sábado, 21 de março de 2026

SANTIAGO MONTOBBIO | Gaudí, aire nuestro

 


Leo ayer a Gaudí en la Plaza del Reloj, y en algunos de los poemas que en ella escribo así lo digo. Es inusual leer a Gaudí, leer sus palabras, pocas y poco divulgadas o accesibles. Vivimos rodeados de Gaudí, rodeados de Gaudí, es un ritmo y una música de mi vida, pero no tanto –o casi nada– entre sus palabras. Compré hace unos años, antes de la pandemia, un libro que reúne lo que dejó escrito o de sus palabras en notas de conversaciones y con su pensamiento se conserva. Lo encontré y lo compré, pues es un libro raro y que no había visto. Tiene este título, Manuscritos, artículos, conversaciones y dibujos, y se publicó en 1982 en la Colección de Arquilectura, y eran responsables y factores de esta edición la Comisión de Cultura del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, Galería-Librería Yerba, Consejería de Cultura del Consejo Regional, Murcia 1982. Recuerdo que publiqué el texto titulado “Gaudí” en el volumen de homenaje a Giuseppe Bellini por sus noventa años. Es un texto escrito en 2012 y este libro, Cuando quiero hallar las voces, encuentro con los afectos. Studi di Iberistica offerti a Giuseppe Bellini, se publicó en Roma por el Consiglio Nazionale delle Ricerche en 2013. Pensé que al gran hispanista le gustaría, y fue mi contribución al volumen. El día que realizamos un acto de presentación de mis libros y mi poesía en la Universidad de Milán me entregaron un ejemplar, así como de la revista Studi di Letteratura Ispano-americana, en que el Profesor había publicado un precioso ensayo. Voy a buscar este volumen de la librería de la galería y leo en él el texto. Acaba con el nombre de Gaudí y a continuación se suman dos palabras: Arte, palabras. Que fue un posible primer título para este texto, aunque luego me decidí por el nombre del arquitecto para éste. Habla en él de Chillida, y quiero releer sus Escritos, que me acompañaron tanto, como los que escribió Goya, que tengo en una edición preparada por Rafael Santos Torroella. El tiempo pinta es frase y pensamiento de Goya que recordaba con frecuencia José Bergamín, y el tiempo también escribe. Hace tiempo, unos años, que tengo este libro de Gaudí y que compré obviamente para leer. Mi madre lo leyó en parte y me dijo que era muy interesante. También yo estoy seguro que así ha de ser, y por esto lo compré. La construcción y el pensar también en palabras, y aquí las pocas de Gaudí. Que también pensó y fue palabras. Se construyó en palabras. Estas palabras que aquí de él quedan lo unen a la vida, hacen que de algún modo aún esté vivo en ellas. Me han interesado siempre los testimonios que aún lo unían a la vida. Recuerdo salió en la prensa cuando murió una de las pocas personas de las que constaba con certeza que lo había conocido. Si no recuerdo mal, era un niño y Gaudí fue a darles una conferencia o charla en su clase de los escolapios. Recuerdo también que la sor muy jovencita –13, 14 años– que le llevaba el último año de su vida cada día el desayuno a la Sagrada Familia y llegó a nonagenaria escribió un libro con sus recuerdos de él. Vi este libro en la librería de debajo de la Pedrera, y quise comprarlo, pero se me pasó. Sí compré en la Feria del Libro este libro con sus propias palabras y en el que por tanto está en él aún más vivo. Gaudí en sus palabras.

Leo este libro ayer por la mañana en la Plaza del Reloj y lo acabo por la tarde en casa. Es una maravilla que haya palabras de Gaudí, y estas pocas que tenemos las sentimos un tesoro. Abre el libro un trabajo más extenso, “Manuscrito sobre Ornamentación”, de 1878, al que siguen otros. Después hay notas, “La aspiración del arte es…”, “La casa es…”, y finalmente notas tomadas de conversaciones con Gaudí de Juan Bergós, y que llevan esta anotación: “Selección de las notas tomadas por Juan Bergós durante las conversaciones con Gaudí”. No sé si ha habido en algún momento una publicación más completa de estas conversaciones o todo lo que hay de ellas es lo que en este libro está. En todo caso, es lo que gracias a él puedo conocer.

