Amante de trece años, Novalis creyó en el otro mundo;
Mas yo creo en soles, nieves, árboles,
En la mariposa blanca
sobre una rosa roja,
En la hierba que ondula y en el día que muere,
Porque sólo aquí como un don fugaz puedo abrazarte,
Al fin como un dios crearme en tus pupilas,
Porque te pierdo con la tierra que era mía.
JORGE GAITÁN DURÁN
“El regreso
para morir es grande. / (lo dijo con su aventura el Rey de Ítaca). / Más amo el
sol de mi patria, / el venado rojo que corre por los cerros, / y las nobles voces
de la tarde que fueron/ mi familia”. Este poema
titulado “El regreso” de Jorge Gaitán Durán me ha enviado a indagar sobre el ánima
y el origen de su mundo poético, la clara luz que alimenta la lucidez de sus poemas,
para entender y escuchar esa música secreta: “El rumor de la fuente bajo el cielo/ Habla como la infancia. / Alrededor/
Todo convida a la tórrida calma de la casa: el mismo patio blanco/ Entre los árboles,
la misma siesta/ Con la oculta cigarra de los días. // Nubes que no veía desde entonces/
Como la muerte pasan por el agua”.
Nació en Pamplona el martes 12
de febrero de 1924, por pura casualidad, ya que su señora madre, Delina Durán Durán,
viajó por esos días desde Cúcuta hasta aquí buscando una cura para la enfermedad
de su segundo hijo. Meses antes había fallecido su primogénito. Así que Jorge llegó
en medio de las preocupaciones y el miedo de una familia liberal perseguida, con
algunos asesinados entre sus miembros, por parte de los conservadores. Su padre
fue el ingeniero civil bogotano Emilio Gaitán Martín, quien se había trasladado
a Cúcuta en 1914 y casado con Delina en 1919. Pertenecían a la élite norte santandereana,
con cierta fortuna económica, de modo que, el futuro poeta no dependerá de puestos
burocráticos, ni será empleado de ninguna institución, lo que le garantizará forjar
su espíritu crítico y rebelde ante las condiciones políticas y culturales de su
entorno.
A los 16 años, el 26 de agosto
de 1940, escribió una carta a su amigo Jacinto Villamizar donde ya manifiesta ese
espíritu crítico e independiente. Se la envió estando interno en el Colegio Provincial
San José de Pamplona: “La posición social en la vida es un mito de tiempo y de lugar.
Si en Cúcuta no asistes al círculo de los aristócratas de manos blancas más tarde
asistirás a otros en los cuales yo ni siquiera pensaré en asistir (…) En mí hay
sentimientos innatos e independencia, de rotura con todos los lazos absurdos que
me unen a instituciones cuyo núcleo los roe el gusano de la envidia, el prejuicio
y la mentira”.
Soñando desde muy joven con viajar
a Europa y siendo un lector de autores franceses, el poeta se traslada a estudiar
a Bogotá, primero ingeniería civil en la Universidad Nacional, la cual abandona
después de un año para ingresar a la carrera de Derecho en la Pontificia Universidad
Javeriana de Bogotá. Será este su camino de iniciación donde conocerá a escritores,
pintores e intelectuales que le ayudarán en su formación poética. En el café El
Automático participará en tertulias con Hernando Téllez, León de Greiff, con los
poetas y pintores que más tarde colaborarán en la revista Mito.
El asesinato del líder liberal
Jorge Eliécer Gaitán del 9 de abril de 1948 lo empujó a las calles. Ese día, junto
a estudiantes de las Universidades, se tomó la Radiodifusora Nacional. En 1958 en
la revista Mito, hizo un recuento de aquel suceso: “intentamos infatigablemente
dirigir al pueblo hacia los lugares de lucha, donde se jugaba la suerte del país,
y apartarlo de todo atentado contra individuos o contra establecimientos. Pudieron
más que nuestras voces, perdidas en esa confusión terrible, la miseria y la ignorancia
de nuestro pueblo, siempre desesperado y ese día además justamente colérico”. (Mito,
año III, número 18, Bogotá, feb.-abr.,1958).
