Luis Enrique Belmonte afina la mirada sobre lo cotidiano.
Observa lo ínfimo y le concede dignidad. Trabaja con objetos, horas, ventanas,
animales lentos. Su tono es cordial y atento. El humor abre paso a una
compasión activa. El poema se vuelve compañía. La escritura es un gesto que
baja el pulso y permite habitar el tiempo con paciencia.
Victoria Benarroch escribe desde la economía del corte y
la respiración breve. Su libro El
desierto que cruzamos trabaja con tres materiales cardinales —arena, agua, luz—
como operadores de temporalidad: la arena erosiona, el agua recuerda, la luz
hiere y guía. Esta tríada organiza un camino de purificación y escucha; el deseo
se vuelve disciplina de atención. La blancura de página y la sintaxis contenida
regulan el aire en la lectura: más que declamación, respiración
compartida.
Florencio Quintero celebra el cuerpo,
la risa, el juego. Su dicción es expansiva, festiva, dionisíaca. La enumeración
libera la percepción y desarma rigideces del ánimo. La gratitud funciona como
práctica. La sensualidad es vitalidad que devuelve energía a la lengua. La voz
se inclina por la alegría lúcida, capaz de sostener contradicciones sin negarlas.
Johnny Gavlovski arma su voz con el
elemento agua. El ritmo de la lluvia marca el ritmo de la respiración. Hay
secuencias progresivas, silencios, entendimientos sobre la marcha. La
repetición modula la voz y la vuelve estable. Los poemas registran disoluciones
y reapariciones. La palabra se ofrece como abrigo en momentos difíciles. La
forma cuida: administra la luz, el descanso, el latido.
Ana María Hurtado piensa desde la intemperie.
En su libro La fiesta de los náufragos, la figura del naufragio organiza
un tránsito de exposición y clarificación. El mar es medio y método: blanquea,
limpia, sostiene. La orfandad se asume sin dramatismo y se transforma en
claridad. El poema funda una comunidad de supervivientes. La voz convoca,
reúne, abre lugar.
Estos cinco amigos comparten una
convicción: la palabra poética puede sanar, en toda su magia sincrónica tiene
el poder transformador. En mis lecturas de sus poéticas recorro sus distintos
tonos, su imaginería y sus silencios; todo me dice, me acompaña y me cobija.
Aquí, la poesía es un modo de estar con los demás, de caminar y sanar juntos.
LUIS ENRIQUE BELMONTE — Provisorio. Antología
(1997–2019) (LP5 Editora, 2019)
EL ORGÁNICO PLACER DE NO SER NADA
Algo despierta
cuando se inundan
las fosas de cadáveres sonrientes
se encadenan las
plegarias
se incomodan los
santos al llegar los desenterradores
de cabezas rotas
zapatos de cuero podridos
Titila el anillo
incrustado su majestad entre tanto despojo
mientras la tierra
se cuece para adentro trabaja
obstinadamente en
su afán de devorarlo todo
devolverlo todo al
reino del orgánico placer de no ser nada
Aquí está el poema
míralo ahora y ya
no está
nunca estuvo
es la quimera de
tu vida de afeitadora gastada
hojilla de
múltiples fracasos destila el destello que corta la barbilla
la sangre tardando
en anunciar su fuga se mezcla
con la crema de
afeitar espesa olor desinfectante
no te me vayas
chorrito de agua recién nacido con olor a tubería
Porque la sangre
se impacienta huye se coagula
tapiando la
entrada de tu casa mí amigo
cuando vengas
orgulloso a recibir como buey en matadero
el derecho a la
mortalidad porque el derecho a vivir lo malgastaste
en cuatro copas
con lágrimas
de mujeres que te
amaron
Aquí
cerca de ti
en tus gestos
repetidos
se cava la fosa
despertador jabón
tostador de pan timbre botón reventado
Y no llores
te puedes
descomponer antes de tiempo.
