quarta-feira, 27 de janeiro de 2021

ESCRITURA CONQUISTADA | Fernando Palenzuela (Cuba, 1938)

  

CONVERSA SOBRE LA REVISTA ALACRÁN AZUL

 


FM | Este nosso diálogo será naturalmente extenso, porque representas um momento muito particular de criação, reflexão e difusão da poesia em uma instância geográfica marcada por certa dissimulação. Estou certo de que poderemos conversar abertamente acerca de todos os temas, ligados à poesia, que envolvem tua experiência de vida. Antes de tudo, tua intensa relação com o surrealismo, este é o ponto de partida de tua descoberta da poesia?

 

FP | Debo a la revista Sur, encontrada por azar en la biblioteca del Instituto de Segunda Enseñanza donde cursaba el bachillerato, el descubrimiento de la gran literatura. A partir de ese instante mis lecturas fueron más selectivas. En dos palabras, Sur sirvió para que yo separara el trigo de la paja, ahorrándome la pérdida de tiempo que significa leer libros innecesarios. Por esa época (1954-55) cayó en mis manos la Historia del Surrealismo de Maurice Nadeau que abrió para mí un horizonte de posibilidades hasta entonces desconocidas. Recuerdo que con un grupo de amigos comenzamos a componer cadáveres exquisitos y a buscar los textos de los autores mencionados por Nadeau en su libro. De aquella época conservo en mi memoria algunos nombres, pero el más sobresaliente de todos es el de Vicente Jiménez, mi entrañable y viejo amigo por más de medio siglo, quien era y sigue siendo un inteligente investigador y ensayista. No tengo duda alguna que ese fue mi punto de partida en la búsqueda de la aventura poética, más allá del mero quehacer literario, pues abrazar el surrealismo significó para mí un vuelco total de mi visión de la realidad, lanzándome hacia otra dimensión más prometedora.

 

FM | Quais eram tuas leituras na infância, poeta? E o que mais fazias, além de ler?

 

FP | Mis lecturas de infancia, hasta los doce años, más o menos, fueron las que hacían todos los niños interesados en los libros: Emilio Salgari, Julio Verne, Arthur Conan Doyle, Las mil y una noches, La Edad de Oro (José Martí), las tiras cómicas o “muñequitos”, como le llamábamos en Cuba, además de numerosas novelitas pornográficas de la época que circulaban entre nosotros, clandestinamente. Yo sentía una gran pasión por nuestro deporte nacional, el baseball o “la pelota” (en cubano) y me pasaba todas las tardes, cuando llegaba del colegio, practicando con mis amigos hasta que la oscuridad nos obligaba a regresar a casa. Casi todas las noches iba al cine. Son cientos las películas mexicanas, argentinas y norteamericanas que vi en mi niñez y en mi adolescencia. El cine me reveló mi sexualidad, entre los once y doce años. Comencé a tener fantasías eróticas con las actrices que veía en la pantalla y a masturbarme pensando en ellas. También comencé a escribir poemas para impresionar a una niña de mi edad, Elsa, de la que estaba locamente enamorado. Por supuesto, no le mostré nunca a mis compañeros de juego aquellos versos. Siempre he sentido cierto pudor en enseñar lo que escribo. Pero a quien sí confié lo creado fue a un viejo zapatero remendón que tenía su taller a una cuadra de mi casa y a quien todo el barrio tenía por un gran poeta. El se sorprendió de que yo me interesara por la poesía y me estimuló a que siguiera escribiendo, siempre con sumo cuidado con la métrica y las formas clásicas que eran las que él practicaba. Así que mi origen como poeta tuvo un respaldo proletario. A esa edad (12 años), decidí romper relaciones con Dios y declararme ateo, negándome a tomar la primera comunión en la Iglesia Católica. Disfrutaba mucho la música popular y comenzaba a interesarme por la otra, “la seria”, la clásica. Me ayudó sobre manera un viejo escultor que vivía cerca, de apellido Arambarri, quien poseía una sólida cultura musical. Aunque era un hombre solitario y huraño, debe haberle sorprendido que alguien tan joven tomara con calor a Mozart y Beethoven. Ahora que hablo de estas cosas salta a mi vista el hecho de que cuando era joven prefería la compañía de las personas de mayor edad que la mía, mientras que ahora siempre cultivo la adhesión y la complicidad de la juventud.

 

FM | Quando conheceste José A. Arcocha e José A. Baragaño e em que circunstância se deu a afinidade de vocês em torno do surrealismo?

 

FP | Yo conocí a José Antonio Arcocha en la Universidad de la Habana, en 1956, cuando ambos estudiábamos la carrera de Filosofía y Letras. Nuestra amistad comenzó mal, pues yo ya era un surrealista, un iniciado, y defendía, con la pasión de que uno es capaz a los 18 años, todos los postulados contenidos en los manifiestos del movimiento. En dos palabras, yo era un surréalist enragé. Arcocha, por otro lado, era un admirador de la novela como género literario. Nuestra discusión sobre los méritos de la poesía sobre la novela y vice-versa fue tan violenta que yo pensé, entonces, que nuestras diferencias eran irreconciliables y no merecía la pena su amistad. Afortunadamente, una vez que nuestras respectivas cabezas se enfriaron, aceptamos, de mutuo acuerdo, eludir el tema de nuestra disputa, y continuar un diálogo civilizado.

Como dato curioso debo contarte que después de diez años de no saber de Arcocha -nos habíamos marchado en barco para España en 1961 y después nos separamos en Alemania-, cuando nos encontramos nuevamente me reveló que había adherido al surrealismo, habiendo mandado la novela “a pelar papas” y ahora su afán era la poesía. Me sentí redimido. Sólo acerté a decirle: -“Ves Pepe, como yo tenía la razón hace quince años”.

A Baragaño lo conocí ese mismo año (1956). Él estaba esperando una guagua (autobús) en la intersección de las calles 12 y 23, en el Vedado (barrio habanero), que lo llevaría a visitar a su padre en la ciudad de Pinar del Río, situada a 150 kms. al oeste de la Habana. Yo había leído sus tres libros publicados hasta entonces: Cambiar la Vida, El Amor Original y Lam, un largo ensayo sobre el pintor cubano. El se asombró un poco de que alguien tan joven como yo lo reconociera y, sobre todo, que hubiera leído sus libros. Aunque al principio se mostró desconfiado, según avanzamos en la conversación se entusiasmó al punto que nos sentamos a la mesa de un restaurant cercano por tres horas. Eramos afines en nuestras simpatías anarquistas y él se sorprendió que yo me hubiera hecho surrealista por cuenta propia. Entre todos los temas que hablamos aquella noche recuerdo un proyecto suyo de publicar una revista dedicada enteramente a la poesía, para el que necesitaba unos $10,000 pesos cubanos, pues sería una revista lujosa con colaboraciones de poetas y artistas de todas las latitudes. También se refirió a que en Cuba era imposible que ocurriera una verdadera revolución, pues la isla no tenía una casta militar poderosa ni tampoco una alta burguesía que, obedeciendo a las leyes de la dialéctica, sirvieran como polo opuesto a la embestida de las fuerzas revolucionarias. Me dijo que él se sentía muy bien cuando visitaba su ciudad natal (Pinar del Río), ya que la gente allá era muy ingenua y acogedora. Quedamos en vernos de nuevo cuando regresara a La Habana. Yo volvería a verlo tres o cuatro veces más, antes del triunfo revolucionario. Nos reunimos, en más de una ocasión, en el restaurant El Jardín, de la calle Línea, en el Vedado. De aquellos encuentros, a veces fortuitos, recuerdo a isidoro Núñez, Roberto Branly, Rolando Amador, Vicente JIménez y a un estudiante de arquitectura, cuyo nombre he olvidado. Desde allí se gestaban bromas tremendas cuyo blanco favorito era el poeta José Lezama Lima. La imagen que guardo de Baragaño es la de un verdadero poeta, inmerso en su universo mítico, en el reino impenetrable de su imaginación.

