¿De la necesidad, y del azar, o del azar y la necesidad, de hacer este
libro realidad (irrealidad), que nos podrías decir; como se estructuró y por qué; qué método tienes para desarrollar
este género, que no es el ensayo o la reflexión crítica sobre el cine, de las
explosiones e implosiones estéticas que el yo forma y transforma; consideras
que le dan otras dimensiones a la inquietud estética que es tuya, y del
carácter de tu yo en rebelión contra los géneros (las formas formalizadas); cómo
te instalas o incrustas esos mundos y sus visiones que son elementos de tú
hybris sensible, que intentas comunicar a otro (s) y por qué; de qué se trata
en Ocho minutos… y por qué el título, porque “Ocho minutos…”, y no más
de esos minutos (Ocho y medio, Fellini); qué temas abordas, o te abordan, y por
qué?
Sobre el azar y la necesidad, creo, como Buñuel, que
primero está el azar. Y agrego que la emoción pues el arte es emoción antes que
coherencia; luego, al escribir, toman forma estética los demonios y los abismos
del artista, en este caso, del escritor, y el caos inicial deviene orden lógico
artístico, e incluso orden político e ideológico, pero nunca diktat oficial.
Sobre la necesidad de hacer este libro realidad/irrealidad sólo te puedo decir
que es el producto de años de escritura, de selección y de exclusión de tantos
otros textos: por fortuna, uno siempre escribirá el mismo texto, sólo que, con
variaciones, y entonces el resultado es siempre, más o menos, el de una unidad
temática con enfoque y tratamiento parecidos entre sí. En cuanto al método, en
mi caso, como en el de Cortázar, es no tener método, en tanto no podemos
dictarle al corazón qué sentir para luego escribirlo: y ahí regresa la emoción,
para hacernos de nuevo sus esclavos, así no lo seamos o nos sintamos siempre
libres. Lo que desde luego no somos puesto que jamás dejan de dominarnos las
pasiones. A menos que nos convirtamos en ataráxicos puros, es decir, en seres
humanos impuros que recaemos en los prejuicios y en los miedos. Y ya sabes, querido Óscar, que sólo quien
no tiene ningún tipo de miedo, ni de prejuicios, puede amar con libertad. Y
estos cuentos fueron escritos con la mayor libertad posible: ya sabes que, como
Camus, soy avaro de esa libertad que desaparece cuando comienza el exceso de
bienes. Así que todo lo que en mí el Yo forma y transforma a partir de las
explosiones e implosiones estéticas es el efecto inconsciente, luego
consciente, de todo lo que me afecta, me habita, me estructura.

En tal sentido, claro que considero que le dan otras
dimensiones y alcances a la inquietud estética que no sé si será mía, pero que
hago mía, y la vuelco sobre la página en blanco, no necesariamente para darle
gusto al lector sino, ante todo, para que el resultado sea lo más parecido a lo
debe ser el arte: aquello que no obedece a intención alguna, sino que produce
efectos transformadores en mí y, por ende, en los demás. Pues no escribimos, en
sentido estricto, para nadie, ni para congratularnos con nadie, sino para hacer
catarsis sobre todo aquello que nos hiere y necesitamos sanar, así queden las
heridas por los flechazos y las envidias ajenas. En ello juega, también, cómo
no, mi rechazo a lo que se nos quiere imponer, y mi rebelión espontánea contra
los géneros en tanto nada es un ítem incontaminado: las cosas siempre serán el
resultado de la diferencia, que es el camino más expedito a la igualdad, y no
su antítesis; así como de la variedad, de los matices, en fin, de la tolerancia
hacia todo lo que sea vida, lo que signifique vida, lo que vaya contra la
muerte. Lo que intento comunicar a otros a través de mi hybris sensible, no es
otra cosa que todo lo que sea digno o indigno de recordar y que requiera trato
y revolución escritural, para que a la vez pueda ser para otros un hecho
revolucionario que sirva para cambiar sus vidas y, de paso, sea útil a la
Humanidad en general.

