero no siente

el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

 

Huye de toda forma y de todo lenguaje

que no vayan acordes con el ritmo latente

de la vida profunda. . .y adora intensamente

la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.

 

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas

desde el Olimpo, deja el regazo de Palas

y posa en aquel árbol el vuelo taciturno. . .

 

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta

pupila, que se clava en la sombra, interpreta

el misterioso libro del silencio nocturno.

 

José Joaquín Pérez enfrenta al modernista exótico, que como vimos no podía ser otro que Tulio Manuel Cestero, confirmado más tarde por Vargas Vila, y ofrece una solución contra el modernismo: el criollismo. El deber del poeta americano de cantar y exaltar la fértil región americana: ¡nuestra hermosa, exuberante zona!

El mejicano señala la metafísica, desconociendo que en ese aspecto el propio Rubén había presentado en sus nocturnos y en muchos otros poemas al búho sabihondo como símbolo expresionista.

Sin duda alguna, la reacción contra el modernismo que acontecería en la segunda y tercera décadas del siglo xx se iniciaría en Santo Domingo a fines de la centuria anterior con Bienvenido Salvador Nouel, un poeta nacido en la ciudad de Santo Domingo que se avecindó en un campo de La Vega en el norte del país, que fuera el primero que escribiera un poema modernista en versos, publicado en Letras y Ciencias el treinta y uno de marzo de 1896 con el título de Azul para que no hubiera duda alguna de su influencia de Darío:

 

Ella es como un rayo de luna/ en el ágata azul de una concha!/ y nació de nereidas y silfos/ en el lecho nupcial de la Aurora.//En su frente de nítidos lirios/ bullen albos ensueños de diosa;/ griego es su perfil, y sus labios/ dos pulidos rubíes de Golconda.

 

Curiosamente este poeta fue el primero que escribió un poema criollista en prosa con el título de Criolla, en esa misma revista el 19 de mayo de 1896, demostrando tal influjo de José Joaquín Pérez que mezcla detalles indigenistas de lo que este había sido la figura más importante del país con sus Fantasías Indígenas, al expresarse de este modo: Suave, como tierno corazón de palmito de nuestras selvas vírgenes, así es tu cutis fino, donde luces la india color que acusa tu progenie. ¡Y pudiera llamarte Anacaona! Flor de oro significa el nombre de la reina indígena y tú… Tú eres flor y eres oro! Flor nacida a los besos de brisas cibaeñas! Oro purísimo que ha sufrido al conjuro de genios invisibles, trasmutación de ángel!…

 Es casi un calco, por aquello del color del cutis, por el pedido de que cantara la criolla de cutis de canela; este poeta, más tarde comprendió lo que quería el autor De América, y escribió y publicó los primeros poemas auténticamente criollistas describiendo la zona agreste donde vivía, creando una legión de seguidores por toda la República con un criollismo que alcanzó sus más altas notas de delicadeza en las Criollas de Arturo Pellerano Castro. Sin duda alguna pudo convertirse en una vanguardia y de hecho así la consideramos, como el antecedente más claro de lo que luego sería el postumismo, aunque no llegó a señalarse como tal, fue un movimiento coherente, cuya ideología está claramente expuesta en el poema copiado y en la protesta de aquel olvidado Contreras Ramos y lo decimos por el concepto actual que algunos críticos y ensayistas tienen de las vanguardias auténticas americanas, declarando que el criollismo es un claro ejemplo de la rebelión contra el modernismo, que compartimos fervorosamente.

 

FM | Los movimientos locales, ¿estaban de acuerdo con las ideas de las vanguardias europeas correspondientes o acaso agregaban algo distinto?

 

MMS | Para responder esa pregunta es preciso que diferenciemos claramente lo que significaba luego de la muerte de Rubén Darío la rebeldía americana. Para ello voy a copiar una síntesis de lo que señalan dos críticos historiadores de las vanguardias nuestras, el español Guillermo de Torre en su Antología de poesía latinoamericana de vanguardia (1916-1935) (Argentina, 1930):

 

En la América hispanoparlante, –no puedo prescindir de mi actual punto de mira–, y además de los naturales reflejos y secuencias de algunos de esos “ismos”, que en cada país y en cada literatura se colorean con un acento particular.

