quarta-feira, 10 de junho de 2026

OSCAR JAIRO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ | Los cuentos de Luis Carlos Muñoz Sarmiento

 


¿De la necesidad, y del azar, o del azar y la necesidad, de hacer este libro realidad (irrealidad), que nos podrías decir; como se estructuró  y por qué; qué método tienes para desarrollar este género, que no es el ensayo o la reflexión crítica sobre el cine, de las explosiones e implosiones estéticas que el yo forma y transforma; consideras que le dan otras dimensiones a la inquietud estética que es tuya, y del carácter de tu yo en rebelión contra los géneros (las formas formalizadas); cómo te instalas o incrustas esos mundos y sus visiones que son elementos de tú hybris sensible, que intentas comunicar a otro (s) y por qué; de qué se trata en Ocho minutos… y por qué el título, porque “Ocho minutos…”, y no más de esos minutos (Ocho y medio, Fellini); qué temas abordas, o te abordan, y por qué?

Sobre el azar y la necesidad, creo, como Buñuel, que primero está el azar. Y agrego que la emoción pues el arte es emoción antes que coherencia; luego, al escribir, toman forma estética los demonios y los abismos del artista, en este caso, del escritor, y el caos inicial deviene orden lógico artístico, e incluso orden político e ideológico, pero nunca diktat oficial. Sobre la necesidad de hacer este libro realidad/irrealidad sólo te puedo decir que es el producto de años de escritura, de selección y de exclusión de tantos otros textos: por fortuna, uno siempre escribirá el mismo texto, sólo que, con variaciones, y entonces el resultado es siempre, más o menos, el de una unidad temática con enfoque y tratamiento parecidos entre sí. En cuanto al método, en mi caso, como en el de Cortázar, es no tener método, en tanto no podemos dictarle al corazón qué sentir para luego escribirlo: y ahí regresa la emoción, para hacernos de nuevo sus esclavos, así no lo seamos o nos sintamos siempre libres. Lo que desde luego no somos puesto que jamás dejan de dominarnos las pasiones. A menos que nos convirtamos en ataráxicos puros, es decir, en seres humanos impuros que recaemos en los prejuicios y en los miedos. Y ya sabes, querido Óscar, que sólo quien no tiene ningún tipo de miedo, ni de prejuicios, puede amar con libertad. Y estos cuentos fueron escritos con la mayor libertad posible: ya sabes que, como Camus, soy avaro de esa libertad que desaparece cuando comienza el exceso de bienes. Así que todo lo que en mí el Yo forma y transforma a partir de las explosiones e implosiones estéticas es el efecto inconsciente, luego consciente, de todo lo que me afecta, me habita, me estructura.


En tal sentido, claro que considero que le dan otras dimensiones y alcances a la inquietud estética que no sé si será mía, pero que hago mía, y la vuelco sobre la página en blanco, no necesariamente para darle gusto al lector sino, ante todo, para que el resultado sea lo más parecido a lo debe ser el arte: aquello que no obedece a intención alguna, sino que produce efectos transformadores en mí y, por ende, en los demás. Pues no escribimos, en sentido estricto, para nadie, ni para congratularnos con nadie, sino para hacer catarsis sobre todo aquello que nos hiere y necesitamos sanar, así queden las heridas por los flechazos y las envidias ajenas. En ello juega, también, cómo no, mi rechazo a lo que se nos quiere imponer, y mi rebelión espontánea contra los géneros en tanto nada es un ítem incontaminado: las cosas siempre serán el resultado de la diferencia, que es el camino más expedito a la igualdad, y no su antítesis; así como de la variedad, de los matices, en fin, de la tolerancia hacia todo lo que sea vida, lo que signifique vida, lo que vaya contra la muerte. Lo que intento comunicar a otros a través de mi hybris sensible, no es otra cosa que todo lo que sea digno o indigno de recordar y que requiera trato y revolución escritural, para que a la vez pueda ser para otros un hecho revolucionario que sirva para cambiar sus vidas y, de paso, sea útil a la Humanidad en general.