Creo que fue en 1957 o 1958 que lo perdí de vista. Alguien me dijo que se había marchado de nuevo a Paris, pues en Pinar del Río había recibido una golpiza de la policía batistiana. Cuando regresó, después del 1ro de enero de 1959, nos vimos muchas veces y viajamos a distintos lugares de la isla. De aquellos viajes, recuerdo uno que hicimos en 1960 a la Ciénaga de Zapata, donde visitamos Bahía de Cochinos, Playa Larga, Soplillar, puntos por donde se produjo, un año más tarde, la invasión de 1961. Recuerdo que a la semana siguiente de nuestra visita, Baragaño escribió una crónica para Lunes, titulada La Poesía del Pantano, que causó gran revuelo entre algunos habitantes del pueblo de Jagüey Grande, cercano a la Ciénaga de Zapata, ya que en dicho artículo se contaba que un anarquista, en una noche de delirio romántico, había hecho volar en pedazos un viejo y frondoso jagüey (árbol cubano) que se levantaba como símbolo del pueblo en el centro del parque. Toda esta leyenda, falsa, por supuesto, se la había suministrado Arcocha para correrle una broma.

 Recuerdo que compartíamos el mismo entusiasmo por la revolución cubana y nos reuníamos frecuentemente con Arcocha, el pintor Tomás Oliva y el escritor Oscar Hurtado (ya todos fallecidos), en el Hotel Presidente, y otras veces, Arcocha, Baragaño y yo deambulábamos en largas caminatas por la Habana Vieja hasta llegar a los muelles, en la Avenida del Puerto, siempre envueltos en la magia de una conversación alucinante.

Talento nada común -como me comentara en una ocasión Abelardo Iglesias, dirigente anarquista cubano y combatiente de la Guerra Civil Española-, Baragaño fue una influencia vital en mi formación intelectual, a pesar de que era sólo cinco años mayor que yo. El vivió una parte muy importante de su vida -entre los 18 y 23 años- en un clima de alta tensión poética, al lado de sus amigos de Paris. Breton y Péret lo admitieron en su círculo y el pintor Jacques Herold ilustró su primer libro, Cambiar la Vida, publicado en 1953, en Paris, bajo el sello de la editorial surrealista Le Soleil Noir. De vuelta en la isla, en 1955, tropezó con la gazmoñería y la incomprensión de algunos poetas y escritores atrincherados en sus posiciones católicas y reaccionarias, a los que no dio ni pidió tregua, nunca. En fin, para terminar mi respuesta, yo creo que Baragaño es el más importante poeta cubano de su generación. Si a los tres libros antes mencionados, añadimos Poesía, Revolución del Ser, aparecido en 1960 (Ediciones R), nos encontramos ante una obra de alta calidad poética, la obra de un hombre que fue consecuente con sus ideas, un genuino surrealista avant la lettre.

 

FM | Eu gostaria de conversar um pouco a respeito do caráter constitutivo das antologias poéticas. A antologia do Aldo Pellegrini, por exemplo, é um grande marco em termos de difusão de jovens poetas hispano-americanos na Espanha. Eu sempre achei curioso o fato de uma antologia latino-americana não incluir o Brasil ou o Canadá. Consideras acertada a seleção de poetas cubanos neste livro?

 

FP | Yo siento una profunda admiración por Aldo Pellegrini, por su obra poética tanto como por sus aportes críticos y ensayísticos para una mejor comprensión del movimiento surrealista. La mejor traducción al español de Los Cantos de Maldoror fue hecha por él, acompañado de un prólogo muy revelador. No debe olvidarse que el primer grupo surrealista que aparece en Latinoamérica fue fundado por él en 1926, y desde entonces, hasta su muerte, Pellegrini fue un investigador sagaz y propulsor de la actividad poética surrealista en Argentina y en el resto de nuestro continente. Ahora bien, estos méritos bien ganados no lo exoneran de haber cometido lamentables injusticias, entre las cuales debemos señalar el haber excluido de sus antologías a un país como Brasil, cuya riqueza poética no puede escapar a un lector avisado y mucho menos a un estudioso del calibre de Aldo Pellegrini. Sobre todo, cuando leemos en la introducción a su Antología de la poesía viva latinoamericana de 1966 lo siguiente: “El americano del norte utiliza el inglés, el del centro y sur el español, y en un solo e inmenso país, el portugués. Español y portugués son lenguas hermanas que de ningún modo separan. Brasil y la América hispana comparten los mismos problemas y utilizan un idioma accesible para cualquiera de las partes”. Después de tal afirmación, ¿cómo se explica ignorar, pasar por alto, la producción poética brasileña?

En cuanto a los poetas cubanos seleccionados en dicha antología creo acertada la inclusión de Fayad Jamís, José Lezama Lima y Heberto Padilla. Injusto haber dejado fuera a un poeta como José A. Baragaño, poeta surrealista, con el que Pellegrini se hubiera sentido en casa. Sospecho que el que no figuren los nombres de Virgilio Piñera, Gastón Baquero u otros, obedeció a razones políticas más que literarias.

 

FM | O Brasil tem já um bom currículo de exclusão do mapa cultural da América Latina. Seguramente devemos ter feito por merecer. Dentre tantos exemplos, há um que cabe aqui mencionar, porque também livro publicado na Espanha, o de um livro intitulado Fundadores de la nueva poesia latinoamericana, [6] de Saul Yurkievich. Não há ali um único poeta brasileiro, de onde se poderia concluir que a poesia brasileira não possui tal relevância, não fosse o fato de que na advertência editorial no início do livro o autor contradiz a afirmação da capa, ao esclarecer que “los ensayos aquí reunidos convocan a los fundadores de la poesía hispanoamericana contemporánea”. Na edição original estão apenas Vallejo, Huidobro, Borges, Girondo, Neruda e Paz. Note que abrange um período de duas décadas, considerando as datas de nascimento de Vallejo (1892) e Paz (1914). A segunda edição inclui Lezama Lima. Consideras correto este entendimento de Lezama como um dos fundadores de uma nova poesia hispano-americana?

