quarta-feira, 10 de outubro de 2018

GABRIEL JIMÉNEZ EMÁN | George Harrison: introspección y espiritualidad en la música pop


George Harrison es el más joven de los cuatro Beatles, y siempre se mantuvo a la saga de los protagonismos de los fundadores del grupo, John Lennon y Paul McCartney, quienes produjeron el mayor número de canciones y composiciones, además de llevar las riendas de la agrupación en cuanto a presentaciones y contrataciones. Harrison se vio urgido de crear sus propias composiciones y de irlas distribuyendo discretamente a lo largo de toda la existencia del cuarteto. En los álbumes siempre figuraban dos o tres piezas de su autoría donde él llevaba la voz cantante (como lo hacían John y Paul con las suyas), con lo cual sus composiciones fueron adquiriendo un sello peculiar que más tarde, después de la disolución del grupo a fines de los años sesentas, adquirió peculiaridades definitorias para él y para la historia de la música pop.
George es el menor de cuatro hijos de Harold y Louise Harrison. Sus padres eran obreros en fábricas y transportes de Liverpool; de niño George siempre fue muy independiente y adelantado en los estudios. Hizo su primaria en un colegio de Penny Lane y después en el Instituto de Liverpool desde 1954 donde estudiaban también John Lennon y Paul McCartney, algunos años mayores que él. Era muy rebelde; no le gustaban mucho las clases, vestía de modo llamativo y llevaba el cabello largo. Ahí poco a poco fue trabando amistad con John y Paul; sobre todo con John, quien comprendía su rebeldía. Poco a poco fue encaminándose en la escuela.
Su madre siempre sintió interés por la música y el baile. A George le gustaba el teatro y los títeres y un día su madre le compró una guitarra que tuvo abandonada varios meses en un desván, hasta que un día se la llevó a su amigo Pete Best para que se la arreglara. George siempre contó con los suficientes ánimos de su madre para hacer todo; luego de comprarle una guitarra nueva George tuvo la iniciativa de formar un grupo donde tocaba el instrumento;  así anduvo en grupos pequeños hasta que un día conoció a Paul McCartney, quien le invitó a formar parte de los Quarrymen en 1958. Después conoció a John, quien le estimuló mucho a que tocara una pieza, (“Raunchy” se llamaba) y a imitar a un guitarrista llamado Eddie Clayton. Por la diferencia de edad, John y Paul no lo aceptaron demasiado pronto. Pero George sabía muchos más acordes en la guitarra que sus compañeros y empezaron a escribir canciones y a ir a su casa. Pronto George y John se hicieron amigos; a John le gustaba mucho su manera de vestir. John era el jefe de los Quarrymen e intentaba conseguir actuaciones y un nuevo baterista para poder ir a participar en la contienda musical en la ciudad. Ensayaban en sus casas. Hasta que un día John se hizo asiduo en casa de George en Upton Green, cuando la familia le permitió ir con frecuencia.
Ahí comenzó todo. Después de los Quarrymen vinieron los Moondogs, y los Silver Beetles. Después fueron a Escocia, el Cavern Club y a Hamburgo donde conocieron a Klaus Voorman y Astrid Kirchner, quienes los impulsaron y motivaron mucho. En ese momento tocaban con el baterista Pete Best (quien fue sustituido luego por Ringo Starr) y más adelante a Brian Epstein en Londres, que los lanzó como grupo internacional. Lo demás es historia sabida. Los periódicos comenzaron a hablar de ellos tanto en Inglaterra como en Estados Unidos, e iniciaron sus giras y sus grabaciones exitosas.
Como decíamos, la personalidad musical de George Harrison se fue configurando lenta y efectivamente, sin dejar de incorporar sus logros al sonido Beatle tan propio y decisivo para las composiciones del dueto Lennon-McCartney, sobre todo en lo concerniente a los aportes de su voz y su guitarra,  conociendo cabalmente sus aportaciones al sonido integral del grupo, lo cual se observó en una primera instancia en las piezas de rock de Estados Unidos. Sin embargo, George siempre se vio inclinado a la introspección, lo cual le hizo dirigir su atención hacia la música y la filosofía orientales, especialmente después de su viaje a la India y de sus contactos con músicos como Ravi Shankar, quien le enseñó durante varios meses acordes de esa música y a tocar el Sitar. Harrison no vaciló en incorporar estos sonidos a sus piezas, como en los casos de los álbumes Rubber Soul (1965) y Revolver (1965).