Leo este libro y voy a repasarlo para traer algunas palabras de Gaudí. Que también son construcción y arquitectura. Leo en este primer y más extenso ensayo: “Sucede frecuentemente que las ideas al amalgamarlas entre sí se empequeñecen y ofuscan. La sencillez les da importancia”. La sencillez que tienen las palabras de Gaudí en unas conversaciones de las que en realidad sólo provienen de unas notas de éstas y que es prácticamente lo único que de él en tanto que palabra queda, aparte de algún trabajo más académico o texto breve, y que son las que cierran este libro de edición rara y valor único, hacen que adquieran y tengan en ella, en esta su misma sencillez (que pienso también que a la vez conviene al espíritu de Gaudí), una mayor dimensión de verdad si cabe. Y he leído también cual aforismo poco antes en este ensayo: “Las formas expresadas con sencillez tienen mayor grandeza”. Hay referencias en este ensayo a la Naturaleza, y la habrá en sus conversaciones. Vi el sábado “Arborescencia”, imágenes de árboles proyectadas sobre la casa Batlló. “Esto necesita madurarse, y no está más que en embrión”, escribe Gaudí en este primer ensayo, y casi a continuación esboza este pensamiento que quiero traer porque aun en su carácter de esbozo –que él mismo nos dice que tiene– contiene algún matiz esencial para comprender el carácter espiritual que él piensa y siente ha de tener la representación: “Estudiados los motivos de ornamentación, hay dos escollos en ellos. Una tendencia hacia el natural y por consiguiente pierde su sencillez la idea expresada y por otra parte un convencionalismo que ofusca la idea. Si se pudiese encontrar un sistema en el que la idea de la naturaleza pudiese descarnarla de todo lo superfluo, o mejor, si así como para un ser vivo es indispensable todo un organismo para la vida, para la representación de este ser vivo basta una forma simplificada, es decir, que no se trata de llevar la fotografía del objeto, sino su forma sintética”. Y un poco más adelante y en este mismo sentido completa: “La ornamentación es un medio por el cual se reviste de ciertas cualidades de forma a un objeto, para infundirle un carácter premeditado, haciendo en unos casos desaparecer las masas para llegar a un resultado espiritual y otras acentuándolas para hacer sentir la naturaleza con toda su rudeza y sencillez. Los resultados de esto son varios según la magnitud, los materiales, el color, etc./ Indudablemente, la sintetización de una idea constituye el fondo ornamental. En aquellos tiempos los huevos, hojas acuáticas, las sartas de perlas, etc., tenían un significado que no conocemos hoy bastante, y no creo que fuese puro capricho trivial el poner en nuestras catedrales los vegetales de las huertas, y efectivamente creo que poner los medios que Dios pone a nuestra disposición para sustentarnos y alimentarnos es un modo de agraciar la presencia de estos dones. Pero esto, perdido entre la profusión de líneas y calados, que la importancia no la tiene mayor que la que representan tales vegetales en la naturaleza. Esto es vago en general, pero es el único lenguaje que puede hablar la arquitectura. Al escoger un asunto para representarlo, es indudablemente por el interés que inspira, ahora bien, si encontramos un medio para hacer patente la cualidad que nos interesa, haremos el asunto simpático a los ojos de todos. Los medios que para ello tenemos más la supresión de las cualidades o accidentes que no nos interesan, la acentuación de las cualidades o accidentes que nos han hecho interesar, son estas cualidades o accidentes expresados por órganos cuyas forma y color venimos a realzar para hacer más claro el concepto”.


