segunda-feira, 17 de novembro de 2014

Manuel Mora Serrano: viajes de la historia hasta la historia de las vanguardias en Dominicana | Floriano Martins

Manuel Mora Serrano

El motivo principal de este diálogo es la reciente publicación del libro Postumismo y Vedrinismo. Primeras vanguardias dominicanas, de Manuel Mora Serrano (Editora Nacional, Ministerio de Cultura, Santo Domingo, 2011). Libro esencial que trata de poner buena luz sobre un tema ya hace mucho necesario de aclaraciones. El diálogo, además, es parte de un deseo nuestro de divulgar la tradición lírica de esta parte preciosa del Caribe que es República Dominicana. Su autor, Manuel Mora Serrano (1933) hace mucho es colaborador nuestro, es un profundo estudioso de la realidad cultural de su país. El libro, considerando su incuestionable importancia, luego podrá ser encontrado en la forma de dossier en la sección “Dominicana” del Proyecto Editorial Banda Hispánica. [FM]

FM La publicación de este libro tuyo, Postumismo y Vedrinismo primeras vanguardias dominicanas (2011), es valiosa en muchos aspectos y me parece que uno de ellos es precisamente la estructura que encontraste para defender tus ideas sobre el tema. Esa mezcla responsable de ensayo, estudio académico, apuntes históricos, recuerdos, en mucho llévanos a la lectura de una escritura placentera como la entendía Roland Barthes. Es como un libro de viaje por la historia de la tradición literaria de tu país. Cuéntanos un poco de esa definición estructural.

MMS Ocurre que más que un estudio académico o un ensayo, se trata de un libro didáctico. Pretendí una exposición que fuera comprensible para cualquier lector, sin importar su nivel cultural. Aunque hoy existen facilidades que durante la primera mitad del siglo pasado ni se podían soñar, como las herramientas de búsquedas en internet, no todos los usuarios (que no son la totalidad del universo de lectores posibles, mucho menos en países pobres y tercermundistas como República Dominicana, a pesar de que muestre, en cuanto a comunicaciones, progresos tangibles que superan a muchos del área), pueden tener acceso a cosas tan simples como el muestrario sucinto de las principales vanguardias universales y americanas con anterioridad a 1930, en especial a 1921 que es la fecha de la proclama del Postumismo; de modo que es una forma de llegar directamente a los temas a tratar sin desvíos y sin requerimientos de búsquedas en el web. Esas cosas son obvias para iniciados en literatura, pero mi preocupación mayor, como lo expreso al final en la dedicatoria especial, fue a favor de los estudiantes y los interesados en nuestra literatura que no son doctos en la materia, porque yo también había sido, como ellos, un ignorante de estos procesos en mi juventud.
Roberto CabreraDe ahí que, como lector y como estudiante, recordara que regularmente no se vuelve atrás para ver lo que se dijo, y es necesario repetirlo, a riesgo de fatigar al lector, sobre todo cuando se refiera al meollo del asunto y la base de la investigación. Es una manera de ir refrescando su memoria manteniendo el hilo conductor del desarrollo temático.
Eso puede resultar poco académico, pero creo que muy efectivo al final.

FM Steven White ha escrito un libro que se llama La poesía de Nicaragua y sus diálogos con Francia y Estados Unidos (1992). Allí están los datos esenciales para comprender cómo fue posible a la lírica nicaragüense trascender su aventura adánica mezclándose a la experiencia de la lírica de lenguas inglesa y francesa. El sentido de mestizaje de nuestras culturas, en América, es lo que tenemos de más fuerte, ya lo sabemos. En tu libro, una vez más, se hace ese rasgo precioso, así como, por supuesto, la zambullida en el pasado, en el siglo XIX, el diálogo con los llamados “dioses mayores” de la literatura dominicana. El problema no son las entrañas francesas, inglesas, españolas o portuguesas de nuestras raíces, sino la manera cómo, a partir de ellas, fundamos nuestras singularidades. Creo que tu libro cumple esa función de destacar el principio de las cosas y sus arreglos en nombre de la identidad de una cultura.

