segunda-feira, 9 de janeiro de 2023

JACOBO RAUSKIN | Una nota sobre el arte en el siglo XXI

 


Si a las dos décadas iniciales del presente siglo, sumamos las dos últimas del siglo anterior, nuestra percepción de la sociedad ofrece un flanco profundamente debilitado en cuando al capitalismo hegemónico mundial. Se trata de las diversas formas de crisis que el sistema experimenta para unir ambos siglos en una afirmación de la decadencia sistémica de una economía globalizada que, en sí misma, es una confesión del principio central del sistema: el lucro, es decir, buscar la reducción del salario, la eliminación de las trabas políticas a la economía de pura exportación, la reducción de la calidad en los productos industriales, entre otras consecuencias del lucro como único motor de la producción. Este empalme económico de ambos siglos, el que concluye y el que se inicia no debiera necesariamente traducirse o afectar la práctica de las artes y, por supuesto, tampoco debería influir fuertemente en los aspectos teóricos o estéticos de las artes, pero su vinculación con el mundo de las artes es claramente negativa. Ya podemos advertir un declive en la calidad de los productos artísticos dedicados a las masas. Sobre todo, el cine. No se trata de, generalmente, un declive en lo que atañe a técnicas, sino en lo que respecta a ideas. Aunque se remonte a mediados del siglo XX lo que en Estados Unidos se llamó Idea art, arte conceptual, con el propósito de elevar sobre la capacidad ejecutora del artista su capacidad para pensar una obra, es hoy, en el siglo XXI cuando podemos ver su triunfante asociación degradativa con no importa qué artificio proveedor de fama y dinero, por ejemplo, una banana estrellada contra una pared etc.

En términos de arte, la sociedad actual acepta sin duda la más variada gama de puntos de vista, incluso de posiciones estéticas, pero previa revisión asociada a la crisis general del sistema. Los puntos de vista y las posiciones estéticas suelen ser tratadas como supervivencias del siglo anterior frente a” nociones” tales como postverdad y otras posturas teñidas de apariencia eidética en el presente siglo, particularmente en el campo de la crítica de arte.

En poesía, muy especialmente, pero también en otras formas de poiesis, hay una clara división entre poetas del siglo XXI y los del siglo XX que continuamos escribiendo en este siglo. Se trata esencialmente de la tradición poética, por una parte, y por la otra, la modernidad cuya fecha de defunción en el siglo XX es el único tema que mueve a discusión a los exégetas de la poesía del siglo XXI. La tradición poética universal fue revisada cuidadosamente en el siglo anterior por poetas de la talla de Eliot, y la modernidad fue considerada mucho más que un “recurso”, fue y es una visión espiritual de la poesía. A caballo entre tradición y modernidad, escribieron notables poetas del siglo XX, y hablo de poetas en las más diversas lenguas. Con franqueza no veo sino este camino para escribir poesía en el siglo XXI.

 

1 | La tradición poética ofrece al autor del siglo XXI, lo mismo que ofrecía en el siglo anterior: la continuidad de las obras centrales escritas a lo largo de siglos y milenios. Esto quiere decir, modelos básicamente formales cuyos cambios son necesarios de cuando en cuando, en nombre de la lengua en la cual se escribe. Uno de los cambios más notables fue, en inglés y en francés, a fines del siglo diez y nueve, el verso libre, cuyas dos variantes, el verso libre total y el verso polimétrico no estrófico que puede ir rimando a lo largo del poema sin seguir un metro fijo. El español y el portugués adaptaron el verso libre con tanto éxito como si hubiera nacido en dichas lenguas.


Digamos ahora unas palabras sobre la modernidad en poesía. Es habitual referirnos a Baudelaire como al introductor de la modernidad en la escritura poemática. Es igualmente habitual encontrar en su obra los rasgos más negativos de la vida moderna (en su época) y escribir, a partir de ellos, el monumento que es “Flores del mal”. En poesía, la modernidad nace así, con un signo profundamente negativo. La naciente burguesía no es la que lee admirativamente estos poemas sino la que envía a su autor a enfrentar a un juez por ofender, cuándo no, la moral. Pero Baudelaire fue el primer poeta decimonónico en aspirar a convertirse en figura pública. En realidad, según Walter Benjamin, en seguir los pasos de un héroe.