Y las conversaciones, o más exactamente las notas que de ellas quedan. Palabras de Gaudí. Voy a traer algunas conforme vaya encontrándolas. Lo que distingue al arquitecto: “El arquitecto no debe hablar vagamente como el ornamentista, sino concretamente, su lenguaje es la Geometría. Hallar las formas propias de cada función (que dan el carácter), es propio del arquitecto; usar una forma para todo es propio del Ingeniero que por esta razón hace las cosas sin carácter”. La arquitectura y la escultura: “Los arquitectos del renacimiento eran casi todos escultores, de modo que en rigor eran ornamentistas (Miguel Ángel, Sansovino etc.) San Pedro de Roma y la Sixtina son cosas de ornamentista, no de arquitecto. El más arquitecto era Bramante. Prueba de esto es que los monumentos romanos parecen más de arquitecto que los renacentistas, dado que en ellos se percibe una rigurosa disciplina, superior a la de los escultores. Pero comparando los monumentos romanos con los griegos, se ven a éstos mucho más arquitectónicos. (Los romanos eran más juristas que arquitectos).” A continuación, algo sobre los textos: “Toda inscripción decorativa o lápida conmemorativa o simbólica, debe ser forzosamente mutilada, no ha de contener más que un concepto (lápidas mortuorias, deprecaciones, textos alusivos a la obra, etc.), pues las inscripciones van dirigidas a los que ya conocen los textos para recordárselos nada más; prueba de esto es la imposibilidad de estudiar nada con las inscripciones. De modo que los que quieren que los textos lo expliquen todo, son como los que en una farmacia pidieran: “Deme una receta para almorzar y otra para cenar”. Los textos, la letra, no son el alimento, sino la medicina que estimula, que activa o calma; por esto decía San Juan Crisóstomo que el evangelio es una farmacia”. Vemos el sentido del que habla Gaudí. He acudido a estos pocos textos que hay de él quizá no como a una farmacia, pero sí como a la ayuda que puede haber en la memoria y las palabras. Éstas son las palabras de Gaudí, y nos ayudarán a acercárnoslo y sentirlo vivo en mayor o menor medida, y en la manera que sea. No pueden –no puede ningún texto– explicar todo. Pero pueden ser un estímulo para la comprensión y revivirlo en su arte y su pensamiento. A continuación: “Toda obra de arte debe ser seductora (en esto reside la universalidad, ya que atrae a todos, entendidos y profanos); cuando por una rebuscada originalidad se pierde la cualidad de la seducción, no se produce obra de arte”. Y sigue este pensamiento: “Atención es ilación, es ecuación como dice Raimundo Lulio, es decir regla de tres; los sentidos dan los términos para hacer la ecuación”. A continuación una reflexión que reiterará en otros momentos en estas conversaciones, y que dice mucho de su pensamiento y está aquí expresa de forma perfilada: “La sabiduría es superior a la ciencia; su nombre viene de “Sapere” que quiere decir gustar, saborear; se refiere al hecho./ La sabiduría es síntesis y la ciencia es análisis. La síntesis de análisis todavía no es sabiduría porque lo es de algunos análisis, no de todos y, por lo tanto, no es de hecho completa./ Sabiduría es riqueza; la ciencia no es la riqueza, sirve para que no circule la moneda falsa./ La realización de una cosa consiste en poner su ley de acuerdo con las leyes de la Creación, la experiencia no es más, pues, que la sanción de la Creación”. Y a continuación un pensamiento que nos dice a Gaudí en su verdad, en la raíz del propósito, del fundamento de su arte: “La Creación continúa y el Creador se vale de sus criaturas; los que buscan las leyes de la Naturaleza para conformar en ellas nuevas obras colaboran con el Creador. Los copistas no colaboran./ Por esto la originalidad es volver al origen”. Completa a continuación: “La realización de una cosa es poner su ley de acuerdo con la ley de la Creación (sin esto no subsistiría, no tendría consistencia); y para lograr esto es imprescindible la experiencia que es la sanción de la Creación”. Y otra vez la originalidad como volver al origen, y el ejemplificar en una de sus obras máximas y que aún continúa viva –la Sagrada Familia– este propósito en su arte y este pensar: “Originalidad es volver al origen; de modo que original lo es aquel que con los nuevos medios vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones. Así es original resolver la simplicísima basílica primitiva con la complejidad de la estabilidad individual de las bóvedas. (Como se ha hecho en la Sagrada Familia)”. Y dos pensamientos que se complementan. Dice Gaudí: “No debe buscarse, pues, entonces en la extravagancia. Conviene ver lo que se hace usualmente y tratar de mejorarlo”.  Y unas palabras sutiles que podemos sentir también como un fundamento de sus propósitos, sensibilidad y sentir de artista: “Lo primero de todo son las relaciones de las cosas, es decir de la situación; por esto sin copiar las formas se pueden hacer cosas de un carácter determinado captando el espíritu; éste no lo capta todo el mundo”.  

