quinta-feira, 18 de outubro de 2018

FLORIANO MARTINS | Armando Romero y el tiempo en la esfera quemante del Nadaísmo



La publicación de un libro como la Antología del Nadaísmo (Editorial Sibila, Sevilla, España, 2009), organizada y prologada por el poeta y ensayista Armando Romero (Cali, 1944), él mismo uno de los nadaístas, y en ocasión de los 50 años bien cumplidos de actividad de este movimiento indispensable para la comprensión de las vanguardias en nuestro continente, es un documento valioso, sea por su natural condición histórica, de reunir a lo disperso, sea por el criterio del organizador, que subo ser honesto en su mirada crítica, observando los dos lados, dentro y fuera, de la jornada suya y de sus legendarios compañeros. Ya en 2008 otro nadaísta, Jotamario Arbeláez (Cali, 1940), había organizado algo que se podría considerar como un prototipo de la antología de Romero, un librito que intituló Antología – 12 poetas nadaístas a la hora del té (Universidad del Valle, Cali, Colombia, 2008). En su prólogo, Jotamario observa que estos poetas

…no fueron muy dados al esfuerzo editorial, con alguna que otra excepción galopante, porque consideraron que el envase esencial del poema no es el libro sino el poeta. “Mi obra es mi vida – dijo Dario Lemos mientras se desvivía por vivir –, lo demás son papelitos”. Los editores nunca pensaron que podrían ser buenas presas para el mercado. Y colegas de otras corrientes se apresuraron a desprestigiarlos, aún más, para que no invadieran sus predios. Esos que publican y republican por aquí y por allá, porque merced a su sagacidad burocrática se agenciaron aliados por todas partes.

Además de Armando Romero, cuya obra ha logrado buenas ediciones, dos otros nadaístas tuvieron recientemente libros suyos publicados en México – Paños menores, del referido Jotamario Arbeláez, y Tres libros, de Jaime Jaramillo Escobar (Antioquia, 1932) – en 2006, gracias a los esfuerzos editoriales de José Ángel Leyva. Movimiento impensable sin sus escándalos, sobre todo gracias al escenario que enfrenta en Colombia y que tendrá por tarea romperlo, fue fundado por su autodenominado profeta Gonzalo Arango (1931-1976), habiendo dejado diversos y polémicos manifiestos, dos números de una revista que llega a circular casi diez años después de su fundación, infinitos papeles dispersos, recuerdos de intervenciones, lecturas públicas etc. El libro ahora organizado por Armando Romero tiene entre sus aportes más valiosos el carácter documental. Sobre su preparación, así como sobre el movimiento en sí, tratamos aquí de conversar con Romero, pero antes reproduzco palabras suyas en el texto con que abre esta preciosa Antología del Nadaísmo:

¿Fue y es el Nadaísmo un movimiento revolucionario? Sí y no, podemos responder, sin temor a errar la respuesta, debido a que el Nadaísmo incluye en su mismo núcleo revolución y reacción. Si esto es así, y es más, si consideramos como antes he dejado claro que el Nadaísmo no es esencialmente una escuela o movimiento literario, entonces mi demanda de acción polémica no es válida, ya que no hay derecho a pedirle al Nadaísmo la responsabilidad de vigilar la buena salud de la literatura en Colombia. Por eso el Nadaísmo es lo que es cuando está contra sí mismo, cuando siendo deja de ser. Quizás por esto la abuela de Jotamario le dijo una vez al poeta: “Si el Nadaísmo fuera algo bueno, ya lo habrían inventado en mi tiempo”.

Ahora vamos a la entrevista. [FM]

FM ¿Cuáles son las preguntas y cuáles las respuestas encontradas por el Nadaísmo en lo que respecta a los problemas enfrentados por la sociedad colombiana en los años 50?

AR La pregunta capital del Nadaísmo fue y es ¿por qué? ¿Por qué Colombia es tan especial en el cultivo de una violencia que no tiene parangón en América Latina? Y esa pregunta no ha encontrado respuesta, incluso hoy en día, ya que el Nadaísmo, como hecho histórico, es una respuesta violenta a esta pregunta, lo cual enreda todos los hilos, y así nadie puede salir del laberinto. Sin embargo, paradójicamente, el Nadaísmo fue una depuración literaria para el país, ayudó a darle la última estocada a los rumiantes del modernismo, al romanticismo mortuorio, a los piedracielistas de verso puro y ramplón, a la inteligencia conformista. Sin embargo el  nadaísmo no fue necesariamente un hecho literario, es más bien un movimiento social. Y si se lo quiere analizar como grupo es necesario hacer una combinación de historia y filosofía, porque su enfrentamiento contra el aparato cultural colombiano es más filosófico y vital que literario.