Por último, querido Óscar, Ocho minutos y otros cuentos es una muestra concreta y a la vez ecléctica de historias y relatos vinculados entre sí por diversos motivos y razones, con el tiempo como referente: toda la vida el tiempo ha sido para mí un factor de preguntas e inquietudes sin resolver, hasta llegar a convertirse en una impronta cuando les leí a mis hijos Akenatón – La historia de la humanidad contada por un gato, del francés Gérard Vincent, que él mismo presentó como Traducido directamente del siamés por Gérard Vincent y en dicho libro encontré una de las definiciones más sencillas y a la vez extrañas del término: El tiempo es la orilla; nosotros pasamos y él da la impresión de correr. El tiempo es algo bien artificial, al menos a partir de la idea del reloj, y muy vinculado al capitalismo desde que B. Franklin lo convirtió en sinónimo de dinero (El tiempo es oro) y, más allá, de plusvalía y por eso también es sucedáneo de contrariedad para mí. Soy amigo del tiempo natural, desinteresado, no del cronológico e interesado por antonomasia. En cuanto al porqué del título y por qué Ocho minutos y no más, apenas puedo decirte que es el tiempo diegético del cuento al que corresponde el título y que como no es impar sino par, un número par, quiero decir, eso se debe a que, si bien no siento odio por nada, sí hago una excepción con los números pares, antes que, con las inyecciones en el culo, la hipocresía, la nariz tapada. Y, claro, como se trata de un hecho negativo no le puse nueve u once minutos pues no lo merecía. Ya para cerrar, te diría que, aunque los temas son múltiples y variados todos desembocan en el mismo mar, el mar de la disidencia, la reflexión y la crítica (implícita, no siempre explícita), y esos temas son: el tiempo, la soledad, el amor, el odio, la violencia, el hambre, la injusticia, la desigualdad, la intolerancia, la muerte, entre muchos otros.





OSCAR JAIRO GONZÁLEZ HERNÁNDEZ (Colombia). Educador, escritor, ensayista, conferenciante y promotor cultural, es profesor en la Universidad de Medellín. Adicionalmente a sus estudios en Filosofía y Letras cuenta con un diplomado en Problemas y Perspectivas en Filosofía y una maestría en Historia del Arte. Es miembro y colaborador de varias revistas de investigación y creación literaria. Ha publicado La ciudad soñada (compilación de textos sobre la ciudad), Pincel de hierba (a la manera del haikú), La trompeta de Mercurio (sobre el libro y la lectura), En causa propia y Conversación y silencio (entrevistas).




JAN ŠVANKMAJER (República Tcheca, 1934). Artista surrealista, marionetista, animador e cineasta, é conhecido por suas releituras sombrias de contos de fadas famosos e pelo uso vanguardista da animação stop-motion tridimensional combinada com filmagens em live-action. Alguns críticos o elogiaram por privilegiar os elementos visuais em detrimento do enredo e da narrativa, outros por seu uso de fantasia sombria. Adaptou obras literárias como Alice e Fausto. Sua obra Šílení (2005, Loucura) foi descrita como uma história de terror cômica que demonstra a influência do escritor americano Edgar Allan Poe e do nobre francês Marquês de Sade. Hmyz (2018, Inseto) é baseado na peça Ze ivota hmyzu (1921, A Peça dos Insetos) de Karel e Josef Čapek. A obra plástica de Jan Švankmajer nos acompanha nesta edição de Agulha Revista de Cultura em que é nosso artista convidado. Também podemos encontrar uma reveladora entrevista que lhe fez Floriano Martins, publicada em três idiomas.

  



Agulha Revista de Cultura

Número 265 | junho de 2026

Artista convidado: Jan Švankmajer (República Tcheca, 1934)

Editores:

Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com

Elys Regina Zils | elysre@gmail.com

ARC Edições © 2026


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