sábado, 21 de março de 2026

R. LEONTINO FILHO | La encrucijada del abismo tras el espejo, sobre Tríptico de la Agonía, de Floriano Martins & Berta Lucía Estrada

 


El tiempo es un ciempiés sin cabeza que camina sobre un espejo invertido.

ISABEL MEYRELLES

 

Los espejos, con miradas traicioneras, engañan violentamente a los inocentes del tiempo; traicionan sin piedad a los engañados por el azar; ridiculizan solemnemente a los mistificadores de las formas; persiguen ferozmente a los adoradores de la prisa. Los espejos, con sus caprichos deformantes, instalan imágenes de tensión perversa al confrontar, en el mismo espejismo, a Eros y Tánatos como una trascendencia fraudulenta de uno a otro. Con su realidad colgada sobre sus hombros, los espejos cambiantes anuncian el amanecer de la agonía.

En el escenario de lo real, la fosforescencia de los precipicios avanza con la más fina calma; tal luminosidad es siempre una palabra duplicada por su imagen reflejada por la convulsión de las fábulas que brota oblicuamente la intensidad de toda subversión. En el territorio de la realidad, el crepúsculo de las tormentas destroza el dolor con pura elegancia; es casi un gesto a punto de extinguirse por el exceso de criaturas en el escenario de la existencia, representando, como náufragos, el pulso del ser: abismo y agonía triplicados por el peso del silencio.

Así, se puede configurar brevemente la profunda, provocadora, poderosa, conmovedora y personalísima obra dramática Tríptico de la Agonía, escrita en estrecha y refinada simbiosis por Floriano Martins, poeta, ensayista, dramaturgo, traductor y editor brasileño, y Berta Lucía Estrada, escritora colombiana, también poeta, dramaturga y crítica literaria y de arte. Cada uno, poseedor de sus propios espejos, con sus particulares viajes hacia el aura escénica de la palabra, libera sus retratos de los marcos de la monotonía. Ambos son artistas de personalidad única, pero que saben, como pocos, cómo hacer de la colaboración un acto creativo de magnífica belleza. La interacción, verdadera y vívidamente dialógica, entre ambos sólo podía resultar en una obra de inquietante y perturbadora vivacidad teatral; textos concentrados y proyectados por las particularidades de cada una de las piezas que inventivamente componen este agonizante tríptico, acertadamente nombrado con títulos inspiradores: Museo del Visionario, Naufragios del Tiempo y Las Sombras Suspendidas.

Antes de cualquier breve comentario sobre la esencia artística de Tríptico de la Agonía, conviene hacer una observación reveladora, pronunciada por el genio de Fernando Arrabal en Carta de Amor – Como un Tormento Chino: Monólogo para una Actriz, de 1998, cuando, en cierto momento, el personaje confiesa: Gracias a ti comprendo hoy que la belleza es la máxima expresión de la verdad. Así, imbuidos de belleza, en su estado cristalino y necesario, Floriano Martins y Berta Lucía Estrada ofrecen a los lectores, en cada página de esta trilogía, el néctar de la belleza; quién sabe, quizá más adelante, algún pionero de la inquietud, portador de audacia y ardiente amante de lo insólito decida, por uno de esos alegres misterios de la vida, poner en escena, a pesar de todos los riesgos, este teatro casi imposible de encarnar, tal es el esplendor que encierra su verdad.


El Museo del Visionario, el pasaje inicial de este territorio tríptico, presenta, en diez actos, el viaje ininterrumpido en torno a seres sin hogar que, debido a la excesiva soledad y la falta de afecto, vagan por los márgenes oxidados de las cosas diminutas como sombras extendidas en el vacío de la desesperación. Las imágenes reflejadas por esta procesión de criaturas, entre lágrimas y risas, amargura y esperanza, emoción y tranquilidad, tristeza y alegría, olvido y vestigios, consumen lentamente el ya estriado campo del amor, permitiendo así la amenazante aproximación del abismo. En este museo, todos, cuando están solos y suplican, saben de memoria que el consuelo de los inconformes es la resistencia del silencio; por lo tanto, nunca se niegan a revelar sus historias, confiar sus miedos y angustias; como bien dice Lagarto, el seductor personaje en este abismal convoy de copiosas voces: ¡Qué horrible sería una vida dedicada a los secretos! Quizás la vida no lo sería; Quizás, solo un remanente de representación farsesca diluida en una urdimbre espectral llamada existencia humana.

En Tríptico de Agonía, Floriano Martins y Berta Lucía Estrada reivindican la sinuosa agilidad de la escritura, engendrada por la infinita sagacidad y profundidad de las palabras. Sin afán de establecer barreras, limitando siempre las categorizaciones formales, ni de proponer la pureza o el aislamiento de los géneros, ambos se mantienen firmes en su empeño, conscientes de que la palabra clave para entrar en cualquier universo escénico está vinculada a la fuerza poética de la narración. De lo contrario, no sería posible encontrar en una trilogía dramática un texto al estilo de Naufragios del Tiempo. Una obra-novela o una novela-obra teatral completamente habitada por la naturaleza mágica del discurso. Un escenario propicio para las aventuras de Lavinia, Cibeles, Teseo-Alfredo o, por otro lado, Teseo y Alfredo, quienes, en la urgencia del asombro, convierten sus trayectorias en un campo excesivamente minado debido a la ubicuidad de Cronos, esa maraña de hilos delicados y textura caprichosa. Por todo esto y algo más, los relojes de arena se hicieron añicos en el instante en que las sombras se desgarraron; y lo que quedó tatuado en la delicada piel de Ariadna fueron diminutos granos de arena esparcidos sobre las ásperas tapas de los relojes, blandidos por los mitos y sus absurdos.