FM En su Primer Manifiesto el Nadaísmo se define como “una revolución en la forma y en el contenido del orden espiritual imperante en Colombia”. ¿Qué se podría afirmar hoy en relación al orden estético?

AR He aquí uno de los puntos básicos de interpretación y análisis del nadaísmo. Vuelvo a repetir lo que decía en la pregunta anterior, el nadaísmo no fue un movimiento literario o artístico en sí, como lo fueron las vanguardias en otras partes de América Latina. No hay un programa literario nadaísta. Hay sí un afán de ruptura, pero cada poeta o escritor puede tomar el camino que piense le corresponde. Lo único que une a los nadaístas es el humor. En una reseña reciente a mi libro Antología del nadaísmo, publicada en El País de Madrid, Babelia, el crítico Edgardo Dobry dice: “A diferencia de otros ismos americanos que apenas fueron más allá que su acta fundacional, la obra de los nadaístas brilla hoy con gozosa intensidad. Por el rico, sutil humor que lo anima; por esa capacidad de volver dócil la lengua y su fijación, a la vez aguda y despojada de toda solemnidad. Una actitud que no parece haber tenido descendencia, ni en su país ni en todo el ámbito de la lengua.”
La crítica poética colombiana en general, que con algunas excepciones es muy ligera, repetitiva y malintencionada, ha decidido hacer de los nadaístas un grupo compacto, en donde sólo se destaca un poeta: Jaime Jaramillo Escobar. Quien es por cierto un gran poeta. Este es un tremendo error de análisis y de visión. Error que está basado en la manipulación de la crítica en función de intereses particulares para poder diseñar una historia de la poesía colombiana a su antojo. Y lo peor es que los jóvenes poetas se han tragado el cuento, y no frecuentan los libros, las fuentes. Los poetas nadaístas, como se puede ver claramente en mi Antología del nadaísmo tienen estéticas y direcciones poéticas completamente particulares, y compararlos es ridículo. ¿Hicieron esto los críticos norteamericanos con los beatniks? No, porque la crítica literaria en los Estados Unidos es independiente de los grupos literarios, de las promociones poéticas constituidas o emergentes. El Nadaísmo, como están haciendo ahora en Europa y en Estados Unidos los críticos, debe verse con poetas aislados, representantes cada uno de ellos de una estética particular.

FM ¿Podrías ampliar más este tema?

AR Sí, permíteme terminar entonces con la idea anterior. Algo en lo que no han reflexionado los críticos colombianos, que son más bien comentaristas de poesía, es que si se tratara de estéticas entonces habría que incluir como nadaístas a muchos poetas que no lo fueron y que empezaron a escribir en la década del 60, valga el caso de Juan Manuel Roca, Elkin Restrepo, Juan G. Cobo Borda, María Mercedes Carranza, poetas estos cuyas estéticas coinciden con algunos de los poetas nadaístas. Y en cuanto a posición vital, hoy en día demuestran seguir el primer camino del Nadaísmo escritores como Fernando Vallejo o Harold Alvarado, que no son simpatizantes de este movimiento. Un caso interesante es el de Mario Rivero, quien se hizo conocer en Colombia gracias al Nadaísmo, y fue uno de los poetas incluidos por Gonzalo Arango en la primera antología nadaísta, Trece poetas nadaístas (1963).
Ahora bien, otra cosa que hay que desmentir, es la creencia popular de que los nadaístas eran unos parias rechazados por los poetas que los precedieron. Los poetas agrupados en torno a la revista Mito prestaron mucha atención a los nadaístas, principalmente Jorge Gaitán Durán. Así mismo, Fernando Arbeláez, Álvaro Mutis, Fernando Charry Lara, Rogelio Echavarría vieron con mucho aprecio la obra de algunos de los poetas nadaístas.

FM Pero si pensamos como poetas aislados, ¿es posible tratar aquí de aportes estéticos a la lírica colombiana?

AR Sí, y esto es muy importante. En algunos intentos de historia de la poesía colombiana se señala a Mario Rivero como el poeta urbano por excelencia. Esto se debe ver desde un ángulo más crítico. En primer lugar, Rogelio Echavarría es ya un consumado poeta urbano cuando Rivero empieza a publicar sus poemas. Si se analiza la obra de Gonzalo Arango y de Eduardo Escobar, que surge al momento de la de Rivero, vemos una gran relación estética entre todos ellos. Prácticamente van por el mismo camino de una poesía que busca en lo simple, en lo cotidiano, en lo claro,  la cara del ser de todos los días, con sus cargas afectivas y sentimentales. Pero Amilkar Osorio, Jaime Espinel y Alberto Escobar difieren substancialmente de ellos, y se lanzan con una poesía que preludia el neo-barroco actual, de corte oscuro y hermético. Jaime Jaramillo, con sus poemas versiculares, combina un hacer poético donde lo popular colombiano se hermana con el acento bíblico, lautremoniano, de poetas como Supervielle, Claudel o Michaux, entre otros. Y no todos los nadaístas son poetas de corte surrealista, tal vez Jotamario, Darío Lemos y yo somos los más cercanos a esta filiación literaria. Jotamario es un poeta coloquial, conversacional, con poemas cercanos a los de algunos de los beatniks o a la primera buena poesía de Cardenal. Y al fondo, una devoción por la experimentación vanguardista de Huidobro o la prédica de Paz.

