quinta-feira, 22 de abril de 2021

JOSÉ MARÍA BALCELLS | Nicaragua por dentro, de Santiago Montobbio

 


Desde el Romanticismo, la cuestión de la referencialidad se ha ido convirtiendo en una problemática cada vez más evidente y abordada en relación sobre todo a las creaciones de índole poética. Muy escuetamente, anoto que hoy en día resulta aceptada la idea de que cuanto dice un texto de esa naturaleza, y en general un texto literario, comienza y acaba su significación en el texto mismo, y por tanto sin extravasarla fuera de él rebasando dicho límite. Puede suceder, sin embargo, que ese consenso filológico no siempre sea de aplicación en todos sus términos, y desde luego no se ajusta demasiado a la peculiar praxis poética del escritor barcelonés Santiago Montobbio, cuyas obras se fundamentan en una autorreferencialidad sistemática que se vincula casi siempre a continuados referentes circunstanciales que consisten en datos objetivos que no son objeto de recreación en sí mismos, sino que se insertan sin modificaciones creativas reelaboradoras en el poema, el cual sí es una recreación vivencial.

En esa manera de poetizar se inscribe el libro de 2019 Nicaragua por dentro, acogido al sello de la colección de poesía El Bardo, desde hace algunos años radicada en tierra malacitana, aunque con raíces bien conocidas en la ciudad condal, donde en los sesenta el editor José Batlló iba a abrir esa mítica colección a libros poéticos que impulsasen, lográndolo en paralelo con otras iniciativas, la renovación de la poesía española de aquel entonces, renovación a la que no fue ajena la edición de algún que otro poeta latinoamericano, por ejemplo César Vallejo y Ernesto Cardenal. Teniendo presente lo que en el primer párrafo de la reseña comenté sobre la referencialidad, cabría añadir que la praxis literaria de Santiago Montobbio encaja muy bien en El Bardo porque es desprejuiciada y en su virtud puede interpretarse como renovadora en la medida que resulta anticonvencional.

Uno diría incluso que el autor, posiblemente sin pretenderlo, desmonta el cliché crítico que se ha establecido como un mantra filológico casi de precepto, el de una referencialidad que cobra sentido en el tejido textual, lo que es innegable, pero agregaríamos que lo referido también tiene sentido al margen de él, de manera que ambos sentidos se alimentan mutuamente como si de una osmosis se tratase. Y es que, en mi sentir, las referencialidades mencionadas en la obra de este poeta tienen, en su mayoría, cabal significación y existencia fenoménica fuera de sus textos poemáticos, aunque se enriquezcan dentro de él. Y es caso es que el lenguaje no proporciona otro modo de hacer mención de esas referencias, literaria o no literariamente, que el empleado por el autor de Nicaragua por dentro.

El libro consta de dos partes, una primera titulada “Dariana”, título que coincide con el de uno de los textos que en ella se insertan, y una segunda que lleva la misma intitulación de la obra. Los textos de “Dariana” están escritos en forma prosística, lo que no obsta para que se incluyan unos pocos versos asimismo, en tanto los de “Nicaragua por dentro” se plasmaron como composiciones versales, aunque nunca bajo pautas regladas. ¿Son poemas en prosa las prosas de Nicaragua por dentro? No vamos a remitirnos, para justificarlo, a la convicción de Santiago Montobbio según la cual la poesía está y se encuentra en todas las cosas, pero sí a otra de sus convicciones, la de que donde hay temblor en el sentir, y ese temblor no puede darse más que en virtud de estar vivo, alienta la poesía, que surgiría como el respirar. Sería entonces una poesía “respirada”, como ya sintió Claudio Rodríguez e iba a asumir Antonio Colinas. Lo que parece bastante claro es que en esas prosas se percibe que las impregna un emocionado temblor de vida. Desde ese prisma, y aun desde otros, estaríamos ante poemas en prosa, no ante prosas poéticas, porque no distingo en los textos decursos rítmico-melódicos para calificarlas así, aparte de que este poeta no parece que los priorice casi nunca en su personal idiolecto literario.

“Dariana” abarca un tercio del libro, y comprende una veintena de textos ubicados cronológicamente con precedencia al viaje a Nicaragua que emprenderá el sujeto enunciador para participar principalmente en un evento, el afamado festival internacional de poesía de Granada, y para impartir también una o más charlas sobre Rubén Darío, amén de otras actividades, entre ellas lecturas de sus propios poemas. Tales textos reflejan acciones aconsejables antes de realizar un viaje, las de prepararse mentalmente a ese fin aproximándose uno a la idiosincrasia cultural del país que va a ser visitado, pero integrando esas acciones en el acontecer cotidiano, en el que se combinan lecturas varias de autores diversos que no vamos a detallar y que van ocupando las horas de enriquecimiento del hablante, junto a otras experiencias culturales, y a la continuada creación poética. Y desde este ángulo las prosas de “Dariana” son de carácter diarístico, no porque se nos trasladen escrituras diarias sistemáticas, sí porque en aquellas que se participan a los lectores se les da cuenta de lo que siente, de lo que piensa hacer y de lo que hace o no hace su autor, manifestando que son páginas desordenadas que nacieron “de manera espontánea e imprevista…”