 

FP | Yo no conozco el libro de Yurkievich del que me hablas. No me sorprende, sin embargo, que el autor no haya incluido un poeta brasileño entre los que él llama “fundadores de la nueva poesía latinoamericana”. Ya vemos cómo Pellegrini y Stefan Baciu en sus respectivas antologías ignoraron completamente la poesía escrita en portugués en nuestro continente. Sin embargo, cuando se dice poesía “latinoamericana” o “iberoamericana” hay que incluir a Brasil. En Un nuevo continente: antología del surrealismo en la poesía de nuestra América (2004) tú incluyes, acertadamente, una muestra significativa de la poesía escrita en Brasil así como en Canadá y Estados Unidos. Yo te sugeriría que fueras más allá y que emprendieras, como uno de tus próximos proyectos, la preparación de una antología de la mejor poesía brasileña contemporánea en español (o, mejor aún, bilingüe), la que yo creo muy necesaria y oportuna. Permíteme señalar, sin embargo, que aun en tu antología también hay omisiones para mí inexplicables como la del gran poeta chileno Jorge Cáceres, los jóvenes poetas surrealistas chilenos del grupo Derrame (Aldo Alcota, Roberto Yáñez, Rodrigo Verdugo), y, una vez más, el cubano José Alvarez Baragaño; incluyes, eso sí, a un notable poeta y escritor cubano, mi amigo Lorenzo García Vega, quien siempre ha rechazado el surrealismo, autor de una excelente obra muy personal que admiro y respeto, aunque la misma resulta inclasificable. Un poeta suramericano me comentaba hace unos días, por correo electrónico, que después de todas las “invectivas antisurrealistas” presentes en sus libros, a Lorenzo le debe haber parecido un gazapo patafísico muy divertido figurar como surrealista, algo que él nunca fue, es, ni será. Esto último se lo atribuyo a desinformación que recibiste en tus investigaciones cuando preparabas el libro.

En cuanto a Lezama Lima, yo no estimo que éste haya sido fundador de una nueva poesía hispanoamericana. Más bien creo que Lezama no deja epígonos posibles en ese panorama tan vasto de la América hispanoparlante. La complejidad y hermetismo de sus teorías poéticas, unida a su aparente religiosidad y militancia católica no creo que atraigan ni provoquen un gran sobresalto en la poesía que se escribe en Latinoamérica. Es curioso cómo un hombre que se pasó la vida estructurando todo un impenetrable sistema poético -que ha dado pie a todas las interpretaciones imaginables- y que escribió numerosos libros de poesía, se hiciera famoso por una novela: Paradiso. Como poeta se le ha querido presentar como barroco, surrealista, católico, patafísico, tomista, burgués, lacaneano, y aun como revolucionario. En suma, yo opino que cuando mueran sus actuales exégetas, las generaciones futuras podrán evaluar mejor su obra poética.

 

FM | Não há antologias sem omissões, ao que parece. Há que investigar a natureza das omissões, isto sim. A princípio, todo grande poeta está acima das classificações, o que não reduz em nada a qualidade de um poeta que seja profundamente identificado com determinada corrente estética. Não tenho pensado no surrealismo como uma camisa-de-força, sob pontos de vista da ética ou da estética. Propus uma antologia onde seja possível observar quais desdobramentos se verificaram no continente americano a partir do surrealismo originado em Paris. Se pensarmos em aspectos como as enumerações caóticas, o humor negro, aquele tipo de fricção de imagens simultâneas, que encontramos na poesia de García Vega, me parece que ele soube muito bem mesclar as tensões que definem tanto surrealismo quanto cubismo, e aí já teríamos uma razão suficiente para sua inclusão em minha antologia. Lamento profundamente meu desconhecimento, na época, da poesia de José A. Arcocha, José A. Baragaño e a tua própria, o que já estou tratando de corrigir em uma 2ª edição que se amplia não somente no caso cubano, mas em muitos outros aspectos, a começar por certo limite editorial no que diz respeito à quantidade de páginas de um livro. Também pensei em minha antologia como um momento primeiro onde o continente é pensado como um todo, tratando de investigar as diversas maneiras como o surrealismo se acomodou na margem de cá do Atlântico. Acho uma grande ousadia da parte das Ediciones Andrómeda (Costa Rica) aceitar um projeto desta natureza. Da edição original, ficaram de fora poetas como Gilberto Owen, León-Gontrán Damas, Blanca Varela, Hesnor Rivera, Henri Corbin, Fernando Palenzuela, Allan Graubard, Jorge Cáceres - respectivamente de países como México, Guiana Francesa, Peru, Venezuela, Guadalupe, Cuba, Estados Unidos, Chile, dentre outros. É curioso observar que nenhum crítico até o momento tenha mencionado a ausência de Octavio Paz. O poeta mexicano foi simpatizante do surrealismo em um primeiro momento, e depois silenciou sobre qualquer influência do movimento em sua poesia. Ao preparar as notas para a edição de sua poesia tratou de apagar todas as referências ao surrealismo. São próximos seus, em tal comportamento, poetas como Braulio Arenas e Paul Eluard, porém quem os deixaria de fora de uma antologia do surrealismo? Não incluí o mexicano simplesmente por uma questão de impossibilidade de tratamento de direitos autorais. Afinal, em algum momento, poesia também é negócio. Pela mesma razão não incluí o guatemalteco Cardoza y Aragón. Já os jovens chilenos que mencionas, confesso que não os conhecia em 2004. Seguramente os teria mencionado no estudo introdutório, a exemplo de outros grupos, como o brasileiro DeCollage. Como o teria feito em relação a algumas manifestações nos Estados Unidos. É interessante observar que esta não se trata de uma zona morta, área restrita ao plano histórico. Além de todos os nomes aqui mencionados, sinceramente te digo que tenho muitos outros a sugerir. Mas aproveito o momento para indagar uma coisa: o distanciamento de Orígenes em relação ao surrealismo, tinha por justificativa a necessidade de Lezama fundar uma instância poética própria, uma rejeição às vanguardas européias, um preconceito, enfim, o que me dizes a respeito?

 

FP | Floriano, estoy de acuerdo contigo en que todo gran poeta trasciende cualquier clasificación y que no importa ni reduce la calidad de un poeta el que éste se encuentre profundamente identificado con determinada corriente estética, ni que el surrealismo se convierta en una camisa de fuerza a puntos de vista éticos o estéticos. Whitman, Pound, Eliot, Saint John Perse, Trakl, Celan, por sólo citar algunos nombres, son grandes e importantes poetas y no tienen nada que ver con el surrealismo. Ahora bien, sería injusto y mezquino aprovecharse de ciertas “técnicas surrealistas” -y ya sabemos que el surrealismo es algo más que eso- para después arremeter contra todo lo que huela a surreal, por considerarlo obsoleto, démodé, passé, etc, etc. Estas son gente malagradecida y en su vanidad de pavorreales literarios pretenden haber descubierto su estilo, su voz, ellos solitos, sin ayuda de nadie, inmunes a toda influencia, como si pudieran confundir a lectores avisados que les descubren la costura desde que comienzan a cantar. En todo caso, aceptan “coincidencias tangenciales” y se quedan de lo más tranquilitos. “Espermatozoides verbosos”, les llamaría Cioran. Y no me importa cómo se nombren ni la relevancia que tuvieron en su momento. Estos son “surrealistas” a pesar suyo.

En más de una ocasión, en nuestra correspondencia personal, he elogiado tu dedicación al difundir en tus antologías, en tus libros, en tus revistas, todo el quehacer artístico y literario del continente. Yo no sé cómo te las arreglas para hacer tantas cosas a la vez. Tu capacidad de trabajo es para mí motivo de asombro. Por lo tanto, tú estás en tu perfecto derecho de incluir u omitir, a discreción tuya, lo que merece ser publicado. Los que actuamos como corresponsales voluntarios, no oficiales, tenemos el deber, creo yo, de mantenerte bien informado de lo que ocurre para que tú juzgues por cuenta propia.