FM ¿Cómo se relacionaban los integrantes del Nadaísmo con los demás movimientos que se destacaran en los años 60 en nuestro Continente?

AR El Nadaísmo influyó decisivamente en los demás movimientos latinoamericanos, así en el Techo de la ballena de Venezuela, en los Tzántzicos de Ecuador, en los abanderados de Los Huevos del Plata en Uruguay etc. Este papel tutelar se le ha negado también al Nadaísmo en Colombia. Debes comprender, Floriano, que la generación que sucede al Nadaísmo, comandada desde Bogotá por Darío Jaramillo, María Mercedes Carranza y Cobo Borda, poetas que se beneficiaron ampliamente de la rebelión nadaísta, tiene un propósito común y es desbancar al Nadaísmo de su posición en la literatura colombiana como movimiento de ruptura. Estas son luchas que tienen más que ver con la política literaria colombiana que con la apertura para nuevos caminos estéticos. Te digo esto porque estos poetas no difieren en mucho de los poetas nadaístas que los preceden. La única diferencia es que la posición literaria de ellos es más conservadora, más apegada a la tradición colombiana, pero a una tradición que ellos se encargan de diseñar a su gusto, así el libro La tradición de la pobreza, de Cobo Borda (1980).

FM Son ambientes y posturas dañinas que lastimosamente no están restringidas a Colombia. Es increíble el tiempo que uno gasta en su vida de investigador conciente, en su vida de intelectual honesto, para hacer las correcciones a los errores intencionales en la historia de nuestras literaturas. En este sentido, es importante la presencia de tu libro, así como de tus aclaraciones a través de ensayos, artículos, entrevistas. Imagino que los demás nadaístas vivos también rechacen en público esas cosas. ¿Es así?

AR No, sólo a nivel privado. Lastimosamente soy uno de los pocos que ha reflexionado críticamente sobre la situación del nadaísmo como literatura. Aunque tal vez soy injusto, y debo reconocer que Jotamario también  se ha preocupado por esto, pero su insistencia no es lo suficientemente combativa para disipar los malentendidos.
Pero en general, los nadaístas prestan poca atención a este acontecer porque están sumergidos en su propio trabajo y cuando miran a su alrededor no pueden descifrar, o no les interesa hacerlo, los códigos de análisis e interpretación de la literatura colombiana, y menos de la latinoamericana. Recuerda que ninguno de ellos tuvo una educación universitaria alta, que son producto del hacerse en la calle, en la aventura de los libros que llegaban a la provincia colombiana. Esto no es para nada negativo, muy por lo contrario les otorga una gran soltura en el hacer poético, pero no privilegia el análisis riguroso. En una entrevista reciente el poeta Jaime Jaramillo Escobar, quien de seguro está cansado de ser colocado como el único poeta de valor en el Nadaísmo, le dijo al entrevistador que él no estaba arrepentido de sus años en el Nadaísmo y que seguía siendo nadaísta. Esta respuesta te puede indicar bien que, dado el reconocimiento que se le ha dado a su obra, muchos quisieran que él abjurara del Nadaísmo.

FM ¿Olvidamos algo, tu caso particular como poeta y escritor?

AR Te puedo decir que yo soy un hombre más de afuera que de adentro de Colombia. Me fui del país cuando tenía prácticamente 23 años y ya nunca regresé a vivir allí. Mi participación activa con el Nadaísmo duró sólo unos pocos años, los de mi adolescencia y primera juventud. Casi toda mi obra se ha escrito en el exterior. Yo me siento bastante independiente, estéticamente, de muchos elementos de la poesía colombiana. Y aunque tengo un gran respeto por los poetas colombianos, algunos de ellos mis amigos entrañables, no me siento un gran deudor de la tradición poética colombiana, o por lo menos, no más que lo que sería de la tradición poética americana o europea.



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Edição preparada por Floriano Martins. Agradecimentos a Omar Castillo, Óscar Jairo González Hernández e José Ángel Leyva. Página ilustrada com obras de Jacques Callot (França, 1592-1635), artista convidado da presente edição.


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Agulha Revista de Cultura
Número 121 | Outubro de 2018
editor geral | FLORIANO MARTINS | floriano.agulha@gmail.com
editor assistente | MÁRCIO SIMÕES | mxsimoes@hotmail.com
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revisão de textos & difusão | FLORIANO MARTINS | MÁRCIO SIMÕES





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