sábado, 29 de agosto de 2026

SARA BEATRIZ GUARDIA | Cien años de la revista Amauta



Varias revistas caracterizaron diferentes momentos del desarrollo socio político y cultural del Perú. El Mercurio Peruano (1791-1794), representó las ideas y las aspiraciones que animaron a los precursores de la independencia; la Revista de Lima (1859-1863) fue una destacada tribuna del liberalismo; y el Boletín Titikaka (1926-1930), significó una importante expresión del movimiento indigenista. Pero es la revista Amauta, fundada por José Carlos Mariátegui en setiembre de 1926, la que enfatiza la continuidad histórica del país.

Las intensas movilizaciones obreras por la jornada de las ocho horas que permitieron la organización sindical. La lucha por la democratización de la enseñanza iniciada en Córdoba en 1918, las vanguardias literarias y artísticas, y el indigenismo como movimiento que intentó incorporar elementos de la tradición andina en el arte y la cultura, son también los ejes que vertebran la obra de José Carlos Mariátegui.

Amauta representó ese movimiento ideológico, político y cultural en el que estuvieron incorporados los problemas fundamentales del país, con una clara orientación política como lo expresa el editorial titulado “Aniversario y Balance”, de setiembre de 1928:

 

Amauta no es una diversión ni un juego de intelectuales puros: profesa una idea histórica, confiesa una fe activa y multitudinaria, obedece a un movimiento social contemporáneo. En la lucha entre dos sistemas, entre dos ideas, no se nos ocurre sentirnos espectadores ni inventar un tercer término. La originalidad a ultranza, es una preocupación literaria y anárquica. En nuestra bandera, inscribimos esa sola, sencilla y grande palabra: Socialismo. [1]

 

No queremos —enfatiza— que el socialismo en América sea calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano. He aquí una misión digna de una nueva generación. [2] Ideario fortalecido con la influencia que recibió en Italia de Antonio Labriola, Benedetto Croce, George Sorel, Henri Barbusse, Antonio Gramsci, y Piero Gobetti. Por ello, en concordancia con el ideal gramsciano de unir ética y política, el proyecto mariateguiano no solo apunta a la transformación económica y política sino a la participación de los ciudadanos libres e iguales en la formación colectiva de una voluntad política (…) y a la transformación del mundo de las relaciones intersubjetivas en el sentido de la afirmación de la solidaridad. [3]

Nada escapa a su reflexión: política, economía, arte, cultura, la cuestión femenina, literatura, cine, psicoanálisis. No es imparcial ni ajeno a cuanto ocurre a su alrededor. No soy un espectador indiferente al drama humano, enfatiza. Soy, por el contrario, un hombre con una filiación y una fe. [4]


Amauta abrió sus páginas a quienes representaron un movimiento de renovación interesado en las vanguardias artísticas y literarias. En la historia de nuestra literatura, dice Mariátegui, la Colonia termina ahora. El Perú, hasta esta generación, no se había aún independizado de la Metrópoli. Algunos escritores, habían sembrado ya los gérmenes de otras influencias. (…) Pero todavía duraba lo fundamental del colonialismo: el prestigio intelectual y sentimental del Virreinato. Había decaído la antigua forma; pero no había decaído igualmente el antiguo espíritu. Hoy la ruptura es sustancial. [5]

Amauta acoge la libre creación artística que, al emanar de un rechazo a los estereotipos de una tradición literaria fosilizada, tiene indirectamente una proyección política renovadora. Introdujo el Surrealismo como principio creador del verdadero arte pleno de fantasía señalando que el mérito más cierto del movimiento que representan André Breton, Louis Aragon y Paul Éluard es el de haber preparado una etapa realista en la literatura, con la reivindicación de lo suprarrenal.

El primer exponente de esta nueva poesía fue José María Eguren al que Mariátegui le dedicó varios artículos del número 21 de Amauta. En “Poesía y verdad. Preludio del renacimiento de José María Eguren”, señala: El proceso literario del Perú nos ofrece un derecho que podemos ejercitar sin peligro de competencias: el del homenaje a José María Eguren. Queremos ejercitarlo precisamente porque hasta ahora nin­gún grupo, ninguna revista literaria lo ha reivindicado para sí. Ni Eguren buscó nunca con su arte el homenaje público, ni Amauta ha sido empresaría de ninguno. Estos dos antecedentes garantizan la libertad y la justicia con que juntamos en las páginas siguientes los elogios que la nueva generación dedica, con inobjetable sinceridad, al grande y querido poeta. [6]

Atención relevante si tenemos en cuenta que entonces su poesía no tenía el reconocimiento actual, ni era considerado como una de las figuras literarias precursoras del surrealismo. También se publicaron en Amauta peomas de Xavier Abril, Emilio Adolfo Westphalen, Cesar Moro, Carlos Oquendo de Amat, Enrique Peña Barrenechea, y Martín Adán. Así mismo, poemas de César Vallejo, aunque a diferencia de los anteriores, Vallejo ya había publicado en 1922 un poemario titulado Trilce, palabra inventada por él, mezcla de triste y dulce.