Algo que da razón –y una razón de fondo– de cómo el arte llega a todo el mundo: ““El arquitecto se distingue del constructor ingeniero en que aquél hace la construcción superior espiritualmente, o sea la destinada a la Divinidad; e incluso participa de esta superioridad la casa o construcción destinada al hombre, la cual para ser completa ha de tener el lugar dedicado a Dios (o a su culto o glorificación)./ Y esto no es nuevo del cristianismo, pues todos los pueblos paganos tenían el lugar dedicado a los lares (dioses tutelares de la familia), prueba de ello son las más de 2.000 figuritas del Museo de Campania encontradas en las dependencias de los lares”.  Con motivo de una lectura en la Casa de Castilla-La Mancha en Madrid, y por ser el aniversario de la segunda parte del Quijote, y tener en ésta tal presencia e importancia Barcelona, escribí un texto en el que está presente en su título esa invitación de ese día, pero al que he dado también el título de “Barcelona, la poesía y El Quijote”. Me agrada encontrar estas palabras de Gaudí: “Cervantes escribe el Quijote de retorno del Mediterráneo; la ironía del autor hacia el héroe de su país y hacia su país es sangrante; en cambio el elogio de Barcelona, de la lengua catalana y hasta del bandolero catalán, es magnífico. Obsérvese que Don Quijote no recobra el juicio hasta llegar a la playa del Mediterráneo, y obsérvese también que inmediatamente después de recobrar el juicio, muere, el juicio no le deja vivir”.

Dos pensamientos seguidos entre la ciencia y el Arte: “La ciencia es un capazo que se va llenando de cosas y más cosas que nadie puede manejar hasta que el Arte pone asas al capazo y extrae de ella lo que precisa para realizar el hecho”. “Las cosas científicas se demuestran y enseñan por medio de principios; los hechos por la experiencia./ La ciencia se aprende con principios y el Arte con ejemplos (obras del pasado)”.


