terça-feira, 31 de outubro de 2023

GLADYS MENDÍA | Carlos de Rokha, el visionario de la poesía chilena

 


Carlos de Rokha nació en Valparaíso con el nombre de Carlos Díaz Anabalón en el año 1920. Hijo mayor de Carlos Díaz Loyola (Pablo de Rokha) y de Luisa Anabalón Sanderson (Winétt de Rokha). Se dedicó a la escritura y a la pintura. Fue asociado por algunos críticos con la Generación Literaria de 1938, sin embargo, fue un poeta de voz única, transitando por diferentes estilos, por lo que no se puede clasificar únicamente en una generación, sino que también, en cierta medida en la generación de 1950. En sus textos se aprecian imágenes surrealistas que sorprendieron en su época y lo incluyeron en la escena literaria de los años cuarenta y cincuenta. Compartió con poetas como Enrique Lihn, Mahfud Massis y con el grupo La Mandrágora (Arenas, Gómez, Cid). Participó también como redactor de la revista “Multitud”, dirigida por su padre.

Es importante destacar que, a lo largo de su vida, sufrió de esquizofrenia, por lo que en más de una ocasión fue internado en el Hospital Siquiátrico. Tal vez, esta manera de ser hizo que las personas lo vieran como un poeta atormentado y de tono trágico. Se sabe que las personas con esquizofrenia llevan una vida inmensamente atormentada, por lo cual tiene gran valor la creación literaria y artística que realizó Carlos en semejantes circunstancias vitales.

Ha dicho el poeta Jorge Teillier respecto de Carlos de Rokha:

 

Llevó una vida totalmente amarga. Un poco también por su condición mortal. Carlos no era de este mundo. No era un enfermo mental sino un visionario, estaba alejado de la realidad. Eso lo refleja muy bien en su poesía que tal vez sea la mejor poesía surrealista chilena, como decía Eduardo Anguita y como también lo decía Teófilo Cid, que era la primera víctima de La Mandrágora, o sea del surrealismo. Carlos de Rokha a los 15 años escribía poemas angélicos.

 

Lukó de Rokha, su hermana, recuerda a Carlos de la siguiente manera:

 

Estaba todo el tiempo leyendo y estudiando a los clásicos. Aprendió francés solo, y al final traducía poemas y recitaba en ese idioma. A los trece años empezó a pintar y a los catorce hizo una exposición que fue visitada por escritores y pintores que lo consideraron un verdadero talento. Fue absolutamente autodidacta. Pocas veces he conocido un hombre con más cultura que Carlos, quien habiendo vivido con una personalidad literaria tan avasallante como la de mi padre y con otra muy pura y especial como la de mi madre, nunca se sintió influido por ellos.

 

Publicó en vida Canto profético al Primer Mundo (1944) y El orden visible (1956). De manera póstuma se publicó Memorial y llaves (1964) y Pavana del gallo y el arlequín (1967).

Su poética se caracteriza por una riqueza del lenguaje, profunda musicalidad, visiones alucinadas únicas de extrema belleza. El crítico chileno Ignacio Valente, en un artículo aparecido en el diario El Mercurio (con fecha 19 mayo de 1968) dijo sobre Pavana del gallo y el arlequín:

 


Esta poesía se mueve en círculos de encantamiento, en la más pura magia de la infancia. Parece no haber despertado al mundo de los hombres, a la historia, al intelecto. Se da como rito de la imagen, como una inocencia primera de la fantasía; como una segura libertad de la imaginación creadora. Su mundo, sin embargo, no es un paraíso; está teñido de una esencia trágica, conoce la soledad y la angustia, y contiene a cada paso lo terrible. Es un extraño poder infantil el que convoca a las imágenes, como el poder de un niño que, sin embargo, sólo vive ya en el corazón de un trágico adulto, en “el insomne huésped que soy cuando de noche entro en mi ser visible”, niño desterrado por siempre, “solemne, vertical, desterrado, como un águila ebria sobre una isla en llamas”

 

Quienes le conocieron dicen que emanaba un aire infantil, casi irreal, pero eso se contrapone con sus potentes y cargados versos nutridos de magnas visiones. Una complejidad extraña e inquietante. Me pregunto, ¿cómo experimenta la vida una persona que guarda dentro de sí tan avasallante intensidad?, ¿cómo se puede vivir teniendo esos atisbos de otros planos de existencia? Evidentemente, Carlos de Rokha tenía una naturaleza única, neurodivergente, su constitución mental le brindaba una forma de ser y estar en el mundo con una sensibilidad radical que él supo canalizar en cada una de sus creaciones.

Encuentro en su poética un tono épico, un canto expansivo:

 

A LA LLEGADA DE LAS HORDAS

 

Mi gran furor que os dará la medida de mi cólera.

