En principio, según
el marxismo, además de teoría social el arte es una superestructura determinada
que surge del armazón de las relaciones sociales de producción, influenciadas, a
su vez, por las formas de trabajo predominantes en una época dada el arte puede
surgir de dos maneras en su superestructura con relación a este fundamento económico:
primero como expresión de la vida industrial en sí misma y luego como expresión
velada de una ideología.
El arte desempeña
un papel importantísimo en la historia de la humanidad, desde los bárbaros a nuestra
época, indicando por su evolución, la ascensión de la producción humana. Es quizá
imposible encontrar productos del trabajo humano cuya forma y color hayan sido determinados
exclusivamente por su utilidad. Tomad un objeto cualquiera: un edificio, un libro,
un plato, un pie de lámpara y pregunta qué es lo que determina las proporciones
fundamentales. Parecerá que las proporciones, tal como lo demuestra Fechner, no
son consecuencia inevitable de una base utilitaria. Pero puede constatarle con precisión
(siempre que no se trate, naturalmente, de objetos grosera o ignorantemente construidos)
que mucha variación en las proporciones de un objeto suscita una impresión de desagrado.
En cambio, hermosas proporciones producen un placer estético, independientemente
de su fin práctico.
Es poco menos que
imposible hallar un objeto producto de manos humanas, que no lleve impresas las
trazas de un deseo de decorarlo (superficie pulida, diversos adornos y colores,
combinaciones de éstos etc.). Es evidente que existe en el hombre una tendencia
inmanente para dar a sus realizaciones un valor estético al propio tiempo que es
valor puramente útil: es un esfuerzo tendiente a hacerlos agradables a nuestros
sentidos. Todo el mundo sabe que existen colores y sonidos desagradables.
Es natural que el
hombre procure hacer sus productos en tal forma que resulten agradables, hermosos,
satisfacientes e interesantes.
Los valores estéticos
difieren —de pueblo a pueblo, de época a época. Por esta causa es interesante examinar
las raíces del estilo. (¿Por qué, por ejemplo, el arte chino es radicalmente distinto
al de la antigua Grecia? El gusto variable del mobiliario francés no es menos interesante;
la pompa de Luís XIV, las formas pesadas y frívolas de Luís XV, la severidad de
Luís XVI, y, más tarde, la armonía del estilo revolucionario.
Sólo el marxismo
puede descubrir las causas reales de la gran variedad de estilos. En la rebusca
de causas, el marxismo tiene necesidad de conocer a fondo, no solamente el orden
social de la época dada, sino también las materias utilizadas y los instrumentos
de trabajo.
Ideologia del arte
Sin embargo, el arte no es exactamente la expresión industrial
de un pueblo, sino también una ideología. ¿Qué es una ideología desde el punto de
vista marxista? ¿Es la reflexión sistemática en la conciencia del arte que llena
la vida consciente de la humanidad?
El marxismo ha demostrado
que las ideologías son el producto de la realidad y que poseen toda la evidencia
de ella. El ideólogo depende de la realidad, no solamente en lo que concierne a
sus materiales, sino también en un sentido más profundo, por cuanto no pueden desmembrarse
de ciertos intereses sociales que la encadenan. No trabaja jamás con vistas al pequeño
éxito; utiliza sus materiales con un fin determinado.
De acuerdo al marxismo,
la sociedad está dividida en clases antagónicas. Estas clases son los grupos de
pueblo en el proceso de producción. De acuerdo a las posiciones ocupadas, respectivamente,
por estas clases, sus intereses difieren profundamente. Es evidente que la nobleza,
la burguesía por una parte y los obreros y campesinos por la otra, tienen pocos
intereses comunes.
El arte, organizador del pensamiento
Del mismo modo que las estadísticas citadas pueden ser voluntaria
o involuntariamente deformadas, lo mismo una producción artística puede ser consciente
o inconscientemente subjetiva dado que refleja los intereses de la clase con la
cual el artista simpatiza. Es en este hecho donde radica el poder del arte. El arte
puede ser lo mismo instrumento de la realidad como ser el instrumento de una propaganda
tendiente a fin definido. El artista puede darle por medio de su creación el aspecto
de la realidad que le parece más verdadero. Luego es evidente que, si el arte es
organización del pensamiento, lo organiza en concordancia con las emociones. Naturalmente
puede ser enteramente el organizador del pensamiento. Pero la música, por ejemplo,
o la arquitectura (en lo que tienen de arte y en la construcción, que corresponde
a los ingenieros) jamás expresan ideas. Es casi imposible traducir su lenguaje son
palabras, a tal punto el efecto de la música y de la arquitectura es estupendo.