LAS HORAS
De vez en cuando
Las horas maduras
Caen sobre la vida
Vicente Huidobro
1
Veo las horas
arrastrar
el bagazo de lo
vivido
Las horas como
murciélagos
cayendo
en lo más oscuro
de mis manos
Un rumor de alas
hojas secas
crujiendo sobre el techo
El lápiz encendido
por la urgencia de
estas horas
buscando remanso
en la medianoche
2
Se ensancha
el fantasma del
pan sobre la mesa
La flor en el
rincón
expira su último
color
Un rayo de luz
azul
enredado en la cortina
alumbra el paso
amortiguado de las horas
3
Las horas miran
con tristeza
las trazas del
camino abandonado
el cuarto con olor
a naranjales
Las horas
continúan su paso
por los
desfiladeros del recuerdo
van pasando en su durar
junto a las ánimas
extraviadas
el coro de grillos
que insertan sus patas
en la noche
4
Las horas
elevándose
como pompas de
jabón
Las horas sobre la
terraza
pájaros ardiendo
en pleno vuelo
5
A la medianoche
se lavan las horas
se comienza de
nuevo.
CIELO POR EQUIVOCACIÓN EN MI VENTANA
Porque en el fondo lo que amo es lo que pasa
Pierre Reverdy
Yo poco sé
de grandes cielos
pero esta tarde
la ventana me ha
regalado uno
con nubes y
vientos y seres voladores
Yo no sé mucho
de mecánica
celeste
sin embargo
he tenido que
reparar
un espejo incrustado
en un globo aéreo
No es gran cosa
este cielo que se
tropieza
con un cable
eléctrico
Cuando un pájaro
rojo lo atraviesa
un grito de
olimpíadas
se escucha en el
patio
también la abuela
siente
un escozor de
peces alegres
en la planta de
sus pies
Yo sé poco de
cielos
Esta tarde
ha encallado uno
en mi ventana
ensanchada como un
lago
duplicándose a sí
misma
Este cielo
que bien podría
caber
en un cajón del
clóset
viene de muy lejos
en el tiempo
varios siglos y
ventanas
conocieron de su
modesta majestad
cuando el ocaso
amorosamente
le alisaba los
cabellos
Este cielo
tiene un tinte
amarillento
un relinchar de
caballos sedientos
huesos calcinados
armaduras desvencijadas
tantas batallas
gloriosas
ahora intervenidas
por el pasto
Este cielo busca
el alivio de un riachuelo
y en su camino
por equivocación
ha pernoctado en
el cristal de mi ventana.
AMOR ULTRASÓNICO
Sé que estás allí
sobre las copas de
los árboles
ardiendo al
atardecer
Mi estrella que
estalla con todos sus colores
como el cobre que
se derrite en el fuego
suenas por los
laberintos del aire cuando te vas
con todos los
barcos todos los graznidos
Malabares sobre el
cable
que atraviesa la
voluntad de estar de pie
soportando tantas
palomas de sucio callejón
sobre los hombros
Y siento que ya no
estás
cuando pasa sobre
mi cabeza
un jet ultrasónico
me acuerdo de ti corazón
con tu adiós en
plena combustión
superando la
barrera del sonido.
LAS TORTUGAS NADAN MANSAMENTE
Las sagradas
escrituras
pueden estar
impresas
sobre una
servilleta arrugada
Todo el andamiaje
del mundo
puede ser
desbaratado
por una lágrima
tuya bajo la lluvia
La luz que buscan
los sabios
puede estar
agazapada
en el fósforo que
enciende el mendigo
debajo del puente
Los pájaros hacen
su nido
en los lavamanos
olvidados
Las tortugas nadan
mansamente hacia los confines del mundo
para sostenerlo de
nuevo
porque los titanes
no pueden más con las columnas
porque les pica
mucho la nariz
porque se han
resbalado con las aceitunas del banquete
porque se han olvidado
de las flores
amarillas y de los dioses que se columpian
bebiendo como
abejorros
un néctar de
siglos bermejos.
LUIS ENRIQUE BELMONTE (1971). Poeta. Narrador.
Médico Psiquiatra. Psicoterapeuta. Ha
publicado: Cuando me da por caracol (Ediciones Mucuglifo, Mérida,
1997); Cuerpo bajo lámpara (Fundación Centro de Estudios
Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas, 1998); Inútil registro (Editorial
Rialp, Madrid, 1999); Paso en falso (Ediciones Mucuglifo,
Mérida, 2004); Salvar a los elefantes (Editorial
Equinoccio-Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2006; Ediciones Emma Zunz,
Buenos Aires, Argentina, 2015; Ediciones B, 2017); Pasadizo. Poesía
reunida 1994-2006 (Monte Ávila Editores Latinoamericana,
Caracas, 2009); Compañero paciente (Cooperativa Editorial Lugar
Común, Caracas, 2012); y 40 consejos para un perro callejero (Utopía
portátil, Caracas, 2018). Textos suyos aparecen en: Cuerpo plural.
Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (Selección,
introducción y notas de Gustavo Guerrero, Editorial Pre-Textos, Valencia,
España, 2010); Las palabras necesarias. Muestra antológica de poesía
venezolana del siglo XX (Selección y prólogo de Arturo Gutiérrez
Plaza, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2010); Exilios. Poesía
latinoamericana del siglo XX (Selección y presentación de Marina
Gasparini, Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, Caracas, 2012); Canon
abierto. Última poesía en español (Selección, prólogo y notas de
Remedio Sánchez García y Anthony L. Geist, Visor, Madrid, España, 2015); Rasgos
comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (Selección,
prólogo y notas de A. López Ortega, M. Gomes y G. Saraceni, Editorial
Pre-textos, Valencia, España, 2019). Premio de poesía Fernando Paz Castillo
(1996, Centro de estudios latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas,
Venezuela). Premio Adonais de poesía (1998, Madrid, España). Premio de poesía
de la VI bienal de literatura Mariano Picón Salas (2005, Mérida, Venezuela).
Medalla internacional de poesía Vicente Gerbasi (2014, Caracas, Venezuela).
VICTORIA BENARROCH. El desierto que
cruzamos (LP5 Editora, 2025)
fragmentos del libro
El deseo de sus
párpados
me llueve
en lo blanco
de una luz
extraviada
ese destello
esconde
la incertidumbre
que atrapa mis raíces
arropo con fuerza
el agua cristalina
y un refugio
permanece
Un espacio
hondo
transforma mi
primer arrullo
en un amplio grano
de arena
mi labor es
abrazar
las paredes que
cubren ese olvido
Sobre la calma
enciendo un poema
su llama
recoge el sonido
de un muro
mi dolor reposa
en un salmo
El despertar de la
luz
presiente la
herida
el trazo
que el amor se ha
llevado
la sensación de
estar vivos desde siempre
Cada silencio
procura el vacío
el
regreso
reconstruye
el amor que
dejamos en la puerta
Adivino el susurro
de unos pasos
llega el
peregrino
me instalo en su
morada
aguardo lo
que trae
cada palabra
desprendida de mi vientre
calma del paisaje
su hondo abismo
inicio mi desnudo en brazos del universo
No oculta lo que
mi faz advierte
el aire que
nos separa
convierte en
ángel
la mirada que
nos cruza
emplaza en
mí nueva piel
¿Por qué no nos quedamos mirando lo que el deseo
estaba por decirnos?
El espacio
deshabitado
nos entrega
una ilusión blanca
llena de ternuras
no saben a dónde
ir
ni cómo cobijarse
del dolor del tiempo
Nunca dejamos
volar a los astros
que nos tocaron
con su magia
nos quedamos allí
en el exacto
silencio del deseo
lo más hermoso que
compartimos
En la sombra de un
secreto
burlamos el olvido
el amor que no
dejamos volar
hoy
despierta
las alas que
tenemos
Este volver íntimo
inevitable
siente dolor de
arena
en la distancia
me coloca ante el
tiempo
y enmudezco
intento en los
vocablos
dibujar
esa línea
indeleble
que nos une en el
deseo
Destejí siglos
se alivió el peso
hallé mi voz
VICTORIA BENARROCH (1962) es poeta,
educadora y asesora psicoeducativa. Participó en el taller de poesía del CELARG
con María Antonieta Flores ( 2001- 2002). Publicó Entretejido
(Eclepsidra, 2007; Ediciones grupoTei, 2015), La memoria de los trenes
(Eclepsidra, 2015) y Siete poemas del encuentro fortuito de las estrellas
(Petalurgia, España, 2021). Es miembro del Círculo de Escritores de Venezuela,
de la AIPEH Miami y de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua
Castellana. Su poesía integró la muestra fotográfica de J.J. Castro (Hotel
Tamanaco, 2003), como diálogo entre imagen y palabra. Ha presentado su obra en
ferias del libro en Caracas, Miami y Panamá, y fue invitada a Melilla, España,
en 2010 para presentar Entretejido. Su trabajo ha sido difundido en medios
culturales dentro y fuera de Venezuela, y forma parte de antologías como Exilios
y otros desarraigos, Hacedoras, El puente es la palabra, La
desnudez de la luz, El dulce ron que las embriaga y Cien mujeres
contra la violencia de género. Ha participado en festivales y lecturas
poéticas a nivel nacional e internacional.