Habría que reseñar brevemente las piezas de Harrison desde los inicios. En el álbum With the Beatles (1963) tenemos a “Don´t bother me” (“No me aburras”) y “I'm, happy just to dance with you”; ésta última forma parte del álbum A hard day's night sobre cuya base se hizo una película y que considero la primera gran interpretación de impacto vocal de Harrison,  hasta que consigue su plena expresividad en el rock cuando canta “Roll over Beethoven”, de Chuck Berry. Otras de estas canciones son “You know what to do” y “Everybody's trying to be my baby” (de The Beatles for sale) habían marcado ya el peculiar estilo de Harrison que, preciso es decirlo, fue desenvolviéndose con la mayor naturalidad, sobre todo al contacto de lo que hemos llamado la primera etapa Beatle del rock and roll, para ingresar años más tarde en el terreno de lo pop propiamente dicho, esto es, a la experimentación con los elementos de la vanguardia musical, plástica, artística, cinematográfica y literaria del momento, tal como se presentaba en ciudades como Londres, París, Lisboa, Nueva York, Bonn, Chicago y también por supuesto en algunas ciudades latinoamericanas como Buenos Aires, México, Río de Janeiro o Caracas. En todo caso, la cultura pop estaba entonces en su apogeo y Los Beatles eran sus principales representantes musicales.
El primer álbum propiamente pop de los Beatles quizá es Help!, donde Harrison tiene una tímida representación en canciones como “You like me too much” y sobre todo “I need you”. En ésta última, sobre todo, está presente el estilo característico de Harrison, con el debido uso de sintetizadores y de efectos sonoros que le dan un toque especial y una voz perfectamente distinguible y no tan brillante, un tanto más seca. Se trata de una canción de amor y es quizá uno de los embriones musicales de Harrison en esta modalidad, de la necesidad de ser amado, comprendido, tema que campea en buena parte de sus composiciones y de la que “I need you” es representante.
En Rubber Soul (1965) sí se plasma ya de una manera clara la estética musical de Harrison en piezas como “Think for yourself” y “If I needed someone” donde se advierte a las claras cuáles serían en adelante sus mejores recursos expresivos: la primera voz se desplaza por el tema con una consistencia enorme, sin fisuras, acompañada de las brillantes voces e instrumentos de sus amigos y de una percusión esmerada de Ringo Starr, a la par de sostener un fraseo largo que no decae nunca. Demás está decir que Rubber Soul es uno de los grandes álbumes de la historia del pop.
En un nivel expresivo similar se encuentra Revolver (1966) que Harrison inaugura con la joya “Taxman”, a mi modo de ver una de las composiciones más innovadoras de la música pop, donde la batería de Ringo y los coros soberbios de John y Paul impulsan la voz de George hasta límites extraordinarios, con una letra irónica sobre el personaje del Tasador, el hombre de los impuestos que puede cobrar por todo. Otra, “Love you too” también nos indica una renovación dentro de su búsqueda musical con la debida incorporación del Sitar. Lo mismo nos dice la lograda “I want to tell you”, donde vuelven a brillar las guitarras de John y George y el espectacular bajo de McCartney hace de las suyas con el apoyo de la batería de Ringo. No abundemos ahora en el repertorio de Lennon-McCartney presente en este disco, que venía construyendo la antesala para el trabajo discográfico que es considerado obra maestra de la música pop: Sergeant Pepper Lonely Heart's Club Band (1967).
No nos explayaremos en la observación de este disco, pues sobrepasa los límites de este trabajo debido a la cantidad de logros que implica. Bástenos decir que involucra el mayor crisol de recursos musicales empleados por Los Beatles hasta ese momento, con la oportuna colaboración técnica de George Martin, Phil Spector, Klaus Voorman y otros tantos amigos de los Beatles algunos de los cuales aparecen en el magnífico collage de Voorman en la portada del disco. El diseño de este álbum dio en el clavo del mensaje estético y cultural del momento, congregando en esta fábula moderna a una buena cantidad de artistas actores, escritores, hombres de ciencia y genios de cualquier tiempo conectados todos a una soledad compartida, con los mejores recursos del arte psicodélico. Con este álbum florecen Los Beatles y su arsenal de dispositivos, técnicas y mixturas sonoras entre lo electrónico y lo acústico, lo experimental y lo tradicional, donde cada pieza brilla en sí misma. La de Harrison es “Within you without you”, donde el uso del Sitar hindú y los sonidos orientales y espirituales alcanzan un nivel notable.
