sábado, 19 de setembro de 2026

ADRIANA BRIFF | El inicio de una nota a Juana M. Ramos

 


Las historias de nuestros países, las historias de dolor, se entrelazan con nuestras palabras. Somos eso, somos esa herida que venimos cargando y al final nos aflora y se concreta en el poema.

JUANA M. RAMOS

 

La voz de la poeta Juana M. Ramos está impregnada de belleza, una contundencia de sentidos que nos conduce a una lectura panorámica. Leer a Juana es recorrer un territorio, desconocido para muchos de nosotres que abordamos a su poesía desde un desconocimiento cultural marcado por el colonialismo blanco que nos han transmitido. Abrirnos camino por los colores, los recuerdos y la historia de El Salvador de la mano de las palabras seleccionadas por Juana para pintar su ciudad, Santa Ana, es una experiencia única de lectura. Un lugar abierto, como una ventana hacia lo verde que nos invita a recorrer caminos no para transitar la luz trivial de lo bello, sino para encontrarnos con la belleza de transformar el dolor y el desgarro que dejan los adioses que dan lugar a las bienvenidas.

Juana reside en la ciudad de Nueva York y es profesora de español y literatura en York College, CUNY. Desde su actividad docente y cultural, ha entramado lazos con poetas de México, Argentina, Colombia, República Dominicana, Honduras, Cuba, Puerto Rico, Guatemala, España y obviamente El Salvador, donde no sólo ocupa un lugar fundamental representando a su diáspora sino en trabajo abriendo puertas para las nuevas generaciones de escritores.

En el año 2020, trágico para nuestra humanidad que se vio asolada por la muerte, dio inicio a EntreTmas, un espacio literario en Facebook en el que promociona el trabajo de escritoras y escritores latinxs y latinoamericanos a través de material audiovisual. En 2023, junto con la poeta argentina Margarita Drago, la artista visual y narradora cubana Jacqueline Herranz Brook, la poeta dominicana Yrene Santos y las dramaturgas y actrices Zaida Corniel y Eva C. Vásquez, dio inicio a la revista digital y semestral EntreTmas Revista Digital, dedicada a difundir a los poetas, narradores, dramaturgos y artistas visuales que producen sus obras en español en la ciudad de Nueva York, Latinoamérica y el Caribe.

Hoy también dirige la Colección Libros Imposibles, junto al poeta, traductor y ensayista brasileño Floriano Martins.

Desde hace más de tres años, y desafiando la escalada antiinmigrante que reina en Estados Unidos, Juana M. Ramos y Margarita Drago han creado Palabra-Imagen-Escena (PIE), un espacio literario de resistencia en Terraza 7, un bar emblemático en Queens, por su consecuente tarea en apoyar la lucha política y social de los migrantes. Los domingos a las 5 pm de la tarde, allí convocan a autores y gestores culturales para dejar registro del cuerpo colectivo que forma parte del acervo cultural migrante.

En su libro Aquí no hay gatos, editado por El Pez Soluble y parte de la Colección de Narrativa Pan, su relato “Denominador común”, lleva como epígrafe la cita de la escritora argentina María Teresa Andrueto: El regreso es una búsqueda inútil de lo perdido.

 

AB | ¿A dónde se regresa cuando se viaja desde la escritura?

 

JMR | Sin duda, querida Adriana, se regresa a la memoria emocional. El texto, poético o narrativo, en mi caso, se dispara a partir de un estímulo sensorial que le habla a alguna emoción, lo único que sobrevive del evento vivido. Es ahí donde regreso, es en ese espacio donde parte de mí sigue morando.

La letra M en la composición del nombre de Juana tiene una connotación fundacional. En el mismo libro, su relato “9 de septiembre”, nos dice: recuerdo a abuela como un roble.

 

AB | ¿Qué es la abuela en la vida de Juana y cómo esta presencia la acompaña en su creación?

