quinta-feira, 28 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Susana Giraudo (Argentina, 1947)

  

LA POESÍA Y SUS NOMBRES INFINITOS

 


FM | Hay un epígrafe de Hölderlin que abre uno de tus libros: “Los poetas son ánforas sagradas / que guardan el vino de la vida / y el alma de los héroes”. Comencemos nuestro diálogo con tu percepción de lo que creas, de cómo encuentras que tu poesía se revela a través de ti. ¿Cómo te sientes dentro de esa condición de ánfora sagrada apuntada por Hörderlin?

 

SG | En él, esa apreciación es perfecta y por esa razón me sentí subyugada viendo a ese poeta tan refinado asomado a su propio espejo de agua. Trasladado todo esto al quehacer de los poetas modernos, tenemos que asumir que las circunstancias que cambian con el devenir del tiempo, son absolutamente otras. Cada día, los poetas estamos más desacralizados y entregados con pasión a conmover con nuestra verba al mundo en el que nos toca vivir hoy. Creo que sí guardamos el vino de la vida, de esa misma vida que nos convierte en héroes de otra naturaleza.

 

FM | ¿Y cómo comienzas a moverte, como poeta, dentro de una tradición lírica tan rica como la de tu país? ¿Cuáles fueron tus primeras afinidades con esa poesía?

 

SG | Los poetas crecemos, como crece todo en la naturaleza. Podemos hacerlo correctamente si tomamos como tutor la palabra de nuestros grandes antecesores. En mi caso sentí un golpe al corazón cuando me asomé a Pizarnik, luego me sedujo el señorío y la calma de Bernárdez, el desenfado abrumador de Girondo, el dulce dramatismo de Juan Gelman, el puntillismo poético de Borges, y podría ocupar todo este espacio en enumerar y dar nombres hasta nunca acabar. Esto es un registro interior casi subconsciente y da como resultado lo que luego, cuando los críticos toman bajo su análisis nuestra poesía, se llama “influencia”. Yo mejor hablaría de un acto de amor infinito, de una mímesis de un alto voltaje valorativo porque de algún modo queremos prolongar lo bello, contenerlo en nuestro corazón y seguir sembrándolo.

Claro que el paseo que por largos años me llevó a caminar por la poesía, me dio el privilegio increíble de leer a Whitman, Pound, Thomas, Rilke, Ungaretti, Pavese, Pasolini, Montale y una miríada que, como ya te dije es imposible enumerar. O sea que trato de impregnarme no solo de la tradición lírica argentina, sino que abro el espectro para recuperar otras miradas poéticas valiosas en el mundo.

Si hablas de mi poesía actual, creo que podría definirme en un lugar moderado dentro de mi generación. La gran narradora María Esther de Miguel, entrañable amiga, hablaba siempre de algo que ella veía, mi permanente pispear ontológico. Pero en realidad uno se aleja de aseveraciones temporales y va tomando un tono personal absolutamente desprendido de toda moda y escuela. La libertad dentro de nosotros mismos hace que podamos sentir a la poesía como un pájaro que se debate inquieto y a veces a picotazos, dentro de la jaula que es nuestro ser creador. Y eso está más allá de toda moda y de toda especulación estilística.

 

FM | Me parece perfecto ese abordaje de lo ontológico, y evocando aquí uno de los poetas que mencionaste, Pasolini, él decía detestar, “en arte, todo lo que se aproxima al naturalismo”; todo lo que en rigor es exterior al hombre, se podría agregar. Estoy seguro de que piensas lo mismo. Entonces, díme, ¿cómo lidias con la improvisación en términos de creación poética? ¿Cómo evitar, por ejemplo, que la improvisación resulte en un acomodamiento a una simplicidad primaria que le es exterior?

 

SG | Mi pensamiento se asienta sobre una base: toda generalización es odiosa. Existen variables de la improvisación que no están para nada relacionadas con un acomodamiento a la simplicidad. Creo que toda obra creativa está expuesta a, y compuesta por la improvisación. No existe obra de arte que tenga una estructura aleatoria que le indique el camino cierto. Mejor pensaría en una obra de arte estrechamente ligada al azar y a múltiples factores que intervienen en el acto creativo. Nada es una regla fija, gracias a Dios, en lo relativo a la creación.

Estoy convencida que una base sólida es aportada por el mundo interior del artista y su relación con su entorno natural, sus circunstancias sociales, geográficas, históricas etc., y lo demás es lo que tiene tantos nombres que no se puede definir con una sola palabra. Se llama creatividad, improvisación y mil nombres más que se te puedan ocurrir.

