segunda-feira, 26 de janeiro de 2026

ANDRÉ CISNEGRO | Transgresión para las masas

 


Argumentan que no estamos en épocas de transgredir nada. Porque el poeta se siente arriba de todo y piensa que ya superó los mitos, los tabúes, las leyes, y la lógica misma del orden. [Que el lenguaje ha generado su propia lógica, su propia ley, y en sí el tabú y el mito que se ejerce con sólo trazarse]. Que todas las transgresiones han sido ya instituidas o analizadas al grado de ser reproducidas, incluso, con método y estrategia.

Aseguran los que saben, que la transgresión se ha vuelto el virus-antivirus de la sociedad, y que el grueso de ella transgrede incluso sin querer, como llano trámite de supervivencia, y que se gesta, más que cambio, la configuración fortificada de la misma estructura, en una especie de adaptación al medio hostil.

Que todo lo que se tiene que decir ya fue dicho, y que ya no se puede transgredir más [porque palabra es acto, y la palabra sin acto es sólo eco]. Sin embargo, pareciera que por acuerdo común dijeron: si no hay nada que transgredir, si nunca hubo nada nuevo bajo el sol, entonces: hablemos suave, tomemos la parte ligera, la bonachona de la historia [las cosas con calma]: reproduzcamos lo bello y no seamos provocadores. Y al otro extremo, algunos pocos [no necesariamente los jóvenes] ante la búsqueda del hallazgo para producir, en vez de cavar y abrir las rejas, hacen alharaca de su encierro, y vuelven el exceso, placebo del límite transgredible y se pierden dentro de la gran fiesta de la opresión [a esto se le podría llamar, recordando a Luis Buñuel, el síndrome de El ángel exterminador].

Están completamente seguros: no hay nada por transgredir, porque nos ganaron la nota los poetas malditos en Francia, nos la ganaron los beats en eu, y decidieron nuestros poetas mexicanos hacer de la tradición materia para su orfebrería. Ya no son tiempos para que el poeta transgreda, sin embargo, la población es transgredida todos los días. La población más vulnerable es violentada. [Según la estadística, los artistas (más aún los poetas) son una minoría vulnerable]. A los poetas más osados sólo les queda hacer alarde de locura. Y el campo de batalla se traslada a un espacio abstracto, subjetivo, lejano de la realidad, donde amor-lenguaje-dominio son parte de una guerra ancestral de dioses.

La homogeneidad del mundo nos limita a ser acotadores. Pensar la existencia fuera del confort de los avances tecnológicos del hombre, es absurdo. Tan absurdo como saber que a nivel intelectual/emocional no ha habido mayor evolución. La vida es un tabú, al igual que la muerte. Un ejemplo radical: el sacrificio humano es punible. La muerte voluntaria es punible. [El plano moral de la conquista española sobre América fue eso; el juicio sobre la muerte: matar en plural (masacrar) para que no se ejerciera el sacrificio como práctica ritual].

En pleno 2014, en secreto [o en hecatombe: la era de las fosas] los ejecutores del poder rompen la ley, en obediencia a una ley mayor. La ley suprema [la de su religión o de su interés] puede transgredir la ley menor [bajo la que vive la mayoría gobernada]. Su lógica: lo supremo es lo que prevalece. Lo que rige la realidad son los valores de quien determina quién vive y quién muere, que son el paradigma de acción. Una vez que un sistema de ideas se sobrepone a otro, una vez superadodestruido ese primer sistema ideológico, se asumirá un lugar inhabitable y su escala de valores, quedará reducida a folclor ritual. A teatralidad y ceremonia performática.

Para ellos [los poseedores del conocimiento y los ejecutores del plan maestro] las transgresiones han sido ya realizadas, porque lograron dominar el orbe donde las diversas culturas [y su evolución] fueron aplastadas y viven recluidas, confinadas a lugares inaccesibles. Y han sido satanizadas. El valor de lo que es o no transgresión está en manos de ellos; y cada sociedad que tocan: la absorben y la ocupan para rebustecer su sistema de autodefensa. Se vacunan, se vuelven inmunes a esa otra humanidad y la nulifican, sumándola.


Por eso algunos poetas deciden ejercer la transgresión en torno al culto, y traen al poema dioses de otras culturas, para romper ese halo centralista en torno a una realidad monoteísta. Visto desde la perspectiva multicultural, la transgresión [de modo inconsciente o no] es moneda de cambio. Si no se tiene claridad de las diferencias, el simple roce de apreciaciones, vuelve el trato cotidiano en agresión o rechazo, y la transgresión corre el riesgo de adquirir una denotación de violencia/negativa: destrucción, y cualquier valor asociado al daño de lo uno sobre lo otro.

 

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La transgresión puede tener una función [al momento de ejercerla], de otro modo, será igual que la poesía sin obras: vacía. Romper límites. Violentar un núcleo. Es alterar un orden para gestar un desencadenamiento de sucesos. El sentido de la poesía es prever estos sucesos. Darles cauce. De otro modo el acto transgresor será únicamente prescrito fracaso.