Todavía podríamos apuntar otros. Así aquellos que, empero su oriundez local y su ahínco terruñero recibieron en lo formal, como razón extrínseca de su nacimiento, el soplo vivificante de los modelos antedichos. Tales: el nativismo, el criollismo, con brotes un poco esparcidos por todo el Altántico; y el indigenismo, el indoamericanismo, visibles en la banda del Pacífico, aunque en estos últimos se hallen más bien cargados de intenciones ideológicas y políticas que literarias.

En conjunto, todos ellos se reducen a: tradicionalismo, localismo, folk-lorismo, retorno a lo genuino o auténtico, desdén –más o menos declarado, aparente o sincero– de lo europeo. Es decir, poseen características externas y generales diametralmente opuestas a las de los ismos europeos, sintetizadas en la equivalencia del cuadro antes descrito: descentralización, internacionalización.

Me refiero, naturalmente, a la vanguardia surgida en América con sentido propio y cierta ambición particularista. Ya que también existe, o ha existido, en este continente, otra vanguardia, –caligramas, palabras en libertad, dislocaciones ramonianas etc., que hasta hace poco hicieron estragos en el Cuzco–pero ésta era solamente un reflejo o adaptación de la europea.

 

Y el rumano Mihail Grünfel en Las vanguardias españolas de 1920 a 1935 (Madrid: Poesía Hiperión, 1997):

 

Su identificación con el movimiento internacional, la vanguardia es eco y portavoz de las preocupaciones políticas, culturales y nacionales del continente sureño cuya descripción es uno de sus proyectos.

Aunque cada movimiento vanguardista preconiza normas estéticas propias, la tendencia general de la vanguardia es hacia una liberalización del arte, hacia una democratización –el tema de la libertad en el arte es central en casi todos los manifiestos de la época– que borre la idea de una norma estética absoluta y permita la coexistencia dentro del mismo movimiento de una pluralidad de voces y discursos.

Una de las oposiciones importantes que desaparecen durante el período de las vanguardias es la contraposición entre la voz culta y la voz popular, y el supuesto de la incompatibilidad de esos dos registros.

La vanguardia permite la coexistencia de varios niveles discursivos, pero aún más, permite la revalorización del discurso popular, de la voz del pueblo, dentro del discurso literario.

Esta inclusión está acompañada por el uso poético de un lenguaje popular de carácter oral tradicionalmente excluido de la poesía y considerado a veces vulgar para el género.

 

Como nadie trató de capitalizar el movimiento criollista de principios de siglo en el que participaron más de dos decenas de poetas (no recogidos en un volumen), aunque muchos fueron antologados, primero por Osvaldo Bazil en su Parnaso Dominicano (Editora Mauci, Barcelona, 1915) y después en la mayoría de las analectas, no podemos decir que fue vanguardia aunque fuese uno de los más espontáneos movimientos literarios que hubo en el país.

Otros dos poetas reaccionaron de diferente manera. Se dio el caso de Ricardo Pérez Alfonseca, un modernista militante, residente en París adonde había ido a realizar estudios de derecho, que llegó a ser tan amigo que fue secretario de Rubén, de quien había recibido el título de Benjamín del modernismo y quien luego, influenciado por los poetas post simbolistas franceses como André Gide en sus Alimentos Terrestres, publicó en 1913 un poema inusitadamente profundo: Oda de un Yo, que aunque fue criticado favorablemente en esos años y hasta se habló del “yoísmo” de Pérez Alfonseca, que correspondería a lo del búho de González Martínez, no cuajó en movimiento ni en vanguardia.

Lo mismo ocurrió con Federico Bermúdez, otro poeta modernista que se reveló socialista influido por Charles Baudelaire y José Santos Chocano que nos visitara en 1908, que no solo editó Los Humildes en 1916, un libro clave, sino que lo dio a conocer desde 1913 publicando poemas y defendiendo su ideología, sin que tampoco encontrara eco favorable en los demás poetas de su tiempo, por lo que no cuajó en vanguardia ni en movimiento. Sin embargo, vistos hoy a más de cien años del criollismo y a cien justos del yoísmo y el socialismo, bien podríamos considerarlos como auténticas manifestaciones de vanguardia.

