terça-feira, 1 de junho de 2021

JOSEFA SALMÓN | Pensar desde Bolivia: Algunas perspectivas indígenas

 


En su ensayo “Una gran reunión latinoamericana”, [1] el poeta peruano César Vallejo, al comentar que había asistido a una reunión de intelectuales en París, explicaba que existía una esfera oficial y no oficial de artistas y escritores de América que no se mezclaban. La esfera oficial se caracterizaba por fiestas formales de smoking, tés, y seguía un protocolo. Por otro lado, estaba la esfera no oficial, a la que Vallejo pertenecía. No obstante, este aceptó la invitación de un amigo suyo, el escritor boliviano Alcides Arguedas, para asistir a una reunión de la otra esfera.

Dicha reunión tomó lugar en el Palais Royal y:

 

M. Loucher, presidente del Instituto, planteó la orden del día de la reunión: de cómo debía procederse para hacer conocer en Europa la producción intelectual y artística de la América Latina. En el curso de sus palabras, M. Loucher dijo que era menester que se haga conocer en todos los idiomas, nuestras obras maestras, ramas recién florecidas en la gran tradición europea. Por su parte, Gabriela Mistral dijo que para llevar a cabo esa versión proponía gestionar la participación de un delegado español, el que podría ser el jefe moral del Comité que se encargue de dicha labor. “Si prescindimos de España -dijo-, haríamos una cosa fea y manca”.

 

El resto del ensayo explica por qué este es un proyecto truncado y Vallejo mismo se pregunta ¿M. Loucher quiere que Europa conozca lo que su cultura ha engendrado en América? Y luego explica que si este es el caso tendríamos copias mediocres (con pocas excepciones, como Rubén Darío) de los grandes escritores europeos como Cervantes, Shakespeare, etc. pero que si tuviéramos algo original serían las “obras rigurosamente indoamericanas” que sobrevivieron la Conquista y que nos ayudarían a “reconocer […] el hilo de sangre indígena como cifra dominante de nuestro porvenir.” Vallejo agrega que es en estas obras donde los europeos podrán encontrar “algún interés intelectual” y algunas “inesperadas luces de revelación para la cultura europea”.

Su explicación es clara: el criterio de selección frustra el proyecto desde el principio ya que radica en buscar la similitud con las obras de la tradición europea y aún más, al tener un delegado español como jefe moral, refuerza el estatus colonial de América en relación a Europa, particularmente a España. Aunque este ensayo fue escrito al principio del siglo XX, todavía es pertinente hoy en día.

Hacia mediados del siglo XX, grupos indígenas urbanos en Bolivia empezaron a cuestionar políticamente algunas actitudes colonialistas que confrontaban y formaron nuevos partidos políticos. En los 1960 y 1970, historiadores aymaras (el grupo étnico mayoritario en Bolivia) crearon lo que se conoció como el THOA [Taller de Historia Oral Andina] formado por María Eugenia Choque Huanca, Carlos Mamani, Silvia Rivera y Ramón Conde, quienes empezaron a formular una nueva perspectiva histórica de sus tradiciones culturales y a escribir su propia historia. Publicaron textos sobre el papel de líderes indígenas como Santos Marka Tula, por ejemplo.

Al mismo tiempo surgieron autobiografías indígenas, como la de Luciano Tapia, Ukamau Jakawisaja. Asi es nuestra vida (1995), [2] fundador del partido MITKA (Movimiento Indio Tupak Katari), uno de los primeros diputados aymaras y candidato a la presidencia de Bolivia en 1988.

También se manifestaron estudios sobre el tejido, y aquí comentaré la obra de Denise Arnold y Elvira Espejo: El textil tridimensional. La naturaleza del tejido como objeto y como sujeto y específicamente la entrevista que les hice a las autoras en el 2015 (publicado el 2018), sobre ese libro y sobre la importancia de Elvira Espejo como tejedora.

 

¿Cuál es la importancia de estas voces?

¿Por qué estas voces son decisivas para el pensamiento latinoamericano? ¿Por qué Bolivia no es reconocida en antologías latinoamericanas, especialmente en términos de su aportación indígena?

En su ensayo, César Vallejo cuestionó una aproximación dogmática en el campo cultural y filosófico, el de la imitación. El paradigma europeo como base de valoración de las producciones indígenas ha formado la base del sistema social-educativo. Pero también ha dominado el pensamiento en el concepto de la “representación” en sí, el de la interpretación del mundo, los textos, el arte, el cine, etc. Aquí solo nos limitaremos a ver cómo el pensamiento indianista en Bolivia cuestiona este paradigma dogmático de la imitación al mostrar la sobrevivencia e interpretación de formas de ver la historia y la cultura en sí. Las comparaciones con el pensamiento europeo muestran el diálogo con lo indígena, las fuerzas que se oponen, las diferencias necesarias para pensar el mundo contemporáneo. De ninguna manera se quiere adoptar el papel del M. Loucher. Más bien se trata de mostrar la fuerza de sobrevivencia de ciertas ideas de nuestro pasado, y su regeneración en los grupos indígenas contemporáneos. En este ensayo, me ocuparé solo de algunos de los aspectos de este pensamiento.

