SG
| Usted
publica muy joven. Descríbanos aquel Patrick Cotter que llega a publicar con tan
solo 18 años.
PC | A los 17 años entré a Estudios
Generales de la UCR y de casualidad en la cooperativa de libros que había en ese
tiempo, compré los manifiestos surrealistas de André Breton. Los leí, y para mí
fue fascinante ver cómo se podía hacer poesía de manera radicalmente diferente a
lo que hacía la tradición histórica más conocida. Este libro me impulsó a escribir
poesía de manera espontánea a los 17 años. En ese tiempo tuve de profesor de Estudios
Generales a Carlos de la Ossa y a María Gabriela Chavarría. Ellos lograron que yo
me tomara en serio mi poesía, me dieron mucho impulso. En ese año, 1986, era el
50 aniversario de la muerte de Federico García Lorca. Entonces se convocó a un certamen
de poesía alusivo a Federico García Lorca, en la UCR, que abarcaba las demás universidades.
Yo tomé el material de poesía que tenía trabajado y lo adapté como un homenaje a
García Lorca. Este material conforma una parte de Suburbia que se llama “La cifra verde”. Esta poesía ganó el primer lugar
en el certamen. Ello me abrió muchas puertas. Publiqué un par de veces en una revista.
También, en la sección Áncora de La Nación salió publicada en ese año la poesía
que había ganado aquel certamen. Yo seguí escribiendo poesía. En el año 87, rápidamente,
tenía bastante material y me di cuenta que ya estaba en condiciones de pensar en
una publicación. Suburbia, lo trabajé
mucho. Los poemas los corregí muchas veces. Traté de hacer un todo coherente. Revisé
las pruebas, cada aspecto Patrick Cotter del libro. La tecnología no era como ahora
y había que estar viendo los levantamientos de texto. Ver que se hicieran esos quiebres
vanguardistas que no son versos típicos, sino una manera tipo Apollinaire de concebir
la poesía en la hoja en blanco. Entonces logré el patrocinio de la Casa Presidencial
para publicar el libro en la Imprenta Nacional. Yo iba con frecuencia a la imprenta
para ver lo que hacían. Escogí la portada y muchas otras cosas. Finalmente el libro
salió publicado en noviembre del 87, precisamente con un prólogo de María Gabriela
Chavarría y de Carlos de la Ossa. Al año siguiente volví a ganar un certamen. Obtuve
el primer lugar con poemas que aparecen en mi segundo libro. Suburbia es un libro que no es apreciado
por el sesenta por ciento de los lectores, sobre todo si no son poetas. No lo saben
apreciar porque dicen que no lo entienden. Pero con ese “no lo entiendo” estamos
mal porque la poesía no es un entendimiento mental o cerebral únicamente, sino que
hay que abrir el corazón y las emociones para lograr ese disfrute del hecho poético.
No puede hacerse como resolver un crucigrama. Es completamente diferente. Pero hubo
personas que sí supieron disfrutar el libro y les encantó. Hablo por ejemplo de
Mario Picado, padre de Lil Picado. A ella la menciono porque la obra Fuego y Sombra
de 1986 de Luis Carlos Vásquez, basada en textos de Lil Picado, se hizo en el Teatro
Nacional con un despliegue escénico impresionante para conmemorar los cincuenta
años de la muerte de García Lorca y sin duda presenciar ese espectáculo fue un estímulo
para Suburbia.
SG
| A parte
de André Breton, ¿qué otras lecturas te formaron como poeta?