Rubén Darío constituye una guía inmejorable para lograr esa aclimatación previa, ý máxime habiendo de hablar sobre el autor de Cantos de vida y esperanza en su propia tierra. Y una de las lecturas que el viajero realiza es justamente la del ensayo dariano “El viaje a Nicaragua”. A una de las prosas poéticas que escribe la titula “Viaje a Darío”, porque viajar a Darío es hasta cierto punto viajar a Nicaragua, y viceversa, lo que conlleva que paralelamente al viaje efectivo y material que realiza el hablante, este anticipa, vive y vivirá un viaje interior nicaragüense antes, durante y después de viajar a Nicaragua o, si se quiere, a sus claves culturales y de espiritualidad, en las que se sumerge y que pervivirán en él.

Como si fuese entre paréntesis diré también que el hablante cuenta en una de las prosas la anécdota curiosa de que en esos días preparatorios no pudo asistir a una convocatoria tan sugestiva como la de una conferencia en Barcelona titulada “Rubén Darío y el Japón: el poeta que nunca estuvo allí”. Sin embargo, sí pudo acompañar al músico nicaragüense Ofilio Picón, que ha cantado poemas suyos en escenarios distintos, a ver la casa que había compartido Rubén en Barcelona con Francisca Sánchez y un hijo de ambos, morada que fue la última del poeta en Europa antes de su muerte.

En la prosa “El color, la forma, la pintura” dice el sujeto de la enunciación que tiene previsto adquirir la Vida de Rubén Darío escrita por él mismo. Damos este libro por adquirido y asimilado antes o después de saber, por el referido hablante, que iba a ir leyendo despacio la obra poética dariana completa. En otra prosa, la titulada “El 27, el 98 y Rubén Darío”, comenta que en sus charlas sobre Darío en el país centroamericano se propone poner énfasis en el Darío interior, aun discrepando de que pueda deslindarse esa faceta de otra que sería contrapuesta, tesis a mi entender bien fecunda y hasta cierto punto revulsiva si alguien está dispuesto a desarrollarla desbrozando el considerable alud de todos los impedimentos críticos que van a condicionarla en sentido distinto. Pero el hablante pretende acentuar al Rubén Darío “herido”, y así lo hará ante sus oyentes en Nicaragua.

Quienes se interesen por la obra literaria de Santiago Montobbio, que ha cedido su voz al personaje que se expresa en esas prosas, habrán de tomar buena nota de cómo ha influido directa o indirectamente el poeta de Azul en su propia escritura, porque el hablante aporta algunas informaciones al respecto en la prosa recién alegada, así como algunas ideas sustanciosas más en la parte segunda y más amplia del libro, la titulada “Nicaragua por dentro”, de la que anticipo que proporcionará informaciones acerca de sus pasos más tempranos en el mundo poético, con especial detenimiento en alguno de sus más interesantes poemas de entonces.

Hallándose todavía el emisor en la ciudad condal, por el argumentario poemático sabemos que ahí le llega la noticia del fallecimiento de Claribel Alegría. Y en lo que de esa jornada triste se nos cuenta se incluyen dos poemas lamentatorios, no solo por ese hecho luctuoso, sino porque ya el viajero no podrá reunirse con ella en su jardín de Managua, donde la escritora había convocado un encuentro entre ambos. Estas composiciones en verso son las únicas de “Dariana” en esa zona de una obra que enseguida, desde “Nicaragua por dentro”, ya no acogerá textos prosísticos.

Hemos tenido repetidamente la oportunidad de leer creaciones poéticas relativas a viajes en los que la ruta principia en un aeropuerto. Así ocurre en Nicaragua por dentro, que comienza con una docena de textos localizados en el espacio aeroportuario barcelonés de El Prat. Se trata de textos de distintas texturas, uno de ellos un evidente micropoema, anticipo de otros varios que se insertan en el libro. La praxis literaria habitual de Santiago Montobbio se hace ostensible en este grupo : sencillez en el decir, no sin algún giro con sello estilístico muy personal ; despreocupaciones esteticistas y melódicas ; indiferencia hacia reservar para fin de línea palabras llamadas “plenas”, o bien voluntad consciente de no proscribir en ese vértice las que se considera que no lo son ; y también, entre otros rasgos, el de desarrollar momentos poemáticos a base de implementaciones concatenadas a partir de una palabra, de un concepto, de una idea, de una imagen. Al propio tiempo, el sujeto de la enunciación nos va participando que todo es poesía si todo se vive desde el sentimiento, y en la segunda parte sobre todo a cómo es vista la poesía, atisbos a los que aludirá numerosamente a través de distintas comparaciones imaginísticas.