Escritores indígenas como Carlos Mamani y Luciano Tapia cuestionan la visión dominante de la historia al mostrar la forma de pensar indígena, ya sea explícitamente en la disciplina de la historiografía como Carlos Mamani, ya sea en su forma de pensar la autobiografía y la vida propia, como lo hace Luciano Tapia. Este último transforma un género como la autobiografía, hace de un recuento individual uno colectivo, y marca la presencia del “nosotros” aymara (el jiwasa) como definidor de la identidad aymara. Es decir, el “yo” solo puede definirse a través de un “nosotros”, pronombre predominante en este idioma, más importante que el “yo” en otras lenguas. Estos textos muestran la riqueza del presente indígena y ofrecen una forma de pensar diferente, una aportación nueva e ignorada hasta ahora.

Elvira Espejo, gran artista tejedora, pintora, poeta y cantante, directora del MUSEF (Museo Nacional de Etnografía y Folklore) utiliza el tejido (ya no la escritura en este caso), no como producto acabado, sino como un proceso y así expone el pensar indígena en una entrevista sobre este tema (Salmón, El textil 2018). Es decir, emplea la acción del tejer como la forma de pensamiento, un accionar que viene de sus ancestros que también eran tejedoras.

En el campo sociopolítico surgen obras como la de Álvaro García Linera, Forma valor y forma comunidad (1995) [3] y la de Felix Patzi Tercer Sistema. Modelo comunal: Propuesta alternativa para salir del capitalismo y del socialismo (2011) [4] donde se valora la vigencia de las culturas indígenas en el presente. En el caso de García Linera, son las formas vigentes comunarias indígenas que persisten en el territorio boliviano, como formas de emancipación política. Y al mismo tiempo, el pensamiento de Marx le es útil para ver como el capitalismo ha cambiado la realidad comunal boliviana y a su vez para percibir su sobrevivencia sociopolítica. En el caso de Patzi, se trata de reconocer un sistema comunal para salir de las categorías políticas impuestas como socialistas o capitalistas que servirían para un posible cambio. Así, estos pensadores reconocen prácticas sociales indígenas que desafían formas dominantes de organización y de pensamiento. En lo que sigue, voy a exponer el cuestionamiento de la historia y del pensar con textos del historiador Carlos Mamani, del líder sindical, Luciano Tapia y la artista Elvira Espejo.

 

La importancia de la historia como experiencia indígena

En 1992, Carlos Mamani publica su obra fundamental sobre historiografía indígena, titulada: Los aymaras frente a la historia: Dos ensayos metodológicos. [5] Mamani mismo lo explica: “Este trabajo está destinado a reflexionar sobre el problema colonial en la arqueología y la historiografía. Somos un pueblo colonizado que estamos en lucha por liberarnos y ser nosotros mismos”.

Su ensayo enfatiza la necesidad de cambiar el concepto de historia como progreso lineal que, según él, sitúa al pasado indígena como un pasado muerto y mira a las ruinas arqueológicas como objetos inertes. De acuerdo con Mamani ese pasado está vigente, esos objetos son “w’akas”, están vivos y forman parte de rituales individuales y colectivos, especialmente en el campo donde “la colonización es débil”.

La ruptura con el historicismo, con la visión lineal de la historia que hace Mamani es importante porque el pasado, para la percepción indígena, está siempre en proceso de recrearse a través del mito, tal como en el mito de Tupak Katari, el líder indígena que se rebeló contra España bloqueando todas las entradas a la ciudad de La Paz durante cuatro meses, algo que provocó el hambre de los residentes españoles. En 1781, Katari fue apresado y descuartizado, estirado por sus extremidades por cuatro caballos. El mito cuenta que antes de morir, Katari dijo: “Volveré y seré millones”, cuando las partes de su cuerpo se volvieran a juntar. Al referirse Mamani a la “reconstitución del pueblo indígena después de que ha sido despedazado por la colonización cuando su territorio fue dividido en ´naciones modernas´”, alude a este mito, como una reinterpretación, como una forma de acción para recuperar el territorio indígena.

Su aproximación histórica difiere de aquella historiografía tradicional y de algunas nuevas tendencias de enfocar la historia desde las bases, llamada microhistoria. En primera instancia, la perspectiva aymara parte de una “necesidad vital”, diría Nietzsche, [6] en el sentido cultural, social y político. En segundo lugar, se proponen nuevos paradigmas en los cuales la concepción histórica está íntimamente ligada no solo a lo temporal sino también a lo espacial. Es decir, una concepción histórica que junta tiempo y espacio en el término pacha o, según Mamani, “que conjuga en una sola las dimensiones de tiempo-espacio […] Nuestra lucha contra la ruptura colonial significa para nosotros volver a reunir tiempo y espacio en la unidad pacha” (Mamani). La ruptura colonial a la que alude se da también al nivel conceptual, en la separación de los conceptos de espacio y tiempo que a su vez concibe al tiempo como algo que cambia en la forma de progreso, y percibe al espacio como estático; conceptos no divorciados para la percepción indígena.

A su vez, para Mamani, la expresión aymara Qhiparu nayraru sartañani (mirando atrás       vamos a ir adelante) es la expresión más vívida de la concepción del tiempo que está implícita en nayrapacha […] mirar atrás, hacia el pasado, conocer nuestra historia, saber          cómo ha vivido y luchado nuestro pueblo a lo largo de los siglos, es condición indispensable para saber cómo orientar las acciones del futuro; uniendo las dos palabras tenemos nayrapacha: tiempos antiguos.