FLORENCIO QUINTERO
— De risas y asombros (LP5 Editora, 2023)
UN DISCRETO POEMA DE AMOR
Y prescindo de
cuidarme de la cursilería
(ya he escrito amor dos veces)
Releo lo escrito y
sonrío:
Ridículamente feliz
inserto el discreto poema
en la botella
vacía
con la esperanza
de que se añeje
y podamos beber
de su dulce licor.
NADO
A Carolina Hurtado Bosco
Nado en tus ojos
Atravieso
sus olas embravecidas
Nado hacia la promesa de tus
pestañas
Más no me esfuerzo en demasía
guardo el deseo secreto
de naufragar en su azul por
siempre.
POEMA
Pulpejos se
desplazan sobre las teclas
con su percutir
señalan
el curso del
discurso
Nacen de los
pulpejos imágenes y sonidos
primordiales
Bastan ahora unos
ojos ávidos
una escucha atenta
Dejará esto de ser
una torpe escansión de tinta
será un poema.
TEOREMA DEL COITO
En tus muslos
cuando aferran mis temores
surge un remedo de
certeza
dura un instante.
AGRADEZCO ESTA DICHA
Si tuviese que
hacer una lista
de todas aquellas
cosas que me han enternecido:
Los pericos del
parque del este
Mi abuelo recogiendo piedras muy
redondas y lisas en un camino de grava
El sonido que
atesora el caracol
El primer asomo
tímido de tus pechos
Un niño llorando en una piñata
El cuarto concierto de
Brandemburgo
La suavidad de tu
pubis
El vuelo de una libélula sobre un
estanque
Un beso entre mis
padres
El particular salobre de Cabo
Negro
Si tuviese que
hacer una lista
me faltarían palabras y vida.
UNO
Yo soy una
muchedumbre de uno
Un enjambre de uno
Una multitud
unitaria
Soy el espacio
infinito contenido entre dos números
La distancia
insondable entre dos órbitas de electrones
Muchedumbre en uno
Uno diluido y
recompuesto en todo.
FLORENCIO QUINTERO (Caracas, 1980). Poeta, dibujante y
médico cirujano (Universidad Central de Venezuela, 2004), psiquiatra (Hospital
Universitario de Caracas; UCV, 2009), psicoanalista (egresado del Programa de
Estudios Superiores de Psicoanálisis de Orientación Lacaniana del CID-Las
Mercedes, 2004). Ha publicado en Poesía: Divertimento (Monte Ávila Editores,
2005). Muchedumbre de Uno (Editorial Equinoccio, 2011). La Melancolía de
Hércules (Diario de Italia) (Editorial Eclepsidra, 2021). La seriedad del niño
que juega (El Taller Blanco Ediciones, 2022). Se ha hecho merecedor de los
premios: primer lugar del Concurso Nacional de Poesía para liceístas,
organizado por la Casa de la Poesía Pérez Bonalde (1997) con su poemario
Orgasmo Cósmico; primer y segundo lugar en el I Concurso de Poesía Vargas,
Organizado por la Escuela de Medicina J.M. Vargas de la UCV (2001), con sus
poemarios Retórica de lo Mundano y Nostalgia del Vuelo, respectivamente;
ganador del III Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores (poesía,
2005) con Divertimento. Algunos de sus poemas se encuentran publicados en los
vólumenes: En Obra. Antología de la poesía venezolana (1983-2008) realizada por
Gina Saraceni (Editorial Equinoccio, 2008); Antología de Joven Poesía
Venezolana, (edición bilingüe castellano- árabe, Universidad del Líbano, 2009);
102 poetas. Jamming (OT editores 2014); Destinos portátiles. Muestra de poesía
venezolana reciente (Vallejo & Co., Lima, 2015); Tiempos grotescos (Revista
Ritmo, UNAM, México, 2015). Fue columnista y dibujante de Zuplemento,
revista de cómic e ilustración en Venezuela.