Y bien, del heroísmo en la figura del poeta a las desgracias políticas en la Francia de la segunda mitad del siglo 19, la modernidad en poesía sigue caminos tan diferentes como los de Rimbaud y Mallarme. Dos de los poetas que abrieron la puerta de la poesía moderna, tomando cada uno de ellos una personal visión crítica de la modernidad en la sociedad. Esas formas de visión se van perfeccionando con el paso de las generaciones en el siglo XX. A modo de rápido ejemplo. En español, tenemos a Enrique Molina (que además traduce a Rimbaud) y en portugués a Ledo Ivo, cuya poesía recibe el fuerte impulso de Rimbaud. Es útil recordar a estos poetas rimbaudianos por el fuerte influjo que ambos han tenido y tienen en la escritura poemática en sus respectivas lenguas.

La poesía de los autores jóvenes del siglo XXI, que no escribieron nada en el siglo anterior, bueno, pues no sé, francamente, si deben algo a poetas admirables como Enrique Molina y Ledo Ivo Suelo, ocasionalmente, leer a los jóvenes poetas de hoy. Y no es frecuente encontrar en ellos textos de algún valor, de alguna promesa, diría, en atención a su juventud.

Por otra parte, estos jovencísimos poetas, creen que su naciente obra, ya no es moderna ni siquiera posmoderna. Demás está decir que no tienen nada de tradición, ni siquiera una copla. ¿A quiénes siguen? Me excuso de buscar una respuesta.

La modernidad, hoy por hoy, en lo que atañe a los actuales críticos literarios, es un puro ayer. Pero el siglo XX es un puro ayer también en dicho sentido aplicado a los sistemas económicos de concentración de capital y desactualización de la tecnología económica del siglo XX.

 

2 A la escala de valores (individuales) sucede la idea de promover los valores del grupo en la era de los ismos, que, francamente, parece haber terminado en el siglo anterior. Así, se suele citar a innovadores más bien pobres junto con otros de considerable valor. De hecho, la idea (y la práctica clasificatoria de los autores en juego) abandona el criterio social de clase o casta autoral privilegiada para democratizarse en los ismos (notablemente, muchos de sus mejores representantes, abandonaron a estos ismos y regresaron a una clasificación basada en los méritos (Tanto de la modernidad como de la tradición).

En el siglo XXI se practica una clara libertad en la organización de grupos. El criterio, el único dominante, es en realidad una condición práctica: lingüística o geográfica. Se producen antologías, exhibiciones colectivas etc., donde la tónica es la variedad expresiva (o quizá estilística). La tendencia es sustituir el criterio de selección por aceptación de la crítica (ya casi inexistente salvo en los casos de textos de apoyo) o del público, por la libre asociación de artistas y por la autogestión. Asistimos, en estas primeras décadas del siglo XXI al desmoronamiento de la crítica de arte y literatura, entre otras cosas porque el pensamiento crítico también se ha debilitado grandemente en campos tan diversos como la política y la institucionalidad de valores sociales.


El grado de asociación interartística. Por ejemplo, pintura y poesía, notable en el siglo XX, se vuelve menor y en ciertos casos pareciera evanecerse. Sobrevive en los términos de homenaje en la poesía, a la manera de Alberti y en términos de sociedad en los escasos (y en mi opinión, notables) surrealistas posteriores al liderazgo de Bretón. Sin embargo, el renacer de la figura luego de todos los caminos de la abstracción, acerca a los pintores a la poesía y a los poetas a la tela figurativa en este naciente tramo del siglo XXI. Razón que nos permite aventurar un mutuo enriquecimiento de ambas artes. No pareciera seguir este camino la música de orientación, digamos, clásica, a falta de otro nombre. Pero hay un claro enriquecimiento de la música popular en ciertos campos y, sin duda, del jazz.

