quarta-feira, 27 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Jotamario Arbeláez (Colombia, 1940)

  

EXTRAVAGANCIAS POÉTICAS DEL NADAÍSMO

  


FM | Este diálogo nuestro debe girar en torno a la actuación de varias revistas literarias en los años 60. El Nadaísmo surge en 1958, actúa de forma relevante durante toda la década siguiente y solamente al final publica su revista –esto en una época en que las acciones grupales o individuales resultaban primordialmente en la publicación de revistas–. ¿Qué pasó? ¿Qué impidió la creación de una revista propia del grupo?

 

JA | Cuando en la Medellín de 1958, la ciudad más católica y trabajadora de Colombia, publicamos el “Primer manifiesto nadaísta” –donde se afirma que “Dios murió en el diluvio y su cadáver no fue rescatado por los bomberos”, y que “el trabajo es atentatorio contra la dignidad de la poesía y también contra la propia dignidad humana”–, allí ya se anuncia la próxima aparición de la Revista Nada… La verdad desnuda, la negación.

Los nadaístas eran entonces una banda de poetas muy jóvenes, extravagantes y extra vagos. Gonzalo Arango era el único que trabajaba intensamente, escribiendo cuentos, manifiestos, poemas, dramas, cartas, comunicados y colaboraciones literarias para los periódicos. Con lo poco que ganaba, articulaba el movimiento, hacía ediciones en mimeógrafo, compraba libros, estampillaba correspondencia, pagaba las cuentas en los bares. En los primeros 12 años nunca hubo recursos para editar la revista. Pero no sentimos necesidad. Como tampoco de la publicación de libros. Los medios impresos fueron generosos con nosotros, considerando la virulenta originalidad de los proponentes, para difundir nuestro “evangelio de la nueva oscuridad”. Los suplementos literarios dominicales de todos los diarios del país publicaron profusas muestras literarias de los “nuevos bárbaros”. Aunque después se dieran al trabajo y a la libertad de desmigajar todo y, al encontrarlas dignas de “esquizos”, insultarnos a través de sus columnas editoriales. Así la fama rápidamente se desparramó y también la influencia en la juventud. La revista Mito, órgano del grupo que comandaba Jorge Gaitán Duran, nos dedicó por completo su último número. Revistas de otros países nos cedieron sus páginas. Entre ellas El Corno Emplumado y Pájaro Cascabel, de México, dirigidas una por Margaret Randall y Sergio Mondragón, y la otra por Thelma Nava; Eco Contemporáneo, de la Argentina, dirigida por Miguel Grinberg; de Venezuela, Zona Franca, dirigida por Juan Liscano, y Rayado sobre el Techo, del grupo El Techo de la Ballena; La Bufanda del Sol y Pucuna, de Ecuador, dirigidas por los poetas tzántzicos Ulises Estrella e Ivan Egüez; El Pez y la Serpiente, de Nicaragua; y Venezuela Gráfica y O Cruzeiro, del Brasil, estas últimas revistas de variedades. Solamente en 1970, cuando confluimos en Bogotá los nadaístas de la provincia, sobre todo de Medellín y Cali (Gonzalo Arango, Amílcar Osório, Eduardo Escobar, Darío Lemos, Humberto Navarro, Jaime Jaramillo Escobar, Elmo Valencia, Jotamario Arbeláez) es que se decide la publicación de Nadaísmo 70, como fue llamado el primer número, y simplemente Nadaísmo, como aparecieron los siete números siguientes. En esta revista eran publicados sólo los textos que la prensa nacional rechazaba. Era dirigida por Gonzalo Arango y Jaime Jaramillo Escobar hacía el papel de editor y gerente. Este último, en aquel momento, daba inicio a una agencia de publicidad y había suspendido la escritura de sus poemas, aunque no del todo, porque traducía a su muy especial manera los poemas de Geraldino Brasil, cuyos libros le había regalado el director del suplemento de El Tiempo, Eduardo Mendoza Varela. Los críticos afirmaban que Geraldino no existía, pues a su respecto no a se encontraba pista alguna. Hace poco, cuando me invitaste a Recife, adonde llevé las traducciones completas, leí algunas de ellas y tuve la sorpresa de ver a la familia del poeta entre el público. Pero yo hablaba de la revista. Teníamos que conseguir anuncios publicitarios para financiarla. La prensa de derecha acusaba a los anunciantes de estar subvencionando la subversión. Los gerentes de las empresas se fueron acobardando. Gonzalo se cansó de buscarlos. Y hasta allí llegó la aventura.