Mamani aclara que esta percepción no es una “visión de progreso”, es una convicción de que “el pasado [puede] ser regenerado en el futuro”. Propone un paradigma historiográfico que cuestiona la visión historicista del transcurso lineal de la historia y lo ejemplifica a través del mito de Chuqil Qamir Wirnita que apareció en la Colonia, para mostrar cómo este mito se actualiza en el presente contemporáneo. Wirnita es una joven española que entra en amores con Katari, serpiente que se convierte en hombre para enamorarla. Cuando los padres de Wirnita se dan cuenta de su preñez queman “los engendros demoníacos” que da a luz. En ese momento sucede un encantamiento: “el espacio conquistado por los españoles fue invadido por los kataris (serpientes), que en ese momento hicieron oscurecer el día”.


Esta interpretación de la experiencia colonizadora y su forma de rebelión en el mito tiene una gran coincidencia con la filosofía de la historia de Walter Benjamin, [7] coincidencia que permite una comparación crítica de perspectivas que corresponden precisamente a los dos horizontes presentes en toda esta reflexión. La comparación no niega la autenticidad de ninguna de estas dos historiografías, muestra más bien cómo el diferente campo epistemológico al que pertenecen las abre a otros contextos, espacios y tiempos. Estas dos interpretaciones de la historia tienen como base el mito que es revivido a partir de una experiencia en el presente.

La interpretación que Benjamin hace del mito redefine a este dentro de una filosofía materialista de la historia. En primer lugar, privilegia el momento, el ahora de la interpretación. En este punto, coincide con la función de la historia para el pueblo aymara que parte de una experiencia de discriminación que ha persistido hasta el presente. En segundo lugar, el papel del mito es importante en las dos interpretaciones como factor de rebelión y subversión. Hasta se podría interpretar que el mito en sí de la Wirnita ejemplifica la noción de mónada de Benjamin. Para éste, al

 

pensamiento no pertenece sólo el movimiento de las ideas, sino también la detención de éstas. Cuando el pensamiento se detiene de golpe en una constelación cargada de tensiones, le imparte un golpe por el cual la constelación se cristaliza en una mónada. El materialista histórico afronta un objeto histórico única y solamente cuando éste se le presenta como mónada.

 

El “encantamiento” del mito de la Wirnita y el oscurecer del día que invaden el espacio conquistado por los españoles es un “congelamiento” de la historia en el momento de rebelión. Es decir, es “congelamiento” en dos sentidos, al convertirse en mito como una constelación y en el sentido literal de “encantamiento” dentro del mito en sí cuando la acción de rebelión se congela en el tiempo y espacio por la invasión de los kataris (serpientes). Para Benjamin el congelamiento de la historia se da en una mónada y marca la salida del continuum de la historia. Para la historia aymara, es el significado y la función del mito: la “recreación permanente” de la historia en el presente contemporáneo, lo que en la historiografía aymara se denomina el nayrapacha.

Aún más, para Benjamin la experiencia del mundo se da a través del mito porque este le da sentido al mundo. [8] El mito, entonces, viene a ser una forma semántica que permite la experiencia. El “congelamiento” del mito de la Wirnita sirve para interpretar las rebeliones en el siglo XX, como las de 1979, que gracias a los bloqueos de caminos paralizaron la ciudad de La Paz (Mamani). Esta interpretación como repetición del mito también muestra esta relación del mito y su realización en los hechos del presente. En la concepción del mito como recreación y el pasado como futuro se ve esa unicidad, esa relación estrecha entre el discurso historiográfico y la potencia de los hechos, entre el mito y la experiencia, entre el pasado y el futuro, relación presente en el concepto de nayrapacha. Qhiparu nayraru uñtas sartañani (mirando atrás vamos a ir adelante) es un paradigma historiográfico donde el mito expresa su fuerza al actualizarse en la realidad histórica. Esta identificación del mito y su actualización no es una correspondencia entre hechos y texto, es decir, no es una representación sino una expresión de la identidad de este texto con la realidad; una expresión que funciona también en el sentido temporal: el “mirando atrás vamos a ir para adelante” equivale al ya conocido ángel de Benjamin que camina hacia el futuro mirando atrás.

La interpretación del nayrapacha tuvo otros desarrollos recientes, por ejemplo, en el campo de la lingüística, en un ensayo de Rafael E. Nuñez y Eve Sweetner. [9] Este estudio publicado en el 2006, muestra videos de aymaras (conocedores o no de la lengua aymara) moviendo el brazo hacia adelante para mostrar que el pasado está enfrente. Los autores también afirman que el idioma aymara es el único que tiene esta perspectiva. Lo que se puede afirmar aquí es que el idioma es espacial, corporal: es visual, es el nayra, es la imagen y es lo que es posible “conocer” según este estudio.

Otra reinterpretación del nayrapacha [10] se llevó a la pantalla en la película La nación clandestina (1989), del director Jorge Sanjinés, tres años antes del texto de Carlos Mamani. Algunos críticos han interpretado esta película como un querer “volver” o querer “revivir” una tradición del pasado aymara. Y creo que aquí es importante recordar la palabra que usa Carlos Mamani: el pasado se recrea, se regenera, no vuelve. Esta sutil diferencia es muy importante porque cuestiona una concepción del pasado como recuerdo que vuelve, lo cual implicaría un fatalismo donde no habría espacio para otras miradas, u otras interpretaciones. Y también implicaría que el pasado es una línea de progreso que no reconocería una convivencia de tiempos donde pasado, presente y futuro conviven, y donde hay una apertura para la creación de algo nuevo.