Pensemos ahora en el mercado de las artes y de la literatura artística (no en cualquier otro tipo). Los circuitos, incluso internacionales, existen en nuestra época. Los medios de distribución son obviamente más pequeños que los grandes circuitos comerciales, pero satisfacen, de manera mínima, a los creadores, los productores de obras de arte. Ello nos lleva a esperar que, al menos, circuitos semejantes a estos seguirán existiendo a lo largo del siglo XXI, y es también legítimo esperar que aumenten. Las capitales ricas en producción artística, se van enriqueciendo más, aunque la imitación de los procedimientos comerciales de los grandes comerciantes por parte de los pequeños no ayude a estos últimos. Poco a poco, hay que ir separando a los intermediarios realmente artísticos de los puros comerciantes. Hay que pensar en un futuro sustentable para muchas pequeñas galerías y librerías si queremos ver un camino para las artes en el siglo XXI.

 

3 El elevado número de personas interesadas en la poesía se opone en nuestros días al decreciente número de cultores de la poesía que han merecido sobradamente el título de poetas, pero el número de los que se llaman a sí mismo poetas es muchísimo más alto que el de los poetastros de antaño o el de los aficionados con poco o ningún adiestramiento en el arte de escribir. Esta realidad es posiblemente planetaria, pero, al menos, es una realidad bien conocida en Europa y América. En cuanto a la pintura (la no desplazada por el arte conceptual o por variantes de la performance), la situación es la misma que tenemos para la poesía. Sin embargo, todo esto, es también historia y no proyección al futuro. Si hablamos de cómo podríamos imaginar la obra de arte (especialmente la pintura y la poesía) en el futuro, en este siglo a partir de ahora, será cuestión de hacernos la pregunta fundamental: ¿Avanzar o retroceder para buscar la fuerza necesaria que nos permita avanzar en la dirección que deseamos? El siglo XX tiene en ese sentido ejemplos ilustres. Tomemos el caso de Borges, que luego de su temprana adhesión al ultraísmo, regresa a las formas clásicas en busca del estilo que será finalmente el suyo.

Un problema central para que la obra de arte resulte verdaderamente contemporánea en estos días está en relación con la obra como tal y la crítica de la recepción. La nuestra, la de este siglo, ha dejado de ser una crítica apoyada en los juicios que nacen con la recepción de la obra nueva para centrarse en aspectos de una abstracción del “deber ser” vinculado a veces con la filosofía de la historia y abandonado a la historia del arte como especificidad. Nos referimos aquí a la especificidad que hace que una determinada pintura reconozca su origen en tal o tales obras del pasado y tal poema contemporáneo ofrezca todos los datos necesarios para una filiación histórica propia de la historia de la poesía.

Adónde irá la crítica actual, lo poco que aún queda de crítica literaria sobre todo y no la crítica de recepción de las letras en el circuito universitario. Esta pregunta adquiere valor universal en el mismo acto de ser formulada. La vulgarización de la crítica literaria tradicional en programas de difusión masiva no sustituye en absoluto a la recepción social de la obra según el crítico. En cuanto a la crítica universitaria actual, ella no abandona, ni aún en los casos ilustres, el lastre del “deber ser” como imposición. En el mejor de los casos, los catedráticos eminentes producen un pensamiento de valoración, creando o resucitando valores universales. No es este un pensamiento crítico, porque no está dirigido a la obra sino a un cierto tipo de lector académico.

 


4 Otro tanto sucede con la crítica de pintura. En cualquier caso, la visión crítica actual parece haberse desprendido de las nociones más o menos estrictas del oficio del artista, para llegar a una suerte de escritura o bien apologética o bien de rogativa. Dos extremos que nada tienen que ver con el pensamiento crítico sobre la obra. Paralelamente a los problemas de la creación, se tendría que pensar en el destino de una renovación crítica, si aquello que se quiere es el enriquecimiento de la obra.