JOHNNY GAVLOVSKI —
La lluvia que me habita (LP5 Editora, 2025)
FRAGMENTOS DESDE LA GRIETA
Sobre el recuerdo
y el temblor a propósito
del terremoto de
Caracas 1967.
I.-
fue un cielo rojo,
una voz rota
caía todo
bajo el temblor
los brazos de mi
padre
nos sostenían
la grieta apareció
tenía siete años
allí estaba ella
al lado de mi cama
quieta
nada decía
parecía esperar
como si supiera
que aún faltaba
algo
por romperse
pasaron años
la grieta seguía
allí
pero ya nadie la
miraba
II.-
sólo yo sabía
que algunas noches
me ardía el polvo
en la garganta
subía por ella
me hacía toser
como si aún se
abriera
fija
de noche
cuando la grieta
respiraba
subía desde el
suelo
hasta un metro
por encima de mi
almohada
todas las noches
la miraba de reojo
como aquél
recuerdo del temblor
que insistía en
aterrarme
con el tiempo
la grieta cambió
de nombre
fue caída
huella
trayecto
se volvió mapa
camino
afuera
adentro
hiato
brecha
después
fisura
luego
juntura
quizás
dintel
tal vez
umbral
paso
indicio
preludio
origen
o simplemente
lo que quedó
III.-
desde el otro lado
sin mirada
con el tiempo
imaginé que
alguien me observaba
sólo esperaba
con el tiempo
empecé a pensar
que vivía allí
alguien
al otro lado
solo esperaba
como si supiera
que
tarde o temprano
con el tiempo
yo cruzaría
IV.-
la grieta no era
colapso
era resto
recuerdo
puerta
sus bordes
brillaban
el yeso recordará
una topografía sin
destino
el mundo se
desdoblaba
yo
sin saberlo
comenzaba a
cruzarlo
V.-
trayectos
al borde del
pliegue
laberintos de
Piranesi
del otro lado
universos de
Escher
sin dimensiones
versiones de mí
que nunca
aprendieron
a esconderse
jugaban con las
palabras
como piedras
brillantes
como si el
lenguaje
fuera un templo
secreto
hecho de formas y
fuego
el borde era río
flotaba
sobre la grieta
de lo que aún
escapa al lenguaje
VI.-
púber
un día me encontré
conmigo mismo
sentado en un
escalón
como en aquellos
días
cuando sin ser
mayor de siete
decidía irme de
casa
llegaba hasta la
acera
y rápido regresaba
ahí me quedaba
con las piernas
cruzadas
como siempre hacía
antes de
comprender que
entre la piel y el
hueso
de las escaleras
de Escher
había cosas
que se escapan
solo se pueden
mirar
desde el vértigo
del recuerdo
VII.-
frente a frente
el niño
que fui
me vio
en mi madurez
como si supiera
que había olvidado
algo sagrado
no preguntó
no dijo
solo atravesó
mi mirada
su voz
era la mía
pero sin grietas
sin temblores
sin miedo
VIII.-
la infancia
se disolvió en la
superficie
líquida
a veces
cuando cierro los
ojos
me habla con
imágenes
no me pintes,
no me borres
la grieta solo
quería
ser escuchada
cuando el silencio
en pedazos
se quebraba
IX.-
en ese otro lado
se colaba
a veces
en una
conversación trivial
en un reflejo
fugitivo
en una grieta
nueva
en otra pared
en una mirada
—que duraba demasiado—
una vibración
me atravesaba
cuando el mundo
parecía demasiado
plano
X.-
la grieta
respiraba otra vez
sigue
respira
a veces la dejo
latir
entre mis letras
por tu boca
sigue
respira
como herida
respira
respira
la comprensión
es otra grieta
más honda,
más cruel
sigue
respira
respira
hasta que el mundo
se parta en dos
XI.-
años después
muchos
cuando todos nos
fuimos
cuando el edificio
cayó
cuando entre los
escombros
la grieta no
apareció
—no se dejó
enterrar—
se deslizó entre los
días
como un espectro
sin nombre
se alojó en mis
letras
en mis silencios
en la forma en que
esquivo
ciertos lugares
ciertas palabras
la grieta
se hizo óxido
en mis silencios
XII.-
fue una noche
fisura en el sueño
surco, juntura,
dintel, umbral,
paso, indicio,
preludio, comienzo
mínimo espacio
donde se filtran
constelaciones
no era memoria
tampoco laberinto
anterior al
lenguaje
y yo
sin cuerpo
me deslicé
como quien retorna
a donde nunca ha
estado
allí la reencontré
como destino
como temblor
tejiendo galaxias
con hilos de
silencio
CASA PRESTADA
como quien ordena
un antiguo
guardarropa
viví desgajando
misterios
guardando llaves
nombrando cajones
vacíos
armario de sombras
que creí mío
esas llaves sin
cerradura
esas voces sin nombre
esas fotos sin
cuerpo
todo lo amontonado
se inclinó hacia
el silencio:
las cartas
las huellas
los temblores de
la infancia
que no me
reconocen
acaricio un libro
viejo
como si el papel
supiera mi nombre
como si el tacto
fuera mío
como si este
cuerpo
no fuera prestado
un mueble heredado
donde otros
guardaron antes
y otros
conservarán después
acomodar objetos
fue apenas la vida
los míos
los de otros
demonios
extraviados
ángeles dormidos.
