En los poemas de Samay
pisccok pponccopi muschcoypa / Espíritu de pájaro en pozos de sueño (2010),
libro del autor colombiano de la comunidad Yanakuna Mitmak Fredy Chikangana, se
articula un potente discurso que trasciende la denuncia y se erige en
afirmación de vida; un llamado a la memoria y un mapa de resistencia cultural.
A través de un análisis minucioso de tres poemas (momentos) de la obra,
publicada por el Ministerio de Cultura de Colombia, es posible desentrañar el
funcionamiento de la declaración de pervivencia colectiva, el papel nodal de
una voz poética que se corporiza a través de la tradición notable del cuerpo
como primer lugar político de la libertad y la construcción simbiótica entre la
identidad Quechua y la noción de lucha perpetua.
DEL
VACÍO
Ya nada será como antes
solo
u
n
v
a
c
í
o
sobre nuestros cuerpos
como
un desolado vaivén
como
olas adoloridas, rabiosas,
como
volcanes dormidos
(quizá)
como piedras o
como manchas
en un interminable
r e
g u e
r o d
e h u
e s o
s
En primer término, la
declaración de pervivencia colectiva funciona discursivamente a través de una
dialéctica entre la aniquilación y la resurrección. El poema Del vacío
establece el escenario catastrófico: “Ya nada será como antes / solo / u / n /
v / a / c / í / o”. La disposición tipográfica, que desmiembra la palabra “vacío”,
mimetiza en la página la experiencia de la disolución y el despojo. Pero esta
vacuidad no es pasiva. Supone un peso “sobre nuestros cuerpos” que contrasta
con la imagen de un “reguero de huesos”. La imagen es potentísima: evoca la
masacre, el genocidio, el intento histórico de reducir a un pueblo a restos
inertes (piezas arqueológicas de museo, actas de defunción antropológicas,
etc.). Sin embargo, esta enumeración de dolor —“olas adoloridas, rabiosas, /
como volcanes dormidos (quizá)”— contiene en sí la semilla de su negación. El “quizá”
que modifica esos volcanes dormidos, introduce la posibilidad latente de una
erupción, de una fuerza telúrica que aguarda bajo la apariencia de la
desaparición. Así, el discurso de la pervivencia nace paradójicamente de la más
profunda enunciación de la pérdida, preparando el terreno para su afirmación
explícita.
LA
CABEZA
Y desde la Madre Tierra habló una
cabeza
No
hemos muerto, dijo.
Estamos
en el silencio de las estrellas
En
el cielo azul y las nubes rojizas
En
el silencio de la noche
En
la pluma que habla sobre el agua
En
la cascada que golpea la piedra
Estamos
como ayer:
En
lucha interminable.
En la cosmovisión
indígena andina, el mito de la cabeza de Atahualpa —fundamento central de la
leyenda de Inkarri— no remite a la derrota ni al silenciamiento, sino a una
paradójica potencia de regeneración. Decapitado por el conquistador, el inca
entierra su cabeza en la tierra, y desde allí, en lugar de corromperse,
comienza a crecer hacia abajo, reconstituyendo lentamente su cuerpo en el
vientre de la Pachamama. Este gesto mítico encierra una verdad ontológica
fundamental: la muerte impuesta por la colonialidad no es definitiva, sino el
inicio de una resistencia subterránea y silenciosa que se nutre de lo
sagrado-telúrico. La cabeza, órgano de la palabra, la memoria y el gobierno, se
convierte así en el germen de un retorno anunciado, en el archivo vivo que
desafía el tiempo lineal de la historia oficial. Mientras la cabeza
crece, el pueblo sobrevive: no en la añoranza de un pasado irrecuperable, sino
más bien en la certeza de que la vida colectiva se renueva desde la justicia
inspirada por la respiración del planeta. De este modo, el mito trasciende su
carácter narrativo para erigirse en epistemología de la pervivencia…
PUÑADO
DE TIERRA
Me entregaron un puñado de tierra para
que ahí viviera.
“Toma, lombriz de tierra”, me dijeron,
“Ahí cultivarás, ahí criarás a tus
hijos,
ahí masticarás tu bendito maíz”.
Entonces tomé ese puñado de tierra,
lo cerqué de piedras para que el agua
no me lo desvaneciera,
lo guardé en el cuenco de mi mano, lo
calenté,
lo acaricie y empecé a labrarlo…
Todos los días le cantaba a ese puñado
de tierra;
entonces vino la hormiga, el grillo, el
pájaro de la noche,
la serpiente de los pajonales,
y ellos quisieron servirse de ese
puñado de tierra.
Quité el cerco y a cada uno le di su
parte.
Me quedé nuevamente solo
con el cuenco de mi mano vacío;
cerré entonces la mano, la hice puño y
decidí pelear
por aquello que otros nos arrebataron.
Después, en Puñado
de tierra, se hace patente la articulación con la resistencia indígena
desde una poética que ejemplifica los principios de una “literatura menor”; concepto
teórico que, como señalan Deleuze y Guattari (1975), se caracteriza por la
desterritorialización de la lengua hegemónica y la conexión de lo individual
con lo apremiantemente político. La obra aúna la pervivencia con un simbolismo
visceral y una interpelación directa, encarnando una práctica narrativa que
constituye un ensamblaje colectivo de la enunciación. Estos textos son
actos de reconstrucción comunitaria, donde la lengua minorizada —aquella que ha
sufrido marginación o prohibición (del Valle Escalante & Sosa-Velasco,
2011)— se siente en el cuerpo y la lucha se hereda como una condición
ineludible. Podría afirmarse que Chikangana, al apropiarse estratégicamente de
la lengua hegemónica, nos recuerda a través de sus versos que la descolonización
exige un lenguaje que no sólo describa, sino que active la memoria, el
territorio y una resistencia creativa que resignifica elementos discursivos
hegemónicos para reivindicar al sujeto indígena como sujeto pleno de agencia
(Rivera Cusicanqui, 2010), de gobierno de sí (Foucault, 1983).