 

JMR | Abuela es el pilar de mi memoria. Viví gran parte de mi vida con ella. Su presencia fue refugio. Aprendí de ella la fortaleza, pero también la ternura. A abuela la llevo a flor de piel y me ha protegido, desde todos los planos que habitó y habita, cada día de mi vida desde que tengo uso de razón. Abuela fue una mujer que se enfrentó a la realidad del momento que le tocó vivir. Amó y también experimentó la contraparte del amor. Sus circunstancias nunca la vencieron; por el contrario, le sirvieron para imaginar otras posibilidades para seguir adelante. Y las concretó. Está presente en cada texto, incluso en aquellos que no hablan de ella, porque al escribir parto siempre de la gratitud (por muy borrascoso que sea el texto) de haberla tenido en mi vida.

 

AB | En este libro, los sueños forman parte de una serie de diez escritos que le abren al lector una puerta a un territorio inmaterial palpable. Desde el mundo onírico, la escritura de Juana M. Ramos nos permite conocer esos instantes atemporales que nos quedan para conocer los misterios de una tela visual que ella teje con palabras. ¿Cómo se presentan los elementos sobrenaturales en la escritura de Juana M. Ramos? ¿Qué voz habla desde este espacio?

 

JMR | La serie “Onírica”, que forma parte de Aquí no hay gatos, rompe por completo con el tono de los relatos que le preceden y le suceden. No obstante, desde dentro de cada “onírica” nada es sobrenatural, dado que en los sueños todo forma parte del mundo “cotidiano” en el que se desarrollan. Nada es cuestionable en el andamiaje surreal desde el que la voz narrativa cuenta las particularidades que experimenta. En ese mundo reside todo aquello sin resolver y, en ocasiones, también emergen soluciones que en la vigilia no logramos ver.

Por otro lado, desde ese espacio hablan todas las voces que me dan forma, desde la niña que busca el abrazo de su madre hasta la mujer que se mueve con soltura y destreza en esta ciudad “de luces y de sombras”, como digo en algún poema.

 

Una conversación pendiente

 


El escritor, investigador y profesor de Cábala Mario Sabán dice que todo exiliado por su desarraigo territorial está llamado a realizar un trabajo de retorno a su patria desde el alma, y se convierte así en un empoderado que lleva su patria álmica a donde va. Hay, de alguna manera, una apertura que nos hace traspasar los límites territoriales y llevarlos a otros territorios. Esta idea flota como una nube en mi cabeza mientras leo la poesía de Juana. La tensión de la palabra pendiente nos lleva a una búsqueda. La voz de la angustia que no pudo llegar a ser presencia para transformar esas realidades que hoy son remembranzas. La impotencia de lo que no puede cambiarse, la impunidad que pesa, pero no por eso se elige el silencio ante la injusticia, sino el dejar constancia como forma de denuncia.

En “La ciudad se ha inundado de paraguas”, Juana grita junto a las mujeres de su pueblo… Ciudad cuchillo, ciudad navaja, ciudad machete…

 

AB | ¿Cómo piensa Juana al lenguaje desde el designio impuesto de haber nacido mujer y qué se hace con ese legado?

 

JMR | El lenguaje lo pienso como espacio de resistencia y de construcción y redefinición de mi identidad como mujer “queer”. No diré que pretendo redefinir las identidades de “todas” las mujeres, pero sí que mi trabajo literario y académico sirvan como posibilidades para aquellas que se acerquen a él. Históricamente las mujeres han sido silenciadas y mediante “la palabra” han sido moldeadas por narrativas ajenas (patriarcales, misóginas, machistas, etc.) y se han reforzado estereotipos que las relegan a roles secundarios. Es importante resemantizar conceptos, ideas y expresiones para construir epistemologías que aborden y propongan otras miradas que impulsen y amplifiquen las voces femeninas para desmantelar eso que, como mujeres, hemos internalizado como verdades/realidades incuestionables e inamovibles.