El concepto del nayrapacha hace recordar esa perspectiva no historicista de la convivencia de tiempos. Por ejemplo, según el estudio de Nuñez/Sweetser cuando los aymaras filmados mueven el brazo hacia adelante al hablar del pasado, para indicar que el pasado está adelante y no atrás, no es que todos los hablantes estén recordando algo, no es un recuerdo del pasado, sino es un pasado virtual, en términos de Gilles Deleuze, no es un pasado recordado. La virtualidad está escrita en el cuerpo andino, es un conocimiento corporal, como dirá Elvira Espejo, más adelante, cuando hable del proceso de tejer. [11]

El nayrapacha en La nación clandestina está en la forma fílmica del plano secuencia integral, más que en el contenido de la película. Es decir, el plano secuencia muestra que no hay cortes en la filmación, así como no hay cortes en el curso del tiempo, por eso, el protagonista Sebastián Mamani, ve su pasado pasar desde un presente espacial, encima de una montaña, viendo el espacio donde tomó lugar la consumación de su amor con Basilia. [12] Lo que el cine puede mostrar es que el espacio y el tiempo no pueden estar desligados, como se ve en este plano secuencia. Esta noción de pacha, de repente, muestra la imposibilidad de separar el tiempo del espacio con el plano secuencia integral. El antropólogo William Sullivan [13] explica claramente que los Incas sentían este cambio perpetuo de tiempo/espacio como una ansiedad, ya que si uno dice “te veo mañana en el mismo lugar y a la misma hora”, no hay tal cosa, el espacio que en el mundo contemporáneo se piensa que no cambia, es otro al día siguiente, así como el tiempo. Pacha, según Sullivan, significa tiempo y espacio simultáneamente. Si este es el significado en quechua y aymara, no hay posible “retorno” de un pasado, que sería una interpretación historicista de esta película, o del pasado indígena. Por lo tanto, cuando Sebastián mira su pasado, en este plano secuencia, está mirándose como en un espejo, donde ese Sebastián, no es el mismo, es “otro” siguiendo el concepto de pacha.

 

Luciano Tapia y la autobiografía

Luciano Tapia fue líder político aymara, fundador de uno de los partidos más importantes de los 1980, el MITKA, en el cual participaron otros líderes, como Constantino Lima y Felipe Quispe, este último también participó como guerrillero en el grupo “Los Ayllus Rojos” del cual fue parte Álvaro García Linera. Tapia quiso separarse de la corriente marxista, que, según él, les quitaba valor a sus propias formas de pensar y hacer política. De ahí surge su texto, su autobiografía como una forma de expresar su experiencia, su vida, como la fuente del pensar, no solo suya sino de todo un grupo étnico, pensamiento que llamó indianismo.

Ukamau Jakawisaxa (Así es nuestra vida) fue un texto donde un 75% fue escrito y el resto grabado por el autor para su transcripción por los editores Christina Bubba y Javier Mendoza. Esta dualidad de la forma oral de su tradición, junto con la forma escrita de su contexto, está presente en su obra. De hecho, está presente también en el título en aymara y castellano. Aún más está en su forma de pensar el “nosotros” de la lengua aymara donde hay dos tipos de nosotros: nayanaka que se refiere a diferentes yos con ‘egos’ aislados que no conocen ni tienen la necesidad de convivir en consenso porque mantienen su individualidad y el jiwasa, la muerte del ego, que provoca que los egos dejen de tener vigencia…” En palabras del historiador Ramón Conde, [14] “el nayanaka es un ‘yo en plural’, el nosotros como la pluralidad de yos [que agrupa a sujetos diferentes] y [en el nosotros de jiwasa] el yo es más lejano, donde el otro es más íntimo, más próximo”, es decir desaparece, o muere el ego.

La vida que cuenta Tapia cubre desde su niñez en el ayllu donde nació, el traslado de su familia a las minas cuando él tenía cuatro años, su vida de minero y después de líder sindical, su traslado al Alto Beni cuando se cierran las minas, su persecución y encarcelamiento a raíz de su participación como líder sindicalista durante la dictadura militar de Hugo Banzer (1971-1978; 1997-2001), y la fundación del MITKA.

 

¿En que radica la singularidad de Luciano Tapia para el pensamiento de hoy?

En primer lugar, transforma la forma autobiográfica del texto y reafirma su pensamiento aymara al poner el sujeto de la autobiografía como un “jiwasa”, donde el “yo” es igual al otro en términos étnicos: cuestiona la existencia de un “yo” como sujeto único.

