sábado, 29 de agosto de 2026

ANATOLIO LUNATCHARSKY | El marxismo y el arte

 


Aunque desde Marx a nuestros días pocas han sido las obras consagradas a las cuestiones de arte, no es menos exacto que existe un método marxista fundamental, destinado a estudiar y tratar esta cuestión. Voy a intentar trazar en este esquema los grandes lineamientos de este método.

En principio, según el marxismo, además de teoría social el arte es una superestructura determinada que surge del armazón de las relaciones sociales de producción, influenciadas, a su vez, por las formas de trabajo predominantes en una época dada el arte puede surgir de dos maneras en su superestructura con relación a este fundamento económico: primero como expresión de la vida industrial en sí misma y luego como expresión velada de una ideología.

El arte desempeña un papel importantísimo en la historia de la humanidad, desde los bárbaros a nuestra época, indicando por su evolución, la ascensión de la producción humana. Es quizá imposible encontrar productos del trabajo humano cuya forma y color hayan sido determinados exclusivamente por su utilidad. Tomad un objeto cualquiera: un edificio, un libro, un plato, un pie de lámpara y pregunta qué es lo que determina las proporciones fundamentales. Parecerá que las proporciones, tal como lo demuestra Fechner, no son consecuencia inevitable de una base utilitaria. Pero puede constatarle con precisión (siempre que no se trate, naturalmente, de objetos grosera o ignorantemente construidos) que mucha variación en las proporciones de un objeto suscita una impresión de desagrado. En cambio, hermosas proporciones producen un placer estético, independientemente de su fin práctico.

Es poco menos que imposible hallar un objeto producto de manos humanas, que no lleve impresas las trazas de un deseo de decorarlo (superficie pulida, diversos adornos y colores, combinaciones de éstos etc.). Es evidente que existe en el hombre una tendencia inmanente para dar a sus realizaciones un valor estético al propio tiempo que es valor puramente útil: es un esfuerzo tendiente a hacerlos agradables a nuestros sentidos. Todo el mundo sabe que existen colores y sonidos desagradables.

Es natural que el hombre procure hacer sus productos en tal forma que resulten agradables, hermosos, satisfacientes e interesantes.

Los valores estéticos difieren —de pueblo a pueblo, de época a época. Por esta causa es interesante examinar las raíces del estilo. (¿Por qué, por ejemplo, el arte chino es radicalmente distinto al de la antigua Grecia? El gusto variable del mobiliario francés no es menos interesante; la pompa de Luís XIV, las formas pesadas y frívolas de Luís XV, la severidad de Luís XVI, y, más tarde, la armonía del estilo revolucionario.

Sólo el marxismo puede descubrir las causas reales de la gran variedad de estilos. En la rebusca de causas, el marxismo tiene necesidad de conocer a fondo, no solamente el orden social de la época dada, sino también las materias utilizadas y los instrumentos de trabajo.

 

Ideologia del arte

Sin embargo, el arte no es exactamente la expresión industrial de un pueblo, sino también una ideología. ¿Qué es una ideología desde el punto de vista marxista? ¿Es la reflexión sistemática en la conciencia del arte que llena la vida consciente de la humanidad?

El marxismo ha demostrado que las ideologías son el producto de la realidad y que poseen toda la evidencia de ella. El ideólogo depende de la realidad, no solamente en lo que concierne a sus materiales, sino también en un sentido más profundo, por cuanto no pueden desmembrarse de ciertos intereses sociales que la encadenan. No trabaja jamás con vistas al pequeño éxito; utiliza sus materiales con un fin determinado.

De acuerdo al marxismo, la sociedad está dividida en clases antagónicas. Estas clases son los grupos de pueblo en el proceso de producción. De acuerdo a las posiciones ocupadas, respectivamente, por estas clases, sus intereses difieren profundamente. Es evidente que la nobleza, la burguesía por una parte y los obreros y campesinos por la otra, tienen pocos intereses comunes.


