quinta-feira, 28 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Miguel Espejo (Argentina, 1948)

  

LAS VANGUARDIAS EN ARGENTINA

 


FM | ¿Cuál es el punto inicial de la vanguardia en Argentina? ¿Cómo era el ambiente cultural entonces?

 

ME | Cuando hablamos de movimientos o tendencias culturales y artísticas resulta prácticamente imposible fijar un punto de partida, una fecha determinada. Las características de las vanguardias en Argentina estuvieron condicionadas por el alto flujo migratorio que existió a comienzos del siglo XX, y de las experiencias que se realizaban en Europa, pero de ningún modo esta característica puede subordinar a este factor un movimiento tan complejo. Para circunscribirnos al ámbito literario se pueden mencionar tres hechos: a) la creación de la revista Proa, en 1922, por Borges, continuación de Prisma y sobre todo de la española Ultra, que conoce una segunda etapa en 1924; b) la creación de la revista Martín Fierro en 1924, por Evar Méndez y Oliverio Girondo, entre otros, que tuvo una irradiación muy superior a Proa, tanto por sus medios, colaboradores como por su tiraje (llegó a vender más de 10.000 ejemplares); c) la creación del primer grupo surrealista, por parte de Aldo Pellegrini, en 1926. En este último año se publica también el Índice de la nueva poesía americana elaborada por Borges, Huidobro y el peruano Alberto Hidalgo, donde sorprende la cantidad de poetas vanguardistas, extremadamente jóvenes, que continuarían luego su producción y que formarían parte de sus respectivas historias literarias. Basta con citar los nombres de Maples Arce y de Neruda. Todas estas experiencias tienen en común el hecho de rebelarse contra la normativa propuesta por el modernismo hispanoamericano, tan alejado del modernismo brasileño que comenzaba a suceder por la misma época de las vanguardias hispanoamericanas.

 

FM | Los movimientos locales, ¿estaban de acuerdo con las ideas de las vanguardias europeas correspondientes o acaso agregaban algo distinto?

 

ME | Hay una situación ambigua en lo que concierne a los vínculos con los movimientos literarios europeos. Por un lado, se utilizaba el prestigio subyacente que había en todo lo que ocurriera en Europa, especialmente en Argentina, aunque simultáneamente no se renegaba de una tradición propia, como lo refleja el nombre Martín Fierro de la revista recién mencionada. La memorable boutade de Oswald de Andrade, en 1928, en su Manifesto antropófago, de “tupí or not tupí”, que sirviera para expresar un reposicionamiento en relación a lo local y lo universal europeo, puede extenderse al caso argentino, aunque prácticamente ningún otro país, desde la ideología propiciada por los gobiernos, negó de manera tan sistemática el componente de las poblaciones autóctonas y sus derivaciones. Pero el peso de escritores como Sarmiento, Lugones o José Hernández era demasiado grande como para eludirlos por completo. Hay un verdadero sincretismo en el acercamiento de estas distintas tendencias estéticas, cuyo resultado más alto es Jorge Luis Borges que, extrañamente, desde 1940, comienza a rechazar no sólo las vanguardias, sino su propia participación en ellas. En uno de los prólogos a ese Índice de 1926, que fue una rebelión contra el supuesto mundo hispano-americano, Borges dice: “El rubenismo fue nuestra añoranza de Europa”. No hay demasiado margen de error si consideramos el desarrollo de las vanguardias como un proceso continental, que deseaba dotarse de contenidos propios.

 

FM | ¿Qué relaciones mantenían estos mismos movimientos con las corrientes estéticas de los demás países hispanoamericanos?

 

ME | Si nos atenemos al Índice propuesto por Borges y Huidobro, los vínculos eran superiores a los actuales, a pesar de las dificultades prácticas de comunicación. Pero creo que habría que hablar más de simultaneidad y confluencias que de una tarea común establecida de antemano. Por otra parte, las fuertes personalidades creativas de Neruda y Vallejo, por ejemplo, produjeron un impacto muy superior al que tenían los movimientos literarios de sus respectivos países, al igual que sucedió con la tarea realizada por Rubén Darío en décadas anteriores. De cualquier manera, se observan entre los colaboradores de las distintas revistas hispanoamericanas nombres muy alejados geográficamente, por lo que hay que reconocer que los escritores viajeros, como Alfonso Reyes, cumplieron tareas de enlace extremadamente valiosas en la conformación de un ámbito reconocible.

 

FM | ¿Qué aportes significativos de las vanguardias fueron incorporados a la tradición lírica y cuáles son sus efectos en los días de hoy?

 

ME | Creo que el principal aporte estuvo dado por la heterogeneidad y por la eliminación concordante de una preceptiva establecida. El estallido de los cánones, común a las otras disciplinas artísticas en todo el mundo occidental, produjo en literatura la construcción de nuevos mundos narrativos que se sacaron de encima el peso del romanticismo, del naturalismo, del positivismo, del indigenismo, de las literaturas “sociales” o socialistas en general, para abordar esa problemática, como en el caso de Rulfo o del gran Guimarães Rosa, desde una perspectiva lingüística completamente diferente. Ya hace cincuenta años que Octavio Paz puso en juego el concepto de “la tradición de la ruptura” para comprender un fenómeno que, al igual que la dialéctica de Hegel, conserva superando, o rompe en medio de una tradición. Lo que estuvo de moda, durante unos pocos años, y que bastó para ejemplificar los rasgos del proceso cultural y literario, fue el pos modernismo, que si bien ocurrió fundamentalmente en el terreno de la filosofía y de las teorías políticas y sociales, fue al mismo tiempo una contradictio in terminii, ya que desde el modernismo filosófico del siglo XVII hasta el pos modernismo de finales del siglo XX, los sistemas conceptuales están preparados para que se produzca en ellos una modificación y corrección. Lo moderno presupone lo nuevo y aún hoy nos encontramos lidiando con ese horizonte. Muchas de las experiencias literarias actuales no tienen prácticamente nada que agregar a esa inmensa explosión de las vanguardias, que ocurrió entre finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, en medio de una diversidad que no tiene parangón en la historia cultural de Occidente, salvo quizás el Renacimiento. Sin embargo, la cultura y la creación, en un mundo dominado por las finanzas y la técnica, ha ingresado en un cono de sombra.

 

FM | Los documentos esenciales de las vanguardias, ¿se han recuperado?, ¿es posible tener acceso a ellos?

 

ME | No estoy autorizado para hablar ampliamente sobre este tema, pero las ediciones facsimilares se han sucedido y existe una creciente digitalización del material que va tornando mucho más accesible la consulta de estos ejemplares.

 


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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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