Así llegamos al final de la segunda década cuando en 1919 Domingo Moreno Jimenes, un poeta solitario que había sido designado Director de la escuela primaria de Sabaneta, una remota aldea del norte del país, desde allá comenzó a enviar unos poemas raros, sin rima ni métrica a la revista Letras dirigida por el venezolano Horacio Blanco Fombona, que llamaron la atención en aquella pequeña gran aldea que era Santo Domingo, al punto de interesar a un pequeño industrial amante de la literatura llamado Rafael Augusto Zorrilla que había publicado unas prosas galantes y de Andrés Avelino un joven poeta del interior que había venido a continuar estudios a la capital, tal y como ellos luego lo expresaron, y como llegaron a vivir en el vecindario de los extramuros coloniales que llamaron la Colina Sacra, se entusiasmaron tanto, que pensaron hacer de esa labor de Moreno una consigna. Así nació un movimiento innominado, aunque por haber creído que nadie aceptaría su rompimiento con la métrica y la rima en la poesía versal sino después de muertos, Avelino lo bautizó postumismo. Moreno y Zorrilla lo aceparon. Lo demás es historia: Proclamaron el movimiento en La Cuna de América una de las principales revistas, en el mes de marzo de 1921 con despliegue de versos. Apareciendo poemas por riguroso orden de importancia y jerarquía de: Domingo Moreno Jimenes, Vigil Díaz, Andrés Avelino y Rafael Augusto Zorrilla.

No solo proclamaron el movimiento sino que tres de esos pioneros editaron sus libros principales ese mismo año: Psalmos de Domingo Moreno Jimenes, con el apéndice de su credo poético en dos entrevistas que le hicieron; Galeras de Pafos de Vigil Díaz que incluía sus poemas protopostumistas que llamó Sonetos Bárbaros, y Fantaseos de Andrés Avelino que anexaba el Manifiesto Postumista que había elaborado y que los demás conjurados no firmaron; aunque con tanta suerte, que se consideró por muchos años el único testimonio ideológico del movimiento, a pesar de lo de Moreno en las entrevistas y en el prólogo a Fantaseos y de dos escritos de Zorrilla: el Origen del postumismo que apareció en la proclama y el pequeño ensayo Apuntes Postumistas en el primer aniversario en el folleto que publicaron con el título Del movimiento postumista, con clara conciencia de que realizaban algo que avanzaba y que planteaba algo nuevo en el medio y recibiendo ataques despiadados e irónicos y hasta un defensor, y como existía el ismo, se consideraba y hay que considerarlo una vanguardia típicamente americana por el fondo, porque lo de versolibrismo y libertad venía también de Europa y había sido uno de los cánones del futurismo.

Años después, en 1926 un joven poeta llamado Zacarías Espinal publicó unos poemas muy raros con el título de Versos Vhendrinhistas. Ocurrencia que más tarde daría origen a lo que se ha considerado otra vanguardia nacional. Estos poemas dieron pie a que se dijera que Vigil Díaz había fundado un movimiento vanguardista en 1912 con la edición de su libro Góndolas y que luego en Galeras de Pafos había expresado su ideología, aunque los críticos amigos de Vigil señalaron, en su tiempo que él no era hombre de ismos y que no era postumista; a pesar de que Tomás Hernández Franco en una conferencia sobre la poesía dominicana dictada en París el veintinueve de enero de 1923, editada ese año en francés con el título de La poesíe a la Republique Dominicaine (Editions Rythme Et Synthèse, París), siendo enemigo jurado de los postumistas por una desavenencia con Avelino, declaró que antes del postumismo no hubo ninguna tendencia, que era la primera y que su figura principal era, precisamente, Vigil Díaz. Años más tarde, en 1928 en El Día Estético la revista de los postumistas, Vigil publicó su Poema Vendrinista (sin las haches y con esta ene) y más luego en la revista Cromos en 1929 su Motete Vedrinista (ya despojada de la ene y las haches, que más tarde resucitaría el crítico Pedro René Contín Aybar en una nota de Antología de 1943: Vedrhinista, y el propio Tomás ese mismo año declaró en un artículo sobre Los ismos de la Vanguardia que Vigil lo había creado para burlarse de los postumistas, con lo que, sea Zacarías Espinal, el verdadero creador del –ismo, o de Vigil, como sostienen diferentes críticos e historiadores de nuestra literatura sin aportar prueba alguna de que este último utilizara el adjetivo antes que Espinal, lo que sea el vedrinismo es posterior al postumismo, y es justo reconocer cual fue realmente el primero, ya que sin proclamas, sin manifiesto y sin seguidores no puede reconocerse ninguna manifestación como movimiento vanguardista por rara que fuese; de ahí que aunque se prescinda de lo primero, se ha dicho que el creador del término fue el único seguidor de quien lo aprovechó.

