sábado, 21 de março de 2026

GLADYS MENDÍA | Sobre Veios do horizonte, de Beatriz Saavedra Gastélum en su versión al portugués

 


La reciente aparición de Veios do horizonte en lengua portuguesa –traducción que tuve el privilegio de realizar a partir del original español– constituye un acontecimiento digno de escrutinio crítico por cuanto inscribe en el sistema literario lusófono la voz de una poeta mexicana que tensiona los límites del decir lírico latinoamericano. El libro propone un desplazamiento –en el sentido que Édouard Glissant otorga a la travesía–: el tránsito entre regímenes de sensibilidad que reconfiguran la relación del sujeto con su noche interior, con el cuerpo y con la memoria. Las páginas que siguen procuran, pues, pensar la obra desde la doble perspectiva que habilitan la traducción y la crítica, intentando una mirada que no confunda apropiación con transparencia. Una mirada que reconozca la alteridad irreductible del texto en español (su opacidad, en términos de Glissant) y, al mismo tiempo, asuma la ineludible transformación que entraña traducir. No se trata ni de borrar la huella del otro ni de colonizarlo: se trata de mantener visible la actividad lingüístico-cultural que hace posible el encuentro.

Traducir, es para mí, habitar un movimiento: atender, en idéntico gesto, al ritmo latente del texto fuente y a las exigencias prosódicas, semánticas y materiales del portugués. Tal concepción se alimenta explícitamente de la poética de la relación glissantiana: reconocer la opacidad irreductible del otro –del poema, de la lengua– como condición de toda hospitalidad. En consecuencia, la traducción se ofrece como acto “devocional”, una práctica de escucha radical donde el verso ajeno es abordado no desde la clarificación, sino desde el cuidado de su respiración oscura. En esta clave, la versión portuguesa no aspira a la equivalencia lineal; se sitúa, por el contrario, en la zona vibrátil de la reverberación.

En el prólogo que escribí para introducir al público lector a Veios do horizonte, reflexiono sobre esa ética de la opacidad. La poesía de Saavedra Gastélum –se afirma– “se sitúa en los márgenes de todo centro, en los contornos donde el lenguaje comienza a romperse”. Los poemas emergen como fragmentos de una conciencia refractaria a toda clausura identitaria: el cuerpo se expone herido, la noche deviene condición ontológica y la piedra mineraliza la memoria. La autora configura así lo que podríamos llamar una geología afectiva, un entramado de estratos carnales y telúricos que se doblan sobre la lengua y la fracturan. Tal geología rehúsa la convención de la verdad universal: prefiere las fallas, las grietas, los restos fósiles de una subjetividad que se reconoce multitud – “cuerpo materno, cuerpo vegetal, cuerpo em exilio”–. Este proceder se inscribe en una genealogía de poetas latino-americanas –Alejandra Pizarnik, Blanca Varela, Susana Thénon o Carmen Berenguer– que hicieron de la fisura una forma de lucidez.

La traducción, en diálogo con dicha fisura, se convierte en laboratorio de tensiones. Dos vectores dominan el tejido discursivo: el tempo interior y la materialidad rítmica. Por un lado, el verso de Saavedra Gastélum opera con una temporalidad suspendida, casi órfica, que exige “una escucha desacelerada”. Por otro, su arquitectura fónica recurre a dislocaciones sintácticas, encabalgamientos y cortes abruptos que replican la cadencia intermitente de la respiración nocturna. El desafío consiste, entonces, en reproducir esa latencia sin diluir las aristas sonoras –objetivo que en la versión portuguesa resuelvo mediante una sintaxis que abraza la economía del verso libre y privilegia la densidad vocálica propia del portugués. El resultado: la lengua de llegada revela inflexiones no manifiestas en el original, desplazando ciertos núcleos metafóricos (la nocturnidad, la ruina, la erosión) hacia tonalidades inéditas de saudade y despojamiento.


Conviene subrayar que este gesto no se agota en un ejercicio estilístico; inscribe también una posición ética: la de no violar el substrato simbólico de la autora con un barniz cosmético de exotismo. Dicho de otro modo, la traducción rehúsa “domesticar” la experiencia femenina y ancestral que respira en los poemas. Más bien, la refuerza al poner en circulación, dentro del ámbito lusófono, una poética que subvierte la dicotomía centro-periferia. Si la crítica ha querido expandir su canon masculino y blanco, Veios do horizonte irrumpe como contra-voz que trae consigo la memoria de otras marginalidades continentales.

