segunda-feira, 5 de outubro de 2026

BEIRA LISBOA | Acercamiento a la poesía de Carmen Verde Arocha

 


La poesía de Carmen Verde Arocha huele a miel. Estamos ante una autora con una trayectoria sólida, sostenida en el oficio poético bien labrado. Que escucha cada piedra del río. Sus libros dan cuenta de ello: Magdalena en Ginebra (1994), Cuira (1997), Amentia (1999), Mieles (2003), Mieles. Poesía reunida (2005), En el jardín de Kori (2015), Canción gótica (2017) y más recientemente Magdalena en Ginebra, La concubina y otras voces de fuego. Poesía reunida (2022).

“Hada tierra”, texto incluido en El jardín de Kori, me vinculó con su escritura. Con el tiempo se ha vuelto un lugar. De qué manera duele el vientre de una mujer que no ha parido. […] Vivir tiene sentido y estar muerto también. Ese abordaje crudo y delicado, desde el tacto que sólo lo femenino puede conocer, se atreve a conocer.

Lo femenino y masculino se bautizan en su propuesta. Un fino erotismo que se esconde para mostrarse. Ese abordaje desde la mirada histórica refleja en la poesía de Verde Arocha un carácter identitario: Una moneda vale por todas // Hay unos cinturones / de diademas femeninos esculpidos / en los mínimos detalles de su dorso // ¿Las mujeres de entonces usaban máscaras? / ¿o envolvían sus cuerpos en hojas de bananas? // lo que agita mi atención / el diálogo amoroso / de un joven ahogado en una marejada de encajes / y una doncella estrangulada // ¿Por qué esta moneda / tiene sofocante oscuridad? [1]

Y es a través de esta memoria en proyección que la voz poética asila y expulsa el sueño, limpia la infancia, se redime, ama, mientras sigue buscando el cielo que se parece a la vida: ¿Cómo no enamorarnos de esta vida? / La única / hecha añicos / que se abre y se cierra al entrar / en el vientre de nuestra madre. [2]

Al decir de Rafael Arráiz Lucca, la poesía de Carmen Verde ha ido encontrando sus lectores sin prisa, como la araña que teje la red de su presa. [3] De allí, la relevancia que la obra de la autora ocupa actualmente dentro de la poesía venezolana. Alguna vez le preguntaron a la escritora y poeta argentina María Teresa Andruetto, ganadora del Premio Hans Cristian Andersen en 2012, lo siguiente: ¿Cuándo uno es escritor? ¿Cuando escribe?, ¿cuando publica?, ¿cuando tiene lectores? Su respuesta no podía ser más categórica: Para mí un escritor es tal cuando tiene un grupo, aunque sea pequeño, de lectores que lo sostiene. Que lo sostiene quiero decir lectores que van a buscar qué hay ahí y qué sigue habiendo en el próximo libro. Lectores que no sean del círculo íntimo de amigos, que se trascienda ese círculo. Una vez me dijo un editor: con cien lectores genuinos, un escritor se sostiene. Como diciendo: hay grandes escritores a quienes no les hace falta miles de lectores. A veces hay escritores que tienen un grupo de lectores pequeños pero sostenido, que a la vez influyen sobre otros. [4]

Es el caso de Verde Arocha. Escribe para poder cantar y en ese acto pulir las manchas para que brillen. Al mejor estilo del Kintsugi, técnica japonesa, reparar las piezas rotas con oro o plata y en eso mostrar su verdadera belleza. No escribe desde la herida, sino desde la cicatriz.

De Carmen Verde Arocha sabemos que Gabriel, el ángel, la bautizó a los 29 años, que su alma suele irse a comer piña, que los animales la rodean como a María Lionza. Cocodrilos, sapos, pájaros, boas: La boa / camina / adentro / de mi cuerpo, / primero / roe la garganta, / después / un escalofrío en las venas, / sus pasos callados / inflaman el estómago, / prenden soles, / vomitan sapos / que bañan las riberas, / y los pájaros / son fabulosos con sus gritos. / Es sofocante la tarde. / Nacen los muertos, / y la boa / en el intestino / hecha cielo. / Un pedazo de carne / que intenta tragarse la tierra. / En silencio, sufre. [5]

Puede notarse en su obra versiones de los poemas. Cada una ofrece la extensión de un mismo cuerpo transformado. Atienden a lo expuesto por Octavio Paz: El poema es una obra inacabada, siempre dispuesta a ser completada y vivida por un lector nuevo. [6] En este caso, la autora nos hace partícipes de ese otro puje de cara a la luz.

Una mujer que puede ser Ana Terán, Ana Terán Madrid, Ana Enriqueta Terán, la aceptación del nombre. No la firma, sino el nombre en los calveros del poema, [7] pero es Carmen: Una mujer que puede ser Carmen camina sobre las olas. Lleva el cabello largo y los ojos de rojo Cabernet. Tiene trece años y baila desnuda detrás de las gaviotas. Busca a su hijo extraviado en el Cuira; él fue tras los duraznos. Este es un río de muchos peligros, porque los encantados roban a los niños que están sin bautizo. [8]

Abro Canción Gótica y noto que su edición permite la lectura clara de los poemas partiendo del final hacia el inicio. En las páginas pares, las ilustraciones. Cuando no aparecen es porque son sustituidas con poemas largos que vienen desde la página impar. En este sentido, “Camarones de río”, el último texto, se convierte en el primer poema que leo y “Pie de limón en un restaurante chino”, el texto de apertura, en el último. Así que empiezo mojándome en el río aún sin saber que escucharé voces a lo lejos y que al bañarme mi carne será mordida, pero todo valdrá la pena porque, al igual que los camarones que menciona la poeta, encontraré en la sal la trascendencia.