PC | Sin querer sonar prepotente
y guardando las distancias, voy a hacer una comparación. Arthur Rimbaud, poeta francés,
escribió toda su obra entre los 17 y los 20 años. En esa época el absorbió cultura
y publicó sus libros. A mí, como un ejemplo tercermundista, guardando las distancias,
me pasó igual. Yo entre los 17 y los 20 años aproximadamente, me tomé la poesía
muy en serio. Y para escribir buena poesía hay que leer mucha poesía. En eso creo
yo. Yo señalaría a Guillaume Apollinaire, Mallarmé, Rimbaud, Verlaine, Conde de
Lautréamont. Estoy empezando con la poesía francesa que es la que más me gustaba
en esa época. Pero hay otras lecturas como Allen Ginsberg de Estados Unidos, sin
duda; el mismo García Lorca, especialmente con Poeta en Nueva York que fue la obra
que más me gustó de él. Las lecturas que yo hice en ese entonces para formarme como
poeta, eran diferentes a lo que otras personas en el medio estaban leyendo. A mí
por amor a primera vista me gustó la poesía francesa clásica. Poesía que no solo
conformó el surrealismo, sino vanguardismos que venían desde el siglo XIX. También
el dadaísmo que se dio en Europa después de la primera guerra mundial. Ahí hablaría
de poetas como Tristán Tzara. Los manifiestos Dada me impulsaron igualmente. Considero
que Suburbia es de una influencia predominantemente
francesa. También debo mencionar a Vicente Huidobro, un referente importantísimo
de América Latina. Es curioso porque mucha gente sabe de Pablo Neruda, pero no sabe
nada de Vicente Huidobro; sin embargo, para mí Huidobro es mucho mejor que Neruda.
Aquí nuevamente se repite el fenómeno de las influencias diferentes a lo que el
medio estaba leyendo y publicando con base en esas lecturas. Hubo una transformación
de la inspiración de esas lecturas en una poesía original.
SG
| ¿Te
ha interesado escribir narrativa?
PC | No. He tenido algunas
ideas para hacer novelas cortas. Tengo una idea dándome vuelvas para una novela
que voy a llamar El evangelio según la serpiente. Básicamente plantea que Adán y
Eva cuando comen la fruta en el paraíso, lejos de sentirse avergonzados, de ocultar
su desnudez ante un Dios que los castigaba, ellos más bien, todo lo contrario, sentían
que habían adquirido una dignidad. La humanidad fue como dios. Se sintieron llenos
de asombro ante la situación, fabricaron sombreros en el paraíso como señal de distinción,
por haber logrado una conquista para la humanidad. Sería un libro donde hay más
humanismo que la creencia en un dios. Se resalta la parte humanista con una lectura
diferente del paraíso bíblico. Esta es una de las ideas que he tenido, entre otras.
Pero me sigue gustando más la poesía.
SG
| ¿Crees
que hay algo especial en la mente de un poeta, diferente a escritores de narrativa?
PC | Las barreras entre un
género literario y otro son muy porosas y a veces cuesta distinguir esos puntos.
Por ejemplo, Las Iluminaciones de Rimbaud son escritas en prosa. Pero es
poesía pura. Ernesto Cardenal escribe poesía y lo que escribe, a pesar de tener
una forma poética, es sumamente prosaico. Sin que esto le quite validez a la obra
de Cardenal. Podemos hablar también de José Coronel Urtecho, de Nicaragua. Sin duda
la mentalidad poética es más espontánea, más emocional, menos racional que el aspecto
narrativo. Hacer una novela es completamente otra cosa a hacer un poemario, para
mí son muy diferentes. Pero como le digo, no establezco una barrera. Sino que considero
que hay zonas grises entre los géneros literarios. Por ejemplo, durante la década
de los 90 yo publiqué tal vez unos treinta artículos en la página de opinión del
Semanario Universidad, donde estaba Carlos Morales en ese tiempo. Algunos lectores
me decían que eran demasiado líricos. Porque yo escribía sobre política, sexualidad
u otros temas y terminaba metiendo imágenes metafóricas, poéticas, en lo que era
un ensayito para un semanario. Inclusive el ensayo puede tener elementos líricos.
A mí me pasó de manera espontánea.
SG
| ¿Cuál
fue tu experiencia con los talleres literarios?
SG
| ¿El
poeta llega a asumir un personaje?
