segunda-feira, 5 de outubro de 2026

GLADYS MENDÍA | Cinco poéticas del cuidado y la palabra que sana: Belmonte, Benarroch, Quintero, Gavlovski, Hurtado

 


Esta breve muestra nace de la amistad y de la poesía compartida. Los cinco autores son venezolanos, poetas y terapeutas. Acompañan a las personas en sus procesos de transformación. Lo hacen con escucha amorosa, con imaginación y con una ética de cuidado que convierte el lenguaje en un espacio de común unión. La poesía entonces es aquí una voz/camino que orienta, alivia, organiza la experiencia y le da una visión nueva a lo que duele.

Luis Enrique Belmonte afina la mirada sobre lo cotidiano. Observa lo ínfimo y le concede dignidad. Trabaja con objetos, horas, ventanas, animales lentos. Su tono es cordial y atento. El humor abre paso a una compasión activa. El poema se vuelve compañía. La escritura es un gesto que baja el pulso y permite habitar el tiempo con paciencia.

Victoria Benarroch escribe desde la economía del corte y la respiración breve. Su libro El desierto que cruzamos trabaja con tres materiales cardinales —arena, agua, luz— como operadores de temporalidad: la arena erosiona, el agua recuerda, la luz hiere y guía. Esta tríada organiza un camino de purificación y escucha; el deseo se vuelve disciplina de atención. La blancura de página y la sintaxis contenida regulan el aire en la lectura: más que declamación, respiración compartida.

Florencio Quintero celebra el cuerpo, la risa, el juego. Su dicción es expansiva, festiva, dionisíaca. La enumeración libera la percepción y desarma rigideces del ánimo. La gratitud funciona como práctica. La sensualidad es vitalidad que devuelve energía a la lengua. La voz se inclina por la alegría lúcida, capaz de sostener contradicciones sin negarlas.

Johnny Gavlovski arma su voz con el elemento agua. El ritmo de la lluvia marca el ritmo de la respiración. Hay secuencias progresivas, silencios, entendimientos sobre la marcha. La repetición modula la voz y la vuelve estable. Los poemas registran disoluciones y reapariciones. La palabra se ofrece como abrigo en momentos difíciles. La forma cuida: administra la luz, el descanso, el latido.

Ana María Hurtado piensa desde la intemperie. En su libro La fiesta de los náufragos, la figura del naufragio organiza un tránsito de exposición y clarificación. El mar es medio y método: blanquea, limpia, sostiene. La orfandad se asume sin dramatismo y se transforma en claridad. El poema funda una comunidad de supervivientes. La voz convoca, reúne, abre lugar.

Estos cinco amigos comparten una convicción: la palabra poética puede sanar, en toda su magia sincrónica tiene el poder transformador. En mis lecturas de sus poéticas recorro sus distintos tonos, su imaginería y sus silencios; todo me dice, me acompaña y me cobija. Aquí, la poesía es un modo de estar con los demás, de caminar y sanar juntos.

 

LUIS ENRIQUE BELMONTE — Provisorio. Antología (1997–2019) (LP5 Editora, 2019)

 

EL ORGÁNICO PLACER DE NO SER NADA

 

Algo despierta

cuando se inundan las fosas de cadáveres sonrientes

se encadenan las plegarias

se incomodan los santos al llegar los desenterradores

de cabezas rotas zapatos de cuero podridos

 

Titila el anillo incrustado su majestad entre tanto despojo

mientras la tierra se cuece para adentro trabaja

obstinadamente en su afán de devorarlo todo

devolverlo todo al reino del orgánico placer de no ser nada

 

Aquí está el poema

míralo ahora y ya no está  

nunca estuvo

es la quimera de tu vida de afeitadora gastada

hojilla de múltiples fracasos destila el destello que corta la barbilla

la sangre tardando en anunciar su fuga se mezcla

con la crema de afeitar espesa olor desinfectante

no te me vayas chorrito de agua recién nacido con olor a tubería

 

Porque la sangre se impacienta huye se coagula

tapiando la entrada de tu casa mí amigo

cuando vengas orgulloso a recibir como buey en matadero

el derecho a la mortalidad porque el derecho a vivir lo malgastaste

en cuatro copas con lágrimas

de mujeres que te amaron

 

 Aquí

 

                 cerca de ti

 

en tus gestos repetidos

se cava la fosa

despertador jabón tostador de pan timbre botón reventado

 

Y no llores

 

te puedes descomponer antes de tiempo.

