domingo, 19 de dezembro de 2021

HELEN UMAÑA | Loubavagu o el otro lado lejano, de Rafael Murillo Selva Rendón

 


Explicación

En 1979, el dramaturgo Rafael Murillo Selva inició actividades en la Costa Norte de Honduras. Concretamente en el área habitada por la etnia Garífuna. Su propósito: “contar sobre los Garífunas”. Como parte de la mecánica de trabajo, decidió llevar, a manera de diario personal, un registro no sistemático de las observaciones, impresiones, dudas y reflexiones que fuesen surgiendo sobre la marcha.

Respondiendo a esas condiciones de elaboración, dicho diario, realizado sin un esquema predeterminado, posee un saber espontáneo de carácter testimonial, el reflejo de los avatares cotidianos. De ahí su importancia etnológica o antropológica. Los especialistas pueden comparar o confrontar las observaciones de Murillo Selva, ya con la realidad, ya con estudios especializados que aborden la misma problemática.

Por otra parte, el documento, observado desde la óptica del quehacer teatral, permite extraer una serie de generalizaciones sumamente útiles para quienes deseen elaborar trabajos en áreas análogas, en áreas en donde con las adaptaciones pertinentes, se pueda realizar una actividad de índole artístico-cultural.

La lectura y selección que nosotros realizamos responden fundamentalmente a ese segundo señalamiento. Transcribimos, sin seguir una secuencia cronológica, aquellos fragmentos en donde asoman pautas de comportamiento, en donde apuntan líneas de trabajo de las cuales puede deducirse una metodología o una mecánica de trabajo de relativa amplitud o aplicabilidad.

El material lo dividimos así:

1. - Búsqueda de la zona de trabajo.

2. - Elección de la aldea Guadalupe.

3. - El encuentro con la forma.

4. - Semantización de elementos contextuales.

5. - Metodología de trabajo.

6. - El problema de la identidad cultural.

7. - Colaboraciones y dificultades.

8. - Actividades de proyección social.

A cada uno de esos apartados lo precede una breve reflexión indicativa de las razones que incidieron o determinaron la selección de los textos.

 

Búsqueda de la zona de trabajo

La realización del “Teatro Identificador Garífuna”, tal como se llamó en los documentos oficiales, [1] se llevará a cabo en una sola comunidad garífuna cuya selección no podía ser realizada a priori. Varios factores tenían que sopesarse. De ahí la necesidad de visitar y permanecer por varios días en diversas comunidades con el propósito de observar que lugar se adecuaba mejor a los objetivos propuestos. [2]

Las andanzas de Rafael Murillo Selva y sus colaboradores [3] los llevaron por las comunidades siguientes: Omoa, Puerto Cortés, Bajamar, Travesía, Masca, Tela, Triunfo de la Cruz, San Juan, Tornabé, La Ceiba, Corozal, Sambo-Creek, Limón, Punta Piedra, Cosuna, Siriboya, Iriona Viejo, San José de la Punta, Cristales (Trujillo), Santa Fe, San Antonio y Guadalupe. En ellas, los primeros contactos no fueron fáciles. Aprovechando la más pequeña coyuntura especialmente las cartas de presentación de la Asociación Fraternal Negra de Honduras (OFRANEH), o los buenos oficios del profesor universitario Dr. Ladislao Molina Lacayo, se realizaban asambleas abiertas a toda la comunidad, se informaba de los propósitos perseguidos y se solicitaba la colaboración de quienes estuviesen interesados en realizar trabajos vinculados a la actividad. Las condiciones requeridas (espíritu de colaboración, preservación de la cultura, presencia de vías de acceso de relativa fluidez, detección de conflictos que pudiesen generalizar una problemática mayor, etc.) revelan que Rafael Murillo Selva no deja nada al azar. Los fragmentos siguientes testimonian la índole de los contactos establecidos en los lugares mencionados.

 


(...) “Hoy 9 de octubre, estamos en Punta Piedra, localidad garífuna que se encuentra a unas seis u ocho horas a pié de Limón. Ayer visitamos también Cosuna e hicimos asambleas en ambas localidades. Estas fueron bastantes nutridas, mucha gente participó, se expuso el proyecto y pocas veces ha sido aceptado con tanto calor como en estas dos comunidades. Se pensó que quizás Limón sintetizaba en gran medida los problemas de las otras comunidades que seguían hacia el este; las fricciones sociales aquí (en Limón) son muy fuertes; existen grandes terratenientes, hay ladinos, indios y se nota una tensión racial más aguda

(...) al día siguiente salí para San Antonio y Guadalupe, solo. Mimy estaba en cama, debilitada totalmente por el paludismo y la bronquitis y por unas diarreas de grandes proporciones.

Me encaminé a San Antonio y Guadalupe, visité a mis amigos quienes convocaron a una pequeña reunión y los guadalupeños como siempre, asistieron y comprendieron la importancia de este trabajo. Al regreso por San Antonio, me contacté con unos amigos que tengo allí desde hace tiempo, hicimos una reunión un poco tarde lo que impidió una asistencia numerosa, se nombró un nuevo coordinador porque los que se habían nombrado brillaron por su ausencia. Existe la posibilidad de que en San Antonio consigamos casas, facilidades para permanecer por cierto tiempo, el tiempo que dure el montaje. (...)

(...) Existen en esta comunidad (Santa Fe) condiciones muy especiales. La influencia ladina no es muy fuerte como en otras (como podría ser en Corozal, Limón y Sambo-Creek) Sin embargo, la influencia americana es muy fuerte, mucha gente de Santa Fe viaja a Nueva York, hace un poco de capital y regresa nuevamente. Allí tienen un hotel particular y venden la energía eléctrica, algunas casas tienen servicio sanitario y hay como en ninguna otra comunidad, una serie de condiciones que denotan ya un status o una posición económica más elevada. Sin embargo, los que no pueden viajar a los Estados Unidos, que son la mayoría, siguen viviendo en condiciones bastante precarias y son a su vez, estas personas las que tratan de conservar las tradiciones, las costumbres, la lengua; es decir, se presenta una contradicción de tipo cultural y económico por supuesto, entre las personas que han vivido en Estados Unidos, que han trabajado como marinos, maquinistas, o en los restaurantes o en los hoteles de New York y que después de veinte o veinticinco años regresan y los que no han podido salir del lugar, los cuales siguen anclados todavía en las tradiciones. Esta misma contradicción provoca choques y tensiones que bien podrían ser utilizados para darle a la obra una visión más contemporánea. En Santa Fe la influencia americana no utiliza intermediarios, sino que está directamente implantada en la comunidad.

Santa Fe sufre también el problema de la incomunicación, no a los niveles tan dramáticos como la sufren las comunidades de la parte este de Colón, pero el problema existe y hay una obsesión en todas las comunidades, principiando por Santa Fe y secundado por San Antonio y Guadalupe, de que es importantísimo y crucial hacer la carretera. En este objetivo todo el mundo está de acuerdo, con intereses distintos, por supuesto, los ricos del pueblo quieren la carretera para hacer más negocios, los pobres porque con ella se les facilitaría la compra de productos de primera necesidad, que actualmente son muy caros en Trujillo, les facilitaría, además, ir al hospital de Trujillo cuando alguien estuviera enfermo. (...) Total, que el objetivo de la carretera es un objetivo común, ricos, medianos y pobres están interesados en que ella se realice; ya se nombraron las comisiones y parece que empezaron a luchar en forma más sistemática y organizada. El problema de la carretera podría servir también como uno de los elementos centrales del montaje. La carretera implica la incomunicación, la marginalización, el deseo de integración, la contradicción entre lo que está y lo que viene, entre el “progreso” y la “tradición”, es decir, la carretera es un elemento importantísimo para comenzar a mostrar otra serie de contradicciones que se van a presentar. Así que Santa Fe en síntesis presenta, además de un grupo de jóvenes dispuestos a apoyar el proyecto hasta el final, la contradicción entre los de afuera; es decir, entre los garífunas inmigrantes y los que se quedan y además el problema de la integración o no integración a Honduras. También de lo que significaría la introducción de la carretera (y con ella lo que llaman: “progreso”), de lo que se perdería con esto y lo que se ganaría. En fin, este asunto de la carretera es un elemento que se puede utilizar con mucho efecto dramático y que además es una realidad concreta para la mayoría de las comunidades.

