domingo, 4 de julho de 2021

BERTA LUCÍA ESTRADA | Marvel Moreno y El tiempo de las amazonas, una obra feminista

 


Corría el año 1985 y en París Milagros Palma, la escritora y editora nicaragüense, con un pequeño grupo de escritoras e intelectuales latinoamericanas, entre ellas Marvel Moreno, creó el grupo de Reflexión sobre la condición de la mujer de América Latina; una mesa de trabajo que se reunía cada mes en la Maison de l’Amérique Latine, y a la cual yo fui invitada. En ese entonces yo era una mujer muy joven y estaba terminando mis estudios de posgrado en Literatura en el Institut des Hautes Études de lAmérique Latine, adscrito a la Universidad de La Sorbona; por lo que preparaba mi regreso a Colombia. Marvel Moreno tenía 46 años y era una escritora conocida; al menos dentro del círculo en el que yo me movía. Ya para entonces había publicado Algo tan feo en la vida de una señora bien (1980) y desde 1969 escribía en la revista Eco y en el Magazín del diario El Espectador. En 1975 publicó Oriane, tía Oriane, que sería llevado al cine en 1985 por la directora Fina Torres; obteniendo los premios Cámara de Oro del Festival de Cannes y el del Festival de Cartagena. En 1977 Marvel Moreno comenzó a escribir su novela En diciembre llegaban las brisas, publicada en 1989 y con la cual ganó el importante premio Grinzane-Cavour; e inmediatamente fue traducida al italiano. En 1986 Áncora Editores le publicó una colección de cuentos bajo el título El encuentro y otros relatos. Su amiga, la eminente escritora Helena Araujo, escribió un estudio titulado Incidencia del Modernismo en la Obra de Marvel Moreno. Así que cabe preguntarse: -¿Cómo es posible que una escritora con esta trayectoria haya pasado desapercibida en Colombia y que solo sea leída ahora? Más adelante trataré de explicar este lamentable episodio. Por el momento regresemos a 1985 y a la Maison de l’Amérique Latine.

Marvel Moreno era la invitada de honor en cada una de las reuniones del grupo Reflexión sobre la condición de la mujer de América Latina; así que ella abría el evento y nos hablaba de su universo literario; un universo que tenía un nombre, Barranquilla, y que giraba en torno a la sociedad mal llamada de “élite”; y sobre todo nos hablaba de su familia, de ese ambiente opresivo, asfixiante, controlador, excesivamente retrógrado, católico hasta los tuétanos, y de la escasa o nula posibilidad que tenía una adolescente en los años 50 del siglo pasado de independizarse y ser libre. Ese mundo opresivo de las familias barranquilleras de los años 40 y 50 del pasado siglo. La escuché hablar del mundo de las tías, un ambiente burgués donde la mujer es algo así como un objeto decorativo, y si bien se la pone en el centro de una casa lujosa, en realidad su vida está ritmada por las tradiciones, el control social y familiar y sobre todo por el poder omnímodo del marido que le tocó en suerte. En otras palabras, la mujer estaba confinada en las cuatro paredes de su hogar como lo fueron sus congéneres en el gineceo griego. Tal vez por eso aceptó casarse, con solo 23 años, con un hombre que posteriormente la aplastaría en el sentido literal de la palabra. Su nombre es Plinio Apuleyo Mendoza. Un escritor que frecuentaba el Grupo de Barranquilla, y al que ella asistía desde 1960, un escritor de izquierda y con aires de gran intelectual.

 

Desde la primera vez que hablaron juntos, ella, Gaby, tuvo la impresión de hallarse frente a un hombre valiente, pero desvalido. Sentados en una mesa del Country Club, viendo caer en torrentes la lluvia de agosto sobre las matas del patio interior, descubrieron que compartían los mismos gustos literarios y opciones políticas. Ella creía soñar: una persona que leía a Marx y sabía manejar los cubiertos, un partidario del Che Guevara aficionado a Proust, un izquierdista que se expresaba con moderación. Y ese era el hombre que la burguesía pretendía amordazar impidiéndole trabajar y amenazándolo de muerte. (Marvel Moreno, El tiempo de las amazonas, Alfaguara, 2a reimpresión 2020, pág. 15).