No obstante, la propia estrategia de opacidad plantea interrogantes teóricos. ¿Hasta qué punto la “incompletud como forma de fidelidad” impide la inteligibilidad crítica? ¿No existe el riesgo de que el derecho al enigma derive en fetichización de la alteridad? La respuesta exige matiz: la opacidad de Glissant no implica hermetismo; supone, más bien, una negociación entre el deseo de desentrañar y la conciencia de un excedente irreductible. En la traducción, esa negociación se traduce en la selección léxica, en la dosificación de arcaísmos o regionalismos y en la decisión de mantener ciertos sintagmas en castellano cuando su carga cultural lo demanda. Así, el portugués funge de membrana porosa, nunca de celda hermética.

Desde la perspectiva temática, el libro articula tres ejes que justifican su relevancia: la corporalidad múltiple, la memoria espectral y la intimidad cósmica. El cuerpo –reitero– no es aquí sustrato anecdótico, sino dispositivo gnoseológico: instala el saber en la carne, reescribe la subjetividad desde la herida. La memoria, por su parte, se encarna como fantasma que acecha y hace de la ruina una zona de reactivación del deseo. Finalmente, la cosmogonía implícita –relampagueante en símiles astrales y vislumbres abisales– desborda el marco confesional y sitúa la voz poética en el lugar ambiguo del sacerdocio laico: una liturgia que convoca el misterio sin dogmatizarlo. La traducción preserva ese registro cósmico mediante un léxico que oscila entre la precisión mineral y la mística insinuada, evitando tanto la sublimación romántica como el realismo banal.

Veios do horizonte viene a inscribirse en la integración de la presencia de todas las lenguas del mundo y que desafía a las jerarquías. La versión portuguesa, guiada por la apuesta glissantiana de la relación, lo acompaña en su deriva, multiplicando sus resonancias, abriendo fisuras nuevas en la roca verbal. Dedicado especialmente al público lector lusófono, la travesía propuesta es invitación a exponerse a la intemperie de una lengua otra que, al reflejarse, devuelve un rostro híbrido: femenino, nocturno y telúrico.

Firmo, por tanto, esta reseña consciente de la doble piel que me constituye: la de traductora y la de crítica que interroga el trayecto de su propia práctica. Si, como afirma Saavedra Gastélum, “el silencio es el ala del aire / que sube desigual”, mi tarea ha sido escuchar ese vuelo desigual y permitir que en portugués mantenga su turbulencia primigenia. Que el público lector –ahora cómplice– se disponga a sentir en su respiración la bruma y el temblor de una poesía que no se deja domesticar.




GLADYS MENDÍA (Venezuela, 1975) é escritora e editora. Tradutora do português para o castelhano, contando entre seus trabalhos de tradução a antologia poética de Roberto Piva intitulada A catedral da desordem (2017). Foi bolsista da Fundação Neruda (2003 e 2017) e participou do Workshop de Criação Poética com Raúl Zurita (2006). Publicou em diversas revistas literárias, assim como em antologias, sendo a mais recente Temporary Archives, Poems by women of Latin America, ed. Juana Adcock e Jèssica Pujol Duran, ARC Publications, 2022, Reino Unido. Seus livros são: O tempo é a ferida que goteja (2009); O álcool dos estados intermediários (2009); A silenciosa desesperação do sonho (2010); A grita. Reescrita de As Moradas, de Teresa de Ávila (2011); Inquietantes deslocações do pulso (2012); O canto dos manguezais (2018); Telemática. Reflexões de uma adicta digital (2021); LUCES ALTAS luces de peligro (2022) e seus mais recentes livros cocriados com Inteligência Artificial: Fosforescência tigraAire e Memorias de árvores (2023). Ela é editora fundadora da Revista de Literatura y Artes LP5.cl e LP5 Editora, desde o ano de 2004. É cofundadora da Furia del Libro (Feira de editoras independentes, Chile). Como editora, desenvolveu mais de vinte e cinco coleções de poesia, narrativa, ensaio e audiovisuais, publicando mais de 500 autores.



ROLANDO TOPOR (França, 1938-1997). Pintor, ilustrador, poeta, cançonetista, dramaturgo, encenador, cineasta e fotógrafo, artista impossível de catalogar, começou por destacar-se com os desenhos grotescos que publicou na revista satírica Hara-Kiri. Vencedor do Grand Prix de L’Humour Noir em 1961, bebeu dos surrealistas e respondeu-lhes com o movimento Pânico, que fundou com Fernando Arrabal e Alejandro Jodorowsky, entre outros. Em sua obra, Topor nos leva para um mundo do avesso, e a crueldade animalesca, o erotismo, a escatologia e a tétrica ironia das suas obras valeram-lhe o desprezo de críticos, vários projetos ruinosos e ameaças de morte quotidianas. Graças a uma sempre amável sugestão de João Antônio Buhrer, Rolando Topor agora está conosco como artista convidado desta edição da Agulha Revista de Cultura.

  



Agulha Revista de Cultura

Número 264 | março de 2026

Artista convidado: Rolando Topor (França, 1938-1997)

Editores:

Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com

Elys Regina Zils | elysre@gmail.com

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