Naturalmente, cuando el marxismo habla del carácter de clase de una ideología, no trata de presentar toda ideología como la emanación de una clase particular, dominante o luchando por su emancipación. El análisis marxista es más profundo: demuestra la correlación existente entre las diferentes teorías (leyes, sistemas filosóficos, enseñanzas religiosas, escuelas de arte) y ciertos grupos sociales determinados, interiores y exteriores. La estructura de la sociedad es, a veces, extremadamente compleja. Seria simplificar demasiado las cosas pretender adjudicar los fenómenos ideológicos directamente a una clase fundamental. La historia del ideólogo se basa en la historia de la sociedad, la ideología es tan variada y compleja, como lo es la sociedad humana. Bien que el marxismo niega el papel prominente de la ideología en la evolución de la sociedad: no por ello niega la importancia de la ideología. Cuando las clases crean sus leyes, sus religiones, su moral, su filosofía y su arte, no gastan en vano su energía. Estas instituciones creadas por las clases son algo más que el reflejo de la realidad en varios espejos. Son mucho más. Son fuerzas sociales de una profunda importancia; son el pendón, el emblema alrededor de los cuales se agrupa una clase particular. Estas instituciones son el arma de las cuales se vale una clase para atacar las otras adversarias. Una clase tratará de oprimir a otra enemiga por su religión, su filosofía y su moral. Entre todas estas ideologías el arte juega un rol eminente, es una organización del pensamiento humano. Es un concepto de actualidad. La actualidad puede ser interpretada por medio de la ciencia que se esfuerza en ser precisa y objetiva, pero el pensamiento científico es absoluto y extraído al sentimiento humano. Para comprender un fenómeno dado es necesario percibirlo, no solamente con el intelecto, sino también con el sentimiento. Dos elementos: el intelecto y la emoción, son necesarios para la comprensión efectiva de un objeto. Se puede conocer algo sobre los campesinos rusos por medio de las estadísticas, pero es completamente distinto a conocerlos por intermedio de los libros de Ouspensky y otros novelistas.

 

El arte, organizador del pensamiento

Del mismo modo que las estadísticas citadas pueden ser voluntaria o involuntariamente deformadas, lo mismo una producción artística puede ser consciente o inconscientemente subjetiva dado que refleja los intereses de la clase con la cual el artista simpatiza. Es en este hecho donde radica el poder del arte. El arte puede ser lo mismo instrumento de la realidad como ser el instrumento de una propaganda tendiente a fin definido. El artista puede darle por medio de su creación el aspecto de la realidad que le parece más verdadero. Luego es evidente que, si el arte es organización del pensamiento, lo organiza en concordancia con las emociones. Naturalmente puede ser enteramente el organizador del pensamiento. Pero la música, por ejemplo, o la arquitectura (en lo que tienen de arte y en la construcción, que corresponde a los ingenieros) jamás expresan ideas. Es casi imposible traducir su lenguaje son palabras, a tal punto el efecto de la música y de la arquitectura es estupendo. Elementos de música y de arquitectura (la música y la arquitectura son relativas) se encuentran en todo arte. Si la escultura es monumental, si nos sugestiona por las proporciones, no lo es por su contenido, sino por su estilo, que despierta nuestra admiración.

Es la forma y la masa lo que nos impresiona y por esta causa la escultura se aproxima a la arquitectura. Si una estatua irradia gracia, si sus líneas son exquisitas, suscita en nosotros un sentimiento de placer y decimos que la estatua está plena de música. Por medio de estos ejemplos entramos en el dominio de la organización del sentimiento, de la organización del subconsciente. Naturalmente, todo esto es más verdadero en la pintura. La composición de un cuadro si está bien equilibrada lo aproxima a la arquitectura. La sutilidad de los colores, por el contrario, lo acercan a la música. Igual cosa ocurre con la literatura. La estructura general de una obra de arte (por ejemplo, La divina comedia, del Dante) es tan imponente como una catedral. El ritmo, la rima, la aliteración y otros medios métricos dan a la literatura otra forma musical que compite con la música interior.


Es natural que allí donde el arte es una organización del pensamiento es sumamente fácil trazar una línea desde la ideología hasta el grupo social que la produjo. Por el contrario, allí donde se trata de la organización del sentimiento, que es la función más característica del arte, esa tarea resulta más difícil. Este es el motivo porque la historia y la teoría del arte permanecen hasta hoy con tanto éxito separadas del marxismo. Últimamente se ha realizado un sensible progreso en ese sentido en las obras del historiador y teórico del arte marxista, Hausenstein, quien logró tratar sus temas desde el ángulo marxista.