 

Ese mismo personaje regresaría muchos años después a Colombia convertido en un hombre que yo no dudo en catalogar como de extrema derecha, posiblemente fascista. Ya para entonces Marvel Moreno estaba muerta; sin embargo, antes de su deceso había dado instrucciones al crítico literario Jacques Gilard y Fabio Rodríguez Amaya para que su última novela, El tiempo de las amazonas, fuese publicada; ya que sabía que la Hoz la esperaba con impaciencia en el umbral de su habitación. Por otra parte, hacía mucho tiempo que se había divorciado de Plinio Apuleyo Mendoza e incluso en 1982 se había vuelto a casar; esta vez con Jacques Fourrier. Sus últimos años los pasó en una gran precariedad económica, mientras que el padre de sus hijas nadaba, y aun nada, en la opulencia. Bueno, dirán que si estaban separados, y que si cada uno había seguido su propio camino, él no tenia ninguna responsabilidad económica para con ella. Y eso es cierto. Solo que después de su muerte él se opuso durante veinticinco años a que esta novela fuese publicada; aducía, y aun aduce, que no estaba terminada. Así que en el fondo se consideraba, y a lo mejor se considera, el esposo de Marvel Moreno; por eso, en una postura claramente patriarcal, muy machista y bastante misógina, habría manipulado a las hijas, las verdaderas albaceas de la obra de Marvel Moreno, para que se negaran una y otra vez a entregar los manuscritos a una editorial. Parece ser que la verdadera causa de este rechazo sistemático es que no deseaban que las historias familiares saliesen a la luz. Es decir, no querían que los secretos de maltrato psicológico y físico, de los que parece haber sido víctima la autora, así como su enfermedad, su pobreza, la imposibilidad de acceder a buenos tratamientos médicos, fuesen conocidos a través de esta prodigiosa novela. El personaje de Luis sería el retrato, no sé si fiel, de Apuleyo Mendoza; y ella misma sería Gaby, la experta en arte; como lo era en vida la misma Marvel Moreno.

 

Luis tenía invitados a comer casi todos los díasDurante los primeros meses ella zanjeó la dificultad pagando de su propio bolsillo los gastos de mercado, pero cuando no le quedó un centavo se encontró obligada a hacerle frente a la tacañería de Luis. Todas las mañanas, muy temprano, le explicaba que o bien le daba la plata para comprar las botellas de whisky y de vino, la carne y las legumbres, los quesos y los postres, o bien anulaba la comida. Luis tenía un acceso de ira: la acusaba de robarle su plata, o la amenazaba apretando los puños, la boca crispada de rabia y al fin tiraba sobre una mesa los francos que ella le pedía. Ella, Gaby, no sabía qué hacer: no disponía de los medios para regresar a Colombia porque Luis, después de haber escondido la chequera del banco de Miami donde estaban sus ahorros, le había prohibido inclusive abrir el correo que el banco les enviaba mensualmente. Además la debilidad de su cuerpo le impedía reaccionar. ¿Cómo buscar un trabajo en esa ciudad hostil y glacial cuando no podía caminar una cuadra sin arrastrar los pies de cansancio y sentir que se iba a caer al suelo? ¿Cómo adquirir un pasaje de avión si ni siquiera podía comprarse un etiquete de metro? (Op. Cit. pág. 44)

 

Así comenzó a desenmascararse el que aparentemente fuese un hombre violento en grado extremo, que buscaba aplastarla, anularla, desaparecerla a cómo diera lugar. Ese mismo hombre se hacía pasar de izquierda y abogaba por los derechos del pueblo.