Debido a la toma de la Radiodifusora
Nacional, le tocó ocultarse hasta comienzos de 1949 en Cúcuta. Sufrió un atentado
en 1950, lo que hizo que partiera para Europa. Se instaló en París. En mayo de 1950,
en el barco cuando iba rumbo a una nueva morada dio inicio a su famoso Diario, bitácora vital que mantendrá en sus
frecuentes viajes, consignando con lucidez múltiples apreciaciones sobre aquellas
experiencias. En las primeras líneas del mismo, consigna: “Diario de Viaje. 1950.
Mayo. Alta mar. La lista de pasajeros del Isigny
parece la ficción de un lector bogotano de Apollinaire, más exactamente, de traducciones
de Apollinaire. Durante cerca de un mes deberé vivir entre diez personajes de novela
pasada de moda, tan irreales como nuestro Pedro Urdímalas o como el Cucuteñísimo
Pedro Jara-el nuevo rico, ilusionista y bufón, de una mitología que comienza con
el terremoto: el ministro de Francia. La secretaria de la Legión de Francia en Bolivia.
Un sacerdote francés, residente en Colombia. Una novia peruana. Un comerciante genovés.
Un tenor negro, de Paramaribo. Una prostituta francesa. Tres hermanos cristianos.
¿No navega este carguero de la Compañía Trasatlántica en aguas de la más magnífica
e imaginaria poesía picaresca?”.
París fue una fiesta intelectual
y existencial. Conoce filósofos, poetas franceses y latinoamericanos. Viaja a Italia,
Bélgica, Holanda, Polonia, llega hasta China, Mongolia y la Unión Soviética. Se
casa con la brasileña Dina Moscovici, y el 18 de noviembre del 52 nace su hija,
el mismo día y año que fallece el poeta Paul Éluard. De allí que fuera bautizada
con el nombre de Paula, en homenaje al poeta francés.
Siendo fervoroso lector de la
revista Les Temps Modernes, fundada en
1945 por Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Maurice Merleau-Ponty, se decidió
crear una revista similar en Colombia, en la cual se expusieran las ideas de poetas
e intelectuales frente a la poesía, el arte y las realidades de su tiempo, con una
posición crítica y libertaria al autoritarismo, la censura y la violencia partidista
nacional. De modo que, desde 1952 empezó a pensar en Mito. Viaja a Madrid y junto
a Hernando Valencia Goelkel y Eduardo Cote Lamus da inicio a este maravilloso proyecto.
Llega a Londres para también embarcar a Pedro Gómez Valderrama.
En abril
de 1955 fundaron una de las revistas más serias e influyentes en las nuevas generaciones:
Mito. En esta, Colombia pudo enterarse de la existencia de un arte distinto
al que la habían acostumbrado casi sesenta años de conservadurismo y confirmar su
atraso frente al conocimiento de las nuevas tendencias filosóficas, literarias y
políticas que en el mundo se manifestaban gracias a una juventud de postguerra,
desgarrada y nihilista, que veía en el existencialismo una puesta en escena de sus
más violadas presencias.
La segunda
guerra mundial había influenciado enormemente en las reflexiones de una generación
que no tenía ya héroes con quien identificarse, sino antihéroes derrotados, desencantados
de una historia caduca a punto de derrumbarse. La escena política estaba dominada
por la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957). En este ambiente totalitario,
Mito propuso un cambio en la actitud del poeta y del intelectual, con plena
conciencia de su praxis contestataria, desacralizadora de normas y costumbres conservadoras.
En el número siete de la revista, de febrero y marzo de 1956, Jorge Gaitán Durán
consigna su propuesta con estas palabras:
En Colombia reinan la intolerancia
política, la intolerancia religiosa, la intolerancia moral. Los intelectuales, que
en su mayoría han sido débiles o que han permanecido indiferentes, no sólo han faltado
a sus deberes, sino que han ignorado que siempre hay posibilidades de eficacia,
aun en los casos desesperados. Hay que acabar con la idea monstruosamente banal
de que la calidad intelectual es independiente de la calidad humana. Todo edificio
estético descansa sobre un proyecto ético. Las fallas en la conducta vital corrompen
las posibilidades de la conducta creativa.
