sábado, 29 de agosto de 2026

CARMEN SACO | Visiones del arte

 


1. Sugestiones del arte de Julia Codesido

Es tarea altísima y sagrada, obra inigualada por mujer alguna en nuestro medio la que nos ofrece Julia Codesido en la exposición de sus obras. Porque abraza en su conjunto, razas antagónicas, complejas, distantes, entre las cuales los acercamientos fueron desesperados. Pero esta pintora cismática, ha acercado las lejanías implacables, con una energía y autoridad nada femeninas. Su fuerza ha estallado en plasmaciones espirituales de tan grande alcance, como el manojo destructor de las serpientes trágicas de Tiahuanaco, convertidas en una idea de organización salvadora en la mano del Dios.

La exposición de Julia Codesido es un muestrario de nuestras razas que se amalgaman en un todo, de un sólo rostro de mil facetas de esplendor, de tristeza y de alegría.

A la llamada de la gran artista las razas anarquizadas racialmente se han unido, haciendo una sola sangre, un solo cuerpo, y una sola alma en las almas dispares; formando un acuerdo creador de un universo nuevo y complejo. Las pinturas de Julia Codesido son una luz que ilumina la sensación confusa de nuestras almas, dándonos la clave de una idea nueva; la idea fundamental de nuestro destino, que se revelará en el crisol de las sangres filtradas, o corriendo paralelas, porque de nuestra tragedia racial, de nuestro drama biológico, brotará nuestra vida nueva, nuestra nueva civilización enriquecida con dones espontáneos y mutuos.

Los cuadros de Julia Codesido nos traen el color de las razas aborígenes, en una ola que lleva en su líquido, estrías blancas, negras y amarillas. Y la ola cobriza enigmática está en su casa esperando del nuevo acuerdo, la llegada de su avance en la nueva evolución. Está en su casa en la exposición de Julia Codesido, la ola oscura estriada, porque está aquí su medio geográfico desde su cuna. Y de hoy en adelante, serán para ella y para todas, la historia y las pasiones que nos agitan en el futuro. Y se adentrarán unas en otras hasta un tipo y una aspiración definitivas.

Las pinturas de Julia Codesido, tienen en sus asperezas y vibraciones una enseñanza más piadosa que un descendimiento de la cruz porque la artista encuentra su camino en el amor de la antigua raza postergada. Por eso son sus figuras humanas y fuertes, porque fueron plasmadas con la sencillez de la devoción. Y así escuetas y simples, con perfiles circunscritos, despojadas de los medios anecdóticos que hacen reír o llorar al vulgo, tienen tal cantidad de humanidad, de intuición y de inteligencia que nos han llevado al proyecto de un sentimiento de reivindicación conductora, en una alianza fecunda.

La exposición de Julia Codesido tiene también la trascendencia de la implantación en nuestro medio de un nuevo orden espiritual, que dará un nuevo sentido social a la mujer, relegada hasta el día de hoy a las oscuras y mecánicas tareas de sacudir los bibelots y cambiar las flores marchitas de los salones.

 

2. La exposición de Valdivia


La exposición del artista aymarú Valdivia, ha sido para nosotros una revelación. Tiene el valor de una supervivencia, y de una reanudación. Y de la creación de un valor moderno en arte, en la raza milenaria, en la raza fuerte, que guarda oculto el germen de futuras floraciones. En esta raza marcada de la realeza, ha creado Valdivia, como los primitivos, por intuición, lejos de las combinaciones académicas, lejos de las paupérrimas recetas. Por eso, en su espontaneidad nos conmueve este artista, porque ha dado su sensibilidad de hombre al silencio y a la paz puneña. Este medio estático, único para el artista, ha desarrollado en él una sensibilidad desconocida en otros medios, una sensibilidad libre de las trabas del estudio y de la comparación. Con una fuerza desconocida, en las retinas que captaron muchos horizontes. De allí nuestro asombro ante los paisajes de la altiplanicie. Paisajes que son la fiesta del verde jugoso, húmedo, tierno. Vegetales verdes azules, pardos en los llanos y en las ondulaciones. Son paisajes trabados en la osamenta de la roca, en que se han quedado suspendidos las gotas de rocío. Sobre las enormes vertebraciones andinas se exaltan los colores, se multiplican, se sutilizan las perspectivas en una atmósfera translúcida feérica. Algunas praderas son islas claras bajo una atmósfera helada, transida en el color, en que se dibujan las siluetas como una pincelada en un vidrio. Otros cuadros de Valdivia copian arquitecturas mestizas. En los paisajes fuertes, las masas arquitectónicas están sin ecos, sin rumores, solitarios. Explican mejor que un libro las idiosincrasias de nuestras civilizaciones. En mezclas maravillosas de estilos fundidos sin el amor que es creador perenne; en ellos, se esconde el antagónico. En uno de los óleos, hay una puerta de señorial apariencia; armoniosa, fuerte resistente como un yunque, se la siente lograda, porque el individuo que creo su forma lo hizo libremente. Los otros cuadros, de arquitectura son trágicos y estáticos, esperan en la muerte eterna de su aislamiento. Están solitarios, lejos de las multitudes festejadoras y adoratrices. Arquitecturas acompañadas de figuras espaciadas y de la luz cambiante de los momentos que pasan.