El Tríptico de la Agonía alcanza su tercera parte con mayor intensidad. A partir de Las Sombras Suspendidas, Berta Lucía Estrada y Floriano Martins encienden el escenario mundial con las aspiraciones de los personajes intensificadas al límite. Una especie de juego metafórico se apodera del escenario a lo largo de cinco actos bajo la dirección de cinco diálogos en permanente conflicto: Astrid, Santiago, Abelardo, Valentín y Cayetano, cada uno a su manera, exteriorizan las improbabilidades de la realidad latente en el umbral de los sueños. El bagaje que cada ser, suspendido por estas sombras, lleva consigo alcanza, en igual proporción, la carencia que el otro proporciona en el preciso momento de su ausencia: en alianza consanguínea, difunden escénicamente las angustias, la desesperación, la codicia, las ambiciones y los apetitos en el corazón de todo y de los deseos de todos. Tangibles o no, los espejos traducen el deseo narcisista de invadir ambos lados del interior de la imaginación, como un estímulo para cruzar la encrucijada ilesos. No es de extrañar que, en esta lucha de máscaras, al borde del abismo y en las inmediaciones de la realidad, resulte útil una afirmación precisa, como un resumen dramático de la trilogía esculpida con grandiosidad artística por Berta Lúcía Estrada y Floriano Martins: Creamos metáforas para evitar que la esencia de las cosas se nos escape. Sin embargo, terminamos usando estas mismas metáforas para escapar de nosotros mismos. Por eso, ningún subterfugio podrá jamás detener la sucesión de acontecimientos que inunda la soledad de criaturas suspendidas por oscuras tormentas de vértigo.

En Tríptico de la Agonía, los personajes burlaron a todos los guías, a todos los secretos malévolos de las apariciones, a todos los deseos llorosos, a todos los rincones oxidados de lo inesperado, a todas las miradas telegráficas a la nada; Engañaron cada monotonía habitada por insultos, cada palabra ridícula susurrada al poder, cada ego atormentado alojado en la arrogancia, cada susurro llameante dejado en el bolsillo del vacío, cada lágrima perfectamente iluminada por las llamas de los sueños; se burlaron de todo sin siquiera darse cuenta de que los omnívoros, ambos bandos, están bajo la égida de las palabras y las miradas de otros. En vista de esto, la poeta Ana Hatherly afirmó con mucha precisión e impecablemente: el misterio supremo es la claridad. Así, en el tríptico de Floriano Martins y Berta Lucía Estrada, todo está en perfecta armonía con la profundización de la belleza y sus esfinges, ese brío que permea los destinos especulares y abismales de lo humano como Poesía Suprema desplegada en el atractivo Escenario de la Vida.




R. LEONTINO FILHO (Brasil, 1961). Poeta e Ensaísta. Publicou os livros de poemas Cidade Íntima (1987/ 1991/ 1999); Semeadura (1988) e Sagrações ao Meio (1993) e A Geometria do Fragmento (Ensaios, 2008). Autor do ensaio de crítica literária, inédito em livroa, intitulado: Sob o Signo de Lumiar – Uma Leitura da Trilogia de Sérgio Campos (Natal: UFRN/Programa de Pós-Graduação em Estudos da Linguagem, 1997). Doutor em Estudos Literários pela UNESP (Campus de Araraquara/SP) com a tese: Lavoura arcaica – o narrador solto no meio do mundo (2005).




ROLANDO TOPOR (França, 1938-1997). Pintor, ilustrador, poeta, cançonetista, dramaturgo, encenador, cineasta e fotógrafo, artista impossível de catalogar, começou por destacar-se com os desenhos grotescos que publicou na revista satírica Hara-Kiri. Vencedor do Grand Prix de L’Humour Noir em 1961, bebeu dos surrealistas e respondeu-lhes com o movimento Pânico, que fundou com Fernando Arrabal e Alejandro Jodorowsky, entre outros. Em sua obra, Topor nos leva para um mundo do avesso, e a crueldade animalesca, o erotismo, a escatologia e a tétrica ironia das suas obras valeram-lhe o desprezo de críticos, vários projetos ruinosos e ameaças de morte quotidianas. Graças a uma sempre amável sugestão de João Antônio Buhrer, Rolando Topor agora está conosco como artista convidado desta edição da Agulha Revista de Cultura.

  



Agulha Revista de Cultura

Número 264 | março de 2026

Artista convidado: Rolando Topor (França, 1938-1997)

Editores:

Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com

Elys Regina Zils | elysre@gmail.com

ARC Edições © 2026


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