 


a. Porque la experiencia aymara, e indígena es una, es una de desvaloración, sufrimiento, persecución, explotación, discriminación, marginalización, pobreza, muerte. En este sentido, el “nosotros/jiwasa” es, no solo una forma de ser lingüística del ser indígena, sino también una forma, un común de lucha: el nosotros jiwasa formado por sujetos que comparten la misma experiencia.

b. Valoriza el evento, la actuación, la experiencia, como forma de conocimiento del pasado en oposición a valorar una ideología, critica especialmente el rol de líderes marxistas. Por lo tanto, la fuerza de lucha está en la experiencia y no en las ideas concebidas como abstractas. De esta forma, cuestiona el conocimiento académico que lo denigra. De hecho, no hay críticos que hayan estudiado este texto hasta el presente.

c. Retoma una forma de concebir lingüísticamente el tiempo pasado del idioma aymara, donde hay dos formas: un pasado de conocimiento personal, de testigo, y un pasado general no reflejado en la experiencia de uno mismo. Al formarse un jiwasa, un común de la experiencia aymara, se concretiza el pensamiento para formar la base del indianismo como partido y movimiento político. En este sentido, la forma partido político es una forma indígena al plantear sus bases, no como ideología, sino como praxis vital para la sobrevivencia del pueblo indígena y así subvierte la “forma” partido, para poder participar como candidato indígena en Bolivia. Esta es la gran creatividad de Luciano Tapia.

 

En segundo lugar, al nivel de una concepción histórica:

 

a. esta biografía es una microhistoria (en este caso de un individuo/grupo étnico) que cuenta 75 años de historia boliviana desde la perspectiva de un aymara. Se trata, por lo tanto, de una aportación a la historia oficial, la cual había invisibilizado la experiencia indígena;

b. transforma la percepción histórica como un compendio de hechos objetivos, donde el historiador se aleja del objeto de la historia. Aquí, la contribución indianista implica que su pensamiento no puede disociarse de una praxis, de una experiencia laboral, de vida de los indígenas. Otra vez, al nivel histórico, el pensar parte de vivencias y no de postulados puramente intelectuales y ajenos al historiador/autor.

 

En este sentido, la aportación filosófica-historiográfica no contribuye a la historia de ideas o de conceptos que se identifican en un contexto histórico; la contribución indianista implica que su pensamiento no se puede disociar de una praxis histórica. De hecho, es una experiencia laboral y singular - la muerte de un minero en el lugar de trabajo de Luciano Tapia - lo que detona un proceso de concientización y de indagación histórica. De esta manera, el pensar y la concientización indígena están indisolublemente ligados a la experiencia, a la reflexión desde las prácticas diarias, al vivir cotidiano, y no a una simple identificación y elección de conceptos en el trazado de una “ideología autóctona”. La singular contribución de la perspectiva indianista reside en valorar un pensar que parte de las vivencias en oposición a postulados puramente intelectuales. Esta oposición y diferenciación es importante para la concientización de su pensamiento algo que también reflejaría la otra forma del “nosotros” aymara, el nayanaka, que también significa “nosotros, pero no Uds.” [15]

Las interpretaciones de la historia indígena tanto de Luciano Tapia como de Carlos Mamani se basan en sus experiencias como indígenas en la sociedad urbana criolla, en su identificación con los sujetos y objetos de la historia, en una interpretación de la historia según las concepciones del tiempo y espacio aymaras y en una revalorización de la experiencia como elemento unificador de los grupos indígenas. Su aporte y su validez contemporáneas dentro de la historiografía es el partir de la experiencia y no de conceptos metodológicos como estructuras que determinen la escritura de la historia desde el nivel del concepto mismo. Como escritores e historiadores no están buscando un paradigma historiográfico desde el cual enfocar su historia, porque sus escritos transcienden cualquier separación disciplinaria. El no buscar “métodos” como punto de partida, el no partir desde conceptos ya dados y el enfatizar la experiencia y los mitos, los acerca a concepciones de la historia como la de Walter Benjamin.

Aunque exista esta cercanía con un filósofo occidental, sobre Mamani y Tapia se podría decir algo que no es adecuado para Benjamin: en ellos, escribir historia y hacer historia son el mismo hecho, en el que solo se distingue la dirección de la mirada o la función del acto.

 

El texto del tejido: La artista Elvira Espejo [16]

En Bolivia hay una tradición de ver al textil como parte del cuerpo, como una capa más de piel, no como un objeto de arte. Es decir, forma parte del cuerpo, de la identidad de la persona, como un texto, un ser viviente. Esa calidad cualitativa es parte inherente del textil en sí. Ha tenido una función comunal identitaria a través de los siglos. En el caso de los tejidos de J’alqa y Tarabuco, comunidades pertenecientes al departamento de Sucre, estos pudieron evadir la prohibición española de figuras de animales como un reto al cristianismo durante la época colonial, según Verónica Cereceda. [17] Este hecho favoreció la sobrevivencia de estas figuras y de la función identitaria del tejido para estas culturas.

Al mismo tiempo que servían de identidad comunal y personal, también mostraban su visión del cosmos como parte de esta identidad. Por ejemplo, en un tejido de Tarabuco hoy en día, se ve la Vía Láctea, como un camino para viajar al mundo de los muertos. Es decir, la visión espacial andina persiste en estos tejidos. Como dijimos en The Anthology of Spanish American Thought and Culture [18] en la concepción andina:

 

lo divino y lo físico eran indistintos. Para los incas, no había separación entre la tierra y el cielo: ellos no veían ninguna fisura, ninguna ruptura. El cielo estaba pegado a la tierra, y por ésta se podía llegar a las estrellas de la Vía Láctea. Simplemente no había una división entre el mundo de los símbolos y lo simbolizado (traducción propia).

