La cena de Charlot
La cena de Charlot —para los que no tenemos tradición
de estampa católica gastronómica— es más interesante y más profundamente humana
que la cena de Jesús, que fue espectacular cena de hambrientos, de hombres que esperaban
milagros. En cambio, en la de Charlie Chaplin, cena de pura pascua judía, de soledad,
de hombre agónico, él se queda solo en la cabaña, entre la oscuridad de velas apagadas,
dormidos los nuevos ojos de celuloide del hombre.
En la cena de Charlot no se puede esperar milagros
después de la danza de los panes: puro juego humano. Charlot, gobernador de la psiquis,
de la libido, no puede hacer milagros. Él solamente opera cósmicamente porque conoce
la música de la forma, que va del esqueleto a la visión: a la carne. Charlot es
el mensaje de los ojos humanos. Es la creación óptica más genial que ha dado el
mundo. El cuerpo de la cultura nueva tiene en Charlot el sentido de las córneas.
Tanto que puedo aventurar a decir que lo que Chaplin no ve no lo ha creado todavía.
El mundo es terriblemente oscuro en sus ojos. Solamente su luz y salmo puede dar
esa calidad amorosa de recién nacido, que es su creación.
Charlie Chaplin ha creado dentro del puro sentimiento marxista de la sociedad nueva
la cena de nuestro tiempo revolucionario. Su escenografía, su ambiente, guarda un
fiel itinerario histérico de la primitiva pascua judía. El espíritu contemporáneo
reclamaba esa levadura para su sentido ecuménico.
El sentido sexual
La orientación sexual en Charlot es de lo más importante para el estudio de
su genial creación. Su indumentaria mediterránea, negra, que tiene no sé qué cosa
de antigua desgracia, es lacrosamente sexual; su máscara padece enfermedades terribles.
Tras de su disfraz me lo figuro morado náufrago de las playas del espanto. Su disfraz
lo trae de lo más antiguo del mundo a lo más nuevo. Su oscilación es un eterno equilibrio
en el vacío, de donde parece que nos trae ese tono de nueva humanidad, de piel tierna
y trágica a la vez. Es en el vacío donde Chaplin ha oído la nueva voz angustiosa
del mundo. Él hizo en el circo las primeras experiencias, búsquedas; luego, en el
cordel de la vida para su juego cósmico. El vacío es la única dimensión que hace
el equilibrio en el arte de Chaplin. Él ha salvado de los accidentes atmosféricos;
parece por eso ser un tránsfuga del cielo. Su fotogenismo está acondicionado a la
velocidad de la luz, que él observa en los parajes más solitarios, en los blancos
a la nada. ¿Chaplin, acaso ignora dónde ya no nace el hombre, dónde no nace la flor?
Charlot tipo
La sensación de Charlot es la de un hombre producido en un orden económico y
una civilización deprimida por un fuerte interés humano.
El arte nuevo ha dado su tipo en Charlot. El tiempo
antiguo, salido del medioevo, dio al nervioso Hamlet. Con él se realiza fisiológicamente
la mentalidad nerviosa en oposición al temperamento clásico, griego. Los latinos
y la revolución francesa no dieron sino a bufones y títeres. Chaplin encarna la
contraria del bufón, y en idea revolucionaria: su libertad. Con él principia en
la historia la eliminación del hombre grotesco que es la figura del juglar. Chaplin
muestra a veces —como a través de rayos X: en blanco y negro terribles— su esqueleto,
mas no lo rabelesiano, tudesco y epidérmico de la carne tatuada, que era la técnica
pirata y primitiva del juglar.
El movimiento del alma
El movimiento de nuestro siglo mecánico tiene su génesis en el salmo hebreo.
Este mesiánico movimiento interior de la historia asiste en pura raíz de canto la
soledad redonda, lejana, de Charlot. La soledad con temperatura, con situación geográfica
y patética, nadie nos la ha dado mejor que este hombrecito oscuro del celuloide.
La brújula de Charlot señala desesperadamente el Polo. Él ha hecho nacer la flor
del límite; ha visto en su doloroso oscilar la flor monstruosa de los abdómenes
hinchados, con cáncer; los miembros que ruedan en las salas de cirugía; los sexos
podridos, los senos vacíos, sin hijos. La sensibilidad de Chaplin tiene las propiedades
de los rayos X. Sus ojos suben de su corazón y perforan realidades penumbradas en
las ciudades (Nueva York, París, Londres) en que los ascensores se llevan buena
parte de la visión sólo económica de sus hombres standard. Chaplin es un ascensor
que sube las líneas de los más complicados y lejanos cuerpos del mundo. A pesar
de sus millones, de su industria —y lo cual no es sino una paradoja para el capitalismo—
la técnica psíquica de Chaplin reacciona mejor ante el alma de la miseria, tanto
que él es el primero que ha señalado, impuesto al mundo los valores morales-estéticos
de las capas subterráneas de la sociedad.