Una pasión
por la reflexión ética y estética y la necesidad de modernizar un estado nacional
que sufría la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, hizo posible que se conocieran
las obras de estos autores de tan entrañable permanencia e influencia en la literatura
posterior. Esto obedecía al criterio universal y colombiano que inspiraba a sus
creadores.
Desde el
primer número, Mito había expuesto sus ideas frente al trabajo del intelectual
en la sociedad: “Las palabras están en situación.
Sería vano exigirles una posición unívoca, ideal. Nos interesa apenas que sean honestas
con el medio en donde vegetan penosamente o se expandan triunfales (…) Intentaremos
presentar textos donde el lenguaje haya sido llevado a su máxima densidad o a su
máxima tensión, más exactamente, en donde aparezca, o una problemática estética
o una problemática humana. Rechazamos todo dogmatismo, todo sectarismo, todo sistema
de prejuicios. Nuestra única intransigencia consistirá en no aceptar nada que atente
contra la condición humana (…) Pretendemos hablar y discutir con gente de todas
las opiniones y de todas las creencias. Esta será nuestra libertad”.
La publicación
de Mito se nutría con la presencia de poetas y críticos hispanoamericanos quienes
infundían nuevas oleadas de conceptos. En su comité patrocinador se contaba con
la presencia de Vicente Aleixandre, Luis Cardoza y Aragón, Carlos Drummond de Andrade,
León de Greiff, Octavio Paz y del maestro Alfonso Reyes. Los temas publicados entre
1955 y 1962 –último año de su edición– fueron piedra de escándalo en una Colombia
que defendía sus tradiciones patriarcales: literatura, sociología, filosofía, ensayos
políticos, sexología, testimonios de homosexuales, manifiestos contra las dictaduras,
jazz, cine, teatro, crítica de arte, folklore.
En el año
de su muerte, 1962, Jorge Gaitán Durán, con ocasión del homenaje rendido a su persona
por la publicación del libro Si mañana despierto,
aclaró en Mito los presupuestos que inspiraban a la revista, dejando con sus palabras
una enseñanza de trabajo y profundidad crítica a las nuevas generaciones colombianas:
Hemos pretendido mantener con Mito un alto nivel literario, pero
a la vez, hemos querido hacer de ella una auténtica revista colombiana. Acaso hemos
demostrado que estos dos términos no son incompatibles sino todo lo contrario. Desde
el primer número no sólo publicamos traducciones de autores extranjeros, casi desconocidos
en nuestro medio, sino que también publicamos documentos y testimonios sobre la
realidad colombiana. Quiero afirmar que éste último, es el aspecto de Mito del cual estoy más orgulloso”.
La apuesta
crítica de Mito fue más allá que
la de los grupos precedentes. Asumieron con rigor los retos que su trabajo literario
les exigía, pero también pusieron las “palabras en situación” humana, histórica,
contestataria y propositiva. Ventilar el museo literario, cultural y político en
que estaba convertida Colombia; actualizarse y modernizar la poesía nacional a través
de nuevas lecturas —Rilke, Eliot, Aleixandre, Saint John Perse, la poesía vanguardista
latinoamericana y norteamericana— fueron su propuesta y su utopía.
Lo local
y lo universal como proyecto intelectual y político-social será un diálogo necesario
para sacar al país del provincianismo cultural; diálogo que ayudaría a generar un
modelo de escritor polémico, riguroso, disciplinado y, ante todo, creador de un
lenguaje distinto y renovador del existente. Un creador que desajuste las verdades
supuestamente inamovibles, impuestas por años de tradición conservadora; que haga
entrar en crisis los fundamentos del pensamiento ortodoxo y dogmático, las instituciones
oficiales productoras de la verdad autoritaria y total. A esa empresa intelectual
le apostó Mito, con el ejemplo de su heterodoxia, de su pluralismo ideológico
y su irreverencia permanente. Trató de modernizar la cultura colombiana y de modernizar
a una burguesía inculta, retrógrada, premoderna y hacendaria que como clase dominante
imponía en el país su intolerancia política y su antidemocracia —reflejada en el
Frente Nacional—. Mito fue, pues, una empresa difícil y ardua de unos pocos
intelectuales con un ethos y un pathos moderno, frente a los problemas de
su tiempo. Con Mito se intentó limpiar la herencia de la Arcadia neoateniense
e hispano-católica que desde la época de la Regeneración había persistido en Colombia.