 

 

LAS HORAS

 

De vez en cuando

Las horas maduras

Caen sobre la vida

 

Vicente Huidobro

 

1

 

Veo las horas arrastrar

el bagazo de lo vivido

Las horas como murciélagos

cayendo

en lo más oscuro de mis manos

Un rumor de alas

hojas secas crujiendo sobre el techo

El lápiz encendido

por la urgencia de estas horas

buscando remanso en la medianoche

 

2

 

Se ensancha

el fantasma del pan sobre la mesa

La flor en el rincón

expira su último color

Un rayo de luz azul

               enredado en la cortina

alumbra el paso amortiguado de las horas

 

3

 

Las horas miran con tristeza

las trazas del camino abandonado

el cuarto con olor a naranjales

Las horas continúan su paso

por los desfiladeros del recuerdo

            van pasando en su durar

junto a las ánimas extraviadas

el coro de grillos

que insertan sus patas en la noche

 

4

 

Las horas elevándose

como pompas de jabón

 

Las horas sobre la terraza

pájaros ardiendo en pleno vuelo

 

5

 

A la medianoche

se lavan las horas

se comienza de nuevo.

 

 

CIELO POR EQUIVOCACIÓN EN MI VENTANA

 

Porque en el fondo lo que amo es lo que pasa

Pierre Reverdy

 

Yo poco sé

de grandes cielos

pero esta tarde

la ventana me ha regalado uno

con nubes y vientos y seres voladores

 

Yo no sé mucho

de mecánica celeste

               sin embargo

he tenido que reparar

un espejo incrustado en un globo aéreo

 

No es gran cosa

este cielo que se tropieza

con un cable eléctrico

 

Cuando un pájaro rojo lo atraviesa

un grito de olimpíadas

se escucha en el patio

también la abuela siente

un escozor de peces alegres

en la planta de sus pies

 

Yo sé poco de cielos

Esta tarde

ha encallado uno en mi ventana

ensanchada como un lago

duplicándose a sí misma

Este cielo

que bien podría caber

en un cajón del clóset

viene de muy lejos en el tiempo

varios siglos y ventanas

conocieron de su modesta majestad

cuando el ocaso amorosamente

le alisaba los cabellos

Este cielo

tiene un tinte amarillento

un relinchar de caballos sedientos

huesos calcinados armaduras desvencijadas

tantas batallas gloriosas

ahora intervenidas por el pasto

 

Este cielo busca el alivio de un riachuelo

y en su camino

              por equivocación

ha pernoctado en el cristal de mi ventana.

 

 

AMOR ULTRASÓNICO

 

Sé que estás allí

sobre las copas de los árboles

ardiendo al atardecer

 

Mi estrella que estalla con todos sus colores

como el cobre que se derrite en el fuego

suenas por los laberintos del aire cuando te vas

con todos los barcos todos los graznidos

 

Malabares sobre el cable

que atraviesa la voluntad de estar de pie

soportando tantas palomas de sucio callejón

sobre los hombros

 

Y siento que ya no estás

cuando pasa sobre mi cabeza

un jet ultrasónico me acuerdo de ti corazón

con tu adiós en plena combustión

superando la barrera del sonido.

 

 

LAS TORTUGAS NADAN MANSAMENTE

 

Las sagradas escrituras

pueden estar impresas

sobre una servilleta arrugada

Todo el andamiaje del mundo

puede ser desbaratado

por una lágrima tuya bajo la lluvia

La luz que buscan los sabios

puede estar agazapada

en el fósforo que enciende el mendigo

debajo del puente

Los pájaros hacen su nido

en los lavamanos olvidados

Las tortugas nadan mansamente hacia los confines del mundo

para sostenerlo de nuevo

porque los titanes no pueden más con las columnas

porque les pica mucho la nariz

porque se han resbalado con las aceitunas del banquete

porque se han olvidado

de las flores amarillas y de los dioses que se columpian

bebiendo como abejorros

un néctar de siglos bermejos.