En fuga al centro de mí y hacia mi ser en lo profético desencadenado.

Mi pasión por la noche, mi clarividencia.

De poseso coronado por Orfeo y la Bella.

Me hacen más libre, y a la vez, más dichoso y más múltiple.

Que vosotros que todo lo tenéis.

Que vosotros oh corsarios blancos.

Oh, hijos de un cielo que habéis adquirido al menor precio.

A quienes nunca he visto jugarse una última carta.

Como quien juega su cabellera a las aguas envenenadas.

En el supremo juego donde el que pierde es el gran victorioso.

¿No os espanta mi lengua de animal solitario?

¿O no es a vosotros a quienes ciega

mi ojo centelleante como un vasto océano?

Temedme. Alejaos de mí.

Soy el monstruo sagrado, el asesino celestial y benigno.

Aquel que jamás tuvo nada, pero aún así

Su inaudita riqueza sobrepasa a la vuestra.

Porque yo hice mío lo desconocido.

Yo he tocado los límites del infinito.

Y, por último, sabedlo!

Vosotros, que alardeáis de santidad y pureza.

Nunca estaréis tan cerca de Dios como yo.

Que soy la otra cara de Él.

Que soy la eternidad que revive en un hombre.

Que soy una edad desconocida.

Avanzando de himno en himno, de conjuro en conjuro.

Hacia el centro de mi corazón.

Hacia los mundos puros, los mundos malditos, los mundos negados.

Donde he llegado a ser

Un titán bronceado por los sueños

Y que marcha, sí, que marcha.

Abrazado a su abismo como a un postrer anhelo.

 

En otros textos, una inigualable ternura, como se evidencian en los versos dedicados a su madre fallecida:

 

15

 


He pensado en los ríos que nacen del amor,

Y en las vastas ciudades que se forman a su hondo conjuro.

Cuando el hombre quiere ordenar su visión del abismo,

y todo nos ciega como una luz que volviera de los más lejanos pasos:

porque entre ellos retorna la madre con un infante muerto entre sus brazos.

He pensado en las muchachas de otros días y en el vino de otras tardes,

que ahora me parece más amargo, porque tus manos no lo sirven.

Y una lágrima seca hiere el pan del héroe.

Mientras tus manos se alzan y extienden un mantel sobre la mañana.

(El mantel cae en la silla donde mi padre se ha sentado a esperar tu regreso).

Y también te digo que el pan este año ha tenido otro sabor.

Porque tus manos no cortaron la bíblica medida.

 

(Yo sé que tú rebanas algún pan para “Dios”).

Porque tu muerte ha despoblado el mundo.

No duermes: siembras, sin embargo,

La tierra de los sueños. Estás inmóvil, pero avanzas,

De pie como un sacro río contra el muro del tiempo.

 

Destacan en sus poemas deslumbrantes imágenes surrealistas, como por ejemplo:

 

RITO

 

En este cielo del sueño te oigo cavar cerca de mí

el puro presagio de una tierra de lámparas.

 

Este génesis dormido, este ensayo en el agua.

Tu júbilo liberador, identidad del asombro

A qué viajeros con dulces óleos baña

Si los alquimistas del mar cierran los libros,

Si niños vitrean conejos de Viernes a Sábado y demás?

 

Yo veo a un malayo asesinar en tus manos perlas líquidas

hojarascas de arpilleras el follaje de un charco quemado por la luna

donde me lava el verde aceite de tu noche bebido en el té de los deudos.

 

Donde te pido yo sino un libro de sueños del mar?

Dame, te digo, un puñal de alabastro para el viaje.

 

Te pido un paseo bajo tus pestañas que imitan las ruedas de un molino

Que se cierran y se abren según el movimiento de las hojas

Pero que se incendian en el germinar de los dorados frutos.

 

Tus pestañas sombrean las calles absurdas, abaten los acantilados.

 

Tállame, niña, en el calendario de tus ojos egipcios

Espérame, duquesa, a ese mudo presagio de la tierra de los pinos.

 

Carlos de Rokha falleció a los 41 años por una sobredosis de fármacos y alcohol. Su muerte afectó profundamente a su padre, Pablo de Rokha, quien nunca pudo recuperarse de la muerte de su hijo. En “Carta perdida a Carlos de Rokha” escribió: “El sello del genio de Winétt te persiguió, como una gran águila de fuego, desde la cuna a la tumba, pero no te influyó, porque no te influyó nadie, encima del mundo. Perdóname el haberte dado la vida.”