MMS En cuanto al afrancesamiento y el antihispanismo, es cierto. Tanto Gastón Fernando Deligne como José Joaquín Pérez tradujeron poemas del alemán y el inglés el primero, y del inglés y del francés el segundo. Salvo Salomé Ureña de Henríquez (aunque leía con fluidez inglés y francés), que fue seguidora de la tradición española, los intelectuales dominicanos hablaban y leían bien el francés desde la ocupación haitiana de 22 años (1822 a 1844) y repudiaban a España por la Anexión ocurrida en 1861 que provocó una cruenta guerra de liberación, amén de que la literatura española del romanticismo, si exceptuamos a Gustavo Adolfo Bécquer, tampoco mostraba mucho esplendor si se compara con la gala a partir de Charles Baudelaire.
 A mí me desconcertaba que se presentaran las cosas como si ocurrieran mágicamente. Que de pronto alguien inventara nuevos procedimientos lingüísticos o diferentes formas de expresarse. Eso no es así. De modo que fui presentando los antecedentes de las vanguardias y de los cambios, a veces casi imperceptibles, que fueron sucediendo en los poetas dominicanos, a pesar de que algunos de ellos viajaban con frecuencia al extranjero, en especial a París, meca del arte durante casi todo el siglo. No sólo informar eso, sino mostrar lo qué se consideraban propiamente vanguardias en Hispanoamérica y el grito tempranero de una de las figuras principales de la poesía dominicana, considerada por la crítica barroca romántica uno de esos Dioses Mayores de la Poesía, José Joaquín Pérez, que en 1896 había pedido en un poema, que era todo un programa pre-vanguardista, dedicado a un “modernista exótico” (referencia a un criollo que seguía los lineamientos de Rubén Darío y su cohorte parnasiana), que no le cantara a cosas extrañas “que bien se están en su nativo clima” sino a las americanas y a las mujeres nuestras, sobre todo a la “india de cutis de canela”, que en el eufemismo tradicional dominicano se refería a la mulata o mestiza, dando origen a toda una nueva tradición que produjo el movimiento criollista. Pero también mostré lo que se publicaba en el país de las vanguardias, especialmente del futurismo. Las visitas y conferencias de personalidades como José Santos Chocano y Manuel Ugarte; los artículos y debates en la prensa sobre la necesidad de los cambios, sobre todo de un arte social más profundo, donde hubiera una mayor preocupación por el concepto.
 De ese modo creo demostrar que cualquiera pudo torcerle el cuello al cisne modernista, pero que la gloria le correspondió a Domingo Moreno Jimenes y fue la misión callada del movimiento postumista.

FM El argentino Jorge Luis Borges decía que los historiadores en nuestra época perdieron la capacidad de prever el pasado. Es una broma que es una verdad y el símbolo de nuestro rechazo a la historia como una fuente perenne de descubiertas. Lo más curioso es que la casi totalidad de las revelaciones de errores en lectura del pasado todavía no fueron actualizadas en los libros para estudiantes. En tu libro, en especial, hay un recuento maravilloso en el sentido de precisar los orígenes del Vedrinismo y la actuación concreta de un tipo como Vigil Díaz.

MMS Precisamente, en el preámbulo digo que el motivo principal para escribir el texto fueron algunas exposiciones de críticos y comentaristas literarios ya establecidas como lugares comunes.
 Todos los libros que tratan sobre nuestra literatura a partir de 1943 cuando apareció la Antología de Poesía Dominicana de Pedro René Contín Aybar, proclaman que en 1912 con la publicación de Góndolas, su primer libro, de poemas en prosa, Vigil Díaz había proclamado el vedrinismo, hecho que magnificaría luego Manuel Rueda, importante poeta y recio intelectual, en 1972 en la Antología Panorámica de la Poesía Dominicana, diciendo que se trataba de la primera vanguardia americana.
 Eso era algo muy serio. No se trataba de improvisados sino de personalidades fundamentales de la literatura contemporánea nacional y se dio por un hecho sin mayores averiguaciones, como se daban por establecidas la mayoría de las cosas que han adquirido la categoría de clisés o lugares comunes en cualquier literatura.
 El hecho de que un escritor como yo, que no soy académico (de las academias líbranos señor, como le pidió Darío al Quijote, aunque haya sido egresado de una universidad con un título de doctorado en derecho, pero no en letras), que nunca me había destacado como historiador, osara enmendarle la plana a estos señores, se convertía en una acción vituperable. Demostrar que no tenían razones valederas, que habían inventado la especie, que jamás presentaron la más mínima prueba, sino todo lo contrario, que el ismo existe, pero a partir de 1926 y no creación de Vigil sino de un joven llamado Zacarías Espinal, se convertía, así, de golpe y porrazo, en algo inaceptable.
 Sin embargo, las pruebas están ahí, son los textos originales y epocales que aparecen en mi libro. Y de ahí que las repeticiones necesarias, los énfasis en la mentira y el invento, terminaron por irritar a los defensores que no tienen el menor argumento que exponer, que no sea la invectiva y el denuesto.
 No fue en la República Dominicana donde apareció la primera vanguardia americana. No existió en la segunda década del siglo XX ni siquiera la palabra vedrinismo. El término tan solo. Eso es lo que no soportan.