En las artes plásticas Mariátegui priorizó la producción de artistas nacionales del movimiento indigenista, liderado por el pintor José Sabogal que influyó de manera decisiva en la pintura de ese período en la que destacó José Alfonso Sánchez Urteaga, conocido como Camilo Blas, y Carlos Quíspez Asín. La corriente indigenista tuvo expresión femenina en la escuela de José Sabogal, donde destacó la pintora Julia Codesido, calificada por Mariátegui como la mística de su arte, Carmen Saco, Carlota Carvallo de Núñez, Teresa Carvallo, y las hermanas Izcue. El poema, “Caima” de Blanca del Prado, fue ilustrado por Camilo Blas y Julia Codesido. A nivel internacional Amauta divulgó el muralismo mexicano, el Futurismo ruso, a Pettoruti y G. Grosz. Martí Casanovas escribió dos artículos destacando la presencia de la pintora mexicana Juana García de la Cadena. Y la pintora, Laura Rodríguez ilustró los poemas de José María Eguren.

El indigenismo tuvo importancia en la obra y pensamiento de Mariátegui. No es casual que José Sabogal sea autor de varias carátulas y del nombre de la revista, Amauta, palabra quechua que significa maestro. En esa perspectiva, la distribución y explotación de la tierra y de los recursos naturales fue uno de los aspectos más tratados en la revista. En enero de 1927, el número cinco de la revista Amauta inició la la publicación del “Boletín de Defensa Indígena”:

 


A partir de este número, Amauta publicará mensualmente un boletín de protesta indígena, desti­nado a denunciar los crímenes y abusos del gamona­lismo y de sus agentes.

Nuestro boletín se propone únicamente la acusa­ción documentada de los desmanes contra los indios, con el doble propósito de iluminar la conciencia pública sobre la tragedia indígena y de aportar una nueva serie de testimonios al juicio, al proceso del gamonalismo.

Los indígenas que individual o colectivamente su­fran un vejamen o una expoliación, pueden hacerla conocer por medio de este boletín, que facilitándoles un instrumento de denuncia pública, les permitirá conseguir, al menos, una sanción moral para sus ex­poliadores. Todas las denuncias deben venir garanti­zadas por las firmas de los interesados, legalizadas notarialmente en los casos en que esto sea posible. La publicación será gratuita.

No nos encargamos absolutamente de gestiones ante las oficinas públicas. Nuestro objeto es docu­mentar concretamente el proceso contra los gamona­les. Para esta labor contamos con el concurso entu­siasta de nuestra estimada colaboradora Dora Mayer de Zulen y de los buenos supérstites de la extinta Asociación Pró-Indígena. [7]

 

 El primer número estuvo conformado por los siguientes artículos con el objetivo de visibilizar la expotación que sufrían los indígenas: Proceso del Gamolonalismo, La nueva cruzada Pró-Indígena, Estatutos del Grupo Resurgimiento. El caso de Chuquihuanca Ayulo. Cruzada por el Índio.

La revista Amauta fue también el primer espacio donde las mujeres publicaron poemas, artículos literarios, y sobre los hechos que convulsionaban la vida política de entonces, comentarios sobre libros, música y cine. En su discurso encontramos de manera recurrente opiniones sobre los problemas que enfrentaba el país desde una perspectiva crítica, y el anhelo por un arte y ética nuevos, así como la incorporación de las mujeres al trabajo.

Los elementos constitutivos de este discurso están expresados en la contradicción entre la sociedad conservadora de comienzos del siglo XX con su hegemónico discurso patriarcal, y las aspiraciones de estas mujeres un espacio propio. Es fácil comprobar, escribe Victoria Ocampo, [8] que hasta ahora la mujer ha hablado muy poco de sí misma, directamente. Pero las mujeres que escribieron en Amauta hablaron de sí mismas transgrediendo el monólogo masculino. Constituyeron un grupo de avanzada que buscó transformar la condición de la mujer desde diferentes concepciones y diversos caminos. [9] Me refiero a Dora Mayer de Zulen, María Wiesse, Magda Portal, Carmen Saco, Julia Codesido, Ángela Ramos, Miguelina Acosta Cárdenas, Blanca del Prado, María Isabel Sánchez Concha de Pinilla y Teresa Carvallo.

