quarta-feira, 27 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Jorge Fernández Granados (México, 1965)

 

LAS VANGUARDIAS EN MÉXICO

 


FM | ¿Cuál es el punto inicial de la vanguardia en México? ¿Cómo era el ambiente cultural entonces?

 

JFG | En México se considera que, históricamente, fue en la década de los años veinte del siglo XX que aparecieron las vanguardias. En la literatura fueron autores como José Juan Tablada y particularmente los integrantes del movimiento estridentista, como Manuel Maples Arce, Arqueles Vela, Germán List Arzubide, Salvador Gallardo, Germán Cueto y Leopoldo Méndez quienes enarbolaron más visiblemente esa tendencia.

En cuanto al ambiente cultural predominante por entonces, hay que considerar que el país se hallaba inmerso en un periodo de incertidumbre y violencia luego del triunfo de la Revolución de 1910 y el exilio de Porfirio Díaz. Literariamente hablando, la situación era un tanto contradictoria o bien podríamos decir que polarizada. Por un lado, los Estridentistas irrumpían con publicaciones contestatarias y manifiestos que agitaban el entorno cultural principalmente de la ciudad de México, Puebla y Xalapa. Pero, hay que decirlo, no siempre con obras literarias de gran valor. Parecían en este aspecto más preocupados en mostrar una actitud irreverente que en realizar obras de una calidad perdurable. Por otro lado, muchos de los más importantes escritores de aquel momento no eran ni pretendían ser vanguardistas, como Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Julio Torri, Ramón López Velarde o bien los más jóvenes, conocidos como Contemporáneos: Carlos Pellicer, José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Gilberto Owen y Jorge Cuesta, por mencionar a los más destacados. Los Contemporáneos eran de hecho un grupo que llegó a antagonizar con los Estridentistas y aunque en algunas obras ellos mismos dejan ver cierta huella particularmente del surrealismo (sobre todo Villaurrutia y Owen) no se les puede clasificar como autores de vanguardia.

 

FM | Los movimientos locales, ¿estaban de acuerdo con las ideas de las vanguardias europeas correspondientes o acaso agregaban algo distinto?

 

JFG | No hay duda que los muy localizados ejemplos de vanguardia en sus inicios en México partían de la emulación de los movimientos europeos, sobre todo del futurismo ruso y el dadaísmo francés. Si bien con diferentes denominaciones y adaptaciones locales (como la consigna del primer manifiesto estridentista: “¡Viva el mole de guajolote!”), la vanguardia resultaba a todas luces un eco imprescindible de la modernidad que por entonces irrumpía con nuevas tecnologías y vehículos, con nuevas conductas y costumbres, con nuevas formas del arte y la comunicación, en fin, con una nueva semiótica cultural en las principales capitales de Occidente.

 

FM | ¿Qué relaciones mantenían estos mismos movimientos con las corrientes estéticas de los demás países hispanoamericanos?

 

JFG | Los vínculos entre los movimientos de vanguardia en Hispanoamérica pasaban, al parecer, casi forzosamente por intermediación de los escasos escritores y artistas que viajaban por aquellos años a París, Nueva York, Viena, Roma o Madrid. No hay muchos documentos que permitan suponer gran retroalimentación entre las naciones latinoamericanas. Sin embargo, cabe citar eventuales intercambios que se dieron más que nada por iniciativas personales. Por ejemplo, la estancia del colombiano Porfirio Barba Jacob o de la chilena Gabriela Mistral por entonces en México o, más tarde, la del guatemalteco Miguel Ángel Asturias y la del peruano César Moro. Asimismo, también está documentada una estancia de Arqueles Vela y Germán Cueto en París (1929-1932) y otra de Germán List Arzubide y Leopoldo Méndez en Estados Unidos (1930). Por último, otras presencias que fueron decisivas para alumbrar esa época en el arte y la cultura de México fueron también la de la fotógrafa de origen italiano Tina Modotti y la del dramaturgo de origen francés Antonin Artaud. No obstante, sobre este aspecto hay aún mucho que investigar para reconstruir toda una red posible de vínculos e influencias que, sin la menor duda, provocaron aquel intenso tiempo de la historia.

 

FM | ¿Qué aportes significativos de las vanguardias fueron incorporados a la tradición lírica y cuáles son sus efectos en los días de hoy?

 

JFG | Creo que, ante todo, las vanguardias han constituido momentos de renovación profunda en los discursos del arte contemporáneo, así como grandes sacudidas críticas de la cultura predominante. Es innegable que el arte y la literatura del siglo presente no serían lo que son sin el complejo y revolucionario recorrido que significó el siglo XX. La modernidad, sin embargo, es un fenómeno histórico que no ha cesado ni concluido pese a las elaboradas teorías de la posmodernidad. En la medida en que dicha modernidad sigue afectando y transfigurando la cotidianidad y sus nuevos códigos de comunicación, la vigencia del sentido de las vanguardias tampoco ha culminado. Así, el talante crítico, la actitud inconforme e irreverente, la inquietud por innovar en todos los terrenos, la flexibilidad y adaptabilidad de las formas y los lenguajes, la participación del azar, el humor y la ironía, son todos estos atributos una herencia que en buena medida debemos reconocer a las múltiples vanguardias que han atravesado la cultura y el arte de nuestro tiempo.

En México los procesos de renovación que suelen venir aparejados a la actividad de las vanguardias han resultado paulatinos. No se puede decir que hayan cambiado de un día para otro el rostro de la literatura mexicana, pero es evidente su efecto digamos tanto irreversible como acumulativo en el gusto de las nuevas generaciones.

 

FM | Los documentos esenciales de las vanguardias, ¿se han recuperado?, ¿es posible tener acceso a ellos?

 

JFG | La mayoría de los documentos, obras y publicaciones del movimiento estridentista han sido conservados y, hasta donde tengo entendido, es posible acceder a ellos. Hay incluso no pocas investigaciones bastante serias y exhaustivas sobre el tema que se han realizado en años recientes por parte de académicos y críticos avezados. Cabe señalar, en este sentido, los libros de Luis Mario Schneider, El estridentismo o una literatura de la estrategia (Conaculta, 1997), de Silvia Pappe, El movimiento estridentista atrapado en los andamios de la historia (UNAM), 1998), de Evodio Escalante, Elevación y caída del estridentismo (Conaculta, 2002) y de Elissa Rashkin, The Stridentism Movement in Mexico: The Avant-garde and Cultural Change in the 1920’s (Maryland, Lexington Books / Rowman and Littlefield, 2009).

 


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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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