 

 

LUIS ENRIQUE BELMONTE (1971). Poeta. Narrador. Médico Psiquiatra. Psicoterapeuta. Ha publicado: Cuando me da por caracol (Ediciones Mucuglifo, Mérida, 1997); Cuerpo bajo lámpara (Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas, 1998); Inútil registro (Editorial Rialp, Madrid, 1999); Paso en falso (Ediciones Mucuglifo, Mérida, 2004); Salvar a los elefantes (Editorial Equinoccio-Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2006; Ediciones Emma Zunz, Buenos Aires, Argentina, 2015; Ediciones B, 2017); Pasadizo. Poesía reunida 1994-2006 (Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2009); Compañero paciente (Cooperativa Editorial Lugar Común, Caracas, 2012); y 40 consejos para un perro callejero (Utopía portátil, Caracas, 2018). Textos suyos aparecen en: Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (Selección, introducción y notas de Gustavo Guerrero, Editorial Pre-Textos, Valencia, España, 2010); Las palabras necesarias. Muestra antológica de poesía venezolana del siglo XX (Selección y prólogo de Arturo Gutiérrez Plaza, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2010); Exilios. Poesía latinoamericana del siglo XX (Selección y presentación de Marina Gasparini, Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, Caracas, 2012); Canon abierto. Última poesía en español (Selección, prólogo y notas de Remedio Sánchez García y Anthony L. Geist, Visor, Madrid, España, 2015); Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (Selección, prólogo y notas de A. López Ortega, M. Gomes y G. Saraceni, Editorial Pre-textos, Valencia, España, 2019). Premio de poesía Fernando Paz Castillo (1996, Centro de estudios latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas, Venezuela). Premio Adonais de poesía (1998, Madrid, España). Premio de poesía de la VI bienal de literatura Mariano Picón Salas (2005, Mérida, Venezuela). Medalla internacional de poesía Vicente Gerbasi (2014, Caracas, Venezuela).

 

 

VICTORIA BENARROCH. El desierto que cruzamos (LP5 Editora, 2025)

 

fragmentos del libro

 

El deseo de sus párpados 

me llueve

en lo blanco 

de una luz extraviada

 

ese destello esconde

la incertidumbre que atrapa mis raíces

 

arropo con fuerza el agua cristalina

y un refugio permanece

 

 

Un espacio hondo 

transforma mi primer arrullo 

en un amplio grano de arena

 

mi labor es abrazar  

las paredes que cubren ese olvido

 

 

Sobre la calma enciendo un poema

su llama

recoge el sonido de un muro

 

 

mi dolor reposa en un salmo  

 

 

 

El despertar de la luz 

presiente la herida

el trazo 

que el amor se ha llevado

 

la sensación de estar vivos desde siempre 

 

 

Cada silencio procura el vacío

el regreso  

reconstruye

 

el amor que dejamos en la puerta

 

 

Adivino el susurro de unos pasos

llega el peregrino 

me instalo en su morada

aguardo lo que trae

 

cada palabra desprendida de mi vientre

calma del paisaje

su hondo abismo



inicio mi desnudo       en brazos del universo 

 

 

No oculta lo que mi faz advierte

 

el aire que nos separa

convierte en ángel 

la mirada que nos cruza

 

emplaza en mí      nueva piel

 

 

¿Por qué no nos quedamos mirando lo que el deseo estaba por decirnos?



El espacio deshabitado 

nos entrega

una ilusión blanca

llena de ternuras  

 

no saben a dónde ir

ni cómo cobijarse del dolor del tiempo

 

 

Nunca dejamos volar a los astros

que nos tocaron con su magia 

nos quedamos allí

en el exacto silencio del deseo

 

 

lo más hermoso que compartimos

 

 

En la sombra de un secreto

burlamos el olvido

 

el amor que no dejamos volar

hoy despierta 

 

las alas que tenemos

 

 

Este volver íntimo

inevitable

siente dolor de arena

 

en la distancia

me coloca ante el tiempo

y enmudezco

 

intento en los vocablos

dibujar 

esa línea indeleble

que nos une en el deseo

 

 

Destejí siglos

se alivió el peso

 

hallé mi voz

 

 

 

VICTORIA BENARROCH (1962) es poeta, educadora y asesora psicoeducativa. Participó en el taller de poesía del CELARG con María Antonieta Flores ( 2001- 2002). Publicó Entretejido (Eclepsidra, 2007; Ediciones grupoTei, 2015), La memoria de los trenes (Eclepsidra, 2015) y Siete poemas del encuentro fortuito de las estrellas (Petalurgia, España, 2021). Es miembro del Círculo de Escritores de Venezuela, de la AIPEH Miami y de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana. Su poesía integró la muestra fotográfica de J.J. Castro (Hotel Tamanaco, 2003), como diálogo entre imagen y palabra. Ha presentado su obra en ferias del libro en Caracas, Miami y Panamá, y fue invitada a Melilla, España, en 2010 para presentar Entretejido. Su trabajo ha sido difundido en medios culturales dentro y fuera de Venezuela, y forma parte de antologías como Exilios y otros desarraigos, Hacedoras, El puente es la palabra, La desnudez de la luz, El dulce ron que las embriaga y Cien mujeres contra la violencia de género. Ha participado en festivales y lecturas poéticas a nivel nacional e internacional.