 

AB | ¿Qué viaje emprende una mujer que decide irse de su tierra? Y en el caso particular de Juana, ¿irse fue una decisión?

 

JMR | Se emprende un viaje de re-identificación. Abandonar la tierra natal es dejar atrás, de forma violenta, esa identidad que nos ha acompañado hasta el momento de la partida. Para mí significó re-conocerme en esa muchacha protegida por sus abuelos; en esa niña que aprendió a ser fuerte y a reescribirse en una suerte de diario rudimentario en el que anotaba sus sentires después del divorcio de sus padres; en esa adolescente que se enfrentó a la distancia física de una madre que no tuvo más opción que emigrar para darles una vida mejor a sus hijos. Emigrar, no por decisión propia, fue verme completamente, tomarle la mano a esa muchacha provinciana para desplazarnos juntas a una nueva realidad, la de una ciudad-fiera que era necesario domar. Es un viaje con escalas, que me obliga a detenerme un poco y a reflexionar sobre el viaje mismo. Ahora soy esa mujer neoyorquina que no suelta ni un segundo a la que fui en los distintos estadios de mi vida en El Salvador, a esa que me ha ayudado a transitar por este proceso identitario.

 

AB | ¿Cómo fue el desarrollo de su escritura al llegar a New York?

 

JMR | En Nueva York empecé a escribir con conciencia de escritora. Tuve la suerte de conocer a mujeres que ya habían abierto espacios en la ciudad para visibilizar sus voces y las voces emergentes de otras escritoras que buscaban un lugar en la escena literaria y cultural neoyorquina. Es en Nueva York donde dejo de engavetar lo escrito. Es en Nueva York donde publico por primera vez, y desde donde doy el salto para compartir mi trabajo poético con otros escritores a lo largo de Latinoamérica –y otras geografías aún más lejanas–. En Nueva York renazco.

A través de la lectura de los poemas vamos recorriendo las ramas de un árbol familiar que fue creciendo entre risas de tías, olores de comidas, conversaciones y cuidados. La costura de esa máquina Singer que en las noches arrullaba los sueños de una inocencia que desconocía la violencia, las separaciones y el desmembramiento que imponen los exilios.

 

AB | ¿Cuán decisiva fue en la obra de Juana la figura de su madre como referente de libertad?

 

JMR | Me atrevería a decir que mi poesía se sostiene sobre una gramática materna. Mi madre me enseñó a nombrar y a calificar el mundo que me rodeó desde pequeña, aprendí la cadencia de esa realidad, los tonos y los ritmos, a expresar el dolor con estructuras escuetas y precisas, y la ternura con un andamiaje amplio, espacioso, prolongado. Mi escritura se cimienta en esa gramática. En la poesía soy libre, transito en cada texto con naturalidad, me manifiesto sin poses ni afectación, pero sí con mucha fuerza y soltura; con honestidad y ecuanimidad. Mi madre desafió a una sociedad muy conservadora al divorciarse cuando yo tenía diez años. Tuvo que sortear una serie de obstáculos cuyo principal flagelo fue la actitud machista de mi padre. No obstante, ella tomó a sus dos hijos y les demostró a todos que podía salir adelante. Claro está que tuvo que pagar un alto precio: separarse por un tiempo de sus hijos para buscar nuevos horizontes y oportunidades. Su vida no ha sido fácil. Su fortaleza y valentía han sido el más edificante de los ejemplos. Sí, mi madre es referente y pilar de mi obra, como también lo es mi abuela. Me sostengo de esas dos figuras femeninas que, de alguna forma, son modelos disidentes que objetan el mandato patriarcal. Observo, enuncio, escribo gracias a la libertad que me han heredado y que tanto agradezco. Ambas son, además, un tema inagotable que se interconecta con todo lo que me interesa y me ocupa.

 

AB | ¿Cuán determinante fue la figura paterna en la construcción de una vida que rompió con la herencia patriarcal?