 

El arte, organizador del sentimiento

Hemos demostrado lo que es la teoría marxista de la sociedad humana y de su evolución. Sin embargo, el marxismo es algo más que una teoría. Es un programa definido. El marxismo es la ideología de una clase definida: el proletariado. Es la única teoría que no deforma la realidad. El proletariado es la clase a quien pertenece el porvenir.

Los fines del proletariado, lejos de ser egoístas. son beneficio para toda la humanidad. El proletariado, la última clase, la clase más oprimida, liberará a toda la humanidad del sistema de clases, liberándose a sí misma. Jamás hubo transformación más radical que aquella en que el proletariado fue factor. El fin del proletariado está en concordancia con todas las aspiraciones humanas.

Los teóricos del proletariado deben estudiar el arte de edades pasadas para mostrar cómo ha expresado la ideología de la clase dominante. Hallarán en las piezas un arte que lleva en sí toda la evidencia del espíritu bajo de la explotación. Hallarán obra de arte que expresan toda la evidencia pasiva de las masas o su sumisión servil. Hallarán obras embebidas de espíritu escéptico y de duda y otras que tratan de ponerse en el romanticismo al abrigo de la realidad. El proletariado también hallará en el arte de las clases dominantes del puado una envergadura de proyectos; la confianza del hombre en su fuerza y el deseo de lo bueno y lo bello, cualidades esenciales de toda revuelta.

La voz, los gritos, las risas de las canciones de pasado son infinitamente variados, pero todos están sujetos a una evolución social definida. Algunas de ellas expresan las inquietudes de nuestro proletariado y pueden 1er útiles en nuestra época. Otras son interesantes como fenómenos sociales y características. Otras, en cambio, son repugnantes.

Acabamos de juzgar el arte por su substancia, pero el teórico proletario puede apreciarlo también por su forma artística. El marxismo demuestra, sin dudas de ninguna especie, las clases que crean ideas nuevas y que organizan sentimientos profundos, que producen un arte magistral.

Por otra parte, hay clases que comienzan a declinar, sin ideología, ni esperanza de mantener su dominio y que se dan un arte puramente formal que les toma la vida más fácil y agradable. En el dominio del arte formal, numerosas deformaciones son posibles. Un esplendor grosero y absurdo; el voluptuoso refinamiento revela el irado de corrupción artística necesaria para hacer el arte agradable a una clase decadente.

 

El arte, reflejo de las épocas

Durante los períodos de desarrollo de tal o cual clase, mientras las ideas que las animan y su substancia emotiva hallan una expresión formal apropiada, el arte permanece tranquilo y sereno. El artista está seguro del valor de su obra y está seguro de que su obra merecerá la aceptación del pueblo. Tiene confianza en su aptitud para dar a sus ideas una forma determinada. La época clásica se anuncia. Pero arte, de su llegada debe haber un período en el que los sentimientos y las ideas no hallen encarnación. Semejante época coincide más con el advenimiento de una clase determinada al poder que con su apoyo. En ese período, el artista se esfuerza también por hallar una forma política para sus intereses de clase. Estas épocas se caracterizan por su impulsión y su agresividad y porque las formas nuevas surgen sin cesar.

El artista, que tiende toda fantasía para capturar las ideas que huyen veloces y que lo guían, carece de claridad. y sus sentimientos se manifiestan con vehemencia. De esto proviene lo que se llama la construcción romántica del arte. Finalmente, cuando la clase ha traspuesto su apogeo, la sociedad no necesita más de ella y sus fuerzas nuevas conquistan su lugar, el artista pierde su seguridad, su originalidad se petrifica, sus emociones se hacen triviales, y su cuerpo, antes socialmente unificado, se disuelve en polvo individual. Este cambio se refleja de inmediato en el arte. El alma del arte, las ideas y las emociones se osifican. Sólo la fría formalidad subsiste y degenera en academismo. Pero este estado de pacifismo no dura. El arte empieza a descomponerse. El artista comienza a consagrarse a la forma, a buscar lo extravagante o exagerar un aspecto de su arte. El arte está entonces en plena decadencia.