casa prestada,
donde nada nos
pertenece
ni el temblor
ni la respuesta
ante lo que creí
mío
ni siquiera este
cuerpo
que se desviste
ante su propia
despedida
y en el momento
de llegar la hora
ante el sonido del
último adiós
todo
abierto está
todo
vacío queda
la casa
no me espera
no abren
las llaves
mías no son
no contesta
el nombre que
respondía
no me viste
el cuerpo que
cubrí
la casa prestada
se revela
morir
en apenas comprender
en esta madera
gastada
JOHNNY GAVLOVSKI (1960). Escritor. Psicólogo clínico y
psicoanalista. Docente UNIMET (Desde 2006). Su obra traducida a varios
idiomas, así como llevada al cine y la TV. Ha ganado varios premios y
distinciones entre los que destacan: Premio Poesía. UCAB.1988 Premio
Municipal de Teatro: "Puentes rotos”; Firma el Libro de Honor de
la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Carolina de Praga,
República Checa.; 1997: Premio Sundance Festival de cine como guionista. 1997:
Premio Municipal de Teatro por "Habitante del fin de los
Tiempos". 2008: Ganador del Premio mejor dramaturgo por su obra “LA
ULTIMA SESION”. Premio Actors of
the World, Londres. Entre sus
publicaciones: POESIA. 1987.- Cascadas (UCAB); 1990: Dragones (Edit Pomaire); 2024.- Poemas
Químicos (Edit Diosa Blanca); (inédito); 2025: Red de seda (Taller blanco
edic); Pequeños penitentes y Paisaje inconcluso (en preparación) Invitado a la
antología: Resistir. La luz de la poesía contra el caos del mundo (París,
2025).
ANA MARÍA HURTADO — La fiesta de los náufragos (La
Diosa Blanca, 2015)
NÁUFRAGOS (fragmentos)
las antiguas
ciudades esculpidas
soportan el peso
de las rocas
yacen sembradas en
la brisa marina
bailan los niños
en sus muelles
entre los
desperdicios de las olas
zarpan multitud de
barcos
y yo descanso
colgada en los
crepúsculos
volátil
espero a los
náufragos
una tarde llegaron
venían de Eleusis
de la arcadia
algunos de la
pequeña Patmos
nos mirábamos
tratando de rescatar
las perdidas
ciudades
las murallas
el cielo
algunos creyeron
ver un altar
y ofrecieron en
holocausto sus últimas pertenencias
quedaron
como yo
en la orfandad
riendo mientras se
alejaban
dejando apenas el
silencio de sus huellas
los náufragos
hacen la noche alegre
la tornan caja de
sorpresas
llenan su cielo de
fuegos de artificio
gritan y bailan
creyéndose inmortales
adormilados se
pasean por las avenidas de la playa
olvidaron sus
países
sus nombres
son felices
recordé sus
pequeñas pisadas
su canto
efervescente
el delirio del mar
los traspasaba
danzaron hasta
quedar varados
en un muelle
lejano y fugitivo
otra noche
llegaron náufragos del norte
eran blandos y
fríos como peces
vociferaban
asombrados vieron
por primera vez el sol
la mañana los dejó
adheridos a la playa
embriagados con la
calina del océano
pasó una
muchedumbre
engalanada de
ritos funerarios
descubrieron la
muerte
bailaron hasta la
medianoche
escuchaba de lejos
sus quejidos
el rumor de sus
goces brutales
cacarearon su
grave finitud
hasta que el sol
deshilachó las
nubes de la aurora.
