terça-feira, 31 de outubro de 2023

JOSÉ ANGEL LEYVA | Germán List Arzubide y la carcajada estridentista

 


A Germán List Arzubide, en sus 97 juveniles años, deberá, seguramente, ocurrirle lo que a muchos escritores de ciencia ficción que han logrado sobrevivir a sus fantasías para atestiguar cómo se diluyen en la realidad contemporánea. El estridentismo encuentra en esta época su mayor sentido, su hábitat. Ya no son los cables de luz, los aeroplanos, la radio, el teléfono, el cinematógrafo los motivos de vanguardia estética; ni las consignas comunistas, ni los versos proletarios, el camino que recorran las voces políticas de la inconformidad. Nuestras urbes son Estridentópolis sin convicción, donde extrañamente se distancian los objetos y la ideas, las palabras y la vida, la percepción y el tiempo, el espacio y nuestros ojos, los signos y las emociones. Para muchos hemos arribado al fin de las vanguardias, al desvanecimiento de un espíritu romántico que permeó toda acción de rebeldía o de conformidad, si quiere verse a ésta, de algún modo, como una postura de rebelión contra los inconformes. Ni siquiera los estridentistas se escaparon, en su anti-romanticismo, en su vocación irreverente, de esa presencia religiosa y ciega de las ideologías, del carácter trágico de la libertad.

Es cierto, nos encontramos en la cima de un tiempo que acumula muchísimas batallas ideológicas, sueños de justicia, visiones poéticas que se han vuelto señoras, miserias enriquecidas por la infamia y el dolor humano. Nos hallamos en un punto más alto que el de ayer, más tecnificado, pero más ignorante de sí mismo, pasmado frente a un horizonte social e individual que se advierte esplendoroso o devastador, según sea la lectura que hagamos de este nuevo alfabeto sensible que se despliega en la cotidianidad.

Algunos poetas, al parecer una buena parte, deciden darle la espalda a ese supuesto vacío que nos provoca lo nuevo y buscan una vez más el paraíso perdido, el paraíso que estoy seguro nunca ha existido para el hombre, porque este ya nació en la culpa, en la negación de la inocencia. Muchos se atrincheran en la fe de un mundo bucólico, adornado por la nostalgia de un pasado inexistente, mientras la mancha urbana crece en nuestras almas, pues como dijera Cioran: “La Naturaleza cometió algo más que un error de cálculo permitiendo al hombre: cometió un atentado contra sí misma”. No somos inocentes, ni la naturaleza es conservadora, aceptémoslo, no hay vuelta al paraíso de nadie.


Los andamios interiores y exteriores de Manuel Maples Arce o de Fermín Revueltas, como en el resto del grupo inicial, no se sostienen de manera simplista en el culto por la máquina o la herramienta, sino en su inevitable incorporación a la mitología, a la concepción misma del drama humano, a la sensibilidad naciente. No es futurismo, es la manifestación natural de un grupo de hombres que vaticinan nuevos y complejos escenarios a partir de esos elementos tecnológicos que se insinúan en un México posrevolucionario, esencialmente campesino, que contrasta con una intelectualidad cosmopolita que vive nucleada en la capital del país, en grado de ebullición. Es la recreación de una realidad chillante en su colorido nacionalista (la plástica), estridente en su identidad histórica, cultural (la literaria). No sólo es la consigna provocadora de “Muera el cura Hidalgo”, sino fundamentalmente la inauguración de imágenes que dan lugar a un espacio mítico, Estridentópolis, y a un centro de reunión sin tiempo y sin propiedad, El café de nadie, donde los verdaderos héroes, los estridentistas, se reúnen a inventar de nuevo el mundo. Pensaría que estaban preparando atmósferas para los moneros de hoy, diseñando el humor de los caricaturistas mexicanos de fin de siglo.

La plasticidad léxica de los estridentistas, que festejaba el filólogo Pablo González Casanova, brotaba del buen talante y de la agudeza mental, y no del resentimiento o de la fe, de la acidez de la mediocridad. La novedad de sus metáforas provenía de la tradición (¡Viva el mole de guajolote!) y de los vientos vanguardistas que azotaban a la imaginación retardataria y lacrimosa (¡Chopin a la silla eléctrica!). El juego de imágenes en correspondencia con las palabras que busca precisamente la equivalencia con la realidad. En palabras de List Arzubide: “Nuestra metáfora interpreta simultáneamente el estado espiritual y la visión material o sea la imagen doble, que es el aporte más valioso que hemos dado los estridentistas de la poesía”. Pero el pueblo mexicano, al margen de sus instituciones y de las formas acartonadas de una clase media puritana y acomplejada, ejerce un lenguaje elástico, capaz de sintetizar en imágenes las emociones, la idea y sus posibles sentidos de acuerdo a diferentes circunstancias. El yo y la situación. Metáforas populares que echan mano de los objetos que decoran o activan el exterior, pero que forman parte del espacio íntimo de los individuos. Lo material y lo espiritual comulgan para no dejar lugar a dudas: “por fin me cayó el veinte”, “ando pasando aceite”, “me lleva el tren”, “no te lo puedo decir, hay pajaritos en los alambres”, “creo que me hizo cambio de luces”, “daré otra vuelta de rosca”, etcétera. El paisaje entra en comunión con la atmósfera sentimental a través de un hilo verbal que desolemniza la vida. Un lenguaje dinámico que se identifica con la imagen cinematográfica. Con el cine nació la visión de la vida cotidiana como espectáculo, y apenas ha cumplido cien años de edad, su lenguaje se está perfeccionando.