He indicado aquí el vasto canevá que nosotros, marxistas, seguimos para avaluar el arte del pasado. Primeramente, estudiamos el arte como emanación de ciertos fenómenos sociales. En seguida lo estudiamos como encamación de emociones de la clase que lo crea. Se puede hallar a veces en el arte decadente combinaciones extraord1narias de colores, líneas y sonidos. Durante el período de decadencia artística, el artista analítico puede encontrar trazos de gran valor técnico. En un gran edificio, saturado de espíritu esclavista, erigido por un déspota cualquiera, podemos hallar proporciones asombrosas y grandiosas de ese aspecto del despotismo que hace de él una de las vastas y poderosas formas de la organización de las masas. El marxista de nuestros días puede de esta manera, aprender y enseñar con el ejemplo de cui todas las obras de arte del pasado.

No siendo solamente el medio de conocer las raíces originarias del arte, sino también un método para utilizarlo, es decir, de hallar el modo de gozar y de desarrollarlo en el porvenir, el marxismo está en íntima relación con el arte contemporáneo.

Todos los criterios expuestos son plenamente valorables. Lector y crítico, el marxista puede analizar, en su maravilloso laboratorio, toda nueva creación, mostrar las raíces sociales, negativas y positivas, en la medida en que ellas son aparentes en su substancia y reveladas por su forma. Un escritor o un artista marxista pueden hollar un apoyo real en la teoría de su clase; disponiendo de esa guía, pueden evitar errores porque pueden criticarse a sí mismos y tener siempre cuidado de que su creación encarne los fines y los ideales de su clase.



ANATOLI LUNACHARSKI (Ucrania, 1875-1933). Político, revolucionario marxista, dramaturgo, crítico literario y ensayista. Comisario del Pueblo para la Instrucción Pública (1917-1929). Primer ministro de educación y cultura de la Rusia soviética tras la Revolución de Octubre. Nombrado embajador de la URSS en España, cargo que no pudo ejercer plenamente debido a su muerte en trayecto. Dirigió el programa Likbez, el cual redujo drásticamente el analfabetismo en la población soviética. Salvó monumentos históricos y palacios imperiales de la destrucción durante la caótica guerra civil rusa. Apoyó la libertad creativa de las vanguardias artísticas rusas (como el Constructivismo y el Futurismo) frente a las corrientes más dogmáticas del partido. Escribió numerosos ensayos sobre la relación entre el materialismo histórico, la literatura y las bellas artes. Ensayo publicado en Amauta # 31, junio de 1930.




BOLESŁAW BIEGAS (França, 1877-1954). Escultor, pintor, escritor e dramaturgo. Órfão muito cedo, foi criado por camponeses. Entre 1896 e 1901 estudou escultura na Academia de Belas Artes de Cracóvia com Konstanty Laszczka. Foi expulso da Academia em 1900 por causa de sua escultura O Livro da Vida, considerada imoral e decadente pela direção acadêmica. Com apoio da revista simbolista francesa La Plume, muda-se definitivamente para Paris em 1901. Frequenta brevemente a École des Beaux-Arts, mas logo segue carreira independente. Começa no Simbolismo, passa pelo Art Nouveau, depois se aproxima do Cubismo e Futurismo após o Salon de la Section d’Or de 1912. Cria seu estilo próprio que ele chamava de Esferismo – figuras compostas inteiramente de círculos e esferas. Ficou famoso pelos retratos simbolistas, pelas figuras de vampiras e femmes fatales, e pelas esculturas de formas geométricas simplificadas. Fez parte da École de Paris. Dentre suas exposições, destacam-se: Salon d’Automne, Société Nationale des Beaux-Arts (1912-1927), além de exposições regulares em Varsóvia e Cracóvia com o grupo Sztuka. Em 1950 fundou em Paris o Musée Boleslas Biegas, onde reuniu suas obras e coleção pessoal. O museu ainda existe. Bolesław Biegas é o artista convidado desta edição de Agulha Revista de Cultura.

  



Agulha Revista de Cultura

CODINOME ABRAXAS # 13 – AMAUTA (PERÚ)

Artista convidado: Bolesław Biegas (França, 1877-1954)

Editores:

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Elys Regina Zils | elysre@gmail.com

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