 

FM | Me parece que ni los argentinos advirtieron todavía la importancia de una voz poética tan esencial y reveladora como la de Enrique Molina. Era un poeta de la escritura a sangre, de aquella misma “desgarradora dimensión humana” que él encontraba en Artaud y en Girondo. Poeta de la escritura visionaria, de la exaltación del vivir, contagioso de sus imágenes ígneas, y no sé hasta qué punto este poeta tuvo importancia en tu vida. Me gustaría que me hablaras un poco de él, si es posible.

 

SG | En un momento de mi vida, la pasión luminosa de Molina fue un lugar al que acudía con un fervor increíble. Lo sigo haciendo, porque cada vez que su relectura me conmociona, le prometo volver y volver a él una y otra vez. Y siempre descubriré, a medida que mi vida de poeta vaya tomando sazón, nuevos rincones que su poesía me depara. Cómo no estremecerse al leer de un grande como él, que va de lo íntimo hacia el sentimiento colectivo, versos como este: “Con un olor de luna caliente cuyo vaho / quema con sorda plata desierta las orillas, / en las bandas de América se abren / unos puertos sin sueño / unos oasis de moscas / caldeados por el viento, entre la luz y el trueno”.

 

FM | Y esta imagen preciosa: “¡Adiós pájaro definitivo! / Continuarás tu vuelo en mi alma / sin entenderme, pero conmigo”. Este pacto deslumbrante con el instante, su avidez asombrosa, hace que sea imposible leer a Molina sin ese estremecimiento que mencionas. No sé si concuerdas con él en que “la poesía es una gracia, una instancia que no puede alcanzarse ni por la inteligencia ni por el ejercicio”.

 

SG | Cuando me preguntabas hace un momento sobre el acto del improviso, lo que entiendo como acto creativo por momentos, está estrechamente ligado con eso que Molina describe como “una gracia, una instancia…” ¿Se puede agregar más? En algún tonto rincón de un diccionario leí esta definición de improviso: “acto llevado a cabo sin una previa preparación. Ej.: improvisar versos”.

No creas que no estoy pensando en las infinitas digresiones académicas que puede generar esta solo aparente simplificación mía. Tanto tú, como yo, como todos los que nos pusiéramos a discutir sobre los puntos divergentes o en común que tuviéramos sobre este tema, abriríamos un abanico de trescientos sesenta grados en el que encajarían trescientas sesenta opiniones distintas, como distinto es un hombre de otro, como distinto es un creador de otro.

 

FM | Un aspecto que la crítica verificó en algunos de tus libros condice con lo que Normand Argarate llamó “constante indagación sobre mitologías orientales”. El descubrimiento de Oriente proveyó a la tradición lírica occidental de modelos notables, que se expresan de maneras distintas en poetas como José Juan Tablada, Federico García Lorca y Allen Ginsberg, por ejemplo, al mismo tiempo que se diluyen y se vulgarizan en muchos poetas a partir de los años 60 en nuestro continente. ¿De qué manera te aproximas al tema?

 

SG | Podría decirte que si hablamos del orientalismo, tentación a la que ni Octavio Paz pudo sustraerse, no podemos dejar de mencionar al argentino Juan L. Ortiz, como alguien indiscutible en lo referido a su asimilación de lo oriental. Juanele no buscaba la tontera supina de la métrica japonesa, error en el que cayeron algunos poetas sesentistas a los que tú te refieres.

Te preguntarás por qué me detengo en él. Mi dedicación se debe a reconocer a un hombre que vivió a orillas del majestuoso Paraná, en medio de pajonales y silencios interminables, en perfecta comunión con la naturaleza y el infinito.

Mi búsqueda de los primeros tiempos también se relacionaba con el contacto permanente con la inmensidad de las pampas, que solo encuentran sosiego en la línea del horizonte. Estos paisajes, ayudan a reconocer la insignificancia de la presencia del hombre en el escenario de un universo inmenso, contenido o detenido a veces, en las pequeñas cosas. Lo difícil es decir tanto como lo que vemos con pocas palabras, ya que esta relación grandiosa del hombre y sus universos no necesita sino de silencios interrumpidos por la palabra justa. “Su alma sabe callar. / El que se asome a su silencio / sentirá atronadora la caída de un pétalo.”