(...) Nosotros habíamos pensado que esta parte del departamento de Atlántida iba a descartarse totalmente, pero cuál sería nuestra sorpresa cuando llegamos a San Juan y Tornabé y nos encontramos que en ambas localidades había una aceptación del proyecto, una colaboración tímida pero eficaz, una movilización general para conseguir casas, para los actores, las actrices y un deseo notorio para que la obra se hiciera en esa comunidad. Por otro lado, Tornabé le gustó mucho a Mimy y a Carlos Obregón, ambos quedaron fascinados al primer vistazo y estos factores influyeron para que se descartara definitivamente Triunfo y que en cambio se considerara Tornabé. Por otro lado, esta comunidad está cerca de Tela y es de fácil acceso. Encontramos una señora de 103 años que nos pareció maravillosa de la cual Mimy puede sacar información valiosa para su libro sobre los garífunas; también a un grupo de profesores (entre ellos el Profesor Virgilio), bastante eficaz, y dispuestos a ayudar y vimos que a pesar de su cercanía con Tela estaba menos “contaminada” que el Triunfo.

(...) Con estas ideas salimos hacia Puerto Cortés a recoger información sobre los garífunas que se encuentran cerca del puerto. Nos entrevistamos con Elida Bodden quien ha hecho un trabajo excelente de recopilación de datos y pensamos que, en última instancia, si se presentan problemas en las otras comunidades mencionadas, podríamos realizar el trabajo también en Puerto Cortés o en una de las comunidades garífunas periféricas. ¿Por qué esta decisión? Porque en Puerto Cortés existe la Asociación Fraternal Negra y pienso que en caso de que tuviésemos problemas de tipo social o algunas tensiones que nuestro trabajo pueda provocar o algún boicoteo de que pueda ser víctima por X institución o persona, en Puerto Cortés tendríamos un respaldo casi unánime de la “Asociación Fraternal Negra”. (...) Esto sería por supuesto, en última instancia porque las comunidades garífunas de Puerto Cortés presentan los mismos problemas que el Triunfo, que Corozal y Sambo-Creek, es decir, ya un poco despersonalizadas e integradas a la cultura que llaman mestiza.

También estoy viendo la posibilidad de irme a hacer el trabajo a Guadalupe, que es una comunidad que queda a cuatro o cinco kilómetros de Santa Fe. (...) En Santa Fe comienza a crearse ya un residuo social parasitario que vive de los cheques que vienen del exterior, que ha perdido por lo tanto el contacto con el campo y que los ha alejado un poco de la realidad de su propia comunidad, en tanto que Guadalupe que es mucho más pobre, donde la mayoría de las casas son de manaca, donde la gente va al campo todos los días todavía, donde se producen los alimentos de subsistencia cotidiana, donde hay una conservación de las tradiciones y de la manera de ser garífuna mucho menos agrietada y donde se nos ha ofrecido trabajar sin ninguna clase de interés. Pienso yo que es posible que el trabajo termine haciéndose en Guadalupe, contando siempre con la participación de los elementos con quienes se comenzó a trabajar en Santa Fe y, si es posible, además, conseguir otros que vivan en San Antonio e integrarlos al montaje. Sería perfecto que las tres comunidades se sientan unidas por ese objetivo.”

 

Elección de la aldea Guadalupe

Tomando en consideración los factores señalados, Rafael Murillo Selva decidió que la aldea de Guadalupe, departamento de Colón, era el lugar que ofrecía mejores condiciones de trabajo. La vigencia de Loubavagu (El Otro Lado Lejano) a lo largo de la última década, su éxito nacional e internacional, comprueban lo acertado de la determinación. Las últimas páginas del diario se concentran en el trabajo teatral realizado en Guadalupe.

 

“Estoy en estos momentos en Guadalupe, donde ya comencé el montaje con los voluntarios que llegaron el primer día, se empezó a trabajar en un salón de baile, que por lo general es organizados y dirigidos por las mujeres, empezamos a hablar sobre el proyecto y sobre lo que para mí es esencial: la conciencia de lo que iba a ser nuestro trabajo y llamando más la atención sobre una cuestión moral, política y social que en una cuestión metálica y económica. Llegaron 17 personas dispuestas a participar y notamos (lo que se había notado también en Santa Fe) que los mirones, los buscones, los niños, miraban por las rendijas y se burlaban de las gentes que estaban dentro del salón haciendo los ejercicios y aprendiendo a actuar. Esta es una cosa que hay que tener en cuenta cuando se trabaja en este tipo de comunidad; el arte teatral es visto como “payasada” y los actores varones, sobre todo de cierta edad, se cuidan mucho de no ser objeto de burla por parte de los otros miembros de la comunidad y es muy difícil que ellos no resientan estos problemas cuando los niños están mirando por las rendijas y se ríen y burlan. Ellos me han dicho que es casi seguro que estos niños vayan a decirle a sus mayores lo que estaba haciendo este señor y que luego al salir de los ensayos vayan a hacer objetos de burla y de muecas de parte de los otros miembros del pueblo. Esto es bien delicado y hay que hacer una conciencia de trabajo muy paciente y explicar que al principio es así pero que ya muy pronto el trabajo que están haciendo será visto con la seriedad del caso.

Dado este problema nos dispusimos a buscar otro salón, que fuera más cerrado, que estuviera un poquito más alejado y que fuera también más amplio. La municipalidad nos prestó la iglesia y es allí donde comenzamos realmente las prácticas teatrales. Cerramos las puertas, tapamos los hoyos, pero realmente es imposible detener a los mirones, sobre todo a los niños. Este problema de la vergüenza y de la pena que les da actuar hay que irlo eliminando, liquidando poco a poco hasta que lleguen a comprender que lo que están haciendo es una cosa importante que, aunque sean objeto de las burlas, ello no importa porque después los resultados van a silenciar a aquellos que han tomado esto en forma burlona.

Ahora bien, para evitar que vengan muchos mirones y para que haya un espíritu de creación colectiva desde el inicio y para que se pueda ensayar en un espacio normal que va ser más o menos similar a los espacios en que se va a trabajar cuando la obra se presente, dispusimos con el grupo construir nuestra propia sala de teatro en una parte del terreno que pertenece a la escuela; vamos a construir, no digo un salón de teatro, sino una enramada con caña brava y manaca (de 12 por 12 metros), es decir, un espacio que tenga forma de teatro y que luego pueda ponérsele una plataforma que sirva de escenario y que tenga las dimensiones adecuadas para realizar el espectáculo. Ya los actores y actrices están cortando la madera, y la manaca para empezar a levantar esta estructura y confiamos en que estará terminada en poco tiempo.

Estamos hoy a 19 de diciembre de 1979, se han comenzado los ensayos y habrá que eliminar esquemas y buscar nuevas formas de llevar, de dirigir la obra porque los métodos y principios que descubrí y apliqué en otros montajes, como El Bolívar Descalzo o El Terremoto no son válidos para este trabajo con los garífunas. Estoy llegando a la conclusión, por ejemplo, de que los ejercicios corporales y desinhibí torios, dado el carácter especial de los morenos, su forma de ser nerviosa y quisquillosa y poco disciplinada, puede ser que lleguen a aburrir y al aburrirse los artistas, se larguen; Así que los ejercicios que no hay que erradicar son aquellos que tengan preferentemente un sentido de juego y de placer y hacerlos durante poco tiempo y comenzar inmediatamente a hacer improvisaciones teatrales. Hay que hacerlos actuar ya y hacerles comprender que lo que se está haciendo es teatro y que hay que hacerlo de cualquier manera.