Ahora bien, ni uno ni otro siguen lineamientos europeos y si las rarezas de Espinal se consideran hoy las auténticamente vedrinistas, se le acusaba de seguir en la forma al uruguayo Julio Herrera y Reissig. Además para mayor prueba, de Zacarías es la única definición, como explicaremos si ha lugar.

Max Henríquez Ureña, una de las autoridades criollas más relevantes internacionalmente, en su Panorámica de la literatura dominicana, Tomo I y II (Editorial Librería Dominicana, 1965) dice que el nombre era veedrinismo y Zacarías figura, como en todos los demás que se refieren al ismo, como discípulo de Vigil, que ya había escrito y publicado en su libro de 1922 Del Sena al Ozama el prólogo a un libro de este, que llevaría el título de Neurosis de Cristal, el cual todavía permanece inédito.

 

FM | ¿Qué relaciones mantenían estos mismos movimientos con las corrientes estéticas de los demás países hispanoamericanos?

 

MMS | Realmente los postumistas señalaron entre los ismos conocidos por ellos el panedismo y el pancalismo de 1913 del puertorriqueño Luis Lloréns Torres que propugnaban: el primero que todo era verso; y el segundo que todo era bello. Citaron en sus escritos el creacionismo de Huidobro y el ultraísmo español. Tenían conocimiento del dadaísmo y naturalmente del futurismo, porque de todo eso se había escrito bastante en el país. Más tarde, Vigil hablaría de otros movimientos puertorriqueños y veinte años después, Moreno visitaría a su amigo Luis Hernández Aquino y tendría relaciones con el integralismo de este. Pero realmente relaciones durante la época heroica no las hubo más que con algunos intelectuales de Costa Rica como Moisés Vicenzi y Rafael Estrada que se adhirieron al movimiento, hecho que los internacionalizaba, y porque Avelino en su Pequeña Antología Postumista de 1924 incluiría a un poeta borinqueño que realmente no militó en el movimiento, me refiero a Evaristo Rivera Chevremont. En cuanto al vedrinismo no sabemos que tuviese ningún tipo de relación, porque no hubo manifiestos ni proclamas.

Los postumistas además de la proclama, del Manifiesto de Avelino, Del Movimiento Postmista, de la Pequeña Antología Postumista, publicaron otro folleto titulado Poemas en 1923, un Boletín postumista y un Panfleto Postumista de Avelino; editaron tres revistas: X, La Voz y El Día Estético; Moreno y Avelino publicaron varios libros y se mantuvieron unidos hasta 1934 en el cual hubo un cisma sobre el Pontífice Máximo del movimiento, eligiendo a Zorrilla. En sus relaciones internacionales dieron a conocer lo que se producía en el resto de América y daban a conocer tanto del estridentismo de Manuel Maples Arce como de los socialistas de Suramérica y Cuba. Recibieron cartas de Rufino Blanco Fombona, Juana de Ibarborou y de Víctor Haya de la Torre, entre otros distinguidos escritores.

 

FM | ¿Qué aportes significativos de las vanguardias fueron incorporados a la tradición lírica y cuáles son sus efectos en los días de hoy?

 

MMS | En cuanto al vedrinismo, fue poco lo que pudieron influir en los demás poetas. Realmente lo que diferenciaba era lo que publicaba Zacarías Espinal. Casi todo lo que escribió se conservó y fue recogido por su sobrina Ligia Espinal en un opúsculo póstumo con el título de Zacarías Espinal, editado en Holanda, sin datos de impresión ni fecha en el colofón. El no podía ser imitado o seguido porque realmente era sumamente raro y personal y salvo en esos primeros poemas y alguno que otro, como norma no prescindió casi nunca de la rima y publicó sonetos en su mayoría incluyendo palabras inventadas por él, o muy raras, que ha hecho pensar a nuestros críticos que se anticipó a las jitajánforas de Mariano Brull y Alfonso Reyes. Sin embargo, en el presente siglo hay jóvenes que respetan y veneran a Zacarías y hasta intentan resucitar el vedrinismo, sobre todo por la admiración que en las nuevas generaciones despierta el hecho de que Espinal fuese morfinómano desde muy temprano en su vida (Vigil en el prólogo a su libro inédito mencionado, señala que ya era adicto a la morfina). Sus familiares han informado que se la habían recetado y así adquirió la adicción y por eso se dice que muchos de esos poemas raros los escribió bajo los efectos de la droga.