 

FM | Es un hecho que esta asimilación de lo oriental se dio en nuestros países de una manera falsa, trasplantando a un plano sólo literario lo que originalmente no tenía tal connotación. Esto fortaleció –si a eso se le puede llamar fuerza– una tradición formalista, una poesía estéril en su sentido más esencial, de gran conquista de la modernidad, de ese diálogo vertiginoso entre ser y mundo, un embate de fuerzas trascendentes que, claro está, no evitan la realidad. Busquemos en el haiku sólo su opción por la síntesis y su cariño por el silencio. La forma como se realizan esas dos operaciones, la síntesis y el silencio, debe expresar las particularidades del drama existencial de cada uno de nosotros, sus afinidades con otras poéticas y su propia manera de estar en el mundo. Pensando en esto, ¿cómo crees que se configura tu poética? ¿Cómo se relacionan poema y Susana?

 

SG | Estoy plenamente de acuerdo con esa asimilación errada de lo oriental, prueba de ello es el patético resultado de la traducción de un haiku escrito en otra lengua y respetando la métrica cinco-siete-cinco. Ese afán por la transposición nos da un resultado viciado, atenido a una fórmula y por qué no, a una forma que produce eso que llamas una poesía estéril. Es que la ductilidad de un diálogo personal, original entre el ser y el mundo, como tú dices y un alejamiento artificial de la realidad, es el peligro que se corre buceando en la filosofía de otras civilizaciones. Y no soy la excepción de la regla.

Mi realidad poética está morigerada por varias fuerzas que no planeo, sino que se proyectan en mi poesía. Una, es la fuerza musical, con la que tengo un estrecho vínculo. Otra es la fuerza cromática, inseparable de mis imágenes por mi condición de artista plástica y definidamente la otra fuerza que no puedo modular es la que surge de mi impulso interno, inconsciente, vital. Tal vez sea esto último lo que le aporta un grado de originalidad a mi obra, solo un matiz, porque en definitiva es regla general para todos los poetas que no se trata de crear con el solo objeto de originalidad, porque toda obra de arte es recreación, sino de hacerlo honestamente y con una cierta mística que, de acuerdo a cada sensibilidad, aporta un dejo peculiar a cada poética.

 

FM | Sí, es verdad, hay en ti toda una relación íntima entre la poesía y la plástica, el poema y la acuarela. Conoces naturalmente aquel sentido intenso de la pincelada única, del maestro Shi-Tao, que apunta a una supresión de las reglas, una apuesta vertiginosa al potens de la creación, esa conexión mágica entre ser y tiempo. ¿Cómo ves todo esto?

 

SG | Si en algo relaciono la pincelada, el gesto de comunión intensa entre agua, pigmento y pincel, es con esa poesía que en un momento me inspiró la acuarela de escasa adjetivación, toda expresada en el trazo sustantivo. Tú hablas del maestro Shi-Tao y me remontas a toda una disciplina, todo un entrenamiento espiritual superior que da como resultado un remanso donde dejarse estar, justo relajados sobre la profundidad, sospechándola… buscándola con cada una de las fibras del cuerpo y el alma.

Argarate, poeta exquisito dice: “Hokusai pinta una hoja. / Cien años demanda su tarea. / Con paciencia elabora / las finas nervaduras / los ínfimos detalles. / Al final se estremece. / Nunca sabremos / si la hoja o su mirada”.

A veces creo que allí es donde comienza el romance entre la palabra y la acuarela, en el estremecimiento mismo que nos sorprende al ver como una da su potencia a la otra, con una intensa respuesta, con un ir y venir apasionado que por momentos me abstrae sin dejarme oportunidad para vivir otra cosa que no sea eso. Soy algo así como un testigo involuntario que no puede dejar de acariciar con el pincel, con los dedos, con el cuerpo esa mórbida humedad que espera sobre el papel, para luego describir el fragoroso silencio y con un decir discreto hablar de todo lo que sentí pintando.

 

FM | ¿Y cómo te sientes en relación con la música? O sea, ¿de qué manera ella participa de este diálogo entre la poesía y la plástica?

 

SG | Esto de responderte acerca de mi trato íntimo con todas las disciplinas del arte, puede producir un efecto repetitivo en mi diálogo. Pero es que siempre he sentido una cierta sensación de evisceración cuando se intenta separar con definiciones todo el contexto de un ser humano, sea este un creador, un científico o el estudiante universitario que trabaja de obrero para costearse sus estudios.

Te digo esto, porque hay infinitas anécdotas que hablan de la relación de las personas con la música. No es una respuesta elíptica, sino una realidad que solo me sirve de introducción o, si quieres mejor explicación, sirve para relajar la tensión que me produce explicar lo inexplicable.

Sería amanerado que yo te señalara qué tipo de música me acompañó para escribir tal poema. Y, en realidad, sería imperdonable que señalara dos o tres poesías a las que influenció determinado compositor. Y asumo que es de esta forma que la música aparece como una presencia dulcemente fantasmal en mi poesía.