Es éste, pues, un tiempo para desterrar el sentido trágico de la existencia, para escribir montado en el lomo de una revolución cultural sin precedentes, para inventar otras vanguardias desprovistas de fundamentalismos, para concebir en esas realidades virtuales el poema nuevo, la estética estridente que revelara Germán List Arzubide en una conferencia sobre el Movimiento: “Con las equivalencias llegamos a lo que Epstein afirmó de la metáfora: que era un eje de inducción. Para nosotros fue, además, la síntesis de nuestra relación con lo que nos rodea y pudimos ir así de nosotros hacia las cosas y sucesos; introducir la vida ambiente en nuestro ser: animar los objetos para hacerlos decir lo subjetivo o dar a lo subjetivo una calidad material.”

Por eso insisto en que la poética de este tiempo está en los sueños, en la risa, en el placer de los sentidos de los hombres que todavía pueden rebelarse a no dejar de ser lo que ordenan los deseos. La estética es ese panorama de silencios, de signos extraños que despiertan una sonora carcajada, que encienden la luz de cada día.

Estamos aquí, esperando un nuevo siglo, festejando la suerte de tener a un poeta a quien el chileno Armando Zegrí le recordara que “ningún estridentista es viejo. Más todavía: que el estridentismo es la antítesis de la vejez”, pero además le dijera a propósito de su formidable carcajada: “La risa es la conquista más grande de la civilización, amigo mío. El hombre primitivo no sabía reir.”





JOSÉ ÁNGEL LEYVA (México, 1958). Poeta, narrador, periodista, editor y promotor cultural. Dirige la editorial y la revista literaria La Otra y es colaborador habitual del suplemento cultural del diario La jornada. Dirige la Editorial de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Ha publicado más de 25 libros de poesía, narrativa, divulgación de la ciencia, periodismo y ensayo. Entre los que destacan: Libros de poesía: Catulo en el Destierro (México 1993 y 2006; Francia, 2007; Colombia 2012); Entresueños (1996); El Espinazo del Diablo (1998); Duranguraños (2007); Aguja (España, 2009; Italia, 2010; México-Quebec,2011); Habitantos, Colombia 2010; Cristales Sólidos, Colombia, 2010; Carne de imagen (antología, en Monte Ávila, Venezuela, 2011); Tres cuartas partes, Mantis, México, 2012, Serbia, 2012, La Garúa, Barcelona 2020; Destiempo (antología personal, Col. Poemas y Ensayos de la UNAM), 2012; En el doblez del verbo, Caza de libro, Colombia, 2013; Luz y Cenizas, México, 2019; Exorbitant, L’Harmattan, Francia, 2020. Otros: Enrique Arturo Diemecke. Biografía con música de Mahler, Siglo XXI editores, 2019; Anacrónicas, Fondo de Cultura Económica, 2021. Libros suyos han sido traducidos íntegros al francés, italiano, serbio, polaco y parcialmente al inglés, sueco, portugués, rumano, árabe y turco.




LAURA AIDAR (Brasil, 1984). Artista visual y fotógrafa. Licenciada en Educación Artística por la Universidade Estadual Paulista (Unesp) y graduada en Fotografía por la Escola Panamericana de Arte e Design. Fue docente en las escuelas municipales y estatales de São Paulo durante 6 años. Trabaja en proyectos sociales y otras instituciones (como el Sesc) impartiendo cursos de arte y fotografía para jóvenes y adultos. Realiza investigaciones y trabajos artísticos de autor utilizando lenguajes híbridos. Crea contenidos online sobre temas relacionados con el arte, la cultura y la comunicación desde 2019. En 2021 realizó la exposición Linhas Imaginadas, en la Galeria Casa Lebre, en Bragança Paulista. Según ella, esta exposición se caracteriza por ser un manifiesto a favor de la autonomía femenina, la expresión genuina, la elección consciente, lúcida y desilusionada. Laura es la artista invitada de esta edición de Agulha Revista de Cultura.




Agulha Revista de Cultura

Número 243 | outubro de 2023

Artista convidada: Laura Aidar (Brasil, 1984)

editora | ELYS REGINA ZILS | elysre@gmail.com

ARC Edições © 2023 

 


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