 

(Gaby) desde hacía un mes aplazaba su cita con el médico porque no podía pagarle sus honorarios… ¿Cómo era posible que él la viera languidecer de fiebre sin ayudarla? … insensible ante el espectáculo de una persona carcomida por la enfermedad, encaminándose lentamente hacia la muerte. … Luis había sido contratado por una agencia de publicidad cuya sede estaba en Suiza y no tenía derecho a los seguros sociales, pero le pagaban bien y gastaba un dineral invitando a cenar a sus amigos. Con la plata de una de esas comidas, Gaby habría podido ir a ver al médico o comprarse al menos una gabardina para el invierno. Su indumentaria consistía en un par de botas, un blue jean y dos faldas. Alguien le había pasado un jersey y una ruana. (Op. Cit, pig. 48)

 


Esa doble moral de los seudoizquierdistas que pregonan un mundo mejor y más igualitario, aparece en otro de sus personajes, Luciani (en otras palabras, el nombre de Luis escrito de otra forma) “defensor convencido de la monogamia… (que) se reía del puritanismo en el cual había caído el marxismo” (Op. Cit, pig. 71)

Y por supuesto, Marvel Moreno también dejó huellas de su propia vida a través de los múltiples personajes femeninos que pueblan El tiempo de las amazonas. Con respecto a esta etapa precaria de los últimos años, y de la exclusión de los medios literarios de la que fue víctima -exclusión que habría sido dirigida detrás de bambalinas por Plinio Apuleyo Mendoza-, Jacques Gilard y Fabio Rodríguez Amaya escribieron en 1997:

 

Desconocida por el gran público, ignorada por los medios de comunicación, tergiversada por los editores, envidiada y censurada por la cultura oficial y de régimen, objeto de altanero esnobismo incluso de sus compatriotas famosos, hostilizada por la familia, aislada por la enfermedad, asediada por la pobreza, con todos estos, para nada pocos obstáculos, suscita estupor que haya logrado publicar tres libros en vida. (https://www.bbc.com/mundo/noticias-51243682)

 

Es de anotar que Carla y Camila Mendoza, sus hijas, que no son críticas literarias, y que según algunas personas que las conocen de cerca no serían ni siquiera buenas lectoras, al menos esto es lo que Mercedes Ortega afirma (1), escribieron un prólogo de solo página y media, y en el cual, muy temerariamente, afirman:

 

¿Por qué esperamos veinticinco años para tomar una decisión?

En primer lugar, no sabíamos si ella hubiera deseado publicarla. … Y es que El tiempo de las amazonas puede llegar a sorprender por varias razones.

… es un libro muy denso que presenta un número importante de personajes cuyos destinos se entrecruzan. El lector fácilmente puede sentirse perdido frente a la profusión de historias, de anécdotas y de relatos de vida que se cuentan. En realidad, nuestra madre introdujo todos los temas de las novelas y cuentos que ella hubiera querido escribir, pero sabía que la carrera contra el tiempo ya había empezado y que la iba a perder.

Por otro lado, la novela está escrita con un estilo a veces muy directo y expeditivo que puede sorprender a aquellos que han leído En diciembre llegaban las brisas o sus cuentos. (Op. cit, pág, 11)

 

Bueno, ya se sabe que Marvel Moreno les dijo a Jacques Gilard y a Fabio Rodríguez Amaya que deseaba que su obra fuese publicada; así que este argumento es falaz. Pregunto: ¿cuántas obras póstumas se publican cada año? Por otra parte, el argumento que esgrimen sobre su reticencia a publicar la novela demuestra el desconocimiento literario que tienen Carla y Camila Mendoza al afirmar que la novela es densa; un comentario por lo demás bastante insulso y que yo no comparto. El tiempo de las amazonas no es una novela difícil de leer; aunque puede prestarse a algunos momentos de confusión por la cantidad de personajes que aparecen en sus 330 paginas; y si eso fuese un obstáculo para la lectura en ese caso Cien años de Soledad sería imposible de abordar; y hasta ahora nunca he leído que alguien afirme en uno de sus proemios que la obra maestra de Gabriel García Márquez sea “densa”. Así pues este prólogo, si así puede llamársele, invita más bien a hacer una lectura con bastante prevención; como si en cierta forma Carla y Camila Mendoza, las hijas de Marvel Moreno, se excusaran por lo que aparentemente considerarían una mala novela. Cuando no se tienen las herramientas necesarias para hablar sobre una obra literaria, es preferible abstenerse de escribir un prefacio; para eso existen los críticos literarios. No en vano en Alfaguara, la casa editorial de El tiempo de las amazonas, y con el fin de demoler los prejuicios de las Mendoza, les dijo con vehemencia: “Puede ser una obra gris, pero contiene pepitas de oro”. Aunque yo no la considero una “obra gris” y creo que más que “pepitas de oro” es una obra magistral desde todo punto de vista. A no ser que consideren que el machismo, la violencia de género y la misoginia, que desnuda Marvel Moreno, sea un ambiente gris. Pues bien, en ese ambiente gris hemos vivido las mujeres desde hace miles de años; ¿Por qué ocultarlo? ¿Acaso esperaban que una escritora, aguda y extremadamente inteligente, como Marvel Moreno, ocultara la protervia de la sociedad patriarcal?

