Aseguran los
que saben, que la transgresión se ha vuelto el virus-antivirus de la sociedad,
y que el grueso de ella transgrede incluso
sin querer, como llano trámite de supervivencia, y que se gesta, más que cambio,
la configuración fortificada de la misma estructura, en una especie de adaptación
al medio hostil.
Que todo lo que se tiene que decir ya fue dicho, y
que ya no se puede transgredir más [porque palabra es acto, y la palabra sin acto
es sólo eco]. Sin embargo, pareciera que por acuerdo común dijeron: si no hay nada
que transgredir, si nunca hubo nada nuevo bajo el sol, entonces: hablemos suave,
tomemos la parte ligera, la bonachona de la historia [las cosas con calma]: reproduzcamos
lo bello y no seamos provocadores. Y al otro extremo, algunos
pocos [no necesariamente los jóvenes] ante la búsqueda del hallazgo para producir,
en vez de cavar y abrir las rejas, hacen alharaca de su encierro, y vuelven el exceso,
placebo del límite transgredible y se pierden dentro de la gran fiesta de la opresión
[a esto se le podría llamar, recordando a Luis Buñuel, el síndrome de El ángel exterminador].
Están completamente seguros: no hay nada por transgredir,
porque nos ganaron la nota los poetas
malditos en Francia, nos la ganaron los beats en eu, y decidieron nuestros poetas
mexicanos hacer de la tradición materia
para su orfebrería. Ya no son tiempos para que el poeta transgreda, sin embargo,
la población es transgredida todos los días. La población más vulnerable es violentada.
[Según la estadística, los artistas (más aún los poetas) son una minoría vulnerable].
A los poetas más osados sólo les queda hacer alarde de locura. Y el campo de batalla
se traslada a un espacio abstracto, subjetivo, lejano de la realidad, donde amor-lenguaje-dominio son parte de una guerra
ancestral de dioses.
La homogeneidad del mundo nos limita a ser acotadores.
Pensar la existencia fuera del confort de los avances tecnológicos del hombre, es absurdo. Tan absurdo como saber
que a nivel intelectual/emocional no ha habido mayor evolución. La vida es un tabú,
al igual que la muerte. Un ejemplo radical: el sacrificio humano es punible. La muerte voluntaria es punible. [El plano
moral de la conquista española sobre América fue eso; el juicio sobre la muerte:
matar en plural (masacrar) para que no se ejerciera el sacrificio como práctica
ritual].
En pleno 2014, en secreto [o en hecatombe: la era de
las fosas] los ejecutores del poder rompen la ley, en obediencia a una ley mayor.
La ley suprema [la de su religión o de su interés] puede transgredir la ley menor
[bajo la que vive la mayoría gobernada]. Su lógica: lo supremo es lo que prevalece.
Lo que rige la realidad son los valores de quien determina quién vive y quién muere,
que son el paradigma de acción. Una vez que un sistema de ideas se sobrepone a otro,
una vez superadodestruido ese primer sistema
ideológico, se asumirá un lugar inhabitable
y su escala de valores, quedará reducida a folclor ritual. A teatralidad y ceremonia
performática.
Para ellos [los poseedores del conocimiento y los ejecutores
del plan maestro] las transgresiones han sido ya realizadas, porque lograron dominar
el orbe donde las diversas culturas [y su evolución] fueron aplastadas y viven recluidas,
confinadas a lugares inaccesibles. Y han sido satanizadas. El valor de lo que es
o no transgresión está en manos de ellos; y cada sociedad que tocan: la absorben
y la ocupan para rebustecer su sistema de autodefensa. Se vacunan, se vuelven inmunes
a esa otra humanidad y la nulifican, sumándola.
***
La transgresión puede tener una función [al momento de ejercerla], de otro modo,
será igual que la poesía sin obras: vacía. Romper límites. Violentar un núcleo.
Es alterar un orden para gestar un desencadenamiento de sucesos. El sentido de la
poesía es prever estos sucesos. Darles cauce. De otro modo el acto transgresor será únicamente prescrito
fracaso.
Transgredir con la poesía es un acto de premeditación.
Cercano al fino corte, a la cirugía precisa de un cirujano, que obtendrá el trasplante;
la corrección de un área, y al mismo tiempo la correcta sutura para que su obra
sea también una conclusión estética. Más que un Frankenstein, el acto transgresor
en la poesía es el arte de hacer vida con
la vida, y no muerte con la muerte.