Del carácter de la Sagrada Familia: “El templo de la Sagrada Familia es expiatorio (esta palabra es la que enervaba al “Mercure” de Francia). Esto quiere decir que ha de nutrirse de sacrificios; si no se pudiese alimentar con ellos sería una obra débil y no se acabaría. La palabra expiatoria es la que excita a los sectarios./ El sacrificio es necesario incluso para el buen éxito de las obras malas; ya que no es posible ahorrarse el sacrificio, merece la pena hacerlo en pro de las buenas obras”. Y continúa: “Los que se quejan de la manera de hacer el templo o de la duración de su construcción son los que nada dan y conviene decirles: ¿Si los que dan no se quejan, los que no dan, qué deben hacer?”. Y unas máximas que podrían ser de un moralista francés (“Para conocer a los hombres, dice un proverbio oriental, hay que comer con ellos mucha sal. Pero hay una cosa que permite conocerlos más directa y rápidamente, y es gastar su dinero. Los arquitectos gastan el dinero de los demás y por esto poseen una psicología cierta de los clientes”; “La joie de vivre es una frase, puesto que si se hace balance de la vida se halla un estilo de penas mayor que de alegrías”; “La elegancia es hermana de la pobreza; pero conviene no confundir la pobreza con la miseria”), y una que lo dice como arquitecto: “Cuando el edificio tiene simplemente lo que necesita con los medios disponibles, tiene carácter, tiene dignidad, que es lo mismo”. He escrito hace unos años un conjunto de poemas que titulé “Poemas de la retama” en los que pensé el otro día, al ir a leer el célebre poema a la retama de Leopardi, y pensé que ésta está sentida y dicha de distinto modo en su poema y en los míos. Encuentro la retama como fascinación y en su maravilla también en estas palabras de Gaudí: “Nuestra retama ¿cómo haremos entender a quien no la hubiese visto nunca que tiene rama y flores y éstas de un amarillo de oro purísimo y de un perfume que se siente a kilómetros de distancia?”.

La Naturaleza, Dios. Lo que el hombre crea e inventa nos dice en dos reflexiones sucesivas Gaudí: “El gran libro, siempre abierto y que conviene esforzarse en leer, es el de la Naturaleza; los demás libros han salido de éste y tienen además las interpretaciones y equívocos de los hombres. Hay dos revelaciones: una, doctrinaria de la Moral y de la Religión, y otra guiadora a través de los hechos que es la del gran libro de la Naturaleza./ Los aviones tienen una disposición semejante a la de los insectos de alas planas no plegables y hace ya muchos siglos que éstos vuelan a la perfección. La construcción tiene por objeto librarnos del sol y de la lluvia. La imitación llega hasta los elementos, pues las columnas fueron primero árboles; después se verán capiteles adornados con hojas. Esta es una nueva justificación de la estructura de la Sagrada Familia”. “Dios no ha hecho ninguna ley estéril, es decir, que todas tienen su aplicación; la observación de estas leyes y de estas aplicaciones es la revelación física de la Divinidad. Los inventos son imitaciones de aquellas aplicaciones (avión, imitación de un insecto; submarino, de un pez). Por esto, cuando un invento no está en armonía con las leyes naturales no es viable”.

Escribe en la página siguiente: “El hombre no puede prescindir de los escalones, más altos o más bajos, siempre ha de ascender escalón a escalón: en inteligencia, en virtud, en fuerza”. Recuerdo que Luis Felipe Vivanco decía algo así como que lo habitual para una persona o un artista era que se le exigiera un esfuerzo para llegar a una altura, y que Federico García Lorca parecía estar ya en esa altura. Aunque Gaudí nos habla aquí de la gradación y del esfuerzo, su creación maravillosa nos permite ver y sentir las cosas desde su altura, desde la altura con que él las creó y sintió, y que hace la vida otra.

Dice Gaudí: “A los artistas no se les deben hacer monumentos, puesto que ya lo tienen hecho con sus obras. Para conmemorar actos de heroísmo, de abnegación o sacrificio que pronto serán olvidados, puede hacerse un monumento”. Sí, el monumento a Gaudí son sus propias obras. Aquí nos lo dice en estas palabras que de él nos quedan. Nos dice también: “Para hacer una cosa se necesita tanto más coraje cuanto menos conocimientos se tengan, pues estas dos cualidades están en razón inversa”. Y un poco más adelante: “El defecto de exceso de análisis hace a la Escuela de Arquitectura despreciable a los ojos de los que por ella han pasado, porque lo que allí les enseñaron de nada les sirve”. El conocimiento, el arrojo. La inspiración, el don. Que no se aprende.