Roberto CabreraFM Pero cuéntame una cosa: el mismo manifiesto del Vedrinismo es un tipo curioso de alabanza a la cultura occidental, europea. Y sus piruetas verbales no constituyen una ruptura, sino una sustentación del circo, más parnaso, todavía más parnaso, en una cultura que ya necesitaba avanzar en lo que el brasileño Raul Bopp llamaba de “frescor primitivo”. Además de una reliquia que es casi un ornamento del pasado, ¿qué importancia real aporta a la cultura dominicana el Vedrinismo?

MMS  Vamos por partes. Si admitiéramos que Vigil Díaz proclamó el vedrinismo en 1912 con Góndolas, tendríamos que llegar al acuerdo de que en ese libro todo lo que hay es parnasianismo y por lo tanto modernismodariano de ley, ya en franca decadencia para la época y con ejemplos por doquier de postmodernistas aunque sin nombres con ismos. No. Lo que yo demuestro es que Vigil Díaz no inventó el término. Que nunca proclamó el vedrinismo y que lo que llamamos tal, aparece en mi libro en un apartado de la décimo octava sección titulada Los versos vhedrinhistas de Zacarías Espinal, sin que este proclamara nunca que se trataba de una escuela o de un movimiento. Era un joven poeta, nacido en el 1901, que por razones médicas le administraron morfina y se convirtió desde sus diez y nueve o veinte años en morfinómano; que publicaba cosas rarísimas, y que el 9 de octubre de 1926 dio a la luz tres poemas extraños, diferentes a todo lo que se hacía en el país hasta entonces, que tituló con esas haches intercaladas, dando nacimiento al ismo. Incluso en las conclusiones de esa sección señalo que la única definición que hasta ahora tenemos de lo que era el vedrinismo para Espinal fue una expresión suya comentando un prólogo de un libro de un médico criollo recién llegado de Francia, y es la siguiente: que era la viva expresión del sub-consciente. Algo que Breton hubiera firmado como surrealista, sin duda alguna. Ya el surrealismo existía. ¿Pudo haber alguna conexión entre Zacarías y los surrealistas franceses? Eso cae en el terreno de la especulación, pero yo digo que tendríamos que verlo como una forma de surrealismo antillano. De modo, que por breve que sea la definición, por extraño que fuera el nombre de los versos de Zacarías, que yo copio in extenso en la obra, por lo menos tenemos una praxis rara, y un conato de manifiesto, una manifestación escueta, pero una manifestación al fin. Luego Vigil publicó dos poemas diciendo que eran vedrinistas, el primero con una ene (vendrinista), dos o tres años después de Zacarías, en 1929 o posiblemente a fines del 1928 porque se trató de un segundo número y el primero data de octubre de ese año de la revista El Día Estético, órgano de los postumistas; con tanta suerte, que no sólo le regalaron el ismo sino que lo antedataron 17 años atrás.
 Creer lo dicho por Rueda y Contín como cierto, crea esa confusión. Si hubo un ismo llamado vedrinismo, es lo que de él escribiera y dijera su creador: Zacarías Espinal, que murió en plena juventud en 1933, víctima de su adicción. A su muerte se habló bastante de sus rarezas como poeta y Manuel Rueda considera que sus raros versos con palabras que parecían inventadas por él, eran unas especies de jitajánforas, anteriores a las de Mariano Brull. Hubo algunos imitadores de ciertas cosas de Espinal después de su tránsito, pero eso rebasaba el presupuesto de mi texto.