Arquitecturas orladas de prados verdes. Que son como un refugio de místico panteísmo contra la brutalidad enhiesta de las rocas escondidas, bajo la sombra verde y jugosa. Y que compensan la soledad estable, en donde el alma no puede prosperar, porque no puede conectar sus antenas, apropiadoras y exploradoras. El alma no puede prosperar en las soledades puneñas devastadas por el hielo implacable. Por eso tienen para mí los verdes de los prados de Valdivia, un significado trascendente. Son para mí la alegría triunfal de la supervivencia física, la alegría triunfal de una continuación espiritual aún en el silencio y en la inmovilidad, de los tiempos estancados.

 

3. Balance sumario de Bourdelle

El escultor Antonio Bourdelle nos ha dejado obras que son una repetición de formas que fueron, y que él depuró y estilizó, imponiéndoles un ritmo familiar a nuestros ojos modernos. Así fue como este escultor francés y muy del día, dio a sus esculturas un estilo discrepante a veces con su estructura. Su Heracles habla un lenguaje incompatible con la forma arcaica de su cráneo pequeño. Porque cada arte es el signo de una época, y en la escultura, aunque este signo se plasma, en una época muy, larga, ya el del tiempo pasado cambió de forma. Pero Bourdelle con su concepto y sensibilidad ha hecho una obra paradójica. Sin embargo, en estas dos notas, contradictorias, tiene con la época actual un parentesco: la voluntad consciente reaccionando. y haciendo del arte una organización intelectual, en su simplicidad esquemática, en su simplicidad arquitectónica. Pero le faltó para llegar a la cúspide, la expresión unánime de un conjunto de conocimientos, de creencias o de ideas. Su razón lógica no concibió en su medida, el conjunto de las aspiraciones de todos los individuos y de un solo individuo. Y a pesar de su esfuerzo para ser unanimista, su obra aparece dispersa y está retaceada en múltiples estilos, desde el esquema hasta el realismo de Rodin.


La obra de Bourdelle es arquitectura; es su instinto esencial el que se afirma en todas sus manifestaciones. Pero en todo lo expuesto por él hay algo de duro, inhumano, lejano del dolor, lejano de nuestras luchas y de nuestras ansias. Esta segregación de la humanidad, la hace casi anónima y le da un carácter híbrido. Sus monumentos son impersonales; sus estatuas no tienen individualidad. Son la representación de un género masculino o femenino; pero siempre arquitectura, masa, porque no tienen blandura, ni sensualidad, ni dolor, ni equívoco en la forma.

Antonio Bourdelle no es un artista actual; nuestra civilización, nuestro ambiente no han dejado huella en su obra. Los horrores de la guerra, los sufrimientos del pueblo, no lo han conmovido. Está lejos de las masas proletarias. Por eso, el poema de su obra es intemporal y su templo está vacío. Le falta a su equilibrio la tragedia de Miguel Ángel y de Rodin, para ser decisivo y necesario a nosotros. Le falta el resplandor de la rueda trágica: la que toca con sus rayos todos los ámbitos y que da un sentido trascendente e inconmensurable al poema social del Hombre.

Pero Bourdelle tiene un aspecto que llega a emocionarnos; y es en sus figuras de danza. Tienen superficies tan expresivas que vuelven sobre ellas mismas, con una fatalidad invencible como la gravitación. Las danzas de Bourdelle, son planos en movimiento alrededor de un principio arquitectónico.