“El miedo es la ignorancia”, dice Gaudí. Y, a continuación, una convicción que tenía para su arte y a la que éste respondía, pero que nos agrada encontrar dicha por él en vez de que otros nos la expliquen: “La pintura mediante el color y la escultura gracias a forma expresan los organismos vivos (figuras, árboles, frutos), mostrando su interioridad por medio de lo exterior de aquéllos. La arquitectura crea el organismo y por eso éste debe tener una ley en consonancia con las de la Naturaleza; los arquitectos que no se sujetan a la ley hacen un dislate en vez de una obra de arte”. También, para que sean otros los que nos expliquen la Sagrada Familia, preferimos que nos la explique él: “Las estrellas siguen la órbita que es la trayectoria de su equilibrio, además giran sobre sí mismas, de modo que su movimiento es helicoidal./ Las columnas de la Sagrada Familia siguen un haz de fuerzas que es su trayectoria de estabilidad, lo que quiere decir su equilibrio; su generación es una sección estrellada que gira al resbalar, su movimiento es por lo tanto también helicoidal (lo mismo pasa en los troncos de los árboles). Las estrellas van y vuelven, pues las órbitas son líneas cerradas, la columna va y vuelve porque tiene el movimiento helicoidal doble, el giro en los dos sentidos./ Toda decoración de columnas en todos los estilos ha sido la aplicación más o menos parcial de este principio”.

Del arquitecto, a quien nombra con mayúscula: “El Arquitecto es un gobernante en el más alto sentido de la palabra, ya que no encuentra la constitución hecha, sino que la hace él. Por esto a los gobernantes se les llama constructores de pueblos”. Otra vez la Naturaleza, y el arte, y la cultura: “Se ha estado trabajando dos años intensamente, perfidiosamente, y se han gastado 20.000 pesetas en llegar a una solución completa de las columnas./ Esto es lícito porque las soluciones arquitectónicas en los estilos han costado muchas generaciones, muchas vidas y grandes sumas./ Haciendo un examen severo de las nuevas formas, resulta que contienen lo del pasado y muchas otras cosas que las hacen ser superiores al pasado. Además, los libros son los instrumentos de la cultura y tienen por base los hechos. Así que es mejor estudiar directamente de la Naturaleza, y ésta nos dice que las cosas tienen resueltas las formas en el mismo sentido que se resuelven en el Templo; esta es la razón de mayor peso”.

Y algo que da razón de un modo de actuar y de sentir la realidad: “Todas las cosas merecen atención, pues todas son muy complejas y en el fondo siempre se hallan recovecos misteriosos en los que nuestra limitación se pierde. Pasar por encima de los hechos con ligereza es una bestialidad (una comodidad de la bestia). Para penetrar las cosas conviene perseguirlas recientemente; la paciencia todo lo consigue (Santa Teresa) y la paciencia es la constancia en lo penoso inevitable; hay que hacer y repetir, pues la razón es una fuerza interna y debe aplicarse desde dentro, no desde fuera”. He recordado muchas veces el “Yo no me repito: insisto” que decía Ramón Gaya, y aquí tenemos la explicación de una actitud en el actuar y el pensar de Gaudí, dicha casi como razón vital.


Un pensamiento cuya inicial sentencia ya lo dice todo: “En las artes no hay maestro; el único maestro es uno mismo. Lo que hay son medios: sociedades y entidades donde se procuran modelos y conocimientos de obras, directamente o por reproducciones (revistas); pero esto engendra dos peligros: en las escuelas de artes y oficios hay y habrá siempre un método incompleto, en los círculos se encuentran los charlatanes que hablan, pero no hacen nada; en las revistas hay, además de las reproducciones, los textos y muchos se quedan con éstos solamente./ Las escuelas, los círculos y las revistas son solamente medios auxiliares”.

