
En diciembre de 1991 se desintegró oficialmente la Unión Soviética y los
barcos rusos en la Habana se esfumaron. El bloqueo de Estados Unidos a la isla
se hizo más agresivo. La desesperación de la población cubana crecía ante la
falta de recursos materiales, de insumos alimenticios y de fármacos. Odette
Alonso, nativa de Santiago de Cuba, según cuenta, arribó a la península de
Yucatán en 1992. En 1993 viajé a Cuba para realizar un reportaje sobre el
llamado Periodo especial que fue publicado en la revista Mundo, culturas y
gente. Muchos intelectuales que habían participado en la revolución y habían
formado parte del aparato de Estado estaban de capa caída porque se habían
atrevido a cuestionar al régimen y a señalar errores políticos. Bajo un halo de
misterio y de novela policiaca entrevisté a varios ex dirigentes devenidos en
sospechosos críticos del sistema. A pesar de las carencias nunca faltó un
chupito de ron o de café mezclado con garbanzos. Dentro de ese ambiente de
escasez y privaciones me encontraba con personajes que iban construyendo una
realidad paralela, como en el cuento “El último convoy”, de Odette Alonso en su
libro Hotel pánico. Un gran conocedor de pianos que no era músico, ni afinador,
ni vendedor de teclados; un perito en autos que no era mecánico y tampoco sabía
manejar; un experto en jazz desde que le había montado un santo; un
coleccionista de tuercas y tornillos porque en algún momento a alguien la
harían falta. Y no obstante, esa realidad fantasma confirmaba su presencia.
Desfilaron por mi vida chilanga viejos escritores que
traían la desesperanza y la tristeza a cuestas. Les sobrevive Julio Travieso,
amigo entrañable y notable narrador. Vino entonces a mi entorno un grupo de
cubanos que representaban a la generación nacida en los primeros años de la
Revolución cubana, es decir en los años 60 y tal vez en los setenta. De esa
camada en la que figura Ernesto Olivera, Raúl Ortega, Ónix Rubio, Sulema Cruz,
conservo a Odette Alonso, con quien he forjado una amistad sin aspavientos y me
he convertido en su fiel lector desde que publicara su Antología de la poesía
cubana del exilio (Valencia, Aduana Vieja, 2011). La complicidad lectora con
Odette está determinada por la risa y la sorpresa. Porque consciente de que era
poeta y de que a ambos nos gustaban las mujeres, me descolocó la primera vez
que la escuché leer un cuento erótico, heterosexual y sobre todo una pieza
literaria de fina urdimbre. Una historia que revela un gran conocimiento de la
anatomía y la idiosincrasia masculina. Desde “El Velo” de Anaís Nin no había
conocido un relato escrito por una mujer con efectos tan candentes como “Tan
amigos”. Luego confirmaría esa vena erótica en otros cuentos que conforman el
libro Hotel Pánico, que lo mismo emplean la jerga cubana que la mexicana, que
van del amor lésbico al heterosexual, que exponen situaciones de la literatura
negra o abordan asuntos sobrenaturales. Como en Leonardo Padura, en Odette
Alonso la sensualidad y la sexualidad son el sustrato de la imaginación
narrativa.
Lo mismo sucede en los relatos de Con la boca abierta.
En dicho libro el deseo se vierte en los cuerpos femeninos y de vez en cuando
en alusiones a la virilidad de los personajes, que suelen figurar como objetos
de la tentación y como bestias predadoras. Lo femenino, sin embargo, trasluce
una pasión comedida, dulcificada por el titubeo y la timidez anhelante. A
veces, los personajes femeninos encarnan la seducción en caracteres utilitarios
y manipuladores, embaucadores. La malicia del narrador desempeña bien su
función, domina la atención y la tensión del lector-lectora sin serpentear por
los lugares comunes, pero dejando ver la profundidad emocional de los
personajes, transparentando los hilos conductores del relato.

Considero que Odette es una magnífica narradora con
piel y tripas de poeta. Me consta y soy parte de ese reconocimiento, pues fui
uno de los miembros del jurado que falló en favor de su libro Últimos días de
un país, para darle el Clemencia Isaura, de los Juegos Florales de Mazatlán,
Sinaloa, donde casi la nombran reina del Carnaval del puerto. En la más
reciente antología publicada en la Editorial de la Universidad Autónoma del
EDOMEX, Odette reúne poemas representativos de 35 años de escritura de versos.
En apenas 110 páginas, que se reducen por las guardas intercaladas en cuatro
secciones, más el índice, el lector recibe una fuerte descarga de lirismo, una
intensa dosis de palabras destinadas a conmover y a hendir el pensamiento,
porque la poeta brinda al lector lo mejor de su repertorio. Aquí no hay fisuras
ni poemas desechables, es una muestra compacta y de calidad comprobada. La
edición también es impecable y elegante en sus interiores. Sus cuatro
apartados: “Días sin fe”, “Islas de humo y música”, “Último recuerdo del país”
y “Miel”, configuran una trayectoria íntima que deja ver un poco los contextos
de precariedad y reducción moral en los que la protagonista de ese yo se
desenvuelve e intenta ser congruente con sus deseos y su principio de
insumisión.