En cuanto a los postumistas, influyeron poderosamente en las generaciones posteriores y tuvieron corifeos y seguidores. Recibieron repulsas y apoyos. Sobre todo en la imposición del versolibrismo.

Moreno Jimenes caminaría todo el territorio nacional ofreciendo recitales y presentaciones en pueblos y ciudades, además vendía sus libros y se reunía con los jóvenes inquietos de las distintas localidades que seguían los lineamientos postumistas, fundando colinas sacras, eligiendo las reinas del arte, especialmente en San Pedro de Macorís, Santiago, La Vega, Barahona, San Francisco de Macorís. Se le acusaba de buhonero de literatura porque vendía sus opúsculos y sus libros y de eso mantuvo su familia durante muchos años hasta que en 1950 el gobierno lo nombró Director del Instituto de Poesía Osvaldo Bazil que se creó en San Cristóbal, cuna del dictador, aunque se mantuvo recibiendo jóvenes y asistiendo a clases de literatura casi hasta su muerte en 1986, después surgió en Neyba en el sur del país, un movimiento neopostumista en los años ochenta del pasado siglo. El postumismo sigue siendo motivo de tesis académicas y de investigaciones literarias.

 

FM | Los documentos esenciales de las vanguardias, ¿se han recuperado?, ¿es posible tener acceso a ellos?

 

MMS | Todos los documentos que se citan históricamente como pertenecientes a uno y otro ismo se han recuperado, menos el libro inédito de Zacarías Espinal cuyo prólogo se salvó porque Vigil Díaz lo incluyó en Del Sena al Ozama en 1922. Pero la mayoría de su producción que incluyen poemas de aquel libro desaparecido se han dado a conocer, tanto lo que aparece en revistas de la época en las cuales participó, como en lo recogido por su sobrina Ligia ya citado. Incluso hay mucha tinta derramada sobre los orígenes del ismo y no faltan los inventos para llenar los vacíos y se ha creado todo un mito que ha trascendido internacionalmente. Nosotros podríamos ofrecer ejemplos de cada uno de los poetas citados en ambos ismos, pero nos vamos a conformar reseñando que en 2010 publicamos un volumen de 792 páginas con el título de Postumismo y vedrinismo primeras vanguardias dominicanas (Ministerio de Cultura, Santo Domingo), y respecto a las ideologías, aparte de lo de Espinal que recoge Diógenes Céspedes en Obras de Vigil Díaz y Zacarías Espinal (2004), extractos de los manifiestos virtuales de Moreno y Zorrilla, el de Avelino y otro de unos artículos suyos, hasta la fecha no ha aparecido nada que esclarezca su misterio, ya que Vigil nunca expuso su concepto, a pesar de tener las puertas abiertas de todas las publicaciones nacionales y su columna Fatamorganas en el Listín Diario, y haber publicado Música de Ayer en 1952, donde aparece el poema vendrinista del Día Estético de 1928, que lo inserta sin título, algo que es sumamente curioso si hubiera creado el ismo y ese poema fuese significativo. Hay que hacer una lectura de este hecho como una forma de borrar su nombre de esa aventura.

Para no alargar demasiado mi intervención y para ofrecer una idea de lo que pensaban tanto Espinal, como Moreno, Avelino y Zorrilla, haremos un resumen de sus posiciones ideológicas, de algo que sostuvo en un prólogo el primero y partes de los manifiestos, tanto real, el de Avelino, como virtuales de los tres tomados de sus textos.

Como hemos sostenido que el autor del adjetivo vhedrinhistas es Zacarías Espinal, veamos lo que Diógenes Céspedes en el prólogo a la obra citada dice respecto a lo único que hasta ahora aparece como esbozo ideológico del –ismo, tanto en él como en Vigil.