 

Esta idea se puede apreciar también en un dibujo de Guamán Poma de Ayala titulado “Pontifical Mundo/las Yndias del Pirú en lo alto de España/Cuzco/Castilla en lo auajo de las Yndias/Castilla” [19] donde el espacio es contiguo.

Europa esta situada dentro de la división espacial andina de hanan/urin (arriba/abajo, derecha/izquierda) indiferente a nociones de espacio occidentales, ya que España y América parecen ocupar el mismo hemisferio. En el dibujo de Guamán Poma el mundo se ve desde conceptos de alto/bajo. El espacio no ocupa una realidad empírica separada y no puede ser reconocida fuera de esta división fundamental. De hecho, las nociones de espacio como autónomas, solo surgen a fines del siglo XVII con el descubrimiento de las leyes de Newton y la idea del “espacio absoluto” (Aguilar; Salmón).

Vemos cómo estas nociones del espacio vuelven a surgir sobre el tejido como proceso en el pensamiento de Elvira Espejo. Cuando les hice una entrevista a las autoras, Denise Arnold y Elvira Espejo sobre su libro El textil tridimensional. La naturaleza del tejido como objeto y sujeto, [20] obtuve respuestas muy interesantes que añadieron al valor del libro de estas autoras. Por un lado, el gran conocimiento antropológico e histórico de Denise Arnold y su pasión por la cultura andina fue mucho más visible, y por otro, se percibe la historia y el conocimiento de Elvira Espejo como tejedora y como portadora de un proceso material que ha sido definitivo en la formación de su pensamiento. Me gustaría concentrarme en la expresión de Espejo en este trabajo por límites de espacio, especialmente, sobre su forma de concebir el proceso del tejido.

Su planteamiento innovador es el siguiente: el tejido no puede verse como un producto acabado, colocado en un museo y estudiado por sus formas estéticas, colores, etc. Como directora del MUSEF, ella cambió la forma de exhibir los textiles para poder ver el reverso, colocándolos en paneles de vidrio. También proporcionó videos para mostrar el proceso del tejido, junto con la exhibición de elementos necesarios para este proceso como la importancia de los diferentes estados de la lana, la variedad de herramientas del tejido, procesos de tinte etc.

¿Por qué es tan importante este hecho? Como ella misma lo explica, es imposible hacer un comentario general sobre tejidos porque cada uno es único en su forma de producción y tiene su propia personalidad, como en el caso de los colores, ya que revelan su naturaleza de cambio perenne que depende de muchos factores:

 

yo diría que en los museos no es exactamente su mismo color, porque eso pasó por ejemplo por sol, pasó por sombra, pasó por aire, pasó por la arcilla o por la lluvia. Entonces estos cambios que se tienen no se los dice. Pero cuando las tejedoras miran y dicen eso es cómo está hecha, para mí es como aún hay más para revelar. Eso es como comienza su ciencia y su tecnología que se va desarrollando, que era importante para que nazca un textil de lo simple, que es de cuatro urdimbres, a lo más complejo de miles de urdimbres y miles de capas que se podría tener ¿no? En este caso, por ejemplo, ocho capas, que muestra plenamente esa complejidad ¿no? [21]

 

La complejidad del tejido está en la materia misma que ella ve como un espacio viviente, el caso de la lana, explicado arriba. El espacio no está separado del ser del tejido, es parte fundamental de su ser. Es decir, el tejido no puede volverse objeto, y separarse de la cadena de producción, y este no puede separase de la materialidad física. La materialidad del tejido no puede separarse de su esencia, es su esencia. Esta es la idea fundamental de las autoras: considerar el tejido como sujeto y no como objeto, idea que Espejo lo lleva al proceso de tejer para ver su indiscernibilidad con la materia, con el espacio, con la forma andina de ver el espacio que también ya había trazado Guamán Poma como vimos anteriormente.


Si la materia es algo viviente (la lana, la arcilla, la piedra), entonces no puede considerarse objeto, y por eso no hay esa distinción: sujeto (tejedora, humanos) y objeto (tejido, naturaleza). A esta diferenciación que domina el pensamiento moderno y que acentúa al sujeto como creador, la vemos cuestionada desde el campo del textil, como lo señalan las autoras.

La idea de la separación sujeto/objeto ha sido dominante ya desde el mito del Génesis bíblico, según algunos pensadores, porque muestra como un sujeto (Dios) crea un objeto de la nada, es decir, se ve claramente el acto de “hacer” o “fabricar” algo. Este hecho marca el papel del sujeto (como creador), ausente en otras tradiciones, según Kojin Karatani, [22] por ejemplo, en las tradiciones llamadas “evolucionistas”. Según este pensador, en la Grecia clásica hubo dos tipos de pensamiento dominantes: el “evolucionista consideraba al mundo un organismo de una forma viva y creciente; y el creacionista consideraba al mundo una obra de arte diseñada o construida” (Karatani 5; traducción mía). La primera concibe al mundo como devenir; y la segunda, como producto de un hacer en el cual está presente un sujeto (creador, hacedor) y un objeto (creado). Esta distinción determina una división alienante entre el sujeto y el mundo según otros filósofos. Una minoría de pensadores griegos afirmaba esta última versión, que, se cree, procedía de Egipto.