Mi poema “Ritual” (La armonía de las desarmonías) fue creado a partir de “Bolero” de Ravel, ejecutado magistralmente por el gran bailarín argentino Jorge Don en la película Los unos y los otros.

 “Una nota de Scriabin” (inédito) es una imagen casi onírica que me inspiró la poética melancólica del compositor ruso.

 Cuando viajo, el primer movimiento es abalanzarme sobre la música típica de cada país. Y luego huyo con ella en las manos, vuelvo a mi madriguera donde me extasío, analizo, me detengo en los detalles. Un stacatto me sorprende, un allegro molto vivace levanta mi ánimo y un pianíssimo me llena de ternura o me pone romántica. ¡Mujer al fin!

FM e Susana Giraudo. San Salvador, 2006

 

FM | ¡Perfecto! Yo había pensado también en la canción popular, en el alcance de ciertas afinidades que el poema puede encontrar con letras de canciones, y naturalmente, en tu caso, imagino que ha de haber una presencia muy fuerte del tango, de su poética profundamente consternada y lacerante. Pregunto por ti, por tu poesía, pero también me gustaría saber cómo se establece, en la Argentina, la relación entre los poetas y el tango.

 

SG | Lo más particular de esto que hablamos de canción popular y en Argentina, la que nos une, la que nos representa a todos, es el tango. En las distintas regiones de mi patria, se bailan y cantan distintas canciones que contienen en su poesía referencias de cada región en particular. Es tan grande mi tierra que el folklore se va impregnado de temperaturas, características del suelo, las estaciones del año, el mundo vegetal típico de cada región. Por ejemplo en el norte, carnavalitos y bagualas se apoyan en el suelo argilloso y el aire caliente de las provincias norteñas, en la región de Cuyo cambia el clima, los frutos, la temperatura y escuchamos cuecas y valses, que pueden decir “ando extrañando el zonda, su viento y polvareda” hablado de un viento que arriba a esa región con su aliento de fuego. Y así, se tornaría tedioso describirte cada regionalismo para arribar luego a este comentario: el tango es la única música que nos une. No hay dos países en el mundo cuya música identificatoria sea el tango y ahí hay que detenerse y preguntar ¿Ante qué fenómeno musical estoy parado? Un fenómeno que hasta pega fuerte en el cine internacional, imposible es no comentar la bellísima película Perfume de mujer.

 La poesía del tango, apenas aparecido en las márgenes del Río de La Plata, era de un verso melancólico, llorón, consternado, lacerante, como tú dices. Pero luego, con el correr de las décadas, dúctilmente se fue nutriendo de los acontecimientos políticos, históricos, sociales y de la vida cotidiana, al punto de mutar en su temática hasta llegar a las actuales vanguardias del tango.

 

FM | ¿Qué caminos habría entonces recorrido el tango hasta aquí?

 

SG | Fue llorón en los treinta y cuarenta, le habló al amor en los cincuenta y luego se hizo picante y divertido, sin dejar de lado sus temas de siempre, colmándose de imágenes novedosas.

Este es un liviano comentario del tango y no me perdono hacerlo de esta manera, pero quiero contestar una pregunta entrelíneas que me haces sobre su relación con la poesía. No desconocerás que llegó a incitar a Borges, produciendo luego sus milongas (“Milonga de Jacinto Chiclana”), inspiradas en sus lentos paseos por los arrabales porteños, del brazo del gran Xul Solar.

El tango fue también inspiración para Tuñón, Girondo, y otros poetas de su época. Más allá de esta relación de los grandes con la canción ciudadana (como se ha dado en llamarlo), debo decirte que hubo y hay grandes poetas del tango como por ejemplo el gran Discépolo, Homero Manzi, Espósito etc., hasta llegar al vanguardista Horacio Ferrer, poeta inseparable de Piazzolla con el que llegó a componer hasta una operita tanguera (“María de Buenos Aires”) y luego, la famosa “Balada para un loco” que dio la vuelta al mundo en la voz de la Baltar.

 

FM | ¿Y se podría decir algo más, pensando en la actualidad?

 

SG | Sí, hacer notar de un plumazo el giro vertiginoso que le da la al tango la era piazzolliana y el posterior aporte de grupos y cantantes de Rock. Tampoco se puede dejar de mencionar a un poeta tanguero, como Cacho Castaña (“Café la humedad”, “Tita de Buenos Aires”, “Ojalá que no puedas” etc.) venido de la canción de moda hacia el tango. Debemos mencionarlo tanto a él, como los arreglos tan personales de Andrés Calamaro y los nuevos intentos del tecno-tango.

