La buena narrativa tiene ese efecto
de apropiación en mí, me ayuda a especular y suponer otros mundos, otras soluciones,
otras acciones e incluso me lleva a envidiar y desear vivir la existencia de aquellos
personajes que desfilan ante mi mirada asombrada de lector que, por un momento,
se aparta de sí mismo para ser los otros, para odiar, amar, conspirar y hasta morir
como mueren los héroes narrativos. A veces incluso me concibo como un héroe narrativo
que me bajé momentáneamente de una historia y luego no supe regresar a su cauce.
La nueva novela de Guillermo Fernández
me seduce y me atrapa pero no me sorprende, porque le he seguido los pasos a este
autor desde que se inicia en la escritura como poeta hace poco más de cuatro décadas
y desde entonces todo ha sido crecimiento, dominio y madurez que lo han conducido
a exhibir la maestría narrativa que posee esta fascinante novela, suscrita por un
autor de un pequeño país centroamericano, quien sin embargo se abre al mundo con
una novela cuya temática se inserta en uno de los momentos históricos del siglo
pasado que cambiaron el rumbo de nuestra existencia. Nos referimos a la segunda
Guerra Mundial. Sin ser una novela histórica, son estos acontecimientos históricos
los que sirven de escenario para las búsquedas espirituales y las pasiones desatas
en esta novela.
Aunque siguiendo los laberintos
de la memoria la novela discurre en un espacio temporal mucho más amplio, lo cierto
es que el relato en sí tiene lugar en Nueva York durante los últimos diez o doce
días del año de 1940, incluso asistimos al cambio de año y recibimos el 1941, leyendo
las noticias sobre la invasión de los Nazis a Polonia, el bombardeo de Londres,
el fantasma del comunismo que aterroriza a la seguridad estadounidense, incrementando
el espionaje y la guerra sucia, y también los gérmenes del nuevo objeto de destrucción
y transformación masivo, responsable del cambio mundial hasta nuestros días, como
es la aplicación de la energía atómica con fines destructivos y de control político-militar.
En medio de conspiraciones, espionaje, falsos perfiles y dobles personalidades,
El vigilante en el espejo nos cuenta la vida del historiador Donald Shaw quien en
medio del ajetreo de un momento de gran significación histórica vive y se tortura
intentando poner orden en su pasado para con ello alcanzar la paz, si es que tal
cosa existe mientras estamos vivos.
Donald Shaw, el personaje principal
de la novela, se graduó de historiador, pero en su vida nunca ha ejercido su oficio,
sino que en su lugar ha sido chofer de taxi, empleado de una tienda para caballeros
y finalmente se convierte en agente del FBI ,cuya vida se dedicará al espionaje
y a las escuchas secretas de personajes que investiga, todos sumidos en una conspiración
política donde la sospecha se impone sobre los hechos y la inocencia se vuelve irrelevante
pues todos somos culpables de algo, solo hay que ser persistentes para llegar allí
y desenmascarar las tramas detrás de las cuales se ocultan los conspiradores. Qué
fascinante forma de darle actualidad al pensamiento humano encontramos en esta novela.
Sin embargo, aunque Donald Shaw es el personaje principal de la novela, la voz narrativa
predominante es omnisciente y no protagonista. No es ciertamente una novela contada
en primera persona, aunque la voz dinámica y paso de un plano a otro con enrome
fluidez.
Un novelista que conoce su oficio
nos seduce siempre de primera entrada, cuando conocemos a su primer personaje de
la historia que es el narrador. En él deposita el autor toda su confianza y le entrega
los hilos de la historia. Es él quien nos invita a seguir en ese trayecto para nosotros
incierto pero intrigante que es la historia misma a que nos enfrentamos. Es el narrador
quien presenta el escenario donde ocurren los hechos y es también quien gradualmente
va introduciendo los personajes que le dan movilidad a la acción narrativa. La maestría
de Guillermo en el manejo de la estructura narrativa que en esta novela nos permite
apreciar la forma en que, aunque se decanta por una presencia omnisciente a lo largo
de la historia que nos presenta, conocedor además de lo mucho que se le critica
a este narrador su imposible capacidad de conocer absolutamente todo lo que ocurre
en el interior de sus personajes, quitando con ello a la novela su halo de posible
“realismo”, entonces el autor nos propone un narrador omnisciente especulativo.
Con ello queremos decir que en lugar de conocer lo que piensan los personajes, el
narrador inventa un narrador que hemos llamado narrador Omnisciente Especulativo
quien, aunque no conoce la interioridad de los personajes, se permite suponerla
a partir de gestos y expresiones que capta en ellos, en sus momentos de acción.
Se trata -insistimos* de un narrador omnisciente que además es especulativo, no
lo sabe todo, pero lo supone y hace conjeturas. Así por ejemplo dice el narrador
en un pasaje de la novela, pensando en lo que puede imaginar Donald Shaw: “Imaginó
a Curtis, mientras tanto, que había entrado en la habitación de Circe y había dejado
el regalo sobre su cama. Allí lo imaginó sentarse unos tres minutos y agitarse como
un niño curioso sobre el colchón, como si estuviera en la zona más confortable del
mundo. Lo vio arrojarse sobre la colcha y abrazarla y olerla, como un perro inquieto
y fogoso. Luego lo vio incorporarse con alguna tristeza, como si tanta libertad
en la habitación de Circe no le hubiera deparado más que un poco de vergüenza consigo
mismo”. El narrador especula sobre lo que puede pensar un personaje en torno las
acciones remotas de otro personaje, que no atestigua.
