Con su poesía, este suscitador de LA RÉVOLUTION SURRÉALISTE, me
sugiere la química, así como Blaise Cendrars me sugiere la astronomía, el
átomo; —ya surgirá el poeta del electrón, o si no, es que ya ha surgido. Pero
aún no lo conoce el mundo como conoce a este gran Blaise Cendrars, viajero
cosmopolita, hombre de negocios, de bolsa, vendedor de algodón en Panamá—; y en
su itinerario nómade, resalta magnífico conocedor del África y del Brasil. Jean Cocteau nos ha dicho en perfilado
croquis geográfico: L’exotisme de Blaise Cendrars est légitime. Cendrars a
voyagé; il emploie des matériaux naturels. Es un verdadero recordman de la poesía
alrededor del mundo. Él tiene los más remotos e inéditos paisajes en su KODAK;
los trópicos ilustran sus libros de poemas, como también los mares, los
arcoiris y los puertos perdidos en los litorales del mundo. La pipa, el
periscopio, son sus manías; el polo y los trópicos son de su propiedad, sus
viñetas preferidas.
El poeta del electrón no será por cierto
surréaliste, por evitar esta especulación pura de la psiquis, toda preceptiva,
teoría o tema.
En André Breton, es mineral su poesía y su
garganta de puro platino de la postguerra. De lo que se trata en poesía —además
de la libido— es de la garganta. La facultad más fina —física en los poetas de
hoy— es el instrumento laringe. Sin embargo, de nada está más lejos —y está
bien que lo anote ya— esta poesía de garganta que de la ópera. No se vaya a
conciliar peligrosa y mundanamente garganta a canto y, por ende, a Ópera. Sería
una verdadera tragedia a lo Verdi.
Yo soy un neorromántico sin duda alguna, que ve en
la garganta la mejor posibilidad de micro para la realización de una perfecta
poesía que, teniendo como origen al subconsciente, encuentre su forma y
expresión —el surréalisme es forma y expresión en Bretón— en la garganta, que
luego debe comunicarla al mundo como un aparato de radio. No me refiero con
esto a facilidades de recitación. Estas son siempre condiciones, no cualidades,
mundanas y burguesas, que no pueden tener ninguna importancia en una verdadera
poética de construcción y de silencio, esto, a pesar de que propongo la garganta
como instrumento. Pero como digo, no se trata de canto.
El sentido criminal en la poesía de André Breton
me lleva, me podría llevar, a una rigurosa demarcación de límites del
subconsciente. Así, encontramos muy cerca de Breton a Jacques Vaché, exaltado,
criminal nato, jugador, vagabundo, ladrón de bancos, opiómano, que pretende
revelar en estas lamentables disidencias valores morales de primer orden. Pues
en verdad, él siente todo eso como un gran deseo precursor. Jacques Vaché era
antes que nada un empedernido insatisfecho, un personaje no logrado. De ahí su
llamada constante al mal; y en esta reincidencia él realizaba su mayor goce: el
no ser respondido. Pero con su gran deseo —tesis moral suya— plantea la
destrucción de sí mismo. Y este es un acto heroico tal vez más fuerte que la
fuga y rebelión del ángel Rimbaud. En Jacques Vaché no se encuentra nada de
literario. Ni búsqueda, esperanza; ni fuga, desencanto. Esto, que es proceso y
revolución románticas. Él era mucho más vital —y estoy en desacuerdo con la
tesis contraria de Unamuno— pues quiso suplantarse, no sentir y borrar su
existencia con la locura, el crimen, el opio. Con la lacra de un hombre vuelto
al revés y ser completamente otro hombre, o no ser tal vez nadie, nada. Y en
esto es también terriblemente vital, es decir, sin destino, sin cuerpo,
solamente espíritu. En él no hubo la fuga de Rimbaud —que fue puro romántico—
sino destrucción, nueva tragedia, de origen insospechado y caótico. Su germen
no se encuentra ni en la revolución social ni en la guerra de 1914, sino más
bien en el resentimiento de la moral, propugnada por Scheler, o en el
misticismo agonista de Lautréamont. Se puede decir ahora que una manera de esa
fe mística en la historia fue la de Asís, y otra, Jacques Vaché. Tal vez una herejía
para los católicos, pero de todas maneras una justa rehabilitación para el
francés casi olvidado, pero que La Révolution Surréaliste debe también
tratar de reivindicar en todo su valor profético, que significa para el
movimiento estético de Occidente.
Introducción al análisis del Surréalisme
El romanticismo en sus batallas retóricas de flor luchó solamente por la
imposición del sentimiento en el arte. Puesto que la inquietud estética nace
con el movimiento Simbolista, y más estructuradamente, con las revoluciones
Futurista, Cubista, Dada y Surréalisme. El Futurismo fue el impulso eléctrico,
mecánico, maquinístico. Y es así que con la aparición desconcertante de este
movimiento —que fatigó el sensualismo en Europa— y del cubismo, se advierten
las nuevas dimensiones del espíritu nuevo, como son la pura geometría y la
velocidad, este, primer fenómeno de la cultura nueva. Picasso —con el Cubismo—
fue el geómetra que creó el plano visual del arte nuevo. Ya con el dadaísmo se
llega a la inquietud, a la destrucción, a la anarquía, en una época que
coincide históricamente con el desencanto de las formas viejas del arte y de la
política. Los dadaístas surgieron debido a las explosiones de bombas
anarquistas en Europa. Es así, también, como resulta de su investigación y de
su análisis, que la técnica del arte nuevo se vitaminizó de dinamita en un
tendencioso panorama de inquietud social. De ahí su temperamento y tendencia
explosivos. El Surréalisme, verdadero círculo totalizador de las direcciones
antes nombradas, señala ya en el mundo la orientación más fuerte del arte.