 

FM | Tienes razón. Era amplia la atención que se daba, en todo el continente, al Nadaísmo. De alguna manera ustedes también tenían una publicación propia, formada por el conjunto de páginas dedicadas al movimiento en varias publicaciones de la época. Pensemos inicialmente en Colombia. Mito surge en 1955 y prosigue hasta 1962. La edición de la revista es considerada más una proeza intelectual que económica. Naturalmente este aspecto no era el único que distinguía a los dos movimientos. Armando Romero observa que en Mito el elemento poético es, de cierta manera, secundario, una vez que la revista era mantenida por “un grupo intelectuales que planeaba disputar el poder con la generación del Centenario” (Los poetas de “Mito”. Separata de la Revista Iberoamericana nº 128-129. Madrid, julio-diciembre de 1984). Además de esas distinciones, sobre las cuales pido tu comentario, ¿qué otros puntos son esenciales al establecer una diferencia entre Mito y Nadaísmo?

 

JA | Aclaro que sí tuvimos una publicación insolente que duró muchos años (1959-1970), llamada Esquirla, suplemento dominical del diario El Crisol, de Cali, donde publicábamos lo que era considerado impublicable en cualquier otra parte. También editada en Cali, la revista El Ojo Pop. Eduardo Escobar, del grupo de Medellín, también hizo su revista de poesía, La Viga en el Ojo. Cuando el poeta Mario Rivero se apartó del grupo fundó su revista Golpe de Dados. Y muchos jóvenes inventaban revistas para darse el lujo insolente de publicarnos.

Cada vez que se habla de generaciones, grupos o movimientos en Colombia, los cítricos (sic) y los catedrásticos (sic) anulan el Nadaísmo, dando un máximo relieve a la obra de los escritores de Mito y al aspecto editorial de la revista en sí. Y enfatizan que el nuestro no fue ningún movimiento de vanguardia, y ni siquiera poético. Como máximo, un problema social, un caso policial. Los señores de Mito eran intelectuales progresistas de buenas familias y posición social, con estudios en Europa y conexiones con los medios periodísticos y editoriales. Los nadaístas éramos poetas de provincia, de clase media baja y en su mayoría menores de edad. Pero sabíamos disimular nuestra inexperiencia mostrándonos al día con las tendencias de vanguardia y asustando a burgueses y beatos con el eslogan “somos geniales, locos y peligrosos”.

Los nadaístas bebimos en Mito, cuya colección se apoyaba en el estudio del poeta X-504. Es posible decir que el Nadaísmo nace y se amamanta con Mito y que Mito muere y es enterrada después de haber dedicado su última edición a los poetas nadaístas vivos. Así como Mito influyó en el Nadaísmo, el Nadaísmo lo haría en dos grandes grupos de los ‘70: el M-19 y los hippies. El M-19 hizo la paz y los hippies hicieron la revolución.

Con la muerte de Gaitán Duran y la consecuente desaparición de Mito, quienes más perdieron fueron los nadaístas, le reveló Álvaro Mutis a Armando Romero. Gaitán Duran había pensado en delegar la dirección de su revista a Gonzalo Arango, una vez que consideraba que el Nadaísmo era el fruto más evidente de su trabajo de introducir las nuevas –y ocultas– tendencias catárticas en la literatura y en el arte. Del Marquês de Sade a Sartre, a Genet, a Bataille, a Wright Mills, a Brecht, a Malraux, a Shaw, a Sagan, a Ezra Pound, a Patchen, a Tardieu, a Lefevre, a Gramsci, a Visconti, a Callois, a Pizarnik, a Goytisolo, a Updike, a Mondolfo, a Lévy-Strauss, a Perse, a Nobokov, a Benn, a Durrell, a Ghelderode, a Rulfo, a Cortázar, a García Márquez y al propio Gonzalo Arango y sus jóvenes alegres. Pero muerto el capitán cesa la fragata.

Años después los nadaístas harían su propia revista, que acabó llamándose Nadaísmo. Mientras buscábamos el nombre, uno que posiblemente rindiera homenaje a Mito, surgió uno que sólo descartamos cuando entendimos que la mención de Mito nos dejaría disminuidos: Nadais-Mito.

 

FM | También me parece que la ausencia de una revista está de alguna manera compensada por las publicaciones colectivas del movimiento, 13 poetas nadaístas (1963) y De la nada al nadaísmo (1966). ¿Esta es también tu opinión? ¿Cómo era la circulación de esos libros? ¿Alcanzaron la misma anuencia de parte de esa red de revistas en varios países?

 

JA | Cuanto más famosos nos hacíamos, igualmente más pobres, y nuestros editores en aquellos momentos eran todavía más pobres que nosotros. Los libros ni siquiera conseguían llegar a las librerías. Eran agotados en nuestras conferencias y giras por el país, dados a cambio de un hospedaje zaparrastroso o un plato de sopa. Pero muchos poemas saltaron de allí a las antologías. Los libros nos servían también para despertar anfitriones. Hoy son objetos de culto en bibliotecas sofisticadas. Y son encontrados para la venta a precios tan exorbitantes que sus propios autores no los podemos adquirir.