La última parte de tu pregunta es fácil de contestar. El rechazo de Lezama a las vanguardias europeas y, sobre todo, al surrealismo en particular, tiene una índole de raíz ética más que estética. Todas las propuestas surrealistas plasmadas en los manifiestos, en las investigaciones, en los actos públicos, en las exposiciones, en el compromiso político, estaban reñidas con el carácter conservador, católico, del grupo que lideraba José Lezama Lima (a) “El Maestro”, como era conocido por sus discípulos. Hasta un cura, Angel Gaztelu, formaba parte de Orígenes y en su parroquia se reunían para celebrar ciertos acontecimientos. En los mismos, Lezama había determinado que se sirvieran sólo dos cervezas por persona. Un evento muy importante para el grupo Orígenes fue la visita a Cuba nada menos que de Juan Ramón Jiménez. (!!!) En ocasiones, Lezama hacía blanco de su ironía a un miembro joven del grupo que tenía inclinaciones surrealistas, conminándolo a que se quitara esas ideas de la cabeza. Lezama no podía aceptar el carácter renovador, iconoclasta, negador, revolucionario, liberador, del movimiento surrealista. El prefirió seguir sentando cátedra detrás del gran cortinaje que fue montando con los años.

 

FM | Eu quero insistir ainda em um assunto central que venho mencionando nestas perguntas: a incorreta difusão internacional que está se processando acerca da lírica cubana. Darei mais um exemplo: a antologia Poesía cubana del siglo XX, [7] organizada por dois cubanos, Jesús Barquet e Norberto Codina. Em um alentado volume de 540 pgs - que abrange antípodas de diversas naturezas, de Cintio Vitier a Raúl Rivero, de Lorenzo García Vega a Damaris Calderón, o dentro e fora de Cuba com suas infinitas implicações - é curioso não encontrar poetas como José Antonio Arcocha, Fernando Palenzuela e José A. Baragaño. Sequer no estudo introdutório, de mais de 30 pgs, são mencionados. Já me dirás se há uma razão para isto. De qualquer maneira, o que se passa é que estes livros todos, essas referências vão se fortalecendo como sendo o retrato correto da história, quando não passam de falseamentos da mesma.

 

FP | He leído, recientemente, la antología de Poesía cubana del siglo XX a que te refieres. El que haya sido editada por el Fondo de Cultura Económica supongo que le asegure una amplia distribución en América Latina y España. Me preocupa, por lo tanto, que en el futuro la antología sea obra de referencia obligada para los estudiosos de la poesía cubana. En el prólogo se abunda sobre “los vínculos entre canción y poesía”, y se hace mención especial de cantautores, boleristas y compositores cubanos como Pablo Milanés, Albita Rodríguez, Jesús Orta Ruiz (el Indio Naborí) y Silvio Rodríguez, entre otros; éste último, según el prologuista, “es considerado por muchos como uno de los mejores poetas de las últimas cuatro décadas del siglo XX cubano”. Quizás si Baragaño -quien no fuera incluido en la antología- hubiese escrito letras para boleros hubiera corrido mejor suerte, ¿no te parece? Otra antología, La poesía de las dos orillas: Cuba (1959-1993), de León de la Hoz, publicada en España en 1994, intenta reunir en un solo volumen la poesía escrita después del triunfo de la revolución, tanto en la Isla como en el exilio. Ambas antologías encuentran espacio para incluir a poetas como Pablo Armando Fernández, Francisco de Oraá, Rolando Escardó y Manuel Díaz Martínez, pero no a José Alvarez Baragaño. Por cierto, hay una excelente antología, Noche insular: antología de la poesía cubana, de Mihály Dés, publicada en España en 1993, en que sí se incluye a Baragaño, y se le describe, acertadamente, como el “único poeta cubano para quien el surrealismo no fue mera moda o inspiración temporal, sino el rasgo casi exclusivo de su obra”.

Para mí ha resultado un gran misterio que tanto fuera como dentro de Cuba, en la mayor parte de las antologías de poesía cubana publicadas hasta la fecha, se haya desdeñado la inclusión de un poeta tan importante como Baragaño. Alguien, poco dado al elogio de un coetáneo, como Heberto Padilla, afirmó: “Baragaño fue uno de los creadores cubanos de más talento de aquella época. Surrealista genuino llevó esa experiencia hasta sus límites”. Yo no sé cuáles han sido las razones para semejante omisión. Antes de morir, a los veinte y nueve años de edad, Baragaño había publicado tres libros de poemas, así como un largo ensayo sobre la pintura de su amigo, el pintor Wifredo Lam. Para un buen lector de poesía esos textos son esenciales y muy superiores a los que escribieron otros poetas de su generación y comparables a los de cualquier poeta cubano dentro y fuera de la isla. Sospecho que se trata de viejas rencillas literarias, de envidias y rencores bastardos que mucha gente ha sido incapaz de superar y con los que cargarán hasta la sepultura. Nada extraño entre los del gremio.

El caso del poeta José A. Arcocha es otro. Exiliado desde 1961, no comienza a publicar sus poemas hasta 1970, en ediciones pequeñas, de pobre o ninguna distribución. Sin embargo, su participación en la revista Alacrán Azul, en la que fungía como codirector, lo da a conocer en el ámbito cubano del exilio. Que no se le mencione siquiera demuestra el poco rigor con que han sido armadas esas antologías. En lo que a mi persona se refiere, me tiene sin cuidado ese silencio. Es más, lo prefiero al hipócrita coro de los bombos mutuos. Reconozco que conmigo estos literatos han hecho justicia. Yo nunca he tenido eso que se llama “una vocación literaria”. Mi escasa obra publicada así lo atestigua. La mayor parte de lo que he escrito permanece inédita. Yo no soy un escritor ni nada que se le parezca. Lo que sí estoy seguro de ser es un poeta. Mi único compromiso ha sido siempre con la poesía como aventura del espíritu, en la que se vive peligrosamente, abierto a los destellos de lo maravilloso. Todo lo demás es literatura, muy respetable toda ella, pero que a mí me incita al bostezo, la mayor parte de las veces. Para decirlo en pocas palabras, yo no tengo nada que ver con la literatura cubana y sólo me considero deudor del surrealismo francés y miembro de la gran familia del surrealismo latinoamericano, desde la Tierra del Fuego hasta el Río Bravo. Esto no implica, por supuesto, que como cubano no me preocupe el destino de la isla, sometida a una dictadura dinástica que ha ejercido el poder por casi medio siglo.

 

FM | Um outro gravíssimo exemplo de distorção da história da poesia em nosso continente vem da parte do romeno Stefan Baciu. Este crítico nos legou uma tarefa curiosa: a de corrigir tudo quanto deixou escrito sobre a poesia em nosso continente. Também do mapa da América Latina de Baciu o Brasil não faz parte. Eu o entrevistei e me pareceu ser o típico caso de quem confunde suas predileções ou conveniências com o exercício da crítica. Em sua antologia do Surrealismo ele reproduz parcialmente um texto do cubano Edmundo Desnoes, repleto de frases que mereciam boa reflexão, apenas como motivo para negar de maneira veemente a menção a Pablo Neruda entre surrealistas. Baciu defendeu a idéia precária de um Surrealismo sem obras, onde o propósito declarado pesava mais do que a substância estética. Isto não correspondeu em nada à maturidade do Surrealismo, e menos ainda à sua aclimatação em nosso continente. Essa tolice de um entendimento do meio-surrealismo, a rigor não se pode entender de outra forma sua defesa de um “parasurrealismo”, é uma de suas muitas contradições, de suas inconseqüências. Referir-se ao argentino Roberto Juarroz, por exemplo, como um para-surrealista, seria o mesmo que aceitar como tal, nas artes plásticas, o inglês Francis Bacon. E em tal caso dificilmente Baciu estaria de acordo.

