quinta-feira, 28 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Rodrigo Pesántez-Rodas (Ecuador, 1937)

  

EL ECUADOR DE LAS LUCES

 


FM | Gracias a la poesía el hombre puede retornar a las fuentes de su concepción original, al conocimiento de su propio e inagotable origen. En tal proposición radica la dimensión que origina la invención poética, sus riquezas formales, la verdadera joya de la imaginación. ¿Qué busca tu poesía, a través de su diálogo con el mundo? ¿Qué asuntos creen resolver las palabras a través de tus versos?

 

RPR | Mis vivencias y mis testimonios directos o referenciales, es decir, mi subconsciente y mi consciente. Lo que traje desde antes de ser en la memoria colectiva y lo que me tocó presenciar o heredar como parte de un ser individual. Mis versos o las palabras que configuran mis versos no acreditan ni resuelven nada. Son huellas del camino que vamos haciendo en compañía de uno mismo y de los demás.

 

FM | Recuerdo una entrevista con Lawrence Ferlinghetti, en que el poeta estadunidense observa que hace tiempo que los escritores o los pintores de su país no hacen “declaración social o política importante”. Creo que lo vital en la declaración de un artista radica en su contenido estético y no en su importancia social o política. Me parece algo evidente. Ernst Jünger defiende que “el artista es ante todo responsable ante su obra y no ante tal o cual orientación política”, concluyendo que, “para él, es una necesidad ser egoísta”. ¿Estás de acuerdo con Jünger cuando dice que “en primer lugar está el hombre, y su ambiente viene después”? Si así fuera, ¿no te parece que hay una eterna confusión en esa discusión en torno a la responsabilidad del escritor y el destino de la poesía?

 

RPR | Si la poesía es vivencia o testimonio del mundo de cada escritor y de su entorno sociológico, su rasgo político es evidente, mas no tiene porqué vincularse de manera incondicional a la creación estética. Debemos ser responsables y solidarios con el tiempo que nos tocó vivir y con el ser universal, sin caer en los surcos fanáticos o polarizantes. El destino de la poesía debe estar y ha estado siempre en manos de los poetas. La atmósfera política no se configura en nuestras manos, pero podemos ayudar a vislumbrar los esquemas de una justicia social sin banderas.

 

FM. En Tus lecturas de Huidobro, dice el venezolano Guillermo Sucre que allí “el fracaso es estético en la medida en que es también existencial: no es posible suprimir el acaso, ni la muerte”. Dice también que “la poesía está ligada a la búsqueda de lo que no se podrá encontrar”, que la poesía es una imposibilidad. A tu modo de ver, ¿cuál es el verdadero ámbito de la poesía?

 

RPR | La poesía no tiene ámbito, es parte del espacio, presencia tangible del cosmos, por lo tanto es configuración ilímite dentro del límite de la palabra.

 

FM | En Corriente alterna (1967), dijo Octavio Paz que “la crítica es el punto débil de la literatura hispanoamericana”, a pesar de que ya destacase en aquella ocasión los primeros momentos del venezolano Guillermo Sucre, que después escribiría un libro fundamental como La máscara, la transparencia (1975). Tienes una intensa actividad crítica. ¿Qué buscas en tal aventura y cuál es el diálogo posible (además de la afirmación de una diferencia) entre poesía y crítica, tanto en el Ecuador como en toda América hispana?

 

RPR | Todo poeta es un crítico y en todo crítico hay un poeta no desarrollado (hablamos en términos relativos). Las dos esferas: creación e interpretación no son sino el anverso y reverso de un mismo mundo estético. El poeta crea, el crítico recrea y en ese aparente juego de imagen están conjugados los mismos elementos asociativos y discursivos con que trabajan el uno y el otro. Posiblemente Octavio Paz en su libro Corriente alterna, al decir que la crítica es el punto débil de la literatura hispanoamericana, lo hace desde el punto de vista comparativo y lo que es más en relación con una crítica científica como en los norteamericanos, los rusos o los europeos. Por supuesto que a nosotros nos falta el rigor formal e nos sobra la generosidad conceptual. En mis últimos libros, sobre todo en mis estudios sobre el Modernismo y el Vanguardismo poético en el Ecuador, he tratado de someterme al rigor de los planos lingüísticos, sin desdeñar, desde luego el horizonte estilístico que en gran parte configura la mágica atmósfera de la creación.