PC | Sí. Pero más importante
que el personaje es el destinatario. Inclusive la poesía y los ensayos en el Semanario
Universidad no iban dirigidos a todo el público, iban dirigidos solo a un sector.
Entonces Suburbia es muy leído por los
propios poetas de Costa Rica, pero ese libro no es apto para que lo cultive mucha
gente. Entonces yo pensaría en que de manera inconsciente uno establece quienes
van a ser los lectores, o por lo menos a quién va dirigido el libro. En cuanto a
lo del personaje yo lo interpreto de varias formas. Por ejemplo, Mauricio Molina,
un poeta destacado, creó un personaje rumano, ahorita no recuerdo el nombre. Era
un elemento ficticio que fue un elemento dinámico para la publicación de sus libros
de poesía. Una especie de avatar poético. Pero en cuanto a qué personaje es el poeta,
yo creo que el poeta puede verse como un médium. Porque en el sentido ideal el poeta
está escribiendo porque siente que hay una fuerza que lo atraviesa mental y físicamente,
y escribe tal como si fuera una sesión espiritista. En mi caso eso se logra, sin
necesidad de consumir alcohol ni drogas. Hay muchos poetas que para lograr esos
estados de médium recurren a las drogas; y ahí viene el problema de que empiezan
a reproducir la vida de sus referentes de la década de los sesenta. Los de Estados
Unidos, para citar un ejemplo. Y se están haciendo daño a sí mismos y eventualmente
a su propia obra.
SG | Volvamos al tema de los talleres…
PC | En Suburbia no hubo ningún taller. Mi experiencia
con talleres es 10 del año 1994. En el año 1993 Alejandra Castro que estaba buscando
hacer un taller, me buscó, me dijo que la ayudara con el proyecto. El proyecto tuvo
su primer recital en enero de 1994. Este grupo, Octubre Alfi l Cuatro, se integró
por mucha gente que ha seguido publicando. Fue un taller con una producción bastante
buena. Pero también era una época joven para todos, que la vivimos intensamente
todos alrededor de la literatura. En este taller estuvo Meritxell Serrano, que ha
publicado dos libros de poesía, Mauricio Molina; de manera un poco tangencial Alexander
Obando, Juan Murillo, la misma Alejandra Castro, Melvyn Aguilar, Natalia Esquivel,
Sandra Zúñiga, Claudio Sánchez, David Maradiaga, Esteban Ureña y Diego Montero.
Estaba Eugenia Bochin, la pareja de Juan Carlos Murillo, a quien le interesaba la
parte de las editoriales. Éramos un grupo de por lo menos 10 ó 12 personas. Se me
escapan nombres que no recuerdo. Yo participé de manera intensa entre enero y octubre
del 94. Luego me distancié. A este taller llegaba Virginia Grutter. Los recitales
los dábamos en los centros culturales de las embajadas. Lo cual puede sonar elitista
o cosmopolita, pero fue una facilidad que tuvimos y la aprovechamos. Sin desmerecer
otros espacios como un bar que quedaba al final de la calle de la amargura. Se nos
abrió la puerta del Centro Cultural Español, con Clara Ballesteros. También dimos
un recital en el Instituto Goethe. Estuvimos en el Dante Alighieri de la Embajada
de Italia y el Centro Cultural Mexicano. Los agregados culturales de las embajadas
nos dieron apoyo para sacar pequeñas antologías y la logística de los recitales.
SG
| ¿Cuál
consideras que es el aporte de un taller literario al escritor?
PC | Puede
ser positivo, neutro o negativo. Todo depende de la situación. El taller es un espacio de diálogo humano,
lírico, de retroalimentación, en ese sentido impulsa mucho la cohesión del grupo
y la producción de cada persona. También puede ser que alguien tenga un poema excelente
y las personas que lo leen no lo aprecian en lo absoluto. Y esto no desmerece al
poema que puede ser muy bueno. Estos fenómenos se dan. También hay aspectos psicológicos.