En diciembre de 1967 se grabó el EP (Extended Player) Magical Mystery Tour, otra de las joyas pop de Los Beatles. Es de notar que A hard day's night, Help! y Magical Mystery Tour se hicieron películas y que estas imágenes de Los Beatles haciendo disparates, chistes y gestos dieron origen a los primeros video-clips y contribuyeron a la promoción y venta de sus discos. La pieza maestra de Harrison en este disco es “Only a Northern Song”, cúspide de la expresión alucinante del pop donde apreciamos efectos electrónicos, montajes y collages sonoros que mucho tienen que ver con ese viaje mágico y misterioso, donde no faltan las referencias a los trayectos psicodélicos y una estética del colorido, magnificada con las imágenes alucinantes y surreales también presentes en El submarino amarillo (1968) la famosa película de George Durning que contribuyó a divulgar, como ninguna otra, esa imagen fresca de Los Beatles cargados de alegría, amor, paz y esperanza.
En el Álbum Blanco doble The Beatles (1968) tenemos una muestra muy reposada, madura diríamos, del talento de Los Beatles, donde George Harrison tiene una participación determinante con varias piezas: “While my guitar gently weeps” que alcanzó rango de clásico por el maravilloso acabado de las guitarras logrado junto a Eric Clapton y al sentido poético que contiene. Otras son “Savoy Truffle” y “Long long, long” donde el Sitar se muestra en perfecto matrimonio con la voz y la composición de Harrison, y nos da una idea muy justa de su interioridad y espiritualidad.
En Abbey Road tenemos uno de los discos LP donde Los Beatles vuelven a sus orígenes rockeros en una especie de despedida, con varias obras maestras entre las que destacan “Come together”, “Because” y “I Want you (She´s so heavy)” de John Lennon, y otra de las más logradas de Harrison que pronto recorrió los pentagramas del mundo: “Something”, considerada una de las composiciones más perfectas de la música popular de todos los tiempos. Una vez más, la guitarra y la voz de George se ensamblan como nunca. Otra de las canciones más elevadas de Harrison celebrando al amanecer y la naturaleza en este disco es “Here comes the sun” dueña de una reposada atmósfera de contemplación.
En Let it be (1970), el postrer álbum de Los Beatles, Harrison tiene una participación mínima con una especie de vals, “I me mine” muy gracioso. Durante la grabación de este disco --que también se llevó al cine en una especie de documental-- se advierten la cantidad de diferencias, fricciones y tensiones entre los integrantes del grupo, ya a punto de disolverse. Tuvieron, sí, la idea genial de hacer el documental grabando una de las escenas en una azotea de Londres, con un efecto impactante en el público que ha sido objeto de homenaje y parodiado por otros grupos.
Lo que habría que poner de relieve en de la personalidad de Harrison serían su introspección y su espiritualidad, ya desarrolladas con amplitud en su carrera individual. Ello se nota de inmediato en su reconcentrada creatividad.
Harrison siempre fue una persona de complexión delgada y bastante enfermiza; tenía un temperamento reflexivo y ligado a la interioridad más que al mundo circundante, y bastante crítico del estamento occidental de la religión católica y de las costumbres tradicionales acuñadas; de ahí su rebeldía desde muy joven, su propensión a buscar otras vías de enfrentar el mundo.
Justamente, su producción inicial individual estuvo encaminada desde un principio a ayudar a los damnificados hindúes en Bangla Desh, en un concierto con figuras del rock para recabar dinero y ayudar sobre todo a los niños que morían de hambre en aquel país africano. Allí le acompañaron Bob Dylan, Eric Clapton, Leon Rusell y muchos otros.