 

He aquí el resumen de lo que Zacarías Espinal entendía como vedrinista (1929):

 

A – Piñeyro (Julio) no pertenece a ninguna escuela literaria de las existentes en ese momento, pero “de todas estas orientaciones literarias domina poderosamente la poliformia de todas estas manifestaciones estéticas y escribe con igual maestría una emocionante Oda Magistral que un simple y complicado poema vedrinista.”

B – La razón no es quizás muy difícil de encontrarla: sencillamente porque persuadido como está de que el verso es la viva expresión del inconsciente, y es además la sugerente condición de este algo superior, que es el psiquiatra Fursast y el no menos psicólogo Dostoiesky, han solido llamar akoasmas de la virtualidad como un recurso de la condición intelectiva: domina con encantadora maestría todo el cordaje de la lira fadika, no haciendo en todo ello, sino derramar en un torrente singular el elevado sentimiento de su concepto supraestético.

C – Su maravilloso pensamiento de fino artista del verso, tanto en verso como en prosa está por encima y por fuera de su voluntad; por eso precisamente., a pesar de su enérgica y vigorosa mentalidad poética, un tanto vedrinista en el puro sentido estético de la concepción, su fina sensibilidad no se ha contagiado nunca de hermosura exótica ni ha tratado de trasplantar a sus versos como la mayoría de los poetas contemporáneos esa florescencia de procedimientos extraños que embotan dolorosamente el temperamento y coartan la maravillosa capacidad de la expresión.

D – El libro de Piñeyro es incuestionablemente el simbolismo representativo de la independencia, de la libertad y de la autonomía del poeta.

 

Aparte de que es la viva expresión del inconsciente que ya en 1926 pudo emparentarlo con el surrealismo, dado que en Santo Domingo en ese tiempo se seguía muy de cerca lo que acontecía en París, no podemos decir que militaran o tuvieran parentesco. Además, hasta en ese fragmento del prólogo a Piñeyro esas palabras akoasmas y fadika, que explican su vedrinismo particular, se han convertido en un misterio, porque nadie sabe lo que significan.

En cuando al postumismo, tomamos de mi obra mencionada fragmentos del manifiesto real de Andrés Avelino y de los manifiestos virtuales; luego seguiría Domingo Moreno Jimenes y terminamos con Rafael Augusto Zorrilla de modo que el lector pueda conocer lo que era el postumismo para cada uno de ellos.

 

Resumen del Manifiesto de Andrés Avelino y Del Movimiento Postumista:

Fantaseos (1921)

 

Del Manifiesto Postumista:

 

A – Porque no podemos seguir siendo súbditos de una aristocracia intelectual que no nos pertenece. La verdadera aristocracia la lleva el pensador en el cerebro. Debemos tan solo ser aristócratas de nuestra democracia.

C – Vida sincera e íntima, arte autóctono, para abrir la talanquera que nos ha separado del infinito.

D – De todo lo utilizable haremos un símbolo, un solo símbolo, y de todos los simbolistas un fósil, un solo fósil. La luna con los simbolistas será también un símbolo fosilizado.

E – Seremos humanamente eternistas; con un solo Dios, nuevo, subpanteísta, que a cada quien permita buscar su religión en sí mismo. Para nuestra ruta no olvidaremos el Corán y la Divina Comedia, la Biblia y El Quijote.

F – Todos tendrán el mismo derecho de vivir su momento artístico, lo mismo la dama de la quinta florida, que el galán con chamarra, el labrador, el jornalero.

G – Los poetas no seguirán siendo seres privilegiados y desconocidos de la multitud, camino del ensueño, sino seres videntes, camino de la verdad; pensadores y filósofos.

H – No reconoceremos vocablos poéticos. Toda palabra es bella cuando está bien escrita, todos los actos de la vida basta que sean reales para ser artísticos; gran artista es aquel que más fiel interpretación nos brinda de esos actos. La bella mentira de Oscar Wilde desapareció con su muerte: un tronco carcomido jamás retoñará porque se le inserten ramas de hojas verdes. La materia poetizada es creación. Nuestra belleza de sombra y luz será la belleza del futuro.

I – Sofrenaremos la imaginación con las bridas en tensión de los sentidos.