Hay personas que se llevan mejor entre ellos. Hay subgrupos. Toda esta dinámica
existe. Lo que si sería destructivo es que el grupo literario se dedicase a tomar
cerveza como parte del proceso, por decirlo suavemente. Por no decir otro montón
de cosas que son mucho más destructivas. Entonces yo creo que el taller puede aportar
o puede quitar, dependiendo del ángulo que lo veamos.
SG | ¿Para Patrick Cotter cómo se construye
un poema, qué elementos son imprescindibles?
PC | Hablemos del tiempo de
Suburbia: un bombardeo metafórico intenso,
sin tregua, pasando de metáforas con inspiración en el surrealismo que dice que
la belleza yace en lo maravilloso. Es una construcción de metáforas insólitas, una
cascada de metáforas que se integran en otras, que se transforman, que van haciendo
un juego, pero que a la vez van construyendo un relato o una estructura de los versos
que aparece casi de manera espontánea. La construcción, en el caso mío, es que muchas
veces me sentaba a escribir un poema sin tener de manera delimitada el objeto sobre
el cual versaba el poema. Por ejemplo, Pablo Neruda siempre escogía un tema y trabajaba
sobre ese punto. Pero yo al escribir poesía muchas veces me lanzo a escribir sin
haberme puesto una camisa de fuerza. Ahí sale un poema que es como una súper nova
metafórica, al menos en los momentos mejor logrados, el poema no tiene límites preestablecidos.
Como es el caso de Altazor, que es el poema más conocido de Vicente Huidobro, donde
pasa este mismo fenómeno que cuento ahorita. Posterior a aquel tiempo de Suburbia, yo hice un viaje de un mes a España.
Fui con la poetisa Lil Picado en el año 88, con 19 años, y me dediqué a escribir
poesía en lugar de tomar fotos o comprar guías de viajes. Escribía y escribía en
los trenes. Cuando llegué a Costa Rica, le mostré ese material a Isaac Felipe Azofeifa.
Me dio un libro de Coronel Urtecho y me dijo que yo escribía igual que él. Entonces,
ya mi poesía se había transformado. Se parecía un poco más al Cántico Cósmico, de
Cardenal, que a la influencia francesa que estuvo en Suburbia. Esta poesía escrita en España, conforma el último capítulo
de Rosa Arcana, que es el otro libro que tengo publicado. Pero ahí cambió completamente
la manera de escribir. Luego en el año 95 ó 96, empiezo a escribir porque a mi pareja
de algunos años, le dio un cáncer muy agresivo. Entonces yo utilizaba la poesía
como un elemento terapéutico, pero eran poemas para mí mismo. Pero esos poemas se
fueron en la llave maya que le di a Felipe Granados y a Carlos Aguilar. A ellos
les encantaron esos poemas que yo nunca revisé, que eran poemas para mí mismo y
los pusieron al principio de Rosa Arcana. Yo los quería matar, pero lo hecho, hecho
está. Como dice Alexander Obando, si un libro es el hijo de uno, no se le tienen
que estar disculpando los defectos todo el tiempo. Hubo una evolución muy grande.
Yo no podría escribir otra vez como lo hice entre los 17 y los 20 años. Porque en
esa adolescencia me tomé muy en serio y de manera maniática lo que estaba haciendo.
Pero luego se perdió ese impulso. Era una obsesión, positivamente hablando. Era
una inspiración grande, continua, no solo de escribir, sino de leer simultáneamente.
Eso marcó que el libro (Suburbia) es diferente
a otras producciones, porque las lecturas son otras.
SG
| ¿Qué
significa tomarse la poesía muy en serio?
SG
| ¿Tienes
hoy en día una visión diferente de la poesía?