Se mueve la novela con gran comodidad
entre la reflexión literaria y una historia en curso que le permite al narrador
y a los personajes, especialmente a los personajes construir frases contundentes
sobre la vida, el amor, la muerte, la verdad y gozar del respaldo que les permite
el desarrollo de la historia, donde prevalecen la observación, el espionaje, el
mirar al otro con disimulo e incluso especular sobre lo que dicen y piensan los
personajes a partir de sus gestos, de sus expresiones, de pequeños grandes detalles
como puede ser la mirada, o una ardilla furtiva atravesando el frío bosque invernal
huyendo de sí misma y su nefasto destino, sin saberlo.
El escenario narrativo está exquisitamente
presentado, la ajetreada vida neoyorkina en medio del clima navideño, los actores
borrachos en las esquinas representando a un Santa Claus patético, los taxis envueltos
en sus turbantes, conduciendo en medio del tráfico abrumador de una gran metrópoli,
se siente el frío invernal y se incomoda el lector con las neviscas recurrentes
que caen sobre los personajes y sus desplazamientos, abrigándonos mentalmente para
protegernos de eso aluviones de pasión congelada y emoción desatada.
Las acciones de los personajes,
sus equivocaciones inconscientes a lo largo de sus vidas, la visión errónea que
podemos tener de ellos, nos llevan a preguntarnos ¿Cuánto podemos magnificar a una
persona y seguirla toda la vida, manejando una visión errónea sobre lo que esa persona
realmente podría ser y haber hecho en el pasado? Pero eso no nos interesa, y acabamos
aferrándonos a la forma en que nos ha convenido mejor o aceptado retratarla. La
vida parece ser así, siempre aferrados a erróneos conceptos que en su momento parecían
verdaderos pero que la vida confirma luego cómo errores.
Lo novela posee un excelente andamiaje
literario, donde incluso existe la intertextualidad en momentos críticos, gracias
a la mención de libros sagrados como el Bhagavad Gita para reforzar el pensamiento
de algunos de sus personajes, reflejar su personalidad y sus búsquedas. Igualmente
se apoya en versos de William Butler Yeats, para darle sustrato lírico y ensoñación
poética a ciertas acciones críticas de la novela, donde personajes confiesan su
amor y se apoyan en los versos de este poeta para darle raigambre a la abstracción
sentimental. Y es por ello que un personaje dice en un momento de su discurso: “Cuando
usted cree en lo que otro ser humano escribió, no importa en qué época, se establece
una hermandad que arroja una flecha de fuego a través del tiempo y produce el renacimiento
de todas las cosas”. He aquí los versos de Yeats convertidos en la flecha de fuego
a través de los tiempos.
Ese renacimiento que brota en este
fraile emocionado al leer y concluir esta novela rompedora que sin duda marca un
antes y un después en nuestra narrativa, poniendo en el primer plano una novela
y un autor que ha trascendido la localía, para convertirse en un acontecimiento
de interés planetario, como son los acontecimientos que narra y la maestría espléndida
con que lo hace.
VÍCTOR HUGO FERNÁNDEZ UMAÑA (Costa Rica, 1955). Se ha desempeñado desde muy joven como activista cultural y comunicador. Estudió Filología y Lingüística Española en la Universidad Nacional y Maestría en Literatura Comparada por la Universidad del Estado de Pennsylvania, Estados Unidos, donde se especializó en Literatura y Ciencia: De qué forma la Teoría de la relatividad modificó la literatura del siglo XX. Miembro fundador del grupo literario Sin Nombre. Fue director de la escuela de Danza de la Universidad Nacional y editor del suplemento cultural Ancora del diario La Nación. En poesía ha publicado Calicantos, Las siete partes en que antiguamente se dividía la noche, Escala en Santa Rosa y otros trenes, Genealogía de mi sombra, Canciones para un Minotauro, No todas las naranjas cantan igual, Dulces blasfemias, Cuando seamos ausencia, La vida que no estaba y Clarividencias/Second sight. En novela ha publicado Los círculos del cuerpo. En relato ha publicado con la EUNED La Reina del Ácido, bajo el sello World Graphics editores, publicó El amante y la chica depresiva (2018) y Los jardines olvidados (2022).
JOSEF BUBENÍK (República Checa, 1965). Artista. Miembro de la Asociación de Artistas Plásticos de las Tierras Altas (en la Unión de Artistas Plásticos de la República Checa), Asociación de la Bienal de Brno (SBB, con sede en Brno). Miembro del grupo surrealista Stir Up. Muchas otras actividades visuales y artísticas. Estudios: LŠU en Brno, en la escuela Petrov (con el pintor Petr Skácel), formación en artes plásticas en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Masaryk en Brno (profesor Leonid Ochrymčuk, doctorando Jiří Havlíček), consultorías privadas en la década de 1980 en los talleres del pintor Jan Wolf y del pintor Jánuš Kubíček. Artista invitado de la presente edición de Agulha Revista de Cultura.
Agulha Revista de Cultura
CODINOME ABRAXAS # 11 – EL PEZ SOLUBLE (COSTA RICA)
Artista convidado: Josef Bubeník (República Tcheca, 1965)
Editores:
Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com
Elys Regina Zils | elysre@gmail.com
ARC Edições © 2026
∞ contatos
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FLORIANO MARTINS | floriano.agulha@gmail.com
ELYS REGINA ZILS | elysre@gmail.com










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