Esta división epistemológica ya es muy difícil de desentrañar en el mundo contemporáneo. Hay algunos textos donde coexisten ambas visiones: un ejemplo de ello es la nueva constitución boliviana. [23] Sin embargo, justo cuando pensamos que la tradición occidental se ha impuesto totalmente, surge esta percepción del tejido, esta percepción del tejer donde no hay tal división, donde vemos que este pensamiento es recuperado por una tejedora, mostrando que las prácticas del tejer han grabado una percepción propia “evolucionista” desde la experiencia misma del acto de tejer, grabada en la materia corporal, en la materia del tejido como sujeto viviente. Según lo explica Elvira Espejo:

 

…en los Andes, nosotros tenemos como tejedoras el lenguaje del conocimiento, yo diría, del textil, de cómo tiene que nacer el textil. Incluso cuando una mujer está embarazada, dicen no tiene que ovillar los hilos, pero sí puede escarmenar la lana, por ejemplo. Y escarmenar la lana, por ejemplo, del camélido o podría ser de la fibra vegetal. Para poder entender porque toda la fibra pasa por una buena selección…a partir de los tres, cuatro años, uno ya va enseñando toda esa textura de la lana, de como manejar…la cerda, la fina, la extrafina, para separar, y ver qué materia prima le va a ayudar…Entonces esa comunicación de las manos y las texturas es primordial para una niña para que pueda distinguir…y eso es muy difícil…esa sensación de como tocar la suavidad…como tocar, como palpar, como distinguir las texturas para poder entender (Salmón El textil).

 

El conocimiento de las manos, del sentir es difícil aprender a través de un conocimiento académico, según explica más adelante. De esta manera, pone el conocimiento de la experiencia, del sentir como esencial para el pensar y con esto cuestiona la jerarquía del pensar abstracto o “fijo”, como dice ella. Así destaca su forma de conocer y su forma de entender el mundo. Enfatiza que en la creación de textiles se empieza con aprender a tocar la lana, y que el proceso de producción ES el proceso del saber, que está presente en el cuerpo, en el sentir, en el palpar.

Para resumir la importancia del proceso de producción como proceso de conocimiento para el tejer podríamos decir:

1. Que el tejido no se puede ver o entender en términos de “representación”, qué significa este diseño o qué representa, algo que tanto Arnold como Espejo enfatizan.

2. El proceso de producción está muy ligado a la naturaleza que implica la comunidad de animales, aire, arcilla, etc. Por lo tanto, el sujeto, la tejedora, en este caso, no tiene el control sobre este ambiente, como es el caso del color, por ejemplo. Como ella misma lo explica: cuando el textil “duerme” en diferentes lugares, cambia. El espacio actúa, es un ente en este proceso. “Sin ese entendimiento [este proceso de producción] es muy complejo entender ya que …[el] pensamiento [se vuelve] simplificado y, además, estático (Salmón, El textil 21).

3. El conocimiento desempeña un papel importante de comunicación para la comunidad de tejedoras, como señala también Arnold, así como con el ambiente.

4. Espejo formula su concepción diferente de las nociones de sujeto y objeto en la entrevista a las autoras. Es una de las primeras declaraciones que compara el pensamiento de “afuera” y el de su comunidad. Según ella, la noción de objeto viene de afuera, de una época industrial cuando “ya no valoras el sentimiento de la persona [en términos de] como acabamos de tocar, la textura de oler, de tener toda esa red de comunicación…” y se lo ve como un “objeto que no tiene vida…Para nosotras…la cadena operatoria era primordial para poder entender, porque ese ser viviente pasa por varias transformaciones para tomar su propia personalidad (Salmón, El textil 32).

Para concluir, el pensamiento indianista expresado en los textos comentados aquí renace en el presente contemporáneo, en nuevas formas y nuevas expresiones como una forma de marcar su diferencia cultural, sus formas de lucha que establecen miradas hacia una conciencia indianista, un nayanaka. Pero más importante aún para el resto del mundo globalizado, son contiendas que hacen pensar la situación del pensamiento dominante hoy en día.

Pensar desde Bolivia es una forma de entablar ese diálogo con el resto del mundo en términos de la dominante separación entre sujeto y objeto que lleva a la dicotomía hombre/naturaleza; problema que, por ejemplo, se ha manifestado en la explotación del ambiente. En el campo social, se percibe en la explotación del trabajo humano; en el campo filosófico, en la concretización del pensar como praxis de vida, como el sentir concreto de la materia. Todo ese pensar desafía esa abstracción platónica que crea jerarquías a todo nivel; y es especialmente un desafío a las jerarquías raciales. En el campo de la historia, se trata de recordar la virtualidad del pasado y del instante del tiempo como espacio/tiempo ya que una concepción historicista negaría el valor de estos pensamientos, así como negaría el presente contemporáneo en tanto posibilidad de cambio. Pensar desde Bolivia hace pensar sobre situaciones claves que abren las posibilidades infinitas de actuar, una actuación que incluye de manera decisiva el acto de pensar.

 

NOTAS

Partes de este texto fueron publicadas en mi libro Decir nosotros en la encrucijada del pensamiento indianista (La Paz: Editorial Determinación, 2012, 2013, 2017). También pertenecen a una charla en la University of Alabama el 4 de febrero, 2019, gracias a la gentil invitación de Marie-Eve Monet.