PC | Cuando yo escribí Suburbia yo percibía que la humanidad veía
en los poetas, en los artistas, en los narradores y en los filósofos también, algo
elevado que daba distinción y que señalaba derroteros utópicos, en el buen sentido
de la palabra, para el futuro de la humanidad. Hoy en día, quizá suene fatalista,
pero yo veo la cosa muy diferente. Me parece que en el mundo hoy, la filosofía y
la poesía ya no son ese norte. Más bien son pisoteadas por el hombre alfa, por la
mujer alfa que el neoliberalismo globalizado ha producido. Ya no se valora la sensibilidad
de las personas, sino que se valora que tan fuertes y rudos pueden ser. Entonces,
tristemente, la poesía y la filosofía no tienen el valor que tenían hace treinta
años. Esto puede ser el inicio de la vuelta al fascismo en el mundo, como lo vemos
con Donald Trump, con Jean-Marie Le Pen y muchos ejemplos más. Sería
una catástrofe planetaria lo que puede pasar. Pero lo que me interesa señalar es
la tendencia de cómo esa manera tan especial que existía para (ver) la poesía y
la filosofía, hoy en día se ha modificado radicalmente. Los cursos de filosofía
los recortan de los programas de ciencias sociales y de las humanidades. La poesía
se lee menos ahora que antes. La poesía se ha convertido en pequeñas logias de jóvenes
con alta cultura que se leen entre ellos. Ya no es ese evento de masas, que ha sido
sustituido por los cantantes de pop y de rock, que ahora son los poetas de hace
cien años. La tecnología ha modificado eso. Inclusive la poesía y la filosofía se
fundamentan en la palabra escrita. Pero cada día que pasa se le da más valor a la
imagen y menos a la palabra.
La revolución de internet, la revolución
tecnológica, informática, hace que la palabra, en mayúscula, esté en retirada y
se valora la imagen. Esto afecta sin duda la filosofía y la poesía, de manera negativa.
SG
| En Suburbia hay un rompimiento con el lenguaje
habitual de los trascendentalistas. ¿Eras consciente de eso cuando lo escribiste?
PC | No, en lo absoluto. Lo
del movimiento trascendentalista lo conocí hasta el taller de Octubre Alfil Cuatro.
En tiempo de Suburbia, conscientemente
yo no pretendía ninguna ruptura. Pero el libro fue de los primeros de mi generación
en salir, lo cual no es sorpresa, los 18 años es una edad bastante precoz para sacar
un libro. Luego apareció María Montero, quien publicó un libro. Yo recuerdo que
Ana Istarú, por el año 95 o 96, me decía que de mi generación prácticamente no conocía
poesía. En ese tiempo solo María Montero y yo habíamos publicado. Pero después eso
cambió radicalmente, y comenzaron a publicar los que he mencionado: Mauricio Molina,
Meritxell Serrano, Melvyn Aguilar, Alexander Obando quien tuvo un boom tardío, Luis
Chaves. A mí me tocó el privilegio de ser el primero en sacar un poemario en esta
nueva generación. Pero ese poemario no pretendía de manera consciente ninguna ruptura.
Sin embargo, como mis lecturas eran muy diferentes, mis influencias eran muy distintas.
Pero eso fue algo espontáneo. Luego me di cuenta que había mucha diferencia, porque
todavía estábamos en el final de una época en que se creía que había que escribir
con el realismo socialista, como Jorge Debravo, en el sentido de que la poesía tenía
que estar al servicio de la revolución, a inicios de los 80. Había gente que decía
“si usted no escribe para fomentar la utopía socialista su poesía no vale”. Luego
afortunadamente ese fenómeno desapareció y se quedó como una generación literaria
que escribía de esa forma. Luego la gran pregunta era, bajo qué parámetros iba a
escribir poesía la nueva generación; y por lo que hemos visto es una poesía que
refleja mucha cultura. Pienso en Mauricio Molina, en Luis Chaves, el mismo Juan
Carlos Murillo a nivel de cuento, Alexander Obando sin duda también tiene una cultura
muy sólida; y ésta rompe con la generación anterior sin ninguna duda.
SG
| ¿Crees
que es inevitable que se den estos cambios con el paso del tiempo?
PC | Yo diría que es inevitable.