Tiene toda su seguridad y realización en la teórica científica —como respaldo y
seguro— de la obra genial del judío vienés Sigmund Freud; y de otro lado, su
adhesión en política a la fe marxista, a la revolución comunista. Antes de
ahora ningún movimiento de arte en la historia se había fusionado tan
conscientemente con la ciencia como el surréalisme. Esto asegura en su unión su
inteligencia y realidad humanas.
El surréalisme no suscribe deliberadamente la
teoría wildeana del arte por el arte (el arte puro) como tampoco el de
propaganda neta y exclusivamente social. Ni lo uno ni lo otro. Es, al
contrario, subconsciente de todas las trayectorias del espíritu.
Es por eso que el cinema entre las artes de la
realidad no es comprendido por esa plebe culta —porque responde a una
realidad superada, intelectual y social— Lenin consideraba el cinema como la
mejor propaganda para la revolución— hecha para matizar esa otra de un solo
color del ambiente. Tránsfugas de esa realidad sombría y luciérnaga de la
calle, caemos en el cine; luego, en esta realidad de dos luces —una de ellas es
uno— vemos lo que está pasando en nosotros. El cine —como el examen freudiano—
es la constatación de nuestro movimiento interior. Ningún arte —y sólo de algún
modo la danza en el tiempo antiguo— ha expresado como el cinema ese angustioso
movimiento de la historia en nuestro siglo. En lo que tiene de movimiento la
danza —ritmo— no se advierte sino un valor de élite. La danza fue la medida de
la cultura griega, pero no su sentido colectivo, social, generoso, que se
constatan en el CINEMA. Cinema, línea y luz: sueño. Sorpresa de la cara del hombre;
expresión, línea, pero no voz; no canto, ni dramaticidad de ópera. El cinema es
el eco de la velocidad, del movimiento, o mejor, la plástica veloz; en cuanto
él trata de imitar al teatro con el sistema americano de los autoparlantes, no
se apuntará esto en su biografía sino como un simple divagar de cineastas
desorientados, o, simplemente, de negociantes inescrupulosos, farsantes, que
quieren dárselas de renovadores del cinema.
XAVIER ABRIL (Perú, 1905-1990). Poeta, ensayista, crítico y narrador peruano, introductor del surrealismo en el Perú y una de las voces más vanguardistas de Amauta. Estudió en la Universidad de San Marcos. Viajó a Europa en 1926, donde entró en contacto con César Vallejo y con el grupo surrealista de André Breton en París. De esa experiencia nacen sus colaboraciones en Amauta: unas 20 entre poemas, crónicas de cine y ensayos teóricos. Ha publicado Hollywood (1931), Difícil trabajo. Antología 1926-1930 (1935), Descubrimiento del alba (1937), La rosa escrita (post.). Su prosa El autómata (1929-30) es considerada la primera nouvelle surrealista peruana. En “Estética del sentido en la crítica nueva” (1929) formula su tesis central: los más nuevos, los surréalistes, queremos un cinema del sueño. Para ello hace falta una vida del sueño. Una cultura del sueño. Vivió en París, Madrid y Buenos Aires, fue diplomático y agregado cultural, y murió en Montevideo en 1990. Este texto —considerado el primero manifiesto teórico del surrealismo en Perú— fue originalmente publicado en Amauta #24, junio de 1929.
BOLESŁAW BIEGAS (França, 1877-1954). Escultor, pintor, escritor e dramaturgo. Órfão muito cedo, foi criado por camponeses. Entre 1896 e 1901 estudou escultura na Academia de Belas Artes de Cracóvia com Konstanty Laszczka. Foi expulso da Academia em 1900 por causa de sua escultura O Livro da Vida, considerada imoral e decadente pela direção acadêmica. Com apoio da revista simbolista francesa La Plume, muda-se definitivamente para Paris em 1901. Frequenta brevemente a École des Beaux-Arts, mas logo segue carreira independente. Começa no Simbolismo, passa pelo Art Nouveau, depois se aproxima do Cubismo e Futurismo após o Salon de la Section d’Or de 1912. Cria seu estilo próprio que ele chamava de Esferismo – figuras compostas inteiramente de círculos e esferas. Ficou famoso pelos retratos simbolistas, pelas figuras de vampiras e femmes fatales, e pelas esculturas de formas geométricas simplificadas. Fez parte da École de Paris. Dentre suas exposições, destacam-se: Salon d’Automne, Société Nationale des Beaux-Arts (1912-1927), além de exposições regulares em Varsóvia e Cracóvia com o grupo Sztuka. Em 1950 fundou em Paris o Musée Boleslas Biegas, onde reuniu suas obras e coleção pessoal. O museu ainda existe. Bolesław Biegas é o artista convidado desta edição de Agulha Revista de Cultura.
Agulha Revista de Cultura
CODINOME ABRAXAS # 13 – AMAUTA (PERÚ)
Artista convidado: Bolesław Biegas (França, 1877-1954)
Editores:
Floriano Martins | floriano.agulha@gmail.com
Elys Regina Zils | elysre@gmail.com
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