Por ahora regresemos a la juventud de Marvel Moreno. El formar parte del Grupo de Barranquilla le permitió conocer a Álvaro Cepeda Zamudio y a Gabriel García Márquez. Leía con fruición a Faulkner, a Joyce, a Virginia Woolf y a Carson McCullers; escritores que influyeron notablemente en su obra literaria. En otras palabras, Plinio Apuleyo Mendoza no formó a Marvel Moreno; por el contrario, en ella encontró a un par, a una mujer inteligente y extremadamente culta para su edad; características que se acentuarían con el correr de los años. No en vano, y como anotaba anteriormente, Marvel Moreno se convirtió en una gran especialista en Arte; y por supuesto, jamás dejó de leer ni de interesarse por la escritura; solo que en un ambiente aparentemente oprobioso y de extrema precariedad económica no le era posible escribir con la asiduidad que hubiese deseado. Y a pesar de todo, la obra que dejó es de una gran importancia; solo en un país machista y misógino como Colombia una escritora de tal envergadura pasa desapercibida. Y si afirmo esto es porque no hay que olvidar que El tiempo de las amazonas le debe la luz a seis escritoras y feministas, entre ellas Mercedes Ortega, que en el 2019 tuvieron el coraje de presentarse en una charla que Plinio Apuleyo Mendoza tenía con el periodista Mauricio Vargas (2) sobre Marvel Moreno, su charla no era sobre la escritora sino sobre la adolescente que alguna vez fue reina del Carnaval de Barranquilla, entre otros temas anodinos; es decir, aun hoy en día el que fuera su marido sigue banalizando su obra; imagino que los celos lo carcomen y que así busca hacerle sombra; sabe muy bien que él no le llega ni a los tobillos. Pues bien, en la charla a la que hago referencia estas valientes amazonas entraron al salón, lleno a reventar de espectadores, llevando una camiseta blanca que decía: Es el tiempo de las amazonas, y se pararon delante de los espectadores; los dos seudoconferencistas siguieron como si nada pasara; en otras palabras, el machismo y la misoginia, que siempre denunció Marvel Moreno, seguían ahí; como el dinosaurio de Monterroso.


El universo literario de Marvel Moreno es coherente, escudriña en la perversión de una sociedad heteropatriarcal cuyo principal pilar es la religión, en este caso la católica, que sume a hombres y mujeres en una sumisión absoluta. Los discursos religiosos que se esgrimen en contra de las mujeres son nefastos -son discursos de odio y de exclusión-; y en este caso preciso son los discursos católicos. Para probarlo es suficiente dar una mirada a la historia de Occidente.

Marvel Moreno denuncia los juegos de poder, muchos de ellos bajo el disfraz de la seducción; una seducción que después se convierte en una relación de verdugo-víctima. Defensora a ultranza de la educación laica, del control de la natalidad, del derecho de la mujer a educarse, a trabajar, a ser independiente económicamente, a tener su propia cuenta bancaria (no hay que olvidar que este derecho solo le fue otorgado a la mujer francesa a finales de la década del 60 del pasado s XX; además para poder trabajar debía tener una autorización escrita de su marido; y por su fuera poco carecía de la patria potestad de los hijos; todo esto era una herencia de la lacra del Código napoleónico). Recuérdese que Marvel Moreno se instaló en París en 1971; es decir, la Revolución del 68 acababa de pasar y todos los cambios de la sociedad francesa apenas estaban siendo asimilados por la gente. Lo que sí cabe decir es que la educación laica y obligatoria existe en Francia desde 1882; este enorme salto fue dado por el ministro republicano de Instrucción Pública Jules Ferry. Ya en 1880 Camille Sée había creado la escuela secundaria para las mujeres. Tal vez la cita que mejor resume su posición laica es cuando habla de los reaccionarios franceses; los que en Francia se conocen como “les catho” (por católicos extremistas).