 

 

FLORENCIO QUINTERO — De risas y asombros (LP5 Editora, 2023)

 

UN DISCRETO POEMA DE AMOR

 

Y prescindo de cuidarme de la cursilería

          (ya he escrito amor dos veces)

Releo lo escrito y sonrío:

              Ridículamente feliz

 inserto el discreto poema

                              en la botella vacía

con la esperanza de que se añeje

y podamos beber

                                 de su dulce licor.

 

 

NADO

 

A Carolina Hurtado Bosco

 

Nado en tus ojos

        Atravieso

                          sus olas embravecidas

                                                 

                 Nado hacia la promesa de tus pestañas

  Más no me esfuerzo en demasía

 guardo el deseo secreto

              de naufragar en su azul por siempre.

 

 

POEMA

 

Pulpejos se desplazan sobre las teclas

con su percutir señalan

el curso del discurso

 

Nacen de los pulpejos imágenes y sonidos

                primordiales

Bastan ahora unos ojos ávidos

una escucha atenta

 

Dejará esto de ser una torpe escansión de tinta

 

será un poema.

 

 

TEOREMA DEL COITO

 

En tus muslos cuando aferran mis temores

surge un remedo de certeza

 

           dura un instante.

 

 

AGRADEZCO ESTA DICHA

 

Si tuviese que hacer una lista

de todas aquellas cosas que me han enternecido:

 

Los pericos del parque del este

          Mi abuelo recogiendo piedras muy redondas y lisas en un camino de grava

El sonido que atesora el caracol

El primer asomo tímido de tus pechos

              Un niño llorando en una piñata

             El cuarto concierto de Brandemburgo

La suavidad de tu pubis

              El vuelo de una libélula sobre un estanque

Un beso entre mis padres

               El particular salobre de Cabo Negro

 

Si tuviese que hacer una lista

         me faltarían palabras y vida.

 

 

UNO

 

Yo soy una muchedumbre     de uno

Un enjambre       de uno

Una multitud unitaria

 

Soy el espacio infinito contenido entre dos números

La distancia insondable entre dos órbitas de electrones

 

Muchedumbre en uno

 

Uno diluido y recompuesto en todo.

 

 

FLORENCIO QUINTERO (Caracas, 1980). Poeta, dibujante y médico cirujano (Universidad Central de Venezuela, 2004), psiquiatra (Hospital Universitario de Caracas; UCV, 2009), psicoanalista (egresado del Programa de Estudios Superiores de Psicoanálisis de Orientación Lacaniana del CID-Las Mercedes, 2004). Ha publicado en Poesía: Divertimento (Monte Ávila Editores, 2005). Muchedumbre de Uno (Editorial Equinoccio, 2011). La Melancolía de Hércules (Diario de Italia) (Editorial Eclepsidra, 2021). La seriedad del niño que juega (El Taller Blanco Ediciones, 2022). Se ha hecho merecedor de los premios: primer lugar del Concurso Nacional de Poesía para liceístas, organizado por la Casa de la Poesía Pérez Bonalde (1997) con su poemario Orgasmo Cósmico; primer y segundo lugar en el I Concurso de Poesía Vargas, Organizado por la Escuela de Medicina J.M. Vargas de la UCV (2001), con sus poemarios Retórica de lo Mundano y Nostalgia del Vuelo, respectivamente; ganador del III Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores (poesía, 2005) con Divertimento. Algunos de sus poemas se encuentran publicados en los vólumenes: En Obra. Antología de la poesía venezolana (1983-2008) realizada por Gina Saraceni (Editorial Equinoccio, 2008); Antología de Joven Poesía Venezolana, (edición bilingüe castellano- árabe, Universidad del Líbano, 2009); 102 poetas. Jamming (OT editores 2014); Destinos portátiles. Muestra de poesía venezolana reciente (Vallejo & Co., Lima, 2015); Tiempos grotescos (Revista Ritmo, UNAM, México, 2015). Fue columnista y dibujante de Zuplemento, revista de cómic e ilustración en Venezuela.