Cada generación, sin proponérselo, responde a un contexto histórico y cultural diferente,
que permea al escritor sin darse cuenta. Había que romper con el trascendentalismo,
había algo en él que yo llamaría reduccionista, a nivel de lo que se podía escribir.
Hoy en día esa polémica ha quedado un poco atrás. El trascendentalismo se ha debilitado.
No he vuelto a saber de libros de Laureano Albán, no sé si es que no me entero.
Alejandra Castro, que ha destacado tanto y fue miembro del grupo Octubre Alfil Cuatro,
estuvo en el taller de Laureano Albán en la adolescencia. Sí hay influencia del
trascendentalismo, pero ahora se está dando un boom poético entre personas relativamente
jóvenes que se leen entre ellos, que se hacen ediciones artesanales muy bonitas
de doscientos o quinientos ejemplares. Esto hay que ligarlo con las editoriales
independientes que están teniendo un auge, que empezó con Carlos Aguilar y Perro
Azul, pero se ha reproducido con una serie de editoriales nuevas. Los tiempos cambian.
También en internet un poeta va a tener su blog para que le critiquen ahí, hace
publicaciones ahí. Entonces el manejo de la parte tecnológica para la generación
actual es importante y se le da una gran importancia a la poesía en línea. Esto
sin duda no se veía en tiempos de Suburbia.
SG
| Pero
¿Se publica más de lo que se debería o tiene mérito de publicarse?
Tiene que ver con lo que le hablé
de los cambios mundiales, del cómo ahora se valora más el hombre alfa y como hace
treinta años se valoraba más el hombre sensible, la persona culta. Ahora es el hombre
deportista. Lo cual tiene un eco pre fascista a nivel mundial. Esto afecta directamente
la poesía. La poesía ha sido tomada muy en serio por muchos filólogos y muchos filósofos.
Como ha sido el caso de Martin Heidegger que analizó a Hölderlin,
dándole una importancia primordial a lo que se escribe en poesía. Pero también la
filosofía está en crisis.
SG
| ¿Por
qué solo dos libros en treinta años? ¿Has seguido escribiendo?
PC | Quizá a los 21 años sufrí
un desencanto con el hecho de escribir. Yo soy abogado, también estudié filosofía.
Me fascina leer cartas tarot; tengo una colección de setenta tarots diferentes;
me he metido en eso mucho. Estuve publicando artículos en Semanario Universidad.
Entonces lo que me pasó es que mi vida giró en torno a muchos intereses. Sin descuidar
la lectura de la poesía. Me gusta leer los premios Nobel de literatura cuando salen
cada año. Mantengo esa faceta de estar en contacto con la cultura mundial, más que
la nacional. Pero desde los 21 yo no me tomé tan en serio ser poeta. Lo que pasa
es que Suburbia causó un impacto en algunas
personas que yo jamás hubiera anticipado. Esto me hizo replantearme la necesidad
de haber seguido escribiendo. También me he dedicado a la práctica de la meditación
mediante los métodos del budismo Zen y estoy muy metido en eso. En mi vida han surgido
una serie de intereses y la poesía es un planeta que gira con otros planetas. Pero
directamente, yo me tomé muy en serio como poeta entre los 17 y los 20 años. Pero
después de eso no me lo tomé tan en serio. Cosa que no significa que dejara de escribir.
En el caso de Rosa Arcana que es el segundo poemario, varios factores se conjuraron
para la edición. Pero si bien toda la poesía que está ahí es mía, yo no armé ese
libro. Ese libro me lo armaron en Perro Azul, para bien o para mal. Yo considero
que en Rosa Arcana hay poemas muy buenos. Por ejemplo, Alexander Obando y Ana Istarú
dicen que el poema “Merry Go Round”, que es un largo relato sobre un ambiente
gitano de circo, es el mejor poema del libro. En ese mismo libro viene “Claveles
de Acetileno” que ganó un premio literario. También tiene otras partes que no debieron
haber publicado, por lo que ya expliqué anteriormente. Pero yo diría que hay personas
como yo que podemos publicar cada cierta cantidad de años como algo que nos nace.