Transgredir con la poesía es un acto de premeditación. Cercano al fino corte, a la cirugía precisa de un cirujano, que obtendrá el trasplante; la corrección de un área, y al mismo tiempo la correcta sutura para que su obra sea también una conclusión estética. Más que un Frankenstein, el acto transgresor en la poesía es el arte de hacer vida con la vida, y no muerte con la muerte. El poeta transgresor maneja elementos latentes y no cadáveres. Y transforma con la propia materia la vida, que es siempre un terreno fértil. Lo cual también hace pensar que lo universal puede ser agente de cambio en lo particular, siempre y cuando lo particular no sea parte integral de lo universal. Y aunque se dice hay pocos temas universales, también es cierto que en la poesía se manejan por lo general pocos temas secundarios. Regularmente se limita a reproducir, por ejemplo, en la poesía pseudo-erótica, las posturas de la pornografía convencional. O las fantasías masculinas por excelencia. El erotismo es la clara muestra de que la imaginación puede ser muy corta. El Kama Sutra se sigue erigiendo como el gran manual que pocos conocen y pocos practican. Y al final, las transgresiones no son sino desinformadas formas de vulgarizar el acto sexual, que incluso en su modo más tradicional, rompe más esquemas.

Las parafilias como una cumbre del morbo pueden ser ejemplo de un modelo para entender cómo se transfigura en vez de transgredir. Cómo se encumbra una malformación, o un defecto, antes de atenderlo, o entenderlo; deletrearlo. Es querer correr sin saber caminar. El poeta que se aventura a transgredir (sea cual sea el tema) sin un plan bien constituido, está condenado a sólo romper, para luego constituir con más fuerza el núcleo al que ha violentado. Destruir sin construir es obsequiar al muro una cicatriz más para su fortaleza.

 

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Por poner dos ejemplos de movimientos mexicanos de reciente estudio, que han querido aportar mediante su transgresión poética nuevas formas de versar; vale la pena reflexionar en torno al infrarrealismo (1975) y el poeticismo (1953). El infrarrealismo fue un suceso transgresivo tanto en el fenómeno sociopoético [una actitud que emana en cierto porcentaje de poetas nacidos en los años 50 y 60] como en la constitución formal del movimiento infrarrealista. El otro porcentaje de la población de poetas integró también el hábitat vulgar del habla a su corpus poemático, para darle un sentido más coloquial a los perfiles clásicos.


Sin embargo, los infrarrealistas fenoménicos [que no pertenecen al movimiento infrarrealista en sí] son de carácter más destructivo, y en la mayoría de las ocasiones, sin un plan constructivo, lo que los deja a expensas del cauce general de los sucesos históricos-culturales, y no les permite tomar un lugar sólido para enunciar un discurso crítico. Su transgresión es fallida en tanto que desordena, pero no conforma nuevas lindes.

No es el caso general del infrarrealismo, puesto que existe el infrarrealismo manifiesto; el cual un grupo de poetas tuvo el acierto de definir, o redefinir con ciertos lindes y cauces, y con un plan general de acción, aunque sin un fin definido, concretamente, sí una prospectiva (que no se especifica, en tanto que es plural), pero no una definición total. Eso es una diáspora que se determinará en una potencial definición de transgresiones, cosa que puede ponerse a prueba en cada uno de sus auctores [dicho al modo de Saúl Ibargoyen], y que bien puede decirse, se les aplique un test de congruencia, por tanto, una lectura est-ética; el balance no debe caer en una rigidez comprobativa, sino en un análisis del desplazamiento y cómo se cumple la intención y se coteja ésta con los planos de realidad. Así, con la siguiente lista de nombres [José Rosas Ribeyro, Mario Santiago Papasquiaro, Roberto Bolaño, Edgar Artaud Jarry, Víctor Monjarás Ruiz, Jorge Hernández Piel Divina, Pedro Damián Bautista, Ramón Méndez Estrada, Rubén Medina, Mara Larrosa, José Peguero, Rafael Catana, Cuauhtémoc Méndez, Bruno Montané Krebs, Claudia Kerik, Óscar Altamirano, María Guadalupe Ochoa Ávila, Juan Esteban Harrington, Mario Raúl Guzmán, incluidos en Perros habitados por las voces del desierto. Poesía infrarrealista entre dos siglos, Aldvs, 2014] podemos buscar su obra, y aplicarles este sondeo. Ahí veremos hasta dónde alcanzó la transgresión su tono más alto.