 

Los amigos de Paul eran reaccionarios puros. Estaban en contra del aborto, la contracepción, la escuela laica y los inmigrantes. El feminismo les causaba horror. (Op. cit, pág, 278)

 

Y esta característica de los católicos radicales son una constante en Colombia; máxime que ahora hay que sumarles las innumerables iglesias de garaje que aparecen todos los días como si fuesen maleza, y que se oponen a los derechos de la mujer, de los homosexuales, de los transexuales, a la eutanasia y a los inmigrantes. Poco o nada ha cambiado desde el momento en que Marvel Moreno escribió el libro; por eso creo que las editoriales en Colombia no se interesaron en publicar y promocionar su obra. La sociedad patriarcal es una pandemia virulenta que sostiene una política de Estado injusta y criminal.

Y por supuesto, no hay que olvidar que cuando una mujer desconoce su propia condición femenina repite hasta el infinito el machismo; puesto que somos las mismas mujeres las que ayudamos a perpetuar esta ideología de extrema derecha, léase fascista; incluyendo, por supuesto, a muchas personas que se consideran de izquierda y que son intelectuales. Y creo que nadie mejor para ilustrar esta idea que la entrevista que Fabio Rodríguez Amaya le hiciera a Marvel Moreno en 1988:

 

Vamos con una provocación: ¿tú no crees que la mujer utilice su sexualidad, para, no puedo decir vengarse, pero... para joder al hombre?

¿Tú crees? Yo no lo pienso. Los problemas con la mujer dependen de que ella tiene más necesidad de gozar sexualmente, tiene más necesidad de la mejor actitud del hombre, que el hombre de la mujer. Los hombres, por ejemplo, van a un prostíbulo y hacen el amor, y sienten placer, pero no sabemos nada de la importancia de ese placer, y luego todo ha terminado. Para una mujer, en cambio, es necesario que el hombre tenga toda una conducta, una manera. El placer de la mujer no es automático. Los hombres no aceptan la sexualidad femenina, por eso mismo yo en mis narraciones parto de esa base. (Una entrevista inédita, Revista Semana)

 

Imagino que Rodríguez Amaya, en el caso eventual que en esa época ya hubiese leído el manuscrito de este libro, no recordaba esta frase lapidaria de Marvel Moreno:

 

El placer femenino los irritaba, quizás porque en el fondo les producía miedo (Op.cit. pág. 105)

 

Y más adelante:

 

Por miedo, Enrique se había encerrado desde su juventud en un sudario. Temía al amor, el sexo y las mujeres. De hombres como él estaban llenos los monasterios (Pág. 270)

 

Y si traigo a colación esta desafortunada pregunta de Fabio Rodríguez Amaya es porque resume muy bien lo que la mayoría de los hombres, aun aquellos que son intelectuales y académicos, piensan de las mujeres. En esa cita se condensa el imaginario cerril de una sociedad pacata, ancorada en prejuicios milenarios, que le han enseñado que la mujer es una Eva peligrosa que incita al “pecado”, a la “falta”, al “oprobio”; en otras palabras, que incita al hombre a pasar las puertas del averno y por ende de la condena eterna. Y si, ya dirán que me equivoco puesto que Rodríguez Amaya, junto con Jacques Gilard, defendió la obra de Marvel Moreno de las garras de su propia familia; y si bien es cierto, su pregunta “provocadora” denota que ni él mismo entendía para la época de esta entrevista la importancia del feminismo, mucho menos el derecho a la libertad sexual -algo aceptado desde siempre en los hombres-, y mucho menos entendía que una mujer que goza del sexo no se “venga” de ningún hombre y tampoco busca “joderlo”. Lo que demuestra esta pregunta desafiante, en la que él mismo duda de las palabras que debe utilizar, es hasta que punto él sentía temor de la sexualidad de las mujeres, de abordar un tema que seguramente consideraba espinoso y posiblemente hasta que punto sus prejuicios le impedían entender a fondo a una escritora de la talla de Marvel Moreno; y por ende, su discurso claramente feminista. En otras palabras la pregunta de Rodríguez Amaya refleja los prejuicios religiosos, e incluso yo diría su machismo y su misoginia; aunque pienso que él no era del todo consciente o al menos trataba de arrancarse las telarañas que aun tenía en su comportamiento “viril” sin que lo pudiese lograr.