Elementos de música y de arquitectura (la música y la arquitectura son relativas)
se encuentran en todo arte. Si la escultura es monumental, si nos sugestiona por
las proporciones, no lo es por su contenido, sino por su estilo, que despierta nuestra
admiración.
Es la forma y la
masa lo que nos impresiona y por esta causa la escultura se aproxima a la arquitectura.
Si una estatua irradia gracia, si sus líneas son exquisitas, suscita en nosotros
un sentimiento de placer y decimos que la estatua está plena de música. Por medio
de estos ejemplos entramos en el dominio de la organización del sentimiento, de
la organización del subconsciente. Naturalmente, todo esto es más verdadero en la
pintura. La composición de un cuadro si está bien equilibrada lo aproxima a la arquitectura.
La sutilidad de los colores, por el contrario, lo acercan a la música. Igual cosa
ocurre con la literatura. La estructura general de una obra de arte (por ejemplo,
La divina comedia, del Dante) es tan imponente como una catedral. El ritmo, la rima,
la aliteración y otros medios métricos dan a la literatura otra forma musical que
compite con la música interior.
El arte, organizador del sentimiento
Hemos demostrado lo que es la teoría marxista de la sociedad
humana y de su evolución. Sin embargo, el marxismo es algo más que una teoría. Es
un programa definido. El marxismo es la ideología de una clase definida: el proletariado.
Es la única teoría que no deforma la realidad. El proletariado es la clase a quien
pertenece el porvenir.
Los fines del proletariado,
lejos de ser egoístas. son beneficio para toda la humanidad. El proletariado, la
última clase, la clase más oprimida, liberará a toda la humanidad del sistema de
clases, liberándose a sí misma. Jamás hubo transformación más radical que aquella
en que el proletariado fue factor. El fin del proletariado está en concordancia
con todas las aspiraciones humanas.
Los teóricos del
proletariado deben estudiar el arte de edades pasadas para mostrar cómo ha expresado
la ideología de la clase dominante. Hallarán en las piezas un arte que lleva en
sí toda la evidencia del espíritu bajo de la explotación. Hallarán obra de arte
que expresan toda la evidencia pasiva de las masas o su sumisión servil. Hallarán
obras embebidas de espíritu escéptico y de duda y otras que tratan de ponerse en
el romanticismo al abrigo de la realidad. El proletariado también hallará en el
arte de las clases dominantes del puado una envergadura de proyectos; la confianza
del hombre en su fuerza y el deseo de lo bueno y lo bello, cualidades esenciales
de toda revuelta.
La voz, los gritos,
las risas de las canciones de pasado son infinitamente variados, pero todos están
sujetos a una evolución social definida. Algunas de ellas expresan las inquietudes
de nuestro proletariado y pueden 1er útiles en nuestra época. Otras son interesantes
como fenómenos sociales y características. Otras, en cambio, son repugnantes.
Acabamos de juzgar
el arte por su substancia, pero el teórico proletario puede apreciarlo también por
su forma artística. El marxismo demuestra, sin dudas de ninguna especie, las clases
que crean ideas nuevas y que organizan sentimientos profundos, que producen un arte
magistral.
Por otra parte,
hay clases que comienzan a declinar, sin ideología, ni esperanza de mantener su
dominio y que se dan un arte puramente formal que les toma la vida más fácil y agradable.
En el dominio del arte formal, numerosas deformaciones son posibles. Un esplendor
grosero y absurdo; el voluptuoso refinamiento revela el irado de corrupción artística
necesaria para hacer el arte agradable a una clase decadente.
El arte, reflejo de las épocas
Durante los períodos de desarrollo de tal o cual clase, mientras
las ideas que las animan y su substancia emotiva hallan una expresión formal apropiada,
el arte permanece tranquilo y sereno. El artista está seguro del valor de su obra
y está seguro de que su obra merecerá la aceptación del pueblo. Tiene confianza
en su aptitud para dar a sus ideas una forma determinada. La época clásica se anuncia.
Pero arte, de su llegada debe haber un período en el que los sentimientos y las
ideas no hallen encarnación. Semejante época coincide más con el advenimiento de
una clase determinada al poder que con su apoyo. En ese período, el artista se esfuerza
también por hallar una forma política para sus intereses de clase. Estas épocas
se caracterizan por su impulsión y su agresividad y porque las formas nuevas surgen
sin cesar.