A los textos recién mencionados les siguen unos cuantos de carácter aviónico. La poesía española registra composiciones de ese tenor desde las primeras décadas del pasado siglo, constituyendo una materia inspiradora que con el tiempo ha evolucionado hasta el punto de que apenas se plasman en verso vicisitudes aéreas, aunque sí se da noticia de una de ellas en Nicaragua por dentro, la del azoramiento que se produjo en el hablante cuando por poco pierde en Miami el vuelo a Managua, trayectos en los que fueron creados distintos poemas, toda vez que la literatura del escritor Santiago Montobbio nace de la cotidianidad, y sin excepción situacional alguna. Los poemas aviónicos, los del vuelo de Barcelona a Miami, y de Miami a la capital nicaragüense, pudiera decirse que son textos principalmente metapoéticos sobre la escritura y metafísicos sobre la existencia humana, anundándose el decir y vivir con el lazo de lo misterioso.

La serie consecutiva se contextualiza en la ciudad de Granada, sede del antedicho encuentro internacional de poesía en el que el viajero fue invitado a participar, y donde Montobbio interviene leyendo poemas suyos en el atrio de la Iglesia de la Merced. Paseos, sentires, recuerdos de España y de Barcelona, y el anecdotario vivido en tan hermosa y artística urbe de marchamo colonial son expresados en ese ciclo poemático granatense al que sucede una primera secuencia capitalina ubicada en Managua, e integrada por veintiún poemas.

Las vivencias de Managua que se recrean en la mencionada veintena de composiciones se refieren, entre otras, a una emotiva y aleccionadora misa campesina a la que asistió el viajero, y donde iba a coincidir con Ernesto Cardenal, a cuya casa acudiría después más de una vez para establecer con él diversos cambios de impresiones, mayormente sobre libros y lecturas. También va a ir al jardín donde había de haberse producido el encuentro con Claribel Alegría, un encuentro que espiritualmente se produjo, aunque in absentia corpórea.

Uno de los epicentros de esta agrupación de composiciones gira en torno al ensayo y posterior actividad poético musical de Ofilio Picón en el Palacio de Cultura de Managua, donde el cantautor interpretaría versos de Darío y de Montobbio, trazándose otro de los vínculos que en el libro unen Barcelona con Nicaragua. Acto seguido van sucediéndose poemas localizados en León, donde se alza una casa que fue habitada por Rubén Darío, convertida desde hace lustros en Museo y archivo dariano de singular provecho para los que se acercan a tan memorable edificio. La visita a la localidad, en cuya catedral reposan los restos del poeta, supuso y añadió al viajero una especial predisposición anímica antes de dar su conferencia dariana unos días más tarde, aunque no en esa urbe emblemática.


En Managua acontecerán los trece poemas siguientes, y allí va a tener lugar un encuentro con el escritor y político Sergio Ramírez en su casa. Como sea que la creación poética de Santiago Montobbio brota en cualquier circunstancia, lo que no implica que haya de brotar necesariamente en todas y cada una de las circunstancias, en el trayecto de la capital hasta Ribes que los organizadores del viaje le promovieron al poeta barcelonés, también van a componerse textos incorporados al libro, pese a los baches y saltos consiguientes de la ruta por carretera. En Ribes dará una charla en la Universidad Pablo Freyre ante unos trescientos maestros que la escucharon con total receptividad, tras la cual efectúa el retorno a Managua, a donde llegará con más poemas creados por el camino.

De nuevo en la capital del país, en ese ámbito se situarán los sesenta y cinco textos que conforman la tercera de las series escritas e inscritas en Managua. Es esta una secuencia en la que domina el vector metapoético, y en la que resulta muy nutrido el tipo de composiciones denominadas “poemas-poética”. En uno de los momentos textuales la autorreferencialidad llega a su culminación: “Soy el poema” (289). Resulta destacable en esta franja poemática la vertiente interpelativa, con invocaciones del hablante a la poesía, su pasión más arraigada, y a lectores potenciales. También merece anotarse cuanto se dice acerca de la relación de Santiago Montobbio con algunos poetas del 27, y en especial con Luis Cernuda, notas que han de conjuntarse con todos aquellos escritos de diversa índole del autor en la misma dirección.

Un par de poemas concebidos en el aeropuerto de Miami, espacio leído como un “no lugar”, ponen fin al intenso periplo nicaragüense, que se inició antes del viaje, y que solo terminará después como viaje físico cronológico, no espiritual. Como la estructura del libro responde al sentimiento, y no a un diseño que ostente simetrías y circularidades de marchamo artístico, no hay nuevos poemas aviónicos en el libro, sino que desde Miami se nos lleva a los lectores a tierra catalana, a horizontes ampurdaneses. Ahí el hablante, en compañía de su madre, cuyo rol en esta obra de Santiago Montobbio adquiere gran relieve significativo desde el punto de vista genético-literario, convivirá con recuerdos y libros de sus amigos nicaragüenses llevando bien adentrada esa Nicaragua inspiradora de su Nicaragua por dentro.



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Número 169 | abril de 2021

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