En 1959 publica el ensayo La revolución invisible. Publicado en diferentes
entregas entre mayo y diciembre de 1958, “era en última instancia, como lo afirma
el poeta, la búsqueda de una política”, en medio del Pacto Partidista que daría
como resultado el llamado Frente Nacional entre 1958 y 1974. Para Gaitán Durán su
ensayo invitaba a salir del feudalismo colombiano hacia una modernidad capitalista
democrática. Ese fue su ejercicio de reflexión, su propuesta de renovación político-
cultural. Industrialización y reforma agraria, según Gaitán Durán, eran dos formas
de superar la “Edad Media Ladina” y la trágica violencia que ha sostenido la sociedad
colombiana durante casi toda su historia republicana.
Como intelectual y poeta, Gaitán
Durán sostuvo hasta el final de sus días la petición de levantar las creaciones
estéticos-poéticas con bases en actitudes éticas, manifiestas en el compromiso por
los otros, con la libertad, la crítica, la rebeldía y el inconformismo con lo establecido.
Esas son las ideas con las que levanta sus reflexiones en los artículos “El país
saliendo del feudalismo”, “Meditaciones sobre el arte colombiano” y “La nueva pintura
colombiana” publicados en este libro.
Esta correspondencia entre la obra
artística y la vida del creador, nada indiferente a los sucesos de su tiempo, fue
lo que impulsó el poeta a realizar una radiografía del país —y de su época— con
una determinación independiente frente a los dogmatismos y fanatismos políticos
y religiosos. Puso, como lo enunció en el primer número de la Revista Mito, sus
palabras en situación. Precisamente la aventura intelectual de dicha revista sintetizó
esas apuestas. Bajo la amenaza de la censura de prensa, consagrada en la Constitución
Política desde 1886; frente al poder de la censura ejercida tanto por el gobierno
como por la curia; entorno a las críticas a terratenientes e industriales como a
la oligarquía retardataria y a una izquierda sectaria, Mito —y su fundador— prosiguieron
en la tarea intelectual de llevar a cabo “la realización de la Reforma Ética del
País, cuya estructura moral y cuyos estilos de conducta han sido implacablemente
socavados”, como se lee en el editorial de la revista de octubre y noviembre de
1957.
Con una actitud independiente y
crítica, en la cual, según sus propias palabras, existe una profunda unidad entre
la labor crítica y la labor poética, donde reflexión y arrebato van juntas, el ensayo
La Revolución Invisible analizaba la situación
colombiana bajo las hegemonías culturales provenientes de la Regeneración Conservadora
del final del siglo XIX.
La petición del poeta de construir
un gran proyecto nacional centrado en dos grandes transformaciones: la Reforma Agraria
y la Industrialización del país, quedaban por esos años sin bases y sin posibilidades.
Des-industrializado el país y casi con el agro a punto de desaparecer, los prospectos
político-económicos de una burguesía moderna y dirigente se disolvían sin pena ni
gloria. En 1959, Gaitán Durán todavía veía
posible construir una Colombia acorde a las concepciones de la modernidad ético
política, tal como en otros países del hemisferio se gestaba. Utopía o posibilidad,
lo cierto es que el poeta apuntó con certeza a los blancos más sensibles de un país
casi feudal, lleno de fanatismos religiosos, militares y partidistas. En medio de
estos fundamentalismos ¿cómo lograr realizar el proyecto civil de una modernidad
educativa, ético política?
La “feudalidad, hermética y reconcentrada”,
al decir del poeta, es la que había producido una violencia a gran escala durante
casi toda nuestra historia. Sin embargo, afirmaba, hay que “preguntarse qué terreno
de predisposición lleva al hombre colombiano a recurrir colectivamente al asesinato,
al robo, a lo ilícito y lo monstruoso, en su búsqueda de poder y de riqueza; hay
que preguntarse por qué la violencia se instala con tanta facilidad y por tan largo
período en el carácter social del colombiano (…) rozamos así una dimensión abismal:
las causas sociológicas y psicológicas de nuestra tragedia”.