Es un riguroso ejercicio selectivo, de criba, para
demostrarnos que el tiempo poco a poco va dejando en la memoria una mínima
cantidad de textos. Este puñado de poemas de Odette Alonso, 67 en total,
merecen ser leídos con atención y entrega, porque ofrendan con naturalidad y
honradez, sin ambages, su cuerpo y su espíritu. Dos momentos cruciales
constituyen este repertorio poético, la vida en Cuba y la vida en México, el
presente y el recuerdo de ese ayer, que también fue presente y así fue escrito.
No es casual la presencia del mar como motivo central
en su poesía. El origen insular de la autora es el mismo de la palabra hablada
y escrita, pero sobre todo del lenguaje propio, del cuerpo discursivo que
reinventa la realidad para hacerla exclusiva de su creador, no obstante,
destinada a ser compartida con todos aquellos o aquellas que se sientan
motivados, tocados, perturbados por su forma y contenido. La insularidad es un
estado de gracia y de desgracia, según se le quiera ver, pero es una noción del
mundo de pertenencia y extrañeza, de aislamiento y de asombro ante la
extranjeridad, de antojo de mundo. Tal vez, y digo tal vez porque no me consta,
que humo y miel hacen un duo caprichoso, pero explicable. ¿No se emplea el humo
para disipar a las abejas, productoras de la miel? Pero al mismo tiempo el humo
es una señal de inicio o de final del fuego. Asimismo, esta exigua antología
podría leerse como el humo de un fuego juvenil, isleño, y el humo de las ascuas
de una madurez continental, donde la miel es privilegio.
Este conjunto de poemas resalta en particular la vena
amorosa de la autora, su sensibilidad erótica, su aguda percepción del cuerpo y
del placer. Poemas que una mujer le dedica a otra mujer y que muchos poetas
masculinos envidiarán por la fuerza y la delicadeza con que fueron escritos,
por su originalidad y transparencia. Pero esa transparencia no es la vida, no
es la identidad de género y de patria, como lo expresa en su poema “Yo me
llamaba Osvaldo”: “Una muchacha con nombre de varón /se asomaba al correo /
temerosa / de que alguien descubriera su falsa identidad.” No hay lugares
comunes, aunque no hay nada más común que el sexo. En el descubrimiento de sí
misma está la revelación de las posibilidades significativas del lenguaje: “El
mar trae la ponzoña de una luna menguando”. La imagen de esa luna, que es femenina,
sangra hasta manchar el sueño. Por otro lado, la utopía, la promesa de un mundo
mejor, es vista como estafa.
“Días sin fe”, da cuenta de esa infancia en la que no
se menciona al régimen político ni a sus actores, tampoco hay una marca
ideológica, es solo la experiencia, la infancia en las casonas de Santiago y el
despertar entre una juventud reflejada en un ”Espejo roto”: “Una página en
blanco se teñía de grises/ y un ángel asomaba su cara de demonio”. La poeta no
puede dejar de reconocerse como un personaje caído de la gracia celeste, porque
le duele lo que a los otros no lastima, porque ve y anhela la fruta prohibida,
porque en el fondo es una inconforme irredenta, una insumisa ante las palabras,
que es su forma de representar la realidad adversa.
Santiago es la periferia interior, la isla dentro de
la isla, mientras que la Habana es la ventana que asoma al exterior. Santiago
es el lugar de los ancestros y por ello los muertos y los fantasmas deambulan
por sus versos: “Se esconde el nombre eterno de las cosas, / la mugre que
envenena el corazón.” (De “Calles del Calvario”- Pág. 34)
Como lector, echo de menos las fechas de los poemas
para situar la etapa en que la poeta se construye como tal, se define y se
aclara en el terreno amoroso, cuando las palabras hacen temblar el cuerpo o son
tan corporales los versos que transmiten su condición física. Pero en ese
espacio donde transitan los fantasmas y el recuerdo de los muertos, hay también
la convicción del abandono, de la partida, motivada o no por las restricciones
del medio. Así se abre paso a “Islas de humo y música”. Odette reúne poemas
que, ya lo dije, cualquier hombre desearía escribir. Y digo hombre heterosexual
porque son poemas dedicados al cuerpo de la mujer, elaborados desde una
sensibilidad femenina que se arroga el derecho de exclusividad, porque bien
podrían ser escritos por un poeta masculino, pero eso es difícil que eso
suceda. El deseo por la otra se revela desde una conciencia de sí misma, no
desde la extrañeza sino desde la complicidad física. La belleza es tratada como
una materia gustativa, olfativa, degustativa, sincera. “Tuve la belleza entre
mis dedos / los hundí en la belleza /la horadé / perfume negro de cicatriz /
promesa de humo.” (La belleza). O en ese otro, “Azul”, en el que hay una
declaración sin ambages: “Azules / tus piernas se parecen a la noche / navegan
en el bullicio / del alcohol / y de las ganas.”