 

FP | Por muchos años la Antología de la poesía surrealista latinoamericana, de Stefan Baciu, publicada en México en 1974 ha sido el único texto en su clase al alcance del lector interesado en el surrealismo en nuestro continente. La de Pellegrini, de 1966, no pretende ser una antología de poesía surrealista. Sólo ahora, treinta años después, aparece tu antología Un nuevo continente, la cual, sin duda, corrige muchos de los errores -errores de omisión, así como de comisión- de Baciu en la composición y enfoque de su antología, pero que también, estoy seguro, encontrará sus detractores y críticos entre los lectores, artistas, poetas y profesores de literatura latinoamericanos y españoles. Además, me temo que la más bien limitada distribución de tu antología no la hace fácilmente accesible o conocida. Yo, por mucho tiempo, me sentí agradecido de la existencia del libro de Baciu, aunque, por supuesto, me molestaban muchas cosas en él. Por un lado, de sus 248 páginas sólo 126 están dedicadas a la poesía, en tanto que Baciu consume 122 páginas entre prólogo, estudio, análisis, índice, referencias, etc. Por otro lado, Baciu sólo encuentra 18 poetas dignos de aparecer en la misma. Este es, en mi opinión, el peor vicio de la antología del Profesor Baciu. Y digo “profesor” Baciu para enfatizar que, en definitiva, esta es la obra de un académico. Baciu, en efecto, se nos presenta como la máxima si no la única autoridad capaz de definir e identificar lo que constituye la más pura poesía surrealista latinoamericana. Yo, por mi parte, no creo que exista la tal “pura poesía surrealista”, aunque sospecho que muchos piensen en el “surrealismo histórico” de esta manera, lo cual es simplemente absurdo. La discusión sobre lo que es surrealismo, para-surrealismo, poesía surrealizante, etc., debe quedar acaso como tema de aburridas tesis doctorales, y nada más. Es curioso que Baciu se ocupe de una observación hecha en 1965 por el cubano Edmundo Desnoes sobre estos temas. Este señor, años después, habría de componer una supuesta antología de literatura cubana, Dispositivos en la flor (1981), en la que aparece, muy prominentemente, el Máximo Escritor Cubano, Fidel Castro.

 

FM | Tenho insistido no tema das antologias porque em muitos casos elas acabam sendo único ponto de contato entre o leitor e uma determinada instância lírica. No mercado editorial brasileiro, por exemplo, que não tem planejamento ou consistência de espécie alguma, qualquer aproximação com um caso poético se esgota na publicação de uma antologia. Quando Orlando Rodríguez Sardiñas publica, também na Espanha, La última poesia cubana, [8] é natural que os nomes ali arrolados passem a ser percebidos como o que há de mais atual na poesia cubana. Três décadas depois, Fredo Arias de la Canal, no México, dando seqüência a um projeto de entendimento cósmico da poesia, publica sua Antología de la poesía cósmica cubana, [9] e em meio a um espectro de poetas que mescla século XIX com Orígenes, vai buscar um único poema de Baragaño justamente na antologia de Sardiñas. As antologias serão mesmo um mal necessário que nos custam imenso trabalho em reparar seus erros a todo instante?

 

FP | Cuando hablamos de antologías se hace necesario dividir éstas en dos campos: aquellas hechas por poetas o escritores, regidas por un criterio exigente en cuanto a su calidad poética, y las otras: las producidas por académicos y profesores, cuyo propósito inicial, la mayor parte de las veces, es engordar sus expedientes personales. Ahora bien, todo buen lector de poesía es más selectivo, acudiendo a las primeras, o sea, aquellas compiladas por investigadores que están fuera de ese mundo hostil y adverso a la verdadera poesía que es la academia.

Sin duda, como tú bien señalas, las antologías suelen ser, en muchos casos, el único punto de contacto entre el lector y una determinada instancia lírica, por lo que ellas cobran una extraordinaria importancia en la difusión de la poesía si tomamos en cuenta que casi todos los poetas se ven obligados a costear por cuenta propia la edición de sus libros, y cuando encuentran un editor generoso, la distribución resulta escasa. O sea, estas ediciones limitadas y mal distribuidas impiden el acceso del público a la adquisición de un texto determinado. Eso por una punta del problema y por la otra, el alto costo del franqueo postal. De ahí que una buena antología poética sirva para combatir el aislamiento en que nos encontramos actualmente.

En lo que respecta a La última Poesía Cubana (1973) del cubano Orlando Rodríguez Sardiñas (Orlando Rosardi), sólo quiero señalar que entre los años 1971-1972, ya habían aparecido los dos números de la revista Alacrán Azul y también estaban publicados los tres libros de poemas de José A. Arcocha y el mío propio. Habría que preguntarle a Rosardi las razones que tuvo en omitir nuestros nombres. Pero, como te dije en respuesta a una pregunta anterior, a mí eso no me quita el sueño. De la otra, Antología de la Poesía Cósmica Cubana (2000) de Fredo Arias de la Canal, me intriga el título. ¿Qué cosa es eso? Es lo de nunca acabar. Yo admiro tu tesón, tu esfuerzo en encontrar la entrada y la salida de este laberinto de publicaciones en el que estás inmerso, cuando te sería más fácil dedicarte a tu obra enteramente.

En cuanto a las antologías en general, no olvidemos lo que dice Pellegrini en la introducción a su libro, algo con lo que yo estoy de acuerdo totalmente: “La mayoría de las antologías configuran un cementerio de la poesía”, y, después de todo, “el gran poeta se oculta detrás de su orgullo, no hace relaciones públicas, vive en la soledad. A veces nunca aparece, otras una mera casualidad lo descubre”.

 

FM | De volta então à antologia de Pellegrini, logo no início do prólogo ele destaca o que ele chama de paradoxo na história do continente americano, contracenado pelas conquistas tecnológicas e as políticas sociais, contrapondo o “extremo norte” ao restante do continente. Não te parece que mesmo naquela época esta já era uma visão muito simplista acerca dos dilemas sócio-culturais de nossos países? E como percebes o agravamento desta situação nos dias de hoje?