 

 

JOHNNY GAVLOVSKI — La lluvia que me habita (LP5 Editora, 2025)

 

FRAGMENTOS DESDE LA GRIETA

 

Sobre el recuerdo y el temblor a propósito

del terremoto de Caracas 1967.

 

I.-

 

fue un cielo rojo,

una voz rota

caía todo

bajo el temblor

 

los brazos de mi padre

nos sostenían

 

la grieta apareció

tenía siete años

allí estaba ella

al lado de mi cama

quieta

nada decía

parecía esperar

como si supiera

que aún faltaba algo

por romperse

 

pasaron años

la grieta seguía allí

pero ya nadie la miraba

 

II.-

 

sólo yo sabía

que algunas noches

me ardía el polvo

en la garganta

 

subía por ella

me hacía toser

como si aún se abriera

fija

de noche

cuando la grieta respiraba

 

subía desde el suelo

hasta un metro

por encima de mi

almohada

 

todas las noches

la miraba de reojo

como aquél recuerdo del temblor

que insistía en aterrarme

 

con el tiempo

la grieta cambió de nombre

fue caída

huella

trayecto

 

se volvió mapa

camino

afuera

adentro

hiato

brecha

 

después

fisura

luego

juntura

 

quizás

dintel

tal vez

umbral

paso

indicio

preludio

origen

 

o simplemente

lo que quedó

 

III.-

 

desde el otro lado

sin mirada

  con el tiempo

imaginé que alguien me observaba

 

sólo esperaba

  con el tiempo

 

empecé a pensar

que vivía allí

alguien

al otro lado

 

solo esperaba

como si supiera que

tarde o temprano

   con el tiempo

yo cruzaría

 

IV.-

 

la grieta no era colapso

era resto

recuerdo

puerta

 

sus bordes brillaban

 

el yeso recordará

una topografía sin destino

 

el mundo se desdoblaba

 

yo

sin saberlo

comenzaba a cruzarlo

 

V.-

 

trayectos

al borde del pliegue

laberintos de Piranesi

 

del otro lado

universos de Escher

sin dimensiones

 

versiones de mí

que nunca aprendieron

a esconderse

 

jugaban con las palabras

como piedras brillantes

como si el lenguaje

fuera un templo secreto

hecho de formas y fuego

el borde era río

 

flotaba

sobre la grieta

de lo que aún

escapa al lenguaje

 

VI.-

 

púber

un día me encontré

conmigo mismo

sentado en un escalón

como en aquellos días

cuando sin ser mayor de siete

decidía irme de casa

 

llegaba hasta la acera

y rápido regresaba

 

ahí me quedaba

con las piernas cruzadas

como siempre hacía

antes de comprender que

 

entre la piel y el hueso

de las escaleras de Escher

había cosas

que se escapan

 

solo se pueden mirar

desde el vértigo del recuerdo

 

VII.-

 

frente a frente

el niño

que fui

me vio

en mi madurez

 

como si supiera

que había olvidado

algo sagrado

 

no preguntó

no dijo

solo atravesó

mi mirada

 

su voz

era la mía

pero sin grietas

       sin temblores

       sin miedo

 

VIII.-

 

la infancia

se disolvió en la superficie

líquida

 

 

a veces

cuando cierro los ojos

me habla con imágenes

 

no me pintes,

no me borres

 

la grieta solo quería

ser escuchada

cuando el silencio

en pedazos

se quebraba

 

IX.-

 

en ese otro lado

se colaba

a veces

en una conversación trivial

en un reflejo fugitivo

en una grieta nueva

en otra pared

en una mirada

—que duraba demasiado—

 

una vibración

me atravesaba

cuando el mundo

parecía demasiado plano

 

X.-

 

la grieta

respiraba otra vez

 

sigue

respira

 

a veces la dejo latir

entre mis letras

por tu boca

sigue

respira

como herida

 

respira

respira

 

la comprensión

es otra grieta

más honda,

más cruel

 

 

sigue

respira

respira

hasta que el mundo

se parta en dos

 

XI.-

 

años después

muchos

cuando todos nos fuimos

cuando el edificio cayó

cuando entre los escombros

la grieta no apareció

 