Para él, tanto las causas políticas,
económicas y psicológicas de la violencia mostraban el fracaso histórico de los
proyectos colombianos. Eran un mapa de frustraciones generacionales, “indican, como
lo argumentaba, que el hombre colombiano está reprimido, insatisfecho, angustiado,
que no tiene posibilidades normales de amor, cultura, prosperidad y poder, y en
consecuencia no consigue impedir que en él se desarrollen imperialmente, al menor
estímulo exterior, las tendencias destructoras (…) más que en otra patria cualquiera
en nuestro país el hombre ha sido una ‘pasión inútil’”. Sin partidos políticos modernos,
con estructuras conservadoras, con un país semi-feudal, clerical, militar, presidencialista,
“la educación colombiana —en la escuela primaria, el bachillerato y la universidad—
siguió siendo, durante los dieciséis años del gobierno liberal, retórica y clerical,
correspondía a nuestra Edad Media, estaba en retardo sobre la historia”.
Al publicar este ensayo fue criticado
duramente por la derecha bipartidista colombiana. Por consiguiente, en 1959 decide
partir de nuevo a Europa. Es cuando conoce a Ibiza con la que en su diario llamará
Betina:
Ibiza, agosto 13. Vamos temprano al mar, en bicicleta,
por caminitos polvorientos, bordeados de vides cuyas uvas negras maduran al sol.
Tras perezosos juegos de verano, nado con una felicidad que yo creía abolida. Regresamos
al medio día, en vestido de baño, untados de aceite y arena. Nos detenemos para
comer higos de concha morada y cristalina pulpa, tan suaves, blandos y jugosos que
se deshacen en la mano si no los coge uno con pericia.
Ibiza, agosto 31. Nos bañamos desnudos en el mar, bajo
la luna. Nadamos con libertad en el agua plateada, más tibia que al mediodía. Los
brazos de Betina brillan como delfines blancos entre las olas.
12 de octubre. Al bordo del Jaime II
Nunca he vivido —ni trabajado— tanto intensamente como en Ibiza (…) Iba al
mar con Betina y pasábamos siestas incomparables, tendidos en la arena. ¿Qué más
podía desear después del instante pleno, irrepetible? Vivía simplemente, ebrio y
feliz, sin pasado ni futuro. Soy —me repetía— mientras sienta contra mí este caliente cuerpo
dorado. Precisamente porque no olvido a la muerte, creo con pasión en este mundo.
Y luego en Bruselas vuelve a nombrarla:
“Bruselas, 15 de noviembre. A Betina le digo
que la Venus de Cranach —desnuda, pero con vasto sombrero de donde pende fino velo—
se le parece: los mismos ojos entornados, voluptuosos, curva nariz de hebrea; grueso
labio inferior; senos pequeños; caderas espaciosas; largas piernas rectas y grandes
pies ligeramente abiertos. Casi entre ellos, el amor lleno de abejas”.
Fábula y realidad, esta Betina
era la escultora colombiana Feliza Bursztyn con quien convivió algún tiempo en París.
A principios de agosto de 1959 viajaron a Ibiza donde se quedaron hasta mediados
de octubre. En esos dos meses el poeta escribió algunos de los poemas más hermosos
de Si Mañana despierto, libro que le dedicará a Betina, su bien amada Feliza.
Entonces, allí leemos:
Sé que estoy vivo en este bello día/ Acostado contigo.
Es el verano. / Acaloradas frutas en tu mano/ Vierten su espeso olor al mediodía.
// Antes de aquí tendernos no existía/ Este mundo radiante. ¡Nunca en vano / Al
deseo arrancamos el humano / Amor que a las estrellas desafía! // Hacia el azul
del mar corro desnudo. / Vuelvo a ti como al sol y en ti me anudo, / Nazco en el
esplendor de conocerte. // Siento el sudor ligero de la siesta. / Bebemos vino rojo.
Esta es la fiesta / En que más recordamos a la muerte.