 

FP | Tu pregunta me ha obligado a releer la introducción que hace Pellegrini a su Antología de la Poesía Viva Latinoamericana (primera edición, 1966). Hay algunos señalamientos suyos con los que coincido, como cuando afirma -y lo estoy parafraseando- lo paradójico que resulta la coexistencia de dos extremos en el continente americano. Por un lado, el alto desarrollo tecnológico de Norteamérica y, por el otro, el centro y el sur de América que apenas se asoman a las puertas de la civilización contemporánea, y son percibidos por los poderosos vecinos del norte como pueblos sumidos en el desorden y en el caos. Aunque esto parezca, a primera vista, una visión demasiado simplista o estereotipada, no es menos cierto que éramos percibidos de esa manera. Pellegrini apunta que existe una elite norteamericana que ve con otros ojos nuestro mundo semibárbaro y sienten una fuerte atracción por la intensa vitalidad que algún día tendrá que dar sus frutos. Yo creo que esa predicción suya está ocurriendo ya en países como Brasil y Chile. Para mí resulta imposible apreciar cómo ese desarrollo económico y político ha incidido en las manifestaciones culturales. Aunque permanezco informado del acontecer mundial y, sobre todo, de esa zona del mundo tan cercana a mi corazón, no puedo juzgar fría y objetivamente lo que está sucediendo en América del Sur. Pienso, sin embargo, que el advenimiento de la internet y la comunicación electrónica en nuestros días ha tenido el efecto de nivelar el campo de juego y facilitar la comunicación y el intercambio cultural que borra las fronteras.

 

FM | Quando surge Alacrán Azul, ao final dos anos 60, juntamente com a colombiana Nadaísmo 70 se encerra aquela que talvez tenha sido a década mais vertiginosa e expressiva de todo o século. Uma nota editorial no primeiro número nos diz: “Los que asumimos la responsabilidad de editar esta revista hacemos causa común con dos simples verdades: la libertad y la poesía”. Este decênio havia mesclado, como em nenhum outro momento da história, fulgor e violência em relação a essas duas simples verdades. Que compreensão tinham José A. Arcocha e Fernando Palenzuela acerca do conjunto de revistas publicadas, em todo o continente, no decorrer desta época que o equatoriano Fernando Tinajero chamava de “los años de la fiebre”?

 

FP | La idea de publicar una revista literaria que diera cabida a todas las manifestaciones literarias del momento surgió de la cabeza de José A. Arcocha. Al principio yo me sentí pesimista acerca del proyecto, pues me preocupaba la acogida que una revista publicada en Miami pudiera tener fuera del ámbito local, dada la mala fama de esta ciudad. Quizás si se hubiera fundado en New York hubiera sido aceptada con menos reserva. A pesar de ello, acompañé a Arcocha en su empeño, fungiendo como co-director de Alacrán Azul. Otra de las razones por las que tuvimos que resignarnos a hacerla en Miami fue que su editor, Juan Manuel Salvat, residía acá, donde aún tiene su negocio, por lo que los costos de impresión, distribución, etc., con los que él corrió, iban a ser mucho menos que si hubiéramos optado por otro lugar. La mayor parte de las colaboraciones fueron obtenidas por Arcocha, quien por aquella época trabajaba en la librería Rizzoli de New York y tenía contacto frecuente con los escritores cubanos y latinoamericanos de paso por esa metrópolis. Entre los escritores latinoamericanos que en un principio prometieron enviarle una colaboración para después arrepentirse y no darla, quiero mencionar a Octavio Paz, a quien Arcocha conocía personalmente. Paz le había ofrecido unos poemas para el primer número de la revista, en una visita que éste hiciera a New York. Sin embargo, pasaron las semanas y la colaboración no apareció nunca. Algunos meses después -ya el primer número de AA había visto la luz- Paz, de nuevo en New York, visita la librería Rizzoli y al encontrarse con Arcocha se excusó por no haberle remitido los poemas prometidos porque él, Paz, no quería meterse en la pelea de los cubanos del exilio con el gobierno cubano; además, él pensaba que al final de cuentas el gobierno cubano tenía la razón. Este mismo caballero, filósofo, pensador, ensayista, poeta, futuro premio Nobel, pocos años después se convirtió en un furibundo crítico del castrismo. Vale más tarde que nunca. Esto demuestra las cautelas que aun hasta los más lúcidos intelectuales suelen tomar para estar siempre “políticamente correctos”. Por eso yo siento grandes dudas por las opiniones y adhesiones de los artistas, escritores, poetas, intelectuales, etc., en apoyo a cualquier orden político. Por muy honestas que éstas sean, casi siempre están equivocadas y muy raras veces dan en el blanco.

Desafortunadamente, nuestro contacto con las otras publicaciones nunca tuvo lugar, aunque Arcocha estaba bien informado de todo lo que ocurría más allá del Río Bravo, en virtud de estar a cargo de la sección en español de la librería Rizzoli. Estoy casi seguro que la distribución de los dos únicos números de Alacrán Azul se dirigió, mayormente, a los Departamentos de Español de las universidades americanas. Como es sabido, la distribución de libros o revistas es una parte importante del negocio y yo, tengo que confesarlo, de negocios no sé nada. Así que después del número 2, nos vimos obligados ($) a liquidar el asunto, quedándose sin publicar los dos siguientes números que ya teníamos en preparación.

El aislamiento geográfico, las altas tarifas postales, la ausencia de una amplia red de distribución, han hecho siempre difícil la información y la comunicación entre nosotros. Un ejemplo que me viene a la mente es tu desconocimiento, en el 2004, del grupo Derrame, a pesar de la relativa proximidad geográfica de Chile y Brasil. Ahora, imagínate lo que nos sucede a los que vivimos acá en el Norte del Continente. Nos enteramos tarde, mal y, a veces, nunca, de lo que ocurre allá abajo. Pero la cura a estos males ya ha sido encontrada: las revistas electrónicas. La cibernética ha venido a salvarnos.

 

FM | Quais vínculos encontrar entre Alacrán Azul e Lunes de Revolución, dirigido por Cabrera Infante no princípio dos anos 60?

 

FP | Para dar respuesta a tu pregunta es necesario hacer un poco de historia. Lunes de Revolución surge como la rama intelectual del periódico Revolución. Según Cabrera Infante, el formato tabloide con papel periódico de Lunes, se tomó del semanario francés L’Express. Lunes fue la primera revista literaria en adoptar este formato, mucho antes de que The New York Review of Books viera la luz. Una tipografía atrevida, con grandes espacios en blanco, lo convirtió en una de las revistas literarias más bellas y originales que se hubiera visto nunca. La tirada de Lunes comenzó con 100,000 ejemplares y llegó a tener tiradas que alcanzaron los 250,000 ejemplares. Se distribuía como suplemento literario que iba inserto en el periódico Revolución, cuyo costo total era de 10 centavos y llegaba a todos los rincones de la isla. Como su nombre lo indica aparecía todos los lunes. Por primera vez en la historia del periodismo y las revistas literarias cubanos, una publicación de esta índole fue accesible a todas las clases sociales de la nación. Nunca fue necesario solicitar colaboraciones pues llegaban por aluvión. En Lunes publicaron sus trabajos todo el espectro de la intelectualidad cubana y extranjera, desde Nicolás Guillén hasta José Lezama Lima, desde Lydia Cabrera hasta Carlos Rafael Rodríguez, desde Jorge Luis Borges hasta Jean Paul Sartre, por citar los más notables. A la par, todas las semanas se daban a conocer nombres de escritores jóvenes, lo cual demostraba su carácter no elitista. Punto y aparte es la falsa persecución del grupo Orígenes que se le atribuye a Lunes y, en especial, a Guillermo Cabrera Infante. “En realidad esto no fue un asunto personal, sino que se atacó la posición de Orígenes entera, grupo que nunca se preocupó por nada de la Cuba en que vivía, bajo ningún gobierno, democráticos pero corruptos como los de Grau y el de Prío o dictatoriales como el de Batista”, según cuenta GCI. Tanto Cintio Vitier como Eliseo Diego y sus respectivas esposas estuvieron contemplando la posibilidad de marcharse de Cuba a raíz del triunfo revolucionario, en un momento en que el pueblo cubano apoyaba masivamente a la Revolución, para uncirse más tarde al carro de lo que ya no era revolución, sino una dictadura stalinista. Cintio Vitier es hoy un flamante miembro de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ese organismo pseudo parlamentario donde todo se aprueba por unanimidad!! En cuanto a Cabrera Infante, valga señalar que cuando él fue nombrado delegado del Ministro de Educación en la Dirección de Cultura (1959), una de sus primeras gestiones fue asegurarse de que Lezama no perdiera su puesto en ese organismo y gracias a sus buenos oficios consiguió que se le doblara el sueldo. Para resumir, en palabras del propio GCI: “Lunes fue, en su momento, el magazín literario de más calidad editado en la América de habla española”. La ola reaccionaria, de corte stalinista, que logró su cierre prevalece todavía en Cuba. Para mí resulta patético ver en la televisión a individuos como Roberto Fernández Retamar, devenido ahora funcionario del estado totalitario, defendiendo la causa podrida del castrostalinismo. El y otros como él son los Ilia Eremburg de estos tiempos.