J – Reaccionaremos a la vez contra el romanticismo de Hugo y contra el realismo de Balzac. Pero nada de malabarismos estéticos ni musicales. Rubén Darío ha muerto. Cada acto debe ser una palabra escrita y la belleza emoción de ese acto: ritmo, y ese ritmo: música. Reaccionaremos también contra los ultraístas, futuristas y creacionistas que pretenden en acrobacia azul y sobre grupa de aeroplanos ir a conquistar un más allá escondido tras las nubes.

K – Destacaremos las extravagancias del decir y tan solo daremos cabida a las sutiles.

L – Forma y fondo y fondo y forma será una misma cosa ya que nuestro acento emocional permite una mezcla igual de idea y de emoción.

 

Del Movimiento Postumista, El Postumismo y la música:

 

A – El poeta postumista no debe aspirar solo a ser un buen versificador ya que para él la versificación regular no existe.

B – Mientras la irregularidad métrica no flote en el ambiente de su época, para el del futuro será tan solo necesaria la enjundia de la personalidad, respetable requisito inconcuso para sentir armónicamente y crear.

C – El verso postumista, caballo sin bridas que monta la emoción.

D – Quién sabe si por eso, por ser sin bridas, es que los jinetes de nuestro verso son tan escasos.

E – La música del verso postumista no puede ser medida, en cambio, sí pesada. Pesada, porque la emoción es vibración y la vibración energía. Energía sutilizada. Materia en movimiento.

F – Dando lugar la emoción pura al esqueleto musical del verso postumista, la armónica general de una composición estará siempre regida por la armonía unipersonal anímica del yo.

G – Cada diapasón temperamental humano está en mayor o menor grado de afinamiento de conformidad con la escala cromática universal.

H – El esquema de una pieza poética está ligado a la psicología del motivo de ella, al ambiente y al temperamento del autor.

I – El corte de los versos debe ser dado en armonía con el compartimiento de los acentos.

J – Nuestro verso es el resumen ideológico de las épocas pasadas y futuras.

K – El camino para llegar a él fue la labor rítmica de Moreno Jimenes, partiendo de la poesía rítmica castellana.

L – Es natural que despojada nuestra poesía de los harapos de la métrica y la rima, fuese un campo abierto al pensamiento y la emoción tanto tiempo mutilada.

Ll – Siendo nuestra poesía intensamente psicológica, sea la emoción la única encargada de musicalizar la inconsciencia del poeta.

M – Mientras el soplo poético del autor no dé para crear belleza subconsciente, la musicalidad de sus producciones será deficiente.

N – Pretender musicalizar en nuestro verso, es un fracaso, mientras quien tal intente no esté imbuido de nuestras universales tendencias y no esté en plena posesión de eso que solo se encuentra a fuer de buscarse a sí mismo.

 

Resumen de la ideología de Domingo Moreno Jimenes.

De Psalmos y prólogo a Fantaseos (1921).

De las entrevistas en Psalmos:

 

A – La rima es siempre cursi cuando no es preparada para el canto, o para la canción; y es, además, tiránica; empuja incompasivamente a la selección artificiosa en los campos del léxico. El ritmo clásico métrico, aún el neológico anterior al postumista, es bailable y despótico.

a) ¿De la rima? ¡Oh no! Esa es una cuestión secundaria desde hace mucho tiempo. En mi concepto su uso quedará abolido… es decir, relegado a ciertos efectos onomatopéyicos.

B – Se fracasa haciendo poesía cuando la emoción que se trasmite no es capaz de engendrar una emoción parecida o relativa a la emoción que engendró la obra poética.

b) Siendo, como es, la palabra hablada el signo eufónico de la idea, y por su naturaleza, un signo limitado en el espacio y en el tiempo, el poeta debe procurar que la palabra, después que fallezca en el tiempo y en el espacio, continúe vibrando en el alma del mismo poeta factor y en el espíritu de quien la ha oído.

b1) La poesía es ante todo música, pero música no de sonidos retumbantes, sino de emoción eterizada hasta la quintaescencia. En la emoción está el secreto de la música del poeta. Entre nosotros todo se reduce a ver la realidad interna o exterior a través de nuestras emociones.

C – En todas las cosas, tómense en conjunto o individualmente, hay belleza, desde el invisible átomo hasta el Cosmos. No hay materia absolutamente vil desde el punto de vista artístico. El poeta, como los astros, puede dorar o argentar todo lo que reposa o se mueve bajo su percepción física; y más que los astros, puede colorar hasta lo que se escapa a la percepción de sus sentidos y vaga en el mundo intangible del Ensueño

 

Del prólogo a Fantaseos:

 

O – El efecto capital de una composición consiste en que sus variaciones armónicas no obedezcan a necesidades de la intención psicológica, sino a ese afán espectacular de producir asombro.