Y otro pensamiento lleno de profundidad y que podemos ramificar adentro nuestro: “Todo pensamiento que no tenga forma adecuada al espíritu de su tiempo queda inédito. Esto recuerda aquellas palabras de Jeremías al lamentar el sitio de Jerusalén, cuando dice: “Los chiquillos no hallan quien les parta el pan”. De modo que no sólo debe haber pan, sino también quien lo parta./ Hay que preferir el pensamiento a la forma y, por lo tanto, hay que rechazar toda retórica”. Y un aforismo que podemos encajar con este pensamiento y sentirlo como su base y la base de todos: “El amor a la verdad debe estar por encima de cualquier otro amor”.

Él mismo de la Sagrada Familia: “En la solución de la Sagrada Familia hay la unificación de los estilos, pues los antiguos hacían columna y entablamento, esto es: armonía de unas verticales (columna, estrías, tríglifos y métopas, dentillones) con unas horizontales (arquitrabe, cornisa, capitel juntas de las columnas, basa, estilóbato). En la Sagrada Familia se resuelve no con dos sistemas de líneas, sino con uno solo que lleva las líneas de la vertical a la horizontal pasando por todas las intermedias”.

Otra vez la repetición e insistencia en arte y para el artista: “El único camino fértil es el de la repetición: en Beethoven se hallan repeticiones que fueron usadas diez años antes. En Bach lo mismo; Verdaguer repetía y copiaba mientras corregía sus poesías”. Y otro pensamiento que quiero traer: “Nosotros, que poseemos una intensa sensibilidad, nos falta la precisión y consistencia de un buen conocimiento, nos falta aquella persistencia, repetición, investigación larga y penosa que hacían los grandes maestros (Leonardo, Cellini). Y esto es lo que da valor a las obras de estos maestros, y precisamente esta pena (las pinturas de hoy no deberían exponerse, pues no merecen la pena); estos dolores que han ido sacando el dolor, la tortura de la obra, hasta dejarla como si fuera espontánea por su simplicidad. Esto sólo se logra con estos dolores fuertes que dan el verdadero valor a las pequeñas penas de la vida y hacen que las menudencias sean expedidas igual que el viento se lleva las hojas secas de los árboles. Estos dolores son constantes hasta la muerte y conducen a la insatisfacción de la propia obra (aquel que queda satisfecho de sus obras, que se retire, pues las grandes iniciativas sólo se consiguen a fuerza de dolor), pero de este desmenuzamiento del alma quedan trozos preciosos, frutos de un sabor y perfume que sacia generaciones”. Lo completa a continuación de esta manera: “Los críticos deberían decir todo esto (que sólo se llega arriba mediante esfuerzos muy dolorosos), pero no lo pueden decir porque casi todos son artistas fracasados por falta de cualidades y de coraje. Por esto quien les escucha o trabaja para ellos está perdido”.

Una máxima que condensa un pensamiento y una concepción de la vida, del arte y de las cosas: “Todo sale del gran libro de la Naturaleza; las obras de los hombres son ya un libro impreso”. Y a continuación está una explicación y explicitación, y en ella el árbol unido al hombre –recuerdo los árboles que vi el sábado sobre la Casa Batlló-: “Las arquitecturas del Renacimiento, como la griega y la romana, forman un zócalo; es la peña aislante; en el Renacimiento amontonan zócalos (áticos y órdenes monumentales). El Partenón y el templo de Philae son zócalos. / Todos los estilos son organismos emparentados con la naturaleza, unos hacen la peña aislante, como griegos y romanos, otros hacen cumbreras y simas como los indios. Todos consisten en el soporte mínimo (que es lo que tiene carácter), o sea la columna, y las partes horizontales soportadas; en conjunto es el árbol y sus proporciones son similares a la figura humana, de manera que no es el árbol-árbol (pues tiene el edificio otras funciones que las del bosque), sino el árbol-hombre. Y esto comprende y explica todos los estilos: el árbol-hombre egipcio, griego, bizantino, gótico etc.”.