Cuando Alacrán Azul nace en 1970 ya habían transcurrido nueve años del último número de Lunes. Jamás pretendimos ser una reedición del magazín clausurado. Lo que sucedió es que gran parte del staff del magazín y muchos de sus colaboradores ocasionales se encontraban exiliados igual que nosotros, desperdigados por el mundo entero, y un sentido de solidaridad fraternal los impulsó a venir en nuestra ayuda. Algunos nombres: Guillermo Cabrera Infante, Calvert Casey, Natalio Galán, Orlando Jiménez Leal, Jaime Soriano, Jesse Fernández, Matías Montes Huidobro, Julio Matas, Lydia Cabrera, Fausto Masó, Néstor Almendros, José María Mijares, etc.

 

FM | Qual a convivência de Alacrán Azul com outras revistas da época, em todo o continente? Havia alguma correspondência entre vocês e publicações similares?

 

  FP | Creo haber dado respuesta a esta pregunta en otra parte de la entrevista, pero por lo visto aún quedan ciertas interrrogantes por despejar. Como es sabido, sólo aparecieron dos números de Alacrán Azul en el período de un año (1970-71). Arcocha era responsable de las relaciones públicas y de establecer contactos con otras publicaciones, dada su amistad personal con muchos escritores latinoamericanos. Según me contó, le había enviado algunos números de la revista a sus amigos venezolanos Juan Sánchez Peláez y Juan Liscano, así como a Gustavo Sáinz en México. En La Nación de Buenos Aires, salió una reseña muy favorable de la revista, pero el grupo nucleado alrededor de Pellegrini le había dado a Arcocha la callada por respuesta, como tantos otros del continente. Sospecho que perderse la invitación a visitar Cuba como jurado de Casa de las Américas o correr el riesgo de no recibir los premios literarios que esa institución otorga cada año, por haber publicado en una revista de exiliados cubanos, pesó más que la honestidad intelectual, en un gran número de ellos. Sin embargo, desde Europa nos llegaron testimonios muy alentadores, como fue el caso de Pierre Seghers, cuyo poema Piranese fue publicado por primera vez en español en el número 2 de AA. Seghers se ofreció a distribuir nuestra revista en Paris y entre sus amigos catalanes en Barcelona. También nos llegó una carta de François Di Dio, director de la editorial surrealista Le Soleil Noir, interesándose en mantener un intercambio regular con nosotros, pues había llamado su atención un artículo de Carlos M. Luis sobre Jean Pierre Duprey. En Paris, contábamos además con el apoyo de Roger Caillois, gracias a su amistad con Lydia Cabrera. En España, Juan Eduardo Cirlot, cooperó generosamente con AA. En 1972 yo me marché a España por varios meses. Mi amistad con Arcocha, radicado entonces en Puerto Rico, había sufrido un eclipse parcial, perdiendo contacto con él por más de un año. A mi regreso de España, lo visité y no volvimos a hablar más de Alacrán Azul, cuya vida fue libre, brava y breve.

 

FM | Como vês, havia ainda algo de importante a dizer sobre o tema. Há um influxo natural das vanguardas européias, o período clássico, que percorreu boa parte do mundo. Contudo, o que rebenta entre anos 50/60 não me parece ser - como se costuma entender - uma leitura tardia desta vanguarda, mas sim um entendimento melhor consubstanciado das relações entre arte e vida. De que maneira pensas que este momento poderia ser definido como uma segunda vanguarda, e quais seriam suas contribuições essenciais?

 

FP | Como una especie de observador de avanzada en el país donde he vivido por más de cuarenta años, fuí testigo de las manifestaciones culturales del período a que te refieres. Mis reflexiones y opiniones no son las de un crítico, sino las de alguien que presenció de cerca ese fenómeno, representado tal vez por la poesía, la música y el arte norteamericanos. La aparición de the beat generation (con un poeta tan importante como Allen Ginsberg), la música rock, con todos sus matices posteriores, la pintura (Pollock, De Kooning y un poco más tarde Andy Warhol), el Arte Pop, el grupo surrealista de Chicago, la llegada de los Beatles a estas tierras, la revolución sexual de los años sesenta, impulsada por la revista Playboy, el culto de las drogas alucinógenas, los flower children, los happenings, etc., sirvió como base, como caldo de cultivo, unos años más tarde, a las protestas contra la guerra de Viet Nam, y a la revuelta callejera en Chicago, donde se celebraba la convención nacional del Partido Demócrata. Tampoco olvidemos la lucha por los derechos civiles de los ciudadanos negros, encabezada por Martin Luther King. O sea, se produce una nueva toma de conciencia en la juventud pensante norteamericana, una revuelta contra los valores establecidos, contra el American way of life. Yo opino que esta rebelión contracultural - si así puede llamársela- constituyó un hito histórico que transformó, por un tiempo, la manera de percibir la realidad desde esta orilla. A mí, en lo personal, me aburren un poco estas discusiones, que más bien deben quedar para los académicos.

 

FM | Em uma entrevista com Juan Calzadilla ele observa: “La irrupción en Latinoamérica de estos movimientos de aproximación al surrealismo clásico, que sólo veo bien representados en el grupo de São Paulo y en El Techo de la Ballena, puede entenderse más como una nueva lectura de la vanguardia que como un redescubrimiento tardío del surrealismo, tal como se ha querido decir.” Como situar esta perspectiva de uma nova leitura? É possível referir-se a nomes que atendam a uma ortodoxia surrealista ou a esta leitura outra que aponta o venezuelano?