 


 JMR | Fíjate que es interesante cómo funciona esa imagen paterna en mí. En mi imaginario, mi padre representaba “el poder”. Debo confesar que sentía que su figura me daba una suerte de prestigio y también me volvía vicariamente “poderosa”. Me explico: mi padre tenía un puesto importante dentro del Ministerio de Educación en los años 80. Era Gerente Regional de la zona occidental del país. Algunos maestros se me acercaban para pedirme que intercediera por ellos para lograr los traslados que deseaban (ya fuera de una escuela rural a otra en la ciudad, entre otras cuestiones) y yo hablaba con mi padre y él los ayudaba. Esto me seducía mucho y veía en mi él una figura a seguir. Por otro lado, empecé a entender a mi padre desde la expresión popular “luz de la calle, oscuridad de su casa”. No fue un buen padre ni un buen esposo, fue lo que pudo ser, lo que aprendió a ser. Cuando tuve las herramientas para hacer un análisis crítico, pude entender todo lo que era: el heredero de una sociedad patriarcal y ultraconservadora, todo aquello con lo que me he propuesto romper. Admiro aún algunas facetas de mi padre, de otras, deseo deslindarme. Es una tarea difícil, porque debo decirte que, de todos sus hijos, soy la más parecida. Creo que el poema que mejor expresa esto que torpemente te he dicho aquí es “Heredera”, un texto que escribí tomando a mi padre como referente, como ese espejo que me devuelve todo lo que deseo cambiar en mí.

 

AB | ¿Se puede desde la escritura responder a ese llamado de la conversación pendiente?

 

JMR | Totalmente. Tengo muchas conversaciones pendientes, algunas, las más importantes, las he concretado mediante la escritura. La poesía, particularmente, es el lugar en el que puedo convocar a mis fantasmas, a esas subjetividades que ya no están y con quienes debo saldar cuentas. Uno de esos fantasmas es mi padre. “Una conversación pendiente”, poema que le da título a uno de mis libros, es eso, un ajuste de cuentas con él. Debimos haber conversado, pero las heridas sangraban demasiado y para evitar una hemorragia pospuse esa plática. Mi padre murió y esa charla se me quedó atorada en la garganta, me asfixiaba, y fue la escritura la que me procuró el tiempo y el espacio apropiados y justos para desatar ese nudo gordiano en el que se convirtió la relación entre mi padre y yo.

 

Aparecen las palabras

        medio tímidas

son murmullo,

con miedo se sujetan

unas de las otras.

 

(Fragmento de “El poema”)

 

Es un Domingo de Pascua del año 2026 y las playas de la ciudad de Los Ángeles sobreviven al terror de los ejércitos paramilitares de ICE, desde el sol y la alegría. Una ciudad que ha sido sitiada por el terror y la violencia en las paredes de sus calles grita: “Estos son los terroristas domésticos”, mostrando los rostros enmascarados de los agentes ilegales pagados para perseguir a los migrantes.

El terror estatal ahora presente en Estados Unidos durante la segunda administración de Donald Trump nos remite a esos tiempos de espanto de nuestros países, cuando la impunidad del poder decidía la vida y la muerte de sus ciudadanos. Miles desaparecieron y aún estamos reclamando por la verdad de los destinos de esas vidas truncadas sin motivo.

Caminamos, entre el sol, las olas y los frescos aromas de las frutas recién cortadas que nos traen las memorias felices de aquellos que hemos conocido el eterno verano de nuestra América Central.

Así deberían ser las playas en nuestros países si la felicidad no nos hubiera sido arrebatada, nos decimos, y es que la guerra civil de El Salvador es una herida que no cierra y está presente en los relatos, en las charlas y hasta en la alegría. Es parte de la identidad de ese pueblo, que sigue luchando por su identidad y su independencia.