En ese aspecto fue Antonio Bourdelle grande. Pero cuando de un modo talvez inconsciente trata de imitar a Rodin, su obra falla. A sus retratos y a sus manos rodinianas les falta el avasallante dinamismo que impone Rodin a su obra, llena de sangre y de savia; hecha de miembros humanos palpitantes de ansia de vivir. Cuando Antonio Bourdelle quiere acercarse al gran dinámico se siente en su obra un carácter ficticio. Las venas, los tendones de sus grandes manos rodinianas son postizas. Les falta la fuerza que tienen las del Pensador; manos jorobadas de nudos en las que juegan las cabezas de los huesos bajo la piel tensa y ruda, y también manos blandas de caricias, las manos del beso eterno de la primavera. Las manos del gran lírico de la desesperación no pueden ser imitadas, y el pensamiento razonado de Bourdelle no alcanza a crear el alma de la carne. Son dos orientaciones antagónicas las de estos grandes escultores. La obra de Bourdelle está circunscrita a un tiempo fijo y la obra de Rodin es y será de todos los tiempos. Porque la obra de Bourdelle fue un sentimiento retardado, remozado por un afán intelectual. Carece de un color definitivo y perdurable, porque su obra es la de un primitivo carente de emoción. Y porque trató de hacernos recordar las horas solemnes de los mitos y de los símbolos, en estos tiempos de vértigo de aviones, de vida desenfrenada de autos, de convulsiones sociales, en que las almas atávicas se recrean de un momento a otro y marchan por distintos caminos, y en el que los momentos se persiguen sin responderse en el drama de una novedad constante.




CARMEN SACO (Perú, 1882-1948). Escultora, pintora, dibujante y crítica de arte. Fue la primera mujer en graduarse como escultora en la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú, a la que ingresó en 1919. Fue alumna de grandes maestros como Daniel Hernández y Manuel Piqueras Cotolí. Durante las décadas de 1920 y 1930, colaboró ​​activamente con la revista Amauta. Escribió crítica de arte, crónicas y notas de sus viajes por Europa, contribuyendo a moldear el pensamiento estético de la vanguardia latinoamericana. Carmen Saco vinculó profundamente su producción artística a causas sociales. Fue una defensora activa del feminismo, los derechos de la clase trabajadora y el empoderamiento de los pueblos indígenas (movimiento indígena). Sus esculturas representaban con frecuencia la realidad y el sufrimiento de las poblaciones marginadas. “Balance sumario de Bourdelle” se publicó en el número 26 de la revista Amauta, septiembre de 1929. “Sugestiones del arte de Julia Codesido” y “La exposición de Valdivia” se publicaron en Amauta #27, noviembre de 1929.




BOLESŁAW BIEGAS (França, 1877-1954). Escultor, pintor, escritor e dramaturgo. Órfão muito cedo, foi criado por camponeses. Entre 1896 e 1901 estudou escultura na Academia de Belas Artes de Cracóvia com Konstanty Laszczka. Foi expulso da Academia em 1900 por causa de sua escultura O Livro da Vida, considerada imoral e decadente pela direção acadêmica. Com apoio da revista simbolista francesa La Plume, muda-se definitivamente para Paris em 1901. Frequenta brevemente a École des Beaux-Arts, mas logo segue carreira independente. Começa no Simbolismo, passa pelo Art Nouveau, depois se aproxima do Cubismo e Futurismo após o Salon de la Section d’Or de 1912. Cria seu estilo próprio que ele chamava de Esferismo – figuras compostas inteiramente de círculos e esferas. Ficou famoso pelos retratos simbolistas, pelas figuras de vampiras e femmes fatales, e pelas esculturas de formas geométricas simplificadas. Fez parte da École de Paris. Dentre suas exposições, destacam-se: Salon d’Automne, Société Nationale des Beaux-Arts (1912-1927), além de exposições regulares em Varsóvia e Cracóvia com o grupo Sztuka. Em 1950 fundou em Paris o Musée Boleslas Biegas, onde reuniu suas obras e coleção pessoal. O museu ainda existe. Bolesław Biegas é o artista convidado desta edição de Agulha Revista de Cultura.

  



Agulha Revista de Cultura

CODINOME ABRAXAS # 13 – AMAUTA (PERÚ)

Artista convidado: Bolesław Biegas (França, 1877-1954)

Editores:

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Elys Regina Zils | elysre@gmail.com

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