quinta-feira, 28 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Marosa di Giorgio (Uruguay, 1932-2004)

  

DIÁLOGO SIN PAUSA

 


FM | Ciertamente hay un tránsito inconsciente en toda creación. Sin embargo, el trabajo de ordenar los materiales de ese tránsito requiere una presencia mayor del poeta. Dijo el chileno Rolando Toro que “los poetas son los médium de las fuerzas que generan la vida”. Pero ¿cómo es posible presentar una obra sin la presencia de su autor? ¿Quién es Marosa di Giorgio?

 

MG | Creo estar bien a la vista, aunque misteriosa también, en todo mi trabajo. Soy esa que así piensa, sueña, vive, la última dríade de este mundo, la falena, y falena con el círculo del ala brillando. Así nací un día de junio y quedé asombrada mirando la creación, los planetas con perfume de higo casi al alcance de mi mano, los hongos que crecían y por momentos tomaban la forma de campanas, mi madre paseando vestida de tul azul. De allí arranqué, hasta ahora, envuelta en llamas, unida a un lirio.

 

FM | El crítico argentino D. G. Helder habla de tu poesía como de una “metamorfosis múltiple y continua de una naturaleza extravagante donde lo humano, lo animal, lo vegetal y lo mineral, como en los cuadros de Archimboldo, no se encuentran separados sino mezclados en cada ser”. Recuerda que la crítica percibió que tu poética no presenta una evolución permanente sino una expansión creciente de sus mismos sentidos inaugurales. Pienso que lo mismo pasa con la poética de Gonzalo Rojas, Álvaro Mutis, Roberto Juarroz. Habla un poco de esos sentidos inaugurales de tu poesía, de tus papeles salvajes.

 

MG | Sí, en verdad es estar desplegando un abanico, infinitamente; se abren a cada instante kilómetros de jazmines, de jardines. En esos papeles salvajes está el mundo entero, cada instante que viví bajo el sol, bajo la luna. Y una garúa pertinaz trae memorias de otros siglos.

 

FM | En una analogía pictórica de tu poesía, la crítica persiste en aproximar tu voz a las imágenes del lirismo de Chagall, los laberintos borgeanos de Escher y la simbiosis apasionada de Archimboldo. ¿Qué vislumbras de esa analogía?

 

MG | Algunas campanas, una que otra vez, repican eso. Soy, seré, la misma niña a la sombra de los durazneros de la infancia. Uso aquella diadema que tiene luciérnagas y espinas. La de la infancia.

 

FM | Una vez más eso de la prosa poética y tu rechazo a aceptarla como definición de la estructura de tus escritos. El crítico Elvio Gandolfo señala que no hay “temperatura lírica” en tu poesía. Llega hasta a decir que Marosa di Giorgio “no es poeta”. ¿No ves un gran equívoco en esos límites forzados, impuestos por la crítica?

 

MG | Elvio Gandolfo sugiere eso de otro modo, aunque en este momento no recuerdo cómo. Pero quiere decir que no se trata de típicos libros de poesía. O, mejor, que son conjuntos de sagas, una especie de larga novela.

 

FM | ¿Es posible una descripción del sentido de tus recitales? El argentino Enrique Molina sostenía que la relación del hombre con la poesía es del mismo orden que su relación con Dios: le es indispensable el recogimiento, un cierto sentido de soledad. ¿Los recitales de poesía no son una ilusión acerca de su comprensión?

 

MG | Los recitales son ritos, también; los llevo adelante sola, y con mi propia compañía interior, como cuando escribo.

 

FM | Hay una crítica al Surrealismo en el sentido de que sus poetas creían que todos los sueños deberían ser interesantes. Creo que lo mismo pasa con los materiales de la memoria. En el collage de tus recuerdos, ¿hay un principio que busca atender a la necesidad poética, o es aceptada toda la letra de la memoria? Recuerdo aquí que te consideras “una sangre que sueña sin pausa”.

 

MG | Recuerdo y sueño, da lo mismo. ¿Acaso no soñamos nuestra vida? Todo es sueño.

 

FM | ¿Qué significan los relatos eróticos de Misales (1983) en el universo poético de tu obra?

 

MG | Lo mismo que el resto; es una continuación pero también un salto. Aquí las llamas – invisibles y tenaces– están en todas partes. Y un tabú pernocta en la amorosa acechanza de una mujer.

 

FM | Recuerdo una observación de Circe Maia según la cual, en la creación poética, no hay “dualismo entre lo conceptual y lo formal”. Sostiene que no resisten las palabras desgarradas de su sentido, que el sigo vaciado de significado no resiste a nada. Pienso que los excesos formales resultan en el vacío del clasicismo, común en la poesía francesa actual, y que una cosa es la técnica, y otra la interrupción de los sentidos (aunque se haga en nombre de esa misma técnica). ¿Qué te parece esa nueva aventura de algunos poetas rioplatenses, entre ellos el uruguayo Roberto Echavarren, en torno de una poesía neobarroca?

 

MG | Me parece bien. Echavarren es un gran poeta y comanda esa vanguardia. Desde Góngora, para no ir más atrás, hasta aquí, el barroco se balancea y se yergue con sus ardides, entrecruzamientos geminados, alucinantes.

 

FM | Según André Breton, “la poesía traicionará su misión inmemorial si los acontecimientos históricos, inclusive los más dolorosos, la llevaran a desviarse del camino real, que es el suyo, y a dar vueltas en torno a un punto crucial de ese camino”. ¿Quiénes son los poetas que representan, hoy, una continuidad de la poesía uruguaya? ¿Cuáles son las contribuciones más consistentes?

 

MG | Tiene razón André Breton. No puedo ni debo hacer señalizaciones. No debo. Que hable el tiempo. Y también es cierto, ya se sabe, que cada cual contribuye con una brizna única, violeta de perfume recién inventado. 



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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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