FM Cuando llegamos al Postumismo, leemos en su manifiesto la necesidad de un arte autóctono, para abrir la talanquera que nos ha separado del infinito. Una vez más la ilusión de que el arte puede despreciar el pasado y nacer de un borbotón mágico. La magia de la cultura está en su habilidad de cambio. El arte es fruto de la relación íntima entre todos los tiempos. El Postumismo está relleno de mármol, aunque lo rechace. El mármol de que habla su manifiesto es un prejuicio. No puedo decir que no quiero más Homero o Mallarmé, no hay acento personal lejos de una visión múltiple de las cosas, no hay ritmo personal sin la comprensión de toda la música – es el mismo error de todas las vanguardias en Brasil –, la verdad es la esencia, la verdad está en la apertura de los canales. Las vanguardias cerradas, ya lo sabemos, fueron las más torpes.

MMS. Lo primero es que ese Manifiesto del Postumismo es obra personal de Andrés Avelino. Avelino era un muchacho campesino recién llegado a la ciudad. Venía del norte lejano, de Montecristi, lleno de arrestos juveniles. Ni Moreno Jimenes el principal creador, ni Rafael Augusto Zorrilla el mecenas y especie de armador del trío, lo firmaron; aparece al final de su libro Fantaseos como obra suya. Hay unas entrevistas a Moreno de esa misma fecha y hay otro artículo de Avelino y otro de Zorrilla donde expresan lo que para ellos era el Postumismo. Yo he tenido la audacia de hacer con esas expresiones de ellos varios Manifiestos Virtuales, porque bien sabemos que las expresiones de los fundadores forman parte de la ideología del movimiento, sobre todo cuando son expresadas en los años de fundación. La boutade de Andrés Avelino se explica por ser una reacción vanguardista típica, es decir iconoclástica. Pero con mucha razón, porque luego, también reproduzco las concepciones que hoy se tienen de lo que debieron ser las vanguardias americanas en los años veinte, sobre todo en Hispanoamérica: que era la reacción contra el modernismo de Darío. No hay dioses paganos ni nada que se le parezca en los postumistas. Darío ha muerto de verdad. Ese fue su logro y hoy se considera que debió ser así, una reacción contra Europa. Ahora bien, yo demuestro que lo que hizo Moreno (los otros dos dicen que de su obra nació el movimiento), fue desterrar las princesas azules y comenzar a cantar, no sólo lo que le rodeaba sino lo que sentía, pero con palabras y tonos completamente distintos de los modernistas. De ahí la ruptura con la métrica y la rima, aunque no fueron tan cerrados para no admitir a los que eligieran formas anteriores. Ellos, los postumistas, fueron los que cambiaron. Ahora bien, como sucede en todos los movimientos, cada uno pensaba a su manera. El hecho de que hasta hoy se tenga como único manifiesto el de Avelino, ha creado esas confusiones. Yo trato de aclararlo en mi libro. Sin embargo, también te puedo decir, que todavía no se sabe qué era realmente el postumismo.

FM Ya he leído unas controversias a tu trabajo. Es rico que estás poniendo en campo de pelea la realidad cultural de tu país, con sus vicios y debilidades. Es un riesgo tuyo y no hay otro modo de uno avanzar en la recuperación del patrimonio cultural de nuestros pueblos. Por supuesto, tus fuentes, el apoyo de tus investigaciones, no pueden ser los libros oficiales. En este sentido, la prensa, sobre todo las revistas culturales, desempeñan un papel fundamental. Hay colecciones de revistas, por ejemplo, en nuestros países, que constituyen la verdadera historia de su cultura. Pienso, por ejemplo, en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, que es un esfuerzo valioso de recuperación de los caminos naturales de una cultura. Háblame un poco de tus fuentes y dime si la vanguardia en República Dominicana puede ser buscada –pienso en un investigador apasionado por la cultura de tu país– a través de la prensa.