Por último, querido Óscar, Ocho minutos
y otros cuentos es una muestra concreta y a la vez ecléctica de historias y
relatos vinculados entre sí por diversos motivos y razones, con el tiempo como
referente: toda la vida el tiempo ha sido para mí un factor de preguntas e
inquietudes sin resolver, hasta llegar a convertirse en una impronta cuando les
leí a mis hijos Akenatón – La historia de la humanidad contada por un gato,
del francés Gérard Vincent, que él mismo presentó como Traducido directamente
del siamés por Gérard Vincent y en dicho libro encontré una de las definiciones
más sencillas y a la vez extrañas del término: El tiempo es la orilla;
nosotros pasamos y él da la impresión de correr. El tiempo es algo bien
artificial, al menos a partir de la idea del reloj, y muy vinculado al
capitalismo desde que B. Franklin lo convirtió en sinónimo de dinero (El tiempo
es oro) y, más allá, de plusvalía y por eso también es sucedáneo de
contrariedad para mí. Soy amigo del tiempo natural, desinteresado, no del
cronológico e interesado por antonomasia. En cuanto al porqué del título y por
qué Ocho minutos y no más, apenas
puedo decirte que es el tiempo diegético del cuento al que corresponde el
título y que como no es impar sino par, un número par, quiero decir, eso se
debe a que, si bien no siento odio por nada, sí hago una excepción con los
números pares, antes que, con las inyecciones en el culo, la hipocresía, la nariz tapada. Y, claro,
como se trata de un hecho negativo no le puse nueve u once minutos pues no lo
merecía. Ya para cerrar, te diría que, aunque los temas son múltiples y
variados todos desembocan en el mismo mar, el mar de la disidencia, la
reflexión y la crítica (implícita, no siempre explícita), y esos temas son: el
tiempo, la soledad, el amor, el odio, la violencia, el hambre, la injusticia,
la desigualdad, la intolerancia, la muerte, entre muchos otros.

OSCAR JAIRO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ (Colombia). Educador, escritor, ensayista,
conferenciante y promotor cultural, es profesor en la Universidad de Medellín.
Adicionalmente a sus estudios en Filosofía y Letras cuenta con un diplomado en
Problemas y Perspectivas en Filosofía y una maestría en Historia del Arte. Es miembro
y colaborador de varias revistas de investigación y creación literaria. Ha
publicado La ciudad soñada (compilación de textos sobre la ciudad), Pincel
de hierba (a la manera del haikú), La trompeta de Mercurio (sobre el
libro y la lectura), En causa propia y Conversación y silencio
(entrevistas).

JAN ŠVANKMAJER (República Tcheca, 1934). Artista
surrealista, marionetista, animador e cineasta, é conhecido por suas releituras
sombrias de contos de fadas famosos e pelo uso vanguardista da animação stop-motion
tridimensional combinada com filmagens em live-action. Alguns críticos o
elogiaram por privilegiar os elementos visuais em detrimento do enredo e da
narrativa, outros por seu uso de fantasia sombria. Adaptou obras literárias
como Alice e Fausto. Sua obra Šílení (2005, Loucura)
foi descrita como uma história de terror cômica que demonstra a influência do
escritor americano Edgar Allan Poe e do nobre francês Marquês de Sade. Hmyz (2018,
Inseto) é baseado na peça Ze ivota hmyzu (1921, A Peça dos Insetos)
de Karel e Josef Čapek. A obra plástica de
Jan Švankmajer nos acompanha nesta edição de Agulha Revista de Cultura
em que é nosso artista convidado. Também podemos encontrar uma reveladora
entrevista que lhe fez Floriano Martins, publicada em três idiomas.
Agulha Revista de Cultura
Número 265 | junho de 2026
Artista convidado: Jan Švankmajer (República Tcheca, 1934)
Editores:
Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com
Elys Regina Zils | elysre@gmail.com
ARC Edições © 2026
∞ contatos
https://www.instagram.com/agulharevistadecultura/
http://arcagulharevistadecultura.blogspot.com/
FLORIANO MARTINS | floriano.agulha@gmail.com
ELYS REGINA ZILS | elysre@gmail.com
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