Ese periodo desemboca en “Último recuerdo del país”,
que es el tercer apartado del libro y la separación de la isla. El deseo se
convierte en una necesidad de emigrar, de dejar atrás la realidad que reduce y
limita ese apetito de ser y de crecer, sin renunciar nunca a su pertenencia
insular, a la la vivencia de humedad en la piel, en el oído lleno de mar, en la
respiración del habla pública y personal. Y así aparece el poema “Como quien
huye del país”. “Odio anhelar la vida de los otros / sus mujeres desnudas / sus
manjares / el compás de lo ajeno.” Tal vez Odette ya se convenció de que la
poesía nos lleva siempre a un querer estar en el lugar de los otros, en las
tierras ajenas que sentimos invariablemente como propias, en lenguas ajenas y
extrañas en las que deseamos decir aquello que pasa por la sangre y por los
sueños.

Finalmente, el libro desemboca en la cuarta y última
sección: “Miel”. El nombre de Paulina encabeza este conjunto de poemas
amorosos. Sensuales, sí, pero sobre todo plenos de amor. “Balcón al mar” es el
texto que mejor expresa la extrañeza de pensarse y verse distinta a los demás,
de no encajar del todo en el tejido convencional de una cultura regida por los
hombres, de saberse aquí, presente, mirando La Habana como un pasado de
tentaciones frescas.
Esta breve antología no tiene irregularidades ni
páginas que decaigan, es una muestra muy decantada de la poesía de Odette. Es
un bello objeto editorial que funciona como una cajita musical. Al abrirla nos
deleita con un repertorio de melodías que si bien son transparentes y profundas
no caen en la simpleza sentimental ni el facilismo versístico, nos ofrecen, por
el contrario, un lenguaje rico en matices y en búsquedas formales. No es una
miel que empalague, sólo endulza los sentidos: “Tres deseos quiero / la primera
puntada del tejido / el grito de tus ojos al mirarme / y todo el tiempo /
luego.” (de “Deseos”). Tómense pues, lectores, su tiempo y disfruten los
efectos De humo y miel.

JOSÉ ÁNGEL LEYVA (México, 1958). Poeta, narrador, editor y periodista. Se graduó en Medicina humana en la
Escuela de Medicina de la Universidad Juárez del Estado de Durango, y estudió
la Maestría en Letras Iberoamericanas en la FFyL de la UNAM. Fue
subdirector de Literatura, artes plásticas y artes escénicas, director de
vinculación cultural y Coordinador de vinculación cultural de la Secretaría de
Cultura del Gobierno de la Ciudad de México, de 2001 a 2005. Ha sido
director de proyectos editoriales de Juan Pablos Editor; redactor y reportero,
y más tarde director de la revista Información
Científica y Tecnológica; Coordinador General de Publicaciones de
la Universidad Intercontinental; director y jefe de redacción de la
revista Nuestro
Ambiente; director editorial de la revista Mundo (culturas y gente);
director editorial de Memoria;
director de la revista Fundación
Rosenblueth, y codirector de Alforja, revista de poesía. Premio Nacional
de Poesía Olga Arias 1990 por Entresueños.
Premio del XXIX Certamen Nacional de Periodismo 1999 en el área de periodismo
cultural otorgado por el Club de Periodistas. Premio Luis Donaldo Colosio a las
Letras 2007, otorgado por el Estado de Durango. Premio del XXXVIII
Certamen Nacional de Periodismo 2008 otorgado por el Club de
Periodistas. Premio Durango al Mérito Literario 2009, otorgado por el
ICED. Actualmente es director de la revista La Otra.
PAULO SAYEG (Brasil, 1960). Desenhista,
essencialmente desenhista. Este amável artista, humaníssimo, que se diz
suscinto ao falar, é possuidor – justamente por se deixar possuir – de um
vastíssimo horizonte de traços e imagens. Paulo
é também pintor e programador visual brasileiro. Ao longo de sua trajetória,
atuou nas áreas de artes plásticas, publicidade, ilustração, desenho animado e
direção de arte. Realizou diversas exposições individuais e coletivas no Brasil
e no exterior, destacando-se por uma produção marcada pelo expressionismo, pelo
gestualismo e pela forte presença figurativa. Em 1987, recebeu o prêmio de
Melhor Desenhista concedido pela Associação Paulista de Críticos de Arte
(APCA). Artista convidado da presente edição de Agulha Revista de Cultura.
Agulha Revista de Cultura
CODINOME ABRAXAS # 12 – LA OTRA (MÉXICO)
Artista convidado: Paulo Sayeg (Brasil, 1960)
Editores:
Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com
Elys Regina Zils | elysre@gmail.com
ARC Edições © 2026
∞ contatos
https://www.instagram.com/agulharevistadecultura/
http://arcagulharevistadecultura.blogspot.com/
FLORIANO MARTINS | floriano.agulha@gmail.com
ELYS REGINA ZILS | elysre@gmail.com
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