Hicimos dos improvisaciones; una de ellas sobre Satuyé, el héroe garífuna, al cual la mayoría de las personas no conocen (sólo los ancianos y de referencia). Se quedaron sorprendidos cuando vieron la información que se había recogido sobre Satuyé, lo que yo les conté sobre su historia y parece que esto mismo quieren de todas maneras contárselo a sus otros paisanos. Hicimos una improvisación sobre los ingleses y los franceses en San Vicente, del levantamiento de Satuyé etc., y ello dio más o menos una idea de lo que había sido la escena o más bien el tiempo histórico de esta revuelta de los garífunas en San Vicente.

Empecé por hacerles comprender también que no se trata de trasladar la vida real al escenario, sino de utilizar ciertos mecanismos artísticos para poder sintetizar el tiempo, y el espacio. Esta explicación es importante hacerla ya que es necesario que tengan una visión del espacio escénico y que puedan desplazarse en él. Porque uno de los problemas con que uno se encuentra cuando trabaja con personas que nunca han hecho teatro y que además son campesinos o pescadores, es que se mueven a diestra y siniestra, para arriba y para abajo, sin ningún sentido de la orientación, ni del tiempo, ni del espacio teatral. Esto hay que írselos enseñando poco a poco y siempre a medida que se va trabajando, nunca en abstracto, siempre en concreto. La escenificación de lo de Satuyé, más o menos salió bien.

Ayer me presentaron la improvisación que ellos solos habían hecho del problema de la carretera que resultó con la muerte de un niño que no se pudo transportar a ninguna localidad por la falta de vías de comunicación y luego la improvisación terminó con el velorio.

Estaban muy felices de sentir el placer de crear y participar en una obra colectiva. Eso es lo más importante y eso es lo que se empieza a vislumbrar. Esta conciencia es, en última instancia, lo más importante, no sólo en estas comunidades llamadas del III Mundo sino en cualquier obra teatral que se emprenda en cualquier lugar del mundo. Es el hombre el que hace el teatro y si este hombre no está motivado por razones que van más allá de lo económico y de lo material, nunca podrá salir una obra de teatro realmente transformadora y bella.

La verdad es siempre bella y lo que importa aquí es que se está actuando con la verdad, sin malicia, sin artificios. Hay que hacerles entender que las utilidades también van a buscarse (pues no se trata de una concepción idealista) pero que actúen también (y más todavía) por el placer de actuar y que sientan que son portadores de una verdad que es importante comunicarla a sus paisanos y a todo el país. Una vez que esto comience, la creación vendrá por sí sola. ¡Veremos!


Hoy es l9 de diciembre, recién termino de realizar un ensayo con el grupo; asistieron más personas de las anotadas; parece que cada día van a llegar más y siendo así vamos a tener que parar a los participantes porque el grupo puede crecer en proporciones imposibles. El ensayo de hoy fue estupendo. Hice que repitieran la improvisación que habían hecho del velorio y del asunto de la carretera. También hicimos ejercicios de equilibrio, ejercicios de concientización y de confianza, los puse a improvisar otra escena de mercado; después a bailar y a improvisar otra escena religiosa relacionada con la Virgen de Guadalupe, para luego entrar con el jungungo, un baile muy especial de los garífunas que se baila en los días de fiesta, en las celebraciones. En este cuadro de lo que se trata es de empezar a diseñar las diferentes actitudes religiosas de los garífunas, que son muy abiertas, poco sectarias, van a la iglesia a escuchar al cura católico con la misma sencillez y con el mismo desparpajo y con la misma creencia con que minutos después van a hacer un baile de esos que llaman “paganos”. Entonces empezar a señalar, digo yo, las profundidades religiosas y míticas de los garífunas. A mí me parece que es el principio de la obra y que es la línea que hay que seguir normalmente. Ponerlos a hacer y a teatralizar su vida cotidiana; tratar de hacer lo posible por no meter juegos estetizantes, por el momento, ni elucubraciones difíciles, ni formas artísticas que transciendan ese marco real y es eso, efectivamente, lo que pasó hoy. Se improvisó una escena sobre lo que para los garífunas es una tragedia, como lo fue el hundimiento del bote “La Milagrosa”, el cual venía de la Ceiba hacia Tocamacho; el mar estaba tan malo que se hundió y se ahogaron sesenta o setenta personas; una verdadera tragedia provocada, entre otras cosas, por la ausencia de vías de comunicación.

¿Cómo dar la imagen de la tragedia? Primero se empieza en el mercado, las gentes están cargando los alimentos que van a llevar para su pueblo; cargan a los niños; entran las mujeres, entran los hombres; el bote se congestiona de gente y zarpa; en medio del mar lo coge la tormenta y el bote se hunde y, como dije antes, se mueren casi todos. ¿Cómo dar esta impresión de tragedia? Siento que estamos trabajando en un piso donde casi es imposible dar la sensación de agua. ¿Cómo hacer, sin caer en el ridículo, para crear la imagen de gente que está nadando en el piso y tratando de salvarse? Yo realmente no encontraba la solución; uno de ellos la encontró hoy y es que el bote se hunde y todos caen al mar, se ahogan, pero quedan quietos, muertos, casi flotando y de repente una voz profunda empieza a surgir de la garganta de uno de ellos; otros ahogados acompañan esta voz; hacen las segundas voces. Fue realmente muy intenso ese canto doloroso que salió de uno de los actores, me hizo imponer silencio inmediatamente, percibir ese canto, detectarlo y a partir de ahí empezar a construir la escena de la muerte, la escena de los ahogados, en una forma realista al principio, pero que luego llegaba casi al surrealismo, con una serie de voces que surgían de lo más profundo de sus cuerpos.

La voz les ordenó levantarse poco a poco, lentamente, uno por uno; mientras esta primera voz seguía sacando ese dolor profundo; los actores fueron parándose, saliendo lentamente como si caminaran sobre el agua, acompañando siempre a la voz, la cual avanza hacia uno de los extremos del escenario mientras las otras voces se transforman en mar, luego con las manos van hundiendo, hundiendo la voz del quejido y de la muerte, le ponen encima las manos y bajan la cabeza, siempre saliendo la voz, y no hubo necesidad de más. De esta manera se dio la sensación de un momento de tragedia y de muerte, partiendo de una forma absolutamente realista y terminada en una forma poética donde los actores con sus voces imitaban el sonido del mar, voces que denotaban profundidad, hundimiento, muerte y una cosa sombría.

Esto fue un verdadero hallazgo, un descubrimiento que electrizó a todo el mundo y los actores se sintieron felices y contentos de encontrar que uno de ellos había sido el detonante para que yo pudiera construir la escena. Se siente ya el placer del trabajo. Hoy trabajamos tres horas, casi sin parar, a un ritmo muy, muy caliente y todos terminamos sin fatiga, tranquilos y relajados, con ganas de continuar mañana. También hoy los puse a hacer ejercicios de improvisación individuales o de grupos, de dos en dos, escenas de la vida familiar, hombre y mujer, esposa y esposo, a que platicaran, a que dijeran, a que actuaran algunas escenas y algunas de ellas fueron asombrosas. Hubo invenciones, unas mujeres se transformaron en borrachas, otro hombre le pegaba a una mujer, el otro le regañaba por no haber ido a cortar la leña, por no haber ido a vender el pan, en fin, comienzan a entender, comienzan a ver que es posible teatralizar la vida; es decir, es posible volver arte la misma vida cotidiana. Realmente es maravilloso ver como los rostros se están transformando, como el grupo se va cohesionando, una conciencia colectiva comienza a crearse de una manera sumamente sólida. Lo cual, para mí, es un arranque de lo que puede llegar a ser (esto lo vamos a ver en un futuro) una maravillosa obra de teatro. (...)

 (...) Creo, que haber seleccionado a Guadalupe es una decisión acertada”.