P – Conociendo el origen acentual de la lírica castellana, y deduciendo que si la rima se empleaba al final de los versos, ello obedecería seguramente a la preeminencia de las voces finales, decidí originar una nueva fórmula lírica en la cual casi toda la prosodia estuviese basada en un acento emocional, que, sustituyendo la rima, contribuyera a darle un influyente caudal de expresión al idioma.

Q – Cuando hay una adjetivación bastante profusa me desagrada no poco.

R – Las bases de la futura manera están echadas, pero yo no me quedé ahí; y casi a continuación, produje una poesía enteramente regida por las emociones, donde los prejuicios de forma y fondo desaparecen. La principal dificultad de esta modalidad consiste en el escrupuloso cuidado que ha de tomarse para conservar el acento emocional patético y el ritmo apenas perceptible en las pausas que la diferencia de la prosa.

 

Resumen ideológico de Rafael Augusto Zorrilla

En el folleto Del movimiento postumista (1922)

De su ensayo Apuntes Postumistas:

 

C – El Postumismo, siguiendo el procedimiento rítmico de la poesía castellana, sustituyendo el acento obligatorio por el emocional patético con sus expresiones subjetivas al terminar de cada verso, en mucho de su labor, sí ha llegado a encontrar el auténtico verso libre castellano.

D – Moreno Jimenes el más feliz versolibrista dominicano, en su obra recientemente publicada, ha realizado lo definitivo en la materia.

F – La obra de Moreno Jimenes, como he dicho ya en “Origen del Postumismo”, fue el punto inicial que dio principio a la nueva tendencia.

H – La cuestión del color local en nuestra poesía no presenta los inconvenientes que en las otras tendencias y modalidades, ceñida como está a un naturismo sencillo y humano y siendo originaria de las fuerzas instintivas, permite que el ideal de su belleza subconsciente no necesite de energías anexas para tangibilizarse en el mundo de lo externo.

I – No más palabras: Intención, intención e intención.

J – La poesía actual con su métrica fuera de razón orquestal y su rima adocenada, mortifica la sublime armonía.

caso psicopatológico.

L – Luz, sombra, excursiones crepusculares del otro lado de la vida, simples imágenes de serena sugerencia.

Ll – Dejemos como cosa olvidada en museos de antigüedades esa belleza sugerente creada por imágenes agigantadas por lo maravilloso y fantástico.

M – Hagamos uso de los vocablos y las notas musicales para realizar la labor escenográfica de un estado de alma o la indiscreción exacta de un girón de cielo.

N – Dejemos al verso su propia música. Música universal y eterna, serena y condensada; creada por íntimas vibraciones psicológicas.

0 – Emoción sutilizada en energía sonora y no hábil combinación del sonido que tienen las palabras.

P – Paradojas de luz y sombra: inversión de lo corpóreo a lo intangible, de lo tangible a lo incorpóreo.

Q – Realicemos la unidad subjetiva y objetiva tangibilizando el ideal en una belleza subconsciente, como pura creación del espíritu.

 

Realmente no hubo ningún otro ismo claramente expresado a partir de la aparición del postumismo que no fueran las variaciones, muy importantes en ese decenio y en el siguiente de las aproximaciones al ultraísmo por Tomás Hernández Franco y las incursiones de Manuel Cabral, tanto en esas zonas europeísta, como en la negritud, y el nuevo criollismo y la nota socialista de izquierdistas militantes, sobre todo del interior del país, aparte de un retroceso con el romancero propuesto por Juan Bosch siguiendo a Federico García Lorca en los años treinta, la presencia de los miembros de la diáspora española de izquierdistas que escaparon de la guerra civil entre los que estaba el surrealista Eugenio Fernández Granell y el chileno Alberto Baeza Flores canciller de la Delegación Diplomática de su país, son los detalles más relevantes antes de 1943, año en que aparece la revista y el movimiento de La poesía sorprendida. 

Aleyda Quevedo, Manuel Mora Serrano e FM. Santo Domingo, 2009

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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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Fortaleza CE Brasil 2021



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