Mahfúd Massís, cuñado de Carlos, se refirió a su muerte de la siguiente forma:

 


Carlos fue el ángel sediento, desinteresado, atormentado, que cumplía una sola función en el mundo, una sola función, y ninguna otra, una función principal, impuesta por el destino de su organización psíquica, y hasta física, pues todos sus rasgos acusaban al poeta sin redención posible. Era, así, el poeta irremediable, el poeta sin salvación, condenado desde la partida. Terrible, triste, envidiable destino.

 

Asimismo, Enrique Lihn le dedicó Elegía a Carlos de Rokha en su libro La pieza oscura (1963).

Carlos de Rokha, un alma sin precedentes, un ser sintiente extraordinario que siempre tendremos en nuestro corazón:

 

DE PROFUNDIS

 

Desde este amargo té me vuelvo hacia el demonio

apenas entrevisto por el insomne huésped

que soy cuando de noche entro en mi ser visible

cansado de mi viaje y de la larga

locura que hace tiempo absorbe mis dos sienes.

Me vuelvo a la ceniza y al vaso de mi sangre

con las venas ardiendo y el rostro amortajado,

más la espalda llagada, doliéndome el costado,

dando perdón al denodado

enemigo que soy de mí mismo y de mi alma.

Solitario por dentro, fatigado,

sin esperanzas como

un Cristo de abismal perspectiva

sobre el madero de mi columna vertebral crucificado

por los días que vivo buscando una respuesta

a la angustia que asalta mis ojos cuando duermo.

Oh deudo, oh desolado

centinela del tiempo, vigía sumergido

en la sangre, en el vino y la tierra: ese soy,

esa es mi sed, esa mi hambre, esa mi soledad, esa mi angustia,

y en mí mismo me acabo

por dentro como un viento que hacia el cielo se impulsa.

Desterrado por siempre, solemne, vertical, desterrado

como un águila ebria sobre una isla en llamas,

ya sin ansias de todo lo vivido

me vuelvo a la vigilia de mi cáliz,

y nada, nada espero de los días que vienen,

sino una azul espada que me destroce el alma.

 



GLADYS MENDÍA (Venezuela, 1975). Poeta, ensayista, editora. Traductora del portugués al castellano, contando entre sus trabajos de traducción la antología poética de Roberto Piva titulada La catedral del desorden (2017). Fue becaria de la Fundación Neruda (2003 y 2017). Participó en el Taller de creación poética con Raúl Zurita (2006). Ha publicado en diversas revistas literarias, así como también en antologías. Sus libros: El tiempo es la herida que gotea, 2009; El alcohol de los estados intermedios, 2009; La silenciosa desesperación del sueño, 2010; La grita. Reescritura de Las Moradas, de Teresa de Ávila, 2011; Inquietantes dislocaciones del pulso, 2012; El cantar de los manglares, 2018, Telemática. Reflexiones de una adicta digital, 2021; LUCES ALTAS luces de peligro, 2022 y sus más recientes libros co-creados con Inteligencia Artificial: Fosforescencia tigra, Aire y Memorias de árboles (2023). Es editora fundadora de la Revista de Literatura y Artes LP5.cl y LP5 Editora, desde el año 2004. Cofundadora de la Furia del Libro (Feria de editoriales independientes, Chile). Como editora ha desarrollado más de veinticinco colecciones entre poesía, narrativa, ensayo y audiovisuales, publicando a más de 500 autores. Integra, con Floriano Martins y Elys Regina Zils, el equipo de traductores del “Atlas Lírico de Hispanoamérica”, de la revista brasileña Acrobata.




LAURA AIDAR (Brasil, 1984). Artista visual y fotógrafa. Licenciada en Educación Artística por la Universidade Estadual Paulista (Unesp) y graduada en Fotografía por la Escola Panamericana de Arte e Design. Fue docente en las escuelas municipales y estatales de São Paulo durante 6 años. Trabaja en proyectos sociales y otras instituciones (como el Sesc) impartiendo cursos de arte y fotografía para jóvenes y adultos. Realiza investigaciones y trabajos artísticos de autor utilizando lenguajes híbridos. Crea contenidos online sobre temas relacionados con el arte, la cultura y la comunicación desde 2019. En 2021 realizó la exposición Linhas Imaginadas, en la Galeria Casa Lebre, en Bragança Paulista. Según ella, esta exposición se caracteriza por ser un manifiesto a favor de la autonomía femenina, la expresión genuina, la elección consciente, lúcida y desilusionada. Laura es la artista invitada de esta edición de Agulha Revista de Cultura.




Agulha Revista de Cultura

Número 243 | outubro de 2023

Artista convidada: Laura Aidar (Brasil, 1984)

editora | ELYS REGINA ZILS | elysre@gmail.com

ARC Edições © 2023 

 


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