 

El encuentro con la forma

Toda obra de arte implica un reto personal, un apartarse de los caminos trillados y una búsqueda de soluciones no dictadas por los manuales, ni los modelos, ni las preceptivas en circulación. Cada mensaje artístico, un dialecto en sentido estricto, tal como Umberto Eco lo apunta implica el uso particular de la codificación existente que, a la vez, establece nuevas reglas de operatividad, nuevas rutas de trabajo. Y esto casi nunca es tarea fácil. Consiste en el encuentro de la modalidad expresiva que, en sí misma, comporta lo vital de los conceptos y de la intencionalidad perseguida. De ahí las dudas, el borrar y rehacer, los tanteos y vacilaciones que desautomatizan la expresión y la convierten en tarea que, sin descuidar lo intuitivo, es profundamente cerebral, producto del encuentro entre el sentir y el conocer, condiciones presentes en cada artista. El diario de Murillo Selva salpicado de intuiciones y reflexiones patentiza la índole de las dudas respecto a la forma que tendría que dársele al espectáculo propuesto.

 

“Hay varias posibilidades. Una de ellas es hacer un montaje de tipo épico en que se muestre la lucha histórica del pueblo garífuna; es decir, desde la salida de San Vicente o inclusive antes, cuando vivían en esa isla, hasta ahora. Hacerlo en forma de fresco épico. Una obra de tipo histórico, pero sin que por ello se dejen por fuera los conflictos individuales.

Otra posibilidad sería centrar la acción teatral en la vida de un individuo, de un personaje que se vaya repitiendo a través de la historia y que adquiere formas y diversos nombres, por ejemplo;

Sería Satuyé en San Vicente, luego el general Lacayo, luego el Dr. Lacayo (el de Ceiba) que vaya transmitiendo el sentido de rebeldía y de libertad del pueblo garífuna.

Otra sería la vida de una familia y presentar a través de ella los conflictos del presente, del pasado y del futuro. Lo de la familia nos permite encontrar una serie de aspectos dramáticos que podrían servir de apoyo o de despegue para introducir elementos cosmogónicos y sociales, por ejemplo: los viajes, la muerte, los sueños, “los cúpitas”, la lucha, las tensiones, etc.

No habría que descartar la posibilidad de hacer el montaje en forma de baile, es decir, introduciendo elementos coreográficos que digan las cosas en lugar del texto, en lugar de las palabras. Podría utilizarse lo que los garífunas tienen: su capacidad enorme para la danza, para el movimiento.

Estas son las alternativas que empiezo a vislumbrar en relación a la forma que pueda tomar este trabajo, aunque las palabras finales no serán dichas sino hasta el momento en que se haya leído mucho material, hasta que no se haya discutido con el cuerpo de actores, no se haya recabado toda la información que se pueda y consultado al mayor número de personas informantes.

Otra observación que podría hacerse es que el montaje pueda hacerse solamente con mujeres. La mujer tiene sin lugar a dudas una importancia y significación social más relevante que la que se pueda tener en otro tipo de comunidad. Aquí ella participa, organiza los cumpleaños, trabaja en el campo, cuida a los niños, busca la manera como ganarse los centavos, carga la leña, va al monte con el machete a las cuatro o cinco de la mañana y además de eso es garante de la tradición. La mujer, la madre, tiene una significación enorme en la vida social garífuna y ella encarna la tradición; son ellas las que han conformado los grupos de bailes. (...) Valdría la pena examinar si es viable y qué confrontaciones o qué choques podría producir este hecho en una comunidad. Por supuesto eso es un asunto delicado porque, aunque la mujer tenga una importancia social, no deja de estar por eso, supeditada al hombre, este sigue siendo el jefe, de todas maneras”.

 

A DOS MESES DE INICIADO EL DIARIO

 

“Siento la necesidad de sentarme y empezar a construir la obra que hasta hoy no sé qué rumbo va a tomar, no sé que características va a tener, las intuyo, las pienso, las sueño pero en una forma dispersa, un poco vaga todavía, sospecho que el trabajo teatral va a ser difícil puesto que las aspiraciones y ambiciones de mi parte son grandes, sospecho que se tienen que contar aspectos de la vida moderna, contemporánea, problemas y aspiraciones, también parte de su historia, poder combinar ambos elementos sería interesante. Pienso ya en retazos, en momentos, en pedazos de lo que puede ser la obra, pero hasta ahora no tengo una idea total, una unidad que me permita ver con claridad la línea y la dirección que se le va a dar al trabajo.

Esto, por supuesto, no me preocupa mucho, me inquieta, pero no me preocupa porque creo que las líneas del montaje las van a dar los propios garífunas cuando se esté trabajando teatralmente; No he querido trazarme una línea a priori porque creo que puede ser perjudicial (...).

Seguimos pensando en la forma que le daremos al montaje y el tema que le va a servir de carne. (...) En principio la historia debe salir después de haber escuchado todos los cassettes que nos hayan enviado de las comunidades. Es, quizás a partir de estos relatos, de esas historias o de esos aspectos de la vida cotidiana que los mismos garífunas narren, que pueda derivarse el tema de la obra. Se trata de manipular lo menos posible, que en esta obra se cuente, se transmita lo que las comunidades garífunas quieran que se transmita y no lo que yo o mis asistentes quisiéramos.

Otra observación de tipo formal es la siguiente: habría que jugar en la obra con las contradicciones, no sólo contradicciones a nivel colectivo sino a nivel individual, las contradicciones, siempre. Por ejemplo, una que me ha golpeado es la que existe entre lo externo y lo interno. Aquí hay un inmenso drama, el cual para quien no está compenetrado un poco de la existencia cotidiana le parecerá que no es cierto, que es mentira porque no se nota cuando hablan, cuando caminan; al contrario, pareciera que están siempre contentísimos, riéndose siempre, pero aquí cabe muy bien aquel refrán cristiano de que “la procesión va por dentro” y aún cuando explican su drama ellos lo hacen distanciadamente y por eso es que son creíbles, porque no hacen alharaca de sufrimiento, cuentan que están jodidos, que tienen sufrimientos, que no tienen comida, que no hay luz, que la gente se muere, que esto y que lo otro, pero lo cuentan como si esto fuera no un hecho insólito, sino una realidad, una realidad de la cual ellos, por supuesto, quieren salir pero que no saben cómo.

Entonces, jugar con la contradicción entre lo aparente y lo real. La obra podría inclusive tomar unas características no alegres, ni jacarandosas como se acostumbra ver al negro, sino que puede ser realmente un drama en el cual el baile y el canto aparezcan ocasionalmente, es decir, no utilizar estos elementos que gustan a todo el mundo como un elemento vertebral del montaje escénico sino que sea un elemento de apoyo que venga a delatar y a sustentar aspectos de la vida cotidiana que son realmente sombríos. Esto es interesante tenerlo en cuenta para no caer en el folclorismo y penetrar hasta donde se pueda en el alma del negro, la cual, no es tan superficial como la gente supone.

(...) No me encuentro muy tranquilo, no veo claro en este asunto; por ejemplo, hacer una obra de tipo histórico, de tipo épico, en la cual se cuente la historia de los garífunas desde Satuyé y San Vicente. Realizar este fresco épico ya lo he dicho antes, no creo que sería tan difícil y sería importante desde el punto de vista de la memoria histórica; los garífunas tienen necesidad vital de conocer su historia. Creo que no habría mucha dificultad de realizar este tipo de montaje, pero me parece que no sería suficiente para lograr esta reflexión a la que quiero que el público eventualmente pueda llegar.

(...) Se me ha ocurrido últimamente que bien se podría combinar dos estilos, dos formas; es decir, un trabajo histórico de tipo crónica, como un fresco, dividido en cuadros que lleve una cierta coherencia histórica y a la vez combinar eso con un problema individual, con un problema de familia de nuestra época.