El poeta transgresor maneja elementos latentes y no cadáveres. Y transforma con
la propia materia la vida, que es siempre un terreno fértil. Lo cual también hace
pensar que lo universal puede ser agente de cambio en lo particular, siempre y cuando
lo particular no sea parte integral de lo universal. Y aunque se dice hay pocos
temas universales, también es cierto que en la poesía se manejan por lo general
pocos temas secundarios. Regularmente se limita a reproducir, por ejemplo, en la
poesía pseudo-erótica, las posturas de la pornografía convencional. O las fantasías
masculinas por excelencia. El erotismo es la clara muestra de que la imaginación
puede ser muy corta. El Kama Sutra se
sigue erigiendo como el gran manual que pocos conocen y pocos practican. Y al final,
las transgresiones no son sino desinformadas
formas de vulgarizar el acto sexual, que incluso en su modo más tradicional, rompe
más esquemas.
Las parafilias como una cumbre del morbo pueden ser ejemplo de un modelo para entender cómo
se transfigura en vez de transgredir. Cómo se encumbra una malformación, o un defecto,
antes de atenderlo, o entenderlo; deletrearlo. Es querer correr sin saber caminar.
El poeta que se aventura a transgredir (sea cual sea el tema) sin un plan bien constituido,
está condenado a sólo romper, para luego constituir con más fuerza el núcleo al
que ha violentado. Destruir sin construir es obsequiar al muro una cicatriz más para su fortaleza.
***
Por poner dos ejemplos de movimientos mexicanos de reciente estudio, que han
querido aportar mediante su transgresión poética nuevas formas de versar; vale la
pena reflexionar en torno al infrarrealismo (1975) y el poeticismo (1953). El infrarrealismo
fue un suceso transgresivo tanto en el fenómeno sociopoético [una actitud que emana
en cierto porcentaje de poetas nacidos en los años 50 y 60] como en la constitución
formal del movimiento infrarrealista.
El otro porcentaje de la población de poetas integró también el hábitat vulgar del habla a su corpus poemático,
para darle un sentido más coloquial a los perfiles clásicos.
No es el caso general del infrarrealismo, puesto que
existe el infrarrealismo manifiesto; el
cual un grupo de poetas tuvo el acierto de definir, o redefinir con ciertos lindes
y cauces, y con un plan general de acción, aunque sin un fin definido, concretamente,
sí una prospectiva (que no se especifica, en tanto que es plural), pero no una definición
total. Eso es una diáspora que se determinará en una potencial definición de transgresiones, cosa que puede ponerse a
prueba en cada uno de sus auctores [dicho
al modo de Saúl Ibargoyen], y que bien puede decirse, se les aplique un test de
congruencia, por tanto, una lectura est-ética; el balance no debe caer en una rigidez
comprobativa, sino en un análisis del desplazamiento y cómo se cumple la intención
y se coteja ésta con los planos de realidad. Así, con la siguiente lista de nombres
[José Rosas Ribeyro, Mario Santiago Papasquiaro, Roberto Bolaño, Edgar Artaud Jarry,
Víctor Monjarás Ruiz, Jorge Hernández Piel Divina, Pedro Damián Bautista, Ramón
Méndez Estrada, Rubén Medina, Mara Larrosa, José Peguero, Rafael Catana, Cuauhtémoc
Méndez, Bruno Montané Krebs, Claudia Kerik, Óscar Altamirano, María Guadalupe Ochoa
Ávila, Juan Esteban Harrington, Mario Raúl Guzmán, incluidos en Perros habitados
por las voces del desierto. Poesía infrarrealista entre dos siglos, Aldvs, 2014]
podemos buscar su obra, y aplicarles este sondeo. Ahí veremos hasta dónde alcanzó
la transgresión su tono más alto.
Por lo dicho, podemos ver que la transgresión poética
no es un acto estético que pueda medirse con una lectura, sino que debe tener una
lectura primera, y luego una expectativa que tendrá que someter a la observación
al poeta, hasta que tiempo después pueda realizarse una segunda lectura, para ver
hasta qué punto su estructura lingüística logró trascender en su estructura fáctica.