Por lo dicho, podemos ver que la transgresión poética no es un acto estético que pueda medirse con una lectura, sino que debe tener una lectura primera, y luego una expectativa que tendrá que someter a la observación al poeta, hasta que tiempo después pueda realizarse una segunda lectura, para ver hasta qué punto su estructura lingüística logró trascender en su estructura fáctica. ¿Por qué pensarlo de este modo? Porque de otro modo la transgresión sólo es una acción deformativa que devaluará la intensión antes que transformar/trastocar (etc.) el núcleo intervenido. Es una especie de citología poética. En donde las células se vuelven llana enfermedad que derivará en destruir el cuerpo mayor, o en simplemente vacunarlo. O que logrará vincularse con las otras células para transformar la estructura general. No hay religación, porque todo está ligado. Es un hecho. De este modo, la poética es función de lenguaje, en tanto que es un acto. El lenguaje es la suma: el cúmulo de actos ordenados. Si el desorden del lenguaje es un sinsentido, los actos que subyacen en el mismo, tendrán por resultado un sin-sentido. Y el sin-sentido toma el cauce del orden general.

 

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Otro ejemplo, es el caso de los Poeticistas, donde la transgresión era el objetivo de hacer de la poesía un discurso unívoco, con lo cual no sólo atacaban el surrealismo dominante (o neo misticismo onírico), sino que tenía un plan de acción basado en la metáfora como un médium para transformar una realidad en la realidad deseada. Era una especie de lámpara de los deseos.


Uno de los conflictos que enfrentó fue: que si la realidad deseada quedaba sólo en el poema seguía siendo una fantasía. Una ficción (o fixión). Un zurcido que remendaba la página, pero no los órganos. Por ello la pronta disolución del grupo [Eduardo Lizalde, Marco Antonio Montes de Oca, Arturo González Cosío y Enrique González Rojo Arthur], que derivó en obras particulares, de alta manufactura y profunda apuesta filosófica [y que a su vez se volvieron tutelares de otras generaciones] y que a lo largo de los años, bien se ha creado un corpus significativo para leer desde la perspectiva estética a estos cuatro poetas. Qué en realidad querían concretar las metáforas; y cómo esa transformación puede verse manifiesta en la obra tangible de los poeticistas, es algo que a sesenta años de este movimiento podemos analizar.

Es emocionante, doloroso, desafiante, el reto del poeta. Es una situación de vida y muerte, por decirlo de un modo dramático. Es un acto vertiginoso para el lector agudo esta perspectiva que, en mucho, nos hará comprender hasta qué punto hay cambios en los sensores del encefalograma histórico de la poesía (partitura general del humano). Por supuesto, esta lectura tendrá que tener como eje el núcleo en torno al cuál se gesta. Porque en la citología, el límite, es el principio de la materia. Transgredir, en el caso del poeta, es el reto de lograr una obra mayor, para hacer un mínimo cambio en el cauce general de los sucesos y de la cultura.




ANDRÉ CISNEGRO (México, 1979). Heterónimo de Andrés Cisneros de la Cruz. Poeta y editor. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM y Comunicación Social en la UAM. Tiene libros publicados, entre ellos, Vitrina de últimas cenas (2007), Como la nieve que dejan los muertos (2009 y segunda edición, 2010), Ópera de la tempestad (Metáfora/VO, 2011), y Fue catástrofe (Rojo Siena, 2013). Trabajó en la redacción de los periódicos El Universal y El Independiente. Colaborador de diversas publicaciones periódicas. Editor de la revista y editorial Verso Destierro. Forma parte del consejo editorial de Metáfora, hoja de poesía. Su obra ha sido incluida en más de veinte antologías, entre ellas, Nectáfora, compilación de Fernando Reyes, Ediciones Libera, 2009; Anuario de Poesía 2007, compilado por Julián Herbert, FCE, 2008; Poetas en Construcción/IMC/Conaculta, 2010 y Lorcabaret City (poesía.gráfica.cabaret), Editorial Zócalo, Secretaría de Cultura, 2011. Algunos de sus poemas han sido traducidos al náhuatl.




NELLY SANCHEZ (França, 1974). Doutora em Literatura Francesa, Francófona e Comparada, especialista em literatura francesa feminina, particularmente nas obras de autoras da Belle Époque. Editora crítica de títulos como L’Ange et les pervers, de Lucie Delarue-Mardrus,  Recueil de recettes des Belles Perdrix e coletâneas de obras epistolares. Nos últimos quinze anos, também trabalhou como artista de colagem e artista visual. Artista autodidata, suas obras são uma extensão de sua pesquisa acadêmica, questionando estereótipos de gênero, particularmente aqueles relacionados à feminilidade, revelando um universo feminino, surreal, estranho e, por vezes, bem-humorado. Assim como Frida Kahlo e Leonora Carrington, Nelly Sanchez brinca com os símbolos da representação feminina, utilizando imagens recortadas de revistas de moda feminina. O crédito de sua foto que publicamos é de Elizabeth Herman. Nelly é a artista convidada da presente edição de Agulha Revista de Cultura.

  



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CODINOME ABRAXAS # 10 – BLANCO MÓVIL (MÉXICO)

Artista convidada:  Nelly Sanchez (França, 1974)

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