El problema estaría a nivel formal en cómo combinar las dos cosas, cómo hacer para que a través de la vida de una persona o de una familia, la contada de su quehacer cotidiano, de lo que le pasa, de cómo nace, cómo se enamora, cómo se casa, cómo muere, al mismo tiempo se está integrando la historia y digamos la memoria colectiva de la comunidad. A esto le he estado poniendo cabeza y he llegado a la conclusión de que sí es posible, es factible, utilizando quizás el “flash back” (...).

(...) No son especulaciones abstractas las que me estoy planteando, sino que esas son exigencias determinadas por el mismo contexto, por la misma realidad concreta en la que vamos a trabajar, por ejemplo, contar la historia de los garífunas en forma de fresco épico es mucho más fácil con los actores campesinos que contar un problema familiar, individual.

¿Por qué es más fácil? Porque en el fresco los actores más importantes son los grupos, las tendencias, el hilo dramático se mantiene por tensiones de grupos; en este caso lo que cuenta es la construcción de la imagen o el choque de las imágenes, por ejemplo, la lucha de los garífunas en San Vicente contra los ingleses sería choque de grupos; luego, la venida a Honduras sería otra tensión colectiva; en este caso no habría tanta necesidad de hacer un trabajo meticuloso de actor, salvo un mínimo, indispensable para que los propios garífunas contaran su propia historia con sus propios gestos, con sus propias impresiones, con su propio lenguaje. Pero cuando se trata ya de un problema individual, una familia, las cosas cambian porque la acción está centralizada en dos o cuatro o cinco o diez roles que están representando personajes, papeles (...) una forma así requiere de un perfeccionamiento actoral, individual, lo que demandará, para ellos, un intenso y quizás aburrido entrenamiento.

He venido pensando también que el melodrama, sin más ni menos, tal como lo vive el pueblo o tal como lo puede representar el pueblo, podría ser una forma eficaz para que este trabajo surta los efectos que hemos buscado desde el inicio, es decir, efectos de identificación, de reflexión y de revelación. Ahora, si se escoge esta línea melodramática habría que actuar con mucha sutileza para no caer en el ridículo; el ridículo, por ejemplo, de los actores “profesionales” que hacen melodramas en México o en Venezuela; sino un drama de verdad envuelto en una forma melodramática la cual es una forma artística que nuestro pueblo, todos los pueblos del III Mundo, todavía aceptan como válida y la han incorporado como suya; Habría nada más que tratar con mucho tino este melodrama para que dentro de este mismo, se incrustaran elementos reflexivos.


Sigo pensando en la forma, la que dependerá en parte de muchos factores. Ayer pensé que si se trabajaba en comunidades perdidas como éstas en la que me encuentro actualmente (Ciriboya, San José de la Punta, Punta Piedras, etc.), el montaje en términos generales quizás adquiera una forma de teatro “primitivo”, simple y poético.

Pero yo no detecto muchísimas tensiones sociales ni conflictos agudizados en estas localidades. Por aquí pasó el ferrocarril en l936-37, el de la Trujillo Railroad Company que llegaba hasta más allá de Ciriboya. Después quitaron los rieles del ferrocarril y estas gentes se quedaron incomunicadas del resto del país. Debido a este fenómeno (y a otros) aquí se vive bajo la forma de una economía de subsistencia. No hay excedentes de producción para vender y aunque los hubiera es sumamente difícil comercializarlos por el hecho de que no existe carretera ni vía de comunicación adecuada sobre todo en invierno. Cuando el mar se encrespa, estas comunidades quedan completamente aisladas.

Un montaje teatral en una comunidad como ésta tendría necesariamente que contar con esa realidad. Si bien es cierto que la gente, aspira a progresar (quieren por supuesto la carretera), no hay, sin embargo, una agrupación ni una lucha decidida, no hay patronatos que traten de echar andar esto para adelante.

Existe un sentido del tiempo y de la historia todavía anclado (en parte) a una época ya pasada o que ya está feneciendo en el país. Esta insularidad y este mismo atraso nos permitirá posiblemente realizar un trabajo escénico muy poético y con soluciones que saldrían del mismo seno de la comunidad y que yo desde ahora consideraría admirables. Además, quizás se daría una imagen de un aspecto del subdesarrollo; es decir, una situación que está generalizada en el Tercer Mundo. Como éstos han de haber miles y miles de pueblos en África, Asia y el resto de América Latina y sería interesante en este caso mostrar esta fase del Tercer Mundo en donde no existen las tensiones todavía, donde no hay una participación histórica decisiva pero que son un reflejo del atraso, de la dependencia y la miseria que nos agobia.

(...) Las características de estas comunidades que estamos visitando en el departamento de Colón, es decir, los bailes, los cantos, los objetos, los utensilios de labranza y los domésticos, son mucho más tradicionales que en el resto de las comunidades. Inclusive el lenguaje que aquí se habla es mucho más “puro” que en otras partes. Anoche vimos un baile de yancunú y punta y realmente pocas veces hemos presenciado dentro del arte garífuna algo tan bello y “puro”. Nada de hacerse ver, nada para que le tomen fotos, nada para ser admirados. Sencillamente era la realización individual y colectiva a través del baile y del canto.

Pero me pregunto si no estoy deformando porque esto es lo que yo quisiera hacer, un montaje con todos estos elementos sencillos, simples, naturales, pero a su vez fuertes y que puedan ser admirados estéticamente. Pero yo me pregunto si esto tendría la suficiente energía como para provocar en el espectador las motivaciones y reflexiones que el espectáculo pretende realizar. Hay otras comunidades garífunas donde las tensiones sociales son más agudas, donde hay una conciencia de identificación racial y social elevada a nivel racional y no instintiva.

Las organizaciones populares, patronatos, cooperativas, luchan por construir carreteras, por esto y por lo otro, y aunque estos garífunas están un poco “viciados” por la penetración de otras culturas y por la influencia que se deriva del “progreso”, quizás esto que perjudicaría la sencillez que yo busco le otorgue a la obra, por otro lado, el vigor y la fuerza que necesitamos para que la obra cumpla una función social aquí en Honduras.

En este sentido hay que pensar más en nuestro público que en el público extranjero. Estoy seguro que el primer camino, es decir, la elaboración de una obra “primitiva”, (el equivalente de lo que podría ser Velásquez o Teresita Fortín en Teatro) sería un éxito rotundo a nivel internacional, pero me he puesto a pensar últimamente que en realidad la obra debe cumplir primero una función aquí, donde va a crearse; Es decir, en primera instancia en las comunidades garífunas y en segunda en el resto de nuestro país. A partir de ahí puede pensarse en un éxito exterior, pero si no se cumple esa función primaria yo creo que estaré deformando la óptica y las perspectivas del trabajo social que esta obra pueda eventualmente cumplir. Pero quizás logrando una síntesis entre las dos cosas: una sencillez “primitiva” y una tensión dramática agudizada por contradicciones sociales visibles, que logren dar a la obra una primitivez maravillosa y una universalidad histórica, quizás, sería lo deseable.”

 

Semantizacion de elementos contextuales

La historia entendida como ese batallar cotidiano en permanente cambio constituye, en última instancia, la sustancia de la expresión artística. Quien más, quien menos, el artista va en pos de la realidad para convertirla en elaboraciones sígnicas capaces de objetivar aspectos de sí o de su entorno. Sumamente consciente de ello, Rafael Murillo Selva desde el primer día de elaboración de su diario [4] fue detectando elementos enraizados en la vida de las comunidades garífunas susceptibles a asumir simbolismos de mayor amplitud. Observador dotado de gran agudeza-visión de científico social pero también del artista, Rafael Murillo Selva, a través de sus apuntes, demuestra que Loubavagu (o El Otro Lado Lejano) es el resultado no de una impostación espuria en la etnia garífuna sino la consecuencia de un cuidadoso proceso de selección de los materiales ofrecidos por el mismo medio desde el cual trabajaba. El caracol, un chinchorro, un hecho fortuito revelador de circunstancias económico-sociales, un velorio y otros detalles similares consignados en el diario los veremos después transformados en signos estéticos en Loubavagu.