Nos dice también Gaudí: “La escultura hecha al aire libre tiene una superior simplicidad que la hecha con la luz de un taller, casi siempre defectuosa o insuficiente. Este factor es uno de los que cooperan a la extraordinaria simplificación de la escultura griega./ Existe quien lo hace en el taller y luego lo corrige al sol, pero entonces el espíritu está ya fatigado; es mejor trabajar al aire libre desde el primer momento”. Pintar al aire libre, vivir al aire libre. Aire Nuestro el título que cobija y distingue la gran obra poética de Jorge Guillén. Lo profundo es el aire el verso del poeta que el escultor Eduardo Chillida sintió como una verdad propia y le llevó a hacer una serie de esculturas por él tituladas. Pienso que en estas palabras que nos quedan de Gaudí y que dijo en conversaciones con Juan Bergós –de las notas de éste vienen– podemos sentir aún algo del aire en que dijo estas palabras, y que sean para nosotros aire libre para acercarnos al misterio sagrado de su vida y de su arte, aire nuestro, de él y para todos.




SANTIAGO MONTOBBIO (España, 1966) publicó por primera vez como poeta en la Revista de Occidente en 1988, y su primer libro, Hospital de Inocentes (1989), mereció ya el reconocimiento espontáneo de ilustres autores (Onetti, Sabato, Vilariño, Delibes, Cela, Martín Gaite, Valente, entre otros). Su libro El anarquista de las bengalas fue finalista del Premio Quijote 2006, que concedía la Asociación Colegial de Escritores de España al mejor libro publicado en el año mediante votación de sus socios. Su vasta obra poética, traducida a un buen número de idiomas, ha obtenido una difusión, un reconocimiento y una trascendencia internacionales. Se han publicado libros con una antología de su poesía en París, Brasil, Países Bajos e Italia. En su fecunda trayectoria destacan los once libros que ha publicado estos últimos años en la histórica colección de poesía El Bardo. Sus libros más recientes son Días en Venecia (2024) y La libertad de la poesía (2025), publicados ambos en la colección Nueva Biblioteca Íntima de Ònix Editor. La hispanista brasileña Ester Abreu Vieira de Oliveira ha publicado un libro dedicado a su obra poética, con un estudio de la misma y también una antología de su poesía en edición bilingüe castellano-portugués: A arte poética de Santiago Montobbio (Análise e Traduçao) (Editorial Opçao, Brasil, 2017). A su labor de creación le acompaña y corresponde, desde sus inicios como escritor, una labor como ensayista y articulista. Ha colaborado en las primeras revistas de España, Europa y América. Desde el año 2010 colabora en Revue d’Art et de Littérature, Musique, de cuyo Comité redactionelle forma parte y en la que tiene un Espace d’auteur. Esta casa editorial francesa le concedió su Prix Chasseur de Poésie 2012.



ROLANDO TOPOR (França, 1938-1997). Pintor, ilustrador, poeta, cançonetista, dramaturgo, encenador, cineasta e fotógrafo, artista impossível de catalogar, começou por destacar-se com os desenhos grotescos que publicou na revista satírica Hara-Kiri. Vencedor do Grand Prix de L’Humour Noir em 1961, bebeu dos surrealistas e respondeu-lhes com o movimento Pânico, que fundou com Fernando Arrabal e Alejandro Jodorowsky, entre outros. Em sua obra, Topor nos leva para um mundo do avesso, e a crueldade animalesca, o erotismo, a escatologia e a tétrica ironia das suas obras valeram-lhe o desprezo de críticos, vários projetos ruinosos e ameaças de morte quotidianas. Graças a uma sempre amável sugestão de João Antônio Buhrer, Rolando Topor agora está conosco como artista convidado desta edição da Agulha Revista de Cultura.

  



Agulha Revista de Cultura

Número 264 | março de 2026

Artista convidado: Rolando Topor (França, 1938-1997)

Editores:

Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com

Elys Regina Zils | elysre@gmail.com

ARC Edições © 2026


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