Chaplin y la historia
Philippe Soupault niega el origen judío de Chaplin, pero ello no afirma nada
más que una pequeña necedad biográfica. Al contrario, me sugestiona que su mentalidad
sea judía sin estar él vinculado a la grandeza de Israel.
Es también dentro del sentido de la Cultura que se
puede captar como aporte biológico la orientación mental de una raza. Esto es lo
que ha sucedido con Chaplin. Su creación, su tipo, es una genial comprensión de
la historia. La indumentaria misma de Charlot es tan interesante —viéndola en su
verdadera topografía cósmica— como la tesis histórica de Spengler, por ejemplo.
Tanto el uno como el otro, pero sobrepasando Chaplin por su genio estético-social,
ayudan a dar la síntesis de la historia. El uno, Chaplin: sicológica; el otro, Spengler:
sociológica. Chaplin está tan contenido de humanidad que cuando muera se podrá hacer
un mapa de su esqueleto para la futura historia, pues ya entonces no se hará sino
en mapas anatómicos.
NOTA
Es muy posible que Chaplin, en
lo que significa su imagen, sea el Mesías esperado por los judíos. Y yo lo creo,
porque de llegar él tendría que ser por el cinema. Y el Mesías ha llegado, él es
Charlot. Ya no es la parábola, sino el cine: el ojo del subconsciente.
XAVIER ABRIL (Perú, 1905-1990). Poeta, ensayista, crítico y narrador peruano, introductor del surrealismo en el Perú y una de las voces más vanguardistas de Amauta. Estudió en la Universidad de San Marcos. Viajó a Europa en 1926, donde entró en contacto con César Vallejo y con el grupo surrealista de André Breton en París. De esa experiencia nacen sus colaboraciones en Amauta: unas 20 entre poemas, crónicas de cine y ensayos teóricos. Ha publicado Hollywood (1931), Difícil trabajo. Antología 1926-1930 (1935), Descubrimiento del alba (1937), La rosa escrita (post.). Su prosa El autómata (1929-30) es considerada la primera nouvelle surrealista peruana. En “Estética del sentido en la crítica nueva” (1929) formula su tesis central: los más nuevos, los surréalistes, queremos un cinema del sueño. Para ello hace falta una vida del sueño. Una cultura del sueño. Vivió en París, Madrid y Buenos Aires, fue diplomático y agregado cultural, y murió en Montevideo en 1990. Este texto fue originalmente publicado en Amauta #28, junio de 1930.
BOLESŁAW BIEGAS (França, 1877-1954). Escultor, pintor, escritor e dramaturgo. Órfão muito cedo, foi criado por camponeses. Entre 1896 e 1901 estudou escultura na Academia de Belas Artes de Cracóvia com Konstanty Laszczka. Foi expulso da Academia em 1900 por causa de sua escultura O Livro da Vida, considerada imoral e decadente pela direção acadêmica. Com apoio da revista simbolista francesa La Plume, muda-se definitivamente para Paris em 1901. Frequenta brevemente a École des Beaux-Arts, mas logo segue carreira independente. Começa no Simbolismo, passa pelo Art Nouveau, depois se aproxima do Cubismo e Futurismo após o Salon de la Section d’Or de 1912. Cria seu estilo próprio que ele chamava de Esferismo – figuras compostas inteiramente de círculos e esferas. Ficou famoso pelos retratos simbolistas, pelas figuras de vampiras e femmes fatales, e pelas esculturas de formas geométricas simplificadas. Fez parte da École de Paris. Dentre suas exposições, destacam-se: Salon d’Automne, Société Nationale des Beaux-Arts (1912-1927), além de exposições regulares em Varsóvia e Cracóvia com o grupo Sztuka. Em 1950 fundou em Paris o Musée Boleslas Biegas, onde reuniu suas obras e coleção pessoal. O museu ainda existe. Bolesław Biegas é o artista convidado desta edição de Agulha Revista de Cultura.
Agulha Revista de Cultura
CODINOME ABRAXAS # 13 – AMAUTA (PERÚ)
Artista convidado: Bolesław Biegas (França, 1877-1954)
Editores:
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Elys Regina Zils | elysre@gmail.com
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