1. Cesar Vallejo, Desde Europa: crónicas y artículos, 1923-1938 (Lima: Ediciones Fuente de Cultura, 1987) 191-193.

2. Luciano Tapia, Ukhamawa Jakawisaja (Así es nuestra vida). Autobiografía de un aymara (La Paz: Hisbol, 1995).

3. Álvaro García Linera, Forma valor y forma comunidad (La Paz: Muela del Diablo; Comuna; CLACSO, 2009).

4. Feliz Patzi, Modelo comunal: Propuesta alternativa para salir del capitalismo y del socialismo 2da ed. (La Paz: no información editorial, 2011).

5. Carlos Mamani, Taller de Historia Oral Andina, Los aymaras frente a la historia: Dos ensayos metodológicos (Chukiyawu: Aruwiyiri, 1992).

6. Friedrich Nietzsche, Untimely Meditations, ed. Daniel Breazeale (Cambridge: Cambridge University Press, 1997).

7. Walter Benjamin, Ensayos escogidos, trans. H. A. Murena (México: Ediciones Coyoacán, 1999).

8. Joseph Mali, Mythistory. The Making of a Modern Historiography (Chicago, London: University of Chicago Press, 2003) 232.

9. Rafael E. Núñez, Eve Sweetser, “With the Future Behind Them: Convergent Evidence From Aymara Language and Gesture in the Crosslinguistic Comparison of Spatial Construals of Time”, Cognitive Science 30 (2006): 401-450.

10. Un estudio más extenso de esta película se encuentra en el capítulo 4 de mi libro Decir nosotros en la encrucijada del pensamiento indianista, edición del 2017, 87-97; también en Andrés Laguna, ed. La sangre de la nación. Lecturas de Yawar Mallku y La nación clandestinapróxima publicación.

11. Ver también Paolo Virno, Déjà Vu or the End of History (London, New York: Verso, 2015) para ver la diferencia entre pasado recordado y pasado como potencia (virtualidad) así como los libros de Gilles Deleuze sobre cine, Cinema 1 y Cinema 2, trans. Hugh Tomlinson y Robert Galeta (Minneapolis: University of Minnesota Pres, 1989).

12. Josefa Salmón, Decir nosotros en la encrucijada del indianismo (ed. 2017) 92.

13. William Sullivan, The Secret of the Incas. Myth Astronomy, and the War Against Time (New York: Three Rivers Press, 1966).

14. Entrevista a Ramón Conde, noviembre, 2003.

15. Conversación con el lingüista aymara Juan de Dios Yapita, 2011.

16. Parte de este material fue presentado en Loyola University, “Rediscovering Culture through Textiles: Indigenous Bolivian Perspectives” gracias a la gentil invitación de Office of Diversity and Inclusion, bajo la dirección de Sybol Anderson, 19 de septiembre, 2019.

17. Josefa Salmón, Yuyay. Pensamiento o memoria en los tejidos de Jalq’a y Tarabuco/Yampara. Una conversación con Verónica Cereceda. Video (2014).

18. Jorge Aguilar Mora, Josefa Salmón, Barbara Ewell, Anthology of Spanish American Thought and Culture (Gainsville: University Press of Florida, 2017, 2020).

19. Felipa Guamán Poma de Ayala, El primer nueva coronica i bven gobierno compvesto por don Phelipe Gvaman Poma de Aiala, Senor i Principe, eds. Meliza Daniela Ayaviri Arias y Luis Alberto Vera Delgadillo (La Paz: La Marigalante Editores, 2015) 51.

20. Denise Arnold, Elvira Espejo, El textil tridimensional: La naturaleza del tejido como objeto y como sujeto (La Paz: Edición ILCA, 2013).

21. Josefa Salmón, El textil tridimensional. La naturaleza del tejido como objeto y como sujeto. Una conversación con las autoras: Denise Arnold y Elvira Espejo Ayca, libro/DVD (La Paz: Plural Editores, 2018) 21.

22. Kojin Karatani, Architecture as Metaphor. Language, Number, Money, trans. Sabu Kohso, ed. Michael Speaks (Cambridge, Massachusetts, London, England: MIT Press, 1995).

23. Ver el capítulo “La presencia indígena en la nueva constitución boliviana”, Decir nosotros en la encrucijada del pensamiento indianista (ed. 2017) 71.

 

JOSEFA SALMÓN es autora de El espejo indígena. El discurso indigenista en Bolivia 1900-1956 ([1997] 2013), Decir nosotros. En la encrucijada del pensamiento indianista. ([2012] 2017) y co-autora de Anthology of Spanish American Thought and Culture ([2017] 2020) y entrevistas sobre pensamiento boliviano: Álvaro García Linera, Felix Patzi, Luis Tapia, Carlos Mamani, Elvira Espejo/ Denise Arnold, Marcos Loayza y Jorge Sanjinés. Fue cofundadora de la Asociación de Estudios Bolivianos y editora de su revista. Desde el 2020 es profesora emérita de Loyola University New Orleans donde ha enseñado cursos sobre pensamiento latinoamericano, literatura y cultura andina, cine latinoamericano, cultura latinoamericana, la revolución mexicana en cine y ficción, teoría marxista, y cursos de español e italiano. También dictó la materia “Revolución en cine y ficción” para la maestría de la Carrera de Literatura en La Paz en marzo, 2019.


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