 

FM | Ahora, ¿cómo ustedes se relacionaban con una publicación surgida en los años 60 y activa en toda la década, como lo era la revista Eco (1960-1984)? ¿De qué manera esta revista, que según Eduardo Jaramillo fue, al menos en sus comienzos, “la revista de un humanismo en el exilio”, percibía la actuación de los nadaístas?

 

JA | Era una excelente revista, de tendencia germanista, donde no dejaban que los nadaístas mostraran la nariz, a excepción de Armando Romero, que publicó algunos textos insólitos. Su director en aquella época, Juan Gustavo Cobo Borda, poeta y crítico literario de poca importancia, afirma: “los nadaístas siempre me saturaron” –en ocasión de nuestros 50 años– porque nuestro provincianismo y nuestra penuria económica nos impedían –según él – alcanzar el cosmopolitismo. Imagínate que hasta el presente ya representamos a Colombia en 20 países, y que algunos estamos forrados en oro. Yo apenas aguanto las ganas de proclamar que soy el Premio Internacional de Poesía “Chino” Valera Mora, de la Fundación Rómulo Gallegos, noticia que prácticamente ningún diario colombiano quiso divulgar.

 

FM | [risas] En un ensayo, el mismo Juan Gustavo Cobo Borda observa que la revolución nadaísta se dio “inicialmente, más como una poesía de la acción que como una propuesta de renovación literaria” (“El nadaísmo, 1958-1963”. Revista Eco # 224. Bogotá, agosto de 1980). ¿Cómo entendían ustedes las relaciones entre poesía y comportamiento?

 

JA | Una poesía de la acción, claro, a través del terrorismo verbal. Más que de arruinar el soneto, tratábamos de desestabilizar las instituciones. Hace algunos días tuve la ocasión de celebrar en Cuba, en el XIV Festival Mundial de Poesía, los 50 años de dos revoluciones gemelas: la cubana y la nadaísta. Ambas sometidas a bloqueos parecidos. Los cubanos al de los gringos; los nadaístas al de este tipo de críticos.

 

FM | Cuando surge la antología de Aldo Pellegrini, en 1966, donde estás publicado al lado de poetas de la generación anterior (Mito), el propio Pellegrini menciona que el grupo de los nadaístas se encontraba “actualmente dividido”. Me gustaría que comentaras algo con respecto a esa escisión momentánea.

 

JA | El Nadaísmo siempre estuvo dividido en tantas partes como nadaístas lo integraban. Inclusive alguien llegó a decir que los nadaístas eran 3 y estaban divididos en 4. En el seno del nadaísmo, en los primeros años, hubo disputas, sobre todo entre Medellín y Cali, unas reales y otras ficticias. Las reales, por diferencias ideológicas, como las relaciones con el partido comunista, que no nos veía con buenos ojos porque sentían que les estábamos arrebatando la juventud, que con nosotros se dedicaba a fumar marihuana en vez de ir a la guerrilla. Con todo, éramos sus grandes aliados en las denuncias públicas contra la burguesía, el stablishment y el imperio. Las ficticias, para dar que hablar a la prensa cuando pretendía callarnos. Las diferencias persistieron porque no hubo nunca una doctrina cerrada, había partidarios de la lucha armada y del budismo zen, seguidores de Gandhi y de Marighela. Cuando Pellegrini me publicó en su antología viva latinoamericana yo tenía 25 años y acababa de devorar la Antología de la poesía surrealista, que robé de una librería con el poeta argentino Leandro Katz. Desde entonces empecé a hablar de surrealismo cuando me daba la gana.

 

FM | ¿Los nadaístas se sentían más próximos al surrealismo o a la Beat Generation? ¿Había esa distinción, considerando, entre otros aspectos, las influencias europeas y estadounidenses?

 

JA | Las influencias de los movimientos de vanguardia europeos y de los beatniks no fueron previas. Nosotros las encontramos por el camino. Sólo Gonzalo Arango y Amílcar Osório estaban suficientemente ilustrados en ese tema. Los demás, como te digo, éramos escritores incipientes con pretensiones de genialidad. En los dos o tres primeros años devoramos toda la literatura de vanguardia del mundo. Además del surrealismo y de los beatniks, fueron fundamentales para nosotros el existencialismo de Sartre y el zen de Suzuki, la patafísica y el pietismo. Mi devoción inicial yo la centré en Jarry, Eluard, Breton, Prévert y Péret, pero todos nosotros navegábamos en Kafka, Akutagawa, Dostoievsky, Joyce, Guimarães Rosa, Steckel, Wiennenger, Rimbaud, Lautréamont, Whitman, Poe, Lovekraft, Donne, Pound, Huidobro, Fernando González y Cardenal.