¿a dónde irán los
náufragos
que en la noche
esperan
ateridos?
las algas cuelgan
de sus ojos
los náufragos caminan
asustados
como astros
perdidos
ante el universo
en expansión
ante la oscura
matriz que atraviesa las playas
y las hace lejanas
y las vuelca en
ciudades extinguidas
sin murallas
pobres náufragos
ateridos
ensartados en
algas quejumbrosas
afilada la sombra
recorta su silueta
con brutal precisión
ignoraba la
fiereza de esas luchas
del suspiro de la
tarde que agoniza
como piedras
amenazadas de polvo cósmico
-de orfandad-
avanzan los
náufragos.
BLANQUEO (fragmentos)
los días crecen y
se dilatan
inundan los
caseríos de pescadores
avanzan entre
redes
resbalan de las
bocas azules de los peces
empapan su muerte
con lascivia.
los días son
inmensos
se divisan desde
las altas torres
blancos
callados y feroces
deshaciéndose en
la vasta planicie marina.
fueron aterradores
los primeros inviernos
creí escuchar el
bullicio de otros náufragos
canciones antiguas
reclamos de
auxilio
ecos que volaban
en la obscuridad
gemidos derramados
en el lado austral
del cinturón de orión
los dejaba pasar
como quien deja pasar una tormenta
truenos relámpagos
zapatos flotando
en las inundaciones
olvidé los ruidos
vocingleros
miré y escuché la
noche en su mudez
me acostumbré a su
orilla delgada
a su mar invisible
y lechoso
a las discretas
criaturas que la pueblan
y naufragan
conmigo sin llantos ni voces destempladas
el mar llegó a
invitarme
el sol blanqueaba
las olas con sus primeros rayos
vierto mi agonía
en la leche gozosa del océano
intento recuperar
alguna hondura
algún juguete
atravesado de peces lastimosos
algún minúsculo
niño de ojos ciegos
el sol también
blanqueaba los abismos
extravié todas las
huellas de mi rostro
llegué a sentirme
ligera
nada me ataba a
las ciudades bordadas en los acantilados
olvido
la fiesta de los
náufragos
sus pasos
malheridos
las botellas al
mar
los grandes ojos
de los faros que tiemblan
las muchedumbres
cretáceas
sentada en la
quietud de un puerto abandonado
olvido a mis dioses
ya no hago hogueras en su honor
mi sangre no brota para ellos
altar convertido en lecho para el ocio
para mirar nubes transformarse en cómicas barcazas
olvido los antiguos ritos
los dioses me olvidaron también
olvidaron mi carne y mi sangre
y se bebieron todo el vino del naufragio
esperan que el viento les sea propicio
ya no hubo náufragos a mí alrededor
avanzo sintiéndome destino
sin tomar de la mano ningún ahogado resbaloso
no pensé más en el neón de las ciudades cristalinas
ni en las autopistas
con sus cadáveres de inocentes animales
pienso en la alegría de las palmeras
que anidan en las playas
ANA MARÍA HURTADO (1960) es poeta, escritora, ensayista,
médico psiquiatra y psicoterapeuta egresada de la UCV. Docente y conferencista;
ha publicado en revistas literarias, de arte y de psicoanálisis. Premio de
narrativa Julio Garmendia (UCV, 1984). Poemas suyos figuran en múltiples
antologías. Colabora con la Revista de la ANLE y es articulista de Pasión País
(gestión emocional). Conduce entrevistas a poetas en Cultura Mundis. Miembro
del Círculo de Escritores de Venezuela; invitada al Salón de la Poesía, FIL
Guadalajara 2024. Poemarios: La fiesta de los náufragos (2015), El beso del
arcángel (2018, con Leonardo Torres), El árbol que en ella muere (2023), La única
inocencia (2023) y El Reino (2024).
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