El artista, que
tiende toda fantasía para capturar las ideas que huyen veloces y que lo guían, carece
de claridad. y sus sentimientos se manifiestan con vehemencia. De esto proviene
lo que se llama la construcción romántica del arte. Finalmente, cuando la clase
ha traspuesto su apogeo, la sociedad no necesita más de ella y sus fuerzas nuevas
conquistan su lugar, el artista pierde su seguridad, su originalidad se petrifica,
sus emociones se hacen triviales, y su cuerpo, antes socialmente unificado, se disuelve
en polvo individual. Este cambio se refleja de inmediato en el arte. El alma del
arte, las ideas y las emociones se osifican. Sólo la fría formalidad subsiste y
degenera en academismo. Pero este estado de pacifismo no dura. El arte empieza a
descomponerse. El artista comienza a consagrarse a la forma, a buscar lo extravagante
o exagerar un aspecto de su arte. El arte está entonces en plena decadencia.
No siendo solamente
el medio de conocer las raíces originarias del arte, sino también un método para
utilizarlo, es decir, de hallar el modo de gozar y de desarrollarlo en el porvenir,
el marxismo está en íntima relación con el arte contemporáneo.
Todos los criterios
expuestos son plenamente valorables. Lector y crítico, el marxista puede analizar,
en su maravilloso laboratorio, toda nueva creación, mostrar las raíces sociales,
negativas y positivas, en la medida en que ellas son aparentes en su substancia
y reveladas por su forma. Un escritor o un artista marxista pueden hollar un apoyo
real en la teoría de su clase; disponiendo de esa guía, pueden evitar errores porque
pueden criticarse a sí mismos y tener siempre cuidado de que su creación encarne
los fines y los ideales de su clase.
ANATOLI LUNACHARSKI (Ucrania, 1875-1933). Político, revolucionario marxista, dramaturgo, crítico literario y ensayista. Comisario del Pueblo para la Instrucción Pública (1917-1929). Primer ministro de educación y cultura de la Rusia soviética tras la Revolución de Octubre. Nombrado embajador de la URSS en España, cargo que no pudo ejercer plenamente debido a su muerte en trayecto. Dirigió el programa Likbez, el cual redujo drásticamente el analfabetismo en la población soviética. Salvó monumentos históricos y palacios imperiales de la destrucción durante la caótica guerra civil rusa. Apoyó la libertad creativa de las vanguardias artísticas rusas (como el Constructivismo y el Futurismo) frente a las corrientes más dogmáticas del partido. Escribió numerosos ensayos sobre la relación entre el materialismo histórico, la literatura y las bellas artes. Ensayo publicado en Amauta # 31, junio de 1930.
BOLESŁAW BIEGAS (França, 1877-1954). Escultor, pintor, escritor e dramaturgo. Órfão muito cedo, foi criado por camponeses. Entre 1896 e 1901 estudou escultura na Academia de Belas Artes de Cracóvia com Konstanty Laszczka. Foi expulso da Academia em 1900 por causa de sua escultura O Livro da Vida, considerada imoral e decadente pela direção acadêmica. Com apoio da revista simbolista francesa La Plume, muda-se definitivamente para Paris em 1901. Frequenta brevemente a École des Beaux-Arts, mas logo segue carreira independente. Começa no Simbolismo, passa pelo Art Nouveau, depois se aproxima do Cubismo e Futurismo após o Salon de la Section d’Or de 1912. Cria seu estilo próprio que ele chamava de Esferismo – figuras compostas inteiramente de círculos e esferas. Ficou famoso pelos retratos simbolistas, pelas figuras de vampiras e femmes fatales, e pelas esculturas de formas geométricas simplificadas. Fez parte da École de Paris. Dentre suas exposições, destacam-se: Salon d’Automne, Société Nationale des Beaux-Arts (1912-1927), além de exposições regulares em Varsóvia e Cracóvia com o grupo Sztuka. Em 1950 fundou em Paris o Musée Boleslas Biegas, onde reuniu suas obras e coleção pessoal. O museu ainda existe. Bolesław Biegas é o artista convidado desta edição de Agulha Revista de Cultura.
Agulha Revista de Cultura
CODINOME ABRAXAS # 13 – AMAUTA (PERÚ)
Artista convidado: Bolesław Biegas (França, 1877-1954)
Editores:
Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com
Elys Regina Zils | elysre@gmail.com
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