Roberto CabreraMMS Recordé que a principios del siglo XX (que fue un periodo turbulento políticamente hablando, motivado en parte a la deuda externa que fue uno de los pretextos de Estados Unidos para invadir el país en 1916; ocupación que duró 8 largos años) no se editaron muchos libros, pero las revistas, dos de ellas fundadas y dirigidas por venezolanos exiliados (Letras y Renacimiento dirigidas por Horacio Blanco Fombona y Manuel Flores Cabrera) y otra (La Opinión que llegó a ser dirigida por un español rebelde Juan José Llovet), y los periódicos, suplían la necesidad de información y formaban el gusto. Un país con alto nivel de analfabetismo, sin comunicaciones internas durante los primeros veinte años, cuyas figuras cimeras vivían viajando, ya formándose y desarrollándose en medios más amplios, como los hermanos Henríquez Ureña en Cuba, México y Argentina, ya como diplomáticos, ya como exiliados, atesoraba estas publicaciones que formaban parte de las bibliotecas familiares y era las bases culturales de la gran mayoría de los escritores pobres (los editores las preparaban para ser encuadernadas por tomos numerados).
 Curiosamente, los manuales de historia literaria no se detenían morosamente en el pasado ni estudiaban lo que aparecía en estas revistas y en los periódicos.
En el país no hemos rescatado como los puertorriqueños ese valioso documental. Recién ahora el Archivo Nacional está haciendo esa labor tímidamente.
 Recuerdo que cuando intenté ponerme al día (después de haber publicado en 1976 un Manual de Historia de la literatura dominicana y americana) revisando en las hemerotecas nacionales de Santiago y de Santo Domingo, especialmente en el Archivo General de la Nación, que entonces era un caos, me sorprendió lo poco que sabíamos los literatos y los estudiosos de lo que realmente había sucedido en ese interregno en nuestro país.
 Como los pichones esperan que los padres traigan de sus altos vuelos la comida nutricia, nos habíamos quedado con las migajas que los grandes señores de la crítica y de la historia nos habían entregado.
 Ir a las fuentes y tratar de rebatir a personalidades como Pedro René Contín Aybar y Manuel Rueda, por citar los principales que se rebaten, parecía un despropósito, porque Contín conoció y trató a la mayoría de los autores.
 Estas y otras autoridades, entre las que están Max Henríquez Ureña, Américo Lugo, etc., supuestamente ya habían saqueado las arcas culturales y los demás sólo teníamos que partir de ellos. Nada de nuevas carabelas a explorar territorios colonizados. Pero los piratas encuentran siempre tierras desconocidas o inexploradas y arcas sin abrir.
 De ahí que comenzara primero a extrañarme de mis descubrimientos, porque se trataba de cosas que estaban a la vista de todo el mundo, como la carta famosa de Poe, de modo que fui tomando notas aquí y allá, de pequeños, a veces ínfimos detalles.
Hubo varias discusiones que parecían zanjadas entre los críticos nuestros. Una de ellas era sobre la aparición del poema en prosa.
 Que el primer poema fuera de la autoría de una personalidad de nuestra literatura como Federico Henríquez y Carvajal, apodado El Maestro, que vivió más de cien años, y que lo publicara en 1892 en su revista de Artes y Ciencias, no dejaba de ser un hecho significativo, cuando a lo más que llegaban los demás críticos era a 1903, ignorándose que Francisco Henríquez Ureña, Fran, el hermano mayor de Pedro, Max y Camila, que venía de París donde su padre terminaba la carrera de medicina, había incursionado en el periodismo literario fundando una revista en 1899 para difundir el poema en prosa, y que varias mujeres también habían entrado en la moda.
 Hechos como ese, o que Tulio M. Cestero había sido el introductor del virus modernista parnasiano en el país con unos ensayos en 1898 y con un libro pequeño de poemas en prosa en el 1901, todo eso figuraba en las bibliografías, pero nadie había dicho que con ello infectaba el virus modernista a la literatura nacional.
 En fin, en esos veinte años que van desde 1901 a 1920, a pesar de las montoneras, de la ocupación americana, de los golpes de Estado, de los levantamientos, se hizo literatura, y, podría decir que buena literatura. Haberlo demostrado, sacando a la luz la existencia del yoísmo de Ricardo Pérez Alfonseca o el socialismo militante en literatura de Federico Bermúdez, es lo que ha desconcertado un poco. Todo eso se conocía, se sabía, como del criollismo del que sigue siendo el mayor exponente las Criollasde Arturo Pellerano Castro, aunque no en la forma que lo presento y muestro.
Creo que en el fondo, lo que más desconcierta no es lo que demuestro de Moreno Jimenes y los postumistas o de Zacarías Espinal como creador del ismo vedrinista, sino que, quieran o no, tendrán que reescribir nuestra historia literaria a partir de mi libro,. Lo digo sin jactancia alguna. Me hubiera gustado que no fuera así. Pero las pruebas abrumadoras en apoyo de las tesis que sostengo, lo demandarán.
Roberto CabreraCreo que en otros países deben también rastrearse los antecedentes y presentar las cosas con claridad palmaria, con pruebas, con textos, no con suposiciones o imaginaciones.
Concluyo el libro pediéndole a los jóvenes que siempre duden y esa duda los motive a buscar la verdad.