 

Juana M. Ramos junto con Margarita Drago fueron las editoras del libro Tomamos la palabra. Mujeres en la guerra civil de El Salvador (1980-1992), un libro de antología testimonial, editado en el año 2016 por UCA Editores. Es un libro imprescindible para comprender el presente de este país desangrado por el crimen institucional sostenido por una clase dominante privilegiada que ve en la justicia social una amenaza.

 

En ese libro Juana escribe: De la guerra me alcanzaron sólo las esquirlas: apagones, toques de queda, balaceras nocturnas que nos obligaban a saltar de la cama y resguardarnos. Ignoraba por completo la participación de algunos miembros de mi familia en el proceso revolucionario. Nunca se habló de ello. [Fragmento de “De las guerras de la memoria a las memorias de la guerra: Las mujeres tomamos la palabra”.]

 

AB | Después de esta experiencia de investigación junto a la poeta Margarita Drago, ¿es posible hablar hoy de una poesía campesina en El Salvador?

 

JMR | Ciertamente la poesía surge en todos los rincones de ese país que lleva por bandera una herida abierta que sigue mirándose a sí misma sin la esperanza de cicatrizar. Ahora bien, Tomamos la palabra. Mujeres en la guerra civil de El Salvador (1980-1992) es un libro que nos dejó, tanto a Margarita como a mí, la oportunidad de experimentar, a través de la memoria colectiva femenina y, en algunos casos, feminista, la otra cara de la Historia. Esa otra Historia en la historia de cada una de esas mujeres que fueron parte activa, desde diversas trincheras, del proceso revolucionario. Sería muy irresponsable de mi parte hablar de una “poesía campesina”, dado que, en la actualidad, no estoy familiarizada con esa vertiente en el país. Sí podría hablar de una poesía costumbrista que busca caminar de la mano de una suerte de identidad nacional. Ahora bien, sí te puedo asegurar, por lo que ese libro nos dejó, que es posible hablar de una poética femenina de la guerra, que da testimonio de un momento histórico que ayudó a redefinir las subjetividades femeninas de esas mujeres que poetizaron su experiencia de vida como parte de las organizaciones que conformaron el FMLN.

 


 AB | ¿Qué lugar ocupa hoy el feminismo en este país y es posible hablar de un desarrollo de los movimientos feministas en el país de hoy?

 

JMR | En la actualidad, en el país se vive un ambiente de represión frente a todos los temas que el Estado salvadoreño considera de corte liberal. El conservadurismo a ultranza se ha impuesto en una sociedad que nunca ha dejado de ser tradicional. Para darte un ejemplo concreto de este oscurantismo que se vive en el país, el presidente Nayib Bukele eliminó todo material educativo que incluyera, incluso, barruntos de ideología de género, aduciendo que “son cosas contrarias a la naturaleza”. Asimismo, prohibió el lenguaje inclusivo. Como podrás ver, frente a la represión de un estado con mentalidad poco más que medieval, el desarrollo de los movimientos feministas se ve afectado. Por supuesto que organizaciones como ORMUSA (Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz), Las Mélidas (Asociación Movimiento de Mujeres Mélida Anaya Montes) y el Instituto de Investigación, Capacitación y Desarrollo de la Mujer (IMU) se mantienen activas para la defensa de los derechos de las mujeres (la niñez, la adolescencia y la juventud).

 

AB | En la página 170 del poemario Una Conversación Pendiente, el poema “La herida” nos regresa al principio de esta propuesta, una charla con la autora para adentrarnos más en su obra y reflexionar sobre la resonancia que deja la escritura en nuestros cuerpos. Los lectores sabemos que de un texto sentido no se sale inmune, por suerte. Ese es el agradecimiento continuo que sentimos hacia los seres que en un acto de valentía y arrojo nos tocan con sus palabras.

 

EN MI HERIDA

 

Tan naufragio soy

    en tu calzada angosta

que insiste en esbozar distancias.