 

“Llegamos a San José de la Punta y la primera noticia es que ese día una señora joven se había ahogado al tratar de cruzar la barra del río que separa a Sangrelaya y San José. Es bueno insistir sobre lo terrible que son las comunicaciones en esta parte del departamento de Colón. Cuando las aguas de los ríos, y de los riachuelos se desbordan, las gentes tienen que cruzarlos para ir de una comunidad a otra. En el caso al cual nos estamos refiriendo, una señora venía de hacer compras de la comunidad de Sangrelaya y al regresar a su comunidad se dispuso a pasar la barra del río.

Pero las aguas estaban amontonadas, furiosas y se llevaron a la señora con todo y carga hacia el mar. Ella venía con su madre y batallaron mucho tiempo para salvarse; estaba el alcalde de San José de la Punta en un bote en el mar, cerca de ese accidente; se lanzó a salvar a las señoras, pero sólo pudo salvar a una. Nadó treinta minutos con una de ellas al hombro y la otra desgraciadamente desapareció.

Esta muerte motivó la realización de un velorio que es algo que merece la pena tener en cuenta para el montaje. Ese es un hecho de tipo colectivo. La comunidad entera participa. Mientras la muerta está tendida en una cama con los zapatos al lado, con sábanas puestas, en otra sección de la casa, un grupo de hombres se reúne a construir el ataúd, mientras el narrador cuenta historias, divirtiéndose y riéndose. Luego, en la casa principal, en el patiecito, se reúnen las mujeres de la localidad, todas con pañuelos de vistosos colores, muy solemnes y muy serias al principio. En el cuarto siguiente está la muerta y en ese cuarto los familiares, las personas más cercanas a ella. El contraste es brutal entre una habitación donde están los familiares y la muerta tendida; en otro espacio, los hombres contando historias y haciendo el ataúd y en otro, contiguo al de la muerta, unas cincuenta mujeres sentadas y muy serias. Algo realmente interesante es el diálogo que tienen los familiares con la muerta. Nosotros tuvimos ocasión de ver y oír al padre de la ahogada hablándole de una manera realmente dramática; es decir, dramática en el sentido que habla de un dolor profundo, de los que no se manifiestan en las muecas ordinarias a las que estamos acostumbrados a ver en los velorios de la tradición “occidental cristiana”. El padre hablaba con la muerta, la regañaba, etc., no podíamos entender todo lo que le hablaba, pero si decía cosas, le ordenaba hacer cosas. (...) Al lado del padre estaban unas señoras sentadas en uno de los rincones de la misma habitación y muchas veces cuando el padre preguntaba algo a la muerta, una de estas señoras le respondía y se establecía un diálogo muy extraño entre el padre, la muerta y una persona viva, que respondía por la muerta, o afirmaba, o consentía o negaba de acuerdo al diálogo que tenía con la hija.

Luego, al sitio donde estaban las mujeres sentadas, en el patiecito, fueron llegando guitarras, ruidos, maracas, tambores que se pusieron a sonar y a cantar, guiados por voces maravillosas, coordinadas de tal forma que siempre se oían las primeras y las segundas voces y el coro. ¡Ah¡ Otra cosa que no quiero que se me escape, es que las jóvenes de la localidad se pusieron a jugar al lado de donde estaba tendida la muerta y lo hacían de una manera muy inocente, riéndose y brincando; Eran unas diez o doce. Estos juegos, por lo general, son las jóvenes vírgenes quienes los hacen, porque las señoras ya casadas están sentadas en el patiecito mencionado, enfrente de donde está la muerta. Entonces, es curioso observar como en un sitio, a pocos metros de la muerta, están los hombres y un narrador de historias alegrando el trabajo de los que cepillan, martillan y serruchan. Algunos metros después están las señoritas jugando. Casi al lado, está la muerta tendida y el padre lamentándose y hablando, y la madre llorando de una manera terriblemente profunda y frente al cuartito de la muerta están las mujeres también cantando. El ritmo comienza lento, después empieza a repartirse café, atole, un poco de guaro y el ritmo va en aumento, y en aumento, al final, las mujeres que estaban muy solemnes, muy dignas, también dignamente comienzan a cantar y a bailar a todo vapor.

Hay una anécdota que no presencié pero que se me contó posteriormente. Dicen que el padre llegó donde los hombres que estaban construyendo el ataúd a decirles que no debían estar todos ahí porque ellos estaban muy contentos construyendo el ataúd y riéndose, pero que las mujeres también necesitaban un poco de bulla y alegría.

Entonces los hombres se dividieron y se fueron algunos con sus instrumentos musicales a alegrar el salón donde estaban las mujeres. Lo importante es la desmitificación, creo yo, frente a la muerte. Es un hecho natural, aceptado, “así tenía que ser”, nos dijo el hermano de la muerta con un dolor muy fuerte, pero riéndose, tranquilo.

En realidad, los demás no sólo tratan de acompañar a los deudos, sino que eso se manifiesta con hechos concretos. Hacen todo lo posible para que el dolor sea menos fuerte y alegran la noche con cantos, con juegos, con música. De esta manera parece que el sufrimiento se soslaya, se mitiga. No se observan esas caras confundidas, tristes y esas muecas que estamos acostumbrados a ver en los velorios en Honduras. Aquí la muerte se asume en forma distinta. Por supuesto que hay dolor, pero no se manifiesta en la forma que nosotros lo manifestamos. No hay trampas, no hay hipocresías, todo es natural, y simple.

Ese día habíamos previsto también otra reunión a las dos de la tarde en Iriona Vieja; así que nos trasladamos a este sitio y a las dos en punto estábamos en el salón comunal. Los hombres y las señoras no habían llegado todavía porque casi todos los hombres de la comunidad estaban ayudando a empajar una casa que alguien construía. Esa es otra de las características garífunas que valdría la pena señalar en el montaje. No creo que solamente sea característica de comunidades garífunas. Esto se ve en todas las comunidades altamente tradicionales en las cuales hay una necesidad visible de unirse para soportar las consecuencias terribles y dolorosas de la vida.


Se ayudan mutuamente lo que hace que se construyan las cosas colectivamente, que se entierren los muertos colectivamente, que se pesque colectivamente... bueno toda la vida tiene un sentido de mutualidad, necesaria e indispensable. Esto es válido para esta localidad y para cualquier otra que se encuentre en estas mismas condiciones de desarrollo. Lo que señala una diferencia es la forma como se encara esta realidad. Existe manifiestamente en los garífunas un desparpajo en la vida, risas (la risa es frecuente); una manera de ser que hace que se encare la tragedia con menos “melodrama” que el hombre mestizo.

La bandera de los garífunas va a ser indudablemente un elemento a utilizar. También el caracol. El caracol tiene una enorme importancia para la vida. Por medio de éste se llama a la gente a la unidad, al trabajo. Cuando hay peligro es el caracol el que hace las señales; cuando se construye un cayuco es por medio del caracol que se lleva el ritmo de los que lo jalan del monte, a la playa; cuando suceden las desgracias el caracol es el que las anuncia, el caracol es tan importante para la cultura garífuna como lo serían las campanas de una iglesia para un pueblo del interior y quizás mucho más.

El caracol tiene más connotaciones puesto que está ligado más a la vida cotidiana que los solemnes campanazos de una iglesia.

Además, es un elemento poético extraordinario y que puede servir también como elemento escenográfico. Su sonido puede servir para animar los momentos dramáticos.

El sonido del caracol es la lejanía, es lo cercano, es lo abierto, es lo cerrado, es lo profundo y es también el aire. En fin, contiene una gran cantidad de significaciones en las que veo un uso dramático importante. También habrá que pensar en la utilización del chinchorro como un elemento escénico pues tiene también una gran carga plástica.