FM Pero hablemos con la fuerza de realidad: ¿tiene el rechazo a tu libro que ver con cuestiones pragmáticas, un plan editorial de recuperación de manuales históricos, la presencia casi siempre una ausencia de la educación en los proyectos de gobierno, o, es nomás que una reacción del pavorealismonacional?

MMS. Hasta ahora lo que han llegado hasta mí son rumores. Ningún crítico se ha pronunciado públicamente. La mayoría son profesores universitarios que están molestos porque sencillamente no fueron ellos los que encontraron etas cosas que denuncio, pienso yo. En sentido general los comentarios que me hacen me satisfacen en parte, porque me dicen que leen el libro como una novela a pesar de sus 787 páginas. Dudo que a pesar de todas las pruebas que aporto, el clisé oficial del vedrinismo como fundado por Vigil Díaz en 1912, primera vanguardia americana, bla, bla, bla, seguirá repitiéndose, precisamente por el pavorealismo nacional, y lo dejarán así, como han dejado una mentira histórica de Manuel Rueda, que Moreno Jimenes nació en Santiago, cuando he mostrado su acta de nacimiento en Santo Domingo. Pero el mito supera la realidad, desgraciadamente. En cuanto a un plan, no creo. Solo se trata, en mi caso, como en otros, de individualidades hartas ya de las mentiras de ciertas autoridades áulicas de nuestra cultura, a veces por simples ojerizas o malquerencias. Aunque a veces, ciertamente, una golondrina puede fabricar el verano. Ojalá mi libro sea esa dichosa ave solitaria.

FM Dime ¿qué camino crees tenga tu libro, a ver, qué puede cambiar en la comunicación entre el mundo institucional y los arreglos que aportas con el peso de una verdadera revolución?

MMS. Creo en la verdad de la famosa frase aquella de que: Es necesario que todo cambie para que todo siga igual. En efecto, a lo que me refiero es apenas a treinta años de la vida literaria nacional, una etapa llena de sombras en todo sentido, que he tratado de iluminar al estudiar nuestras vanguardias. Hay muchas otras cosas que deben ser tratadas todavía, como la prosa narrativa y el ensayo, si pensamos que Pedro Henríquez Ureña, y sus hermanos Camila y Max, y otras personalidades, estaban en auge entonces. Algo cambiará, sin duda, porque vivir es evolucionar, pero no habrá revolución; por lo menos, eso espero.

FM ¿Olvidamos algo?

MMS Creo que no, aunque cuando se comenta un libro de más de setecientas páginas siempre quedarán muchas cosas por decir y preguntar, pero creo que lo esencial ha sido cuestionado. Ahora, esperemos las críticas y los comentarios y la reacción de las autoridades universitarias y escolares. Como sabes, hay un segundo tomo que tendrá el índice onomástico, una antología de los dos ismos, iconografías, la transcripción de los documentos importantes de los que sólo hayamos extraído unas frases, y unas entrevistas inéditas que le hizo un estudiante para una tesis de licenciatura en filosofía a Domingo Moreno Jimenes y a Andrés Avelino. Nos espera un buen jaleo literario todavía. Entonces a la luz de los textos, al cotejar los de Vigil Díaz y los de Zacarías Espinal, como en el cuento aquel de Hans Christian Andersen, sobre el traje del emperador, muchos verán quién estaba desnudo y quién vestido. Y se sabría quiénes fueron los sastres embaucadores.
Floriano Martins (Brasil, 1957) es el director de Agulha Hispânica. Entrevista realizada en abril de 2011. Contacto: arcflorianomartins@gmail.com. Página ilustrada con obras del artista Roberto Cabrera (Guatemala).

El período de enero de 2010 hasta diciembre de 2011 Agulha Revista de Cultura cambia su nombre para Agulha Hispânicabajo la coordinación editorial general de Floriano Martins, para atender la necesidad de circulación periódica de ideas, reflexiones, propuestas, acompañamiento crítico de aspectos relevantes en lo que se refiere al tema de la cultura en América Hispánica. La revista, de circulación bimestral, ha tratado de temas generales ligados al arte y a la cultura, constituyendo un fórum amplio de discusión de asuntos diversos, estableciendo puntos de contacto entre los países hispano-americanos que  posibiliten mayor articulación entre sus referentes. Acompañamiento general de traducción y revisión a cargo de Gladys Mendía y Floriano Martins.

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