Luego vendrían sus álbumes de estudio: All things must pass (1971), Living in the material world (1973) Dark Horse (1974), Extra texture (1975), Thirty three 1/3 (1976), Electronic Sound, Somewhere in England (1981), Gone troppo (1982), Let it roll, Cloud Nine (1987) y Brainwashed (2002). Harrison fundo una disquera, Dark Horse, donde grabó casi la totalidad de sus álbumes de estudio, mientras que Apple Records lanzó al mercado varios recopilatorios: The Best of George Harrison (1976), Best of Dark Horse (1989); mientras Capitol lanzó Let it Roll. Songs of George Harrison (2009) y en 2012 Early Takes. Como sabemos, Harrison falleció debido a un cáncer en el año 2001.
Harrison siempre se cuidó de los favores fáciles de la “sociedad”; de los envanecimientos de la fama y de la opulencia que suele prodigar el éxito material, refugiándose en la meditación. Prefirió buscar en la ascesis y el recogimiento aquello que podía salvarlo del egocentrismo y del exhibicionismo superficial a que están acostumbrados los ídolos del celuloide; captó desde muy temprano las desviaciones a que podían conducirlo los privilegios sociales tan propios de la maquinaria del capitalismo avanzado, que todo lo convierte en noticia espectacular (de hecho, el espectáculo funciona aquí como un espejo narcisista, literalmente), su vida tendió al recato, al silencio, poniendo en sus canciones la mejor parte de sus mensajes éticos y filosóficos.
En las pocas letras que presentamos se advierte buena parte de ello, desde la época Beatle y luego, ya más acendrada su personalidad, Harrison convierte sus canciones a la mujer y al amor en una iniciación a la espiritualidad, donde se nota en un primer momento una marca de adversidad existencial, de conflicto o disturbio en la relación amorosa que pronto vira a una reflexión sobre la misma y en algunos casos alecciona o aconseja, lo cual lo lleva una meditación moral, una crítica a los moldes conocidos de la relación idílica que planteaba el romanticismo, por ejemplo.
El otro elemento es el concerniente a la espiritualidad propiamente dicha para salir de la alienación ideológica y de los formatos consumistas. El humor cotidiano o fantasioso del músico suele tocar estos temas, sobre todo en la época Beatle, como por ejemplo en “Taxman” y “Hey Bulldog”; en cambio en piezas como “Something” o “While my guitar gently weeps” los mensajes poéticos con diferentes; en la última canción la guitarra encarna por sí misma una suerte de metáfora de la poesía, de símbolo de creación ante la rudeza del mundo exterior.
Están por supuesto las clásicas canciones de amor a las chicas de la época Beatle; pero luego el amor toma otros giros, para aspirar a nuevos espacios de la relación humana. Otras son como mantras, como sílabas sagradas para lograr la comunión con Dios como en el caso de “My sweet Lord” (“Mi dulce señor”) y aquellas como “Todas las cosas deben pasar” o “Viviendo en el mundo material” donde Harrison despliega su mejor espiritualidad; otras celebran la naturaleza, el sol, el amanecer, otras van dedicadas a su amigo John Lennon (“Todos aquellos años”)  y las de índole poética con metáforas atrevidas como “Dark Horse”, (“Caballo Oscuro”).
En fin, en esta breve muestra de canciones puede apreciarse una buena parte del poderoso despliegue de la creatividad de Harrison, una parte sustantiva de su hacer. Debo insistir una vez más (como lo hice cuando traduje a Lennon y a McCartney para rendir tributo a este cuarteto que me marcó desde la adolescencia) en la circunstancia de que las letras de las canciones no se sostienen por si solas, pues están ligadas indisolublemente a la música, por lo cual recomendaría a los lectores hispanohablantes sin conocimiento del inglés que en el momento de leerlas, tengan cerca un reproductor de sonido donde puedan escuchar las melodías de Harrison, mientras recorren estas versiones aproximativas de uno de los músicos más influyentes de la música popular en los últimos tiempos.


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Edição preparada por Floriano Martins. Agradecimentos a todos os colaboradores. Foto inicial dos Beatles assinada por Bob Whitaker (Reino Unido, 1939-2011). Página ilustrada com obras de Peter Blake (Reino Unido, 1932), artista convidado da presente edição.


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Agulha Revista de Cultura
Número 120 | Outubro de 2018
editor geral | FLORIANO MARTINS | floriano.agulha@gmail.com
editor assistente | MÁRCIO SIMÕES | mxsimoes@hotmail.com
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revisão de textos & difusão | FLORIANO MARTINS | MÁRCIO SIMÕES





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