    Nadie vuelve a la escena del crimen,

sin embargo,

   yo, con el puñal en la lengua

vuelvo al crimen

      para lamer tu carne magra

tu delicada carne estrecha

      por momentos vulnerada.

Vuelvo buscando la pulpa

      de tu cuerpo huraño,

vuelvo buscando tu boca entreabierta,

      vuelto a tu tierna borrasca

que toca tierra en la más profunda

    de todas mis heridas,

herida en la que sigues habitando,

      herida de dientes afilados

cuyas fauces te devoran.

 

Después de leer varias veces este poema en voz alta frente a otro mar que no es el de El Salvador ni el de Los Ángeles, me pregunto:

En este presente, ¿con quién dialoga la poesía de Juana M. Ramos?

 

JMR | Mi poesía dialoga con todas las voces que me habitan y se encuentran en el centro para ser una sola; dialoga con el recuerdo de mi padre y con lo que decido conservar de él; dialoga con mi abuela, quien me enseñó de anturios y geranios; dialoga con mi abuelo, quien descifró el lenguaje de los pájaros y de la ternura; dialoga con mi madre, quien deletreó el sacrificio con la fuerza que halló en la urgencia por estar cerca de sus hijos; dialoga con la inminencia de la muerte, del declive, de las debacles que puede que me esperen; dialoga con la condición humana, con todo lo que nos afecta como sociedad, con la trashumancia que nos acompaña desde los orígenes; con el desamor y los desaciertos; con el amor y los aciertos; dialoga con esta que soy y deja de ser para ser una y todos. Mi poesía dialoga con los universos de los que está hecho quien me honra con su lectura; dialoga con la herida que soy y aún no cierra.

 

AB | Esta era mi “conversación pendiente” con Juana M. Ramos. Necesité de la cercanía que nos dio la fraternidad solidaria de la lectura El peso de las palabras que llevamos, compartida el pasado 3 de abril en Beyond Baroque y el 4 de abril en The Last Bookstore, Studio City, en North Hollywood, junto a las poetas Alicia Partnoy, Margarita Drago, Susana Marcelo, Roberto Leni, Francisco Letelier y Carolina Rivera Escamilla, curadora en los dos eventos, para poder responder a este llamado.

Gracias.




ADRIANA BRIFF (Argentina). Hizo su licenciatura en Periodismo en la Universidad Nacional de Rosario y trabajó en la redacción del diario Democracia, de dicha ciudad. En 1989, emigró a la ciudad de San Matero, California, donde reside desde esa fecha. Ha publicado crónicas y textos en medios de Argentina y Estados Unidos. En 2025 publicó su libro Crónicas de los Desayunos, en la Editorial Poetry Ambassador, dirigida por la escritora Genevive Patthey y en directa colaboración con la escritora Carolina Rivera Escamilla y la poeta argentina Cintia Ceballos.




PATRICK LEPETIT (França, 1953). Poeta, ensaísta, colagista e pesquisador ligado à rede acadêmica internacional Mélusine. Com forte atuação no Surrealismo contemporâneo, sua produção intelectual e artística investiga as correntes subterrâneas do movimento, mapeando os pontos de contato entre a criação estética, os mitos tradicionais, o hermetismo e as tradições esotéricas. É autor de diversas coletâneas de poesia (como Rouge solaire e Beauté du funambule) e de ensaios fundamentais, entre os quais Le Surréalisme. Parcours souterrain — obra laureada pelo Institut Maçonnique de France —, Surrealism and Operative Alchemy e La tête d’Ogmius. Surréalisme et mythes celtiques. Na vertente plástica, expande esse mesmo lirismo hermético para o campo das colagens e composições oníricas, projetando imagens ocultas do horizonte de nosso tempo. É o artista convidado da presente edição de Agulha Revista de Cultura.

  



Agulha Revista de Cultura

Número 266 | setembro de 2026

Artista convidado: Patrick Lepetit (França, 1953)

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