 

FM | Hablemos un poco de Hugo Mayo (1895-1988). Aunque poemas suyos han sido incluidos en la antología Índice de la nueva poesía americana (1926), organizada por Alberto Hidalgo, Vicente Huidobro y Jorge Luis Borges, no encontramos referencia a este poeta en algunos destacados estudios acerca el agitado período de las vanguardias literarias hispanoamericanas. A título de ejemplo, observo que tanto Hugo J. Verani (Las vanguardias literarias en Hispanoamérica, 1986) como Nelson Osorio Tejeda (Manifiestos, proclamas y polémicas de la vanguardia literaria hispanoamericana, 1988) no mencionan a Hugo Mayo ni tampoco su aclamada aventura editorial con la revista Motocicleta. Con todo, sabemos que él inaugura el movimiento de vanguardia en el Ecuador. El hecho de que su obra sólo haya sido reunida en libro en los años 1970, ¿habría sido el único obstáculo para el reconocimiento de su importancia?

 

RPR | Sobre Hugo Mayo y su gran silencio continental pese a su valor literario, hay dos razones; primeramente la no publicación de sus poemas dentro de un libro a su debido tiempo, y la falta de críticos o estudiosos de su obra. Tuvo que esperarse mi llegada para que los dos obstáculos desaparecieran. En 1976, logramos hacer que se publique su primer libro, Poemas de Hugo Mayo, en la editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas, cuando nos desempeñábamos como Subdirector de la Sección de Literatura, es decir cuando el poeta pasaba los 80 años de edad y su horizonte estético estaba casi perdiéndose en la complejidad de las nuevas modas literarias. Hicimos una buena selección de su poesía de diferentes tiempos y estilos y el libro empezó a correr, a tal punto que dos estudiosos del fenómeno literario de la vanguardia en especial y de la literatura en general dan noticias de ello. En Manual de la literatura latinoamericana de Isaías Peña (Bogotá: Educar Editores, 1990), y Mihai Grünfeld, profesor de Vassar Collage en Nueva Cork en su libro Antología de la poesía latinoamericana de vanguardia (Madrid: Edición Hiperión, 1997), hablan de Hugo Mayo y seleccionan poesía del libro a que hacemos mención. Seis años antes publicamos un libro titulado Siete poetas del Ecuador, donde incluíamos a Hugo Mayo con un estudio y una buena selección de su poesía. El libro fue distribuido casi íntegramente en USA. Así abordamos el conocimiento y difusión de su obra que hoy ha despertado heroicamente.

 

FM | Siguiendo con Hugo Mayo, me gustaría saber por qué relacionas el Surrealismo con una “poesía de entretenimiento” y cuáles, de hecho, son las conexiones entre Hugo Mayo y el Surrealismo.

 

RPR | Hugo Mayo no fue surrealista, se vincula en su primera etapa con el Dadaísmo y por supuesto, entre Tristán Tzara creador de éste y André Breton del otro, hay diferencias notables en la manera de manejar el lenguaje. El Dadaísmo fue ruptura y no creación, actitud iconoclasta no solamente en la literatura sino a nivel de otras manifestaciones artísticas; el Surrealismo, se aprovechó de los procesos oníricos y de la apertura que dio al subconsciente Freud para elevar nuevos horizontes en la concepción del hecho poético. Todos estos movimientos fueron vanguardistas.