Pero hay otras personas que están tan metidas en el medio, que el medio es su único
referente y su razón de vida es publicar libros, ganarse amigos en el medio; se
hacen de enemigos, buscan puertas en las editoriales, hay celos, hay grupos que
consumen drogas. Es decir, es completamente diferente la situación de las personas
que están insertas de manera estructural en el medio, que otra persona que ha marcado
una distancia y que puede ver eso desde afuera sin negarse la posibilidad de publicar
y seguir publicando en el futuro. Por ejemplo, Meritxell Serrano ha publicado dos
libros y tiene la misma edad que yo y no le estresa en lo absoluto que sean muy
pocos. Pero si la persona está de manera orgánica en el medio cultural va a estar
en competencia con todos los demás o descalificando a los demás colegas; y yo no
estoy en competencia con nadie.
SG
| ¿Qué
interés te genera la poesía que se escribe actualmente en Costa Rica?
PC | Me parece que es mucho
más interesante, de mayor calidad y con mayores lecturas que la poesía nacional
que yo leí en tiempos de Suburbia. Ahora
se escribe mejor, se es más versátil, más flexible, el lenguaje es más depurado,
más técnico. Obviamente hay libros malísimos como en todas las épocas. Pero también
hay libros que sin duda han destacado. También muchas personas que escribían poesía,
debido a estos fenómenos mundiales de sensibilidad que he mencionado antes, hacen
un brinco de la poesía a la novela o al teatro. Por ejemplo, Alexander Obando escribió
poesía mucho tiempo, pero luego se dedicó a publicar novelas como El Más Violento
Paraíso, o Canciones a la Muerte de los Niños, etc. Hizo la transición hacia otro
género literario. Otro caso, Ana Istarú, ella que yo sepa no ha publicado mucha
poesía nueva, pero se ha dedicado a escribir buen teatro. Hay un fenómeno de personas
que sienten que no se pueden sostener existencialmente como poetas y que necesitan
hacer un brinco a otro género literario que les queda más accesible, donde se sienten
más cómodos y pueden sacar cosas de mucha calidad. Porque si es una novela escrita
por una persona que fue poeta, la novela será muy especial porque tendrá un contenido
lírico, donde la poesía aporta a la parte narrativa de la novela.
SG
| Carlos
de la Ossa en el prólogo de tu libro Suburbia
habla de generaciones de 30 años y que quizá la última ha iniciado en el 90. Siendo
así ¿nos aproximamos a un nuevo cambio en la poesía nacional? ¿Cómo vislumbras ese
cambio?
PC | Esto que usted señala
me recordó inmediatamente el postmodernismo que es un tema que nos explica muchas
cosas. Es una palabra con múltiples definiciones. Por ejemplo, Lyotard dice
que es la incredulidad ante los metarrelatos; o la lógica cultural del capitalismo
avanzado según Jameson. Hay otros que dicen que es la desilusión que sufrieron
los intelectuales franceses después del Mayo del 68 en París. El posmodernismo tiene
mucho de coloquial, de conversacional. Por lo que yo utilizaría esa palabra para
describir lo que se publica actualmente en poesía. Yo no creo en la cronología de
Carlos de la Ossa. Estoy seguro que otras personas con igual capacidad para hacer
ese tipo de cronologías las harán diferentes. Pero si partimos de eso, efectivamente,
a finales de los 80 había una gran duda sobre qué escribiría la generación nueva
de 20 años y que prácticamente no conocieron la guerra fría o no conocieron lo que
era escribir en función de la revolución latinoamericana. Entonces la poesía, como
señaló María Gabriela Chavarría en el otro prólogo del libro, vino a ser de mayor
calidad a partir de los 90, porque rompía con muchos esquemas simplistas que respondían
a otra época. La época de los 90 para acá es la época del internet. Yo llamaría
postmodernismo a lo que se escribe actualmente. Con esto no le quito valor. Pero
esa palabra se me viene a la cabeza como criterio analítico, que reúne las características
que usted señala.