Más sobre el punto precedente. La crítica de arte, entendida como desmontar y juzgar la resultante deconstrucción, no emite un juicio sobre la obra tal cual. Es, obviamente, un pensamiento sobre la obra deconstruida. Este pensamiento es, o mejor, podría ser de gran utilidad para el creador en cuestión, y tendría que asistirlo en descubrir cosas que él ignoraba mientras se encontraba en el proceso de la creación. Sin embargo, no creo que su práctica alcance al destinatario de la obra. Si en lo que resta de este todavía largo siglo XXI tiene lugar una búsqueda de un camino nuevo para la crítica de arte, habrá que buscarlo fuera de la deconstrucción. En términos de poesía, la crítica podría buscar un nuevo camino para la valoración de los actos descriptivos de la crítica frente al poema a partir de las oposiciones fundamentales que el texto presenta, que es la mejor muestra de crítica literaria en Francia en el siglo XIX.

A esta altura de mi breve ensayo, debería enfatizar aún más mi convencimiento de que lo mejor que pudiera ocurrir con el destino de la obra de arte, incluyendo naturalmente al poema, en este siglo, es la revisión de las líneas tradicionales a la luz de una actitud comunitaria sobre la obra de arte, que, naturalmente, daría al pensamiento crítico una dimensión histórica que hoy, en estos dos decenio iniciales del siglo XXI, no podemos tener sino como continuación del mundo del arte ofrecido por el siglo anterior. 

 

 


JACOBO RAUSKIN (Paraguay, 1941). Ha escrito numerosos libros de poesía. Entre ellos, La noche del viaje, Alegría de un hombre que vuelve, Espantadiablos, Las manos vacías y El refugiado. Su recientemente publicada Obra poética abarca dos tomos con más de cuarenta libros que vieron su primera edición entre 1963 y 2019.Referente habitual de la poesía paraguaya de la segunda mitad del siglo veinte y de lo que va del presente siglo, Jacobo Rauskin es autor de una obra renovadora, enmarcada en la vertiente humanista de la tradición latinoamericana. Es miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura 2007, en Asunción, y en 2012, recibió en Buenos Aires el Premio” Rosa de Cobre” a la trayectoria literaria, instituido por la Biblioteca Nacional Argentina. Una parte considerable de su obra se editó en Argentina. México y España.
 

 


JEAN GOURMELIN (Francia, 1920-2011). Magnífico diseñador cuya línea abarcó desde el absurdo y el humor negro hasta un enfoque metafísico. En todo momento, sin embargo, su obra se caracterizó por un intenso espíritu rebelde. Trabajó con dibujos animados, historietas, vestuario y escenografías, además de embarcarse incansablemente en el grabado, el dibujo técnico, la escultura, los vitrales, el diseño de papel tapiz, en cualquiera de estas motivaciones por el brillo de su inquietud creativa siempre encontró un lugar para el reconocimiento, y cerca de su muerte, fue honrado con una gran retrospectiva de su obra en la Biblioteca del Centro Pompidou de París en 2008, titulada “Los mundos de los dibujos de Jean Gourmelin”. Y de eso se trataba, pues de su pluma saltaban a la realidad infinidad de personajes, formando un mundo único propio de su visión fantástica, sin que en modo alguno pudiera enmarcarse en una línea plástica determinada. Entre lo erótico y lo bizarro, el surrealismo visionario y lo fantástico, especialmente en su dibujo en blanco y negro, Gourmelin fue un auténtico artista del siglo XX cuya obra evoca un universo personal donde se mezclan el horror y la belleza, en cuyas formas a veces imágenes distorsionadas interpelan conceptos de tiempo y espacio. Tenerlo como nuestro artista invitado, siguiendo la hermosa sugerencia del periodista João Antonio Buhrer, trae a Agulha Revista de Cultura una grandeza que ilumina mucho esta primera edición de 2023.




Agulha Revista de Cultura

Número 221 | janeiro de 2023

Artista convidado: Jean Gourmelin (França, 1920-2011)

editor | FLORIANO MARTINS | floriano.agulha@gmail.com

editora | ELYS REGINA ZILS | elysre@gmail.com

ARC Edições © 2023

 


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