 

FM | Gran parte de la crítica considera a Jorge Carrera Andrade (1903-1976) como uno de los más importantes poetas hispanoamericanos del posmodernismo. Sin embargo, en tu libro Modernismo y postmodernismo en la poesía ecuatoriana (1995), observas que hay más “garra y sustancia” en Alfredo Gangotena (1904-1944), así como “más estilo” en Gonzalo Moscoso Escudero (1903-1971), aunque haya en Carrera Andrade “más variabilidad de esquemas”. Este múltiple tratamiento acabó propiciando grandes fallas, a ejemplo de lo que también ocurriera con Pablo Neruda. A tu ver, fallas que se producen en el propio acto de creación, a lo que agrego también las fallas de recepción, cuando la multiplicidad de recursos impera sobre a calidad de utilización de los mismos. De cualquier manera, ¿qué perjuicios trajo este aspecto a la poesía de Carrera Andrade y qué otros rasgos comunes podemos encontrar entre este poeta y el autor de Canto general?

 

RPR | Indudablemente que Carrera Andrade es uno de nuestros más altos poetas surgidos después del Modernismo en el Ecuador y pienso que su obra cimentó en gran parte el prestigio de la poesía hispanoamericana en los últimos 50 años. Pero Alfredo Gangotena y Gonzalo Escudero están a la misma altura y quizás Gangotena le supera en fuerza y magia telúrica. Pero, no caminaron, no fueron difundidos, no se enrolaron dentro del contexto poético hispanoamericano como Carrera Andrade y de allí la diferencia en el tratamiento. Me ratifico que Escudero es un maestro en la oportuna y original manera en manejar el lenguaje como estilo.

 

FM | Según Carrera Andrade, el franquismo perjudicó mucho las relaciones entre España y la América hispana. En carta que te escribió en 1969 declara: “Casi todos los escritores de nuestra América tomaron posición a favor de la República, motivo por el cual no tienen entrada sus obras ahora”. Con todo, incluso hoy es prácticamente nulo el diálogo entre poetas españoles e hispanoamericanos, a pesar de los esfuerzos de un crítico como el español Jorge Rodríguez Padrón, quien advierte que no habrá “lectura de la diferencia” mientras no haya diálogo. Entonces, te pregunto primero sobre la justificación de que la falta de diálogo entre España y la América hispana haya sido determinada por el franquismo. Y seguidamente, me gustaría saber tu opinión sobre un posible inventario de pérdidas debidas a esa ausencia de diálogo.

 

RPR | En la carta a que haces referencia escrita por Carrera Andrade, en verdad corresponde a ese lapso histórico que vivió España. La censura impuesta por Franco fue cruel para el ámbito cultural y literario de entonces. Ningún escritor que tomó parte a favor de la República, podía entrar con su obra en España. Además la narrativa tuvo mayor acogida que otro género literario por las editoriales de la península. Luego, nuestra condición de ser tercer mundistas, pesa mucho en la apertura cultural. Recuerdo que Vicente Aleixandre, gran poeta, gran lector y buen amigo mío, en nuestros diálogos hogareños, apenas solía mencionar a Carrera Andrade y alguna que otra referencia bibliográfica. En las universidades españolas, algunos profesores y no pocos alumnos no saben ni siquiera dónde queda nuestro país. Algo hice por difundir lo nuestro en poesía cuando dicté seminarios y charlas en las universidades de Madrid, Pamplona y Sevilla. Te voy a dar un ejemplo de los tantos para confirmarte mi aseveración. El Dr. José María Valverde, catedrático de Estética de la Universidad de Barcelona, España, en su monumental obra Historia de la literatura universal (10 tomos, Editorial Planeta, Barcelona, 1985), escrita a dúo con el Dr. Martín de Riquer, catedrático de Literaturas Románicas de la misma Universidad, en el vol. # 7 [pg. 486] dice textualmente: “Mientras la novela de la naturaleza y del indio se abría paso difícilmente en la novela Cumandá del colombiano Juan León Mera (1832-1894)”. Esto es mala fe, es ignorancia supina. Don Juan León Mera, ecuatoriano de Ambato, cuna también de Juan Montalvo, uno de los más grandes ensayistas de Hispanoamérica en el siglo XIX y a quien estos ilustres catedráticos universitarios le ignoran olímpicamente; decíamos que Juan León Mera logró fama antes que en el Ecuador en España, gracias a don Juan Valera quien acogió sus escritos con deleite y sagaz visión crítica y quien honró copiosamente con una relación epistolar a nuestro novelista que además fue el Primer Presidente de la Real Academia de la Lengua, capítulo Ecuador.