¿Por qué pensarlo de este modo? Porque de otro modo la transgresión sólo es una
acción deformativa que devaluará la intensión
antes que transformar/trastocar (etc.) el núcleo intervenido. Es una especie de
citología poética. En donde las células se vuelven llana enfermedad que derivará
en destruir el cuerpo mayor, o en simplemente vacunarlo. O que logrará vincularse
con las otras células para transformar la estructura general. No hay religación,
porque todo está ligado. Es un hecho. De este modo, la poética es función de lenguaje,
en tanto que es un acto. El lenguaje es la suma: el cúmulo de actos ordenados. Si
el desorden del lenguaje es un sinsentido, los actos que subyacen en el mismo, tendrán
por resultado un sin-sentido. Y el sin-sentido
toma el cauce del orden general.
***
Otro ejemplo, es el caso de los Poeticistas, donde la transgresión era el objetivo
de hacer de la poesía un discurso unívoco,
con lo cual no sólo atacaban el surrealismo dominante (o neo misticismo onírico),
sino que tenía un plan de acción basado en la metáfora como un médium para transformar
una realidad en la realidad deseada. Era una especie de lámpara de los deseos.
Es emocionante, doloroso, desafiante, el reto del poeta.
Es una situación de vida y muerte, por decirlo de un modo dramático. Es un acto
vertiginoso para el lector agudo esta perspectiva que, en mucho, nos hará comprender
hasta qué punto hay cambios en los sensores
del encefalograma histórico de la poesía (partitura general del humano). Por supuesto,
esta lectura tendrá que tener como eje el núcleo en torno al cuál se gesta. Porque
en la citología, el límite, es el principio de la materia. Transgredir, en el caso
del poeta, es el reto de lograr una obra mayor, para hacer un mínimo cambio en el
cauce general de los sucesos y de la cultura.
ANDRÉ CISNEGRO (México, 1979). Heterónimo de Andrés Cisneros de la Cruz. Poeta y editor. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM y Comunicación Social en la UAM. Tiene libros publicados, entre ellos, Vitrina de últimas cenas (2007), Como la nieve que dejan los muertos (2009 y segunda edición, 2010), Ópera de la tempestad (Metáfora/VO, 2011), y Fue catástrofe (Rojo Siena, 2013). Trabajó en la redacción de los periódicos El Universal y El Independiente. Colaborador de diversas publicaciones periódicas. Editor de la revista y editorial Verso Destierro. Forma parte del consejo editorial de Metáfora, hoja de poesía. Su obra ha sido incluida en más de veinte antologías, entre ellas, Nectáfora, compilación de Fernando Reyes, Ediciones Libera, 2009; Anuario de Poesía 2007, compilado por Julián Herbert, FCE, 2008; Poetas en Construcción/IMC/Conaculta, 2010 y Lorcabaret City (poesía.gráfica.cabaret), Editorial Zócalo, Secretaría de Cultura, 2011. Algunos de sus poemas han sido traducidos al náhuatl.
NELLY SANCHEZ (França, 1974). Doutora em Literatura Francesa, Francófona e Comparada, especialista em literatura francesa feminina, particularmente nas obras de autoras da Belle Époque. Editora crítica de títulos como L’Ange et les pervers, de Lucie Delarue-Mardrus, Recueil de recettes des Belles Perdrix e coletâneas de obras epistolares. Nos últimos quinze anos, também trabalhou como artista de colagem e artista visual. Artista autodidata, suas obras são uma extensão de sua pesquisa acadêmica, questionando estereótipos de gênero, particularmente aqueles relacionados à feminilidade, revelando um universo feminino, surreal, estranho e, por vezes, bem-humorado. Assim como Frida Kahlo e Leonora Carrington, Nelly Sanchez brinca com os símbolos da representação feminina, utilizando imagens recortadas de revistas de moda feminina. O crédito de sua foto que publicamos é de Elizabeth Herman. Nelly é a artista convidada da presente edição de Agulha Revista de Cultura.
Agulha Revista de Cultura
CODINOME ABRAXAS # 10 – BLANCO MÓVIL (MÉXICO)
Artista convidada: Nelly Sanchez (França, 1974)
Editores:
Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com
Elys Regina Zils | elysre@gmail.com
ARC Edições © 2026
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