 

FP | A mí me cuesta mucho trabajo distinguir, mucho menos evaluar, comparativamente, los méritos de “la nueva vanguardia” frente al “surrealismo histórico”. Para empezar, la palabra vanguardia me repugna. Yo no creo que nadie pueda poner en duda la gran poesía escrita por los poetas fundadores del movimiento surrealista. En cuanto a la poesía que se ha escrito, posteriormente, si es relectura o descubrimiento tardío del surrealismo, poco me importa. Lo que interesa saber es si esa poesía es verdadera, si posee la fuerza expresiva para conmover, provocar, iluminar. Como no soy crítico, no quiero criticar a ningún crítico ni me siento obligado a tomar partido. En mi larga lista de poetas latinoamericanos -aún vivos- cuya lectura disfruto por igual, están representados todos los bandos posibles: Ludwig Zeller, Alejandro Puga, Raúl Henao, Sergio Lima, Floriano Martins, Claudio Willer, Roberto Piva, Juan Calzadilla y los poetas jóvenes agrupados en torno a Derrame, en Chile y DeCollage, en Brasil, entre otros. De entre los muertos, releo, con frecuencia, a Enrique Molina, Aldo Pellegrini, Jorge Cáceres, César Moro, Vicente Huidobro, Aimé Césaire, Braulio Arenas, Enrique Gómez-Correa, José A. Baragaño, Magloire Saint-Aude y Marco Antonio Montes de Oca, que todavía siguen vivos. Las polémicas, siempre saludables para la salud de la poesía, no producen un resultado definitivo, concreto, que adjudique el triunfo a uno de los contrincantes. Por lo general, son ejercicios semánticos, dialécticos, llenos de “furia y sonido”. El surrealismo es para mí, en última instancia, una forma de sentir la vida, de ver la realidad, un estado de ánimo, por encima de cualquier expresión literaria o artística.

 

FM | Ao lado de Vicente Jiménez, planejas agora o ressurgimento de Alacrán Azul, projeto que me parece ser apenas de circulação virtual. Do ponto de vista editorial, vocês procuram retomar o espírito original , de “testimonio implacable” de uma época, ou tem outra perspectiva essa retomada?

 

FP | Mi amigo Vicente Jiménez me propuso, hace más de un año, resucitar Alacrán Azul de su eterno sueño. Al principio, me pareció que esa era otra de las causas perdidas por las que tanta afición tengo. Sin embargo, en sucesivas conversaciones con Vicente sobre este proyecto, él me convenció de su viabilidad. Por supuesto, trataremos de mantener el espíritu original de AA, expresado en su “Exordio”, pero no será igual en su contenido. Nuestros planes iniciales son -hasta el momento en que escribo estas líneas- dedicar esta versión electrónica de Alacrán Azul casi por entero a la poesía y a la investigación poética (ensayo, crítica de libros, etc.). Al convertirla en una revista esencialmente dedicada a la Poesía, nos permitirá publicarla con relativa frecuencia, quizás todos los meses. Vicente se está ocupando de la parte técnica que, como tú bien conoces, toma tiempo y mucho trabajo. Mantendremos informados a nuestros amigos del progreso de este “renacimiento” de AA.

 

FM | Em nota na contracapa de teu livro Amuletos del sueño se diz que vives, “provisionalmente, fuera de su país natal, esperando que la aurora disuelva los monstruos”. Qual te parece seja a sobrevida desses monstros após a morte de Fidel Castro?

 

FP | Yo escribí esa nota biográfica en la contraportada de mi libro Amuletos del Sueño, apoderándome de un antiguo dictum: “la aurora disuelve los monstruos”. Era mi esperanza, entonces (1971), que la aurora metafórica a la que me refería no estuviera muy lejos. Han pasado treinta y cinco años y los monstruos han crecido, se han multiplicado, implacablemente: “Inseguridad del Estado”, “Comités de Defensa de la Robolución”, “Brigadas de Respuesta Rápida”, “Dictadura Hereditaria”, “Castroenteritis perniciosa”. ¿Dónde está el George Orwell cubano que describa todas estas anomalías y aberraciones del ser cubensis? Como te decía, ya han pasado demasiados años y no me preocupa mucho, en lo personal, si la aurora arribará a tiempo para que yo la vea y la festeje. Lo que sí deseo es que mi país pueda quitarse de encima esa sombra terrible y tenebrosa que lo ha entrampado por casi medio siglo. Digo todo esto porque yo no tengo que estar “políticamente correcto” con nada ni con nadie. Siempre, desde muy joven, estuve en contra de todas las dictaduras o tiranías de turno: Trujillo, Somoza, Pérez Jiménez, Rojas Pinilla, Odría, Stroessner, Perón, Batista, Pinochet, Franco… La lista sería demasiado larga, así que me detengo en este último nombre. Mi desconfianza se acentúa todavía más cuando escucho los sobriquets: Yo, El Supremo; El Benefactor de la Patria Nueva; Papá Doc, Caudillo de España por la Gracia de Dios; Der Führer; Il Duce; EL MÁXIMO LIDER. Como yo no me considero parte del “exilium tremens” de Miami, ni del “materialismo histérico” del régimen cubano, digo estas cosas sin intención polémica y mucho menos pretendo convencer a nadie de nada. Yo padezco un doble exilio como otros cubanos que conozco. Lo único que practico es el saludable deporte de pensar y hablar sin hipocresía.

 

FM | Entonces volvamos a la poesía. Hay un poema tuyo que es todo una poética: “Propiedades irreales”. ¿Qué busca la poesía a través de la voz de Fernando Palenzuela?

 

FP | Agradezco que hayas visto en mi poema “Propiedades Irreales” toda una poética. Cuando escribí ese poema nunca tuve la intención de formularla. Yo nunca he sido un teórico, por el contrario, lo que me ha fascinado siempre es la acción (acta non verba). En este caso, la acción de la poesía, cuando ésta se manifiesta como una genuina actividad del espíritu. Yo vivo con obsesiones que me acompañan desde mi niñez y con las cuales no he perdido contacto: el amor, la libertad, la imaginación, el absurdo, las alucinaciones -provocadas o espontáneas-, la rebelión, el delirio, el pensamiento irrealizado, el silencio, “el arderse con las preguntas” que señalara Artaud, “el no esperar el turno de ser devorado” (Jarry), lo impensable, el olvido, la muerte, en fin, la nada. Estas obsesiones permanentes han signado mi poesía desde que comencé a escribir. Esta actividad se tornó, desde muy temprano, en una necesidad psíquica que me ha ayudado a sobrevivir el cataclismo del ser, de mi ser. Albergo grandes dudas acerca de la influencia que en un plano ético pueda ejercer la creación poética. El buen lector de poesía está a punto de ser declarado una especie extinguida. Las palabras son ahora como pistolas cargadas… con balas de salva, que nos conducirán al silencio. Si alguien que lea mi poesía encuentra en ella algún punto de referencia con su realidad interior o siente alguna extraña correspondencia con la misma, estoy seguro que es pura coincidencia. 

 


NOTAS

5. “Arte y libertad” [encuesta], incluída na edição Arte y rebelión. The Angel Press. Buenos Aires. 1965.

6. Barral Editores, Barcelona, 1971. 2ª edição, aumentada, Editorial Ariel, Barcelona, 1984.

7. FCE, México, 2002.

8. Hispanova, Madrid, 1973.

9. Frente de Afirmación Hispanista, México, 2000.

 

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Escritura Conquistada – Poesía Hispanoamericana reúne ensayos, entrevistas, encuestas y prólogos de libros firmados por Floriano Martins, además de muestra parcial de su correspondencia pasiva.

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 - Escritura Conquistada - Poesía Hispanoamericana -

Floriano Martins

ARC Edições | Agulha Revista de Cultura

Fortaleza CE Brasil 2021



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