El papel de la cabeza
hablante en el llamado a la lucha es el de un sujeto lírico colectivo y
ancestral. Y pareciera incluso que asume una triple función: afirmar la vida,
espacializar la presencia colectiva en el universo y, finalmente, convocar a la
acción. El verso “Estamos como ayer: / En lucha interminable”, establece una
línea de continuidad histórica. La lucha no es una elección momentánea, sino
una condición existencial, el estar mismo del pueblo. La cabeza actúa
como una conciencia histórica materializada; voz de los antepasados que
recuerda a los vivos que la participación en las dinámicas exógenas a las de su
propia comunidad y de la interpelación democrática no puede suponer la
asimilación cultural, el sincretismo, la hibridez y la pérdida de los valores
espirituales aglutinantes (como han querido algunos), sino más bien una
oportunidad para reclamar, desde la dignidad y el derecho propio a la palabra,
lo que les pertenece…
Como hemos visto,
este tránsito del cuenco al puño es la construcción discursiva más elocuente de
la relación Quechua-resistencia en el poema. No es un elemento externo a la
cultura, sino una respuesta orgánica e inevitable ante el despojo de aquello
que es constitutivo de la vida significada a través de significantes
insustituibles: el territorio. La identidad Quechua, construida en torno al
cultivo y la relación simbiótica con la Pachamama, se ve forzada a adoptar la
lucha como medio de supervivencia. No se abandona la esencia cultural —el puño
nace del mismo cuenco que calentaba cariñosamente la tierra—, sino que se
transforma para enfrentar la nueva realidad. La resistencia, por lo tanto, se
articula como defensa de lo sagrado y protección del sustento inmaterial y
cultural.
A modo de conclusión,
quisiera volver al poema La cabeza, porque presenta, en última
instancia, la voz que emerge de la tierra como personificación de la memoria
viva, cuyo llamado a la "lucha interminable" no es más que la
afirmación de una existencia que se niega a ser borrada. Esta imagen, que ha
sido utilizada a menudo por poetas indígenas de diversas latitudes, demuestra
además una hondura simbólica en los diálogos que permite entablar con la
historia y la subjetividad identitaria de los lugares de enunciación. Jaime
Luis Huenún, por ejemplo, utilizó famosamente la cabeza de Atahualpa en uno de
los poemas de su libro Fanon City Meu (2014) para retratar la vigencia
de las dinámicas multiculturales en las sociedades occidentales contemporáneas,
donde la relación con el espacio, la tierra, las prácticas económicas, la
lengua y la espiritualidad se han transformado debido a las tensiones
insalvables del genio humano. La resistencia Quechua, así, se construye no como
una ideología, sino como la evolución natural y necesaria de un vínculo sagrado
con la tierra, la naturaleza, el sustento y la vida. Un vínculo que, cuando es
amenazado, encuentra nuevas formas de oposición para garantizar su dignidad y,
por encima de todo, su derecho a existir y ser en consonancia con la
ininterrumpida solidaridad de la tierra.
ARTURO HERNÁNDEZ GONZÁLEZ (Colombia). Poeta, crítico literario, traductor y docente. Especialista en pedagogía. Magíster en Literatura y Cultura. Su obra ha sido premiada e incorporada en publicaciones de importantes medios culturales y literarios, así como traducida al italiano, rumano, búlgaro, francés, inglés, griego, albanés y coreano. Es autor de obras como Olor a Muerte (2011; 2012), Breviario de lo incierto (2017; 2024), Presagios del insomnio (2025), Terca materia inexacta (2025) y Arquetipos del infinito (2026). Ha recibido el I Premio Literario Internacional Letras de Iberoamérica – Poesía (México, 2017), el IV Premio Nacional Plenilunio de Poesía Leopoldo de Quevedo y Monroy (Colombia, 2023) y el IV Concurso poético Cezarina Dos Santos Álvarez (Uruguay, 2023). Dirige desde hace más de una década la revista internacional de cultura y artes Noche Laberinto y la Editorial Toská.
JAN ŠVANKMAJER (República Tcheca, 1934). Artista surrealista, marionetista, animador e cineasta, é conhecido por suas releituras sombrias de contos de fadas famosos e pelo uso vanguardista da animação stop-motion tridimensional combinada com filmagens em live-action. Alguns críticos o elogiaram por privilegiar os elementos visuais em detrimento do enredo e da narrativa, outros por seu uso de fantasia sombria. Adaptou obras literárias como Alice e Fausto. Sua obra Šílení (2005, Loucura) foi descrita como uma história de terror cômica que demonstra a influência do escritor americano Edgar Allan Poe e do nobre francês Marquês de Sade. Hmyz (2018, Inseto) é baseado na peça Ze ivota hmyzu (1921, A Peça dos Insetos) de Karel e Josef Čapek. A obra plástica de Jan Švankmajer nos acompanha nesta edição de Agulha Revista de Cultura em que é nosso artista convidado. Também podemos encontrar uma reveladora entrevista que lhe fez Floriano Martins, publicada em três idiomas.
Agulha Revista de Cultura
Número 265 | junho de 2026
Artista convidado: Jan Švankmajer (República Tcheca, 1934)
Editores:
Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com
Elys Regina Zils | elysre@gmail.com
ARC Edições © 2026
∞ contatos
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FLORIANO MARTINS | floriano.agulha@gmail.com
ELYS REGINA ZILS | elysre@gmail.com









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