—no se dejó enterrar—

 

se deslizó entre los días

como un espectro sin nombre

 

se alojó en mis letras

en mis silencios

en la forma en que esquivo

 

ciertos lugares

ciertas palabras

la grieta

se hizo óxido

en mis silencios

 

XII.-

 

fue una noche

fisura en el sueño

surco, juntura, dintel, umbral,

paso, indicio, preludio, comienzo

mínimo espacio

donde se filtran

constelaciones

 

no era memoria

tampoco laberinto

anterior al lenguaje

 

y yo

sin cuerpo

me deslicé

como quien retorna

a donde nunca ha estado

 

allí la reencontré

como destino

como temblor

tejiendo galaxias

con hilos de silencio

 

 

CASA PRESTADA

 

como quien ordena

un antiguo guardarropa

viví desgajando misterios

guardando llaves

nombrando cajones

vacíos

 

armario de sombras

que creí mío

esas llaves sin cerradura

esas voces sin nombre

esas fotos sin cuerpo

 

todo lo amontonado

se inclinó hacia el silencio:

las cartas

las huellas

los temblores de la infancia

que no me reconocen

 

acaricio un libro viejo

como si el papel

            supiera mi nombre

como si el tacto

             fuera mío

como si este cuerpo

             no fuera prestado

 

un mueble heredado

donde otros guardaron antes

y otros conservarán después

 

acomodar objetos

fue apenas la vida

los míos

los de otros

demonios extraviados

ángeles dormidos.

 

casa prestada,

donde nada nos pertenece

ni el temblor

ni la respuesta

ante lo que creí mío

 

ni siquiera este cuerpo

que se desviste

ante su propia despedida

 

y en el momento

de llegar la hora

ante el sonido del último adiós

todo

          abierto está

todo

            vacío queda

 

la casa

            no me espera

 

no abren

las llaves

mías no son

 

no contesta

el nombre que respondía

no me viste

el cuerpo que cubrí

 

la casa prestada

se revela

 

morir

en apenas comprender

en esta madera

gastada

 

 

JOHNNY GAVLOVSKI (1960). Escritor. Psicólogo clínico y psicoanalista. Docente UNIMET (Desde 2006). Su obra traducida a varios idiomas, así como llevada al cine y la TV. Ha ganado varios premios y distinciones entre los que destacan: Premio Poesía. UCAB.1988 Premio Municipal de Teatro: "Puentes rotos”; Firma el Libro de Honor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Carolina de Praga, República Checa.; 1997: Premio Sundance Festival de cine como guionista. 1997: Premio Municipal de Teatro por "Habitante del fin de los Tiempos".  2008: Ganador del Premio mejor dramaturgo por su obra “LA ULTIMA SESION”. Premio Actors of the World, Londres.  Entre sus publicaciones: POESIA. 1987.- Cascadas (UCAB); 1990: Dragones (Edit Pomaire); 2024.- Poemas Químicos (Edit Diosa Blanca); (inédito); 2025: Red de seda (Taller blanco edic); Pequeños penitentes y Paisaje inconcluso (en preparación) Invitado a la antología: Resistir. La luz de la poesía contra el caos del mundo (París, 2025).

 

 

ANA MARÍA HURTADO — La fiesta de los náufragos (La Diosa Blanca, 2015)

 

NÁUFRAGOS (fragmentos)

 

las antiguas ciudades esculpidas

soportan el peso de las rocas

yacen sembradas en la brisa marina

 

bailan los niños en sus muelles

entre los desperdicios de las olas

 

zarpan multitud de barcos

y yo descanso

colgada en los crepúsculos

 

volátil

espero a los náufragos

 

 

una tarde llegaron

 

venían de Eleusis

de la arcadia

 

algunos de la pequeña Patmos

 

nos mirábamos tratando de rescatar

las perdidas ciudades

las murallas

el cielo

 

algunos creyeron ver un altar

y ofrecieron en holocausto sus últimas pertenencias

 

quedaron

como yo

en la orfandad

 

riendo mientras se alejaban

dejando apenas el silencio de sus huellas

 

 

 

los náufragos hacen la noche alegre

la tornan caja de sorpresas

llenan su cielo de fuegos de artificio

gritan y bailan creyéndose inmortales

 

adormilados se pasean por las avenidas de la playa

olvidaron sus países

sus nombres

 

son felices

 

 

 

recordé sus pequeñas pisadas

su canto efervescente

 

el delirio del mar los traspasaba

danzaron hasta quedar varados

en un muelle lejano y fugitivo

 

 

 

otra noche llegaron náufragos del norte

eran blandos y fríos como peces

 

vociferaban

 

asombrados vieron por primera vez el sol

la mañana los dejó adheridos a la playa

 

embriagados con la calina del océano

 

 

 

pasó una muchedumbre

engalanada de ritos funerarios

 

descubrieron la muerte

 

bailaron hasta la medianoche

 

escuchaba de lejos sus quejidos

el rumor de sus goces brutales

cacarearon su grave finitud

 

hasta que el sol

deshilachó las nubes de la aurora.