Retomo el diario en Santa Fe, hoy es viernes 6 de noviembre, en el momento mismo en que en esta comunidad se está desarrollando uno de los rituales más espectaculares y de más significación para las comunidades garífunas que es el ritual del Dogü. Este es un ritual que se relaciona con los sueños, con la muerte, con los espíritus, con la fe, con la creencia en que una persona puede curarse a través de un exorcismo dirigido por un “Buyei”. [5] El ritual tiene una duración aproximada de 48 a 72 horas (aunque su preparación comienza 15 ó 20 días antes); no es éste el momento de explicar en qué consisten sus detalles, basta con saber que es una creencia muy anclada en las comunidades por medio de la cual alguien sueña con uno de sus antepasados, que seguramente no ha conocido, y ese sueño con el antepasado significa que éste no está contento, que lleva mucho tiempo sin comer (aunque esté ya muerto) y que la persona que está enferma en la familia puede curarse si se le hace a este antepasado el rito que él exige. Ahora bien, si no se hace, las consecuencias pueden ser graves no sólo para la familia a la que pertenece la enferma sino para las otras a las que la enferma está directa o indirectamente vinculada. Se dan enormes cantidades de alimentos al espíritu, se supone que éste los ha palpado y absorbido y se tiran por último al mar. (...) es importante para nosotros tenerlo en cuenta, analizarlo para eventualmente incrustarlo en el montaje”.

 

Metodologia de trabajo

La sistematización de la metodología de trabajo que culmina en la creación de Loubavagu (El Otro Lado Lejano) la ha realizado en forma sumamente acuciosa la investigadora francesa MICHELLE ARMAND BARTHELEMY. [6] Como testigo de primera mano, fue la principal asistente de Rafael Murillo Selva durante todo el desarrollo del trabajo, su información y la interpretación de ésta posee un valor extraordinario. Pero el dramaturgo hondureño – todo el diario en realidad tenemos que valorarlo en este sentido – también consigna detalles que permiten detectar cuáles fueron los pasos que siguió el equipo de trabajo.

Veamos algunos de ellos:

 

“Al cabo de una larga interrupción retomo este diario el día 24 de noviembre. Llegamos a Tegucigalpa para reposarnos de la gran fatiga que teníamos y a curarnos del paludismo. Asimismo, trajimos con nosotros todas las informaciones que logramos grabar, aproximadamente unos catorce cassettes completamente llenos, grabados por nosotros mismos. Aprovechando la permanencia en Tegucigalpa, se pasó a un trabajo de clasificación y de organización del material recogido. Se oyeron todos los cassettes, se organizaron fichas, de tal forma que los temas se señalaban en una especie de sumario, una especie de índice de acuerdo al número que tenían en cada cassette o en la grabadora; por ejemplo, del 1 al 50 se habla sobre tal tema, eso se anotaba también en un papel para que quedara un índice y posteriormente buscar el tema con más facilidad en los cassettes numerados. Esa fue la primera fase; es decir, una reseña de los temas tratados en los cassettes y al mismo tiempo un señalamiento numérico de los mismos. (...) De esta manera, con el material oído y organizado, pasamos a la otra etapa; es decir, la de sintetizar los temas y organizarlos. ¿Qué significa esto? Significa, por ejemplo, que todo aquello que se refiere a la religión se va a poner en uno, dos o tres cassettes (en los que quepa), lo que se refiere a la vida doméstica se va a recoger en otros cassettes; es decir, después de haber señalado los temas que se encontraban en todos los cassettes en una forma dispersa y variada, se hizo una nueva reorganización para que estos temas estuvieran clasificados en un solo cassette. Esto, por supuesto, va a permitir varias cosas, la primera, que cuando tengamos necesidad de recurrir a una información para elaborar alguna acción en el montaje teatral, sólo iremos a buscar el cassette respectivo para que el cuerpo de actores y actrices los oigan para que de ahí puedan surgir ideas dentro del mismo grupo en cuanto a la solución de ese tema en una forma escénica y para que también el cuerpo de actores se informe y se impregne de todos los conocimientos de su propia cultura.

Una de mis ideas (que yo he manejado en el teatro constantemente) es la de que hay que partir del desorden al orden, pero que este orden sea un producto de nuestro trabajo y que sea a su vez una toma de conciencia del colectivo, que se percaten, que vean que es necesario ordenarse, no porque un director ni porque un jefe lo imponga, sino por la necesidad misma de su propia creatividad, de su propio trabajo.

En estos meses anteriores he llevado una organización bastante eficaz y casi militarizada puesto que la necesidad del trabajo mismo lo exigía, pero cuando pasemos al terreno de la construcción formal posiblemente deje una gran libertad a las gentes a fin de que se sientan dueñas de su propio trabajo, que sientan que no hay coacción ni represión para su espíritu creativo y que vayan asimismo asumiendo las responsabilidades de su propia experiencia y de su trabajo. Este es el método que he seguido; la mayoría de las veces me ha dado resultado, pero, por supuesto, es muy difícil porque en una sociedad como la nuestra, las gentes no están acostumbradas a asumir y a organizar y a hacer fructificar su libertad, siempre esperan que el jefe ordene, que dirija, que aconseje. No pienso seguir esta última forma de hacer (la de mandar) salvo en una necesidad urgente (al ver que estamos fracasando en la metodología libertaria), entonces en ese caso, asumir el control absoluto del asunto, pero esto será ya como un último recurso.

(..) Mimy está siguiendo una línea de trabajo que había realizado en Francia y que es aceptada y generalizada en todo el mundo, una sistematización de ejercicios corporales para la columna, para las piernas, para el pecho, para la respiración, ligados todos ellos a juegos casi infantiles que ayudan a desarrollar el cuerpo, la imaginación y la concentración del actor. Sin embargo, cuando llegué a Santa Fe, Mimy me decía que algunos de los muchachos y muchachas habían protestado porque no había la suficiente autoridad en el grupo, no había la autoridad del director para que estableciera una disciplina férrea. (...)

(...) Se trata pues, en esta primera etapa de preparación del montaje, de cohesionar al grupo, de ir desinhibiendo a los actores, de detectar lo que les interesa que se cuente y que vayan teniendo un sentido del espacio y del tiempo escénico, de los elementos rudimentarios de la actuación.

 

El problema de la identidad cultural

Desde el título inicial del proyecto “Teatro identificador Garífuna” el trabajo de Rafael Murillo Selva buscaba la identificación de rasgos particularizados de la cultura garífuna ya que sólo así la obra resultante asumiría un carácter de representatividad, de espejo con el cual todos los sectores garífunas podrían identificarse. Animismo le interesaba detectar en qué medida los descendientes de los antiguos emigrantes de la isla de San Vicente se sentían vinculados al resto de la nacionalidad hondureña. Por este rumbo que responde a toda una corriente del teatro latinoamericano actual van algunas de las reflexiones del diario de trabajo.

 

(...) “voy a hacer ciertas anotaciones de tipo teatral que puedan ayudarnos para el montaje en cualquier localidad que lo hagamos. Por ejemplo, ayer oí a una niña de seis años aquí en Punta Piedra cantando el Himno Nacional, la escuela del lugar se llama “Francisco Morazán” y ya se habla castellano. (Se me decía que hace unos diez años no se hablaba). Esto me parece una incrustación de los garífunas a Honduras; es decir, su país es éste y un poco el sueño del regreso a San Vicente (al paraíso de San Vicente), se está desvaneciendo frente al paso del tiempo y frente a una realidad concreta; viven aquí, aquí trabajan y comen.

 Entonces, un elemento dramático a utilizar sería esa contradicción que se establece entre una comunidad marginada, la más marginada del país, rechazada y despreciada y, al mismo tiempo, la reacción de esta comunidad frente a este elemento externo y la paradoja de que quizás el sentimiento de nacionalidad es en los garífunas donde se encuentra más sólidamente establecido.

(...) Para fundamentar un poco lo que dije o sea el sentido nacional que está tomando la comunidad garífuna, es decir, su integración a una comunidad más amplia, a un país más vasto que es en el cual viven, hay otro ejemplo que me impresionó muchísimo: en Punta Piedra existen tres clubes de danza. Ya se sabe que estos clubes son manejados por mujeres; los nombres de ellos son: “Mariposas”, “Jengibre”, (que es un producto que se produce mucho aquí) y el último se llama “Lempira”.