Antes, en 1958, había publicado
uno de los libros más bellos de poesía erótica en nuestra lengua. Se trata de Amantes, donde la libertad amorosa dialoga
con la presencia de la inevitable muerte, y la rebelión del ser se funde con el
placer y la pasión edificándose en la palabra. Eros y Thanatos conviven, fundiéndose
en la inmanencia del tiempo: “Somos como son los que se aman”, dice en su poema
Amantes:
Somos como son los que se aman. / Al desnudarnos descubrimos
dos monstruosos/ desconocidos que se estrechan a tientas,/ cicatrices con que el
rencoroso deseo/ señala a los que sin descanso se aman:/ el tedio, la sospecha que
invencible nos ata/ en su red, como en la falta dos dioses adúlteros./ Enamorados
como dos locos,/ dos astros sanguinarios, dos dinastías/ que hambrientas se disputan
un reino,/ queremos ser justicia, nos acechamos feroces,/ nos engañamos, nos inferimos
las viles injurias/ con que el cielo/ afrenta a los que se aman./ Sólo para que
mil veces nos incendie/ el abrazo que en el mundo son los que se aman/ mil veces
morimos cada día.
Comprometido con la vida, el amor,
el erotismo; libertario, anticonformista y a contracorriente, hizo de su oficio
y destino de poeta una apuesta ética y crítica ante la situación del país y de la
sociedad de su tiempo. Y lo confirmó como director de la revista Mito, como editor,
como columnista de opinión en el diario El Espectador, en sus críticas de cine y
en sus participaciones en la radio. En un artículo titulado “De la inteligencia”,
publicado en El Independiente el 10 de enero de 1958 apuntaba: “El intelectual,
tiene también, fuera del marco que le es propio, la responsabilidad por sus semejantes.
Lo que define su situación en el mundo es su conciencia; su papel es alertar, protestar,
en nombre de una ética razonada, cuando otras personas en otras ramas de la actividad
humana, poderosas o miserables, no pueden hacerlo, dominadas con razón o sin ella
por los imperativos, a veces tremendos, de la historia”.
De vuelta a Colombia, publica en
1961 el que va a ser el legado más vivencial de su madurez escritural, el poemario
Si Mañana Despierto, esa afirmación de
escribir desde, entre y contra la muerte:
De súbito respira uno mejor y el aire de la primavera/
llega al fondo. Mas sólo ha sido un plazo/ que el sufrimiento concede para que digamos
la palabra. / He ganado un día, he tenido el tiempo/ en mi boca como un vino. //
Suelo buscarme/ en la ciudad que pasa como un barco de locos por la noche. / Sólo
encuentro un rostro: hombre viejo y sin dientes/ a quien la dinastía, el poder,
la riqueza, el genio, / todo le han dado al cabo, salvo la muerte. / Es un enemigo
más temible que Dios, / el sueño que puedo ser si mañana despierto / y sé que vivo.
/ Mas de súbito el alba/ me cae entre las manos como una naranja roja. (Si mañana
despierto)
“Un libro donde la idea llega al esplendor, rarísima
virtud admirable”, le expresó en una carta de 1962 Vicente Alexandre, y Luis Cernuda
le halaga diciendo: “Fresco y justo todo, como debe de ser el encuentro con los
versos de un verdadero poeta”.
“No pudo la muerte vencerme, batallé
y viví”, había escrito en aquel hermoso libro, y, sin embargo, la muerte lo estaba
aguardando cuando en París decidió volver a su tierra ese año de 1962. Había viajado
a Europa en abril. Por esos meses fue cuando conoció a la poeta Alejandra Pizarnik
quien se enamoró de este “poeta tan solar”. En una carta a Pedro Gómez Valderrama
ella le confiesa: “Quisiera comunicarle mi dolor por la muerte de Jorge Gaitán Durán.
Nos habíamos hecho amigos, y estuve con él unos días antes del horrible accidente
(…) Justamente, cuando le conocí pensé que nunca había visto a un poeta tan solar,
con tantas ganas de vivir. Lo sucedido no sólo me produjo dolor, sino ira (…)”.
En otra de sus cartas del 21 de
septiembre de ese año, Alejandra le confiesa a su amigo León Ostrov: “Nos habíamos
hecho amigos —tal vez más que amigos- (…) Era muy bello e hicimos antes de su partida
planes maravillosos y posibles que me hubieran sacado de mi miseria. Su muerte me
afectó enormemente”. En 1965, en su libro Los
trabajos y las noches, aparecerá un poema dedicado al poeta: Memoria.