SG
| Finalmente,
¿Qué libro estás leyendo actualmente o has leído en estos días que te ha llamado
la atención?
PC | Estoy leyendo, en inglés,
el Fausto de Goethe. Estos libros traen unos prólogos como de cien páginas y me
resulta fascinante la propuesta de Goethe. A mí siempre me ha gustado leer los clásicos.
No estoy al tanto de las novedades en las editoriales o las librerías. Yo me voy
a lo clásico. A propósito, vea que curioso. Cuando salió Suburbia y lo leyeron personas que sabían de poesía o habían leído bastante
poesía me dijeron, por ejemplo, Lil Picado, que era un libro que parecía escrito
hace cincuenta años o más. Yo dije sí, quizá tenga razón. Ese libro parece escrito
en los años veinte en Europa. Pero para ver eso se requiere conocimiento e inteligencia.
Porque otros pueden decir que era la nueva vanguardia, la nueva forma de abordar
lo nuevo. Para otra persona muy culta puede verse como una antigüedad. Depende de
cómo se vea. También Carlos de la Ossa dice en el prólogo que el libro es difícil
y requiere de minuciosa lectura. Pero esto es falso. Si uno se pone a leer Suburbia de manera minuciosa y de forma analítica
no va a llegar muy largo. Pero Mario Picado decía también que era absurdo lo dicho
por Carlos de la Ossa, que él se lo podía leer de corrido y lo disfrutaba mucho,
pero no tenía que ponerse a pensar mucho a la hora de leerlo. Lo que plantea Carlos
de la Ossa es un problema porque si usted lee el libro y en el prólogo le dicen
que el libro requiere de una minuciosa lectura porque es difícil, no le están dando
las coordenadas para disfrutarlo.
Luego de más de una hora de plática,
el poeta ha sido generoso con sus respuestas. La conversación se va diluyendo en
comentarios más informales sobre el ambiente literario nacional y salta a la mesa
una referencia a Juan Rulfo, el autor mexicano recordado por dos obras que lo marcaron
como un grande de las letras. Es inevitable pensar que la obra publicada por Cotter
es pequeña en cantidad, pero con un valor que la generación actual de poetas costarricenses,
no puede desconocer.
NOTA
Entrevista realizada en colaboración con Ileana Calero y Alex Arias
SAÚL GONZÁLEZ (Costa Rica, 1977).
Es abogado y notario público. Ha colaborado con la revista Conjetura y
la revista de poesía El pez soluble. Su primer libro de poemas se llama Aproximaciones
a la nada, y fue publicado en México por el Fondo Editorial Opción.
JOSEF BUBENÍK (República Checa, 1965). Artista. Miembro de la Asociación de Artistas Plásticos de las Tierras Altas (en la Unión de Artistas Plásticos de la República Checa), Asociación de la Bienal de Brno (SBB, con sede en Brno). Miembro del grupo surrealista Stir Up. Muchas otras actividades visuales y artísticas. Estudios: LŠU en Brno, en la escuela Petrov (con el pintor Petr Skácel), formación en artes plásticas en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Masaryk en Brno (profesor Leonid Ochrymčuk, doctorando Jiří Havlíček), consultorías privadas en la década de 1980 en los talleres del pintor Jan Wolf y del pintor Jánuš Kubíček. Artista invitado de la presente edición de Agulha Revista de Cultura.
Agulha Revista de Cultura
CODINOME ABRAXAS # 11 – EL PEZ SOLUBLE (COSTA RICA)
Artista convidado: Josef Bubeník (República Tcheca, 1965)
Editores:
Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com
Elys Regina Zils | elysre@gmail.com
ARC Edições © 2026
∞ contatos
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FLORIANO MARTINS | floriano.agulha@gmail.com
ELYS REGINA ZILS | elysre@gmail.com










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