No en vano Marvel Moreno tiene en cuenta esta mirada machista que tienen los intelectuales cuando se refieren al placer de la mujer, e incluso sus comentarios, que en muchísimos casos minimizan la violación, y al hacerlo la convierten en un chiste kitsch, misógino y extremadamente violento; y por supuesto no lo ven como un crimen:

 

Hablando de un asesino condenado a muerte por violar y enloquecer a una muchachita en Estados Unidos, (un escritor) le afirmó que la última víctima se había vuelto loca, sí, pero de placer. (Op, cit. pág. 238)

 

Y ese miedo al placer sexual, al que se hacía alusión anteriormente, conlleva a que en algunas sociedades se niegue el derecho a la mujer de gozar en la cama; me refiero a la mal llamada “tradición” que lleva a que en muchas comunidades musulmanas, cristianas, e incluso indígenas, se practique la ablación del clítoris e incluso de los labios menores y mayores (3).

 

Con Alberto resultaba imposible tener relaciones amorosas normales, cuando afirmaba que en ciertos países africanos los negros habían encontrado la solución arrancándoles el clítoris a las mujeres (pág. 126).

 


Marvel Moreno ignoraba que en la comunidad Embera-Chamí (Colombia) también se practica la ablación; sin embargo, cabe recordar que esta práctica solo fue divulgada en 2007; o sea, Moreno ya había muerto ocho años antes. (4) Al respecto me gustaría llamar la atención sobre el soberbio poemario titulado precisamente Clítoris Clítoris (5) de Estela Guedes, en el cual denuncia precisamente el crimen de la ablación.

Tal vez por ese miedo a la mujer, inoculado como un veneno por la religión que enaltece la figura de la madre como una divinidad, lo cual provee de cierta seguridad al hombre que los hijos que tiene son de él y no del vecino, es que una vez que la mujer ha dado a luz, y a veces criado a su descendencia, son “… abandonadas como perros para ser despojadas de sus bienes apenas se convertían en un estorbo”. (pág. 241)

Y este abandono se incrementa escandalosamente cuando la mujer comienza a envejecer, aunque cabe decir, y Marvel Moreno es muy consciente de ello, que esta práctica también se da si se es un hombre.

 

Nadie quería saber lo que pasaba en los hospitales y los ancianatos, donde la muerte merodeaba. … Los franceses… No en balde eran católicos y se sometían a la voluntad del papa y endiosaban a sus hombres políticos. Más independientes y acostumbrados a rendirle cuentas a Dios sin la intervención de un sacerdote, los protestantes nórdicos empezaban a imaginar la instauración de la eutanasia como respuesta a los progresos de la medicina. …. alargaba a la fuerza la vida de los ancianos que solo pedían reposar tranquilamente en un cementerio, sin inquietarle, tampoco, las condiciones carcelarias de los asilos donde terminaban sus vidas. (Op cit, pág. 242-243)

 

Marvel Moreno no dudó en abordar todos los temas, por espinosos que parecieran, en los años 90 del siglo pasado; aun hoy en día, cuando el siglo XXI ya entró a la segunda década, Francia se resiste a aprobar la eutanasia; mientras que en los países limítrofes como Bélgica, España y Suiza está permitida, a veces con algunas variantes como puede ser el suicidio asistido. Otro de los países que lo aceptan es Holanda, y en Colombia también está legislado y permitido si se trata de una enfermedad terminal. (6)

Y por supuesto, habló del derecho a amar y a ser amados en la vejez; y este aspecto me parece muy importante puesto que desde hace algunos años se rinde un culto desmesurado a la juventud; nos han querido vender la idea que una persona mayor, y mayor a veces es alguien que acaba de cumplir 30 años, es poco menos que anciana. Hombres y mujeres, seducidos por una frivolidad que raya en la estulticia, se someten a los bisturíes de los cirujanos, a los que yo no dudo en llamar “lúgubres marchantes de la miseria humana” (7). El amor y la sexualidad son inherentes a la condición humana; lo que ha hecho la religión es exaltar el primero y condenar el segundo; es decir, mutila los deseos de la carne, algo tan natural como respirar, y se refiere al amor idealizado como la única senda para encontrar la supuesta “salvación eterna”.