 

FM | Dentro de ese amplio espectro, se realiza en México, en 1964, el I Encuentro Americano de Poetas, promovido por el Movimiento Nueva Solidaridad. Ustedes enviaron al evento una carta donde leemos: “La poesía se sentirá orgullosa si consigue restituir en los espíritus esa rara virtud humana tan en desuso en nuestro mundo que es la amistad; y si consigue detener el desierto espiritual que crece en nosotros y en la historia, arruinando el esplendor del mundo”. Ese momento apostaba a la imposición de un nuevo valor moral, al surgimiento de lo que entonces se llamaba “el hombre poscristiano”. No hubo un resultado satisfactorio, no es necesario decirlo. Las sociedades contemporáneas erradicaron la amistad, las leyes básicas de convivencia humana, y todo se restringe a las esferas del consumo y de la intolerancia religiosa. Después de los años 60 nunca más se volvió a pensar en una “nueva solidaridad”. ¿Hay alguna razón específica para el fracaso de lo que allí entonces se buscaba?

 

JA | La carta de Gonzalo a ese congreso desbordaba humanismo en plena primavera de la guerra fría. Cuando, en busca del “hombre nuevo”, hasta los sacerdotes estaban tomando las armas. Muchos nadaístas no teníamos ilusión alguna con la llegada de ese hombre prometido que haría de la tierra un campo de paz a través de movimientos de liberación. Aunque, de cualquier manera, haya llegado, y casi inmediatamente, con la generación hippie, que fue uno de los tiempos de cambio más bellos que vivió la humanidad. Paz y amor, brothercito, ¿parece poco? Así como Ginsberg fue electo su profeta, para los nadaístas esos chicos fueron nuestros profetizados. Con todo respeto por la revolución cubana, no creo que el hombre nuevo fuera el Che Guevara; el hombre nuevo fueron los hippies, esos surrealistas de Dios. El hombre nuevo no estaría interesado en sembrar cinco o seis Vietnam, sino en acabar con la guerra. Lástima que se evaporaron cuando la ropa se acabó, los cabellos cayeron e institucionalizaron el cannabis. Pero desde entonces el vendaval de Dios retornó al mundo. Y todo aquel que fue hippie lo sigue siendo.

 

FM | En una carta de noviembre de 1971, Gonzalo Arango escribió a Aura de Mera cosas como: “Hay que salir del sistema, de todos los sistemas dominantes. Inclusive del Nadaísmo” […] “El Nadaísmo nos sacó del abismo negro y nos condujo a un abismo de luz, de amor, de libertad. Ya no encuentro sentido en la protesta, en la rebeldía de esos años. No protestaré más. El Nadaísmo ya me parece estrecho para vivir. Me frena el vuelo.” […] “El Nadaísmo también se está volviendo un callejón sin salida, un sistema de ver, pensar, sentir; un modo de ser, en síntesis.” […] “Ahora escribo poco, como habrás ‘leído’. No tengo casi nada que decir.”

 

JA | Gonzalo tuvo una crisis 13 años después que había inventado el nadaísmo y la expresó así. Era su forma de seguir siendo nadaísta “a su manera”. Había probado el LSD, había llegado al paraíso que es la isla de Providencia, había encontrado el amor en una joven caminante proveniente de Inglaterra, en suma, se había reconciliado con Dios. Quiso regresar del fondo del desfiladero al cual había conducido a la juventud. Nosotros lo seguimos.

Aunque, déjame decirte, a esta altura del 2009, que pienso que el nadaísmo, después de 50 años de algarabía, debe desaparecer del panorama social e inclusive del teatro poético, convertirse en la sociedad secreta que siempre debería haber sido, y trabajar de una manera alquímica en la transformación del alma del mundo.

 

FM | ¿Sin LSD, sin Providencia y sin amor, o sea, ningún tipo de reconciliación con Dios?

 

JA | Confieso que sin ninguna influencia lisérgica, geográfica o emotiva, entré en acuerdo con Jesucristo. Con él voy a trabajar en la parusía. Estoy entregado al viento paráclito. Y adopté una nueva divisa: “No creas en el Credo. Cree en todo.”

 

FM | A cierta altura de nuestro diálogo mencionaste la revista O Cruzeiro, brasileña, que era muy antigua, había surgido en 1928 y no pertenecía al ambiente de nuestra conversación. ¿Había alguna otra aproximación relacionada al Brasil en términos de publicaciones periódicas?

 

JA | Ahora los nadaístas tenemos lugar en Agulha Revista de Cultura. Allí están nuestros poemas, manifiestos y declaraciones blasfematorias y sacras, en ese templo sin altar del surrealismo. No puede pedir más el hijo del sastre, ahora dedicado a confeccionar su novela La casa de las agujas.



FM, Jotamario Arbeláez e Jorge Ariel Madrazo. Porto Galinhas, 2007

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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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