 Sigo caminando por las páginas, quiero continuar la ruta hacia el ansiado restaurante del inicio y escucho un coro de mujeres. Me dejo guiar. Sus úteros íntegros atienden las advertencias de la autora. Su entendimiento las ampara y en su amparo me recojo. ¿Cuántas mujeres son?, ¿cuántas habitan?, ¿cuántas nos habitan?, ¿cuántas somos? ¿La concubina? ¿Las hermosas perdedoras? ¿Las que moran en el castillo? ¿Las que se disfrazan de hombres? Todas y ninguna. Las que nos preceden y las que se sostendrán en nuestra sangre. Tropiezo con “Un trozo de canela” y me detengo en algunos versos: […] Las mujeres acomodamos nuestros pezones / debajo de la blusa / para que no se asomen tanto // Venimos a esta tierra a cambiar / un trozo de canela // por un poquito de afecto.

 Acaso Verde Arocha nos invita a caminar por un hilo, descalzas, sin pudor. Despojadas de culpas: En algún lugar las mujeres / tienen una abeja incrustada en la laringe y lo que sudan es miel / Lo apurado fue la lluvia que llegó a desnudarnos a todas. [9]

Acaso un hilo que linda, ¿deslinda?, con el de la poeta Beverly Pérez Rego en su Hilo atroz:¿Qué confuso laberinto / es este, donde no puedo hallar / la razón el hilo?. [10]

Finalmente, entro al restaurante del primer poema de Canción Gótica y recibo todo lo dulce: Nadie impedirá que tus muertos y los míos / caminen juntos al borde del cielo. He llegado a mi destino.

Aplaudo el espacio que ocupan los roles de Verde Arocha sin solaparse. La editora y autora en un mismo árbol florecido. Solo pido que, al igual que los siguientes versos, quedemos desde siempre / atrapados / en la misericordia de escribir. [11]

 

NOTAS

1. Poema Moneda (segunda versión), incluido en Canción Gótica, 2017, Gisella Cappellin Ediciones, Caracas.

2. Versos del poema Camarones de río, incluido en Canción Gótica, 2017, Gisella Cappellin Ediciones, Caracas.

3. Artículo La poesía venezolana y Carmen Verde Arocha, Rafael Arráiz Lucca, 2018.

4. Entrevista a María Teresa Andruetto: «En lo que escribe, una siempre está buscándose», 2022, publicada en www.argentina.gob.ar.

5. Poema incluido en Cuira. Aunque no se anuncia como una versión, se entiende que lo es del poema que lo antecede con el título La boa. El libro fue publicado por la Editorial Eclepsidra, 1997, Caracas.

6. En El arco y la lira, Octavio Paz. Fondo de Cultura Económica, 2003, México.

7. Poema El nombre, de Ana Enriqueta Terán, incluido en El libro de los oficios, Monte Ávila Editores, 1967, Caracas.

8. Poema La boa, de Carmen Verde Arocha, incluido en Cuira, 1997, Editorial Eclepsidra, Caracas.

9. Poema Un manuscrito de palo en el cielo, incluido en Mieles, Editorial Binev, 2003.

10. Versos del poema Monólogo X, incluido en El hilo atroz, Beverly Pérez Rego, Ediciones Poesía, Venezuela, 2021.

11. Versos de un poema incluido en Amentia, 1999.

 

 

BEIRA LISBOA (Caracas, 1982). Poeta, docente, editora y correctora, terapeuta y doula. Profesora egresada del Instituto Pedagógico de Caracas. Tiene amplia experiencia en el ejercicio de la docencia, desde el nivel inicial hasta el universitario y en comunidades. Es facilitadora de talleres de escritura. Ha trabajado en diferentes casas editoriales y en promoción cultural. Realizó estudios de posgrado en Estrategias de aprendizaje, Orientación de la conducta y Literatura infantil, así como los diplomados en Edición de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Programación Neurolinguística de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel), Escritura Creativa y Competencias Especializadas de la Escritura de la Universidad Metropolitana (Unimet) y el Instituto de Creatividad y Comunicación (Icrea). Fundadora del Foro Latinoamericano de Educación Musical capítulo Venezuela. Se desempeña como terapeuta alternativa en centros de salud. Ganó el I Concurso de Cuentos Cortos de la Unimet y el Icrea en Caracas y la beca para participar en el undécimo Seminario de Literatura Argentina y Latinoamericana de la Fundación Mempo Giardinelli en Argentina. Desde 2020 dirige la Editorial Beira palabra. En 2013 fue publicada su plaquette de poesía Riberas de pan (Taller Editorial El Pez Soluble), con reedición en 2022 (Fundarte) y en 2020 su poemario Urgente (Editorial Eclepsidra).

 

 


 

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