Marvel Moreno, como muchos escritores, poetas y artistas, penetró el silencio, lo esculcó, lo arañó, lo rasguñó, lo horadó, mostró sus cicatrices, las abrió con un bisturí, sacó sus propias vísceras y las puso al sol para que se secaran y luego se quemaran, para que se volvieran purulentas nuevamente. Las escritoras como Marvel Moreno navegan en la oscuridad, y algunas, muy pocas en realidad, dan saltos en la luz. Podría decirse que Marvel Moreno, por su calidad de excluida, fue una escritora maldita entre las malditas; esa condición de renegada, de paria, de alucinada, de loca, de agorera, de chamana, le permitió escudriñar en los arcanos más insólitos y más desconocidos. El Tiempo de las amazonas es la prueba de ese viaje al averno que ella hizo a través de toda su vida.

La obra de Moreno cobra cada vez más importancia en un país que si bien la vio nacer siempre le dio la espalda. Lo mismo hizo con Emma Reyes, la pintora que se radicó en París, y que dejó una serie de cartas donde cuenta su infancia miserable en un país que se considera muy católico pero que deja morir a sus hijos de hambre, que los abandona en los caminos llenos de barro donde son explotados laboral y sexualmente. Sus cartas fueron publicadas hace algunos años de forma póstuma y desde entonces se la considera también como una escritora, una escritora maldita.

Y si bien Marvel Moreno conocía muy bien a Gabriel García Márquez y a varios escritores del Boom latinoamericano, tal y como lo anotaba anteriormente, ninguno de ellos abogó por su trabajo literario. Supongo que Carmen Balcells escuchó hablar de ella, y como sucedió con Albalucía Ángel simplemente la ignoró. Los escritores del Boom prefirieron mirarse y leerse entre ellos mismos; lo que denota que consideraban que el oficio de escribir es patrimonio exclusivo de su género. Otra vez la concepción falsa e injuriosa que las mujeres escribimos porque somos locas o para entretenernos. Es decir, el oficio de escribir, como profesión propiamente dicha, no existía si era una mujer la que decidía seguir el mundo de las Letras. A lo sumo se le permitía ser profesora de Literatura. Una visión que no ha cambiado mucho. Cabe recordar la exclusión de la que fueron víctimas las escritoras colombianas por parte del Ministerio de la Cultura en el año 2017 cuando se invitaron diez escritores a París para ser presentados a casas editoriales y a traductores. En ese momento preciso nació un movimiento llamado Colombia tiene escritoras. Y sin embargo, como gran paradoja, la ministra era una mujer; me refiero a Mariana Garcés. Una gran vergüenza, un gran desatino, y un acto de misoginia llevado al centro mismo de la miseria humana. Esa condición de la que por más esfuerzos que hagamos es imposible liberarnos.

 

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Presentación: El tiempo de las amazonas, de Marvel Moreno, en Casa de América (Madrid, 18.05.2021)

(2) https://www.semana.com/libros/articulo/el-episodio-en-el-panel-sobre-marvel-moreno-en-barranquilla-en-boca-de-una-de-sus-organizadoras/71179/

(3) https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/female-genital-mutilation

https://www.unicef.org/es/historias/lo-que-debes-saber-sobre-la-mutilacion-genital-femenina

(4) https://www.scielo.br/j/cpa/a/xJD63CNNvmwyjdHmrJxSc4s/?lang=es

(5) https://panoramacultural.com.co/literatura/7336/clitoris-clitoris-el-poemario-de-maria-estela-guedes

(6) https://elpais.com/sociedad/2021-03-18/espana-aprueba-la-ley-de-eutanasia-y-se-convierte-en-el-quinto-pais-del-mundo-en-regularla.html

(7) https://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/cirujanos-esteticos-lugubres-marchantes-de-la-miseria-humana


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