Si me preguntas qué relación tiene mi poesía con todo lo tanguero, tengo que confesar que ninguna. Salvo dos o tres poemas en los que canto a los instrumentos con que se ejecuta, mi poesía no es “cantable” ni tanguera.

 

FM | Quiero retomar algo: ¿hay un distanciamiento temático entre poemas y acuarelas? ¿De qué manera se podría hablar de ambas vertientes como complementarias?

 

SG | Es probable que en mi plano consciente no suceda esto de lo complementario. Mejor señalaría que siento que viven dos artistas dentro de mí. No hablo de los temas y su relación con mi poesía, porque la sensación que tengo es que en acuarela a veces el tema te busca, tiene vida propia. Es algo tan mágico el manejo de las transparencias y los estallidos a veces no buscados, que nos hacen sentir un ser contemplativo y no un acuarelista. Un tema que puedo reconocer como constante tanto en mi poesía como en mi pintura, es el tema de las alas, los vuelos y los pájaros. Ellos, las jaulas y los barrotes que amenazan la libertad, son una presencia repetida en mi poesía y en mi pintura.

 

FM | En tus acuarelas se verifica, con más intensidad que en el poema, un acento erótico. No me refiero a la temática, sino a las insinuasiones de lenguaje, trazos, luces etc. ¿Estás de acuerdo?

 

SG | Si fuera obsecuente contigo, te diría que estás en lo cierto, pero no es así. Mi natural erotismo fue evolucionando con la vida misma, mostrándose como entre velos al comienzo de toda mi obra y luego manifiestamente en mi producción actual. Lo no buscado, que es la presencia del erotismo, es justamente la mejor línea conductora que pueden tener mis acuarelas y mi poesía. Fluye de manera natural y sin plan ninguno. Deja que el que mire se haga cargo de lo que siente al mirar. Si una acuarela es tansparentemente erótica o si es fuertemente erótico un poema, no toman ese tinte por alguna cosa planeada por mí como artista. Sale así y es así.

 

FM | René Magritte cierta vez observó el prejuicio de la obsesión del artista por incorporar nuevas técnicas. Concordamos en que la técnica es un medio y no un fin. Magritte también abordó la sensación del espectador frente a un cuadro, recordando que el hábito hace de cuenta que deshace la fuerza de este primer contacto con la obra. Decía que “el espectador debe estar dispuesto a conocer un momento de conciencia única y reconocer su impotencia para prolongarla”. ¿Cómo lidias tú, en el acto de la creación, con esa impotencia que me parece que es también del artista y no sólo del espectador?

 

SG | No hay una sola técnica. Hay una técnica madre a la que uno accede por vía académica y luego existen todas las pequeñas técnicas que se ponen en práctica o se inventan a medida que necesitamos determinada expresividad. Allí es cuando entiendo que, como dice Magritte, la técnica es un medio par alcanzar el fin. Cada artista recrea la técnica en la medida que su angst lo demanda. Por mi parte y en lo referido a la impotencia, trato de armonizar con ella y no llenarme de la ansiedad que produce. No me aferro al exhibicionismo. Escribo y pinto porque es imposible que no lo haga y soy feliz cuando alguien se conmueve con el resultado y me lo dice.

 

FM | ¿Cómo distingues lo que es esbozo de lo que en un momento dado pasas a considerar como obra acabada? ¿En qué punto lo inacabado resplandece como definitivo?

 

SG | ¡Que pregunta tan personal! Siento que me estás indagando sobre algo tan privado como es lo que yo llamo equilibrio entre lo ridículo y lo sublime.

La acuarela, históricamente, fue utilizada como esbozo. Arquitectos, ingenieros, diseñadores y paisajistas, aún la usan de esa manera.,

 Ahora, no se trata de usar sino de expresar con un material lo que también se plasma con una línea de verso. Me dejarías sin palabras si me preguntaras cómo hago para diferenciar un pequeño mensaje anecdótico que se le escribe a un amigo, con un poema como “Soy feliz / quise escribir un verso / y describí un pájaro. / ¿Por qué soy feliz? / Por que voló, / como todos los versos / y como todos los pájaros.”

Es tan impreciso lo que sentimos cuando algo se manifiesta en un chispazo y deja de ser un esbozo o solo una esquela circunstancial, para ser una obra de arte en acuarela o un poema que me inclino ante el entrevistador. Floriano Martins, obraste el milagro de dejarme sin palabras. 

FM e Susana Giraudo. Buenos Aires, 2007


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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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