 

 

 

¿a dónde irán los náufragos

que en la noche esperan

ateridos?

 

las algas cuelgan de sus ojos

 

los náufragos caminan asustados

como astros perdidos

ante el universo en expansión

ante la oscura matriz que atraviesa las playas

y las hace lejanas

y las vuelca en ciudades extinguidas

sin murallas

 

pobres náufragos ateridos

ensartados en algas quejumbrosas

 

 

 

afilada la sombra

recorta su silueta con brutal precisión

 

ignoraba la fiereza de esas luchas

 

del suspiro de la tarde que agoniza

 

como piedras amenazadas de polvo cósmico

-de orfandad-

 

avanzan los náufragos.

 

 

BLANQUEO (fragmentos)

 

los días crecen y se dilatan

inundan los caseríos de pescadores

avanzan entre redes

resbalan de las bocas azules de los peces

empapan su muerte con lascivia.

 

los días son inmensos

se divisan desde las altas torres

blancos

callados y feroces

deshaciéndose en la vasta planicie marina.

 

 

 

fueron aterradores los primeros inviernos

creí escuchar el bullicio de otros náufragos

 

canciones antiguas

reclamos de auxilio

ecos que volaban en la obscuridad

gemidos derramados

en el lado austral del cinturón de orión

 

los dejaba pasar como quien deja pasar una tormenta

 

truenos   relámpagos

zapatos flotando en las inundaciones

 

olvidé los ruidos vocingleros

 

miré y escuché la noche en su mudez

 

me acostumbré a su orilla delgada

a su mar invisible y lechoso

a las discretas criaturas que la pueblan

y naufragan conmigo sin llantos ni voces destempladas

 

 

 

el mar llegó a invitarme

el sol blanqueaba las olas con sus primeros rayos

               

vierto mi agonía en la leche gozosa del océano

intento recuperar alguna hondura

algún juguete atravesado de peces lastimosos

algún minúsculo niño de ojos ciegos

 

el sol también blanqueaba los abismos

extravié todas las huellas de mi rostro

llegué a sentirme ligera

nada me ataba a las ciudades bordadas en los acantilados

 

olvido

la fiesta de los náufragos

sus pasos malheridos

las botellas al mar

los grandes ojos de los faros que tiemblan

las muchedumbres cretáceas

 

sentada en la quietud de un puerto abandonado

 

 

 

olvido a mis dioses

 

ya no hago hogueras en su honor

mi sangre no brota para ellos

 

altar convertido en lecho para el ocio

 

para mirar nubes transformarse en cómicas barcazas

 

olvido los antiguos ritos

los dioses me olvidaron también

olvidaron mi carne y mi sangre

y se bebieron todo el vino del naufragio

 

esperan que el viento les sea propicio

 

 

 

ya no hubo náufragos a mí alrededor

 

avanzo sintiéndome destino

sin tomar de la mano ningún ahogado resbaloso

 

no pensé más en el neón de las ciudades cristalinas

ni en las autopistas

con sus cadáveres de inocentes animales

 

pienso en la alegría de las palmeras

que anidan en las playas

 

 

ANA MARÍA HURTADO (1960) es poeta, escritora, ensayista, médico psiquiatra y psicoterapeuta egresada de la UCV. Docente y conferencista; ha publicado en revistas literarias, de arte y de psicoanálisis. Premio de narrativa Julio Garmendia (UCV, 1984). Poemas suyos figuran en múltiples antologías. Colabora con la Revista de la ANLE y es articulista de Pasión País (gestión emocional). Conduce entrevistas a poetas en Cultura Mundis. Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela; invitada al Salón de la Poesía, FIL Guadalajara 2024. Poemarios: La fiesta de los náufragos (2015), El beso del arcángel (2018, con Leonardo Torres), El árbol que en ella muere (2023), La única inocencia (2023) y El Reino (2024).

 

 

 

 

 

 


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