La educación como medio de transformar la sociedad peruana aparece en dos artículos: “La Escuela hogar”, de Judith Arias y Cesar Acurio, orientados a la necesidad de modificar el hogar indígena en un sentido racional, para de allí en acción simultanea emprender la obra educativa del individuo y la sociedad. [10] La preocupación fue planteada durante la 2da Conferencia Panamericana de Mujeres por Miguelina Acosta Cárdenas, quien propuso que la situación de explotación y miseria que vivían los indígenas peruanos sea incorporada al debate. En su artículo “Escuelas rurales ambulantes para la educación de los niños indígenas” enfatiza que para procurar la rehabilitación del indígena transformándolo en ciudadano consciente y responsable, [11] la tarea educativa es fundamental. Otro aspecto que concito la atención de las mujeres de la revista Amauta fue la cuestión laboral y sindical, aunque fue en Labor donde se publicaron más artículos referidos al tema.

Pero quizá la más importante expresión del discurso de las mujeres de Amauta fue su producción poética, artística y literaria. En la revista se publicaron poemas de Magda Portal, Gabriela Mistral, Ada Negri, Alfonsina Storni, Edgarda Cadenazzi, Blanca Luz Brum, Juana de Ibarbourou, Graciela Garbalosa, Giselda Zani, María Monvel, María Elena Muñoz, y María Rosa González. También poemas de la pintora Julia Codesido y de Blanca del Prado, con ilustraciones de Camilo Blas y Julia Codesido.

El amor, la ausencia y el dolor acompañan los himnos a la revolución que estas mujeres cantan cuando Blanca Luz Brum eleva su voz para decir: United Press / anuncia los últimos fusilamientos / las ciudades civilizadas / hacen crujir las horas / las cabezas de los decapitados / tienen los ojos vueltos hacia Rusia. / Sacco y Vanzetti / trágica rosa de los vientos / giran hacia los cuatro puntos cardinales / de la Revolución (…) [12]

Igual intensidad se percibe en Olvido de Alfonsina Storni y en la mexicana Graciela Garbalosa cuando dice: ¡Siglo de abracadabra sociológica, /soy tu sacerdotisa, /y en el círculo mágico del pasado y el futuro /lanzo mis alaridos, /mis hondos alaridos de embrujada / la escoba es mi caballo……/en la noche macabra /cabalgaré sobre los aires /tal que una bruja desdentada/. [13] La nostalgia de la uruguaya, Edgarda Cadenazzi, en Lamparero de la noche, y de María Elena Muñoz, en Esqueleto de la torre. El susurro íntimo de Juana de Ibarbourou en Alegría de un día cuando proclama: Ahora es mía y la levanto en alto /Antorcha clara en mi ciudad de veinticuatro cúpulas. /Pasaré con ella como una flecha /Bajos los arcos de la tarde y la ramazón leve de la luna. [14] El silencio de Giselda Zani, en Multiplicación: Mi oído escucha en un caracol de puertos /y se emborracha de lejanías /Mis ojos miran los astros /estriados de rojo /mi voz golpea en los martillos /y los yunques alegres de una fábrica. [15]


Dos columnas, una dedicada a la música y otra al cine, estuvieron a cargo de María Wiesse. “Revista de novedades ortofonicas” se publicó desde el número 23 de Amauta, difundiendo las colecciones de música clásica que llegaban a Lima

La revista Amauta expresó la voluntad de Mariátegui orientada a crear un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo. En esa perspectiva, la presencia de destacadas intelectuales y artistas de la época, convirtieron a la revista en un notable crisol de las luchas femeninas que animaron esos intensos años: Gabriela Mistral (Chile), Rosa Luxemburgo (Alemania), Tina Modotti (Italia), Larisa Reissner (Polonia), Alfonsina Storni (Argentina), Ada Negri (Italia), Juana de Ibarbourou (Uruguay), Nydia Lamarque (Argentina), Amanda Labarca Hubertson (Chile), Blanca Luz Brum (Uruguay), María Rosa González (Chile), Graciela Garbalosa (Cuba), María Monvel (Chile), Edgarda Cadenazzi (Uruguay), María Elena Muñoz (Uruguay), Giselda Zani (Uruguay).

Fue también importante la producción intelectual de las mujeres en la sección Libros y revistas. Crónica de Libros. Dora Mayer reseña: Ricardo Wagner y Mathilde Wesendonck de Leonore Niessen Deiters; Las mujeres y el Estado Soberano de A. Maude Royden; y ¿Cuál fue la religión verdadera de Lincoln? de Joseph Levis. Angela Ramos presenta el libro de María Lacerda de Morúa, Religión de amor y de belleza; y Hombres y Máquinas de Larissa Reissner.