A Jorge Gaitán Durán. Arpa de silencio/ en donde anida el miedo. / Gemido lunar
de las cosas/ significando ausencia. / Espacio de color cerrado. / Alguien golpea
y arma/ un ataúd para la hora, / otro ataúd para la luz.
Era verano. El 21 de junio abordó
el Boeing 707 de Air France. De pronto, bajo tormenta y sobrevolando la isla de
Guadalupe, en Pointe-à-Pitre el avión se estrelló contra el cerro Lomo de Burro.
Eran las 3:30 de la madrugada del 22 de junio. 111 pasajeros no llegaron a su destino.
El diario El Espectador, del sábado
23 de junio, publicó así la noticia: “Point-A-Pitres, Guadalupe, 22 de junio (UPI).
Un gigantesco avión a reacción Boeing 707 de la Air France, al mando del piloto
preferido del presidente de Francia, Charles de Gaulle, se estrelló hoy en medio
de una fuerte tormenta en el ‘Lomo de Burro’ de unos 800 metros de altura, cubierto
de una selva tropical, perecieron las 111 personas que iban en la máquina”.
El regreso para morir es grande. / (lo dijo con su aventura
el Rey de Ítaca). / Más amo el sol de mi patria, / el venado rojo que corre por
los cerros, / y las nobles voces de la tarde que fueron/ mi familia. // Mejor morir
sin que nadie / lamente glorias matinales, lejos / del verano querido donde conocí
dioses. / Todo para que mi imagen pasada / sea la última fábula de la casa.
Lo había escrito como una premonición,
como un hado que cargaba siempre.
CARLOS FAJARDO FAJARDO (Colombia, 1957). Filósofo, Magíster y Doctor en Literatura. Cofundador en Bogotá de la Corporación “Si Mañana Despierto”, dedicada a la investigación y creación artística y literaria. Ha publicado los libros de poesía: Origen de Silencios, 1981; Serenidad sitiada, 1990; Veraneras, 1995; Atlas de callejerías, 1997; Tierra de Sol, 2003; Navíos de Caronte, 2009; Ínsula del viento, 2016; Bajo extraños soles, 2017; El eco de la Tormenta, 2021; Duro oficio de vivir, 2026. Autor de libros de ensayos entre ellos Estética y sensibilidades posmodernas, 2005; Rostros del autoritarismo, 2010; La ciudad poema. La ciudad en la poesía colombiana del siglo XX, 2011; El Bazar de lo efímero. El arte en la Cultura del mercado, 2014; La democracia global y otros escritos, 2017; La poesía a la intemperie, 2019; La sal en la taza de café. Notas sobre creación y escritura, 2022; Adoctrinamiento exquisito y controles digitales, 2024; El eternizador de asombros, 2025. En prosa: La ciudad del poeta, 2013; Libro de apuntes, 2024; Cuando el mundo se detuvo. Sobre encierros y otros virus, en colaboración con el pintor Eduardo Esparza, 2023; La balada. Educación sentimental de una época, 2024.
PATRICK LEPETIT (França, 1953). Poeta, ensaísta, colagista e pesquisador ligado à rede acadêmica internacional Mélusine. Com forte atuação no Surrealismo contemporâneo, sua produção intelectual e artística investiga as correntes subterrâneas do movimento, mapeando os pontos de contato entre a criação estética, os mitos tradicionais, o hermetismo e as tradições esotéricas. É autor de diversas coletâneas de poesia (como Rouge solaire e Beauté du funambule) e de ensaios fundamentais, entre os quais Le Surréalisme. Parcours souterrain — obra laureada pelo Institut Maçonnique de France —, Surrealism and Operative Alchemy e La tête d’Ogmius. Surréalisme et mythes celtiques. Na vertente plástica, expande esse mesmo lirismo hermético para o campo das colagens e composições oníricas, projetando imagens ocultas do horizonte de nosso tempo. É o artista convidado da presente edição de Agulha Revista de Cultura.
Agulha Revista de Cultura
Número 266 | setembro de 2026
Artista convidado: Patrick Lepetit (França, 1953)
Editores:
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ARC Edições © 2026
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