Es curioso que el nombre de un club de danza garífunas donde se baila la punta, el yancunú y los bailes tradicionales tenga el nombre del héroe indígena más conocido e importante de la historia nacional. Esto, a pesar de que aquí es donde más están incrustadas las tradiciones garífunas y también los recelos y resentimientos que existen entre los ladinos “indígenas” y garífunas. Para los garífunas, por lo general, lo que no es garífuna es indio y cuando se habla de indios se habla de peleas, de ultrajes, de atropellos, de robos, de violaciones, de costumbres de vida diferentes a las que ellos han logrado conservar.

En síntesis, en la vida cotidiana existe una tensión, que no se manifiesta de una manera violenta, pero que está latente entre los “indios” y los garífunas y dada esta característica y que en un lugar como Punta Piedra se encuentre un club de danza organizado y dirigido por los mismos garífunas y que ese club tenga el nombre de Lempira, me parece un síntoma, un índice para detectar ciertos cambios que se están operando en el sentido de integración y nacionalidad”.

 

Colaboracion y dicifultades

Tras una obra como Loubavagu (El Otro Lado Lejano) existe un proceso de elaboración que no fue fácil. Dificultades de tipo físico (incomunicación, enfermedades, falta de agua potable, peligros reales al navegar en frágiles embarcaciones etc.) e incomprensiones de índole variada se alzaron frente al equipo de trabajo de Murillo Selva. Pero también éste tuvo la satisfacción de ir encontrando respuestas favorables para su labor. Ambas situaciones están consignadas en el diario.

 

“Creemos que el proyecto está creando muchas susceptibilidades, puede haber pequeños y mezquinos intereses de por medio que todavía no hemos detectado, puede haber celos y recelos.

Ya hay cuentos que están corriendo en las comunidades; existen gentes que se sitúan con reservas frente al proyecto y algunas, como en Bajamar, han notificado directamente al Ministerio de Cultura de nuestra reunión y los han puesto en alerta porque han creído que el proyecto va contra la orientación del Ministerio lo cual, por supuesto, no es cierto. Y bueno, parece que la realización de la obra a este nivel doméstico de chismes, dimes, diretes, bloqueos y cosas, no van a ser tan fáciles. De todas maneras, hay que actuar con tacto, escoger el lugar más adecuado entre los que hemos mencionado; estudiar donde éste pueda ser menos tenso, más alegre, donde exista más colaboración y una comunicación más viable y esto es lo que vamos a seguir analizando en los próximos días para escoger definitivamente el sitio adecuado. (...)

(...) Los cassettes que hemos dejado en todas las comunidades de los departamentos de Colón, de Atlántida y de Cortés han estado llegando gradualmente. Este hecho es algo sorprendente porque hubo personas que me aseguraban que creían que los cassettes y baterías no las iban a utilizar para hacer entrevistas y recoger información y enviárnosla, pero el hecho es que están llegando, han llegado más de la mitad”.

 

Actividades de proyeccion social

Cuando la investigación se realiza desde planos de responsabilidad social, el trabajo no sólo consiste en obtener información. Aflora una voluntad de servicio, de trabajo comunitario que beneficie a la sociedad en la cual temporalmente se asienten los investigadores. Carentes de un sentido paternalista pero conscientes de la importancia de sus aportes, Rafael Murillo Selva y sus asistentes también realizaron tareas encaminadas a proporcionar cambios favorables en las comunidades visitadas. [7] Así, encontramos reflexiones como estas:

 

Quiero señalar que los talleres están funcionando normalmente. Existen los talleres de pintura infantil que están resultando muy bellos. Otro taller de teatro infantil está también llevándose por muy buen camino, posiblemente los niños que han trabajado con Mimy hagan una presentación circense el día l8 que es un día de fiesta aquí en Santa Fe. Por otro lado, hemos contactado la agrupación religiosa de católicos que hay en la comunidad los cuales no quieren que una bellísima y antiquísima iglesia que existe en este pueblo termine por derrumbarse, nos han pedido ayuda tanto económica como física para reestructurarla. Ayer tuvimos reunión y les prometí que buscaría el apoyo y que los trabajos técnicos de albañilería y de carpintería y de electricidad estarían a cargo de Carlos Obregón, al cual le gustó mucho la idea. Nos hemos incrustado pues, en la comunidad de Santa Fe, inclusive he conseguido al patronato pro-carretera una audiencia con el Viceministro de Obras Públicas, esta audiencia ya se hizo y ellos se han dado cuenta que no mentimos, que no andamos con demagogia, pero el apoyo a la cosa teatral no aparece todavía, no se vislumbra.

Tal como se había señalado, el día 15 se realizó un desfile de tipo circense en Santa Fe, lo antepusimos para el 15 porque éste es un día especial en la comunidad, puesto que es el inicio de las fiestas navideñas. También se realizó en Santa Fe una exposición de dibujo infantil en el salón “Coroso”, la que tuvo un enorme éxito, casi podría decirse que cientos de niños participaron y las madres se emocionaron muchísimo cuando miraban las firmas de sus hijos estampadas en los dibujos. Esto último queremos hacerlo en Santa Fe antes de salir de ese lugar, dejando como dije antes, no rotos los vínculos y deseando incorporar a personas de esta comunidad al proyecto de la obra.

 

NOTAS

1. Los que se giraron entre la Fundación Interamericana que financio el Proyecto y Asesores para el Desarrollo (ASEPADE).

2. La donación de la “Interamerican Foundation” permitirá conocer los problemas socioeconómicos que confrontan los Garífunas, promover el respeto de su patrimonio cultural y facilitar los intercambios entre ellos y los otros sectores de la sociedad hondureña. Para obtener esos objetivos, el equipo de dirección, confiado a Rafael Murillo Selva, realizará un trabajo de investigación sobre leyendas y folklore garífuna y paralelamente a ese trabajo se realizará una obra teatral sobre el tema de identidad de la cultura “garífuna”, leemos en el documento inicial, especialmente la actriz y doctora Michelle Armand Barthélemy.

3. Antonio Velásquez y Teresa Fortín, dos pintores hondureños caracterizados por una visión ingenua.

4. El diario se principio el 9 de octubre y se finalizó en diciembre de 1979.

5. Oficiante de la religión Garífuna.

6. Barthelemy Michelle. Loubavagu o el otro lado lejano entre los Teatros de la Identidad. El teatro de los indios caribes conocidos como garífunas, Estudio Comparativo. Tesis de III ciclo de La Sorbona conocida a través de una copia mimeografiada proporcionada por Rafael Murillo Selva.

7. En los informes dirigidos a los patrocinadores y administradores del proyecto se habla también de:

Taller de carpintería (del mismo surgió del estrado que sirvió para el estreno de la obra).

Taller de bordado (en el mismo se bordó la escenografía de la obra en su primera etapa).

Taller de electricidad: se compró un motor de energía eléctrica, se extendieron cables y por primera vez se trajo luz al pueblo. El motor se le regalo a la comunidad para que después del montaje de la obra pudieran utilizarlo. El estreno de Loubavagu en la Aldea de Guadalupe (junio de 1980) se hizo en horas de la noche y la iluminación fue realizada por los alumnos del guatemalteco Carlos Obregón, uno de los colaboradores de Murillo Selva en la etapa de realización.

Taller de Ingles.

Taller de artesanías dirigido por un miembro de la comunidad, Auroro Chamorro (Q.E.P.D.)




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[A partir de janeiro de 2022]
 

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Agulha Revista de Cultura

UMA AGULHA NA MESA O MUNDO NO PRATO

Número 195 | dezembro de 2021

Curadoria: Floriano Martins (Brasil, 1957)

Artista convidada: Scarlett Rovelaz (Honduras, 1987)

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