 

FM | Preguntado sobre dónde se escribe la mejor literatura del mundo actualmente, dijo George Steiner que en el este europeo y en América latina, justificando su respuesta en que “la gran literatura, el gran pensamiento, florece bajo presión”, y agregando que “pensar es un asunto solitario, canceroso, autista, loco; ser capaz de concentrarse profundamente, interiormente”. A lo que parece, el reconocimiento de esa literatura se define todavía por su abordaje fantástico, excepto por Octavio Paz, cuya actuación es muy definida en torno de la ensayística y de su proyección política, por así decirlo. Ningún gran poeta latinoamericano –pienso en Gonzalo Rojas, Vicente Gerbasi, Pablo Antonio Cuadra, Roberto Juarroz, César Dávila Andrade, Carlos Germán Belli, José Kozer– ha alcanzado una posición de reconocimiento internacional pautada por su propia obra. ¿La obra en sí todavía define el prestigio de un autor?

 

RPR | Así es, una gran parte de la mejor literatura del siglo XX en sus últimas décadas se ha dado en América Latina. Obras como las de Juan Rulfo, Borges, García Márquez, Onetti, Cortázar, Vargas Llosa o Roa Bastos con testimonios de aperturas hacia la universalización del espacio creativo por encima de las barreras del lenguaje. En poesía el camino ha sido diferente. Es un género en primer término, menos comercial y por ende las editoriales, poco hacen por difundirla y cuando se han interesado en ella, no ha sido en razón de las excelencias de la obra sino de las conexiones o ubicaciones extraliterarias del autor. Pienso que Ernesto Cardenal es un buen poeta, si se quiere, un gran poeta, pero su prestigio se debe a coyunturas de otra índole, tal vez políticas. Pienso que en esa altura están Vicente Gerbasi, Carlos Germán Belli o nuestro César Dávila Andrade y que sin embargo no gozan del reconocimiento continental que merecen. El hecho de que no se lo dieron el Nobel de Literatura a Jorge Luis Borges y no se haya dado todavía a ningún escritor brasileño teniendo más de uno de garra universal en poesía y narrativa reafirma la idea de que el “prestigio” a veces no se sienta ni asienta sobre bases intrínsecas sino coyunturales. Y al decir prestigio entre comillas hablamos de reconocimientos oficiales. Nada más. La obra sólida a la larga trasciende y permanece. Vallejo, el peruano de los Heraldos negros vivirá más tiempo en el espacio y en el tiempo que Neruda.

 

FM | Creo que establecemos una gran confusión cuando entendemos que el sentido es forma. Se presume que el mensaje, al ser considerado esencialmente forma, no tiene por qué aspirar a cualquier otro sentido que no sea meramente estructural. Éste me parece uno de los grandes sofismas de nuestro tiempo, responsable de la elocuencia del discurso (vacío) de la propaganda y del surgimiento de algunas anomalías, como el concretismo brasileño o esa corriente neobarroca que se irradia a partir del Uruguay y de la Argentina y que contamina, en el Brasil, justamente a los herederos del concretismo. La discusión actual en torno a la forma tiene muy poco que ver con la utilización de metros y ritmos clásicos. El recurso fue convertido en esencia. La obra de un poeta como César Dávila Andrade, por ejemplo, aniquila los equívocos aquí apuntados. Fue totalizadora, a ejemplo de la poesía de José Lezama Lima, sin preocuparse por las restricciones de cualquier orden, de fondo o de forma, recobrando los plenos poderes de la especie humana. ¿Qué te parece hoy, finalmente, esa recurrente distracción en torno de la relación dialéctica entre sentido y forma?