Blanca Luz Brum escribió un comentario al libro de Giselda Zani. Poetas Uruguayos. Mientras que Magda Portal comenta, Los libros de la Revolución Mexicana, y El renuevo y otros cuentos, de Carlos Montenegro; Carmen Saco escribe sobre José de la Solana; Ramón Gómez de la Serna, “Monde”, dirigida por Henri Barbuse; y Bourdelle. Pero es María Wiesse quien tuvo una mayor producción en reseñas y comentarios de libros y revistas.

Las últimas publicaciones de las mujeres figuran en el número 30 dedicado al homenaje póstumo que le tributo la revista a Mariátegui. María Wiesse, Carmen Saco y Ángela Ramos destacaron el profundo significado de su presencia, y su dolorosa ausencia. Maria Wiesse, señala que escribió cada página de su obra dictadas por una profunda convicción. A su conjuro nacieron las nuevas flores de nuestra historia social, dice Carmen Saco; mientras Ángela Ramos resalta la alegría de Mariátegui. [16]


NOTAS

1. Revista Amauta, No. 17. Lima, setiembre de 1928.

2. Revista Amauta, No. 17. Lima, setiembre de 1928.

3. César Germaná. “Socialismo y democracia”. José Carlos Mariátegui y Europa. El otro aspecto del descubrimiento. Lima, 1993.

4. José Carlos Mariátegui. La escena contemporánea. Lima, 1970.

5. Mariátegui. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Lima, 1992.

6. Revista Amauta, No. 21, febrero-marzo de 1929.

7. Revista Amauta. Boletin de Defensa Indígena. No. 5, enero de 1927.

8. Victoria Ocampo. “La mujer y su expresión”. Sur. No. 11, Buenos Aires 1935.

9. Sara Beatriz Guardia. José Carlos Mariátegui. Una visión de género. Lima, 2006.

10. Revista Amauta, No. 23, mayo de 1929, y Amauta No. 24, junio 2929.

11. Revista Amauta, No. 12, Lima, febrero de 1928.

12. Revista Amauta, No. 9, mayo de 1927.

13. Revista Amauta, No. 10, abril de 1927.

14. Revista Amauta, No. 20, enero de 1929.

15. Revista Amauta, No. 22, abril de 1929.

16. Revista Amauta, No. 30, abril-mayo de 1930.



SARA BEATRIZ GUARDIA (Perú, 1949). Escritora. Directora de Cátedra José Carlos Mariátegui. Directora Fundadora del Centro de Estudios La Mujer en la Historia de América Latina, CEMHAL. Directora de la Comisión del Bicentenario Mujer e Independencia en América Latina. Directora de la Cátedra UNESCO Patrimonio Cultural y Turismo Sostenible de la USMP 2018-2022. Autora de 16 libros, y de 15 en la dirección de edición y compilación. En su reciente libro, Mujeres de la Revista Amauta, 2024, se publican por primera vez todos los artículos de las escritoras peruanas, de América Latina y Europa. Ensayo, poesía, comentarios de libros y columnas de música y cine. Se trata de más de cien artículos que nos hablan de esa época, entre 1926 y 1930, desde una perspectiva social y cultural.



BOLESŁAW BIEGAS (França, 1877-1954). Escultor, pintor, escritor e dramaturgo. Órfão muito cedo, foi criado por camponeses. Entre 1896 e 1901 estudou escultura na Academia de Belas Artes de Cracóvia com Konstanty Laszczka. Foi expulso da Academia em 1900 por causa de sua escultura O Livro da Vida, considerada imoral e decadente pela direção acadêmica. Com apoio da revista simbolista francesa La Plume, muda-se definitivamente para Paris em 1901. Frequenta brevemente a École des Beaux-Arts, mas logo segue carreira independente. Começa no Simbolismo, passa pelo Art Nouveau, depois se aproxima do Cubismo e Futurismo após o Salon de la Section d’Or de 1912. Cria seu estilo próprio que ele chamava de Esferismo – figuras compostas inteiramente de círculos e esferas. Ficou famoso pelos retratos simbolistas, pelas figuras de vampiras e femmes fatales, e pelas esculturas de formas geométricas simplificadas. Fez parte da École de Paris. Dentre suas exposições, destacam-se: Salon d’Automne, Société Nationale des Beaux-Arts (1912-1927), além de exposições regulares em Varsóvia e Cracóvia com o grupo Sztuka. Em 1950 fundou em Paris o Musée Boleslas Biegas, onde reuniu suas obras e coleção pessoal. O museu ainda existe. Bolesław Biegas é o artista convidado desta edição de Agulha Revista de Cultura.

  



Agulha Revista de Cultura

CODINOME ABRAXAS # 13 – AMAUTA (PERÚ)

Artista convidado: Bolesław Biegas (França, 1877-1954)

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