 

RPR | No se puede hablar de dos elementos en la obra poética. Si el lenguaje como forma de expresión comunica, la idea se vuelve recipiente a la vez y se unifica en la vertiente piramidal de los sentidos. Además, el poeta no escoge ni los metros ni los ritmos. La poesía viene con su propia indumentaria. De allí que estrofas de verso abierto o estructuras ancestrales (sonetos, por ejemplo) nada tienen que ver en el acto poético. Lo que si hay que evitar es la difamación del género so pretexto de innovaciones del lenguaje. Tanto en Dávila Andrade como en Lezama Lima, la poesía asoma aunque por diferentes andariveles, pero asoma y esto es lo que perdura.

 

FM | Una nota de prensa sobre la Antología cósmica de la poesía del Ecuador (1997) dice que el libro, por su difusión a partir de México, donde fue editado, debe contribuir a que los poetas ecuatorianos no permanezcan inéditos. Años atrás, en uno de esos encuentros de escritores, Jorge Enrique Adoum atribuyó responsabilidad a países como México, Argentina y Brasil por el estado de desprestigio de la literatura latinoamericana ante el mundo. Pienso en un país intensamente activo en el barullero período de las vanguardias, como fue la República Dominicana. Fundamentales contribuciones vinieron de Nicaragua, de Cuba, de Ecuador, de Perú etc. Actualmente enumeramos expresiones poéticas en varios países, Javier Sologuren, Alvaro Mutis, Ludwig Zeller, Roberto Echavarren, Pedro Shimose. No discuto aquí tu idea de una “poesía cósmica”, que me parece una segmentación algo discursiva en relación con el gran avance estético propiciado por la poesía hispanoamericana. Lo que me gustaría poner en discusión es la responsabilidad de esos países (Argentina, Brasil, México) en el destino cultural de resto de América Latina. ¿Qué opinas a este respecto?

 

RPR | La falta de conocimiento de nuestra poesía –de la ecuatoriana– no está dada por culpa de otros países sino por culpa nuestra. Algo dejé clarificado sobre este aspecto en otra respuesta. A través de la Antología de la poesía cósmica, hecha gracias al esfuerzo y solidariedad de ese genuino mecenas que es Fredo Arias de la Canal ha servido para que muchos países nos conozcan y muchos estudiosos nos lean. De este viaje editorial iniciado en México he podido darme cuenta de la aceptación que ha tenido nuestra poesía en sitios muy distantes y gustos tan divergentes como en USA, Cuba, España, Argentina, Brasil etc. Nos faltó difusión, nos faltó empuje editorial. Desde la presentación de la antología hasta su selección impactaron. Vino la lectura, la relectura y el criterio. Hoy te puedo afirmar que nuestro ámbito poético ya no estará circunscrito a uno o dos poetas, sino a un registro de nombres mucho más auténtico por auténticos creadores. Lo de Cósmico pienso que no influye en la lectura. Son arquetipos ufanados y extraídos por quienes como Fredo y como yo pensamos que el cosmos y su energía encauzan todas nuestras actividades por más íntimas o secretas.

 

FM | En una carta dirigida en septiembre de 1965 a Juan Liscano, cuando éste dirigía la revista venezolana Zona Franca, Jorge Carrera Andrade manifestaba su esperanza de que América “culminará, un día, en la unión y en la libertad”. Bien sabemos que América ha sido escenario de las más brutales modalidades de degeneración cultural, y que las señales de resistencia no indican exactamente una visión optimista del futuro. ¿Qué piensas acerca de algo como el MERCOSUR?

 

RPR | Creo en la Unidad de América, sobre todo en aquella en donde las pequeñas diferencias nos unen cada día más. Creo en la universalidad del hombre en su búsqueda de paz y solidariedad. La unión no se afianza en los nombres o membretes, sino en la cultura de una sociedad hecha para servir al hombre y no el hombre sirviente de una sociedad. 



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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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